lunes, 11 de junio de 2018

¿Quién eres tú?


El Servizio Italiano d'Intelligenza nunca descansaba y pronto, Maurizio Maragaglio recibió la encomienda de investigar quien estaba detrás de la lluvia de polvo dorado que mantenía cautiva a Venecia durante aquella noche. Luego de despedirse de su mujer y besar las frentes de sus hijos, el hombre salió rumbo al Campo Santa Maria Formosa en el barrio Castello para reunirse con su equipo y saber, apenas al abandonar la Calle del Pignater, que tendría que caminar. El agua se había hecho brillante.

-Todos son felices - pensó poco antes de ver que su propia familia salía a escondidas a disfrutar de la vista y al igual que la multitud, no mostraban otro interés que no fuera jugar.

-¿La gente camina en el canal? - se sorprendió Maragaglio un par de pasos más adelante y pronto vio a Tennant Lutz bromeando con su incapacidad para nadar mientras se arrojaba de espaldas al Canale di Cannaregio y el polvo dorado lo mantenía seco y a salvo.

-Hasta el señor Liukin toma esto a la ligera; ojalá yo pudiera - se confesó el agente y luego de darse cuenta de que aquello no se repetiría, Maragaglio retiró su calzado y su saco para dar sus pasos por los canales, dándose cuenta de que lo encontraba cómodo y de que el polvo seguía cayendo de forma casi imperceptible. En sus hombros ya reposaba una fina capa dorada.

Por supuesto, ese suceso no era lo único extraño a lo que Maragaglio debía seguirle la pista. Poco antes, los expedientes de las lluvias de flores en Mónaco y en la misma Venecia habían llegado a su escritorio junto con los reportes de la nieve atípica en París antes de otoño.

Por otro lado, su mente era ocupada por Katarina Leoncavallo y su actitud callada durante las reuniones familiares, por su tristeza; por ese primer novio que tenía. Miguel le ocasionaba un enorme disgusto a Maragaglio y este no sabía por qué. Con la barba bien afeitada, con los hoyuelos en sus mejillas cada que sonreía, con el perfecto cabello quebrado, con su facha de playera ajustada y suéter... Cualquier otro chico que no fuera Miguel, no se habría fijado en Katarina. Haciendo el esfuerzo por ser sincero, tenía que reconocer que su prima era la artífice de aquella conquista en Murano, tal y como le habían contado los empleados del vaporetto el lunes por la mañana y al menos lo había presentado en casa, dejándole un mal sabor de boca porque esos dos no tenían ni una semana de conocerse.

-Esa niña es la responsable de mis canas - pensó en voz alta mientras se daba cuenta de que el camino se volvía fascinante en el Gran Canale y en el Rio Fontega dei Tedeschi había tanto polvo que las paredes y puentes parecían hechos de él.

-Esta broma requirió mucho tiempo y presupuesto - siguió Maragaglio y se imaginó el trabajo que tendrían los buzos al día siguiente mientras recogía con una gran sonrisa una muestra para laboratorio. El Campo Santa Maria Formosa era otro sitio ahogado en dorado y luego de un gran rato, el hombre llegó mientras su personal le miraba con lógica curiosidad por constatar que estaba feliz.

-Ciao a tutti! Non resterà nessuno questa notte ¿algún indicio? - inquirió Maragaglio antes de abandonar un canal y poner pie en tierra. El equipo indicaba que no.

-¿Qué tenemos entonces? - consultó mientras sacudía sus pies antes de colocarse los zapatos.
-Los testigos dicen que las estrellas se movieron antes de que cayera el polvo - dijo una agente de nombre Alondra Alonso que, en ausencia de Maragaglio, había coordinado las actividades. Era también el enlace con Inteligencia Española.

-¿"Se movieron"?
-Formando figuras como un farol y otros aseguraron ver una cara.
-El consumo de ajenjo se dispara estas fechas.
-No pienso que los niños lo beban.

Maragaglio se sorprendió mucho.

-Creí que habías visto lo que había pasado. Fue un espectáculo impresionante - dijo la mujer y él se apartó para conversar con ella.

-¿Qué me ocultas, Alondra?
-¿Además de que quiero que me beses?
-Aun hablo del caso.
-Me gusta ponerte nervioso.
-No me coquetees en el trabajo, lo hablamos.
-Bien.
-¿Qué ocurrió antes de que cayera diamantina?
-El laboratorio tardará en darnos el resultado.
-¿Qué vez en mis manos?
-Polvo... Y en ti una marca de mi labial.

Alondra Alonso posó sus labios en el hombro derecho de Maurizio Maragaglio.

-Mi esposa sospecha, no vuelvas a hacer eso.
-Tengo un par de camisas tuyas.
-Susanna se dio cuenta de que me faltan.
-Te matará si descubre que te encanta quitármelas.
-Alondra, no aquí.
-Por algo traje una puesta.

Maragaglio no pudo contenerse y se escondió con la mujer a un rincón en donde el polvo no había conseguido entrar. Ella desató su cabello trigo mientras decía "hagámoslo rápido" y le contaba que desde la travesía a París por Carlota Liukin, ella había tenido varias discusiones con su pareja.

-¿Daniela también cree que tienes una amante? - preguntó él.
-Enfurecerá porque "la otra" es mi jefe.
-¿Muy extraño?
-Cree que me acuesto con su mejor amiga.
-¿Por qué?
-Por que usan la misma marca de camisas, agente Maragaglio.

El polvo volvió a caer con fuerza y en medio de caricias y gemidos reprimidos, continuó aquella conversación.

-¿Cómo te fue con tu primo en Milano, jefe?
-Nos corrieron dos veces.
-¿Por qué?
-Nadie quería a Mauri en el funeral.
-Pobre de él.
-Sabía que estaba mal. Me alegré de que no llevarámos a Katy.
-¿Katy? ¿Qué tiene que ver?
-Alondra, toca más mi pecho.
-¿Estás ejercitándote?
-No quiero morir joven.
-A tu esposa le gustará.
-Mauri le dijo a Katy que no nos acompañara.
-¿Ella quería ir?
-Todavía la culpan de lo que le ocurrió a Jyri.
-Qué pena.
-No le está yendo bien esta semana.
-¿Qué le pasa?
-Se peleó con mi primo porque le dio a Carlota Liukin una rutina muy fuerte y con lo del funeral ha llorado sin parar.
-Estará bien.
-No lo creo.
-¿Pasa algo más?
-Katarina tiene novio.
-Al fin. Te dije que sería este año.
-Es un tipo que acaba de conocer.
-No es malo.
-Es Miguel Liukin.
-¿Por eso me mandaste a investigarlo, jefe?
-No quiero que le hagan daño a Katy.
-Ella se cuida sola.
-Es la única niña en la familia.
-Se convirtió en mujer.

Maragaglio se apretó más contra Alondra Alonso.

-Katarina es hermosa.
-¿No lo habías notado antes? - dijo ella.
-No confío en ese tal Miguel.
-No quieres ver la información que saqué.
-¿Es un pobre diablo?
-No tenemos más tiempo, notarán que no estamos.
-¿Debo preocuparme por mi prima?
-Maurizio, seguimos luego.
-Te pregunté algo.
-¿Por qué tanto interés en Katarina?
-Porque voy a cuidarla.
-Ella es una adulta, déjala vivir.
-Si no fuera tan bella...

Maragaglio se aferró a consumar sus deseos mientras Alondra Alonso comenzó a preguntarse porque él terminaba hablando de Katarina Leoncavallo durante el sexo. No pasaba siempre pero llevaban cuatro años con ella mencionada por cualquier motivo, desde su cumpleaños hasta sus competencias. Alondra sabía del incidente de aquella joven con Jyri Cassavettes, de su brusco rechazo a un aprendiz de cristalero, de lo mal que se llevaba con la novia de su hermano.

-Alondra, dime que me invitas a dormir contigo - recordó pedir él mientras sus músculos iban relajándose.
-Daniela irá a Sevilla por la boda de su socia y regresa el lunes.
-Le diré a Susanna que el fin de semana trabajaré mucho.
-¿No pasarás Fieles Difuntos con tus hijos?
-Los llevaré a celebrar Halloween.
-¿Como evitarás que tu esposa haga preguntas?
-El Servizio tiene que ayudar a vigilar las procesiones.

Alondra optó por el silencio y contempló a Maurizio Maragaglio arreglándose la ropa y sosteniendo entre sus labios el sobre con la información sobre la familia Liukin que se había podido recabar en cuatro días. Ella sólo se colocó su abrigo beige.

-Iré con el equipo a preguntar si creen que la autoría de esta lluvia no es sabotaje - anunció él.
-¿Te has dado cuenta de que no se ven las estrellas?
-Se ha nublado a momentos.
-Hemos oído versiones de que explotaron antes de la caída de esto que llamas diamantina.
-¿No crees ese disparate?
-Mi hija lo vio, agente Maragaglio.
-¿Y tú?
-Puedo confirmar que ella nunca miente.
-Hablamos de un truco planificado con mucha sofisticación. No es obra de una persona.
-¿Quién perdería el tiempo en esto?
-Se me ocurre que Matheus Reus ¿no se presentará en el crucero Symphony con su show de ilusionismo? Antes paralizó Londres con mantas en los edificios públicos y sus ayudantes tuvieron mucho que declarar al respecto.
-¿Por qué se metería en problemas?
-Publicidad.
-Contaminar los canales lo llevaría a prisión y recibiría varias multas y requerimientos de limpieza.
-Te apuesto a que tiene toda una explicación.
-Ajá, incluso para... ¿El polvo se está levantando?
-¿Qué dices, Alondra?
-El polvo sube al cielo.

En aquél momento, Maragaglio salió de su escondite y gritó a su grupo que tomaran tantas muestras como pudieran, sobretodo las del agua. Él mismo tomó polvo del aire y ante sus ojos, las estrellas volvían a aparecer en el firmamento.

-Es un gran acto de magia - exclamó estupefacto y al cabo de unos minutos, Venecia quedó limpia y sin luz.

-Alguien vaya a interrogar a Matheus Reus y otros recaben los testimonios de cuantos testigos sean posibles ¿Tomaron fotografías y videos? ¡Quiero un expediente en una hora! - ordenó Maragaglio y él mismo reportó lo acontecido a su superior inmediato por teléfono. Alondra Alonso también dio cuentas a sus compañeros en España.

La madrugada veneciana se convirtió en una molestia en la que el gentío buscaba desesperadamente algun rastro de polvo de estrellas y quienes poseían frascos o cualquier recipiente, constataban que se formaban esferas brillantes que flotaban y en algunos casos, la luz era tan intensa que lastimaba la vista. El Servizio Italiano d'Intelligenza trataba de apoderarse de cuanto se pudiese y luego de encomendar a Alondra Alonso la revisión de la documentación preliminar, Maragaglio acudió a la oficina, corrió las cortinas y se quedó dormido hasta las ocho.

El festejo de Halloween en Venecia iniciaba con los festivales escolares que Maragaglio siempre se perdía y los negocios colocaban letreros con los horarios en los que repartirían dulces y juguetes para que ningún niño se perdiera de recibir los suyos. En el café donde él se hallaba desayunando había incluso varios anuncios sobre el certamen "Miss Nouvelle Reunion" con los números para los donativos a los damnificados de Tell no Tales y entonces, recordó que aun traía el sobre con los detalles de Miguel y aunque no deseaba abrirlo, así lo hizo.

-Veamos quien eres, Miguelito. Espero que un idiota - pensó pero en su lugar, encontró más papeles con detalles igual de valiosos. Uno de ellos, el kilométrico nombre de la joven Liukin.

-Eso explica porque obligas a todos a llamarte "Carlota"; haces bien. Primer lugar en el Examen Diagnóstico de la Unión Europea, patinadora desde hace un año, increíble. Testigo principal de la muerte del caricaturista Stéphane Verlhac y del tiroteo que le costó caer en coma a Joubert Bessette, celebridad en Francia y atleta prioridad de la Federación Francesa de Deportes sobre Hielo ¿Qué más hay? Andreas Liukin, dos veces arrestado por disturbios en el parque De Gaulle de Tell no Tales, varios recargos por daño a propiedad pública, antecedentes de agresión y amonestación por apuestas ilegales en Mónaco ¿cómo sigue libre? Adrien Liukin es autista pero tiene un reporte por pelea... "se alega defensa propia y de la integridad física de su hermana, Carlota Liukin" ¿Qué habrá sucedido?... Esta familia se mete en muchos problemas.

Luego vino el reporte sobre Yuko Inoue.

-Contadora, empleada del Gobierno Mundial, ex asistente personal del general Andrew Bessette, encargada de la auditoría al Casino di Venezia y anteriormente encomendada a llevar la contabilidad de los Casinos de Niza y Montecarlo. Luego tenemos a ¡Tennant Lutz! Escocés, hijo de sir Anthony Lutz Remington y Grace Mariesson Lutz ¿por qué rayos se juntó con los Liukin? Es sommelier profesional y cantinero. Dos hermanos. Emma Lutz Remington - Mariesson sin rango aristocrático y Stuart Lutz Remington - Mariesson, buscado por Interpol. El Servizio también está detrás de este tipo, es sospechoso en el caso de Elena Martelli... Sir Anthony Lutz cumple condena en Edimburgo por tratar de inocular con VIH a sus hijos y Grace Mariesson en prisión psiquiátrica por el asesinato de cinco empleados de una firma financiera.

Maragaglio tomó un respiro y continuó con el corazón algo agitado.

-Ricardo Liukin, con el historial que confesó en la cena no me hace falta revisar más. Era chef y se encuentra bajo tratamiento de inmunosupresores por una enfermedad todavía sin nombre. Gabriela Alejandriy, esposa, sospechosa de ser pareja sentimental de un espía ruso en 1985, investigada por el Gobierno Mundial hasta la fecha pero la razón es clasificada. Fallecida en enero de este año por falla cardíaca y laboraba como galerista y escenógrafa para la Universidad de Humanidades.

Respirando más hondo, Maragaglio tuvo temor de la ridícula última página. La historia de Miguel no podía ser diferente y entonces, se confirmaría que Katarina y en general los Leoncavallo, debían alejarse de los Liukin. Tomando fuerza luego de un sorbo de café, el hombre desdobló aquella hoja, sintiendo más miedo que antes.

-¿Miguel Ángel Louvier? Pensé que era un Liukin. Español, es ¿actor? ¿qué es esto?

La vida de Miguel estaba contenida en un insignificante párrafo. Alondra Alonso no había hallado un registro de nacimiento o un historial escolar, tampoco el nombre de unos padres o un número de servicios sociales. Sólo existía una identificación que lo acreditaba como mayor de edad y un empleo temporal como mensajero en París; acaso su nombre anotado en un par de audiciones pero era un total desconocido.

-Pudo robar una identidad, tengo que avisarle a Katy - reaccionó él y corrió al club de hielo de la Calle Grigolina, topándose con que ninguno de sus primos se encontraba presente. Pronto supo que Maurizio Leoncavallo había decidido acudir al juego de hockey de Carlota Liukin y que Katarina no se había presentado a la práctica matutina. La actitud de los dos hermanos Leoncavallo tampoco fue algo que Maragaglio pudiera entender enseguida y luego de preguntar en qué parte de Venecia estaba la secundaria Giuseppe Garibaldi, llamó a su mujer para avisarle en donde estaría y a que hora planeaba llegar a casa.

El camino a Campo Nove, detrás de la Fondamenta Nove estaba despejado desde el barrio Castello si no se sucumbía a la tentación de ir por el Gran Canale y luego de hallar un acqua taxi disponible cerca de Fondamenta dei Preti, Maragaglio comenzó a hacer todo tipo de conjeturas sobre Miguel Ángel. No sabía por qué le desagradaba tanto desde que lo había visto en aquella ocasión que aguardaba a Carlota junto a Ricardo Liukin en Santa Lucia luego del escape fallido de ésta y menos por qué le hervía la sangre de saber que Katarina se había ido con él la noche anterior. De hecho, Maurizio Maragaglio dio un puñetazo a su propia rodilla luego de imaginarse toda clase de posibilidades, de besos, de palabras entre Katarina y Miguel.

El campo de hockey de la secundaria Giuseppe Garibaldi era famoso. Se trataba del lugar en donde solía coronarse el mejor equipo de la región del Véneto y en el papel, el Istituto Marco Polo era la víctima perfecta. En la entrada, Maragaglio halló a Alondra Alonso.

-Vine a ver a mi hija - saludó ella.
-Y yo a mi primo.
-No entiendo.
-Decidió traer a sus estudiantes al juego.
-¿Viniste a hablar con él?
-¿Cómo adivinas?
-¿Leíste lo del sobre?
-Voy a prevenir a Mauri.
-¿Por qué presiento que estás furioso?
-No lo presientes, lo estoy.
-¿Quién te dijo que verías a tu primo aquí?
-Fui a buscarlo al trabajo.

Alondra iba a añadir algo más pero pronto vio a Maurizio Leoncavallo aproximarse.

-Supongo que nos separamos.
-Iré con mi primo.
-¿Te veré en mi casa?
-Cuenta con ello, Alondra.
-Mi hija lleva el número nueve. El Istituto Marco Polo nunca nos ha ganado.
-Espera... ¿Lo que averiguaste de Miguel es lo único que hay?
-Por el momento, sí.
-¿Dónde conseguiste esa información?
-En migración.
-Gracias.

Maragaglio se separó de Alondra Alonso y saludó a su primo, que había ido por Ricardo Liukin. A ambos les extendió la mano.

-Buenas tardes.
-Me sorprende que estés aquí - admitió Maurizio Leoncavallo.
-Supe que verías el juego.
-El señor Liukin no sabía como llegar.
-¿Tienes un momento?
-Adelante...

Leoncavallo giró hacia el señor Liukin y dijo "lo siento ¿me disculparía?" a lo que recibió una respuesta amigable. Maurizio Maragaglio no se atrevía a mirar a Ricardo más allá de un breve segundo y se aseguró de que se fuera ante la extrañeza de su primo.

-¿Pasa algo? - preguntó Leoncavallo.
-Mauri ¿es cierto que Katarina no fue a entrenar?
-No llegó y no avisó a donde fue.
-¿No te enoja?
-La voy a castigar en el entrenamiento pero no puedo hacer más.
-¿Por qué dejaste que se marchara anoche con Miguel?
-Ella quiso verlo.
-No regresó a casa.
-¿Qué puedo hacer?
-¿Vas a tomarlo a la ligera?
-No me meto en su vida
-Mauri, no debes dejarla sola.
-Ella puede cuidarse.
-¿Confías en los Liukin?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Es Miguel.

Maurizio Leoncavallo arrugó la comisura de sus ojos.

-Investigué a la familia. Él no me da confianza - prosiguió Maragaglio.
-¿A los Liukin? ¿Por qué lo hiciste?
-¿Importa?
-Trabajo con Carlota, claro que importa.
-Quería asegurarme de que estaremos bien.
-¿Qué supiste?
-El tal Tennant es hermano de un asesino serial y sus padres están en prisión; Andreas Liukin tiene un archivo ancho en la cárcel también.
-¿Por qué te metes con ellos?
-Mauri, escucha: De todos los Liukin hay información. La madre de Carlota Liukin estaba en la mira del Gobierno Mundial.
-¿Crees que soy idiota?
-Por supuesto que no.
-¿Qué pretendes?
-Entiéndeme, Mauri. Quiero mantenernos seguros.
-¿Seguros de qué?
-Los Liukin no son una familia tranquila.
-Ya lo sé.
-Eso no es todo.
-Puedes contarme luego.
-Estoy asustado por Katarina ¿de acuerdo?

El gesto intranquilo de Maurizio Maragaglio no era una broma.

-¿Qué te inquieta? - curioseó Leoncavallo
-Te he dicho que Miguel.
-¿Qué sabes de él?
-Nada.
-¿En serio?
-Habla con Katy, dile que se aleje.
-Ese no es mi asunto.
-Mauri, no considero que Miguel sea confiable. En cuanto a ti, podrías distanciarte de los Liukin.
-¿Perdona?
-Tienen antecedentes penales, no son estables y está Miguel.
-¿Qué tienes en contra de él?
-Katy no debió fijarse en ese muchacho.
-Cualquier cosa que digas contra los Liukin, ya me enteré desde antes.
-Mauri, no confíes en ellos.
-Los conozco.
-Eso no es cierto.
-¿Cuál es tu punto?
-Te acercas a personas que no son lo que dicen ser.
-Tu trabajo en el Servizio te está afectando.
-Katy no está segura con Miguel.
-¿Me explicarías qué tienes contra Miguel?
-Mauri, esto es delicado.
-Dilo ya.
-Este papel tiene lo único que pude saber de él.
-¿Un párrafo?
-Ni siquiera es buzo, sino actor.
-No le veo lo malo.
-No tiene documentos, Mauri.
-Jajaja, no podría trabajar.
-Buscamos por cuatro días.
-¿Te tomaste tantas molestias para mostrarme esto?
-Miguel no tiene registro de nacimiento y no hay datos sobre familiares ni su escolaridad. Sólo tiene una identificación del Estado español pero no aparece en otro lado.
-Seguro saldrán sus cosas.
-¿Y si no es quien dice ser?
-Por favor.
-¿No te intriga saber quien está con Katy?
-Miguel es un buen chico, su padre es una buena persona.
-Ricardo Liukin no es su padre.
-Para él, lo es.
-Mauri, tenemos que asegurarnos de que Katy no sufrirá.
-¿Qué fijación tienes con mi hermana?
-Es la única niña en la casa.
-Katarina ya creció.
-¿Vas a permitir que esté con un desconocido?
-¿Por qué haces esto? - dijo severo Maurizio Leoncavallo.
-La protejo - respondió Maurizio Maragaglio.
-Déjala en paz.
-Mauri ¡no podemos ignorar a Miguel!
-No es tu problema.
-Estoy cuidando a la familia.
-Nadie te lo pidió.
-Es lo que el abuelo me encargó.
-¿Eso te da el derecho de meterte en la vida de Katy?
-Piensa. No conocemos a ningún Liukin y discutiste con tu hermana a causa de ellos.
-No revuelvas mi trabajo con tus asuntos personales.
-Tengo la responsabilidad de hacerte entrar en razón.
-¿Quién te crees?
-Lo hago por Katarina.
-¿Quién eres tú?
-Mauri, te aseguro que Miguel no es de fiar.
-¿Basado en qué? ¿En lo que tus subordinados te dicen? ¿No tienen trabajo importante qué hacer?
-Jamás te mentiría.
-Katarina y yo podemos defendernos solos.
-Quiero evitar que los lastimen.

Maurizio Leoncavallo se rehusaba a encontrarle sentido a las palabras de su primo.

-Hazme caso. Es por ustedes, por mantener a la familia bien.
-¡No necesitamos tus favores! - se enfadó Leoncavallo.
-Mauri, no estás en...
-¡No eres nuestro padre ni el abuelo! ¿Tú quién eres? ¿Quién te dijo que hablas por todos?

Maurizio Maragaglio no pudo reaccionar y Leoncavallo le notó la marca de su camisa, dándole un motivo para concluir esa charla:

-Si tanto te importa la familia podrías empezar por dejar de engañar a tu mujer. O dile a tu amante que no use labial.

Maurizio Leoncavallo se retiró con gran disgusto y buscó su lugar en las gradas, junto a Ricardo Liukin. El partido había iniciado bastante tiempo atrás y la secundaria Giuseppe Garibaldi sufría los embates de la renovada delantera del Istituto Marco Polo. La center forward, Carlota Liukin, era magnífica y lo mismo cooperaba a la ofensiva como a la defensiva, evitando la caída de su meta y anotando un par de puntos para una ventaja parcial. En un momento dado, las jugadoras del Garibaldi comenzaron a desesperarse y una de ellas, la hija de Alondra Alonso, tacleó a Carlota, dejándola sin aire. La falta no se marcó y Maurizio Leoncavallo contempló a la chica Liukin levantándose e intentando retomar el ritmo al tiempo que sus hermanos gritaban y la multitud parecía apoyarla. Leoncavallo intentaba animarse un poco cuando reparó en algo: Katarina y Miguel estaban enfrente de él. Ella traía la ropa del día anterior y su novio parecía contarle algo muy divertido porque entre jugada y jugada, reía o lo abrazaba. Era complicado imaginar que aquello fuese la motivación de una discusión absurda. En otro rincón, Maurizio Maragaglio los contemplaba también pero no lograba renunciar a releer esa hojita con lo único que se sabía de Miguel Ángel Louvier y luego repasó las palabras de su primo.

Maragaglio había olvidado por completo el beso de Alondra Alonso y aun no sustituía la camisa para ocultar el crimen. Era arriesgado que su esposa se percatara de otra prenda perdida.

lunes, 4 de junio de 2018

Estas son las noticias (París)


París, Avenida George V. 

-¿Estás haciendo el vestido de Halloween de la niña Raluca? - preguntó Viktor Urmanov mientras escogía un yogur del refrigerador. La casa de la familia real de Mónaco en París estaba casi vacía.

-He cosido toda la tarde un traje de hada - contestó Gabriela Alejandriy.
-Ni a tu hija le dabas disfraces.
-Cállate.
-Perdona.
-Me despedirán si te descubren aquí dentro, Viktor.
-Traje lo que me pediste.
-¿Información?
-El cereal de estrellitas de Raluca.

Gabriela exhaló con desgano y continuó colocando un par de alas de plástico a un vestido azul rey.

-¿Cómo te va con esa niña?
-La odio y me odia.
-¿No le gusta que le pongas reglas?
-No le gusta que la obligue a hacer sus maquetas.
-Pero a Carlota le fascinaba hacer su tarea.
-No la menciones.
-¿Me amenazas con una aguja?
-Dime qué sabes de mi hija y márchate.
-Así lo quieres.
-Habla.
-Amenazó a Vladimir Putin por teléfono hace dos meses, más o menos.
-¿Carlota hizo qué?
-Fue cuando capturamos a Trankov en Moscú. Menos mal que el presidente no lo tomó con hostilidad.
-¿Por qué me avisas hasta ahora?
-No tenía importancia.
-¿Disculpa?
-Fue algo tan cursi que ni siquiera yo le di atención.
-¿De qué te ríes?
-Porque el berrinche de Carlota no duró mucho ¿ya conoces a su noviecito nuevo? - Urmanov extendió una revista.
-¿Marat Safin? ¿Este quién es? - prosiguió Gabriela.
-Tenista ruso.
-¿Ruso?
-Se conocieron en Mónaco y asistieron a una caridad juntos.
-¿No le están colocando agentes a mi hija?
-Claro que no.
-¿De dónde salió este tipo?
-Vive en Montecarlo y tu hija quedó tan embelesada que se lo llevó a Venecia de vacaciones y tiene agendado verlo la próxima semana para la Copa Davis.
-¿De qué otras cosas no me he enterado?
-Alena Bessette se encontró con Carlota en Italia.
-¿Qué quería esa mujer?
-Internar a su retoño en un hospital nuevo.
-¿Pero Joubert sigue en Bércy?
-Por supuesto.
-Qué alivio.
-Que Carlota abandonara al joven Joubert por el fuerte y sano Marat no le agradó al general Bessette.
-¿Ahora qué quiere ese idiota de Bessette?
-Mandar a Raluca con el entrenador Maurizio Leoncavallo.
-No he sabido nada.
-Tal vez te avisen de un arreglo luego del Trophée Bompard.
-Leoncavallo me suena.
-Es el coach de Carlota.
-¿Qué? ¿Y Tamara?
-¿No sabes nada de Tamara Didier? Irá a juicio por doping y si gana, volverá a competir.
-Ella no puede hacer eso.
-El médico le ha dicho que sí.
-¿Por qué he sido tan descuidada?
-Porque te ocupas de ser la niñera "Chloe Theroux".
-A todo esto ¿Por qué Carlota estuvo en Mónaco y en Italia?

Viktor Urmanov reaccionó como si hablara con una tonta.

-Carlotita bonita se mudó a Venecia... Y tu marido tiene trabajo en el mostrador de una heladería. Sí, otra vez.
-¿A Venecia? ¿Cuándo pasó? - se alteró Gabriela.
-Luego del tiroteo de septiembre en donde hirieron a Joubert Bessette.
-¿Por qué dejaste que pasara?
-El gobierno francés no garantizó la seguridad de tu niñita y pues, digamos que tu querido Ricardo perdió la cabeza.
-Debiste avisarme enseguida.
-¿Para qué te pusieras a gritar?
-¡Pude renunciar a este estúpido trabajo!
-De todas formas irás a Venecia si el general Bessette contrata al tal Leoncavallo.
-¡Carlota me vería!
-Claro que no.
-¿Cómo lo vas a evitar?
-En la KGB lo tenemos todo planeado.
-No pueden prevenir que le disparen a Joubert Bessette frente a mi hija y quieren cuidarla de que me tope con ella.
-La culpa es tuya.
-Trato de cuidarla.
-Ofreciste laborar para nosotros a cambio de que nadie se entere de que tu hijita "es una princesita de sangre azul".
-No te burles.
-Tampoco te obligamos a fingir que estás muerta.
-Eso fue por otros motivos.
-Al Gobierno Mundial le tiene sin cuidado si apareces o no.
-Quieren a Carlota.
-Si se concreta lo de Venecia, estarás cerca de tus hijos y nadie tocará sus lindos cabellos.
-¿Andreas entró a la universidad?
-Parece que le gusta la arquitectura.
-Menos mal.
-No cantes victoria. Persigue un contrato en el tour de surf y firmó con un patrocinador.
-Es el mismo cretino engreído de siempre.
-Tu otro hijo, Adrien, se aburre en una escuela de autistas.
-¡Siempre estuvo en colegios normales!
-Italia no lo permite.
-Imagino que a Carlota le va bien.
-Es popular.
-No me extraña.

Gabriela tomó un poco de café.

-Cuéntame de ese Leoncavallo ¿es un buen entrenador?
-Un principiante.
-¿Por qué dejaron que mi hija cayera con él?
-Nadie más quiso trabajar con ella y de todas formas tu marido tuvo que rogarle.
-Ricardo no haría eso.
-Cree lo que quieras.
-¿Alguna referencia sobre este hombre? Necesito saber quien se acerca a Carlota.
-Es bailarín sobre hielo, ganó una medalla olímpica y es coach de su hermana desde noviembre del 2000.
-¿Quién es su hermana?
-Katarina Leoncavallo, medallista olímpica también.
-No suena mal.
-También es maestro de un par de equipos finlandeses desde mayo de este año.
-Raluca quiere aprender danza.
-Te aconsejo no esperar mucho de ese hombre. Su currículum es engañoso.
-Bien, lo tendré en cuenta ¿y qué hay de su parte personal?
-Vive con su novia desde hace dos años y se casarán el próximo marzo.
-¿Algo más?
-¿Quieres sentirte vieja?
-No entiendo.
-La novia de Maurizio Leoncavallo tiene cuarenta.
-Es un poco mayor que yo.
-Él apenas va a cumplir veintiocho años.
-¿Es una broma? - reaccionó Gabriela con una enorme sonrisa.
-Incluso programaron un tratamiento de inseminación artificial para ser padres lo más pronto posible.
-Quién fuera ella.
-¿Por qué lo dices?
-Tuve un amante de mi edad en vez de arriesgarme por uno de veinte.
-Gabriela ¿engañaste a Ricardo?
-Le pedí el divorcio después de eso.
-¿Te detuvo la amenaza a tu hija?
-Fue mi marido.
-Hablando de él, creo que tiene mucha suerte con las mujeres.
-¿Tiene novia?
-Una tal Yuko le ayuda a cuidar de tus hijos y hace poco conoció a Violet Fox.
-¿Yuko es niñera?
-Es agente de Sergei Trankov.
-¿Ricardo lo sabe?
-Por supuesto.
-Esa es una buena noticia.
-Pero Violet Fox es el tipo de mujer que quieres alejada de tu familia.
-¿Debo preocuparme?
-Es actriz erótica.
-¿Como Linda Lovelace?
-No la quise describir así.
-¿Qué rayos? ¡Sepárenla de mis hijos!
-A Ricardo le gusta.
-Obviamente.
-Él le habla por su nombre verdadero.
-¿Cuál es?
-Maeva Nicholas y ella no parece ser indiferente al coqueteo.
-La quiero fuera de esto.
-¿Aunque signifique dejarle el camino libre a Tamara Didier?
-¿Tamara? A ella no le interesa mi esposo.
-Te retorcerás de celos si te digo que Ricardo fue capaz de ir a buscarla a un pueblo muy apartado de Francia alguna vez.
-Eso no me molesta.
-Tu hijo Andreas la quiere de nueva mamá.

Gabriela se rió.

-Es más fácil que me hagas enojar con Raluca, estimado Viktor.
-No toleras la idea de que tu marido duerma con alguien que no eres tú.
-Mentira.
-¿Tamara fue la que te hizo recapacitar con el divorcio?
-No.
-Te conozco bien ¿Ella siempre te cayó mal?
-Tonterías.
-A Ricardo le atrajo mucho esa mujer; tú no ibas a retirarte sin dar batalla.
-Mejor vete.
-Finges tu muerte, proteges a Carlota y te aseguras de que Ricardo piense en ti pero ¿cuánto durará? Violet y Tamara no van a separarse de Ricardo y nadie meterá las manos por ti.
-No me importa lo que él haga mientras no sea con la actriz.
-¿Por qué rompiste el ala de ese disfraz cuando mencioné a Tamara?
-Confío en ella.
-Tú ya no estás para evitar una relación entre esos dos.
-Ricardo no se metería con ella, no son compatibles.
-Pero es una mujer y él va a necesitar compañía muy pronto.
-No la de Tamara.
-Eso lo decide él.

Gabriela se cruzó de brazos.

-Supe que Carlota vive en el hotel Florida, cerca de la estación de tren - añadió Viktor Urmanov.
-Ahora sé dónde no hospedarme.
-Sólo si Leoncavallo acepta a Raluca. Supe que el general Bessette consiguió un partner para cumplir el capricho de su "bebé".
-Pobre niño.
-Se llama Andy Poje, tiene doce años.
-No creo que vayamos a Italia.
-¿Por qué?
-Déjame este asunto.
-¿Qué vas a hacer?
-No esperaré a Bompard para que el asunto estalle en mi cara.
-¿Cuál asunto? ¿Leoncavallo? ¿Carlota? ¿Ricardo?
-Hablaré con los padres del niño Poje, me conviene que Raluca se quede aquí.
-¿No te importa la cercanía de Tamara con tu esposo?
-Eso me tiene sin cuidado.
-Mentirosa.
-Pero si no separan a la actriz, yo misma la dejo sin cabeza.
-Ricardo te está olvidando.
-¿Alguna vez me importó ese hombre?
-¿Lo extrañas?

Gabriela carcajeó de nuevo y siguió uniendo las alas de plástico al vestido de Halloween que Raluca de Mónaco usaría en el festival escolar mientras se imaginaba a Ricardo en los brazos de Tamara o pronunciando el nombre de Violet Fox en la cama. Si eso no bastara, pensó en sus hijos conviviendo con una nueva novia de su padre y en especial a Carlota adhiriéndose a ella, contándole sus secretos, abrazándola.
Lejanas eran esas noches que llegaba a casa y luego de arropar a los niños, podía sentir la respiración de su marido en su cuello. Todo eso le hacía falta pero ya habría tiempo de explicaciones.

jueves, 31 de mayo de 2018

La caída de las estrellas


Poco después de la llegada de Vika y Cumber, arribó un tren proveniente de Milán a la estación de Santa Lucia. Una gran cantidad de visitantes descendía y era fácil saber que la Fiesta de Fieles Difuntos tendría la ciudad saturada el fin de semana mientras Katarina Leoncavallo se asomaba a cada ventanilla para hallar a su hermano y a su primo. Detrás de ella, sus compañeros de entrenamiento suplicaban por no topárselos y finalmente fue Carlota Liukin quien los halló cerca de la estancia, como en un tropiezo por el que no se ofrecen disculpas. El rostro de Maurizio Leoncavallo era irreconocible y el de Maragaglio parecía de susto.

-¡Katarina! - llamó Carlota y la joven aquella, nunca se supo como, oyó desde su sitio al fondo del andén y corrió hasta detenerse frente a su hermano, que después de mirarla, tomarla de las manos y susurrar "Katy", la abrazó desconsolado. Los alumnos de Maurizio se aproximaron en ese instante y el momento fraternal se convirtió en grupal porque todos sintieron la necesidad de cobijarlo a él y a su hermana. Carlota Liukin quedó junto a Katarina y de pensar en la carga de consciencia que ella soportaba por el fallecimiento de Jyri Cassavettes, sintió como si se le congelara la cabeza.

-¿Qué ocurrió? - preguntó Haguenauer a Maurizio Maragaglio en aquel instante.
-Mauri no llegó.
-No me digas eso.
-Nos echaron del hospital y si regresamos apenas es porque estuvimos unas horas en el velorio.

Haguenauer soltó unas pocas lágrimas y Tamara Didier se apresuró a enjugárselas para no contagiarse de ese impulso y afectar más a un Maragaglio que no sabía que hacer y al que sin duda, le faltaba estrechar a Katarina para confortarla.

-Serán unos días muy tristes - comentó Maragaglio antes de alzar la vista y descubrir a Miguel Ángel parado cerca del grupo, sin atreverse a acercarse. Carlota Liukin lo notó también y se soltó de los Leoncavallo, provocando que sus compañeros también se apartaran, dejando a Maurizio y Katarina abrazándose unos minutos más. La escena rompía una parte del corazón.

-Signor Maragaglio, también lo quiero - dijo la joven Liukin.
-Grazie di coure.
-Le hice esta flor de tela mientras esperábamos por ustedes.
-Es muy linda.
-Le diré a papá que lo invite a cenar, siempre hace sopa de cebolla cuando alguien está afligido .
-¿Ayudará con Katy y Mauri?
-¿Qué puedo hacer?
-Sé buena con Katy, por favor.

Maragaglio se atrevió entonces a aproximarse a su prima y luego de tocar su cabello, la apretó contra sí. Maurizio Leoncavallo pudo recibir a cambio los abrazos de cada uno de sus alumnos y también el de Miguel, a quien le susurró que Katarina iba a necesitar muchos detalles y momentos tranquilos para no estar tan decaida. El chico leyó el alma de su cuñado y se enteró de que estaba preocupado porque ella reaccionara mal ante lo ocurrido.

-Confía en mí - dijo Miguel y pronto posó una de sus manos en la espalda de Katarina, obteniendo a cambio las manos de ella en su rostro.

-Son tan ... Raros de ver - señaló Tamara.
-Son novios desde el domingo - contestó Carlota.
-Dile a Miguel que lleve insecticida.
-No seas mala.
-Las araña seguirá siéndolo aunque esté de luto.
-Le doy dos semanas.
-Que entusiasta, yo le doy hasta mañana.

Katarina volvió a apoyarse en el hombro de Miguel y este la rodeó para continuar confortándola. El resto del grupo los siguió hacia la calle, con Haguenauer y Maurizio sosteniéndose mutuamente y Maragaglio junto a Carlota, comentándole a ésta que se había enterado del por qué sus primos se habían confrontado. La joven Liukin no tenía comentarios al respecto y pensó en los planes que la federación, Haguenauer y ella habían trazado para el siguiente año.

-Gracias por escoger a mi primo - sentenció Maragaglio, orillando a Carlota a contestar "de nada" porque comenzaba a ser inapropiado admitir que Leoncavallo era su entrenador porque no había más opciones.

Al exterior, Venecia no continuaba con su ritmo habitual: El servicio de taxi acuático era acaparado por turistas; la parada de los vaporetti se encontraba a reventar en San Geremia, los cantantes callejeros, de tanto interpretar a Vivaldi eran ignorados por los venecianos y en los bacari cercanos se servía prosecco en lugar de spritz o vino porque reservaban las botellas para las fiestas inmediatas. El descanso por los Fieles Difuntos era de los sucesos más importantes de la ciudad y la gente decoraba con flores de papel y cruces cada balcón y ventana mientras comenzaban a desfilar actores enmascarados, vestidos de negro, invitando a la procesión nocturna de San Marco para el Día de todos los Santos. Aquello era como un festival y después de la celebración de Halloween que incluía el encuentro de hockey entre el Istituto Marco Polo y la Secundaria Giuseppe Garibaldi, habrían recorridos de góndolas hacia el panteón, ceremonia solemne en la Laguna, procesión del sindicato de trabajadores del vaporetti, la carrera de botes en Lido organizada por los cuerpos de rescate, la ceremonia de las velas flotantes en el Canale San Marco del gremio de buzos y la Misa de Fieles Difuntos en el Gran Canale, en donde gondoleros y pequeñas embarcaciones participarían para que cualquier lugareño pudiera llevar su linterna e iluminar el agua. El Ayuntamiento ya colocaba lámparas esféricas para ayudar en los festejos.

-En tiempo de carnaval se pone peor - recordó Maurizio Maragaglio y reconoció pronto a Geronimo en su bote. Carlota lo había llamado para evitar que los Leoncavallo pasaran mucho tiempo en la calle.

-Principessa Carlota, grazie per la chiamata. Principessa Katarina, mio amico Leoncavallo, lo lamento muchísimo - saludó el joven aquel mientras los abrazaba y hacía que el grupo abordara.

-Si necesitan algo más, no duden en pedirlo ¿Quieren ir a casa?
-Con mis padres, por favor. Reuniremos a la familia - contestó Maurizio Leoncavallo con la mirada perdida. Era complicado no sentir como se le encogía el alma.

-Vámonos - pronunció Carlota y Geronimo transitó por el pesado ritmo del Canale di Cannaregio sin mediar palabra. En ese momento, Cecilia Torn le preguntaba a la joven Liukin sobre qué hacer y ésta le recordaba que no conocía a Maurizio lo suficiente y que tal vez nadie debía mencionar el tema del funeral. El señor Maragaglio sólo atinaba a agregar que sus primos agradecerían cualquier detalle pequeño que el grupo tuviera, como unos dulces o una tarjeta y les recomendaba que fueran especialmente sensibles con Katarina, que era la más afectada.

-Si se pelea con Maurizio, apóyenla - dijo casi suplicante. El grupo lo miró sin comprender su petición, especialmente los pupilos de danza que solían contemplar varias escenas entre los Leoncavallo que les eran desconcertantes, sobretodo cuando el ánimo de Katy era juguetón.

El Canale di Cannaregio era complicado de sortear y Geronimo decidió irse cerca del borde, así terminara navegando junto a los vaporetti y esperara su turno para adentrarse en la Calle del Pignater. Eran las cuatro de la tarde y Carlota Liukin apenas reparaba en la presencia de su padre, que se limitaba a escucharlo todo y parecía sorprendido por la actitud de Maurizio Leoncavallo, que se cubría el rostro para que nadie se atreviera a dirigirle la palabra.

-Carlota, te aconsejo que no intentes nada que no sea seguir órdenes. Esta semana no va a ser buena - habló Ricardo Liukin para que su hija desistiera de seguir haciendo flores de tela. Aun así, Katarina Leoncavallo recibió la suya y ésta, más triste aun que su hermano, se aferraba a mirarlo al mismo tiempo que reprimía sus necesidades de tenerlo en sus brazos mientras frotaba la espalda de Miguel.

-Il canale è un inferno ma arrivammo - señaló Geronimo cuando pudo aproximarse a la puerta junto al farol de colores y notar que los Leoncavallo iban entrando poco a poco a aquella casa cálida. Maurizio se encontró en la banqueta con una angustiada Karin Lorenz a la que dio un beso apenas y dejó atrás y Maragaglio se colocaba en una posición en la que se aseguraba que sólo los miembros de su familia entraran a la reunión. Eso dejó claro que era el líder del clan y aguardó por Katarina, que no deseaba estar allí.

-Tengo que ir con mi hermano - murmuró ella a Miguel.
-¿Estarás bien?
-Ven mañana.
-Te esperaré.
-Regresa a casa, por favor.
-Te llamo más tarde.
-Miguel, por favor. Mañana.
-Katarina...

La chica soltó a Miguel y dio la vuelta sólo para, luego de un segundo, volver con él, besarlo torpemente y decirle "adiós". Maurizio Maragaglio cerró la puerta detrás de sí, no sin observar al grupo que estaba fuera.

-¿Qué pasó? - se preguntó Tamara Didier.
-Nada. Lo mejor es marcharnos y luego nos enteraremos - intervino Ricardo Liukin y junto a Carlota, volvió al bote. La confundida Karin Lorenz los siguió y los chicos de danza imitaron ese acto. Geronimo no tenía reparos en llevar a cada cual a su destino.

-Miguel ¿te quedas? - preguntó Ricardo y el muchacho tomó asiento en el piso, asegurando que estaría bien, que tenía algo que hacer. Aquello no convenció a nadie.

-No se preocupe, señor Ricardo. Volveré a casa más tarde - reiteró Miguel y sacó un libro para pasar el tiempo. Ante eso, los demás prefirieron marcharse.

La tarde caía en Venecia acompañada de cierto frío y la ciudad se iba vaciando mientras los Leoncavallo continuaban con una tensa charla de la que Miguel imaginaba ciertas cosas, como el sabor del café con amaretto cuyo olor llegaba a la calle o la cara de las primas políticas de Katarina, que no se relacionaban con ella. Al que no conseguía tener en la mente era a su cuñado Maurizio, cuya pena lo había sumido en un silencio que seguramente no tardó en quebrantarse.

El libro de Miguel, que no era más que una novela sobre un conejo cazado por un halcón, se terminó y el chico miró fijamente a la puerta, poniéndose de pie sin atreverse a tocarla, contando una y otra vez los cristales de colores del farol, ajustando sus agujetas de maneras diferentes, levantando sus ojos hacia la ventana de donde Katarina Leoncavallo nunca se asomaba. La Calle del Pignater no había atestiguado una paciencia tan grande y menos ver a tantos buzos pasando a molestar a un compañero en buena lid cuando lo descubrieron suspirando recargado a una pared. El cielo se iba nublando y el frío llegaba acompañado de un viento que hacía titritar. Nada perturbó a Miguel, que al anochecer se fijó otra vez en la ventana cuando una luz se encendió. Poco después el cerrojo de la puerta fue abierto y contempló a los Leoncavallo salir uno a uno, reconociéndolo y saludándolo con un sencillo "buonanotte" antes de tomar camino a Ghetto Vecchio o San Polo. Él no pudo preguntarles por Katarina debido a su timidez y pasados varios minutos, Maurizio Leoncavallo finalmente se dispuso a irse con todo y su vista al suelo.

-¿Sigues aquí, Miguel? - pronunció Maurizio con tono apagado.
-Quiero saber como está Katy.
-No creo que tenga humor de verte.
-Me quedé para que no se sienta sola.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-¿Qué hora es?
-Casi las diez.
-Tal vez ella quiera dormir. Debí ir con mi padre.
-Iré a avisarle.
-Maurizio, perdona.

Miguel abrazó a Maurizio Leoncavallo fraternalmente y este agradeció en el acto, repitiendo que su hermana necesitaba sentir tranquilidad y revelando que se hallaba en su habitación, llorando. Acto seguido, Leoncavallo fue por su hermana y su primo se apareció en la entrada, contemplando a Miguel con los brazos cruzados. Maurizio Maragaglio estaba serio y reaccionó con sorpresa cuando Katy, con los ojos cansados y el rastro de sus abundantes lágrimas, accedió a reunirse con su novio.

-Miguel - susurró la joven.
-¿Quieres caminar?
-¿Nos podemos ir?
-¿Dónde vamos?
-A donde me sienta sola.

El chico rodeó a Katarina y partió con ella rumbo al Porto di Venezia, vacío por la hora. Maurizio Maragaglio quiso detenerlos pero su primo Leoncavallo tocó su hombro para que no interviniera.

Así fue como Katarina y Miguel tomaron una calle hacia al norte, solitaria, sin luz, junto a un canal que formaba remolinos. El puerto era hermoso cuando estaba en soledad, se constataba aunque se viera de lejos. La noche mostraba un sinnúmero de estrellas y la joven, que nunca volteaba a contemplarlas, se preguntó que las volvía tan especiales. De repente se contemplaba alguna rara góndola con una pareja a bordo en un paseo nocturno o una lancha de inspección iniciando una jornada de trabajo muy larga.

-Katy ¿hay algo que pueda hacer por ti? - inquirió Miguel cuando sintió el silencio profundo. Ella se detuvo y a dos escasas esquinas del puerto, decidió desviarse a una calle con una fuente seca y sentarse dentro de ella.

-¿Por qué no fuiste a casa? .
-Katy...
-¡Te pedí que lo hicieras!
-Creí que te escaparías.
-¡No iba a dejar a Maurizio!
-Katarina, perdona.
-Pero él no me dejó abrazarlo ni decirle que no quise hacerle daño a Jyri.
-Sabe lo que sientes.
-Siempre me aleja.
-Para que no sufras, estoy seguro.
-Sólo quiero estar a su lado.
-No llores más.
-¡Me duele que Mauri no se abra conmigo! Tengo miedo de perderlo.
-No lo harás.
-Nunca dejó de pensar en Jyri.
-¿Qué quieres decir?
-Ni siquiera se acordó de que yo estuve junto a él todo ese tiempo.

Katarina había resumido lo sucedido en la reunión familiar y la imagen llegó a la mente de Miguel sin problemas: Maurizio Leoncavallo charlando del pasado y sus culpas, los demás platicando donde habían estado esa tarde de siete años atrás y cómo se habían enterado del incendio; la pésima crónica de Maurizio Maragaglio del velorio en donde amablemente arrojaron al primo a la calle en medio de resentimientos; un "si Katy no se hubiera salido sin avisar" y al final ella, en un rincón, siendo ignorada por los demás. Y es que los Leoncavallo no recordaban la otra mitad de aquella historia, con Katarina arrodillada en la capilla del hospital mientras la familia Cassavettes la humillaba y Maurizio defendiéndola un momento para luego hacerla a un lado y desvivirse por Jyri.

-No sé por qué no tengo fuerzas para irme si Mauri está cerca de mí - confesó Katarina.
-No estaríamos aquí.
-Miguel, dime que me quieres mucho.
-Te quiero mucho.
-Dime que todo estará bien, que Mauri será el mismo de siempre.
-Todo estará bien.

La chica apretó a Miguel con tanta fuerza, que lo derribó y él respondió con un beso largo, del que Katarina no quiso desistir. Ambos habían desconocido una experiencia similar pero poco a poco, la sensación de juntar sus labios se volvía más confortable.

-Llevamos tres días juntos - recordó ella cuando se apartó para respirar.
-¿Qué puedo hacer para no verte triste?
-Nada.
-Katarina ¿por qué quisiste venir?
-Para hacerte compañía.
-Era lo mismo que yo quería para ti.
-¿Cuánto me esperaste, Miguel?
-Desde que entraste a tu casa.
-Fue bastante tiempo.
-Debemos volver.
-No puedo.
-¿Por qué?

Katarina no dijo más y se recostó mirando hacia arriba.

-¿Te gustan las estrellas? - preguntó él, regalándole un beso en la frente.
-No mucho.
-Son bonitas.
-Nunca han llamado mi atención.
-Siempre traen sorpresas.
-Quizás no miro al cielo.
-Tienes suerte porque hoy se ven todas las que existen.
-Eso es mentira.
-Pueden hacer lo que quieras.
-¿Como figuras? Mauri jugaba a unir los puntitos cuando yo era niña.
-Puede ser ¿qué te imaginas?
-Eh ¿"Katy"?

Miguel sonrió y con sus dedos comenzó a trazar en el aire aquella palabra en manuscrita que luego apareció en el cielo.

-¿Es mi nombre? ¿Es magia?
-Tu nombre hecho con estrellas.
-¿Eres ilusionista?
-También te dibujo, observa.

El muchacho movió sus dedos otra vez y un retrato de Katarina Leoncavallo se formó ante los ojos incrédulos de ella.

-¿Dónde aprendiste a hacer eso?
-Siempre lo hago.
-¿Quién te enseñó? ¡Serías un mago famoso!
-No es magia, Katy. Es real.
-Es que no es posible.
-¿Qué es lo que más te gusta ver?
-El farol de mi casa.
-Concedido.

Las estrellas se movían como si danzaran y Miguel plasmó un farol idéntico al de la Calle del Pignater, dejando a su novia boquiabierta.

-¿Estás contenta?
-¡Es hermoso, Miguel!
-Y no es lo único que verás.

Katarina Leoncavallo giró a su costado derecho y se encontró con los ojos de Miguel, que parecían halagarla.

-¿Conoces el polvo de estrellas?
-¿Es otro truco?
-Es lo que cae del cielo.

En Venecia comenzó una fina lluvia con polvo dorado que se amontonaba en las esquinas, cornisas y balcones; que se reflejaba en las ventanas y cubría los canales sin perder su bella luz. La gente comenzó a salir de sus casas, de los bacarí, de los hotales, constatando que las estrellas parecían estallar y caer sobre ellos de esa forma tranquila. En cualquier rincón había niños jugando, parejas que decidían tomar el paseo, mascotas felices; los fantasmas de Venecia agarraban polvo para hacerle futuras bromas a los vivos y los ángeles de la guarda se alegraban ante tal demostración de poder celestial. Maurizio Leoncavallo, en su ruta lenta hacia Castello, se quedó frente al Canale di Cannaregio, completamente asombrado y por unos momentos, olvidando su tristeza y a Jyri.

Pero ese movimiento era ajeno a la insólita soledad de la fuente seca a dos calles del puerto. Katarina Leoncavallo y Miguel Ángel Louvier también se cubrían del polvo de estrellas e intercambiaban breves caricias en sus mejillas mientras sus ojos se iban cerrando. Él la cubrió con su suéter antes de darle las buenas noches y ella, en agradecimiento, le colocó su cabeza en el pecho, sin evitar sonreír por tan maravilloso instante.

-Soy un arcángel, Katy. Por eso puedo mover las estrellas - susurró Miguel al cabo de un momento y cayó rendido luego de besar a Katarina en la nariz.

lunes, 21 de mayo de 2018

Gwendal, debes saber esto (Gwendal, te amo. Tercera parte)


París.

La noticia sobre Carlota y su victoria en la Murano Cup fue ampliamente difundida en Francia. No había canal que no le dedicara unos minutos ni presentadores de televisión que no le halagaran. Al contrario de lo que el lector podría pensar, el general Andrew Bessette no se hallaba detrás de esta publicidad. No es de extrañar que los franceses amasen tanto a Carlota Liukin que necesitaran verla con frecuencia y se preguntaran a menudo a dónde había ido. En París, su presencia hacía tanta falta que Montparnasse e Ilê de la cité eran deprimentes barrios sin ningún color.

-Yo también la extraño - admitió Judy Becaud desde la barra de su bistro mientras peleaba por no caer rendida de sueño. Tenía poco más de trece semanas de embarazo y su vientre comenzaba a notarse debajo de sus vestidos azul pálido.

-Pero vendrá en noviembre y ya compré mis boletos - le replicó Anton Maizuradze, presumiendo.
-Tamara me invitó, no sé si podré ir.
-Anda con el bostezo.
-La doctora me dijo que es normal.
-Si quieres te ayudo con el servicio.
-Gracias, Anton, pero estaré bien. Ve con tus amigos, les hice pescado.
-¿El frito con almendras?
-Le diré a Cumber que te lo lleve.
-¡Gracias Judy!

La mujer sonrió y bostezó de nueva cuenta antes de ver entrar a varios clientes y contemplar a Gwendal Liukin - Mériguet entre ellos. Era la primera vez que lo veía solo desde que se había enterado de su relación con Viktorya Maizuradze e intrigada, se aproximó a él luego de ordenar la comida de Anton.

-¡Judy! Bonsoir ¿cómo estás?
-Bien, trabajo ¿y tú?
-Toma asiento, por favor.
-Merci... No me has dicho nada.
-Disculpa ... Estoy bien, también trabajo.
-¿En qué?
-En un evento de snowboard en Charmonix; mi socio reporta que avanza rápido.
-Todo lo haces por computadora, lo había olvidado.
-Viva internet.
-¿Gustas ordenar algo? El formule trae minestrone, pescado con almendras y copa de uvas verdes con chantilly.
-¿Puedo tomar el postre? Comí en casa con mi novia.

Judy respiró hondo y llamó a un mesero para pedirle, además de la copa, un vaso grande con agua. Su sonrisa se había borrado.

-¿Cómo está Jean? - siguió Gwendal - Supe que lo contrataron en Le parisien.
-¿Quién te dijo?
-Él cuando lo encontré en la calle ¿no te contó, Judy?
-Tal vez no presté atención.
-Ayer compré ese diario por primera vez en mi vida.
-Seguimos fieles con Le monde en esta familia.
-Creí que coleccionabas la obra de tu marido.
-Me regala los manuscritos originales.
-Eso tiene mucho valor.
-Y ahorro una fortuna en papel.

El mesero volvió con la orden de Judy para alivio de ésta.

-Me da pena usar mi cuchara ¡qué linda copa, Judy!
-Gracias, Gwendal.
-Reconocería cualquier cosa que tú hicieras... Apuesto a que colocaste cada uva con palillos.
-Acomodarlas me tomó tres horas pero dejé macerar las uvas una semana con licor de menta.
-La crema también es de tus recetas.
-¿Qué dices?
-La comí tantas veces en Tell no Tales que me sé su sabor a mantequilla.

La señora Becaud sentía sus mejillas encenderse y sostuvo los dedos de Gwendal entre los suyos espontáneamente.

-Tengo novia.
-Lo sé.
-El teniente Maizuradze me mataría si se entera.
-Gwendal, perdón por el ladrillazo.
-¿Todavía te acuerdas?
-Me volví temporalmente loca.
-Judy...
-Aun no te perdono por lo de Daria.

Gwendal pasó saliva y soltó a Judy.

-Era mi novia - prosiguió él.
-Me ilusioné como una tonta.
-Lo siento.
-¿Por qué hiciste eso?
-¿Hacer qué?
-Acostarte con ella luego de nuestra cita.
-No lo sé.
-¡Gwendal!
-Honestamente, no creí que podrías dejar a Jean.
-Ahora sabemos que lo correcto es que siempre me quede con él.

Gwendal se sintió un poco apenado y puso su rostro más serio.

-Pero ya pasó, tú estás con Viktorya - prosiguió ella.
-Vivimos juntos.
-Supe que es gimnasta.
-Entrena ocho horas.
-¿Es buena?
-Tiene más medallas de las que puedo contar.
-¿Estás enamorado, Gwendal?
-Tal vez.

A Judy no le gustaba la respuesta.

-Es una chica muy agradable - continuó él.
-¿Cómo la conociste?
-En Hammersmith, buscando café en el aeropuerto.
-Tienen poco tiempo, creo.
-Cuatro meses.
-¿No es pronto para que compartan una casa?
-Lo acordamos desde el inicio. Nos necesitamos, parece.

Gwendal sonaba vacilante y Judy lo miraba con la certeza de que había decidido visitarla por curiosidad.

-Me alegro por ti, Viktorya es muy linda.
-Gracias.
-¿Ahora te atas el cabello, Gwendal?
-Por ti, lo desato.
-¡No! Jajajajajaja.
-Te gusta más así.

La señora Becaud se quedó sin habla mientras los rizos de Gwendal se acomodaban y algunos descansaban sobre sus hombros.

-¿Ves? Te agrado más.
-No es cierto, Gwendal.
-Siempre jugaste con mi cabeza.
-Tú sabes que nunca pasó.
-Pero habrías querido.
-Pareces un leoncito.
-Mis admiradoras dicen lo mismo.
-No seas arrogante.
-Te hice reír.
-Gwendal, no te sientas especial.
-¿Por qué no?
-Anton también me alegra el día.
-No es lo mismo.
-Pero es más lindo que tú.

Judy no se sentía en control de la situación por breves segundos. No decidía entre levantarse y dejar a Gwendal o permanecer allí, sin decir gran cosa. Sabía que él se percataba de ese dilema.

-Extrañaba charlar contigo - confesó él.
-Qué bien...
-¿Viste a Carlota?
-¿Qué?
-A Carlota, patinando.
-¡En su competencia! Me alegró que ganara.
-¿Conoces a su coach? Creo haberlo visto en algún lado.
-Fue el que tiró a la Fusar Poli.
-¡Oh, de ahí! Jajajaja, nadie ha olvidado eso.
-No te burles, Gwendal.
-Es que no lo conozco.
-Tamara ha de saber más.
-Mejor paso.
-¿Sucede algo?

Desconcertada primero porque Gwendal cambiara el tono de la conversación y luego por su visible irritación si le mencionaban a Tamara, Judy eligió retomar la conversación con la joven Liukin de excusa.

-Pero Carlota se ve contenta y es lo que importa.
-Haguenauer hizo los programas, Judy.
-¿De verdad?
-La vi entrenar antes de mudarse.
-Quien pudiera ir a Venecia.
-Podemos visitarla en Navidad.
-No podré viajar en esas fechas.
-Un poco antes, entonces.
-No creo que Jean quiera.
-Vamos tú y yo.
-Gwendal, no aceptaré eso.
-¿Por qué no? Tomamos el tren, nos quedamos un día por allá y volvemos.
-¿Sin Viktorya ni Jean?... Olvídalo.

Judy se incorporó con molestia y se apresuró a refugiarse delante de la estufa para recordar que Gwendal era un cretino. Cumber la esperaba con los brazos cruzados.

-Usted terminó con ese idiota.
-Cumber, déjame sola un momento.
-Le recuerdo que Viktorya es mi hermana.

La señora Becaud miró a Cumber con tristeza.

-Lo siento ¡no se repetirá! - aseguró ella.
-Dios santo, va a llorar.
-Es que no esperaba verlo.
-Si tanto le gustaba ese idiota, se hubiera ido con él.
-No puedo confiar en Gwendal.
-¡Entonces aléjese!
-Cada que lo intento, él se vuelve a acercar.
-Siéntese señora.
-¿Qué?
-Gwendal es el novio de mi hermana.
-Ya entendí.
-¡Entonces se queda en la silla y si se vuelve a acercar a ese imbécil, me la paga!
-Me espantas.
-La verdad espanta, señora.

Cumber estaba tan molesto que se aproximó a Gwendal enseguida con mal talente. Judy se quedó a espiar desde su silla.

-Hola, Cumber.
-Gwendal, lo pondré así: Eres un imbécil y más te vale no aparecerte por aquí mientras estés con Viktorya. A diferencia del señor Becaud o de mi padre, yo te reviento los sesos... Algo más: Engañas a mi hermana y te juro que sudas sangre antes de que te saque los malditos sesos. Lárgate.
-Por fin ¿reventar o sacar?
-Ambas.
-De acuerdo, me voy. Sólo quiero la cuenta.
-Cortesía de la casa.

Gwendal reconocía cuando una pelea iba en serio y Cumber no jugaba a pesar de no ser particularmente amenazante. Amy, David y Anton permanecían a la distancia, suponiendo que tal encuentro no acababa peor porque estaban presentes. A Cumber no le gustaba enfrentarse a golpes con niños viendo.

Los siguientes días fueron fríos y Judy Becaud realizaba sus compras en el mercado de aves y carnes de la ciudad mientras pensaba seriamente en Gwendal. Aunque no quería, la tentación del "hubiera" la tenía invadida y una mañana, al tomar el metro rumbo a casa, tomó una decisión que se arrepentía de no hacer antes.

Recordando como llegar a la Rue de Solferino, la señora Becaud sorteó una lluvia muy fuerte que la dejó con apariencia de fuente al cabo de unos minutos. Le preocupaba enfermar o tener un accidente porque sus zapatos volvían a jugarle una mala pasada y sentía resbalar mientras corría pero se mantuvo en pie, al menos hasta llegar a la reja siempre abierta de la casa de Viktorya Maizuradze, que acababa de irse sin una razón especial. Judy batalló para despegar sus rodillas del piso y atravesó la entrada hasta una puerta pequeña y cerrada a la que llamó sin saber qué esperar. Sus pies se llenaban del pasto del jardín.

-¿Judy? - se sorprendió Gwendal al abrir.
-Hola, perdón por venir así.
-¿Por qué no llamaste?
-No tengo un teléfono.
-Es cierto... Pasa, no te quedes ahí.
-¡No!
-Te resfriarás.
-Gwendal, he venido a decirte que...
-¿Cómo encontraste esta casa?
-Le pregunté a Anton.
-Disculpa la pregunta.
-Está bien.
-¿Estás segura de que no deseas entrar?
-¡Quiero ir a Venecia contigo!
-¿A dónde?
-¡A Venecia, a Roma, a donde quieras!
-Judy, ven a abrigarte.
-¡Claro! ¡Te he traído un emparedado!

Judy entró en la casa y luego de atravesar el fregadero y la diminuta cocina, apretó a Gwendal con dulzura. Este correspondió besando su mejilla.

-Judy - suspiró él.
-¡Vámonos ahora porque empiezo a arrepentirme y no quiero!
-No puedo, tú tampoco - respondió él, mirándole el vientre.
-¡No me importa! Perderé mi casa en el divorcio de todas formas y yo sé que Cumber y Jean se harán cargo del bistro.
-Yo creo que te estás apresurando.
-¿No hablabas en serio cuando dijiste que iríamos a Venecia?

Gwendal pasó saliva y tomó la mano de ella.

-¿Nunca volveríamos?
-Jamás - declaró Judy en medio de un remordimiento.
-Vika me importa.
-Bien, no te preocupes, me marcho.
-Vámonos.
-¿No estás jugando?
-Tal vez alcancemos un tren directo.
-Estoy empapada.
-Conseguiremos un vestido. Puedes ponerte mi ropa.
-Gracias.
-Se arruinó tu canasta.
-El sándwich ahora es un asco.
-Conseguiremos el desayuno en el tren.

Judy sonrió y corrió a cambiarse mientras él comenzó a realizar algunas llamadas para hallar un hospedaje y tomó su computadora para poder trabajar en Venecia lo más pronto posible. También revisó el bolso de Judy, topándose con que ella había meditado mucho porque su pasaporte estaba protegido por su cartera y también llevaba dinero.

-¿Estás lista?
-Tu camisa me queda grande y tu suéter parece un batón.
-Te ves linda.
-¿Qué crees que piense Viktoriya?
-¿Qué crees que piense Jean?
-Me retractaré si no nos marchamos ahora.
-No volveré a dejarte ir.

Gwendal estrechó a Judy y besó sus labios coral por primera vez, conmoviendo a esta y sujetando su mano para hacerla sentir segura. Judy lo siguió de inmediato, olvidando la evidencia en la casa y abordando un taxi rumbo a Gare de Lyon. El tren directo a Venecia salió con ambos a las ocho de la mañana.

La tardanza de Judy no ocupó a nadie hasta las diez, cuando Cumber se vio obligado a abrir la puerta del bistro y notar que los ingredientes del menú estaban incompletos. Llamó a Judy Becaud por el edificio y preguntó en la Rue de Poinsettia si alguien la había visto. Tentado de llamar a Jean Becaud y preguntar, Cumber optó por recorrer algunos centros gastronómicos cercanos en París sin resultados y cuando creyó que sucedía algo grave, dio con la respuesta de un vendedor de pollo en el mercado de aves, indicándole que la señora Becaud se había presentado a las siete de la mañana y en lugar de llevarse una mercancía encargada, había comprado un sándwich y se había ido a toda prisa corriendo en la lluvia.

-¿Paso algo más mientras estaba aquí? - inquirió Cumber.
-Se veía nerviosa, supongo que por el bebé.
-¿No traía un paraguas?
-Lo dejó aquí ¿le ha ocurrido algo?
-A lo mejor fue al médico.
-Oye ¿van a querer el pollo?
-¿Podría apartarlo para mañana?
-Como quieran.

Cumber se hallaba confundido y en su cabeza no había algún recuerdo que resaltara por su rareza. Quiso seguir buscando e incluso tenía esperanza de que ella volviera a casa pero la llamada de Vika le aclaró las cosas.

-Cálmate, no puedo hablar con una histérica.... ¿Cómo que Gwendal se fue? Gobiérnate... ¿Encontraste qué? ¿un sándwich?.... ¿Vestido de flores naranjas y ballerinas? ¿En el piso?... ¿El imbécil se llevó la computadora? ¿Su amigo te preguntó por ...? ¿Hospedaje en Venecia? ¿No encuentra lugar?... Voy a verte... ¿Cómo que fuiste al bistro? No hemos abierto ¿creíste que ese idiota nos había ido a visitar?

Cuando el chico oyó "es que el vestido tiene bordado "Judy" en la etiqueta", lo único que ideó fue reunirse con Viktorya en Gare de Lyon y pedirle que llevara los papeles que le ocultaba a Gwendal mientras buscaba el momento oportuno de mostrárselos.  Ni Judy ni Gwendal iban a reírse de los Maizuradze.

Más tarde, Judy Becaud disfrutaba las vistas de Italia y se preguntaba por qué a Gwendal le gustaban los trenes rápidos. Quizás por ese encanto de primera clase que ella apenas conocía. En la boutique del vagón siete ambos habían encontrado un lindo vestido rojo de botones al frente y cuello de muñeca junto a un sombrero que ella lució enseguida mientras él le contaba sus planes: Dar un paseo en góndola, visitar la Piazza di San Marco, comer algunos bocadillos en el Caffè Florian y pasar la noche en el hotel Canada Venezia junto al Ponte di Rialto. Luego habría tiempo de buscar a Ricardo Liukin y de rentar algún lugar pequeño para empezar a establecerse. Todo parecía más fácil que en un sueño y con Gwendal se antojaba tan real que la señora Becaud olvidó su gran culpa por un momento y al dar las trece horas, descendió ilusionada con lo que seguiría. La estación de Santa Lucia estaba llena de turistas que iban y venían, de columnas doradas y el techo pintado a mano. Al salir, el Canale di Cannaregio la dejó sin habla y caminar hacia la derecha en búsqueda de un gondolero amable prácticamente la hacía llorar. A donde volteara, Venecia parecía un cuadro en el que la gente se había metido a vivir y se preguntó si los Liukin habían sentido lo mismo. Cuando su góndola zarpó rumbo al Gran Canale, comenzó a oír canciones populares y sentir el romance en todo su esplendor. Gwendal, no obstante, prefería observarla a ella y decirle cosas como "ahí es Ghetto Vecchio" o "creo que ese es un Palazzo" aunque lo ignorara. Estaban tan distraídos que no repararon en que Carlota, Tamara, Haguenauer y algunas personas más pasaban junto a ellos a la altura de San Geremia con dirección a la estación del ferrocarril. Tampoco se dieron cuenta de que Adrien Liukin parecía reconocerlos desde Calle Priuli Ai Cavaletti. El ensueño era tan grande, que nada podía impedirles disfrutar su primer día juntos.

Pasaron dos horas y otro tren veloz, proveniente de París y que había hecho escala en Turín arribó al hangar de Santa Lucia. De él saltaron Vika y Cumber abruptamente y corrieron rumbo a la calle, no sin evitar que Carlota Liukin advirtiera de ellos y no resistiera el querer saludarlos.

-¡Vika! ¿Cómo has estado?
-Bien ¿estás llorando?
-Es un día difícil.
-También el mío.
-Trajiste a tu hermano.
-¿No viste pasar a Gwendal?
-¿Gwendal vino a Venecia?
-¿No has sabido nada?
-Él no sabe que vivo aquí.
-Tu amiga Judy le dijo y al parecer vinieron juntos.

Tamara Didier, que escuchaba atenta, se abstuvo de mencionar cualquier cosa y pensó "¿Judy con Gwendal?" sin intentar imaginarse algo. Bastaban la desesperación de Vika y el mal talante de su hermano para creer a ciegas de qué se trataba aquello y deseó que la señora Becaud no fuese capaz.

-Nos hospedamos en el hotel Florida, si necesitas quedarte en un lugar - prosiguió Carlota.
-Sé que Gwendal los buscará - afirmó Viktorya.
-Puedes quedarte a esperarlo ahí.
-Me urge encontrarlo ¿crees que haya ido a otro hotel?
-Tal vez haya ido a San Marco, es el primer lugar a donde todos queremos ir.
-¿De verdad?
-Es en serio, puedes tomar el vaporetto en San Geremia, no está muy lejos.
-¿El qué?
-Un bote.
-¡Vika, olvídalo! Llamé al primo Novak - intervino Cumber - Él nos lleva a donde se nos pegue la gana.
-¿Tienen un primo en la ciudad? - curioseó Carlota sin obtener respuesta. Vika alcanzó a decirle "adiós" y se alejó corriendo junto a su hermano.

Mientras tanto, Judy Becaud y Gwendal Liukin contemplaban San Marco desde la comodidad del interior del Caffe Florian, en una sala de paredes doradas y varios espejos. El bullicio, la cotidianeidad, quedaban afuera, con los turistas que deseaban entrar y por el cargo extra preferían la mesa exterior que era más barata. Por ello, la pareja en fuga disfrutaba su soledad y ella había perdido la cuenta de los besos en los labios, en las mejillas, o en su nariz; las veces que él aspiró su perfume o contemplaba sus manos como si quisiera decirle el futuro. .

-Es muy aburrido.
-Quizás falte algo aquí dentro.
-¿Qué podría ser, Judy?
-Una ventana más grande y una música más alegre.
-Pero podemos hablar.
-He pensado que podríamos abrir un bistro aquí. Mi sopa de tomate sería un éxito.
-Tendríamos una dura competencia.
-Entre tantos bocadillos encontrar alguien que alimente, le encantará a Venecia.
-O podríamos invertir en tus postres.
-¿No te gustó el pastel de queso?
-No supera el tuyo.
-Tampoco la tarta de limón.
-Judy ¿te divorciarás?
-Jean... Jean no me quiere, la decisión me resulta fácil ahora.
-¿Quieres que nos casemos luego?
-Sería hermoso, Gwendal.
-Tendremos familia desde el inicio.
-En veintiséis semanas serás papá.
-Jean querrá ver a los niños.
-Dudo que le interesen. David sigue dándole igual y viven juntos.
-Entonces habrá unos nuevos gemelitos Liukin.
-¿Por qué no nos atrevimos antes?
-Quizás encontramos el lugar perfecto hasta hoy.

Ella sonreía mientras sus nuevas convicciones, poco a poco, comenzaban a ponerla insegura. Al acabarse el postre, lo primero que pensó fue "¿qué le estará dando de comer Jean a David y a Amy"? y en el recibo de luz que a lo mejor habían olvidado o tirado. Gwendal no lo advertía pero ella pronto observó su pulsera con una cruz y pidió que Dios le diera una señal. Ella, que había creído en el amor eterno, en los matrimonios duraderos, en la fidelidad absoluta y la sinceridad frontal, era la misma que había optado por escaparse, por intentar ser feliz con un hombre distinto. Para una religiosa convencida, eso es dar un paso en el que no se sabe si es para retroceder o avanzar. Quizás por ello, cuando la visita al Florian acabó, caminó por el barrio San Marco sin decir nada, acaso sonriendo con el viento que agitaba la melena de Gwendal en las callecitas que iban encontrando y en los canales diminutos que se logran ver apenas porque no hay puentes ni banquetas. El paseo los llevó hasta la gelateria "Il dolce d'oro" mientras esquivaban a una multitud y luego de ver la filmación del frente, se toparon con Tennant en la entrada. En el negocio no habían clientes.

-¡Judy!
-Hola, Tennant. Gustosa de verte ¿cómo has estado? ¿Trabajas aquí?
-Estoy desempleado pero cubro al señor Ricardo en lo que vuelve del tren.
-¿Él siempre está aquí?
-¿Quieres probar su sorbete de fresas?
-Estaría encantada.
-Enseguida... Hola Gwendal.

Que Tennant fuera tan distante con Gwendal tal vez era el signo que Judy esperaba e ingresó en la gelateria con un gesto que delataba su confusión.

-¿Pendientes en casa? - prosiguió Tennant, ya en el mostrador.
-Es que vine por ustedes.
-Ajá ¿rodaja de limón?
-Por favor.
-¿Estuviste turisteando?
-¿Se nota?
-Nunca te había visto con Gwendal.
-Él y yo...
-Se gustan, cualquiera se da cuenta. Dejaste a tu marido y no quieres arrepentirte pero esa pulsera ya te dejó una marca.
-¿Hago bien?
-¿Cómo saberlo?
-Gwendal y yo hemos hecho planes o algo así.
-No sueñes.
-¿Mmh?
-Siéntate y quédate en blanco. Es malo pensar cuando se toma una decisión tan fuerte.
-Ay, Dios. Jean es capaz de alimentar a los niños con cereal.
-Precisamente por eso apaga el cerebro. Te fuiste, no hay vuelta atrás ¿o sí?

Tennant sirvió a la señora Becaud su ración de sorbete y por su experiencia de cantinero, sabía que ella buscaba un pretexto para no regresar y otro más para hacerlo. No esperó mucho para recibir su propia señal.

En el lado opuesto de la calle, Vika y Cumber parecían pelear porque su primo Novak no se hallaba en la ciudad y en su lugar, su prima Viktorette los había despachado sin contemplaciones. Desesperados ambos por no saber donde buscar y por no entender el idioma, se veían así mismos extraviados y deshidratados hasta que Cumber volteó y reconoció a Gwendal fumando en la puerta de "Il dolce d'oro". Para no perder el tiempo, él y su hermana se arrojaron al canal en lugar de correr al puente y el mismo Gwendal les ayudó a salir aunque la reacción de Vika fue la de llorar sin poder decir nada.

-¡Te lo advertí, imbécil! - se lanzó Cumber atacante y un veloz Tennant lo detuvo apenas.

-Si lo vas a matar, que no sea aquí - sentenció Tennant y el otro chico llamó a Judy en el acto.

-¡Señora Judy! ¿No va a darnos la cara? ¡Ya nos tomó por idiotas! ¡Tenga el valor de aceptarlo enfrente de nosotros!

La señora Becaud no tenía ánimos pero se dio valor y se aproximó a Cumber con la cabeza baja.

-Le pedí respeto por mi hermana.
-Cumber no tengo palabras...
-No tiene vergüenza.
-No seas tan duro.
-¿No? ¡Mi hermana esta triste por culpa de ustedes dos, señora!
-Vika, lo siento mucho.
-Le dije que me la iba a pagar.
-Cumber...
-¡Vika! ¿Por qué no hablas con el imbécil de tu novio? A lo mejor estos papeles le dan una lección.

El chico extendió un sobre de plástico a su hermana y esta, con la lengua paralizada, lo sostuvo para luego apartar a Gwendal hacia la esquina. Judy se quedó a la expectativa y Tennant en silencio.

Los ojos de Vika reflejaban, no tristeza, sino temor. Anhelaba expresar que amaba a Gwendal pero el secreto en los papeles era más importante y por las consecuencias, no quería dárselos ¿Él huiría o golpearía su rostro, se derrumbaría o se tiraría al Gran Canale después de una comprensible borrachera? ¿Gritaría o entraría en negación? Él ya tenía cara de pánico con el sobre.

-¿Son los resultados que le pedimos a tu padre?
-Llegaron hace unas semanas, Gwendal.
-¿Por qué no me los diste?
-¡Porque tengo miedo!
-¿No fue sólo una prueba?
-Ayer llegó una extra y te la escondí, perdón.
-Al diablo, quiero saber.
-¡No te portes así!

Gwendal abrió el sobre y sacó el contenido para buscar los últimos párrafos.

-¿Probabilidad de 99%?
-Cálmate - suplicó Vika.
-No es lógico ¿se equivocaron?
-Hicieron cada prueba tres veces. Mi papá perdió todos sus favores en el ejército con esto.
-Si Lorenzo es... Entonces yo soy...
-¿Vas a decirle a Judy quien es su padre?
-¡Vika!

Gwendal apretó a la joven con fuerza y comenzó a suplicarle disculpas de rodillas, a besarla, a prometerle que no le fallaría otra vez. Judy en su lugar sintió como si le clavaran un cuchillo y Tennant y Cumber la sostuvieron para evitarle el desmayo.

-Vayamos a casa, señora. Esta aventura tiene punto final - dijo Cumber y la deshecha Judy lo siguió de nuevo hasta la estación del tren. El asombrado Tennant prefirió ya no ver aquella situación tan penosa.

El tren rápido de Venecia a París había partido a las cuatro y el de las cinco era de marcha lenta, lo que aseguraba que Judy Becaud pasaría un día entero fuera de casa. Las mismas personas que se hallaban en la estación de Santa Lucia se habían ido, los vagones se antojaban semivacíos.

-¿Esa era tu venganza, Cumber? - murmuró.
-No me quejo... Salió mejor de lo esperado.
-¿Sabías que Gwendal volvería con Vika si la tenía enfrente?
-Me da pena por usted pero el imbécil no va a cambiar.
-¿Por qué le permites estar con tu hermana?
-Porque la necesita y la ama.
-Cumber...
-Me enteré de lo que le hizo Gwendal a usted la primera vez.
-¿Qué supiste?
-Odio mi memoria porque se queda hasta lo que no me gusta.
-Dime.
-Gwendal la enamoró, tuvieron una cita increíble y durmió con otra que también era su novia ¿se da cuenta?
-¡Quiero llegar a casa!
-Gwendal no la quiere.
-¡Cállate!
-Jean Becaud será un cretino pero no la abandona así.
-No digas nada.
-Afróntelo. Cuando fueron pobres, el señor Becaud nunca se permitió que usted durmiera en la calle o dejara de comer y falsificó su firma para darle un lugar donde vivir. No le agradan los niños pero basta con que usted reciba a David y Amy para que él los deje pasar y con su embarazo...
-No desea a los gemelos.
-Pero está arreglándoles la habitación.
-¡No lo quería abandonar!
-Gwendal sólo buscaba una admiradora y la trató como tal. Adivinaré: ¿Besos, palabras bonitas, abrazos y mimos? ¿Ilusiones que parecen sencillas? Predecible. Bien, yo no sé si Jean Becaud la ama pero la diferencia es que piensa en usted ¿Le lleva el desayuno a la cama cada viernes? Aunque discutan, él no falla con eso ¿Flores cada jueves? Sin falta ¿Ir a misa el domingo aunque se duerma? Adelante ¿Quiere ir a algún lugar? No la detiene ni pregunta y no empezará mañana.

Judy traía el arrepentimiento oprimiéndole el pecho y deseaba arrancarse el vestido para no traer nada de Gwendal consigo. Se sentía humillada y comenzó a rezar como penitente mientras Cumber ideaba una historia qué contar si su jefe sentía que necesitaba explicaciones. El retorno a París tendría escalas en Mónaco y en Niza y por tanto, existía mucho tiempo para inventarla. Casi podía ver a Judy siendo amorosa y relatando una fallida visita a Venecia con un souvenir y un botón de la gelateria "Il dolce d'oro" mientras su marido disimulaba la desconfianza.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El duelo por quien se ha ido.


4:30 am.

-Jyri! Dov'è? - preguntó Maurizio Leoncavallo cuando una de las hermanas de Jyri Cassavettes salía del Ospedale Maggiore di Milano. La mujer le tocó el rostro.

-Lei non poteva più aspettarti.
-¿Qué ocurrió? ¡Ayer en la mañana estaba bien!
-Tuvo un paro.
-Debí venir antes.
-Te llamamos porque Jyri nos lo pidió pero no te engañes. Ella nunca quiso que la vieras y por favor, no te presentes en el funeral.

Maurizio Leoncavallo miró al suelo y su primo, Maurizio Maragaglio, sólo atinó a colocarle una mano en el hombro que se transformó poco después en un abrazo. Leoncavallo sólo podía llorar mientras trataba de no culparse ni lamentarse. Jyri Cassavettes se habría arrojado al vacío si él hubiese insistido en quedarse, esa era realidad comprobada. Quizás aquello también logró motivarla a escribir torpemente el nombre de Maurizio Leoncavallo, para hacerlo llegar cuando no hubiera remedio y entendiera que la insistencia de preguntar por ella paraba de golpe. El Diablo tenía razón cuando afirmaba que el amor de Leoncavallo por Cassavettes era inagotable; el de Jyri por él en cambio, a fuerza de silencio, se acabó.

La memoria de aquel día cruel en Milán, siete años atrás, fue una repetición infinita en la mente de la mujer mientras su agonía se concretaba junto a su determinación de llevarse el secreto sobre la persona causante de su sufrimiento. Jyri Cassavettes anheló pensar "Katarina, ganaste" en su último respiro y reconoció que no se había enfrentado a una hermana celosa, sino a una mujer enamorada jugándose la última carta.

-Nunca debí irme - se lamentó Maurizio Leoncavallo.
-Mauri, lo siento - respondió Maragaglio.
-¡Abandoné a Jyri aquí!
-Ella te echó y seguiste con tu vida.

A Maurizio Maragaglio tampoco le sentaba bien aquella noticia y se colocó junto a su primo cuando a este le dio por cubrirse la cara y sollozar en silencio, como si no quisiera molestar a nadie. En el fondo, Maragaglio se preguntó si alguna vez ambos habían podido hacer más por Jyri y luego pensó en su prima Katarina.

-Volvamos a casa.
-¡Necesito ver a Jyri!
-Mauri, no somos bienvenidos - reiteró Maragaglio.
-Ella me hizo tomar el tren.
-Llegamos tarde.
-Si no me quisiera cerca...
-¿Cómo le dirás a Katy?
-¡Por Dios, Katy!
-Tranquilo, yo me encargo.
-No sé si ella pueda con esto.
-No fue su culpa, Mauri.
-Si no se hubiera escapado...
-¿Cómo iba Katarina a saber que Jyri tendría ese accidente? Reclámame a mí porque no arreglé a tiempo la luz pero no a tu hermana que fue a comprar un gelato a escondidas.

Y vinieron más memorias: Katarina y Jyri nadando juntas en el lago de Como, la propia Jyri obsequiándole a la entonces niña un brazalete de la amistad, una práctica juntas en la que Katy había deslumbrado con sus saltos y por derrotar en el hockey a su primo. Todo esfumado en el primer día de otoño, cuando la señorita Cassavettes se ofreció a cuidar a Katarina y ésta última, enredada y devastada por su enamoramiento apasionado de Maurizio Leoncavallo, fingió esconderse en el sótano para luego saltar encima de su cuñada y amenazarla con hacerle daño si no se alejaba de él. Bastó con que Jyri Cassavettes le recordara que ese hombre era su hermano para que Katarina le arrojara una vela al cabello sin querer. La pequeña Leoncavallo trató de apagar la llama hasta que se le atravesó por la mente que perdería a Maurizio si llegaba a enterarse de ese incidente. Siendo incapaz de soportarlo, prendió fuego al vestido de la indefensa Jyri, que gritó desesperada por una ayuda que arribó a destiempo. La aterrada niña Leoncavallo huyó rumbo a una gelateria a un par de calles de distancia y aquello le permitió contar con testigos y pruebas de su ausencia en la escena. La policía fabricó la historia del accidente al ver el recibo que el local le había dado a la pequeña e irónicamente, ella jamás tuvo que abrir la boca para que los demás creyeran que se había ido de casa sin avisar.

-Sé que has amado a Jyri todo este tiempo - mencionó Maragaglio a su primo - Estaría orgullosa de ti y de Katy.
-Íbamos a estar juntos en Moscú.
-Todos lo sabemos.
-¿Qué pasará ahora?
-Mauri no me digas algo así que te parto la cara ¿Qué hay de Karin? ¿Tu trabajo? ¿Carlota Liukin?
-¡Discutí con Katy ayer! ¿Qué hice?
-Tienes muchas cosas que atender. Vámonos.
-Tuve una pelea con mi hermana porque le di los mejores programas a una extraña.
-¿De qué estás hablando?
-Es increíble ¡le di a Carlota Liukin la rutina de su vida y desprecié a Katy!
-¿Estás bien?
-Todo pasó porque Carlota me recuerda a Jyri.
-Yo te mato.
-¡También la acepté como mi alumna por esa razón! ¿En qué estaba pensando? ¡No me di cuenta!

Maurizio Maragaglio no se reprimió y golpeó a su primo en el rostro porque no podía concebir lo que oía. Maurizio Leoncavallo en contraste, agradeció que lo centrara nuevamente. Ni Carlota era Jyri ni había subestimado a Katy; sólo buscaba algo de qué aferrarse para no sentir que había abandonado a una mujer que amaba mientras se arrepentía de pelear con su hermana y ser impertinente con su primo.

No obstante, en Venecia no hubo novedades durante horas, permitiéndole a Katarina Leoncavallo presentarse a su entrenamiento con un Romain Haguenauer que no imaginaba por qué había accedido a dirigirla por la mañana. Para sorpresa suya, la señorita Leoncavallo lo obedecía sin objeciones, sin malas caras, sin altanería. Empeñada en aprenderse "Black Swan" antes de la llegada de su hermano, Katarina ni siquiera mencionaba palabra alguna y resistía atender su celular para no transmitirle a nadie su ansiedad.

-No puedo creer que la araña desgraciada y Katarina Leoncavallo sean la misma persona - reflexionó Haguenauer al mediodía y a petición de ella, accedió a hacerle practicar horas extra, aunque ello implicara que se enterara de otra sorpresa que le tenían a Carlota Liukin.

-¡Hola, Romain! - exclamó una voz femenina caprichosa y los alumnos de Maurizio Leoncavallo pararon sus actividades enseguida, boquiabiertos por la visita.

-¡Tamara! - exclamó Haguenauer en medio de un abrazo.
-Leoncavallo me llamó ayer ¿dónde está Liukin? Ya la quiero torturar.
-No tarda en llegar, la dejan descansar un poco porque la metieron al equipo de hockey sobre pasto en la escuela.
-¿Es una come hierbas ahora?
-Jajaja, la volvieron.
-Cuánto ha cambiado.
-Sí.
-¿Quiénes son estos raritos?
-¡Tamara!
-No los conozco.
-Cecilia Torn y Jussiville Partanen y Julia Tuurkila y Mathias Versluis de danza y la señorita Katari...
-A esa sí la tengo en la cabeza.

Sin protocolos ni saludos, Tamara Didier se aproximó a Katarina Leoncavallo y la sujetó del cuello, sin dejarla tomar aire.

-Vuelves a tocar a Carlota Liukin y quien va a terminar recibiendo la paliza que la deje muerta será la maldita araña que tengo agarrada.

Tamara soltó a aquella chica con agresividad y chocó manos con Haguenauer.

-Nos la debías, Leoncavallo - añadió él. Katarina tosió un poco mientras sentía vergüenza frente a los estudiantes de su hermano, que nunca lograron ponerla en su lugar. A Tamara tampoco le impresionaba otra mujer que no tuviera miedo de los golpes y entonces tomó el mando.

-¡Los de danza! ¡A marcar patrones latinos! ¡Araña Leoncavallo te quiero repasando tu coreografía! ¡Nadie pierde el tiempo en mi clase!

Haguenauer se reía y la señorita Leoncavallo procedió a hacer lo ordenado mientras miraba en el reloj la hora que marcaba la llegada de Carlota Liukin con su vestido oscuro de tenista y sus mallas negras con bordado de rombos. El personal estaba encantado con ella y los chicos de danza la miraban como si tuvieran enfrente a una celebridad. Carlota iba acompañada por su padre.

-¡Tamara! ¡Me da tanto gusto verte! - saludó Ricardo Liukin y su hija corrió hasta el borde de la pista para estrecharla.

-¡Vine a hacerte llorar, Liukin!
-¿Me vas a ayudar hoy?
-Nunca pierdo una oportunidad para molestarte, niña.
-Ay, Tamara.
-Agradécele a Maurizio Leoncavallo ¿a mí qué?
-No he sabido nada de él.
-Ni yo.
-Katarina siempre se va a la una ¿tiene doble sesión?
-Decidí que está castigada.
-¿Qué?
-La próxima vez que se meta contigo, la tiraré por la escalera.
-¿No hablas en serio?
-A calentar, Liukin. Tú y yo vamos a montar los saltos de "Anna Karenina".
-Shhhh, Haguenauer no sabe.
-Entiendo, apresúrate.
-Gracias por guardar el secreto.
-Oye, si Maurizio te dio una mejor rutina que a Katarina, es que algo hiciste muy bien.
-¿Tú crees?
-¿Viste el "Black Swan" de su hermana? Parece que está danzando un pato.
-¡Qué burlona eres, Tamara!... Creí que nada más yo lo notaba.
-¿Y quién es la burlona desde el inicio?

Carlota rió sin malicia e inició su trabajo mientras sus co equiperos se preguntaban si podrían hablarle. Ella vagamente sabía quiénes eran.

-¡Tamara! Al fin puedo verte - mencionó Ricardo Liukin mientras tanto. Ella lo apretó fuertemente.

-¿Venecia? Muy refinado para un Liukin.
-¿Dónde te habías metido, mujer?
-Estuve en París.
-¿Me dirás qué hiciste?
-Hablé con los federativos, conseguí un abogado competente y Maurizio Leoncavallo me contactó para pedirme referencias de Carlota.
-Oh, algo supe al respecto.
-Me preocupa la calidad del coach.
-La señorita Leoncavallo es un éxito.
-Maurizio es un desastre ¿sabes?
-Pero controla a Carlota y que felicidad.

Tamara y Ricardo no podían continuar conversando y Haguenauer decidió que retomaría su sesión con Katarina, misma que no lograba concretar todos los pasos de su esquema coreográfico e improvisaba sin ocultar su frustración.

-Diremos lo que sea pero la araña se esfuerza más que Carlota - comentó Haguenauer.
-¿"Black swan"?
-Ni siquiera yo lo entiendo, Tamara.
-Katarina nunca ha podido con el ballet.
-Leoncavallo se volvió loco.
-La ejecución de la secuencia de pasos es pobre.
-¿Quieres que la ayudemos?
-Tú lo harás.
-¿En qué vas a trabajar?
-Los saltos de Carlota.
-¿Maurizio te habló de ese asunto?
-Ella se volvió a caer en un programa libre.
-Arréglalo.
-Sólo dame cinco minutos.

El calentamiento de Carlota continuaba en medio de miradas de admiración y la sonrisa de su padre cuando esta reparó en que el teléfono de la señorita Leoncavallo tenía un timbre muy molesto que no paraba de reproducirse ni de percibirse a pesar de que la música de Torn y Partanen era muy fuerte y de que las pequeñas del grupo de novice solían ser ruidosas. Quizás lo sucedido en la cena le producía un deja vú que la volvía más atenta o sólo eran sus ansias de saber de su coach pero al recibir la instrucción de entrar a la pista, Carlota se acercó a Katarina aun con el riesgo de confrontarse a ésta.

-¿Podrías apagar tu celular o contestar? Me duelen los oídos.
-Tengo prohibido agarrarlo cuando estoy en práctica.
-¿Por eso lo tengo que aguantar?
-Me ayuda a no distraerme.
-Apágalo.
-Mejor ocúpate de tus cosas.
-¿Y si el que llama es Maurizio? Fuera de reclamos, a la única que le avisa que hace es a ti.
-¿Por qué me dices eso?
-Le pregunté a Karin por él y no han hablado.
-Mauri no me dirige la palabra.

Katarina miró a Carlota como si quisiera decirle "¿estás segura? ¿es Mauri?" y contrario a su sentido de disciplina, salió del hielo sin saber que esperar.

-¡Liukin! ¿Puedes decirme que sucede? - procedió Tamara a susurrar.
-Maurizio está en Milán.
-¿Él te preocupa? Eso es nuevo.
-Es que ayer estuve en su casa y de repente se fue.
-¿Tiene algo que ver con la araña Katarina?
-Supongo, no lo sé.
-Esto no pinta bien.
-¿Qué?
-¿Maurizio dijo algo antes de salir?
-"Jyri"
-¿Escuchaste bien?
-Sí ¿por qué?

Tamara hizo que Haguenauer se acercara en seguida y los tres observaron en vilo a Katarina Leoncavallo, que después de vacilar, se apartó un poco y respondió a su hermano. Los instantes siguientes fueron desconcertantes porque aquella joven palideció y se derrumbó de espaldas a una pared que le impedía terminar totalmente en el piso.

-Liukin, te aviso que esto es grave - anunció Tamara y Carlota, anticipándose porque no se le ocurría otra cosa, juntó a sus compañeros de danza. Haguenauer iba aproximándose a Katarina Leoncavallo pero a él también se le contactó y su reacción lo empujó a abrazar a la propia Tamara.

-Jyri Cassavettes murió.... Mi amiga murió - se lamentó él y Tamara soltó a llorar. Carlota y sus compañeros se congelaron porque reconocían a Cassavettes; Torn y Partanen miraban sus videos; Carlota la admiraba mucho y Tuurkila y Versluis habían empezado a patinar juntos por imitarla.

-¿Es real? - inquirió Carlota.
-Nada está bien - dijo Tamara bruscamente.
-¿Por eso llamaron a Maurizio ayer?
-¿No lo sabes, Liukin? ¡Jyri era la novia de Maurizio!
-Ay Dios.
-¡Nadie le tiene fe a ese idiota pero ella creía en él!
-Tamara....
-Me abrazó cuando me quedé fuera del podium en Lillenhammer, fue la primera alumna de Romain.
-Lo lamento.
-Katarina debe estar destrozada.
-¿Por qué?
-¿Nunca te enteras de nada, Liukin?

Carlota no supo por qué pero tomó de la mano a sus compañeros de equipo.

-Jyri se quemó en la casa de Maurizio en Milán cuando estaba cuidando a Katarina.
-No es cierto.
-Katarina se salió sin permiso por un helado y Jyri se accidentó buscándola en el sótano.

Los estudiantes de Maurizio Leoncavallo se atisbaron entre sí y Carlota Liukin no pudo contener el llanto al contemplar de nuevo a Katarina con el talante extraviado y su horrorizada mirada. Nadie se atrevía a imaginarse su culpa.