martes, 10 de julio de 2018

Un cuento sobre las dudas y la evidencia


Oficinas del Servizio Italiano d'Intelligenza.

-Me enteré de que vinieron aquí por los técnicos de la pista - dijo Tamara Didier y abrazó a Ricardo Liukin mientras los demás esperaban el anuncio de que podían irse.

-Me contaron que Trankov se apareció ¿es cierto que quería llevarse a Carlota? - quiso saber ella.
-Me gustaría pensar que no - le contestó el señor Liukin con cara de pocos amigos.
-¿Qué hay de Maurizio? ¿No se lastimó?
-Nada que un hielo no desinflame.
-¿Interrogaron a todos?
-Todavía no acaban con mi hija.

Tamara miró a Carlota con la certeza de que estaba mintiendo por Trankov.

-¿Quién está hablando con ella? - siguió Tamara.
-Maurizio Maragaglio.
-¿Ese quién es?
-El jefe de esta oficina y primo de Leoncavallo.
-Se nota.
-Debí cortar la relación de mi niña con Trankov hace tanto...

Ricardo estrechó a Tamara contra sí nuevamente y luego contempló a Carlota con su disfraz morado y negro de tarántula.

-Señorita Carlota, creo que pasará la noche en la oficina en lo que terminamos de revisar videos, le notificamos a la policía francesa y determinamos que es seguro para usted volver a casa - dijo Maragaglio.
-¿Qué? ¿Voy a pasar Halloween aquí? - protestó la joven.
-Lo siento mucho.
-¡Trankov se fue! ¿Cree que es de los que esperan a que lo detengan?
-¿Cómo sabe eso?

Carlota pasó saliva.

-¿Los terroristas se escapan, verdad? - evadió ella.
-Así es.
-Por eso creo que Trankov huyó.

A la joven Liukin le dolía mucho pronunciar palabras terribles para esconder a Sergei Trankov y derramó un par de lágrimas que Maurizio Leoncavallo se apresuró a enjugar. En otro extremo se veía a Katarina Leoncavallo llegar con una nueva bolsa con hielo para su hermano y un jugo que se moría por beber. El interrogatorio más largo había sido el de ella.

-Señorita Carlota y Katarina ¿podrían quedarse juntas? - pidió Maurizio Maragaglio y ambas asentaron con la cabeza mientras Katy se colocaba en una silla junto a su hermano para sujetarlo por la cintura. Todo esto ocurría mientras la oficina se iba vaciando y Maragaglio se encerraba un momento para calmar su dolor de cabeza.

-Alondra ¿qué te he dicho de no entrar aquí?
-¿No puedo darte un beso?
-Háblame de lo que supiste en las joyerías de San Marco.
-Qué duro te escuchas.
-Alondra...
-Jeje. En San Zito me dieron copias de las facturas con sus últimos diamantes vendidos. Del lote que detectó el Gobierno Mundial, ellos vendieron cinco piezas. Todos se enviaron al Almirante Borsalino, que a su vez, los obsequió a cinco de sus invitadas en una fiesta privada en Capri. Adivina a quien obligué a declarar.
-No tengo idea.
-Maeva Nicholas, o debo decir, "Violet Fox", la "actriz" que estuvo en tu casa el lunes.
-¿Ella tiene un diamante?
-Lo acabamos de valuar. Es una piedra de diez quilates y costó 17000€.
-Es demasiado caro.
-Los otros costaron entre tres y cinco mil.
-¿Por qué recibió el más valioso la señorita Nicholas?
-Por sus brillantes "actuaciones" .... ¿Tu pregunta es en serio?
-Las coincidencias con los Liukin me empiezan a fastidiar ¿Tienes la información del diamante rosa que te encargué?
-Eso fue muy fácil. La gente de Spiegealare confirma la adquisición de dos piedras rosadas en el mes de julio.
-¿Qué? ¿No hubo alguna más reciente?
-El primero se vendió en el aeropuerto de Hammersmith por un monto de 4000€ a un tal Mattiah Weymouth que pagó en efectivo y aceptó un recargo por pedir que su anillo se colocara en una caja rosa especial.
-Es una broma.
-El segundo es más interesante. Fue adquirido en la sucursal de la Rue Cambon en París por la duquesa Svetlana Romanov y lo curioso es que fue robado durante el envío ¿Recuerdas que Miguel era mensajero y es el único empleo que le encontramos?
-Dime que no es cierto.
-La empresa que lo contrató fue la misma que reportó el hurto durante el traslado de la joyería al hotel Queen Elizabeth en Champs Elysée ¿Hace falta describir al tipo que lo llevaba?
-Lo tenemos.
-Ja ¿quieres hacer una escena?
-Miguel fue tan imbécil que admitió conseguirlo en París y se lo dio a Carlota Liukin en mi cara.
-Arréstalo.
-Katy lo dejará en cuanto sepa que es un ladrón.
-Sé que te come el ansia.
-Una cosa más: No vuelvas a usar mi escritorio por ningún motivo. Sólo mi mujer y mis hijos pueden.

Maurizio Maragaglio salió furioso hacia la estancia y sin pensarlo, esposó a Miguel.

-Miguel Ángel Louvier o como sea que te llames, quedas a disposición del Servizio d'Intelligenza Italiana por el robo de un diamante rosa a la joyería Spiegealare en la ciudad de París. Señorita Carlota ¿aun conserva su regalo?

La joven Liukin había escupido su jugo por la impresión y atinó a decir que Miguel lo llevaba consigo. Maragaglio hurgó en los bolsillos del chico y encontró el diamante mientras murmuraba "aquí está la evidencia" y un "Katy, de verdad lo siento".

-¡No soy un ladrón, lo juro! - gritó Miguel.
-¿Dónde lo llevan? - preguntó el señor Liukin pero el muchacho optó por defenderse.

-¡Me sueltan ya! Que ese diamante fue un encargo que me dieron de París.
-Qué conveniente - replicó Maragaglio.
-¡Es un regalo de Mattiah Weymouth a la señorita Carlota!
-¿Quién?

Aunque Carlota no quería delatarse, sintió la obligación de defender a Miguel y sacó la nota que había estado oculta en la caja.

-¡Miguel dice la verdad! El señor Weymouth me mandó este papelito junto con el anillo - reveló ella y Maragaglio lo revisó.

-¡Ahora suéltalo! - ordenó Carlota al agente con un manazo. El incrédulo Maragaglio obedeció mientras se preguntaba cómo hallar al tal Weymouth para acabar de esclarecer el asunto y observó a su prima Katarina abandonar su asiento para besar a Miguel con alivio.

-Lo lamento tanto - se disculpó Maragaglio - ¿Hay manera de comprobar esto? Es una formalidad.
-Eres el tipo más tonto que hemos conocido - aceptó Adrien Liukin en voz alta y el rostro de Carlota pareció confirmar la impresión general. Aun así, nadie podía abandonar el lugar y el sonrojado Maragaglio apenas pudo enviar a Alondra Alonso por dulces para compensar el Halloween arruinado.

-Miguel, me dijiste que el anillo era tuyo ¿qué pasa? Ustedes dos me van a explicar quien es el señor Weymouth - susurró Ricardo luego de apartar a su hija y al muchacho un poco. Carlota se apresuró a susurrar "es Sergei".

-Con mayor razón van a devolver ese diamante y los voy a vigilar ¡En qué lío se estaban metiendo!

Carlota regresó a su asiento y Miguel apretó a Katarina contra sí. Ricardo estaba a punto de volver con Tamara cuando Maeva Nicholas salió de un cubículo detrás de una detective y al reconocerlo, se le acercó con una sonrisa.

-Ricardo, me da tanto gusto verte.
-¿Cómo estás, Maeva? Me sorprende encontrarte.
-Me hicieron un par de preguntas sobre un diamante que me regalaron. Creen que Sergei Trankov los trafica.
-Nosotros tuvimos que aclarar un regalo de mi hija. También fue un diamante.
-Me dijeron que Trankov intentó secuestrar a Carlota en el club de hielo.
-Eso no pasó.
-Pero en la escena hallaron un diamante dorado que se parece al que me dieron. Tal vez con eso baste para arrestarlo.

Al oír aquello, Carlota palideció y Maurizio Leoncavallo volteó a verla.

-Ese diamante es mío - confesó ella en voz tenue y Leoncavallo le contestó de la misma manera.

-¿Estás segura?
-Sergei me dijo que no pudo venderlo y se me cayó.
-Tranquila.
-Tengo que recuperarlo.
-No hagas nada.
-No quiero que atrapen a Sergei por mi culpa.

Maurizio Leoncavallo tocó el hombro de Carlota para hacerle sentir que la apoyaba y pronto, se concentraron en observar a Maeva Nicholas. Era evidente que aquella mujer se había dejado influenciar por los señalamientos negativos a Trankov y hacerle advertir el error no era viable. De todas formas, era preferible verla acaparando la atención de Ricardo Liukin y las miradas de Andreas y Tennant mientras Adrien abría la boca ante tal atractivo femenino que no escondía el morbo ni la desinhibición de una estrella del cine erótico pasando su tiempo libre. Y bajo aquellas circunstancias, era insólito que para el señor Liukin pasara inadvertida: la miraba a los ojos, le cedía una silla, conversaba con ella sin tonos de voz sugerentes y le ofrecía una bebida con una cortesía ejemplar.

-¿Por qué tu padre está hablando con Violet Fox? - inquirió Tamara Didier a Carlota y se ubicó junto a ella.

-¿Su nombre no es Maeva? La conoció la semana pasada - replicó la joven Liukin.
-¿Haciendo qué?
-No le he preguntado.
-¿Ella le gusta?
-La invitó a verme en Murano.
-¿De verdad?
-Y a la cena en casa de los Leoncavallo.
-Es muy exuberante ¿no crees?
-No te entiendo.
-Que es muy ¿guapa?.... Yo no tengo esa talla de brassiere ni esas curvas, tengo cuerpo de niño. En serio ¿qué hace Ricardo con esa actriz porno?

Carlota comenzó a ahogarse con su jugo y luego de un ataque de tos, miró a Tamara como si preguntara"¿cómo sabes?".

-¿No crees que eres muy imprudente? Carlota no sabía - dijo Maurizio Leoncavallo con un poco de risa.

-¡Los dos...! ¿La conocen? - murmuró la pequeña joven Liukin.
-Tus hermanos también - contestó Leoncavallo.
-Esto es asqueroso.
-¿Por qué?
-¿Todos la han visto?
-Tal vez.

Fue así como Carlota entendió que estaba ocurriendo algo. Generalmente, alguien tan sensual como Maeva Nicholas pasaba de largo y ningún Liukin se daba cuenta. Así había sido hasta el cumpleaños número cuarenta y cuatro de Ricardo, el primero que había pasado sin su esposa Gabriela, con el reproche de Andreas de no estar en casa mientras Adrien y Carlota misma se accidentaban en la cocina por unas galletas. Varias mujeres se acercaban a él con toda clase de intenciones y las esquivaba mientras Tamara y Judy hacían malabares para ayudarlo. Pero en Venecia, Ricardo se hallaba solo. Yuko Inoue era su amiga pero no la niñera y Maurizio Leoncavallo no tomaría ese lugar porque tenía demasiadas cosas que hacer.

-Necesito otra bebida - declaró Carlota y fue a la máquina de café sin dejar de mirar a su padre. Maurizio Maragaglio estaba ahí, ahogando la vergüenza en chocolate.

-Vine por una vainilla caliente - pronunció ella
-No hay.
-Rayos.
-Perdone por traerle aquí, señorita Carlota.
-Se supone que es su trabajo.
-Tengo un caso con unos diamantes que me gustaría resolver pronto. Supongo que actué mal.
-Le debe disculpas a Miguel.
-A ustedes. Fue penoso.
-¿Busca diamantes robados?
-Traficados. No sabemos su origen.
-Ojalá los encuentren pronto.
-¿Sabe? Estoy preocupado porque lo de hoy no es normal.
-¿Qué quiere decir?
-Trankov es nuestro sospechoso principal y tengo la teoría de que usted ha sido su cortina de humo todo este tiempo.

Carlota ya no abrió la boca.

-Tenemos un diamante dorado que podría tener las huellas de Trankov. Estamos tan cerca de atraparlo que no puedo cometer otra estupidez. Me dejé llevar y Katarina debe estar molesta conmigo.

La joven Liukin se limitó a tomar un vaso con chocolate espeso y regresó con Maurizio Leoncavallo mientras observaba como Maeva permanecía atenta a las palabras de Ricardo Liukin, sin dejar de pensar en que Maragaglio tendría pronto más preguntas y si insistía en buscar el rastro de las piedras preciosas, acabaría descubriendo algo que comprometería a los Liukin por completo.

-Quiero que investigues a Mattiah Weymouth - susurró Maragaglio a Alondra Alonso cuando llegó con los paquetes de chocolates y caramelos que había podido conseguir.

-Lo que quieras ¿puedo saber la razón?
-Miguel ha tenido que ver con los diamantes rosados que vendió Spiegealare.
-¿Sigues con eso?
-Es demasiada coincidencia.
-Estás exagerando.
-Nadie le regala joyas a una niña y tampoco confía en el idiota que perdió un valioso diamante.
-Estás perdiendo la cabeza.
-¿Se te está olvidando que soy tu jefe?

Alondra se encogió de hombros y colocó en una mesa todo lo que había comprado mientras exhalaba profundamente y pensaba en el trabajo que tenía por delante.

sábado, 30 de junio de 2018

El traficante de diamantes


-El Gobierno Mundial está muy interesado en el caso de unos diamantes que aparecieron primero en las joyerías de Tell no Tales y luego estuvieron disponibles en París. El último reporte indica que han llegado a Venecia y al igual que los lotes detectados, no hay certificados de propiedad auténticos - le comunicó Alondra Alonso a Maurizio Maragaglio cuando este se disponía a pasar la tarde con sus hijos. El juego de hockey había terminado pocos minutos atrás.

-¿Quieren que nos hagamos cargo? - preguntó él con resignación.
-Que cooperemos con la Marina.
-¿Quién lleva la investigación?
-El Almirante General, Stendhal Trafalgar - contestó ella con interés.
-Será un fastidio.
-Puedo adelantarme un poco y hacer preguntas en las joyerías San Zito y La fantasia de San Marco.
-¿Se llegó a vender alguna pieza?
-Volaron, al igual que con los lotes anteriores.
-Dime que sospechas de una mentira.
-El modus operandi sigue el mismo esquema en las tres ciudades: Llega un vendedor, ofrece un lote de entre diez o trece diamantes con factura falsa y las joyerías pagan entre doce mil y veinticinco mil euros luego de la valuación.
-¿Cuántos diamantes suelen ser adquiridos cada vez, Alondra?
-Entre dos o tres.
-¿Han detenido a alguna persona?
-No porque las transacciones parecen legítimas al principio. Lo que llamó la atención del Gobierno Mundial no son unos vendedores distribuyendo unas piedras seguramente robadas o usadas para lavar dinero. Lo que llamó la atención es que los diamantes son consistentes en tamaño, forma y pureza, no están en bruto y la última vez, la banda intentó sacar ganancias de un diamante dorado.

La cara de incredulidad de Maragaglio se parecía más al desaliento y no tardó en avisar a su esposa que no podría llevar a los niños a celebrar Halloween. Alondra en cambio, esperó por su hija y se despidió de él mientras le aseguraba que lo vería en la oficina.

Por otro lado, una golpeada, risueña y muy cansada Carlota Liukin salía de la secundaria Giuseppe Garibaldi en compañía de su padre y de Maurizio Leoncavallo, quien le preguntaba si podía entrenar más tarde. Ella no dudó en decir que sí.

-Bueno, en ese caso comeremos algo y descansas un poco. Jugaste muy bien, cielo - pronunció Ricardo Liukin y Leoncavallo sonreía luego de que le extendieran la invitación. Atrás de ellos iban Katarina y Miguel mientras Andreas, Adrien y Tennant miraban a aquella joven por la que portaban botes de insecticida en la mano, por si las dudas.

Justo afuera, Maurizio Maragaglio se encontró con ellos. Disimulando su disgusto con su primo, recibió el abrazo de Carlota en saludo y le dio la mano a Ricardo con la actitud cortés que ocasiona la hipocresía. Al igual que ellos, él también tenía la intención de llenarse el estómago antes de reanudar sus pendientes.

-Conocemos un bacaro en Rialto donde nos tratan bien por tener un buzo en la familia - añadió Tennant mientras pensaba que los secretos se podían oler y sabía algunos de Maurizio Maragaglio. El chico recordaba el aroma a flores de azahar de la señora Maragaglio y su marido en cambio, estaba cubierto por una apenas perceptible esencia de naranja de un perfume femenino de calidad discutible. También la camisa polo de ese desconocido era nueva y no podía esconder el espectro de sus feromonas exaltadas. Al fin y al cabo, un infiel ordinario.

-Si nos apresuramos, le dará tiempo a Carlota y al señor Leoncavallo de estar listos para la práctica - añadió Ricardo y el grupo caminó hacia la Fondamenta Nove para tomar el vaporetto que los dejó en Ponte Rialto veinte minutos después.

A Maragaglio, no obstante, le capturaba el interés la historia de los diamantes e iba imaginando escenarios con Tennant Lutz por provenir de un singular clan criminal al que el negocio le resultaría especialmente lucrativo por el manejo de divisas internacionales. Sabía que Emma Lutz, hermana de Tennant, era ladrona de joyas y se había involucrado en el tráfico de arte. Era eso o unos contrabandistas africanos hacían de las suyas porque era coincidencia que el rastro de las piedras comenzara en Tell no Tales y pasara por París. En ambas ciudades habían estado los Liukin y quizás eran usados para ocultar las operaciones con el pretexto de sus mudanzas.

Quizás, la inquietud de Maragaglio contagió a los demás mientras entraban en la Rosticceria Gislon y tal como le habían dicho, eran recibidos con enorme agrado, especialmente Miguel, que al presentar a Katarina Leoncavallo como su novia, recibió un par de copas con vino de la casa de cortesía y colocaron flores para alegrar la vista.

-Tenemos ventaja - expresó Ricardo Liukin a Maragaglio luego de darle una palmada amistosa y le pidió a Tennant que ordenara la comida por todos. Maurizio Leoncavallo escuchó atento como ese chico hacía gala de etiqueta y escogía fritture miste, insalata della stagione, spaghetti alle vongole y seppie con polenta. Los demás tomaban sus lugares tratando de no quedar junto a Katarina y eso dejó a Carlota cerca de ella. Leoncavallo optó por acompañarla aunque eso significara darle un poco la espalda a su hermana y a Miguel y ver a su primo al centro de la barra con el señor Liukin.

Aun no había tema de conversación entre el grupo y Carlota y Maurizio se miraban uno al otro con el mismo gesto que los obligaba a recargar la barbilla en la mano derecha.

-¿Te sientes mejor? - dijo ella.
-Algo. Karin me dio un abrazo.
-Me quedé muy triste así que te hice un dije de botellita y le puse polvo del que cayó ayer.
-Muchas gracias.
-Le quiero dar uno a Katy pero no se despega de Miguel.
-Yo se lo paso.
-Aquí está.
-¿Te divertiste en los canales, Carlota?
-Vi un momento como caía la diamantina y me dormí.
-Recuerdo que estabas jugando en Cannaregio.
-¿Davvero?
-Esa lluvia me animó un poco.
-Estoy preocupada por Katy.
-Somos dos ¿Cómo reaccionó? Es que la llamé en lugar de decirle en privado.
-Se puso muy mal.
-¿Lloró mucho?
-No se movía.
-Debí saberlo, fue mi culpa.
-Claro que no, Maurizio.
-Jyri la quería.

Carlota abrazó a su entrenador.

-Gracias.
-De nada.
-Ni así te salvas de repasar "Anna Karenina", Carlota.
-Rayos, jeje.
-¿Cómo estás?
-Me duelen las costillas.
-Esas niñas se la pasaron golpeándote ¿te repondrás?
-Hay una tal Ariana Alonso que me tiró todo el juego. Debí enterrarle el stick en la espalda.
-Jajajaja, no seas agresiva.
-Me dejó moretones.

Maurizio Maragaglio volteó hacia Carlota al escuchar el nombre de la hija de Alondra Alonso y le fue inevitable sentirse un poco irritado. Durante el partido había apoyado a la secundaria Garibaldi y de buenas a primeras, un equipo mediocre como el Marco Polo propinaba una paliza incontestable. Alondra Alonso de seguro había recogido a la encantadora Ariana con una bolsa de hielo puesta en la cara.

-Me contaron que no le ganaban al Garibaldi desde hace tres años - dijo Maragaglio.
-Carlota pudo sola con esas niñas. El hockey es de familia - contestó Ricardo Liukin.
-¿Usted jugaba?
-Mis concuños le enseñaron a Carlota.
-Fueron buenos maestros.
-La niña Alonso lo pensará tres veces antes de volver a meterse con mi hija.

Los Liukin comenzaron a comentar lo ocurrido en el partido y Carlota se sonrojaba de pensar en las faltas que había cometido y recibido, pensando que, de no ser por la victoria, su actuación habría sido una vergüenza.

-Al menos tienen algo que presumir el fin de semana - añadió Maragaglio y Ricardo Liukin rió en respuesta. Los demás enseguida callaron y los miraron con tensión. Katarina y Miguel prestaron atención de la misma forma.

-Honestamente, no sé por qué haríamos eso - dijo el señor Liukin.
-Fue un buen juego.
-Un par de goles no son motivo de fiesta.
-Creí que esta era una celebración.
-Es un día normal y mi hija sólo hace lo que se espera en su equipo. Ella tampoco me felicita porque fui a trabajar.

Los Liukin se habían dado cuenta de que Maragaglio era tonto pero ahora sentían que Ricardo lo había puesto en su lugar y desconocían la causa. Katarina y Maurizio Leoncavallo se vieron entre sí con la misma percepción y Miguel leyó el alma de su padre para poder entenderlo.

-Yo también pensé que festejábamos - agregó el chico para que los demás se concentraran en él y acto seguido sacó de su bolsillo un pequeño detalle para Carlota.

-Felicidades por el partido - dijo el muchacho colocando sobre la barra una cajita rosa. Ella se puso contenta.

-¿Qué son? ¿Aretes?
-Le gustará.
-¿Uno? ¿Es un dije?
-No pero pensé que era momento de dárselo, señorita Carlota.

La joven retiró una tapa en forma de pentágono y los Liukin se maravillaron enseguida.

-¡No tenías por qué hacerlo, Miguel!
-Lo guardaba para una ocasión especial.
-Es muy bonito, no puedo aceptarlo.

Miguel entonces le dijo en voz baja:

-¿Por qué no? No fui el que lo escogió.

Carlota arrugó un poco la comisura de sus ojos y se colocó un pequeño anillo de diamante rosa que enseguida mostró a su padre.

-Es un lindo detalle pero no creo que sea apropiado, Miguel - dijo Ricardo Liukin.
-No pensé que sería incómodo - replicó el muchacho.
-Es un poco ostentoso ¿no te parece?
-Quería tener el detalle.
-Agradecemos tu intención pero ...

Ricardo no supo qué decir y Maragaglio decidió manifestar su curiosidad.

-¿Podría verlo? Se nota que es hermoso.

Carlota se retiró la sortija y enseguida se la dio a Maurizio Maragaglio sin sospechar nada.

-Es una piedra muy refinada ¿es de un quilate? - por la forma de observarlo, aquel delataba que no conocía de diamantes y para su alivio, el grupo tampoco.

-¿En dónde la conseguiste, Miguel? - prosiguió Maragaglio.
-En París ¿dónde más?
-Aquí en Venecia hay joyerías muy lindas.
-Me dijeron que ese diamante es de Hammersmith. La verdad es que no sé más.
-Debiste ahorrar mucho.
-Quería que la señorita Carlota lo recibiera cuando la operaron del oído pero preferí esperar a que estuviera más feliz.
-¿Tienes alguna factura? El Gobierno Mundial vigila mucho las joyas.

Miguel presintió que algo no andaba bien y se sumergió un segundo en el aura de Maragaglio, enterándose de la trama de los diamantes y de las intenciones de investigar más a fondo el origen de la piedra rosa. Ante eso, el chico aprovechó para susurrarle a Carlota que había un papelito oculto en la caja y ella la tomó de la barra, sacando el mensaje y leyéndolo enseguida, sin reparar en que Maurizio Leoncavallo se había dado cuenta.

-Me encantaría saber en que local de París puedo hallar otro anillo parecido. Sería para mi esposa en navidad - siguió Maragaglio y Carlota le extendió la caja, confiada en el listón rosa que la rodeaba y cuyas letras doradas anunciaban la marca.

-¿"Spiegealare" es la joyería? - preguntó Maragaglio.
-Sí, quizás tengan servicio de entregas - concluyó Miguel y el otro devolvió el diamante. Poco después, la comida arribó a la barra y el anillo terminó en el bolso de Katarina en cuánto le pidieron guardarlo. En ese instante, tanto Andreas como Ricardo Liukin se convencieron de que Maragaglio buscaba algo y fingiendo inocencia, lo inquirieron sobre su trabajo.

-No puedo hablar mucho de lo que pasa en Intelligenza pero investigo todo tipo de cosas.
-¿Cómo qué? - dijo Andreas.
-El polvo de ayer, por ejemplo.
-Qué aburrido.
-He visto cosas que no te imaginas.
-¿Hay conspiraciones del gobierno?
-Jajaja, ese es otro cuento.
-Entonces ¿a qué se dedica?
-Asuntos clasificados.
-Suena a siesta.
-No lo es cuando hay sospechosos.
-¿Tiene algunos ahora?
-Varios en este momento.
-¿Podemos saber por qué?
-La Marina nos envió un caso y el almirante Trafalgar está a cargo. Tal vez me diga mejor de qué se trata cuando llegue.

Fue notorio que los Liukin no tomaban con agrado esa noticia y Maragaglio sonrió con la seguridad de que conseguía la insinuación de una pista y no la soltaría hasta desenmascarar a quien fuera. Tennant Lutz optó por tomar aire fresco y el apetito de Ricardo parecía irse mientras Carlota y Andreas disimulaban inútilmente que no les importaba. Miguel por su lado, intentaba mirar a Katarina sin el gesto confuso y Maurizio Leoncavallo, aun más desconcertado, observó a su primo como si le reprochara su impertinencia. El único que continuaba entretenido con su spaghetti era Adrien Liukin y pronto, le atacó una fuerte carcajada que nadie quiso detener.

-Me disculpo por esto - dijo Maurizio Leoncavallo a Carlota y de forma discreta, le sugirió ir a entrenar. La chica se despidió de su padre y abandonó la Rosticceria Gislon preguntándose sobre lo que acababa de pasar. Katarina iba detrás y Miguel alcanzó a recibir el anillo de vuelta al despedirse.

Maurizio Leoncavallo fue incapaz de decir algo camino al club de hielo y su hermana compartía el mismo silencio mientras Carlota tenía en mente a Stendhal Trafalgar y el asco que le tenía. Contrario a su costumbre, la joven creyó que podía rezar por no toparse jamás a ese hombre en la calle y mientras revisaba sus cosas, volvió a leer la notita que le habían enviado. Maurizio apenas se abstenía de abrir la boca ante esa falta de discreción.

Los niños con disfraces de Halloween se comenzaban a observar a cada extremo de los canales y en la pista de la calle Grigolina había una fiesta para las niñas del nivel novice que obligaba a Maurizio a llevar a Katarina y Carlota al área de gimnasio para practicar giros con arnés. El ruido era tan intenso que ninguna de las dos entendía media palabra y se conformaban con realizar calentamientos mientras sus otros compañeros iban llegando. Uno de ellos, Jussiville Partanen, iba maquillado como vampiro y no tardó en entregarle a la joven Liukin otro recado.

-¿Todo bien?
-Sí... Perdón, olvidé tu nombre.
-Jussiville.
-Gracias.

Carlota dobló ese nuevo papelito y el chico no dudó un segundo más en murmurarle "me dijeron que es de un amigo tuyo".

-¿No sabes cuál?
-¿Todo está bien?

Ella no se sentía tranquila y salió enseguida a refrescarse el rostro. Su actitud era tan inusual que Katarina decidió detrás de ella y la encontró frente al espejo del baño, respirando agitada y tocando su pecho como si el corazón fuera a estallarle. Era tal la palidez de Carlota que fue necesario que Katy la sostuviera y se debatiera entre llamar al médico o hacerle beber un jugo sin intentar descubrir que la había puesto mal. Las dos se vieron mutuamente en el reflejo hasta que un grito se escuchó por todo el club junto con las expresiones de alarma de los presentes. Katarina creyó que vería un desmayo.

-¡Carlota! - repitió la voz y la joven Liukin inhaló profundamente luego de cerrar los ojos y armarse de valor para enfrentar lo que seguía. Con las manos temblorosas giró la perilla y salió en dirección al hielo, paralizándose en cuanto se apareció ante ella un hombre vestido con playera y pantalón negros, tenis gastados grises y los ojos irritados por no dormir.

-Joubert despertó - dijo él al tiempo que ella llevaba las manos a su boca a causa de la noticia.

-Quiere vernos en París.
-¿Joubert? ¿Estás seguro?
-No fue por eso que me arriesgué a venir. Carlota, tenemos que hablar.

Sergei Trankov, con su caminar tan grácil, con sus brazos tan firmes, con su rostro irresistible, se aproximó a Carlota Liukin con el propósito de llevarla consigo. Iniciaba en ese instante un frío que calaba hasta los huesos y la joven cerró los ojos cuando él tomó su mano. Aunque el tiempo parecía detenerse, los demás veían aquello con velocidad asombrosa, como si Trankov tomara a Carlota Liukin agresivamente. Pero el objetivo no se cumplió.

-Maurizio! - exclamó Katarina y Carlota cayó al suelo bruscamente, contemplando cómo Maurizio Leoncavallo y Sergei Trankov se enfrascaban en una batalla en la que Sergei se dejaba vencer para poder zafarse. Espantada, la chica Liukin los separó agarrando a Maurizio de los hombros y éste sintió enseguida como si un hielo se le incrustara por dentro, causándole tanto dolor, que no pudo hacer otra cosa que rendirse.

-¡Llama a Intelligenza! - pidió Leoncavallo a su hermana mientras Carlota suplicaba que no lo hicieran y sin pensarlo, fue detrás de Trankov hallándolo colgado de una lámpara.

-¡Sergei!
-Carlota, tengo que irme.
-¿Qué quieres que hablemos?
-No tengo tiempo.
-¿Cuándo puedo verte?
-Nos encontraremos en París con Joubert.
-No te vayas.
-¡Maurizio Maragaglio da muchos problemas! No pude vender este diamante, guárdalo y que nunca lo vea.
-¡Sergei, voy contigo!
-¿Qué dirá Marat?
-¿Marat?

Sergei subió al techo y comenzó a escapar con rumbo desconocido, logrando que Carlota corriera para no perderlo. En ese punto, las lágrimas de alegría rodaban por el rostro de ella y no tardó en detenerse en un callejón del vecindario San Marco para controlarse. El asunto era grave.

-¡Carlota! ¿Te hizo daño? ¿Estás bien?
-¡Maurizio!
-Oye ¿quieres explicarme por qué Trankov te conoce?
-¿Me seguiste?
-¿Qué escondes?
-¡No me toques!
-Déjame ver.
-¡No!
-¿Qué es esto?

Maurizio Leoncavallo apenas atinó a levantar una piedra brillante del suelo y observó con asombro como otras más corrían por las mejillas de Carlota y algunos la rodeaban como si se tratara de una fuente.

-Me duele mucho - confesó ella.
-¿Son cristales?

Carlota suspiró.

-Diamantes - confesó ella.
-¿Qué?
-Siempre que lloro, los fabrico sin parar.
-¿Trankov lo sabe?
-Él los vende por mí.
-Eso es malo... ¿Le has dicho a tu padre?
-Nunca.
-El Gobierno Mundial no lo tomaría bien.
-¿Tú crees?
-Recojamos todo, pensaremos qué hacer.
-¿Cómo puedo confiar en ti?

Ambos se apresuraron a ocultar la evidencia en la chaqueta de él y abandonaron el callejón a toda prisa tratando de no hablar del tema. En la banqueta de la calle Grigolina, no obstante, se presentaba Maurizio Maragaglio y en medio de la confusión por padres alterados y Katarina hablando de Trankov, halló en la banqueta, a punto de caer al canal, un diamante dorado que a simple vista evidenciaba su valor y que seguramente traía las huellas del guerrillero sin permitir espacio a dudas.

-Te atrapé - enunció y llamó a Stendhal Trafalgar para anunciarle el hallazgo. A los Liukin les llegaría el golpe sorpresa otro día.

lunes, 11 de junio de 2018

¿Quién eres tú?


El Servizio Italiano d'Intelligenza nunca descansaba y pronto, Maurizio Maragaglio recibió la encomienda de investigar quien estaba detrás de la lluvia de polvo dorado que mantenía cautiva a Venecia durante aquella noche. Luego de despedirse de su mujer y besar las frentes de sus hijos, el hombre salió rumbo al Campo Santa Maria Formosa en el barrio Castello para reunirse con su equipo y saber, apenas al abandonar la Calle del Pignater, que tendría que caminar. El agua se había hecho brillante.

-Todos son felices - pensó poco antes de ver que su propia familia salía a escondidas a disfrutar de la vista y al igual que la multitud, no mostraban otro interés que no fuera jugar.

-¿La gente camina en el canal? - se sorprendió Maragaglio un par de pasos más adelante y pronto vio a Tennant Lutz bromeando con su incapacidad para nadar mientras se arrojaba de espaldas al Canale di Cannaregio y el polvo dorado lo mantenía seco y a salvo.

-Hasta el señor Liukin toma esto a la ligera; ojalá yo pudiera - se confesó el agente y luego de darse cuenta de que aquello no se repetiría, Maragaglio retiró su calzado y su saco para dar sus pasos por los canales, dándose cuenta de que lo encontraba cómodo y de que el polvo seguía cayendo de forma casi imperceptible. En sus hombros ya reposaba una fina capa dorada.

Por supuesto, ese suceso no era lo único extraño a lo que Maragaglio debía seguirle la pista. Poco antes, los expedientes de las lluvias de flores en Mónaco y en la misma Venecia habían llegado a su escritorio junto con los reportes de la nieve atípica en París antes de otoño.

Por otro lado, su mente era ocupada por Katarina Leoncavallo y su actitud callada durante las reuniones familiares, por su tristeza; por ese primer novio que tenía. Miguel le ocasionaba un enorme disgusto a Maragaglio y este no sabía por qué. Con la barba bien afeitada, con los hoyuelos en sus mejillas cada que sonreía, con el perfecto cabello quebrado, con su facha de playera ajustada y suéter... Cualquier otro chico que no fuera Miguel, no se habría fijado en Katarina. Haciendo el esfuerzo por ser sincero, tenía que reconocer que su prima era la artífice de aquella conquista en Murano, tal y como le habían contado los empleados del vaporetto el lunes por la mañana y al menos lo había presentado en casa, dejándole un mal sabor de boca porque esos dos no tenían ni una semana de conocerse.

-Esa niña es la responsable de mis canas - pensó en voz alta mientras se daba cuenta de que el camino se volvía fascinante en el Gran Canale y en el Rio Fontega dei Tedeschi había tanto polvo que las paredes y puentes parecían hechos de él.

-Esta broma requirió mucho tiempo y presupuesto - siguió Maragaglio y se imaginó el trabajo que tendrían los buzos al día siguiente mientras recogía con una gran sonrisa una muestra para laboratorio. El Campo Santa Maria Formosa era otro sitio ahogado en dorado y luego de un gran rato, el hombre llegó mientras su personal le miraba con lógica curiosidad por constatar que estaba feliz.

-Ciao a tutti! Non resterà nessuno questa notte ¿algún indicio? - inquirió Maragaglio antes de abandonar un canal y poner pie en tierra. El equipo indicaba que no.

-¿Qué tenemos entonces? - consultó mientras sacudía sus pies antes de colocarse los zapatos.
-Los testigos dicen que las estrellas se movieron antes de que cayera el polvo - dijo una agente de nombre Alondra Alonso que, en ausencia de Maragaglio, había coordinado las actividades. Era también el enlace con Inteligencia Española.

-¿"Se movieron"?
-Formando figuras como un farol y otros aseguraron ver una cara.
-El consumo de ajenjo se dispara estas fechas.
-No pienso que los niños lo beban.

Maragaglio se sorprendió mucho.

-Creí que habías visto lo que había pasado. Fue un espectáculo impresionante - dijo la mujer y él se apartó para conversar con ella.

-¿Qué me ocultas, Alondra?
-¿Además de que quiero que me beses?
-Aun hablo del caso.
-Me gusta ponerte nervioso.
-No me coquetees en el trabajo, lo hablamos.
-Bien.
-¿Qué ocurrió antes de que cayera diamantina?
-El laboratorio tardará en darnos el resultado.
-¿Qué vez en mis manos?
-Polvo... Y en ti una marca de mi labial.

Alondra Alonso posó sus labios en el hombro derecho de Maurizio Maragaglio.

-Mi esposa sospecha, no vuelvas a hacer eso.
-Tengo un par de camisas tuyas.
-Susanna se dio cuenta de que me faltan.
-Te matará si descubre que te encanta quitármelas.
-Alondra, no aquí.
-Por algo traje una puesta.

Maragaglio no pudo contenerse y se escondió con la mujer a un rincón en donde el polvo no había conseguido entrar. Ella desató su cabello trigo mientras decía "hagámoslo rápido" y le contaba que desde la travesía a París por Carlota Liukin, ella había tenido varias discusiones con su pareja.

-¿Daniela también cree que tienes una amante? - preguntó él.
-Enfurecerá porque "la otra" es mi jefe.
-¿Muy extraño?
-Cree que me acuesto con su mejor amiga.
-¿Por qué?
-Por que usan la misma marca de camisas, agente Maragaglio.

El polvo volvió a caer con fuerza y en medio de caricias y gemidos reprimidos, continuó aquella conversación.

-¿Cómo te fue con tu primo en Milano, jefe?
-Nos corrieron dos veces.
-¿Por qué?
-Nadie quería a Mauri en el funeral.
-Pobre de él.
-Sabía que estaba mal. Me alegré de que no llevarámos a Katy.
-¿Katy? ¿Qué tiene que ver?
-Alondra, toca más mi pecho.
-¿Estás ejercitándote?
-No quiero morir joven.
-A tu esposa le gustará.
-Mauri le dijo a Katy que no nos acompañara.
-¿Ella quería ir?
-Todavía la culpan de lo que le ocurrió a Jyri.
-Qué pena.
-No le está yendo bien esta semana.
-¿Qué le pasa?
-Se peleó con mi primo porque le dio a Carlota Liukin una rutina muy fuerte y con lo del funeral ha llorado sin parar.
-Estará bien.
-No lo creo.
-¿Pasa algo más?
-Katarina tiene novio.
-Al fin. Te dije que sería este año.
-Es un tipo que acaba de conocer.
-No es malo.
-Es Miguel Liukin.
-¿Por eso me mandaste a investigarlo, jefe?
-No quiero que le hagan daño a Katy.
-Ella se cuida sola.
-Es la única niña en la familia.
-Se convirtió en mujer.

Maragaglio se apretó más contra Alondra Alonso.

-Katarina es hermosa.
-¿No lo habías notado antes? - dijo ella.
-No confío en ese tal Miguel.
-No quieres ver la información que saqué.
-¿Es un pobre diablo?
-No tenemos más tiempo, notarán que no estamos.
-¿Debo preocuparme por mi prima?
-Maurizio, seguimos luego.
-Te pregunté algo.
-¿Por qué tanto interés en Katarina?
-Porque voy a cuidarla.
-Ella es una adulta, déjala vivir.
-Si no fuera tan bella...

Maragaglio se aferró a consumar sus deseos mientras Alondra Alonso comenzó a preguntarse porque él terminaba hablando de Katarina Leoncavallo durante el sexo. No pasaba siempre pero llevaban cuatro años con ella mencionada por cualquier motivo, desde su cumpleaños hasta sus competencias. Alondra sabía del incidente de aquella joven con Jyri Cassavettes, de su brusco rechazo a un aprendiz de cristalero, de lo mal que se llevaba con la novia de su hermano.

-Alondra, dime que me invitas a dormir contigo - recordó pedir él mientras sus músculos iban relajándose.
-Daniela irá a Sevilla por la boda de su socia y regresa el lunes.
-Le diré a Susanna que el fin de semana trabajaré mucho.
-¿No pasarás Fieles Difuntos con tus hijos?
-Los llevaré a celebrar Halloween.
-¿Como evitarás que tu esposa haga preguntas?
-El Servizio tiene que ayudar a vigilar las procesiones.

Alondra optó por el silencio y contempló a Maurizio Maragaglio arreglándose la ropa y sosteniendo entre sus labios el sobre con la información sobre la familia Liukin que se había podido recabar en cuatro días. Ella sólo se colocó su abrigo beige.

-Iré con el equipo a preguntar si creen que la autoría de esta lluvia no es sabotaje - anunció él.
-¿Te has dado cuenta de que no se ven las estrellas?
-Se ha nublado a momentos.
-Hemos oído versiones de que explotaron antes de la caída de esto que llamas diamantina.
-¿No crees ese disparate?
-Mi hija lo vio, agente Maragaglio.
-¿Y tú?
-Puedo confirmar que ella nunca miente.
-Hablamos de un truco planificado con mucha sofisticación. No es obra de una persona.
-¿Quién perdería el tiempo en esto?
-Se me ocurre que Matheus Reus ¿no se presentará en el crucero Symphony con su show de ilusionismo? Antes paralizó Londres con mantas en los edificios públicos y sus ayudantes tuvieron mucho que declarar al respecto.
-¿Por qué se metería en problemas?
-Publicidad.
-Contaminar los canales lo llevaría a prisión y recibiría varias multas y requerimientos de limpieza.
-Te apuesto a que tiene toda una explicación.
-Ajá, incluso para... ¿El polvo se está levantando?
-¿Qué dices, Alondra?
-El polvo sube al cielo.

En aquél momento, Maragaglio salió de su escondite y gritó a su grupo que tomaran tantas muestras como pudieran, sobretodo las del agua. Él mismo tomó polvo del aire y ante sus ojos, las estrellas volvían a aparecer en el firmamento.

-Es un gran acto de magia - exclamó estupefacto y al cabo de unos minutos, Venecia quedó limpia y sin luz.

-Alguien vaya a interrogar a Matheus Reus y otros recaben los testimonios de cuantos testigos sean posibles ¿Tomaron fotografías y videos? ¡Quiero un expediente en una hora! - ordenó Maragaglio y él mismo reportó lo acontecido a su superior inmediato por teléfono. Alondra Alonso también dio cuentas a sus compañeros en España.

La madrugada veneciana se convirtió en una molestia en la que el gentío buscaba desesperadamente algun rastro de polvo de estrellas y quienes poseían frascos o cualquier recipiente, constataban que se formaban esferas brillantes que flotaban y en algunos casos, la luz era tan intensa que lastimaba la vista. El Servizio Italiano d'Intelligenza trataba de apoderarse de cuanto se pudiese y luego de encomendar a Alondra Alonso la revisión de la documentación preliminar, Maragaglio acudió a la oficina, corrió las cortinas y se quedó dormido hasta las ocho.

El festejo de Halloween en Venecia iniciaba con los festivales escolares que Maragaglio siempre se perdía y los negocios colocaban letreros con los horarios en los que repartirían dulces y juguetes para que ningún niño se perdiera de recibir los suyos. En el café donde él se hallaba desayunando había incluso varios anuncios sobre el certamen "Miss Nouvelle Reunion" con los números para los donativos a los damnificados de Tell no Tales y entonces, recordó que aun traía el sobre con los detalles de Miguel y aunque no deseaba abrirlo, así lo hizo.

-Veamos quien eres, Miguelito. Espero que un idiota - pensó pero en su lugar, encontró más papeles con detalles igual de valiosos. Uno de ellos, el kilométrico nombre de la joven Liukin.

-Eso explica porque obligas a todos a llamarte "Carlota"; haces bien. Primer lugar en el Examen Diagnóstico de la Unión Europea, patinadora desde hace un año, increíble. Testigo principal de la muerte del caricaturista Stéphane Verlhac y del tiroteo que le costó caer en coma a Joubert Bessette, celebridad en Francia y atleta prioridad de la Federación Francesa de Deportes sobre Hielo ¿Qué más hay? Andreas Liukin, dos veces arrestado por disturbios en el parque De Gaulle de Tell no Tales, varios recargos por daño a propiedad pública, antecedentes de agresión y amonestación por apuestas ilegales en Mónaco ¿cómo sigue libre? Adrien Liukin es autista pero tiene un reporte por pelea... "se alega defensa propia y de la integridad física de su hermana, Carlota Liukin" ¿Qué habrá sucedido?... Esta familia se mete en muchos problemas.

Luego vino el reporte sobre Yuko Inoue.

-Contadora, empleada del Gobierno Mundial, ex asistente personal del general Andrew Bessette, encargada de la auditoría al Casino di Venezia y anteriormente encomendada a llevar la contabilidad de los Casinos de Niza y Montecarlo. Luego tenemos a ¡Tennant Lutz! Escocés, hijo de sir Anthony Lutz Remington y Grace Mariesson Lutz ¿por qué rayos se juntó con los Liukin? Es sommelier profesional y cantinero. Dos hermanos. Emma Lutz Remington - Mariesson sin rango aristocrático y Stuart Lutz Remington - Mariesson, buscado por Interpol. El Servizio también está detrás de este tipo, es sospechoso en el caso de Elena Martelli... Sir Anthony Lutz cumple condena en Edimburgo por tratar de inocular con VIH a sus hijos y Grace Mariesson en prisión psiquiátrica por el asesinato de cinco empleados de una firma financiera.

Maragaglio tomó un respiro y continuó con el corazón algo agitado.

-Ricardo Liukin, con el historial que confesó en la cena no me hace falta revisar más. Era chef y se encuentra bajo tratamiento de inmunosupresores por una enfermedad todavía sin nombre. Gabriela Alejandriy, esposa, sospechosa de ser pareja sentimental de un espía ruso en 1985, investigada por el Gobierno Mundial hasta la fecha pero la razón es clasificada. Fallecida en enero de este año por falla cardíaca y laboraba como galerista y escenógrafa para la Universidad de Humanidades.

Respirando más hondo, Maragaglio tuvo temor de la ridícula última página. La historia de Miguel no podía ser diferente y entonces, se confirmaría que Katarina y en general los Leoncavallo, debían alejarse de los Liukin. Tomando fuerza luego de un sorbo de café, el hombre desdobló aquella hoja, sintiendo más miedo que antes.

-¿Miguel Ángel Louvier? Pensé que era un Liukin. Español, es ¿actor? ¿qué es esto?

La vida de Miguel estaba contenida en un insignificante párrafo. Alondra Alonso no había hallado un registro de nacimiento o un historial escolar, tampoco el nombre de unos padres o un número de servicios sociales. Sólo existía una identificación que lo acreditaba como mayor de edad y un empleo temporal como mensajero en París; acaso su nombre anotado en un par de audiciones pero era un total desconocido.

-Pudo robar una identidad, tengo que avisarle a Katy - reaccionó él y corrió al club de hielo de la Calle Grigolina, topándose con que ninguno de sus primos se encontraba presente. Pronto supo que Maurizio Leoncavallo había decidido acudir al juego de hockey de Carlota Liukin y que Katarina no se había presentado a la práctica matutina. La actitud de los dos hermanos Leoncavallo tampoco fue algo que Maragaglio pudiera entender enseguida y luego de preguntar en qué parte de Venecia estaba la secundaria Giuseppe Garibaldi, llamó a su mujer para avisarle en donde estaría y a que hora planeaba llegar a casa.

El camino a Campo Nove, detrás de la Fondamenta Nove estaba despejado desde el barrio Castello si no se sucumbía a la tentación de ir por el Gran Canale y luego de hallar un acqua taxi disponible cerca de Fondamenta dei Preti, Maragaglio comenzó a hacer todo tipo de conjeturas sobre Miguel Ángel. No sabía por qué le desagradaba tanto desde que lo había visto en aquella ocasión que aguardaba a Carlota junto a Ricardo Liukin en Santa Lucia luego del escape fallido de ésta y menos por qué le hervía la sangre de saber que Katarina se había ido con él la noche anterior. De hecho, Maurizio Maragaglio dio un puñetazo a su propia rodilla luego de imaginarse toda clase de posibilidades, de besos, de palabras entre Katarina y Miguel.

El campo de hockey de la secundaria Giuseppe Garibaldi era famoso. Se trataba del lugar en donde solía coronarse el mejor equipo de la región del Véneto y en el papel, el Istituto Marco Polo era la víctima perfecta. En la entrada, Maragaglio halló a Alondra Alonso.

-Vine a ver a mi hija - saludó ella.
-Y yo a mi primo.
-No entiendo.
-Decidió traer a sus estudiantes al juego.
-¿Viniste a hablar con él?
-¿Cómo adivinas?
-¿Leíste lo del sobre?
-Voy a prevenir a Mauri.
-¿Por qué presiento que estás furioso?
-No lo presientes, lo estoy.
-¿Quién te dijo que verías a tu primo aquí?
-Fui a buscarlo al trabajo.

Alondra iba a añadir algo más pero pronto vio a Maurizio Leoncavallo aproximarse.

-Supongo que nos separamos.
-Iré con mi primo.
-¿Te veré en mi casa?
-Cuenta con ello, Alondra.
-Mi hija lleva el número nueve. El Istituto Marco Polo nunca nos ha ganado.
-Espera... ¿Lo que averiguaste de Miguel es lo único que hay?
-Por el momento, sí.
-¿Dónde conseguiste esa información?
-En migración.
-Gracias.

Maragaglio se separó de Alondra Alonso y saludó a su primo, que había ido por Ricardo Liukin. A ambos les extendió la mano.

-Buenas tardes.
-Me sorprende que estés aquí - admitió Maurizio Leoncavallo.
-Supe que verías el juego.
-El señor Liukin no sabía como llegar.
-¿Tienes un momento?
-Adelante...

Leoncavallo giró hacia el señor Liukin y dijo "lo siento ¿me disculparía?" a lo que recibió una respuesta amigable. Maurizio Maragaglio no se atrevía a mirar a Ricardo más allá de un breve segundo y se aseguró de que se fuera ante la extrañeza de su primo.

-¿Pasa algo? - preguntó Leoncavallo.
-Mauri ¿es cierto que Katarina no fue a entrenar?
-No llegó y no avisó a donde fue.
-¿No te enoja?
-La voy a castigar en el entrenamiento pero no puedo hacer más.
-¿Por qué dejaste que se marchara anoche con Miguel?
-Ella quiso verlo.
-No regresó a casa.
-¿Qué puedo hacer?
-¿Vas a tomarlo a la ligera?
-No me meto en su vida
-Mauri, no debes dejarla sola.
-Ella puede cuidarse.
-¿Confías en los Liukin?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Es Miguel.

Maurizio Leoncavallo arrugó la comisura de sus ojos.

-Investigué a la familia. Él no me da confianza - prosiguió Maragaglio.
-¿A los Liukin? ¿Por qué lo hiciste?
-¿Importa?
-Trabajo con Carlota, claro que importa.
-Quería asegurarme de que estaremos bien.
-¿Qué supiste?
-El tal Tennant es hermano de un asesino serial y sus padres están en prisión; Andreas Liukin tiene un archivo ancho en la cárcel también.
-¿Por qué te metes con ellos?
-Mauri, escucha: De todos los Liukin hay información. La madre de Carlota Liukin estaba en la mira del Gobierno Mundial.
-¿Crees que soy idiota?
-Por supuesto que no.
-¿Qué pretendes?
-Entiéndeme, Mauri. Quiero mantenernos seguros.
-¿Seguros de qué?
-Los Liukin no son una familia tranquila.
-Ya lo sé.
-Eso no es todo.
-Puedes contarme luego.
-Estoy asustado por Katarina ¿de acuerdo?

El gesto intranquilo de Maurizio Maragaglio no era una broma.

-¿Qué te inquieta? - curioseó Leoncavallo
-Te he dicho que Miguel.
-¿Qué sabes de él?
-Nada.
-¿En serio?
-Habla con Katy, dile que se aleje.
-Ese no es mi asunto.
-Mauri, no considero que Miguel sea confiable. En cuanto a ti, podrías distanciarte de los Liukin.
-¿Perdona?
-Tienen antecedentes penales, no son estables y está Miguel.
-¿Qué tienes en contra de él?
-Katy no debió fijarse en ese muchacho.
-Cualquier cosa que digas contra los Liukin, ya me enteré desde antes.
-Mauri, no confíes en ellos.
-Los conozco.
-Eso no es cierto.
-¿Cuál es tu punto?
-Te acercas a personas que no son lo que dicen ser.
-Tu trabajo en el Servizio te está afectando.
-Katy no está segura con Miguel.
-¿Me explicarías qué tienes contra Miguel?
-Mauri, esto es delicado.
-Dilo ya.
-Este papel tiene lo único que pude saber de él.
-¿Un párrafo?
-Ni siquiera es buzo, sino actor.
-No le veo lo malo.
-No tiene documentos, Mauri.
-Jajaja, no podría trabajar.
-Buscamos por cuatro días.
-¿Te tomaste tantas molestias para mostrarme esto?
-Miguel no tiene registro de nacimiento y no hay datos sobre familiares ni su escolaridad. Sólo tiene una identificación del Estado español pero no aparece en otro lado.
-Seguro saldrán sus cosas.
-¿Y si no es quien dice ser?
-Por favor.
-¿No te intriga saber quien está con Katy?
-Miguel es un buen chico, su padre es una buena persona.
-Ricardo Liukin no es su padre.
-Para él, lo es.
-Mauri, tenemos que asegurarnos de que Katy no sufrirá.
-¿Qué fijación tienes con mi hermana?
-Es la única niña en la casa.
-Katarina ya creció.
-¿Vas a permitir que esté con un desconocido?
-¿Por qué haces esto? - dijo severo Maurizio Leoncavallo.
-La protejo - respondió Maurizio Maragaglio.
-Déjala en paz.
-Mauri ¡no podemos ignorar a Miguel!
-No es tu problema.
-Estoy cuidando a la familia.
-Nadie te lo pidió.
-Es lo que el abuelo me encargó.
-¿Eso te da el derecho de meterte en la vida de Katy?
-Piensa. No conocemos a ningún Liukin y discutiste con tu hermana a causa de ellos.
-No revuelvas mi trabajo con tus asuntos personales.
-Tengo la responsabilidad de hacerte entrar en razón.
-¿Quién te crees?
-Lo hago por Katarina.
-¿Quién eres tú?
-Mauri, te aseguro que Miguel no es de fiar.
-¿Basado en qué? ¿En lo que tus subordinados te dicen? ¿No tienen trabajo importante qué hacer?
-Jamás te mentiría.
-Katarina y yo podemos defendernos solos.
-Quiero evitar que los lastimen.

Maurizio Leoncavallo se rehusaba a encontrarle sentido a las palabras de su primo.

-Hazme caso. Es por ustedes, por mantener a la familia bien.
-¡No necesitamos tus favores! - se enfadó Leoncavallo.
-Mauri, no estás en...
-¡No eres nuestro padre ni el abuelo! ¿Tú quién eres? ¿Quién te dijo que hablas por todos?

Maurizio Maragaglio no pudo reaccionar y Leoncavallo le notó la marca de su camisa, dándole un motivo para concluir esa charla:

-Si tanto te importa la familia podrías empezar por dejar de engañar a tu mujer. O dile a tu amante que no use labial.

Maurizio Leoncavallo se retiró con gran disgusto y buscó su lugar en las gradas, junto a Ricardo Liukin. El partido había iniciado bastante tiempo atrás y la secundaria Giuseppe Garibaldi sufría los embates de la renovada delantera del Istituto Marco Polo. La center forward, Carlota Liukin, era magnífica y lo mismo cooperaba a la ofensiva como a la defensiva, evitando la caída de su meta y anotando un par de puntos para una ventaja parcial. En un momento dado, las jugadoras del Garibaldi comenzaron a desesperarse y una de ellas, la hija de Alondra Alonso, tacleó a Carlota, dejándola sin aire. La falta no se marcó y Maurizio Leoncavallo contempló a la chica Liukin levantándose e intentando retomar el ritmo al tiempo que sus hermanos gritaban y la multitud parecía apoyarla. Leoncavallo intentaba animarse un poco cuando reparó en algo: Katarina y Miguel estaban enfrente de él. Ella traía la ropa del día anterior y su novio parecía contarle algo muy divertido porque entre jugada y jugada, reía o lo abrazaba. Era complicado imaginar que aquello fuese la motivación de una discusión absurda. En otro rincón, Maurizio Maragaglio los contemplaba también pero no lograba renunciar a releer esa hojita con lo único que se sabía de Miguel Ángel Louvier y luego repasó las palabras de su primo.

Maragaglio había olvidado por completo el beso de Alondra Alonso y aun no sustituía la camisa para ocultar el crimen. Era arriesgado que su esposa se percatara de otra prenda perdida.

lunes, 4 de junio de 2018

Estas son las noticias (París)


París, Avenida George V. 

-¿Estás haciendo el vestido de Halloween de la niña Raluca? - preguntó Viktor Urmanov mientras escogía un yogur del refrigerador. La casa de la familia real de Mónaco en París estaba casi vacía.

-He cosido toda la tarde un traje de hada - contestó Gabriela Alejandriy.
-Ni a tu hija le dabas disfraces.
-Cállate.
-Perdona.
-Me despedirán si te descubren aquí dentro, Viktor.
-Traje lo que me pediste.
-¿Información?
-El cereal de estrellitas de Raluca.

Gabriela exhaló con desgano y continuó colocando un par de alas de plástico a un vestido azul rey.

-¿Cómo te va con esa niña?
-La odio y me odia.
-¿No le gusta que le pongas reglas?
-No le gusta que la obligue a hacer sus maquetas.
-Pero a Carlota le fascinaba hacer su tarea.
-No la menciones.
-¿Me amenazas con una aguja?
-Dime qué sabes de mi hija y márchate.
-Así lo quieres.
-Habla.
-Amenazó a Vladimir Putin por teléfono hace dos meses, más o menos.
-¿Carlota hizo qué?
-Fue cuando capturamos a Trankov en Moscú. Menos mal que el presidente no lo tomó con hostilidad.
-¿Por qué me avisas hasta ahora?
-No tenía importancia.
-¿Disculpa?
-Fue algo tan cursi que ni siquiera yo le di atención.
-¿De qué te ríes?
-Porque el berrinche de Carlota no duró mucho ¿ya conoces a su noviecito nuevo? - Urmanov extendió una revista.
-¿Marat Safin? ¿Este quién es? - prosiguió Gabriela.
-Tenista ruso.
-¿Ruso?
-Se conocieron en Mónaco y asistieron a una caridad juntos.
-¿No le están colocando agentes a mi hija?
-Claro que no.
-¿De dónde salió este tipo?
-Vive en Montecarlo y tu hija quedó tan embelesada que se lo llevó a Venecia de vacaciones y tiene agendado verlo la próxima semana para la Copa Davis.
-¿De qué otras cosas no me he enterado?
-Alena Bessette se encontró con Carlota en Italia.
-¿Qué quería esa mujer?
-Internar a su retoño en un hospital nuevo.
-¿Pero Joubert sigue en Bércy?
-Por supuesto.
-Qué alivio.
-Que Carlota abandonara al joven Joubert por el fuerte y sano Marat no le agradó al general Bessette.
-¿Ahora qué quiere ese idiota de Bessette?
-Mandar a Raluca con el entrenador Maurizio Leoncavallo.
-No he sabido nada.
-Tal vez te avisen de un arreglo luego del Trophée Bompard.
-Leoncavallo me suena.
-Es el coach de Carlota.
-¿Qué? ¿Y Tamara?
-¿No sabes nada de Tamara Didier? Irá a juicio por doping y si gana, volverá a competir.
-Ella no puede hacer eso.
-El médico le ha dicho que sí.
-¿Por qué he sido tan descuidada?
-Porque te ocupas de ser la niñera "Chloe Theroux".
-A todo esto ¿Por qué Carlota estuvo en Mónaco y en Italia?

Viktor Urmanov reaccionó como si hablara con una tonta.

-Carlotita bonita se mudó a Venecia... Y tu marido tiene trabajo en el mostrador de una heladería. Sí, otra vez.
-¿A Venecia? ¿Cuándo pasó? - se alteró Gabriela.
-Luego del tiroteo de septiembre en donde hirieron a Joubert Bessette.
-¿Por qué dejaste que pasara?
-El gobierno francés no garantizó la seguridad de tu niñita y pues, digamos que tu querido Ricardo perdió la cabeza.
-Debiste avisarme enseguida.
-¿Para qué te pusieras a gritar?
-¡Pude renunciar a este estúpido trabajo!
-De todas formas irás a Venecia si el general Bessette contrata al tal Leoncavallo.
-¡Carlota me vería!
-Claro que no.
-¿Cómo lo vas a evitar?
-En la KGB lo tenemos todo planeado.
-No pueden prevenir que le disparen a Joubert Bessette frente a mi hija y quieren cuidarla de que me tope con ella.
-La culpa es tuya.
-Trato de cuidarla.
-Ofreciste laborar para nosotros a cambio de que nadie se entere de que tu hijita "es una princesita de sangre azul".
-No te burles.
-Tampoco te obligamos a fingir que estás muerta.
-Eso fue por otros motivos.
-Al Gobierno Mundial le tiene sin cuidado si apareces o no.
-Quieren a Carlota.
-Si se concreta lo de Venecia, estarás cerca de tus hijos y nadie tocará sus lindos cabellos.
-¿Andreas entró a la universidad?
-Parece que le gusta la arquitectura.
-Menos mal.
-No cantes victoria. Persigue un contrato en el tour de surf y firmó con un patrocinador.
-Es el mismo cretino engreído de siempre.
-Tu otro hijo, Adrien, se aburre en una escuela de autistas.
-¡Siempre estuvo en colegios normales!
-Italia no lo permite.
-Imagino que a Carlota le va bien.
-Es popular.
-No me extraña.

Gabriela tomó un poco de café.

-Cuéntame de ese Leoncavallo ¿es un buen entrenador?
-Un principiante.
-¿Por qué dejaron que mi hija cayera con él?
-Nadie más quiso trabajar con ella y de todas formas tu marido tuvo que rogarle.
-Ricardo no haría eso.
-Cree lo que quieras.
-¿Alguna referencia sobre este hombre? Necesito saber quien se acerca a Carlota.
-Es bailarín sobre hielo, ganó una medalla olímpica y es coach de su hermana desde noviembre del 2000.
-¿Quién es su hermana?
-Katarina Leoncavallo, medallista olímpica también.
-No suena mal.
-También es maestro de un par de equipos finlandeses desde mayo de este año.
-Raluca quiere aprender danza.
-Te aconsejo no esperar mucho de ese hombre. Su currículum es engañoso.
-Bien, lo tendré en cuenta ¿y qué hay de su parte personal?
-Vive con su novia desde hace dos años y se casarán el próximo marzo.
-¿Algo más?
-¿Quieres sentirte vieja?
-No entiendo.
-La novia de Maurizio Leoncavallo tiene cuarenta.
-Es un poco mayor que yo.
-Él apenas va a cumplir veintiocho años.
-¿Es una broma? - reaccionó Gabriela con una enorme sonrisa.
-Incluso programaron un tratamiento de inseminación artificial para ser padres lo más pronto posible.
-Quién fuera ella.
-¿Por qué lo dices?
-Tuve un amante de mi edad en vez de arriesgarme por uno de veinte.
-Gabriela ¿engañaste a Ricardo?
-Le pedí el divorcio después de eso.
-¿Te detuvo la amenaza a tu hija?
-Fue mi marido.
-Hablando de él, creo que tiene mucha suerte con las mujeres.
-¿Tiene novia?
-Una tal Yuko le ayuda a cuidar de tus hijos y hace poco conoció a Violet Fox.
-¿Yuko es niñera?
-Es agente de Sergei Trankov.
-¿Ricardo lo sabe?
-Por supuesto.
-Esa es una buena noticia.
-Pero Violet Fox es el tipo de mujer que quieres alejada de tu familia.
-¿Debo preocuparme?
-Es actriz erótica.
-¿Como Linda Lovelace?
-No la quise describir así.
-¿Qué rayos? ¡Sepárenla de mis hijos!
-A Ricardo le gusta.
-Obviamente.
-Él le habla por su nombre verdadero.
-¿Cuál es?
-Maeva Nicholas y ella no parece ser indiferente al coqueteo.
-La quiero fuera de esto.
-¿Aunque signifique dejarle el camino libre a Tamara Didier?
-¿Tamara? A ella no le interesa mi esposo.
-Te retorcerás de celos si te digo que Ricardo fue capaz de ir a buscarla a un pueblo muy apartado de Francia alguna vez.
-Eso no me molesta.
-Tu hijo Andreas la quiere de nueva mamá.

Gabriela se rió.

-Es más fácil que me hagas enojar con Raluca, estimado Viktor.
-No toleras la idea de que tu marido duerma con alguien que no eres tú.
-Mentira.
-¿Tamara fue la que te hizo recapacitar con el divorcio?
-No.
-Te conozco bien ¿Ella siempre te cayó mal?
-Tonterías.
-A Ricardo le atrajo mucho esa mujer; tú no ibas a retirarte sin dar batalla.
-Mejor vete.
-Finges tu muerte, proteges a Carlota y te aseguras de que Ricardo piense en ti pero ¿cuánto durará? Violet y Tamara no van a separarse de Ricardo y nadie meterá las manos por ti.
-No me importa lo que él haga mientras no sea con la actriz.
-¿Por qué rompiste el ala de ese disfraz cuando mencioné a Tamara?
-Confío en ella.
-Tú ya no estás para evitar una relación entre esos dos.
-Ricardo no se metería con ella, no son compatibles.
-Pero es una mujer y él va a necesitar compañía muy pronto.
-No la de Tamara.
-Eso lo decide él.

Gabriela se cruzó de brazos.

-Supe que Carlota vive en el hotel Florida, cerca de la estación de tren - añadió Viktor Urmanov.
-Ahora sé dónde no hospedarme.
-Sólo si Leoncavallo acepta a Raluca. Supe que el general Bessette consiguió un partner para cumplir el capricho de su "bebé".
-Pobre niño.
-Se llama Andy Poje, tiene doce años.
-No creo que vayamos a Italia.
-¿Por qué?
-Déjame este asunto.
-¿Qué vas a hacer?
-No esperaré a Bompard para que el asunto estalle en mi cara.
-¿Cuál asunto? ¿Leoncavallo? ¿Carlota? ¿Ricardo?
-Hablaré con los padres del niño Poje, me conviene que Raluca se quede aquí.
-¿No te importa la cercanía de Tamara con tu esposo?
-Eso me tiene sin cuidado.
-Mentirosa.
-Pero si no separan a la actriz, yo misma la dejo sin cabeza.
-Ricardo te está olvidando.
-¿Alguna vez me importó ese hombre?
-¿Lo extrañas?

Gabriela carcajeó de nuevo y siguió uniendo las alas de plástico al vestido de Halloween que Raluca de Mónaco usaría en el festival escolar mientras se imaginaba a Ricardo en los brazos de Tamara o pronunciando el nombre de Violet Fox en la cama. Si eso no bastara, pensó en sus hijos conviviendo con una nueva novia de su padre y en especial a Carlota adhiriéndose a ella, contándole sus secretos, abrazándola.
Lejanas eran esas noches que llegaba a casa y luego de arropar a los niños, podía sentir la respiración de su marido en su cuello. Todo eso le hacía falta pero ya habría tiempo de explicaciones.

jueves, 31 de mayo de 2018

La caída de las estrellas


Poco después de la llegada de Vika y Cumber, arribó un tren proveniente de Milán a la estación de Santa Lucia. Una gran cantidad de visitantes descendía y era fácil saber que la Fiesta de Fieles Difuntos tendría la ciudad saturada el fin de semana mientras Katarina Leoncavallo se asomaba a cada ventanilla para hallar a su hermano y a su primo. Detrás de ella, sus compañeros de entrenamiento suplicaban por no topárselos y finalmente fue Carlota Liukin quien los halló cerca de la estancia, como en un tropiezo por el que no se ofrecen disculpas. El rostro de Maurizio Leoncavallo era irreconocible y el de Maragaglio parecía de susto.

-¡Katarina! - llamó Carlota y la joven aquella, nunca se supo como, oyó desde su sitio al fondo del andén y corrió hasta detenerse frente a su hermano, que después de mirarla, tomarla de las manos y susurrar "Katy", la abrazó desconsolado. Los alumnos de Maurizio se aproximaron en ese instante y el momento fraternal se convirtió en grupal porque todos sintieron la necesidad de cobijarlo a él y a su hermana. Carlota Liukin quedó junto a Katarina y de pensar en la carga de consciencia que ella soportaba por el fallecimiento de Jyri Cassavettes, sintió como si se le congelara la cabeza.

-¿Qué ocurrió? - preguntó Haguenauer a Maurizio Maragaglio en aquel instante.
-Mauri no llegó.
-No me digas eso.
-Nos echaron del hospital y si regresamos apenas es porque estuvimos unas horas en el velorio.

Haguenauer soltó unas pocas lágrimas y Tamara Didier se apresuró a enjugárselas para no contagiarse de ese impulso y afectar más a un Maragaglio que no sabía que hacer y al que sin duda, le faltaba estrechar a Katarina para confortarla.

-Serán unos días muy tristes - comentó Maragaglio antes de alzar la vista y descubrir a Miguel Ángel parado cerca del grupo, sin atreverse a acercarse. Carlota Liukin lo notó también y se soltó de los Leoncavallo, provocando que sus compañeros también se apartaran, dejando a Maurizio y Katarina abrazándose unos minutos más. La escena rompía una parte del corazón.

-Signor Maragaglio, también lo quiero - dijo la joven Liukin.
-Grazie di coure.
-Le hice esta flor de tela mientras esperábamos por ustedes.
-Es muy linda.
-Le diré a papá que lo invite a cenar, siempre hace sopa de cebolla cuando alguien está afligido .
-¿Ayudará con Katy y Mauri?
-¿Qué puedo hacer?
-Sé buena con Katy, por favor.

Maragaglio se atrevió entonces a aproximarse a su prima y luego de tocar su cabello, la apretó contra sí. Maurizio Leoncavallo pudo recibir a cambio los abrazos de cada uno de sus alumnos y también el de Miguel, a quien le susurró que Katarina iba a necesitar muchos detalles y momentos tranquilos para no estar tan decaida. El chico leyó el alma de su cuñado y se enteró de que estaba preocupado porque ella reaccionara mal ante lo ocurrido.

-Confía en mí - dijo Miguel y pronto posó una de sus manos en la espalda de Katarina, obteniendo a cambio las manos de ella en su rostro.

-Son tan ... Raros de ver - señaló Tamara.
-Son novios desde el domingo - contestó Carlota.
-Dile a Miguel que lleve insecticida.
-No seas mala.
-Las araña seguirá siéndolo aunque esté de luto.
-Le doy dos semanas.
-Que entusiasta, yo le doy hasta mañana.

Katarina volvió a apoyarse en el hombro de Miguel y este la rodeó para continuar confortándola. El resto del grupo los siguió hacia la calle, con Haguenauer y Maurizio sosteniéndose mutuamente y Maragaglio junto a Carlota, comentándole a ésta que se había enterado del por qué sus primos se habían confrontado. La joven Liukin no tenía comentarios al respecto y pensó en los planes que la federación, Haguenauer y ella habían trazado para el siguiente año.

-Gracias por escoger a mi primo - sentenció Maragaglio, orillando a Carlota a contestar "de nada" porque comenzaba a ser inapropiado admitir que Leoncavallo era su entrenador porque no había más opciones.

Al exterior, Venecia no continuaba con su ritmo habitual: El servicio de taxi acuático era acaparado por turistas; la parada de los vaporetti se encontraba a reventar en San Geremia, los cantantes callejeros, de tanto interpretar a Vivaldi eran ignorados por los venecianos y en los bacari cercanos se servía prosecco en lugar de spritz o vino porque reservaban las botellas para las fiestas inmediatas. El descanso por los Fieles Difuntos era de los sucesos más importantes de la ciudad y la gente decoraba con flores de papel y cruces cada balcón y ventana mientras comenzaban a desfilar actores enmascarados, vestidos de negro, invitando a la procesión nocturna de San Marco para el Día de todos los Santos. Aquello era como un festival y después de la celebración de Halloween que incluía el encuentro de hockey entre el Istituto Marco Polo y la Secundaria Giuseppe Garibaldi, habrían recorridos de góndolas hacia el panteón, ceremonia solemne en la Laguna, procesión del sindicato de trabajadores del vaporetti, la carrera de botes en Lido organizada por los cuerpos de rescate, la ceremonia de las velas flotantes en el Canale San Marco del gremio de buzos y la Misa de Fieles Difuntos en el Gran Canale, en donde gondoleros y pequeñas embarcaciones participarían para que cualquier lugareño pudiera llevar su linterna e iluminar el agua. El Ayuntamiento ya colocaba lámparas esféricas para ayudar en los festejos.

-En tiempo de carnaval se pone peor - recordó Maurizio Maragaglio y reconoció pronto a Geronimo en su bote. Carlota lo había llamado para evitar que los Leoncavallo pasaran mucho tiempo en la calle.

-Principessa Carlota, grazie per la chiamata. Principessa Katarina, mio amico Leoncavallo, lo lamento muchísimo - saludó el joven aquel mientras los abrazaba y hacía que el grupo abordara.

-Si necesitan algo más, no duden en pedirlo ¿Quieren ir a casa?
-Con mis padres, por favor. Reuniremos a la familia - contestó Maurizio Leoncavallo con la mirada perdida. Era complicado no sentir como se le encogía el alma.

-Vámonos - pronunció Carlota y Geronimo transitó por el pesado ritmo del Canale di Cannaregio sin mediar palabra. En ese momento, Cecilia Torn le preguntaba a la joven Liukin sobre qué hacer y ésta le recordaba que no conocía a Maurizio lo suficiente y que tal vez nadie debía mencionar el tema del funeral. El señor Maragaglio sólo atinaba a agregar que sus primos agradecerían cualquier detalle pequeño que el grupo tuviera, como unos dulces o una tarjeta y les recomendaba que fueran especialmente sensibles con Katarina, que era la más afectada.

-Si se pelea con Maurizio, apóyenla - dijo casi suplicante. El grupo lo miró sin comprender su petición, especialmente los pupilos de danza que solían contemplar varias escenas entre los Leoncavallo que les eran desconcertantes, sobretodo cuando el ánimo de Katy era juguetón.

El Canale di Cannaregio era complicado de sortear y Geronimo decidió irse cerca del borde, así terminara navegando junto a los vaporetti y esperara su turno para adentrarse en la Calle del Pignater. Eran las cuatro de la tarde y Carlota Liukin apenas reparaba en la presencia de su padre, que se limitaba a escucharlo todo y parecía sorprendido por la actitud de Maurizio Leoncavallo, que se cubría el rostro para que nadie se atreviera a dirigirle la palabra.

-Carlota, te aconsejo que no intentes nada que no sea seguir órdenes. Esta semana no va a ser buena - habló Ricardo Liukin para que su hija desistiera de seguir haciendo flores de tela. Aun así, Katarina Leoncavallo recibió la suya y ésta, más triste aun que su hermano, se aferraba a mirarlo al mismo tiempo que reprimía sus necesidades de tenerlo en sus brazos mientras frotaba la espalda de Miguel.

-Il canale è un inferno ma arrivammo - señaló Geronimo cuando pudo aproximarse a la puerta junto al farol de colores y notar que los Leoncavallo iban entrando poco a poco a aquella casa cálida. Maurizio se encontró en la banqueta con una angustiada Karin Lorenz a la que dio un beso apenas y dejó atrás y Maragaglio se colocaba en una posición en la que se aseguraba que sólo los miembros de su familia entraran a la reunión. Eso dejó claro que era el líder del clan y aguardó por Katarina, que no deseaba estar allí.

-Tengo que ir con mi hermano - murmuró ella a Miguel.
-¿Estarás bien?
-Ven mañana.
-Te esperaré.
-Regresa a casa, por favor.
-Te llamo más tarde.
-Miguel, por favor. Mañana.
-Katarina...

La chica soltó a Miguel y dio la vuelta sólo para, luego de un segundo, volver con él, besarlo torpemente y decirle "adiós". Maurizio Maragaglio cerró la puerta detrás de sí, no sin observar al grupo que estaba fuera.

-¿Qué pasó? - se preguntó Tamara Didier.
-Nada. Lo mejor es marcharnos y luego nos enteraremos - intervino Ricardo Liukin y junto a Carlota, volvió al bote. La confundida Karin Lorenz los siguió y los chicos de danza imitaron ese acto. Geronimo no tenía reparos en llevar a cada cual a su destino.

-Miguel ¿te quedas? - preguntó Ricardo y el muchacho tomó asiento en el piso, asegurando que estaría bien, que tenía algo que hacer. Aquello no convenció a nadie.

-No se preocupe, señor Ricardo. Volveré a casa más tarde - reiteró Miguel y sacó un libro para pasar el tiempo. Ante eso, los demás prefirieron marcharse.

La tarde caía en Venecia acompañada de cierto frío y la ciudad se iba vaciando mientras los Leoncavallo continuaban con una tensa charla de la que Miguel imaginaba ciertas cosas, como el sabor del café con amaretto cuyo olor llegaba a la calle o la cara de las primas políticas de Katarina, que no se relacionaban con ella. Al que no conseguía tener en la mente era a su cuñado Maurizio, cuya pena lo había sumido en un silencio que seguramente no tardó en quebrantarse.

El libro de Miguel, que no era más que una novela sobre un conejo cazado por un halcón, se terminó y el chico miró fijamente a la puerta, poniéndose de pie sin atreverse a tocarla, contando una y otra vez los cristales de colores del farol, ajustando sus agujetas de maneras diferentes, levantando sus ojos hacia la ventana de donde Katarina Leoncavallo nunca se asomaba. La Calle del Pignater no había atestiguado una paciencia tan grande y menos ver a tantos buzos pasando a molestar a un compañero en buena lid cuando lo descubrieron suspirando recargado a una pared. El cielo se iba nublando y el frío llegaba acompañado de un viento que hacía titritar. Nada perturbó a Miguel, que al anochecer se fijó otra vez en la ventana cuando una luz se encendió. Poco después el cerrojo de la puerta fue abierto y contempló a los Leoncavallo salir uno a uno, reconociéndolo y saludándolo con un sencillo "buonanotte" antes de tomar camino a Ghetto Vecchio o San Polo. Él no pudo preguntarles por Katarina debido a su timidez y pasados varios minutos, Maurizio Leoncavallo finalmente se dispuso a irse con todo y su vista al suelo.

-¿Sigues aquí, Miguel? - pronunció Maurizio con tono apagado.
-Quiero saber como está Katy.
-No creo que tenga humor de verte.
-Me quedé para que no se sienta sola.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-¿Qué hora es?
-Casi las diez.
-Tal vez ella quiera dormir. Debí ir con mi padre.
-Iré a avisarle.
-Maurizio, perdona.

Miguel abrazó a Maurizio Leoncavallo fraternalmente y este agradeció en el acto, repitiendo que su hermana necesitaba sentir tranquilidad y revelando que se hallaba en su habitación, llorando. Acto seguido, Leoncavallo fue por su hermana y su primo se apareció en la entrada, contemplando a Miguel con los brazos cruzados. Maurizio Maragaglio estaba serio y reaccionó con sorpresa cuando Katy, con los ojos cansados y el rastro de sus abundantes lágrimas, accedió a reunirse con su novio.

-Miguel - susurró la joven.
-¿Quieres caminar?
-¿Nos podemos ir?
-¿Dónde vamos?
-A donde me sienta sola.

El chico rodeó a Katarina y partió con ella rumbo al Porto di Venezia, vacío por la hora. Maurizio Maragaglio quiso detenerlos pero su primo Leoncavallo tocó su hombro para que no interviniera.

Así fue como Katarina y Miguel tomaron una calle hacia al norte, solitaria, sin luz, junto a un canal que formaba remolinos. El puerto era hermoso cuando estaba en soledad, se constataba aunque se viera de lejos. La noche mostraba un sinnúmero de estrellas y la joven, que nunca volteaba a contemplarlas, se preguntó que las volvía tan especiales. De repente se contemplaba alguna rara góndola con una pareja a bordo en un paseo nocturno o una lancha de inspección iniciando una jornada de trabajo muy larga.

-Katy ¿hay algo que pueda hacer por ti? - inquirió Miguel cuando sintió el silencio profundo. Ella se detuvo y a dos escasas esquinas del puerto, decidió desviarse a una calle con una fuente seca y sentarse dentro de ella.

-¿Por qué no fuiste a casa? .
-Katy...
-¡Te pedí que lo hicieras!
-Creí que te escaparías.
-¡No iba a dejar a Maurizio!
-Katarina, perdona.
-Pero él no me dejó abrazarlo ni decirle que no quise hacerle daño a Jyri.
-Sabe lo que sientes.
-Siempre me aleja.
-Para que no sufras, estoy seguro.
-Sólo quiero estar a su lado.
-No llores más.
-¡Me duele que Mauri no se abra conmigo! Tengo miedo de perderlo.
-No lo harás.
-Nunca dejó de pensar en Jyri.
-¿Qué quieres decir?
-Ni siquiera se acordó de que yo estuve junto a él todo ese tiempo.

Katarina había resumido lo sucedido en la reunión familiar y la imagen llegó a la mente de Miguel sin problemas: Maurizio Leoncavallo charlando del pasado y sus culpas, los demás platicando donde habían estado esa tarde de siete años atrás y cómo se habían enterado del incendio; la pésima crónica de Maurizio Maragaglio del velorio en donde amablemente arrojaron al primo a la calle en medio de resentimientos; un "si Katy no se hubiera salido sin avisar" y al final ella, en un rincón, siendo ignorada por los demás. Y es que los Leoncavallo no recordaban la otra mitad de aquella historia, con Katarina arrodillada en la capilla del hospital mientras la familia Cassavettes la humillaba y Maurizio defendiéndola un momento para luego hacerla a un lado y desvivirse por Jyri.

-No sé por qué no tengo fuerzas para irme si Mauri está cerca de mí - confesó Katarina.
-No estaríamos aquí.
-Miguel, dime que me quieres mucho.
-Te quiero mucho.
-Dime que todo estará bien, que Mauri será el mismo de siempre.
-Todo estará bien.

La chica apretó a Miguel con tanta fuerza, que lo derribó y él respondió con un beso largo, del que Katarina no quiso desistir. Ambos habían desconocido una experiencia similar pero poco a poco, la sensación de juntar sus labios se volvía más confortable.

-Llevamos tres días juntos - recordó ella cuando se apartó para respirar.
-¿Qué puedo hacer para no verte triste?
-Nada.
-Katarina ¿por qué quisiste venir?
-Para hacerte compañía.
-Era lo mismo que yo quería para ti.
-¿Cuánto me esperaste, Miguel?
-Desde que entraste a tu casa.
-Fue bastante tiempo.
-Debemos volver.
-No puedo.
-¿Por qué?

Katarina no dijo más y se recostó mirando hacia arriba.

-¿Te gustan las estrellas? - preguntó él, regalándole un beso en la frente.
-No mucho.
-Son bonitas.
-Nunca han llamado mi atención.
-Siempre traen sorpresas.
-Quizás no miro al cielo.
-Tienes suerte porque hoy se ven todas las que existen.
-Eso es mentira.
-Pueden hacer lo que quieras.
-¿Como figuras? Mauri jugaba a unir los puntitos cuando yo era niña.
-Puede ser ¿qué te imaginas?
-Eh ¿"Katy"?

Miguel sonrió y con sus dedos comenzó a trazar en el aire aquella palabra en manuscrita que luego apareció en el cielo.

-¿Es mi nombre? ¿Es magia?
-Tu nombre hecho con estrellas.
-¿Eres ilusionista?
-También te dibujo, observa.

El muchacho movió sus dedos otra vez y un retrato de Katarina Leoncavallo se formó ante los ojos incrédulos de ella.

-¿Dónde aprendiste a hacer eso?
-Siempre lo hago.
-¿Quién te enseñó? ¡Serías un mago famoso!
-No es magia, Katy. Es real.
-Es que no es posible.
-¿Qué es lo que más te gusta ver?
-El farol de mi casa.
-Concedido.

Las estrellas se movían como si danzaran y Miguel plasmó un farol idéntico al de la Calle del Pignater, dejando a su novia boquiabierta.

-¿Estás contenta?
-¡Es hermoso, Miguel!
-Y no es lo único que verás.

Katarina Leoncavallo giró a su costado derecho y se encontró con los ojos de Miguel, que parecían halagarla.

-¿Conoces el polvo de estrellas?
-¿Es otro truco?
-Es lo que cae del cielo.

En Venecia comenzó una fina lluvia con polvo dorado que se amontonaba en las esquinas, cornisas y balcones; que se reflejaba en las ventanas y cubría los canales sin perder su bella luz. La gente comenzó a salir de sus casas, de los bacarí, de los hotales, constatando que las estrellas parecían estallar y caer sobre ellos de esa forma tranquila. En cualquier rincón había niños jugando, parejas que decidían tomar el paseo, mascotas felices; los fantasmas de Venecia agarraban polvo para hacerle futuras bromas a los vivos y los ángeles de la guarda se alegraban ante tal demostración de poder celestial. Maurizio Leoncavallo, en su ruta lenta hacia Castello, se quedó frente al Canale di Cannaregio, completamente asombrado y por unos momentos, olvidando su tristeza y a Jyri.

Pero ese movimiento era ajeno a la insólita soledad de la fuente seca a dos calles del puerto. Katarina Leoncavallo y Miguel Ángel Louvier también se cubrían del polvo de estrellas e intercambiaban breves caricias en sus mejillas mientras sus ojos se iban cerrando. Él la cubrió con su suéter antes de darle las buenas noches y ella, en agradecimiento, le colocó su cabeza en el pecho, sin evitar sonreír por tan maravilloso instante.

-Soy un arcángel, Katy. Por eso puedo mover las estrellas - susurró Miguel al cabo de un momento y cayó rendido luego de besar a Katarina en la nariz.