domingo, 22 de abril de 2018

Las cosas han cambiado (Incancellabile)


-¡Katarina, por Dios! ¿Qué hiciste?
-Firmará un contrato ¿qué más iba a hacer?
-¡Suéltala! ¡Te lo ordeno, Satanás!
-Ella dijo que sí.
-¡Katarina, te está engañando!
-Un poco de sangre y le doy más de lo que pidió
-¡Déjala en paz!

Esa era la discusión entre el Diablo y la guardiana de Katarina Leoncavallo mientras rodaba sangre de ésta por sus piernas. La joven no podía parar llorar y estaba fuera de sí, por lo que el enfrentamiento entre el bien y el mal se fortalecía a medida que intentaban convencerla de tomar una decisión.

-Oye Katarina, eres de mis mujeres favoritas ¿crees que el cielo te daría lo que mereces?
-¡Cállate, Satanás!
-¿Qué te metes, angelita idiota?
-Katarina, te mintió una vez ¡estás sufriendo!
-Acabó mal porque es imbécil
-¡Le prometiste algo que nunca será! Maurizio no iba a corromperse.
-Eres inútil, Katarina - dijo el Diablo acercándose a la joven Leoncavallo, misma que no detenía su llanto inconsolable en la regadera mientras el agua tibia corría por su cabello y cubría su pecho, tocaba sus mejillas y salpicaba sus pies.

-Te admiro y te odio tanto, mujer... Eres tan atroz que serías mía si no sintieras ese horror llamado amor.
-¡Katarina no ama a Maurizio!
-¿Lo oyes? Hasta tu "angelita de la guarda" subestima tus más nobles sentimientos ¿No amas a tu hermano? ¿En serio? ¿No le has ahuyentado a tanta víbora que quiso quedárselo? ¿No lo contrataste cuando casi se queda en la calle y sin trabajo? ¿Quién lo cobijó cuando su equipo le dio la espalda por tanto tiempo? ¿Quién ha llegado a matar para que no se rían de él?
-¡Ella no ha hecho eso!
-¿Olvidamos convenientemente que Katarina asesinó en vida al gran amor de su Maurizito?
-Ese fue un accidente.
-Sabemos que no... Fue brillante, esos gritos son una melodía.
-No hay día que Katarina no se arrepienta.
-Repasemos.
-No te atrevas...
-Katarina ¿cuántos años tenías cuándo empezaste a sentir que sin Mauri no podías respirar? ¿once? ¿Y cuántos la primera vez que te excitaste porque él se quitó una inocente playera frente a ti? ¿doce?
-Estaban nadando, no la confundas.
-Guarda silencio, angelita. Apenas inicio y ya hubo dos momentos que me dan la razón... Katarina bonita, te entiendo tanto ¿Recuerdas cómo empezaste a morir por darle un beso, por mirar la luna con él? Mauri te amaba ¿o no era así pequeñita? Te llevaba de la mano, te miraba largas horas y corrían en Milán, él te enseñó lo que sabes de patines y si algo te hacía llorar, te cuidaba.
-¡Es natural! ¡Es su hermano mayor!
-Esos ocho años de diferencia los han separado y a ti te duele tanto ¿por qué no eres un poco más vieja? ¿por qué no naciste en otra familia? ¿por qué te has sentido sucia toda tu vida? Lo amas con el deseo ardiente de una mujer y no con la dulzura cándida de una hermana ¿por qué se te tortura de esa manera? ¿tanto mal hiciste de chica?
-Katarina no merece vivir así.
-Al fin estamos de acuerdo en algo tu angelita de la guarda y yo.

Katarina Leoncavallo sollozó más fuerte.

-Te tocas y sólo llegas al éxtasis pensando en él aunque intentas con otros hombres; anhelaste enamorarte de alguien más y no pudiste, quisiste tolerar a las novias de Maurizio y los celos te dominaron... Tenías trece años cuándo él se fue a Rusia a entrenar y cuando volvió a casa a pasar unos días, decidiste que le confesarías tu amor. Gastaste tus ahorros en un osito y en las flores más caras para que en la fiesta de bienvenida a tu hermano se le ocurriera presentar a la tal Jyri Cassavettes como su novia, una ojiverde que jamás olvidará.
-¡Detente, Satanás!
-Esa angelita tuya me tiene harto... ¿En qué estaba? Oh sí, en Jyri. A ti se te borró la sonrisa, dejaste tus obsequios en la mesita que estaba junto y lloraste como jamás volvió a pasar. Él se dio cuenta de tu tristeza de inmediato, supo que te rompía el corazón.
-¡No es cierto! ¡Él creyó que Katarina estaba emocionada!
-Hay algo que Katarina no sabe y tú sí y es que Maurizio conserva ese peluche como su pertenencia más preciada.
-¡No la manipules más!
-No la detuviste cuando fue tras de Jyri antes de que acabara ese verano.
-Pensé que entraría en razón.
-No metiste las manos cuando Katarina le arrojó esa vela al cabello.
-Ella trató de apagarla.
-No la paralizaste cuando tomó la decisión de prenderle fuego al vestido de esa mujer.

La guardiana de Katarina arrojó lágrimas de vergüenza.

-El rostro de Jyri se desfiguró, no volverá a hablar, es sorda del lado izquierdo, lidia con quemaduras en piernas y espalda y esos ojos verdes ¡Oh Dios! ¿Por qué no los salvaste? Los perdió de aquella forma tan cruel. Maurizio iba al hospital pero Jyri lo echó para siempre y él sufre aun hoy porque ese amor era verdadero, puro, de esos que nunca se agotan... En ganancia, nadie sabrá que Katarina lo hizo.

Katarina Leoncavallo no ocultaba su remordimiento.

-De todas formas, esa tragedia no acercó a Maurizio a ti. Él se alejó, prefirió soportar la altanería de la Fusar Poli, la lástima de sus entrenadores y las burlas de todos alrededor. Él siempre será el idiota que arrojó a su compañera al hielo en las olimpiadas de casa y luego se tropezó solito, menos mal que los otros fueron peores. Ahora lo defiendes con furia de bestia y a los demás les da pavor siquiera pensar mal de él, mejor que hablen de ti aunque sean pestes. Vale más ser temida y odiada que permitir que Maurizio sea la alfombra de la multitud.
-Katarina, no puedes seguir escuchando a Satanás ¡Él se dedica a alimentarse de ti!
-¿Por qué en el cielo creen que los humanos son estúpidos? ¿Katarina no decide por sí misma? Yo no intervine con esa vela ni encerrando a la tal Kati Winkler, tampoco amenacé a Sasha Cohen con tijeras ni le di una paliza a Courtney, esa otra mujer con la que Maurizio casi se va.
-Te has dedicado a envenenarla.
-¿Qué haces tú?... Oh sí, nada. Los ángeles de la guarda son tan inútiles, ni echarme pueden.
-La aconsejo, siempre estoy con ella.
-¿Por qué no contienes su llanto? Tu trabajo es darle consuelo y mantenerla feliz; Dios no ha de tenerte en buenos términos si no cumples con una labor tan fácil.
-Katarina, yo te ayudo, ven.
-Señorita Leoncavallo ¿recuerdas a quien le debes lo que tienes? Te hice más hermosa que todas las mujeres que rodean a tu hermano, te volví atractiva para despertar sus apetitos, te di la voz, la personalidad, los modales que él siempre ha deseado para una esposa. Eres fértil para esos cuatro hijos que anhela, hueles a miel porque ese olor lo pierde y eres todo lo que imaginó y soñó... Y ni así le gustas un poco.
-¡Es tu hermano, mujer!
-¿No saben decirte otra cosa? "Es tu hermano, es tu hermano" ¿y qué? Sigues siendo la que se reprime salvajemente porque él eligió a Karin aunque no la ame y ahora a Carlotita por encima de ti
-Katarina, esto es basura.
-Una gota de sangre y haré realidad lo que deseé. Soy su esclavo, Satanás, mi señora.
-¡No!

Katarina gritó fuertemente y levantándose, exclamó.

-¡Cállense los dos! Déjenme en paz, sólo están en mi cabeza.
-Mi señora...
-¡Tú vete, Satanás! O lo que seas, largo.
-¡Estoy a sus órdenes!
-¡Nunca vuelvas!

Como la señorita Leoncavallo había escogido qué hacer, su ángel de la guarda pudo arrojar al Diablo sin gran resistencia hacia la calle, en donde aquel se quedaba haciendo rabieta y juraba venganza. Pero al girar hacia Katarina, el panorama era igual de difícil.

-Katarina, estarás bien - pronunció su guardiana.
-No tengo fuerzas para vivir así.
-Es la segunda vez que te lastimas.
-¡Me duele mucho!
-La próxima vez podrías desgarrarte.
-No me pude contener, era tan placentero.
-Sé que es leve, el jabón ayudará.
-Tan mal se ve en el espejo.
-No te mereces esta inmundicia.
-¡Amo a Maurizio con todo mi corazón!
-Pero te hace daño.

Katarina Leoncavallo sintió que destruiría el espejo y regresó al agua a calmarse.

-Deshazte de la ropa de encaje... Bien, aséate, que nadie note ese desastre, estoy pensando qué sigue. Katarina, te pondrás un vestido muy lindo e iremos a caminar ¿te parece?
-Prometí que iría a la gala a ver a Carlota.
-De acuerdo Katarina pero no te vas a maquillar y te harás un peinado muy sencillo, nada de aretes ni anillos.
-Ni maquillaje.
-Exacto.
-¿Cómo me libro de lo que siento? Porque no sé.
-Es increíble que lo sugiera pero tal vez debas...
-Consultar un psiquiatra.
-Será una gran decisión.
-¿Qué ibas a decirme?
-Que buscaras un novio por ahí pero no me hagas caso.
-¿Un novio? Nunca he besado a nadie ni tenido una cita.
-No te creo preparada.
-¿Qué tenías en mente?
-Distraerte.
-¿Como?
-Mi idea era que desahogaras todo lo que llevas dentro pero el profesional de salud mental es perfecto.
-¿Un novio al cual hornearle pasteles de chocolate?
-No lo hagas.
-Al cual abrazar, al cual besar.
-No toques tu boca...
-Nadie me hace sentir algo así.
-Oh, vamos, seguro hay un hombre que te guste un poco... ¿Yo dije eso? ¡Ignórame!
-Que me guste al menos un poco...
-¿Qué hay de Mario Crosetti? ¿Era el gondolero? Sé que todavía se detiene para verte pasar ¡O Marco Antonini, el cristalero! Vive a unas puertas de aquí. Aunque lo despreciaste y juró no hablarte, aun le dice a todos que eres la más bella... ¡Evítalo, no recordé a nadie!
-¿Qué hora es?
-Casi las nueve de la mañana.
-Los Liukin llegarán por la Fondamenta Serenella ¿verdad?
-¿Qué tienes en la cabeza? ¡No te salgas!

Katarina Leoncavallo acabó su ducha y se colocó el vestido rosa pálido que tanto le halagaba Maurizio para luego abandonar su habitación a prisa. Por coincidencia, su hermano también estaba en el pasillo.

-¡Justo iba a preguntarte como sigues, Katy!
-Nos vemos luego.
-¿Dónde vas?
-A Serenella.
-¡Espera! Estabas enferma.
-Me puse bien.
-¿Lloraste?
-¿Cómo sabes?
-Tus ojos se ven cansados.
-Mauri, déjame ir.
-Pónte un suéter.
-Suéltame.

La voz de la joven sonaba suplicante pero su mirada se dirigía a la escalera y Maurizio sintió que no podría convencerla de quedarse así que, para sorpresa propia, la dejó ir sin despedirse o preguntar.

Katarina Leoncavallo, sin embargo, corrió en medio del llanto, luchando contra la tentación de retroceder y apretar a su hermano para seguir demostrándole un amor inmenso. Por las calles de Murano se veían sombrillas de colores, kioskos con postales hechas de papeles rojos, gondoleros iniciando su jornada y los talleres de cristalería poniendo en venta jarrones y floreros mientras ella pasaba debajo de la ventana de Marco Antonini y Mario Crosetti la reconocía al atravesar el puente sobre el canal de agua podrida hasta la Fondamenta Serenella, con el muelle en el que los vaporetti realizaban sus primeros arribos. Buscando caras conocidas, la señorita Leoncavallo revisaba a los pasajeros que descendían sin importar que fueran turistas o los técnicos que inspeccionaban cada bote antes de vender los boletos de retorno a Venecia, no exenta de molestar o causar pequeños malentendidos que se arreglaban con un "disculpe". Todavía resistiendo a rendirse, dio vistazo a las lanchas, a otras góndolas y al final halló a los Liukin en el café del lugar, en donde el encargado del atracadero le solicitaba al tal Geronimo su permiso de navegación y Ricardo Liukin aprestaba un par de billetes en pago por unos jugos mientras una mujer a su lado parecía estar muy contenta de acompañarlo. Katarina Leoncavallo no conocía a Tennant Lutz ni a Andreas Liukin y se les acercaba con timidez cuando su angelita de la guarda intentó detenerla.

-No quieres esto.
-Guarda silencio.
-Katarina, no quiero que te equivoques.
-Yo quiero regar este amor.

Katarina Leoncavallo siguió dando sus pasos y sonrió al distinguir a aquella persona que anhelaba ver. La familia Liukin la observaba a la defensiva.

-¡Miguel! - llamó ella y lagrimeando otra vez corrió hacia él, deteniéndose para tocar su mejilla y en un segundo espontáneo de arrojo, juntar sus labios, así chocaran los dientes de ambos. Katarina abrazó al chico con una sonrisa y éste correspondió mientras una serie de sensaciones variadas y nuevas lo recorrían, comprendiendo de golpe a los ángeles que caían desesperados por algún hombre o alguna mujer. Si un beso breve y malo era tan poderoso ¿Cómo era lo demás? ¿Acaso había probado una insignificante pizca del amor humano? ¿Por qué su corazón latía tan rápido y se moría por nunca soltarse de Katarina? Y menos pudo responderse cuando la miró a los ojos y volvió a unirse a ella para dejarse seducir por su boca. De su altercado en Venecia y del enojo por lo del incidente con Carlota, Miguel no fue capaz de recordar nada.

-Es mi primer beso - confesó ella.
-También el mío.
-¿De verdad?
-Me siento acalorado.
-Te pusiste rojo.
-También tú.
-Vine para estar contigo.
-¿Por qué?
-He decidido ser tu novia y hacerte pasteles y darte regalos y abrazos... No tengo idea, no he tenido a nadie.
-Yo ... ¿y los novios se besan?
-Todas la veces que quieran.
-¿Se cuidan?
-Supongo que sí.

Miguel no supo el motivo pero tomó a Katarina de la cintura antes de besarse por tercera ocasión y él notara que la angelita de la guardia le advertía que aquello no era amor ni afecto, sino la más profunda desesperación. Él no tuvo intenciones de atender a su colega pero no por carecer de razón. Un beso para un ángel es como si entrara a disfrutar del paraíso.

Katarina en cambio, pensó en Maurizio, en todo ese amor que debía esconderse de él y usar en Miguel, ese hombre que le gustaba al menos un poco y que no tenía impedimentos para recibirlo hasta que se escurriera por completo. Katarina Leoncavallo sólo anhelaba ver a Maurizio feliz, aun a costa de sí misma, de su alma, de vivir con el eterno corazón roto.

miércoles, 18 de abril de 2018

Algo no anda bien


Carlota Liukin no se había quitado la medalla de oro cuando llegó al hotel y el personal la recibió con aplausos. Ella agradecía como podía y parecía que todo Murano la había visto competir porque incluso se escuchaban felicitaciones desde la acera y algunos improvisados transeúntes se le aproximaban para recibir autógrafos.

-Me alegra que no estemos en Japón - desahogó Yuko - Ya habría perdido mi cabello con tanto ajetereo.
-Es cierto - sonrió Maurizio Leoncavallo, mostrando la cicatriz de un rasguño en el antebrazo que le habían propinado en Tokio luego de saludar al público en las gradas. La mujer no evitó sorprenderse.

-Carlota, tienes que dormir - le escucharon ambos a Karin Lorenz y Maurizio entendió la intención detrás de la frase. Yuko también la interpretó correctamente y fue por la jovencita.

-Tenemos que ir a descansar, Carlota.
-Enseguida, Yuko.
-Tu entrenador está muy cansado y yo también.
-¿Ustedes?
-Él porque se esteresa mucho y yo porque no he parado de telefonear al casino y a tu padre.
-¿Vas a tener mucho trabajo el lunes, verdad?
-Nada que no arreglen las horas extra.
-¿Diario tomas horas extra?
-La contabilidad nunca descansa.

Carlota se apresuró a firmar cuanta cosa llegaba a sus manos y se despidió abruptamente, siendo apoyada por Yuko cuando dijo que tenía que levantarse temprano para una gala de despedida. Maurizio Leoncavallo y su novia permanecían cerca de recepción, a la espera de que la escalera y pasillos se despejaran.

-Ahora soy yo quien se retira - pronunció el profesor Scarpa - Mi esposa espera en casa, le mandaré sus saludos. Hasta mañana.
-¿Usted es casado? - preguntó Maurizio arrugando un poco la frente.
-Desde hace mucho y debo llegar con ella ahora. Mi mujer tal vez sea admiradora de la señorita Katarina.
-Sería estupendo reunirlas.
-Lo creo. Ci vediamo.
-Ci vediamo!

Scarpa giró muy serio hacia la puerta y abandonó el sitio con cierta reserva por Maurizio. Desconfiaba de todo hombre cegado por sus afectos y deseaba inquirir a su mujer sobre su pelea con Katarina Leoncavallo más que nunca, seguro de que había cuentas que ajustar. Lo consideraba desde el viernes pero lo tenía claro en ese momento.

Poco antes de las diez con treinta, Carlota y Yuko entraron en su habitación y en lugar de buscar al niño Adrien o recostarse, se dedicaron a hacer llamadas a Venecia, a París y a Marat. Las buenas nuevas llegaban de parte de Judy Becaud, que anunciaba el inicial éxito de su bistro y del propio Marat, que se concentraría en ganar el US Open antes del enfrentamiento con Francia. Luego hubo una plática prolongada y risueña con Amy, David y Anton, los amigos de la joven Liukin que celebraban con jugo de uva y pizza su triunfo. Tan entretenidas estaban Yuko y Carlota que se quedaban en el balcón a contemplar la desierta calle, sin reparar en nada.

A esa hora, Karin Lorenz y Maurizio Leoncavallo ascendían las escaleras del hotel en medio de miradas lujuriosas y risas nerviosas. Al menos él demostraba más entusiasmo y susurraba al oído de su novia cuánto la amaba al tiempo que crecía su tensión por estar al fin solo con ella. En el pasillo era tan notorio que tropezó un par de veces y ocasionaba el sonrojo de Karin, quien se hallaba sorprendida por la disposición de su joven prometido, que no tenía mucho de admitir su falta de sueño.

-Tranquilo, Mauri.
-Me siento muy romántico.
-Lo cual me encanta pero aun no llegamos a nuestro cuarto.
-He esperado dos semanas.
-Qué difícil pero aguarda unos segundos más.
-Es mucho.
-Tengo algo para ti.
-¿Encaje?
-¿Seguro?

Karin y Maurizio prácticamente corrían y hacían algo de ruido, ocasionando que que un adorno floral se cayera al pasar. Apresurándose más, no pudieron evitar un beso profundo poco antes de descubrir que el cuarto de Katarina estaba abierto y con las luces prendidas. Aquella chica los miraba fijamente desde el suelo y a su lado, Adrien Liukin parecía regalarle sus recortes sobre peces mientras le hacía compañía con el detalle de haberle llevado un panino con queso para cenar. Karin Lorenz frenó su euforia de inmediato.

-Maurizio ¿dónde vas? - preguntó la mujer.
-Le dije a Katarina que la vería al volver - contestó él, inhibiéndose.
-Ella está bien, sólo dile "hasta mañana"
-Sólo es un minuto.

Él volvió a besar a Karin y luego dio la media vuelta, introduciéndose a la habitación de su hermana con una sonrisa fraterna.

-¿Por qué no estás en cama? - inició Maurizio.
-Me caí, larga historia - respondió Katarina sin apartar su vista de Karin Lorenz.
-Tienes visitas.
-Adrien me trajo comida.
-¿Te sientes mejor?
-Lo siento, no te he felicitado ¡estoy tan feliz de que Carlota ganara! - admitió Katarina y abrazó a su hermano con fuerza tal que lo llevó al piso. Adrien Liukin se desconcertó al grado de irse inmediatamente al cuarto de Haguenauer, mismo que no aparecería en toda la noche. Karin Lorenz en cambio, se preguntó que estaba ocurriendo y con el escalofrío en el pecho, contempló a Katarina sosteniendo a Maurizio con una mano alrededor de su cuello y la otra la cintura. Él conservaba los brazos extendidos mientras le decía amigablemente que lo soltara.

-Me lastimaste el cuello - señaló Maurizio, incorporándose sin tomar nada a mal.
-Perdona hermanito, a veces no mido mi fuerza.
-Se desabotonó tu pijama.
-Oh, qué pena.
-Ci vediamo domani, Katarina.
-Adiós Maurizio.

Maurizio Leonvallo sacudió su cabello y fue de nuevo donde su novia, misma que se aproximó a la puerta de Katarina para cerrarla. Karin se asustó por la manera en que su cuñada dejaba ver su brassiere negro de encaje y su hombro derecho descubierto, incitándola a pensar que los mostraba a propósito y que el abrazo a Maurizio no era un accidente. Katarina Leoncavallo respiraba agitada y observó a Karin como si anhelara atacarla. Esta última aseguró esa entrada de forma cautelosa, por si detrás hubiese una fiera.

-Ahora estamos tú y yo - suspiró Maurizio cuando el pasillo quedó a oscuras nuevamente.

-No creo que sea buena idea, dormiré.
-Aun me siento romántico.
-Me tienta pero no estoy de ánimos, buenas noches.
-Karin ¿estás bien?
-Le preguntaré a Yuko si tiene aspirinas. Descansa, Maurizio.
-¿Me dejas solo?
-No te quiero contagiar.

Karin Lorenz llamó enseguida a la recámara de Carlota y luego de hablar con la chica brevemente, jaló a Yuko hacia la calle. Maurizio y la joven Liukin las vieron pasar sin saber qué idea formarse.

-¿Qué fue eso? - preguntó Carlota.
-No lo sé, hace un minuto Karin se sentía bien.
-Yuko y yo comíamos pizza... ¿Quieres un trozo?
-Me caería bien ahora.
-Es diavola.
-Mi favorita.
-¿Jugo?
-Gracias, Carlota.

Carlota y Maurizio tomaron un lugar en el piso, apenas iluminados por la lámpara que Yuko había puesto oportunamente junto a la entrada por la mañana.

-Este fin de semana es rarísimo: mi novia me acaba de abandonar, tú tienes novio y parece que todos están en contra de Katarina ¿te dijeron algo sobre ella además de "araña desgraciada"? - preguntó Maurizio sin entender nada.
-No ¿cómo crees? Seguro es envidia - replicó la joven Liukin para evitar revelar la realidad.
-Oí rumores.
-¿De qué?
-De que mi hermana te agredió.
-Para nada.
-Lo sabía.
-¿Te molesta que te digan tantas cosas feas de Katarina?
-Si alguien hablara mal de tus hermanos estarías igual.
-Es verdad.
-¿Te has sentido incómoda de que mi hermana esté conmigo?
-No sé qué dices.
-A lo mejor no debo preguntarte, perdón.
-Está bien.
-Oye, no hemos dicho nada de tus combos repetidos en la rutina libre - recordó Maurizio para desviar el tema. Carlota cubrió sus ojos con algo de vergüenza.

-¡Se me olvidó el programa! - admitió ella.
-No es posible.
-Ay Maurizio ¿cómo te digo? Es que preferí improvisar y luego todo volvió a mi cabeza.
-El profesor Scarpa lo notó.
-Me conoce desde chiquita.
-Te lo paso porque trabajamos cuatro días pero no se va a repetir.
-Entendido.
-Ganaste.
-¡Sí! La medalla está bonita.
-¿No te la has quitado?
-No quiero guardarla.

Maurizio sonrió de nuevo y se despidió enseguida para poder darse una ducha con agua fría en lo que Karin volvía. Para Carlota fue un alivio porque de la habitación de Katarina comenzaba a escucharse agua correr. Curiosa, la joven se aseguró de que Maurizio Leoncavallo se hubiese esfumado y entró en el cuarto de su hermana, que en ropa interior y con el maquillaje recién aplicado escurriendo por las mejillas, aprovechaba estar oculta entre el vapor denso para imaginar que un cada vez más incontrolable deseo se hacía realidad en ese momento. El ruido, similar al de un felino furioso, ahuyentó a Carlota Liukin.

jueves, 12 de abril de 2018

Carlota a lo lejos


Luego de una noche sin poder dormir y de extrañamente parar con sus fechorías, Katarina Leoncavallo se enfermó. Sus ojos lloraban sin quererlo, su nariz era tan roja como una cereza y se sentía tan cansada que no puso objeción cuando el médico le pidió quedarse en cama a descansar.

-Mucha suerte Maurizio - dijo Katarina con la voz áspera cuando lo vio por el pasillo. Él decidió que se despediría arropándola como cuando era niña, razón por la que entró en su habitación.

-Acuéstate.
-Te quiero dar un abrazo.
-Me vas a contagiar.
-¿Te acuerdas de mi cobija naranja?
-Claro que sí, Katarina.
-Te cubriré con ella cuando tú tengas un resfriado.
-Gracias pero confórmate con que venga a verte más tarde.
-¿Qué tan tarde?
-No lo sé, ayer pensé que volveríamos temprano y cuando me di cuenta era medianoche.
-¿Diste muchas entrevistas?
-Yo no pero Carlota no paraba. Nunca había visto a la prensa tan interesada, le preguntaban de todo, hasta de un tal Joubert que no sabía que es su novio - Maurizio colocó una de sus manos en la barbilla y alzó la ceja izquierda. Katarina se rió desde su lugar y abrazó una almohada.

-¿Carlota tiene novio?
-Sorpresa.
-¿Y ese tal Marat del que habla tanto?
-Un amigo que la ayudó a conocer Mónaco.
-Es que piensa en él.
-En lo que debería pensar es en su programa libre.
-¿Qué le habrás dicho?
-La regañé por no ir a dormir temprano y Haguenauer me apoyó.
-Tus regaños nunca parecen serlo.
-¿Por qué?
-Porque suenas como un amigo en lugar de enojarte.
-¿De verdad? Katarina Leoncavallo, no vas a hablar el resto del día, tienes prohibido salir y te vas a dormir, no quiero enterarme de que te vieron abriendo las ventanas.
-¿Qué me harás si no te obedezco?
-No te entreno la próxima semana y pido la baja de Skate America.
-Eso no ocurrirá.
-Me atreví a pedirla en Oberstdorf porque llegaste tarde a una práctica oficial. A dormir ahora, nos vemos luego.

Katarina se dejó dominar a pesar de que Maurizio no sonaba estricto. Algo debía hacer él para volverse más fuerte o corría el riesgo de que futuros alumnos lo creyeran un corazón.

El reloj marcaba las cinco de la tarde cuando Carlota Liukin finalmente salía del hotel rumbo al estadio. Desde la cama, Katarina escuchaba como el personal le deseaba buena suerte a esa chica como si la hubiesen visto trabajar por semanas; imaginaba sin saber de su certeza que le obsequiaban flores y llevaba puesto su vestido negro de prácticas que la hacía parecer tenista en lugar de patinadora. A la sola mención de que Carlota era bella, la joven Leoncavallo reaccionaba con más lágrimas y en aquél instante supo que su mayor temor era que Maurizio cayera en ese encanto sin salida. Katarina había notado que Karin Lorenz, el maestro Scarpa, Haguenauer, el jurado, se derretían por la joven Liukin y hasta los pupilos de danza de Maurizio se enamoraban con sólo ver su retrato.

-Katarina, recupérate pronto - pronunció Carlota al abrir la puerta imprevistamente y recibir un "gracias" inmediato antes de que dejara ver que Maurizio sostenía su pequeña maleta roja.

-"Ay, no" - pensó la señorita Leoncavallo sin moverse y pronto, abrazó su almohada nuevamente, como si fuera a deshacerla. La joven Liukin la creyó somnolienta y cerró la puerta para dejarla descansar sin mediar más palabras.

-¡Maldita! - fue el grito ahogado de Katarina y en su mente se formaron las ideas de que Carlota se convertiría en la preferida de su hermano, de que recibiría más atenciones, de que sería la princesa de la que toda Venecia hablaría de verle pasar ¡Maurizio no se daba cuenta! Carlota Liukin lo había enredado para luego devorarlo como viuda negra ante Tatiana Tarasova... A menos que los planes se revelaran para poder echarla y olvidarla. Qué tentación era ponerse un vestido rosa, el mismo que Maurizio había halagado alguna vez para decirle frente a la tal Liukin de aquella conspiración o escribirle una nota o hacer un escándalo. Katarina se arrepintió apenas se atrevió a moverse, el cuerpo le dolía y sus ojos pardos se irritaban al punto que cerraban involuntariamente. Tal vez sí era tiempo de permanecer dormida y recuperar las fuerzas para destrozar a su adversaria.

Sin embargo, la siesta de Katarina Leoncavallo fue terrible. Sudaba, tuvo una pesadilla, sintió frío, su cuerpo hormigueaba y cayó de la cama cuando acabó esa batalla para recordar que todavía tenía trabajo pendiente. Se había prometido ver las nuevas rutinas de Sasha Cohen, que amenazaba con ganar en unos días Skate America, una de las pruebas en las que los Leoncavallo siempre habían querido un oro. Como toda competencia directa de Katarina, había un trasfondo personal marcado por la envidia, el rencor y los celos, torturándole el hecho de que, al igual que con la entrometida Carlota, los cumplidos siempre eran para Sasha y nunca para ella.

-Debo cortar dos cabezas - le pasó por la mente y se le ocurrió sintonizar el torneo mientras se envolvía en una manta y sacaba sus chocolates de la maleta para culparse por querer comerlos sin Maurizio, a quien de seguro le habría gustado uno con relleno de trufa. Recargada en la pared como un tabla, la señorita Leoncavallo se enteraba de algunos detalles de la competencia como Leah Hendrickx recibiendo su primera evaluación sin ningún cuatro o una contrincante nacional, Lucrezia Leccardi que luego de batallar, había salvado por una décima el primer puesto preliminar.

-Qué bueno que no me perdí de nada - dijo Katarina para sí misma y continuó la ingesta de chocolate al dar comienzo el calentamiento del último grupo de patinadoras. María Butyrskaya era la sublíder del torneo tras el programa corto y se le veía abrazando por los hombros a Elena Sokolova. En otro extremo, Julie Sebastyen repasaba un combo que no le salía bien y Sasha Cohen ajustaba sus patines para estar lista cuando el sonido local le indicaba a las demás que los seis minutos disponibles habían concluido. El camarógrafo alcanzó a captar a Carlota colocándose los protectores en las cuchillas y conversando con Maurizio Leoncavallo acerca del tamaño de la pista, que no parecía gustarles porque ella seguía tropezando.

-¡Deja de quejarte, bruja! - dijo Katarina como podía al tiempo que ajustaba el brillo del televisor y cubría sus pies. Le gustaba ver que su hermano se había colocado una corbata y que el maestro Scarpa portaba un traje gris que le daba la apariencia de asistente técnico.

-"Sasha Cohen aterrizó con los dos pies su salto flip en el programa corto de ayer, así que se colocó en tercera posición" - comentaba el presentador de la transmisión - "En las notas artísticas empató con la encantadora Carlota Liukin... Liukin ganó el segmento y la segunda es María Butyrskaya; muy penalizada Julie Sebastyen que es quinta al momento y Elena Sokolova que se colocó cuarta a poca distancia de las punteras..... Sasha Cohen patina sobre Rachmaninov. En la Copa de Rusia fue primer lugar, es de las favoritas del circuito Grand Prix y aquí en Murano está completando su preparación para Skate America y calificar a la final en Sapporo".

Si Katarina Leoncavallo hubiese podido abuchear a Sasha Cohen, se habría abstenido de todas formas. Su desprecio era más valioso que un gesto tonto y la recordó siendo coqueta con Maurizio para pedirle un favor.

-"La señorita Cohen ha concretado un limpio combo de triple lutz - doble toe y un triple flip que esta vez ha sido correcto... No cabe duda, Cohen es la reina de los spins y los spirals, viene el loop ¡bellissimo! y el axel es exquisito, podría ganar esta copa si... ¡Oh, caída en el salchow!"

-No sé por qué se sorprenden, siempre comete el mismo estúpido error - se dijo Katarina a sí misma - Y qué sorpresa, aterriza en dos pies y se atora en otro salto. Es una idiota ¿cómo gana medallas?

La joven Leoncavallo no reía porque su garganta no lo permitía pero no iba a ocultarse el gusto de ver a Cohen fracasar. El rostro del entrenador John Nicks parecía decirlo todo en el kiss 'n' cry.

-"Technical merit for Sasha Cohen from United States are: 5.6, 5.6, 5.4, 5.6, 5.6 5.3, 5.3, 5.6, 5.7... Presentation: 5.6, 5.6, 5.6, 5.6 5.6, 5.5, 5.4, 5.5, 5.7... Ordinals: 1, 1, 1, 1, 2, 2, 2, 2, 1... Sasha Cohen from United States is currently in first place"

-Gracias Sasha, lo dejas todo muy fácil - pensó Katarina respecto a Skate America y acabó su barra de chocolate para enseguida comenzar con otra. Con Julie Sebastyen actuando, le daba la sensación de que perdía el tiempo.

-Un año más que me olvidaré de ella ¿5.2? ¿Quién saca eso? ¿las junior? ¡siguiente! - continuaba la señorita Leoncavallo, expectante de María Butyrskaya, quien se retiraría esa temporada o eso había dicho por la mañana, cuando en la práctica oficial había manifestado tener suficiente del circuito y de acuerdo al resultado de los nacionales de Rusia, sabría si el fin llegaría en el mundial o más rápido de lo planeado.

-¡Elegante Butyrskaya! Delicada, apasionada, un programma veramente forte, lei è una campionessa en toda la extensión de la palabra. Sesta alle Olimpiadi di Salt Lake, con medaglia d'oro al mondiale '99.... Seconda nel corto dopo lo SP, vedremo las calificaciones"  - comentaba el emocionado presentador en la repetición.

-"Technical merit: 5.7, 5.8, 5.7, 5.7, 5.8, 5.8, 5.7, 5.7, 5.8.... Presentation score: 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8 .... - se daba a conocer en pantalla y Katarina aplaudía en medio de un ataque de tos. Nadie sabía que la única patinadora por la que sentía respeto era Butyrskaya y le complacía verla asegurar una medalla, con cierta esperanza de que fuera la del primer puesto.

-Sokolova, si puedes hunde a Cohen - suplicaba la joven Leoncavallo y prácticamente se cumplió su deseo. Aunque existían varios detalles como un two foot landing o un spin ligeramente abierto, Elena Sokolova concretó notas de 5.6 y 5.7 que le hicieron superar a Sasha Cohen y llevarla a enviar besos a la cámara mientras su entrenadora la felicitaba.

-"Allora sul pista, nostra ragazzina gondolera, Carlota Liukin. Bellissima Carlota que aveva fatto un SP straordinario".

Katarina acabó su chocolate y volvió a apretar la almohada para poder criticar a su compañera con cierta comodidad. Esas palabras de "our last skater, representing France" le eran desagradables. Conforme a lo que había averiguado, Carlota Liukin ni siquiera debía estar en concursos y la Federación de Tell no Tales había preparado un requerimiento que no había sido aceptado por la Comisión Disciplinaria de ISU.

-"La magnífica Carlota ha preparado una rutina sobre 'Romeo e Giulietta de Nino Rota', en el entrenamiento oficial le ha salido perfecto" - se decía en televisión.

-¡Buh! ¡Música tan aburrida! - exclamó Katarina antes de sonreír al ver a la chica Liukin con su peinado de trenza y su vestido beige bordado con flores pequeñas de colores que le daban el aspecto de una pequeña princesa que se robaba los corazones. Maurizio le alcanzaba a indicar que tuviera cuidado con quedar cerca de los bordes.

-¿Es que todos los días algo le parece mal a esta niñita cara de papa? - se preguntó Katarina con un poco de buen humor y se quedó en silencio para contemplar la rutina. Maurizio le había confesado que Carlota lo tenía sorprendido con su interpretación de Julieta y por ello le había cambiado los saltos de orden para resaltar la planeación artística de Haguenauer.

-Te vuelves la favorita de mi hermano y te mato. Ni siquiera te lo mereces - siguió la señorita Leoncavallo sin evitar arrojar la almohada a la pantalla, aunque se levantara por ella para continuar apretándola. Cuando Carlota se colocó en posición, su agraciado rostro estaba cubierto por sus manos.

-"La bella Carlota inizia velozmente, un par de giros antes de su primer combo.... ¡Sí! ¡Doble axel, triple toe, doble toe!.... Ahora ¡doble axel con triple toe! Interesantísima la estrategia de esta patinadora y su entrenador" - narraba el admirado conductor de la transmisión.

-¿Por qué repitió el combo? - se preguntó Katarina - Maurizio le pidió que realizara el triple toe - triple toe ¿Qué estás haciendo? ¿camel y donut? ¿Ese es tu "signature move"? ¿Coreografía en la primera mitad del programa? ¿Qué es esto?

El mismo sentimiento que había inundado a Katarina la noche anterior y que no podía describir, se presentó de nuevo. Pensaba en su hermano y en esa genuina motivación que le daba tener dos estudiantes tan buenas, aunque se viera en Carlota una especie de sueño cumplido para él.

-"Primer error con el doble loop... Buena recuperación con triple salchow y el triple flip que es muy fuerte... Hermoso spiral" - se narraba y la emoción parecía crecer en el público.

-Qué bonito - susurró Katarina y a punto de quedar boquiabierta, pasó de la felicidad al más profundo desdén.

-"¡No! Carlota ha caído en el flip con el que haría una combinación... Retoma rápido el programa.. con triple lutz ligado a un doble toe, muy inteligente para no perder muchas décimas ¡y un tercer spiral! Qué belleza"

La señorita Leoncavallo alcanzó a comentarse "bah, lo echó a perder" para luego contemplar un ina bauer y los últimos elementos de Carlota; un layback spin con biellman y un camel con donut que remataba con spin en "i".

-"¡Meravigliosa Carlota! se ha repuesto con mucha destreza, peccato per la caduta pero questo libero è molto carino. Nostro Maurizio Leoncavallo se merece un aplauso por este montaje y también Romain Haguenauer con quien ha hecho una gran mancuerna"

-Haguenauer traidor - susurró Katarina cuando se percató de que el conductor de televisión lo confundía con el profesor Scarpa, mismo que recibía a Carlota en el kiss 'n' cry con un enorme ramo de violetas mientras Maurizio se animaba únicamente a decirle que "había dado lo que podía" aunque no contuviera su curiosidad de preguntar por qué había hecho dos combinaciones de salto similares. Conversarían sobre ello un poco más tarde.

-¡Maurizio mío! Al fin te veo - suspiró Katarina besando su almohada. Cuando él torció su mano en saludo, ella lo imitó y sonrió mucho más cuando lo oyó pronunciar "mia sorella Katy, recupérate, te extraño"

-¡Me ha lanzado un beso! Yo lo recibiré con varios más - sentenció la joven Leoncavallo y expectante, cruzó los dedos.

-"The technical merit scores for Carlota Liukin are: 5.8, 5.7, 5.8, 5.7, 5,7, 5.7, 5.8, 5.7, 5.7... Presentation marks: 5.8, 5.7, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.7, 5.8, 5.8. Judgement Ordinals.... 1, 2, 1, 1, 1, 2, 1, 2, 2.... After the free program Carlota Liukin from France is in first place" - daba a conocer el sonido local y el comentarista no cabía de gozo:

-:¡Magnifica la principessa francese Carlota Liukin! ¡Seconda nel programa libero ma sufficiente per vincere l'oro! ¡Nuestro Maurizio lo festeja! ¡La prima medaglia insieme! ¡Bravissimi Carlota e Maurizio! ¡Bravissimo Romain Haguenauer!"

Katarina Leoncavallo reaccionó con un pequeño gritito que lastimó un poco más su garganta pero no le importó cuando Maurizio se detuvo ante una cámara para enviarle otras palabras de aliento. Enseguida, la joven comenzó a sentir deseos intensos de tenerlo a su lado, de tocar su cabello, de poder hablarle al oído. Suerte que Carlota no tuviera la ocurrencia de abrazarlo porque ese insignificante gesto habría hecho saltar a la señorita Leoncavallo en ira, no obstante esta última intentara no exaltarse con el pensamiento de que María Butyrskaya debía ser la ganadora, así acabara rebasada por segunda ocasión en la noche por esa sensación de que la chica Liukin había sido la mejor. Era tan buena que ni una caída le había costado el oro y por ello Maurizio podía estar lleno de esa alegría que se transmitía a quien fuera a felicitarlo.

En televisión aparecía el gráfico con la clasificación definitiva y una pequeña entrevista a Carlota en la que declaraba encontrarse sorprendida por el veredicto porque luego de su error creyó que le concederían una plata.

-No seas modesta, lo hiciste bonito - pronunció una Katarina resignada y pronto, notó que Maurizio se aproximaba para hacerla concluir. La sonrisa de él rivalizaba con la presencia de ella.

-Te ves tan hermoso - suspiró la joven Leoncavallo antes de volver a darse cuenta  que Carlota lograba que Maurizio sostuviera todas sus cosas sin necesidad de pedírselo por favor e iba y venía saludando a todo mundo, dando autógrafos y posando para las fotos ¿Exageraba Katarina? Posiblemente. Su hermano estaba siendo cortés pero aquello despertaba sus temores de perder su atención, de que se quedara hechizado por una Carlota que luego de ser avisada del comienzo de la ceremonia de premiación, tomó una especie de estuche de su bolso rojo. No se pudo saber que hizo pero se capturó el momento en el que Maurizio comentó "tienes los ojos verdes" y Carlota aceptaba que siempre los ocultaba, sin dar el motivo.

Desde su asiento en el piso, Katarina Leoncavallo quedó petrificada. Cierto recuerdo le llegó enseguida y casi creyó a ciegas que lo estaba reviviendo. Maurizio lucía confundido pero al igual que cuando vio el rostro de su alumna por primera vez, hizo el esfuerzo de pasarla por alto. El maestro Scarpa lo tomó del hombro para hacerle saber que no era el único en temblar por ese momento.

Con las luces preparadas para la premiación, Elena Sokolova y María Butyrskaya se acercaron a Carlota Liukin para darle un abrazo. Emocionada, la jovencita no dudó en pedirles una foto y las aplaudió fuertemente cuando las nombraron para ir al podium. Segundos antes de escuchar el suyo, la chica Liukin sostuvo la mano de su entrenador, mismo que decía "lo has dado todo".

Cuando Katarina vio aquello en su pantalla, se sintió embargada por la furia. Carlota Liukin no tenía derecho de tocar a Maurizio Leoncavallo y al besarlo espontáneamente en la mejilla por agradecimiento, este último pensó en la reacción de su hermana.

sábado, 31 de marzo de 2018

El inicio de la estación


"Leah Hendrickx from Belgium have scored for Technical Merit: 4.9, 4.8, 4.6, 4.8, 4.8, 4.9, 4.7, 4.6, 4.7. The Presentation marks: 4.8, 4.8, 4.8, 4.8, 5.0, 5.0, 5.1, 5.0, 5.0... Judgement Placement: 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1. Leah Hendrickx from Belgium is in first place, thank you"

Eso anunciaba el sonido local cuando Carlota daba sus primeras vueltas en la pista, aguardando su participación. En el borde se hallaba Maurizio Leoncavallo y la llamó apenas la niña Hendrickx terminó de oír sus notas. Carlota fue tan rápida que casi tropezaba con el borde.

-Cuidado.
-Lo siento, es que me van a presentar.
-El jurado trae notas mixtas, procura concretarte, no tenemos referencia, andamos entre 4.8 ¿un 5.1? A lo tuyo, no vamos esperar una calificación específica.
-Sí, Maurizio.
-Te diviertes.
-Sí.
-Sólo hazlo.
-Más sí.

Carlota y Maurizio se tomaron las manos brevemente y ella giró para al fin escuchar que podía seguir. El silencio previo nunca es cómodo.

-"Next skater, 2002 European Junior Champion and representing France, please welcome... Carlota Liukin".

El profesor Scarpa aplaudía desde su lugar en las gradas y el niño Adrien decía "ya cáete" mientras el tranquilo público aun se debatía entre la timidez o sólo pasar el rato. Al inicio, se había reportado la baja de una patinadora irlandesa, dejando quince competidoras y obligando a reducir los grupos a tres con cinco participantes cada uno. Había cuatro chicas italianas contendiendo y sin excepción, le habían repetido a Carlota las advertencias sobre Katarina Leoncavallo en la zona de warm up.

-"La bellissima Carlota in gara" - pronunciaba el presentador de televisión y la joven Liukin tomó posición. Por fortuna, no se daba cuenta del énfasis que la cámara ponía en su rostro.

-"La signorina Liukin tiene catorce años, veremos que le depara este programa corto, la música suena ya.... Qué velocidad lleva en estos pocos segundos, prepara combo... sí.. Triple toe ¡con triple toe! Qué fuerte inicio, vemos su camel spin ligado con donut..... Esto no es común, la coreografía generalmente se ejecuta como penúltimo elemento, qué bonito movimiento de brazos.... Una transición, tampoco es usual, doble axel, muy bien... ¡Triple flip! y ya vemos un layback precioso ¡que liga a un biellman extraordinario! Ha mantenido la pierna elevada totalmente recta y el spin del final, una combinación de camel con sit pancake y posición en y... Apunta hacia arriba ¡ma che bello performance! ¡Bravissima Carlota! ¡L'emozione di nostro Maurizio Leoncavallo, gioia di reazione! Haguenauer también se muestra satisfecho... ¿Qué calificación le pondrán los jueces? El público está encantado... Nuestra niña gondolera, nostra ragazzina Carlota ¡bellissima sul giacchio! L'eleganza sul patini, bellissimo lavoro el que hace con nostro Maurizio ¡bella, bella Carlota!

La joven Liukin ayudaba a las niñas que recogían regalos a levantar algunos peluches y luego fue deprisa con Maurizio Leoncavallo, que la recibía con el ramo de violetas que alguien había lanzado y exclamando como si susurrara "¡Carlota, Carlota!". Se notaba que aun no existía la confianza para darse un abrazo.

-"Aplaude nuestra campionessa Katarina Leoncavallo y Kaori Miyamoto que es la siguiente pattinatrice in pista, que gran rutina de Carlota, davvero"

-¡Bien! ¿triple - triple? ¿qué fue eso?
-Me pediste que lo hiciera, Maurizio.
-No creí que supieras cómo.
-Fue lo primero que Tamara me enseñó.
-¡Me emocioné!

Sonrientes, Carlota y Maurizio se unieron a Haguenauer en el kiss 'n' cry mientras se proyectaba la repetición con los mejores momentos.

-Ven acá, Liukin.
-¡Romain!
-Déjame abrazarte ¡te salió como debe!
-No es la primera vez.
-Muy bien.
-Gracias.

Luego de apretar a Carlota, Romain estrechó la mano de Maurizio y tocó su hombro para demostrar que estaba feliz.

-¿Qué hicieron esta semana?
-Saltos y saltos, las piruetas le salen de manual.
-Parece que estoy dejando a Carlota Liukin en buenas manos.
-Aun me siento aterrado.
-¿Estamos mejor que Katarina?
-Cerca, todavía hay muchos detalles.
-Fue un lindo trabajo.

Maurizio tomó lugar al lado de Carlota con una gran sonrisa y se dirigió a ella.

-Se me erizó la piel, patinaste mejor de lo que esperaba.
-¿No es verdad?
-Mira.
-A mí también me pasó ¡ya quería patinar otra vez!
-Hay que agradecerle a Haguenauer que teníamos secuencia de pasos.
-Gracias, Romain.
-Ahora nos vamos a quedar solos.
-¡Jajajaja, no lo había pensado!
-Presentaremos algo.
-Grazie di cuore por aceptarme en tu grupo.
-¡Bienvenida al "Team Leoncavallo"!
-¿No era Team Leoncavallo?
-No lo habías dicho.

Ambos saludaron a la cámara y ella notó que Maurizio giraba la mano mientras inclinaba un poco su cabeza.

-¿Por qué haces eso?
-Es un saludo secreto a mi familia.
-Entonces no es secreto.
-Ellos saben quienes son.
-Oh, entiendo ¡Papá, Andreas y Miguel, los quiero!
-¿Y Tennant?
-¿Hola?
-¡Saludos, Tennant!

Carlota agitó su dedos antes de volver a reír y tomar la mano de Haguenauer, además de recargarse en su hombro.

-Me da miedo que te quedes con Leoncavallo.
-No hay otro.
-No y mira que busqué.
-¿A quien llamaste, Romain?
-Mezzadri, De Bernardis, Gentelet, Krier; Morozov, le dije a Tarasova pero te recibe el próximo año.
-Maurizio no patina bien.
-Eso no importa, Katarina está bien entrenada.
-Si no funciona, nos morimos todos o ella me asesina primero.
-También me preocupa esa mujercita.
-Se me ocurrirá algo.
-Me siento hipócrita, Liukin.
-Tengo remordimientos en la noche.
-No te preocupes, no creo que él sienta que estaremos bien.

Cuando Carlota volteó, descubrió que Maurizio la miraba con una sincera sonrisa y seguía aplaudiéndola a momentos por el inesperado buen nivel de su rutina.

-"Scores for Carlota Liukin from France: Technical Merit 5.8, 5.8, 5.8, 5.7, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8, 5.8"

-¡Es altísimo! - exclamó Haguenauer y Carlota llevó sus manos a la boca por incredulidad.

"For Presentation: 5.8, 5.9, 5.9, 5.8, 5.8, 5.9, 5.9, 5.8, 5.9; Judgement Placements: 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1, 1. Carlota Liukin from France is in first place".

Carlota y Maurizio gritaron emocionados ante las segundas notas y los dos estrecharon a Haguenauer ante aquellas noticias como si clasificaran en un relevo. Poco después, abandonaron el kiss 'n' cry y en lugar de ir tras bambalinas, se detuvieron en las gradas en donde Yuko apretó a Carlota contra sí.

-¡Felicidades!
-Te lo agradezco
-Tu padre estará muy sonriente.
-¿Te puedo pedir un favor?
-Claro, lo que digas.
-¿Me prestarías tu celular para llamarlo? Maurizio se quedó con el mío.
-Te lo perestaría, seguro.
-¿Qué haría sin ti, Yuko?

Al mismo tiempo, Karin Lorenz le daba un breve beso a Maurizio y le daba la mano a Romain Haguenauer, pensando que era un alivio que salieran bien librados en su primer reto. El niño Adrien parecía ausente y nadie intervino por no provocarlo; sin embargo lo que atraía la atención de las competidoras y de Haguenauer, era que Katarina Leoncavallo permaneciera a cierta distancia y luego de un momento, apartara a Maurizio para charlar con él sin ese talante agresivo de siempre.

-¡Estoy tan contenta, Maurizio!
-Me alegra mucho.
-Hiciste un programa tan lindo...
-La coreografía es de Haguenauer, ya estaba todo planeado.
-Sin ti no lo habrían hecho.
-Sólo ordené un par de cosas.
-Carlota hizo todo tan tierno y bonito que parece que hubieras conseguido una lotería.
-Felicítala en vez de a mí.
-No te quites mérito ¿cuánto habré avanzado en mi primera semana contigo?
-¿Ganaste bronce?
-Igual que tú.

Katarina volvió a estrechar a su hermano cariñosamente y besar su mejilla sin importarle más, dejándolo ir con Carlota detrás de una cortina verde que apartaba la acción en warm up de lo que el público solía ver. Haguenauer siguió a los dos justo cuando Maurizio recibía una copia de los protocolos y la chica algunas palabras amables de sus rivales. Los colegas entrenadores no podían disimular sus gestos de interés por lo que ocurría y Ryan Oppegard comentó que "Leoncavallo es de cuidado, bien jugado, Francia".

-Aprende sarcasmo.
-Leoncavallo no durará.
-Nos vemos en París, Oppegard.
-¿Liukin va a ir? ¿Su padre no está escondiéndola?
-Nadie se escondió.
-Dile que si quiere aprender de Camille Maier, me llame.
-¿En serio? ¿Crees que Liukin tiene estómago para ti?

La chica miró a Oppegard con notorio enojo y optó por ir al vestidor a cambiarse. Maurizio Leoncavallo no tenía la menor idea de que se había dicho y su inocencia al respecto le hizo creer a los demás que la federación francesa se burlaba de él.

-¿Oppegard nos felicitó?
-Algo así, no importa, Maurizio.
-¿Te dio una tarjeta?
-¿Por qué nos ofrecería su contacto?
-Carlota recibió el de Nicks.
-¿John Nicks? Cuando le pregunté, dijo que su prioridad era Sasha Cohen.
-Qué casualidad que ahora se lanzan como si fuéramos carroña.

Maurizio esperó a Carlota recargado en una columna y por alguna razón, comenzó a revisar las calificaciones de los jueces. El de Japón había dibujado una flor en su reporte y la jurado de Canadá había escrito "Maurizio, che bel programma!" junto a un garabato que parecía un corazón.

-Corregiré el flip de Carlota, lo prometo - le expresó a Haguenauer al mismo tiempo que se ponía más feliz.

-¿Nos escribieron algo?
-Nadie lo notó.
-No vi ningún problema.
-Faltó un poco de rotación, me sorprendió porque Carlota lo realizó bien en práctica.
-¿Algo más?
-La pondré a saltar con Katarina de vez en cuando.
-¡No hagas eso!
-¿Qué? Esta competencia ha sido muy extraña ¿qué sucede con mi hermana?
-Con nosotros nada.
-¿Crees que no sé que toda esta gente habla mal de ella?

Maurizio observó fijamente a Haguenauer y este juzgó que revelar el incidente con el espejo sería contraproducente.

-Yo te hablo de la parte técnica, Carlota es mejor que Katarina.
-Aun no se han pulido ciertas cosas.
-¿Por qué quieres compararlas?
-Porque soy el entrenador.

Lo que más temía la federación francesa era que Leoncavallo se tomara en serio su papel y a Romain le quedó claro que aquello estaba pasando.

-Me pregunto como te irá con el señor Liukin cuando volvamos a Venecia - comentó para irse por la tangente.
-Me matará si algo sale mal.
-A nosotros no nos hizo nada.
-Con ustedes es diferente, Romain, los conoce bien.
-¿Por qué accediste a tener a Carlota contigo?
-Cambié de opinión.
-¿Alguna razón en especial?
-Una petición de Ricardo.

Haguenauer no se lamentaba ahí mismo porque no podía. Durante esos días había creído que Maurizio Leoncavallo se tentaba por la oferta económica y quizás por motivos sentimentales como su boda pero nunca por un factor ajeno que se antojara fuerte.

-Es un padre muy entregado, no quiero defraudarlo - remató Maurizio y continuó leyendo los protocolos hasta que no contuvo su sonrisa. Carlota salía con un lindo vestido de dos piezas, con la parte de arriba morada y su falda degradada también en morado.

-¡Carlota!
-Maurizio.
-¿Por qué tan elegante?
-¿Qué?
-Nada... Salieron tus protocolos, mira lo que te escribieron.
-Les encantó ¿me puedo quedar con el dibujo de florecita?
-Adelante.
-Pensé que iba a sacar 5.2.
-Te dije que no esperaras nada.
-El 5.7 me lo puso el juez de Estados Unidos.
-Tamara me dijo que te dan las notas más bajas.
-No sé por qué.
-Tenemos trabajo, es raro que alguien obtenga estas calificaciones si no está en el grupo final.
-¿Qué sigue?
-A las seis y media sale Julie Sebastyen y tengo interés por Cohen.
-Su programa corto es "Malagueña".
-¿Cómo supiste?
-Está tarareando en el vestidor.
-¿No sabes nada de Sokolova?
-Es más discreta.

La jovencita continuó leyendo las calificaciones y poco después, regresó con Yuko, no sin antes recibir un abrazo de Katarina Leoncavallo.

-¡Lo hiciste muy bien!
-¿Te digo que gracias?
-¡Para Maurizio es tan importante! Ya quiero ver tu programa libre.
-Iré a mi lugar.
-Claro ¡qué linda, Carlota!

La cara del profesor Scarpa parecía manifestar que no creía en el repentino gesto cordial de la señorita Leoncavallo y a juzgar por el enfado de la joven Liukin y de Haguenauer, prefirió escuchar sus quejas. Yuko en cambio, se colocó junto a Karin Lorenz al notar la amargura de esta cuando Maurizio comenzó a escribir sus conclusiones preliminares o más bien, su discurso para no equivocarse cuando Carlota preguntara por su desempeño al tiempo que Katarina lo dejaba trabajar sin interrupciones y prestaba atención a lo que sucedía en la pista, por sorpresivo que fuese.

-¿Todo bien?
-Yuko ¿usted quiere a Carlota?
-La aperecio mucho.
-Es que me brinca que no se haya enfadado con Katarina.
-Estoy enojada.
-¿Entonces?
-Me siento extraña con ella.
-¿Por qué?
-No lo comentaré aquí, Maurizio podría enterarse.
-Katarina ha ahuyentado a varias niñas que querían trabajar con él.
-¿Te da miedo?
-Es un disparate, imagino cosas.
-Carlota terminó frente a un espejo, no estás imaginando.
-Nunca lo he dicho pero siento que hay más que celos.
-Cuando veníamos para acá, Katarina lo abrazó de una manera que me hizo sentir que estorbé.
-¿Cómo fue?
-Se pegó en su espalda pero Maurizio también se quejó de que lo lastimaba cuando estábamos con Carlota en la escuela.
-¿Seriamente o como juego?
-No lo tomó mal.
-Eso no está bien.
-Habla con él, insiste.
-Lo he hecho varias veces, no hace caso.
-¿Necesita que Katarina te haga algo?
-Si ella me toca, me voy.
-¿Se lo advertiste a Maurizio?
-Se lo recuerdo diario.
-Pónle un ultimátum.

Yuko daba el consejo sin tener idea de nada y se quedó cavilando en ese abrazo que Katarina le había dado a Maurizio en el bote de Geronimo, queriendo convencerse de que había alucinado por un segundo que aquella joven se había contenido de besarlo en el cuello.

-"Marianella Allegri is in 4th place" - se dio a conocer y con ello, terminaban las actividades del primer grupo de patinadoras, dando paso al segundo. Maurizio continuaba revisando los aspectos técnicos de la rutina de Carlota y esta daba algunos autógrafos mientras Scarpa y Haguenauer aprovechaban para preguntarle a Katarina Leoncavallo qué le había pasado por la cabeza para agredir a su compañera, aprovechando los diez minutos disponibles para ir a refrescarse un poco fuera de la arena. Disimulando que pretendía comprar algún gelato, la chica los hizo caminar hasta una esquina en donde giró bruscamente. La reacción de Scarpa la divirtió bastante.

-¡Jajajaja! No quise asustarlo.
-Por supuesto que no.
-¿Es el profesor de historia? Maurizio habló de usted porque Carlota recordó una tarea que le dejó durante la práctica de ayer.
-Es lo malo de ser famoso.
-¿Y a ti que se te ofrece, Haguenauer? ¿Quieres ayudarme con mis coreografías?

Katarina parecía burlarse.

-No desperdicio mi tiempo - respondió Romain.
-Como si no fuera obvio que se lo haces perder a mi hermano.
-Nadie pierde nada.
-¿Liukin, en serio? Qué buena treta ¿es el favor que le debes a Shae-Lynn Bourne?
-Como si lo necesitara.
-En Salt Lake le dijiste que Maurizio era un cero y te vengarías por la medalla que ganó.
-¿A dónde vamos con esto?
-Sabes que mi hermano no tiene experiencia y que mejor manera de deshacerte de él que mandándole a la única patinadora que lo hará trizas.
-Y yo pensando que Maurizio tiene mérito por convertir a una arpía en campeona.
-Defendí su trabajo.
-Pero lo de Shae-Lynn fue una broma, ella perdió el bronce solita.
-Digamos que también tengo oídos por todos lados ¿Tarasova aceptó encantada para la siguiente temporada o me equivoco?
-Menos mal que Marina Anissina no fue Kati Winkler.
-Qué miedo ¿vas a golpearme la cara?
-¡Vuelves a tocar a Carlota y te mueres!
-¡Ella traiciona a mi hermano y la mato!

Scarpa detuvo a ambos.

-¡Basta! Nadie habla en serio... Señorita Leoncavallo, haga el favor de explicar por qué Carlota acabó pegada a un espejo y usted, Haguenauer, me va a decir que le hizo esta mujer a Kati Winkler.

Katarina se miró las uñas.

-Le hice saber a ese niñita que su lugar no es como prioridad de Maurizio, la estrella soy yo.
-¿Tengo cinco años? Del abrazo "sincero" por su programa mejor ni espero congruencia.
-Ah, ese fue verdad, si lo sentí, si Carlota no se cae, nadie se volverá a burlar de Maurizio, ni siquiera ustedes.
-No tiene sentido.
-Yo gano las medallas y Carlota es bonita ¿lo explico con dibujitos?
-Lo entenderé más tarde.... Haguenauer, tu parte.
-Kati Winkler parodió a Maurizio por un movimiento que le pareció ridículo en su debut en Salt Lake y según averigüé, Katarina la encerró luego de darle una paliza. Kati es claustrofóbica.
-Sólo hice lo de encerrarla, tampoco soy tan tonta, me habrían echado - intervino la señorita Leoncavallo - Nadie se ríe de Maurizio ¿es un crimen demostrarlo?
-¡Eres una araña desgraciada! - gritó Haguenauer.
-Tarasova puso como condición que Carlota pase el año con mi hermano y luego él se convierta en asistente técnico para no despedirlo sin aventarle un hueso ¿algo así? - siguió la chica - Ah, los franceses, tan predecibles ¿creyeron que usarían a mi hermano y se desharían de él sin un precio? Y no le quito la máscara a Carlotita porque Maurizio le está tomando cariño a los Liukin pero no voy a permitir que lo pisoteen.

Scarpa bajó la guardia y supo que Katarina no mentiría.

-Haguenauer ¿van a hacerle eso a Maurizio Leoncavallo?
-Adiós Romain - terminó Katarina y se marchó encantada de haber revertido la situación a su favor.

En la arena, sin embargo, la atmósfera distaba igualmente de ser tranquila. El niño Adrien insistía en conseguir un poco de pan y para que no fuera solo, Yuko debió acceder a acompañarlo mientras le preocupaba que iniciara una de sus crisis. Por su lado, Karin Lorenz no se sentía tranquila y luego de pensarlo mucho, decidió salir a fumar.

-¿Karin, dónde vas? - preguntó Maurizio.
-Un cigarrillo, vuelvo pronto.
-En la clínica nos dijeron que no debes fumar.
-Sólo es uno, no te preocupes.
-El tratamiento empieza en unas semanas.
-Eso puede esperar.
-Pero la cita...
-Todo seguirá según el plan, el ginecólogo nos explicó que nuestra perspectiva es buena, tranquilo. Iré a calmarme los nervios, regreso.

Maurizio se quedó con las palabras en la boca y vio a su novia alejarse tan a prisa que le resultó desconcertante, a tal punto que notó que no había ruido y que Carlota Liukin era la única que continuaba en las gradas.

-¿Estás haciendo tarea?
-Reviso si la terminé.
-¿Dónde fueron todos?
-Adrien y Yuko por comida, Katarina dijo que le dio más sed y el profesor Scarpa anda por ahí con Haguenauer.
-Te dejaron sola.
-Releí mi reporte para la clase de historia.
-Del que me contaste ayer.
-Me faltan los dibujos de geografía, que bueno que no son urgentes.
-Carlota, ven.

La chica Liukin se colocó junto a Maurizio sin percatarse de las atentas miradas de otros entrenadores. La gente retomaba sus lugares poco a poco.

-Mirando los protocolos, creo que me voy a poner de parte del juez de Estados Unidos.
-¿El del 5.7?
-Le faltó un poco de rotación a tu flip.
-¿De verdad? No me di cuenta.
-Nadie se enteró.
-¿Pero tú sí?
-Entrenando a Katarina aprendí cosas... Eh, fue muy ligero pero hay que repetir el salto una y otra vez ¿vas a sufrir, sabes?
-Eso no suena divertido.
-La altura de tu axel no fue la ideal.
-¿Muy bajo?
-¿Te diste cuenta?
-Estaba nerviosa.
-Pero no debe pasar.
-¿Repetir?
-Lo hiciste grandioso pero hay que reforzarlo. "Altura adecuada, mejor rotación", le pondremos énfasis a esa corrección la próxima semana.
-De acuerdo.
-La secuencia de pasos le encantó al jurado, la hiciste mejor que en los entrenamientos.
-Gracias.
-Pero los spins los enamoraron.
-¿En serio?
-Mira la valoración de cada uno.
-A Sasha Cohen le van a dar seis.
-No hace el biellman que tú si puedes.
-Tiene más técnica.
-Te lo concedo.
-¿Qué idea tienes para mañana?
-El triple-triple no es opcional, si la competencia nos da oportunidad querré ver tu lutz; salchow, de ese salto no te vas a librar.
-Lo sé.
-¿No te gusta o pienso mal?
-No me agrada ni como se ve.
-Pero el reglamento lo pide... Julie Sebastyen es la primera de su grupo y su contenido técnico es menor que el tuyo, no te confíes.
-No... ¿por qué sonríes tanto, Maurizio?
-Te había visto antes pero tienes mucho talento ¡estuviste casi perfecta!
-Soy perfecta.
-Tus saltos dicen que no.
-Los arreglaré y mi programa libre será hermoso.
-No presumas antes de tiempo.
-¡Entendido, Maurizio!
-¿Seguimos evaluando tus notas?
-Adelante.
-Excelente, dime que jueces te dieron los 5.9...

Carlota y Maurizio continuaron hablando de las impresiones del jurado en lo que se reanudaban las actividades y Katarina Leoncavallo volvía para escucharlos atentamente. El profesor Scarpa miraba desde su distancia sin ocultar su desaprobación a un Haguenauer que también volvía y se integraba a esa charla y aguardó por Yuko y Adrien mientras le llamaba la atención como Karin Lorenz parecía temblar en la puerta. La mujer quebrantaba su propósito de consumir sólo un cigarrillo porque la dominaba un sentimiento que no se podía describir todavía. Cuando Yuko pasó junto a ella, la retuvo de la muñeca y esta respondió enviando a Adrien dentro. Intrigado, Scarpa quiso aproximarse pero no pudo cuando el niño Liukin se plantó delante de él.

-¿Puedo molestar a Carlota?
-No.
-¿Por qué no?
-Adrien, se trata de tu hermana.
-Me gusta cuando se enoja, no es una llorona.
-Pero está compitiendo, no es tiempo.
-¿Puedo jugar con usted?
-Supongo que sí.
-Esto de los patines me aburre un poquito.

Scarpa finalmente se relajó y se unió al grupo en las gradas, así fuera para distraerse con el rubik y no poner su interés en planes que no lo involucraban, por criticables que fuesen. El torneo continuó enseguida y Carlota y Maurizio opinaban sobre la marcha, sin que este último ocultara que se hallaba emocionado por su nueva alumna.

viernes, 30 de marzo de 2018

La mujer del cine


Luego de la partida de Carlota a Murano, Ricardo y Tennant volvieron a la gelateria "Il dolce d'oro" y luego de pasar dos aburridas horas esperando clientela, vieron salir del edificio del frente a un montón de técnicos, camarógrafos y microfonistas en busca de algo fresco para lidiar con el calor. Un tipo, al que llamaban "director", les anunciaba que tenían un descanso de diez minutos y pronto, apareció una mujer bellísima, de gran melena castaña y ojos almendrados vestida con una bata roja con flores. Quejándose del calor, se aproximó al local y no tardó en pedirle al boquiabierto Tennant algún gelato o un refresco de dieta.

-Le sentará mejor un poco de sorbete de fresas - se adelantó Ricardo - ¿quiere una rodaja de limón?
-Muchas gracias - contestó la desconocida.
-Que lo disfrute.

Como el hombre se retirara educadamente y no la mirara más, la dama suspiró aliviada y terminó con su postre antes de regresar al set. Tennant por su lado, no dudó ni un momento en llamar a Andreas y cortarle de golpe la cita con Levina.

Un poco más tarde, la filmación se hizo evidente. El productor quería algunas tomas en la calle y la mujer bella salió con un lindo abrigo beige y un jumper negro que la hacía ver muy elegante. Tennant no ocultaba su mirada fascinada y cuando Andreas arribó, este recuperó el aliento enseguida.

-¿Cuánto corriste?
-Todo Santa Croce ¿por qué no avisaste antes?
-No la vi hasta hace poco.
-¿Me juras que es Violet Fox?
-Deja que se quite los lentes.
-¿Sólo los lentes?

Como ambos se rieran, Ricardo se interesó y luego de aproximarse a la puerta, tuvo una pequeña curiosidad por la actriz, que retiraba sus gafas y mostraba una gran sonrisa ante la cámara.

-¿En qué películas ha salido? - preguntó el señor Liukin ingenuamente y Tennant, pudoroso, la recordó en un papel pequeño de una mala cinta francesa.

-Es la chica que entrega una carta a Raoul Bova.
-Ese actor le encanta a Carlota.
-Ahí la vi.
-¿Sólo en esa película?
-Y en un comercial de ropa interior de abuelas.
-No te escuché.
-Un comercial de ropa blanca para dormir.
-La habré olvidado ¿actúa bien?
-Siempre muestra su gran ... corazón.

Tal vez porque Ricardo no miraba jamás a una mujer con lujuria o con atracción instantáneas, creyó en Tennant porque era un admirador impresionable. La intérprete hablaba tan bajito que afortunadamente no se entendía de qué giro era el filme en el que la habían contratado.

-Sugiero que ambos vayan a casa, no quiero que la señorita se incomode - dijo el señor Liukin al cabo de un rato y los asombrados Andreas y Tennant se marcharon lentamente sin pronunciar palabra, quizás pensando que si desobedecían, no podrían pedir una foto siquiera.

-Filmaremos aquí mañana - les reveló un asistente de producción y Tennant obtuvo un trabajo como el chico de los recados para un día, cuando descansaba el empleado habitual.

Desde su lugar, Ricardo curioseaba poco y pronto, se preguntó de qué se trataba aquello. La actriz repetía una y otra vez un saludo a su coestrella mientras su director se impacientaba cada vez más, al punto de decirle que "si no fuera por el trasero, estarías en la calle".

-¡Oye, cretino! Oféndela de nuevo y te azoto contra el pavimento - intervino el señor Liukin y los demás quedaron en silencio.

-Otro admirador idiota... Atiéndelo, te veo en cinco minutos, Maeva - dijo el director y la mujer miró a Ricardo segura de que no quería lidiar mucho con él. Los peores hombres podían ser los que tenían hijos.

-No debería permitir que le hablen así - continuó él cuando ella se aproximó.
-Los directores son agresivos siempre.
-No me gustó su lenguaje.
-No es personal.
-De acuerdo, no insistiré y disculpe. Buenas tardes.

Como Ricardo se diera la media vuelta en vez de pedir un autógrafo, la mujer arrugó un poco sus ojos y lo observó volver a su lugar, sobretodo cuando un niño se le aproximó para preguntar por un sabor de gelato que había buscado por toda la ciudad.

-De todos los hombres, encontraste al decente - comentó Miguel al pasar y la desconocida se arrepintió por un momento de no permitir que la defendieran un poco más.

Cerca de las cinco, Ricardo terminó su turno en la gelateria y junto a Miguel, se fue a un bacarí cercano por un trago. Se sentía cansado y abrumado por el calor y al entrar al local, preguntó si podían buscar el canal que pasaría la competencia de su hija. Como al empleado de la barra le daba igual, accedió enseguida y el señor Liukin ordenó croquetas de atún y un par de aperol spritz en agradecimiento. Miguel en cambio, no se contuvo y pidió sopa de tomate para acompañar un sándwich de salami. Algunos hombres del servicio de vaporetti lo saludaban al verlo.

-¿Tienes hambre, Miguel?
-Nadar me deja cansado.
-¿Te metiste de salvavidas?
-Con los buzos; soy nuevo así que saco la basura de los canales.
-Es un buen comienzo.
-Me han dicho que no podré sumergirme en los primeros seis meses.
-Dime que te dieron un traje para estar ahí metido.
-Y me prohibieron meter la cabeza, cosa que agradezco.
-Amén.
-Los conductores del vaporetto se burlan de mí.
-Oí que un aspirante a buzo gana más que el conductor de un bote.
-No lo sabré antes de fin de mes.

Miguel comenzó a sonreír y a contar los minutos para ver a Carlota mientras le colocaban su comida y por primera vez anunciara que pagaría la cuenta. Por el respeto y la forma de hablar todos lo creían hijo de Ricardo y Miguel pensó que de ser humano, aquello le habría encantado. Ese mismo día había llamado "hermano" a Andreas.

-¿Leoncavallo te es grato, Miguel?
-Es una linda persona.
-No te había escuchado contestar tan rápido.
-Lo conozco bien, señor Liukin.
-Le he dado mi confianza muy rápido.
-Pero él lo valora mucho.
-Lo conocimos el lunes.
-Lo hemos hecho sentir parte de la familia.
-Es muy pronto para eso.
-Los Liukin reconocemos a los que nos querrán siempre.
-¿Los Liukin? ¿Cuándo te sumaste a esta familia?
-Creo que cuando me llamó por mi nombre.

Ricardo le dio una palmada en la espalda al chico y tuvo la tentación de preguntarle "¿de dónde saliste?" pero optó por cambiarla a "¿por qué no te quedaste en Murano, Miguel?"

-Carlota no me necesita.
-Noto que estás mucho tiempo con ella.
-Le he tomado cariño, es como mi hermana.
-No te habría creído si lo hubieras dicho en París.
-A veces dos hermanos no bastan.
-Hacía falta uno que no detestara a mi niña, jajaja.
-Tal vez Maurizio quiera ser el nuevo adoptado.
-¿Por qué lo piensas?

Miguel dio un sorbo a su sopa y continuó.

-Con esa hermana que tiene, tal vez necesite un rescate.
-¿Te refieres a la señorita Katarina?
-Ella no entiende su límite.
-¿También lo notaste?
-¿Qué cosa?
-Los celos que le tiene a Leoncavallo.
-¿Le teme, señor Ricardo?
-Es curioso, cuando ella lo abrazó frente a mí, sentí que lo quería quebrar como a un cristal.
-Conmigo fue igual.
-Si no fueran hermanos, me pasaría por la mente que ella es la novia.
-Ojalá fuera imaginación nuestra - murmuró Miguel y mordió su emparedado para poder cambiar el tema de golpe sin oposición.

-Vi que están grabando una película frente a la gelateria, señor.
-No hacen ruido aun.
-Lo vi platicar con una actriz.
-Sólo le dije que no me parece bien como la tratan.
-¿Muy mal?
-No lo pude ignorar.
-Creo que ella tampoco a usted.
-No recuerdo su rostro.
-Digo que sí.
-¿Por qué?
-Porque la vio entrar aquí y respiró muy hondo.

Ricardo agitó la cabeza.

-¿Cuando hice eso, Miguel?
-Ella está igual de sorprendida que usted.
-¿Cómo sabes?
-Está esperando que la mire.
-No es cierto.
-Es una coincidencia que se haya dado cuenta de que hablamos de ella y se esté acercando.
-¿Por qué pasaría?
-Quizás por curiosidad.

La bella dama se colocó tímidamente en la barra y luego de ordenar vino blanco, aguardó a que Ricardo dijera algo al tiempo que Miguel se hacía a un lado y el hombre de la barra riera, creyendo en la suerte que no tenían otros hombres comunes.

-Ciao - saludó ella luego de entender que Ricardo no tomaría ninguna iniciativa. Aun creía que él no era una excepción.

-Buona sera, signorina.
-¿Puedo sentarme junto a ti? No me siento cómoda estando sola.
-Por supuesto, lamento no acompañarla con el vino.
-¿Qué bebes?
-Aperol spritz, un aperitivo.
-Te acompañaré con algún cicchetti ¿albóndigas, tal vez?
-Come carne, eso es bueno.
-Tiendo a la anemia.
-Las espinacas ayudan.
-No las como, son horribles.
-No las ha probado en croquetas.
-¿Cómo esas? - señalando el plato de él.
-Son de atún.
-¿Puedo?
-Claro que sí.
-Muchas gracias.

La mujer degustó una croqueta rápidamente y pronto, se dio cuenta de que Ricardo prestaba más atención a la pantalla que los demás, que observaban esperando una conquista o un ridículo.

-¿Patinaje?
-Me gusta.
-Nunca lo había escuchado en un hombre.
-Mi hija concursa en este torneo, es la tercera en salir.
-¿Una niña?
-Carlota Liukin.
-¿Por qué no fuiste a verla?
-Salí tarde del trabajo y no hay vaporetti hasta las siete.
-Lo siento.
-La veré el domingo.
-¿Es buena?
-No quiero presumir pero es campeona de Europa.
-Eso debe ser asombroso.
-Mi hija es talentosa.

La admiración que Ricardo prodigaba a Carlota no necesitaba comprobación. Con sólo mencionarla, él se llenaba de emoción. La mujer aun desconfiaba porque su experiencia con el sexo masculino no era positiva.

-No has preguntado mi nombre.
-Oh, me disculpo, señorita.
-Me conocen como Violet Fox.
-No le hace honor.
-Mi nombre es Maeva Nicholas.
-Su nombre artístico palidece con el real. Ricardo Liukin, un gusto.
-Nadie acostumbra darme la mano.
-Me alegra ser diferente.

Entonces, las palabras de Miguel regresaron a Maeva, "encontraste al decente".

-Mi hijo Tennant la vio en una película con Raoul Bova.
-Esa escena duró un minuto.
-Vemos muchas películas juntos; más bien, ellos.
-¿Cuántos hijos tienes?
-Tres naturales y dos adoptados.
-¿En serio?
-Andreas y Adrien me dan dolores de cabeza; Miguel y Tennant deben recibir reglas y Carlota es la única niña. A ella hay que cuidarla más.

Maeva miró fugazmente al televisor para conocer a la hija de Ricardo.

-¿Actúa en muchas películas, Maeva?
-Sí, creo.
-¿Algún papel interesante?
-Hago pequeñas apariciones de vez en cuando.
-Los directores deberían pelear por usted.
-¡Lo hacen! Todo el tiempo recibo llamadas.
-Jacques Audiard la haría una gran protagonista.
-¡Jajajaja! Él no me quiso.
-¿Por qué?
-No le gusta lo que hago.
-Aquí en Italia podría irle mejor.
-Depende, en las audiciones aun no me va bien.
-Tal vez necesita que la cinta que está rodando sea un éxito.

Maeva no sabía como tomar el comentario.

-¿De qué trata su proyecto?
-¿Cuál?
-La película.
-Ah... Una mujer que arregla muchos negocios.
-Suena interesante, me gustaría verla.
-Eso es seguro.
-¿Cómo lo sabe?
-No hay nadie a quien no le gusten.
-Tal vez busque alguna para estar con mis hijos.
-Eso sería muy raro.
-¿Son para adultos?
-Sí.
-En ese caso, iré al cine solo.

Maeva se quedó aun más desconcertada y se preguntó si el tipo era un repulsivo cretino o sólo un idiota con suerte al que le estaba hablando por no creerle la careta de bueno.

-Es más fácil que vaya directo a video.
-Estoy seguro de que pronto le tocará una marquesina.
-Dicen que en internet está el futuro de mi industria.
-Lo es de casi todo, excepto la comida.
-¿Por qué?
-A diferencia del cine, es más fácil encontrar el mejor sabor uno mismo.

La mujer estaba confundida y Ricardo lo notó enseguida.

-Disculpe si así cambio el tema, no quise molestarla.
-¿Era eso?
-Creí que la ofendería y eso no está bien.
-Rara vez me hablan de cine.
-Usted es actriz.
-¿Nunca me has visto?
-No ¿por qué cierra un poco los ojos?
-Me conoce hasta tu hijo - señalando a Miguel.
-¿No es reconfortante?
-¿Cuál sería la razón?
-Que no tengo un prejuicio de la crítica. Somos dos personas conversando.

Maeva no sonrió y bebió un poco de su copa mirando al frente. Por la forma de mover su cabello, el señor Liukin entendió su nerviosismo.

-¿Por qué vendes gelato?
-Fue lo que conseguí, Maeva.
-No te queda.
-Lo sé.
-¿Qué haces ahí?
-Mantener a mis hijos, sólo somos ellos y yo.

Ricardo parecía contento y comió una croqueta de forma tan delicada que Miguel lo imitó en el acto. Un hombre así no podía ser malo.

-¿De que trabajabas antes?
-Soy cocinero, señorita. Alguna vez fui el principal.
-No se adivina tanto.
-Dejar el plato central en manos de otra persona nunca me gustó y el fuego de la cocina siempre fue prendido por mí. No lo extraño, aun preparo cosas para mis hijos... Divago, perdone ¿a qué se dedicaba usted antes de la actuación?
-Freía papas en un restaurante de Córcega.
-También se ve, esa forma de tomar el cuchillo delata mucho oficio.
-Juntaba dinero para la aventura de volverme famosa.
-Lo conseguirá.
-El cine no es piadoso.
-Es como vender gelato: al principio no es suficiente y en el camino se aprende a hacerlo.
-El sorbete del mediodía es tuyo ¿cierto?
-Pasé dos semanas de prueba y error, ser maestro me tomará mucho tiempo.
-¿Te apasiona?
-Tengo una nueva meta.
-¿Cuál?
-Volver a ser yo.

Maeva se sonrojó sin comprender por qué. La mirada de Ricardo se había tornado tan profunda, su voz tan intensa, que no le tenía más reservas y se sentó finalmente a su lado. En el local se escuchaba:

-"Ecco qui, il ritorno di Carlota Liukin alle competizioni dopo il grandissimo Europeo junior di gennaio. Aveva lasciato Tamara Didier da pochi mesi e il nuovo coach è nostro carissimo Maurizio Leoncavallo, medaglia di bronzo a Salt Lake in danza sul giacchio e campeone del mundo 2001, allena sua sorella Katarina e con medaglia alle Olimpiadi anche lei. Con musica "Megapolis", la bellissima Carlota in gara"

-Es el turno de mi hija.
-Suerte.
-Le encantará,  Maeva.
-Se ve bonita con su vestido de rayas, como marinerita.
-Como veneciana.

Maeva sonrió nuevamente y prestó atención a Ricardo en todo momento, queriendo saber más de él.