domingo, 21 de enero de 2018

Una hermosa vista de Venecia (Temporada nueve)


Italia:

En horas siguientes a la aparición del diablo, el ángel de la muerte que resguardaba Venecia comenzó a contar a sus fantasmas. Muchos aun temblaban de pánico y los desaparecidos habían manchado el suelo de ceniza; otro espíritu se arrastraba diciendo "se llevó a mi bebé" y la ahorcada de Ghetto Vecchio comenzó a penar junto con otras almas que se arrepentían de cometer suicidio o apenas se enteraban de su muerte. Irritado, el ángel tachó de su lista a los que no aparecían y extendió su mano a Elena Martelli para volver a colocarla en su roca y curiosamente, sentir lástima por ella. La niña, convertida en sirena, sólo podía esperar hasta el día del juicio para dejar su condena; la ironía de que sus adornos de oro no le permitieran nadar le provocaba dolores que se quitaban cuando se recostaba y como ese castigo era excesivo, el ángel cambió la prenda por una de cristales y perlas más ligeras. Quiso decirle algo pero recordó que tenía prohibido abrir la boca y de todas formas, no sería útil porque no era precisamente muy sensible. Siglos vigilando a tantos fantasmas crueles jamás lo prepararon para lidiar con los escasos buenos.

Por otro lado, el agua continuaba roja en algunas partes, como el Rio de San Stae en el que estaba prohibido navegar, siendo el sitio con mayor número de víctimas fatales. Los buzos no querían arriesgarse y preferían que la corriente se llevara los cadáveres a la Salizada San Stae del Gran Canale y de paso la sangre, que era bastante espesa. Los caribinieri vigilaban estrictamente que nadie se arrojara a los canales y la labor de limpieza en el Rio Fontega del Tuchi mantenía alejados a los vecinos de San Polo. En el barrio de Giudecca, el forense levantaba los cuerpos de cuatro muchachas que se habían arrojado de los campanarios de las iglesias y en San Marco, se recuperaba el casquillo de la bala que había matado a una monja frente al Istituto Marco Polo y otros doce cuerpos más repartidos entre Rio delle Feralli, Rio del Veste, Rio del Santissimo y Rio del Duca. En Santa Croce únicamente hubo dos muertes y en Cannaregio se hallaban otras cinco; de la playa de Lido reportaban ocho y Dorsoduro siete.

-"De nuevo Venecia consterna al país: Ola de suicidios esta mañana arroja cincuenta y seis víctimas y diez personas con heridas graves" - reportaba el noticiero nacional y en los enlaces, podía verse como las gaviotas se negaban a acercarse al agua y los peces huían rumbo al mar o la laguna. Se decía que la gente exigía limpieza del drenaje y lo cierto, era que el suministro de agua se había suspendido hasta nuevo aviso ¿Pero qué se decía del cielo verde? Nada y es que era tan inusual que fuera del Véneto se tomaría como detalle sensacionalista.

Los Liukin en cambio, no se quedaron a ver como rescataban el cuerpo de una mujer de Rio Terá Lista di Spagna. Al contrario, se fueron a Mestre a pasar la noche. La muchedumbre preguntaba, nada más llegar a la estación de tren, qué había ocurrido y las posadas se llenaban de venecianos aterrados en lugar de turistas que querían todo barato. Los Liukin acabaron en una pizzería luego de haber tomado urgentes duchas además de tirar la ropa que traían puesta y que estaba impregnada del olor a cadáver.

-Perdí el apetito - confesó Tennant antes de salir del local.
-Más para mí - dijo Adrien y Miguel también aprovechaba para comer extra sin que nadie le preguntara porque lucía rasguños en su rostro. Yuko en cambio veía el televisor y a Carlota Liukin con el estómago revuelto, consciente de que la familia no imaginaba que había estado a segundos de perderla.

-Yuko ¿está bien? - inquirió Ricardo.
-Sí, sólo un poco angustiada - y acto seguido abrazó a Carlota, que desconcertada, le hizo el gesto a su padre de que la apartara.

-Yuko ¿podría ir por Tennant, por favor?
-Claro, señor.
-Debemos buscar un lugar para dormir y no quiero que nadie se separe.
-¿Va a pedir la cuenta?
-Yo creo que sí; los demás, acábense todo.

Carlota llevó un enorme trozo de pizza a su boca y su padre la apretó enseguida también, aliviado. La gente los miraba con insistencia y era por el escándalo y la tensión con la que hablaban, lo que hacía suponer que habían visto algo de sobra impactante. Los Liukin no se daban cuenta de que chocaban sus tenedores contra el plato y temblaban al momento de tomar una botella con cerveza o jugo de uva.

-¿Ya nos vamos? - dijo Tennant al volver de mala gana.
-Necesitamos un sitio para dormir y que nadie siga por su lado.
-De acuerdo, señor Liukin.
-Cuando creí que París me estresaba, Venecia dice "mira".
-¿Nos mudaremos otra vez?
-No tengo dinero, no puedo ordenárselos.
-Me gustaría ir a Roma.
-Creo que a todos. Come algo, Tennant.

El muchacho obedeció sin muchas ganas y luego miró a Andreas, el único despreocupado del grupo y que parecía tener algo más que hacer que estar con ellos. Sabían que tenía una nueva novia y seguramente ya planeaba verla, sobretodo porque también había ido a Mestre.

-Me pregunto con qué dinero la vas a invitar a salir.
-Carlota me hizo un préstamo.
-No, en serio.
-Conseguiré un trabajo, Ricardo.
-¿Sabes hacer algo?
-Le enseñé a Carlota a surfear.
-Ah, qué util ¿Y dónde consigues un puesto?
-El fin de semana hay una competencia en Lido, pagan quinientos.
-Qué maravilla ¿lo dices de verdad? Ya hablamos de esto, Andreas.
-¿Qué vas a hacer? ¿Recoger mi tabla como los patines de Carlota?
-Tienes prohibido ir.
-¿Me importa?
-No seas insolente.
-No te metas en lo que no te importa.
-¡Siéntate!
-Prefiero dormir en la calle antes que seguir soportándote.
-Adelante.
-Se ven.
-¡Regresa aquí!
-¡No me toques!
-¡Andreas!

Carlota se levantó para calmar a ambos.

-Haremos lo que digas, papá.
-Carlota ¿estás de su lado?
-Andreas, cierra la boca.
-¿Desde cuándo obedeces a Ricardo?
-Digamos que no puedo negociar.
-Oye niña, tus patines están en tu maleta y hay una pista pública cerca de tu escuela; apuesto a que él nunca te dijo.
-¿Hay qué?
-Yo me largo, tú puedes seguir fingiendo que serás una idiota.
-¡No soy idiota!
-Me quedó clarísimo en Mónaco, ni tiempo perdiste con Marat.
-¿A qué te refieres?
-Digamos que es la clase de cosa que a papá nunca le dirás.
-¿De qué hablas? ¡Andreas, regresa! - gritó Carlota y fue tras su hermano mientras Ricardo también exclamaba "¡Me van a explicar que pasa aquí!". Yuko, Adrien, Tennant y un hambriento Miguel no se movieron, suficiente espectáculo habían dado ya.

En la calle, Carlota y Ricardo llamaban a Andreas a gritos sin reparar en que se habían alejado bastante y al darse cuenta, no imaginaron como volver a la pizzería. Andreas continuaba cerca para su fortuna y parecía tener mucha idea de a dónde ir puesto que se detuvo en la esquina de una calle muy transitada, donde una chica aguardaba por él.

-¿Esa es la novia de Andreas? - preguntó Carlota y Ricardo entendió de golpe. La joven era de tez morena, curvilínea, de abundante caballera negra y ojos grises, era una surfer como Andreas y tenía unos labios carnosos que el chico no dejaba de mirar. No importaba su rostro cuadrado o que fuera más bajita que Carlota, la pequeña Levina Coquerel era decididamente diferente a otras mujeres que le gustaban al hijo mayor de los Liukin y la que usaba ropa más corta y sencilla.

-Si un día usas minifalda y top, jura que no sales, Carlota.
-¿Por qué?
-De menos ya se colocó la chaqueta, vamos a saludar.
-¿Qué tiene qué ver lo de la ropa? No entiendo.

El hombre sujetó la mano de su hija y atravesaron apenas el semáforo se colocó en rojo.

-¡Andreas! No te adelantes tanto, tu hermana no camina rápido - pretextó Ricardo.
-Ah... ¿Qué pasa?
-Señorita, soy Ricardo Liukin, el padre de Andreas - extendiendo la mano - Un placer conocerla, me habló de usted.

La muchacha sonrió.

-¿Lo hizo?
-Por supuesto, me alegra saber por qué.
-Levina Coquerel, mucho gusto, señor.
-Le dije a Andreas que era muy pronto para conocerla pero insistió.
-Eso es lindo.
-Oh, claro, mi hija Carlota.
-A ella ya la había visto, hola.
-¿Se presentaron antes?
-La vi en la colecta por Tell no Tales.
-Muy bien.
-Andreas dijo que me llevaría al mirador aquí en Mestre.
-Qué curioso, nosotros también iremos.
-No sabía que son tan unidos.
-Tan unidos que empalagamos.
-Mis padres estarán más tranquilos.
-Por supuesto, tienes un novio considerado.

Levina volvió a reír y Andreas miró a su padre con gran molestia. Carlota por su cuenta llamó a Miguel y luego de decirle a dónde iría, quedó establecido que los demás los alcanzarían en un sendero a las afueras de Mestre.

-Iremos a apartar un buen lugar, he oído que la luna se ve mejor desde aquí - añadió Ricardo y siguió a Levina y Andreas rumbo a San Giuliano, una vía muy cercana a esa ciudad pequeña, junto a un corredor industrial.

-No confío en ella - dijo el señor Liukin al oído de Carlota.
-¿Por qué?
-Nos aceptó sin decir nada, creo que se va a escapar con Andreas.
-No es cierto.
-Observa y aprende.

Ricardo entonces se colocó entre Andreas y Levina y puso a Carlota junto a su hermano, que al verla se atrevió de nuevo a decir que era una cucaracha.

-¡No soy una cucaracha!
-Todo invades.
-¡No es mi culpa!
-Cucarachita, yo que tú me iba de aquí.
-¿Por qué?
-Es que si le digo a Ricardo lo que se te ocurrió hacer en Mónaco, Marat es hombre muerto y tú te quedas en un convento hasta anciana.
-¿Qué me quieres decir?
-¿Tu pregunta es en serio?
-Papá me vigiló todo el tiempo y supo siempre a dónde iba.
-Por eso la hermana de Marat llamó tan preocupada.
-¿Qué?
-Me hice pasar por Ricardo antier, me la debes.
-¿Qué habló Dinara contigo?
-Le respondí que te dejé sola un par de veces con Marat en las últimas semanas, tienes suerte de que Ricardo aun crea que eres inocente en ciertas cosas.
-No comprendo nada ¿Dinara cree que besé a su hermano?
-Sí, besado.
-No, no, nunca hice eso.
-Claro que no, sólo aprovechaste tu oportunidad.
-¿Oportunidad de qué?
-Síguete haciendo tonta, cucaracha.

Carlota se desconcertó y se atrasó un momento: ¿por qué Dinara había llamado? ¿Qué le habían dicho de ella y Marat? ¿Había sido por el sushi después de la beneficencia o algún rumor malintencionado del que no estaba enterada? Pero Andreas, que la conocía bien, se sorprendió de su reacción.

-¡Eh cucaracha! ¿Te vas a quedar ahí? - exclamó el chico y Carlota avanzó sin dar más importancia a la charla, seguro se trataba de una tontería. El camino a San Giuliano no era muy agradable y era mejor no protestar por seguir el ritmo de los demás.

El mirador de Mestre se hallaba al oriente, entre dos senderos cubiertos con fábricas a las orillas de la Laguna di Venezia. Como se puede suponer, era un terreno alto, cubierto por tierra húmeda y pastos mal cuidados y secos, en donde se respiraba el aire más dudoso de toda la zona. Según Levina, las fábricas de Mestre eran envasadoras de alimentos, distribuidoras de acero y astilleros. El logo de Industrias Izbasa resaltaba muy bien a la distancia junto a una planta de leche y en el otro lado aun se oía el sonido de las láminas listas para cortar. No parecía un sitio romántico pero la vista a Venecia era inigualable, como algo que es más bello desde afuera.

-Necesito una foto de esto - expresó Carlota y enseguida la tomó, creyendo que el atardecer se iría pronto. Algunas luces en Venecia estaban encendidas y sólo se veía el ferry funcionar pero vacío. En la zona rumbo a Mestre no había ninguna escena que lamentar.

-Qué día tan difícil - murmuró Ricardo.
-Mi madre dice que hubo psicosis colectiva, no sé.
-¿Es psicóloga?
-Ve demasiados programas médicos.
-Levina ¿cómo conoció a Andreas?
-En la playa, es un buen surfista.
-¿Estudias?
-Restauración y también surfeo.
-No piensas dedicarte a eso.
-Hay buscadores por todos lados y este sábado Andreas y yo competimos  ¿pagan quinientos? Algo así.
-Como hobbie está bien.
-A Andreas y a mi nos apasiona, lo demás no importa.

Carlota quedó boquiabierta y miró a su padre, que se contenía y mejor bajaba su cabeza para no hacer notar tanto su desaprobación. Levina no era de su agrado.

-Creí que sólo querías impresionarla - susurró Ricardo al oído de Andreas pero el chico se encogió de hombros y eligió sentarse junto a su novia en una orilla, ignorando a los demás.

-Papá ¿estás bien? - dijo Carlota.
-Espero que tú comiences a tomarte las cosas en serio.
-¿Estás enojado?
-Me entero de que volviste a ayudar a Andreas a salir para el surf o de que se te ocurre tomar los patines y en serio, ambos se arrepienten.
-¿Yo que tengo que ver?
-Eres igual que Andreas o peor... Sí, peor.
-¿Ahora qué hice?

Carlota no recibió ninguna respuesta y se quedó cruzando los brazos e inflando las mejillas, como en cada ocasión que la regañaban injustamente.

Con el atardecer culminando, la gente iniciaba su arribo al mirador. Contrario a lo que Ricardo pensaba, llegaban algunas familias de Mestre a observar Venecia, más por curiosidad que otra razón. A lo lejos se veían los botes de los carabinieri y muchos suponían que patrullaban en la búsqueda de otra suicida o evitando que más gente intentara alejarse esa noche. Los turistas se habían ido a Jessolo y los cruceros estaban detenidos en Lido sin dejar a nadie salir; los que se hallaban como los Liukin en Mestre eran afortunados de regresar en un par de jornadas y no saber nada mientras el ayuntamiento ordenaba la limpieza general y el olor a fauna muerta cedía por otro que se parecía al licor de Giampero Boccherini pero Carlota sabía que él se hallaba con los buzos y tal vez el trabajo le había hecho olvidar que necesitaba un trago. Aunque parecían dos sucesos aislados, ella tenía en mente que los suicidios y el crimen Martelli estaban ligados de alguna forma pero no quería encontrar esa coincidencia que resolviera todo y menos consideraba que fuera coherente, de algún lado había sacado tal idea y por más que trataba, sólo pensaba en ese cielo verde que aun le enchinaba la piel en mala forma.

-Tu hermana es muy seria, Andreas - dijo Levina.
-Claro que no, siempre está pensando en sus novios.
-¿En serio? ¿Cuántos ha tenido?
-Como cuatro.

Carlota empezó a reír sin desmentir nada hasta que reparó en Tennant aproximándose con Yuko y Adrien. Miguel había ido por una linterna y llegaría pronto.

-¿Esa es la novia de Andreas? - exclamó el chico cuando se colocó junto a Carlota.
-Se llama Levina.
-Es preciosa.
-También te mandará al diablo.
-Lo sé pero es muy guapa, creí que a tu hermano le gustaban las rubias.
-Alguna vez iba a cambiar.
-También tú cambiaste, pasaste del rubio Trankov al bronceado Marat.
-¿Qué tienen todos con Marat?
-Sospechamos que lo besaste.
-¡Ah! Eso era, con razón Dinara se volvió loca.
-¿Por la llamada?
-¿Tú sabías y yo no?
-Vicio de bartender.
-¿Cómo te enteraste?
-Me quedé en que no me hablabas.
-Pues ya te perdoné.
-¿Cuándo?
-Estoy de buenas.
-De acuerdo.
-Molestabas con Marat, eso no me gustó.
-Odiaba verte con él y cuando lo perseguiste me dieron celos.
-No se de qué.
-Creo que lo amas.
-No, es mayor que yo, ya es tenista, yo estoy en secundaria.
-Jajajaja, no te importaba con Trankov.
-Conozco más a Marat que a Trankov y no me emociona pensar en esos dos.
-¿Te golpeaste la cabeza?
-¡Tennant!
-Me impresionas, tardaste tanto con Edwin.
-Cállate, qué pena.
-Usted y yo aun tenemos un asunto pendiente de Hammersmith.
-Sí, claro.

Carlota se incorporó risueña, rechazando a Tennant amigablemente y se acercaba a la orilla para poder ver mejor Venecia. El joven Lutz en cambio, prefería no dejarla sola y se le aproximó enseguida.

-¿No recuerdas que pasó esta mañana?
-¿Lo del cielo verde?
-Exacto.
-No lo sé, Tennant, me impresioné tanto que me desmayé; eso dicen todos.
-¿Qué estabas haciendo?
-Salí de la clase de literatura, la maestra dijo que fuéramos al patio y no recuerdo más.
-Me asusté por ti.
-¿Por qué?
-Es mejor que no recuerdes.

Carlota iba a preguntar si Tennant sabía algo cuando este colocó su saco sobre los hombros de ella y añadió:

-Cuando llamaron a tu padre, él pensó que estabas mal y yo me alegré de que no tuvieras que enterarte de todo; creí que no te vería más.
-No exageres.
-Ojalá asi fuera.
-Me recuperé rápido.
-Es que jamás te vi tan indefensa...

Tennant se reprimió y Carlota creyó entenderlo; Trankov también la había mirado vulnerable luego de ese desfile dónde él era una estrella.

-Entonces, Trankov es el pasado.
-Algo así.
-¿Guillaume?
-Mi mejor amigo.
-¿Y Anton?
-Mi otro mejor amigo.
-Ah ¿pero no amabas a Guillaume?
-Es gay.
-Jajajaja, era tan obvio.
-Lo quiero.
-Al menos nunca te romperá el corazón.
-Aleluya.
-Y yo.... Soy tu amigo.
-No, Tennant, no confío en ti.
-¿Qué tengo que hacer para cambiarlo?
-Perdiste tu oportunidad desde el principio.
-No lo creo.
-Además, eres un papanatas, adiós.

Carlota se alejó de Tennant y prefirió ver sola el anochecer, no obstante Yuko insistiera a momentos en estar con ella. Ricardo por su lado, intentaba jugar con Adrien e inútilmente trataba de resolver un cubo de rubik que al niño le tomaba poco tiempo descifrar.

La luna se veía sobre Venecia cuando Levina y Andreas por fin parecían conversar sobre algo importante. Ella había dejado de sonreír y él prestaba atención como pocoas veces. A Carlota le intrigó aquello y aunque no quería ser chismosa, se situó al lado de ellos, sigilosa. Había una fogata por ahí pero no alumbraba mucho y mientras los demás se contaban rumores e historias extraordinarias sobre lo acontecido en la mañana, la chica se enteraba de algo que enfadaría a su padre.

-"¿Andreas tiene un contrato? ¿Cuándo pasó?" - pensó y Levina hablaba de un supuesto patrocinador interesado en verla el sábado luego de mandar un video reciente de una competencia en Jessolo que no "había estado tan mal".

-Le pagaré a Carlota lo que le debo - dijo Andreas.
-¿Le debes dinero a tu hermanita?
-Mi mesada es ridícula con lo que le dan a ella.
-¿Cuánto recibe?
-No tengo idea pero gasta demasiado y siempre le sobra; ya no pienso pedirle nada.
-Si nos va bien, le puedes comprar unos patines nuevos.
-Olvidarme de ella también.
-No seas cruel.
-Me caía mejor cuando hacía lo que quería.
-Está obedeciendo a tu padre.
-Obedeciendo, claro.
-Mejor eso a que Marat sea hombre muerto.
-Carlota hace cosas épicas pero ahora...
-Creo que le sigue la corriente a tu padre en lo que se las arregla para ir a la pista que le encontraste en San Marco.
-Puse el folleto en su maleta, no es mi problema si no lo ve.
-¿Qué harás para no faltar el sábado?
-Me escaparé, siempre lo hago.
-Un día de van a enterar.
-Haré algo para salir de casa.
-Sólo no tardes.

Levina besó a Andreas y Carlota volvió a separarse, sin discreción. Ambos supieron que ella había escuchado todo pero luego se dedicaron a conversar de cualquier cosa.

-¿Te hicieron enojar, bonita? - preguntó Tennant al volver cerca de Carlota.
-No vuelvas a decirme eso.
-Perdón.
-¿Ya llegó Miguel?
-No ¿para qué lo quieres?
-Para que no me hables.
-¿Otra vez estás enojada conmigo?
-No.
-No entiendo.
-Tennant, estoy enojada y no sé por qué.
-¿Celos de Andreas?
-Obvio que no.
-¿Odias a su novia?
-Mucho menos.
-¿Es por el contrato?
-¿Cómo te enteras de todo y yo no?
-He estado con Andreas estos días, me presentó a sus amigas.
-¿Qué le ofrecieron a Andreas?
-Una marca de shorts quiere que él lleve sus productos cuando surfea, le pagarán como dos mil al mes.
-No es mucho.
-Pero es algo y el sábado Levina y él quieren convencer al publicista de una compañía de tablas.
-Si Andreas gana, se irá.
-Él es profesional, Carlota ¿creías que iba a esperar más tiempo?
-En Tell no Tales rechazó a una marca de gorras.
-Porque Gwendal no lo apoyó con el snowboard y mejor se movió por su cuenta.
-Nunca nos dijo.
-¿Para qué? ¿Para que tu padre se meta?
-¡Tennant!
-La gente de los shorts lo sigue desde París y como yo lo veo, hizo bien en firmar antes de irnos a Burano.
-¡Tres semanas! Papá lo va a matar.
-El señor Liukin no va a meter las manos, es un hecho.
-Tengo que hacer algo...
-Nada.
-Es mi hermano.
-No es tu problema.
-Andreas es un idiota.
-Carlota, eso tampoco te compete.
-Es que lo conozco, siempre echa a perder todo.
-Pues regresará, se disculpará y le dirás que es un tarado pero no ahora.

Carlota miró al piso.

-Si Andreas te preocupa, díselo.
-Es que ya decepcionamos mucho a papá.
-Lo seguirán haciendo ¿tú crees que estaría muy contento de saber que te besaste con Marat?
-Eso nunca sucedió.
-Dinara y Andreas te vieron.
-¿Cuándo?
-En Mónaco después de que nos atacó ese loco.
-Marat me encontró pero no pasó nada.
-Yo te creo pero Marat nunca se te despegó y nos peleamos por él, Carlota.
-Pero no ocurrió nada.
-Tranquila.
-Es que Andreas podría contarme todo como antes.
-Nada es como antes y Andreas sabe que es ahora o nunca.

Carlota no pudo más y comenzó a llorar sin permitir que Tennant la consolara. En vez de eso, eligió alejarse del grupo y colocarse en otra orilla para tratar de entender lo que ocurría; no obstante terminara siendo muy obvia para Levina y Andreas. Él entonces, supo que era necesario hablar con su hermana.

-Tennant te acabó de contar.
-Andreas, no te vayas.
-Lo tengo que hacer alguna vez.
-¡Ni siquiera me dijiste!
-¿Para qué? No son tus cosas.
-¡Andreas!
-Cucaracha, ya tomé una decisión, me gusta el surf y me quiero dedicar a eso, ya lo sabías.
-No te puedes ir ahora.
-¿Por qué no?
-Papá nos necesita.
-Es verdad.
-¿Entonces?
-Yo debo hacer lo que quiero.
-¿Justo ahora?
-Levina y yo podemos encontrar un buen sponsor.
-¿Es por ella?
-No, Carlota, esto es algo que siempre he deseado.
-Papá se enfadará.
-¿Y? De todas formas nunca está contento.
-No puedes hacerle eso.
-Ya se lo hice Carlota y creo que tú también deberías.
-No me cambies el tema.
-Carlota, no se si sirva pero Haguenauer también llamó.
-¿Qué quiere?
-Te ha estado buscando desde que nos fuimos de París y ayer le di nuestra dirección.
-¿Cómo logras interceptar a la gente en el teléfono?
-Siempre lo he hecho, no voy a cambiarlo.
-Está bien ¿qué dijo?
-Te ve el lunes en San Marco, le dije que necesitas unos botines extra.
-¿Por qué hiciste eso?
-Tal vez sí te quiero, cucaracha. Y creo que la pista te cobra unos trescientos al mes, nada que tu mesada no pague.
-Papá no me va a dejar.
-¿Por qué no pensabas lo mismo cuándo mamá era la que decía que no?
-Porque no estaba enferma y papá sí.
-Entonces toma una decisión.
-No quiero defraudar a papá.
-Carlota, no voy a estar salvándote más.
-¿Qué quieres decir?
-Que vayas por tus patines, dejes de hacerte tonta con Marat y me hagas caso. Te veo el sábado en Lido.
-¿Dónde vas?
-Quiero ir con Levina y no te preocupes, Marat no morirá, tu secreto está a salvo conmigo.
-¿Cuál secreto?
-Me alegra que él te haya tratado bien.

Carlota insistió en que Andreas le revelara qué le había dicho Dinara Safina y lo persiguió por el mirador, cayendo encima de él en medio de una enorme carcajada. Como algo así no se repetiría, Tennant les tomó una foto y Levina lamentó que el regreso a Venecia fuera necesario.

martes, 9 de enero de 2018

Una versión del cielo según Satanás (Final de temporada)


Venecia, Italia.

La predicción más famosa de Elena Martelli era que un día el cielo se vería verde sin previo aviso. Curiosamente, aquél pensamiento no provino de su Tarot sino de un sueño en el que el Diablo azotaba a los espíritus de Venecia hasta reducir a cenizas a varios de ellos o aumentar el tormento de otros, así que un día, el espíritu de Elena, desde su sitio en el Gran Canale comenzó a sentir un pánico terrible cuando varios de aquellos fantasmas comenzaron a huir desde San Polo en medio de gritos suplicantes por piedad. Incapaz de moverse, la niña sólo volteó para ver a Satanás tocarle la cabeza y hundirla en el agua, sin permitirle salir hasta que las piernas se le transformaron en una larga cola de sirena y su ropa negra se convertía en una pesada prenda de oro y piedras preciosas con la que apenas luchando consiguió aferrarse de la roca en la que pasaba sus días. Pero lo peor estaba por venir.

El cielo comenzó a oscurecer antes del mediodía y los venecianos salieron de sus trabajos para saber qué pasaba. En el horizonte, una estela verde cubrió el sol y se extendió rápidamente por la región del Véneto, dejando a Venecia en total oscuridad por unos minutos; en medio del desconcierto, el ayuntamiento encendió el alumbrado público hasta que el sol volvió a verse, opaco y sin que el cielo abandonara su nuevo color.

En el Istituto Marco Polo, las alumnas parecían asustadas; en realidad todos los estaban. En el patio, las niñas preguntaban qué ocurría hasta que cristalazos, golpes y clamores se escucharon a lo lejos, algunos suplicantes de ambulancias. Un disparo cercano obligaba a la evacuación de las alumnas cuando el professore Scarpa notó que Carlota Liukin era ausente. Al lado de la puerta abierta estaban colocados sus zapatos, el moño que sostuvo su cabello esa mañana, su mochila y su uniforme. Scarpa salió de inmediato a buscarla, preguntando si alguien la había visto salir o si iba acompañada. Los gritos iban en aumento cuando una multitud corrió hacia el Ponte dei Sospiri, donde una niña estaba por lanzarse.

-"¡Hay que evitar otro suicidio!" - exclamó alguien y varios se aprestaban a ayudar cuando Scarpa decidió seguirlos. Detrás del Palazzo Ducale, cerca de la Basilica di San Marco y encima del Rio Canonica, el Ponte dei Sospiri era el escenario de la dramática escena de una niña indecisa. La gente le suplicaba a los gondoleros que la atrapasen si decidía arrojarse y otros más preguntaban si el personal del Palazzo podía intervenir cuando Scarpa notó que sus sospechas eran ciertas y era Carlota Liukin quien tenía en vilo a gran parte de la ciudad.

-¡Señorita Liukin, no haga nada! - gritó el maestro y ella volteó a verlo, llorando.

Lo que nadie sabía era que el Diablo se hallaba junto a Carlota, a su izquierda. No podían verlo porque vestía de negro y el puente estaba cubierto de sombra de aquél lado. Ella en cambio, brillaba como si tuviera alas de plata y si bien, ese efecto no era más que una luz que se reflejaba en su vestido blanco, la gente podía creerla un hermoso ángel a punto de condenarse.

-¡Muerte a la Reina de las Nieves! - clamó Satanás en su oído - Por traición.

Carlota no entendía.

-Te hice una reina, sólo tenías que guardar un poco de sangre pero tú se la conferiste a un hombre por amor. Ahora tengo la vida de ese amado en mis manos y la de tu padre. También conozco tus pecados, tu alma va al infierno conmigo pero a cambio, ese amor irrenunciable vivirá y sólo por sentirlo te darán redención ¿No es maravilloso? Una gota y perdono a tu padre; con tu corazón tu guardián de sangre se salva igualmente y hago que vivas en su mente por siempre. Si no lo haces, tomaré de pago el alma de tu padre, la tuya y cambio la mente de tu amado para que mueras en él antes de arrastrarlo al abismo del tormento eterno y te obligue para siempre a mirar.

Carlota sabía que Satanás haría lo que había dicho. Era un pacto simple por su alma y sangre, sólo perdería ella.

-Además, si me das lo que pido, detengo la masacre que hay detrás de ti.

Fue en ese instante que las voces de los aterrados venecianos llegaron a los oídos de la joven: "¡Francesca!" ¡Detente Chiara!" "Ayuda, mi hermana se cayó al agua!" ¡Ya perdí a una hija! ¡Lionetta, aléjate de la ventana!"

Entonces Carlota tomó una daga de la mano del Diablo y la levantó, apuntándola a su pecho. Los espectadores le pedían que no la usara y Scarpa saltó a una góndola, en un intento de ser escuchado y salvarla. Pero la coincidencia, que la mayoría de las veces estuvo en favor de la Reina de las Nieves, jugó su papel cuando el alarmado Miguel Ángel no tuvo más alternativa que desplegar sus alas y arrebatar la daga, desatando una pelea feroz con Satanás al tiempo que Tennant, que no sabía cómo había llegado al puente, sostuvo a Carlota cuando esta iba a arrojarse al agua en el último intento de cumplir su parte del trato.

-¡Carlota, mírame! ¿Qué ibas a hacer? - dijo él y la chica se desvaneció.

-¡Llévatela de aquí! - ordenó Miguel y Tennant se llevó a Carlota lo más a prisa posible. El profesor Scarpa corrió a la Piazza di San Marco apenas la góndola en la que estaba lo llevó a tierra.

Ambos habían decidido llevar a Carlota a la escuela para disimular frente a Ricardo pero Tennant sabía que el vestido resultaba sosprechoso y fue ahí cuando decidió llamar a Yuko Inoue y contarle lo que había sucedido. Ésta de inmediato dejó el casino y corrió hacia el Istituto Marco Polo, introduciéndose sin hacer ruido.

Cuando Carlota Liukin despertó, su padre preguntaba que había pasado. Ella igualmente dudaba por no recordar nada, salvo que había bajado al patio con otras estudiantes cuando el cielo se volvió extraño. Por alguna razón, la joven Liukin portaba su uniforme escolar y Tennant sostenía sus pertenencias mientras Yuko le ofrecía un poco de agua y le preguntaba qué sentía.

-¿Qué me pasó?
-El profesor Scarpa te trajo aquí a la enfermería, te desmayaste junto a la escalera.
-¿De verdad?
-Por eso llamaron a tu padre, debiste asustararte.
-¿Asustarme?
-Alguien usó su arma cerca de aquí, no fuiste la única que reaccionó así.
-¿Un arma?
-No he sabido qué ocurrió enfrente pero los carabinieri han venido.

Carlota dejó su vaso de lado sin beber y miró a Tennant que parecía platicar con Miguel: "¿Con quién peleabas? ¿Cómo llegamos al puente?" "¿Por qué le pediste ayuda a Yuko?" y nada era comprensible para ella; incluso lo que Scarpa decía de la escalera no le era creíble.

-Me alegra que Carlota se haya quedado dormida - suspiró Ricardo.
-También me alivia - contestó un nervioso Scarpa.
-Me preocupé, en el camino murieron dos jovencitas en Cannaregio, una se arrojó al tren y la otra se ahorcó en Ghetto Vecchio, oí que varias trataron de ahogarse en San Polo y un tal Giampero apartó a Lionetta Martelli de una ventana en no se qué museo. Es como si esa familia no encontrara consuelo nunca.
-Su amiga Yuko fue la primera venir, ayudó a la enfermera y localizó a Miguel y Tennant.
-¿Yuko?
-¿Y sus otros hijos?
-Mandé a Andreas por Adrien.
-Supongo que puede irse con Carlota a casa.

Ricardo tomó la palabra del profesor y colgó del brazo a su hija, alegre de que no ocurriera una desgracia pero Yuko, Miguel y Tennant se miraron un tanto cómplices. Afuera, el verdor continuaba, menos intenso pero las nubes volvían a cubrir el sol una y otra vez. La buena noticia era que los suicidios cesaban, la mala era que los canales se teñían de rojo y la peor era que nadie sabría las razones. El Diablo no estaba complacido pero su autotributo era suficiente, no obstante, pasara el resto del día hundiendo al fantasma de Elena Martelli en desquite y enviando a sus esbirros a llenar tarros con la sangre de sus víctimas inocentes.

domingo, 7 de enero de 2018

El cuento de la noche más blanca (Relato por la Navidad ortodoxa y fin de la serie navideña)


Tell no Tales:

Cuando Madice Hubbell, Eva De Vanny, Courtney Rostov y sobretodo, Kleofina Lozko, entendieron que el concurso de belleza se había tornado en algo personal, acudieron a regañadientes a cumplir el requisito de la entrevista. Un fin de semana en Jamal con sesiones de fotos, presentación en traje de baño y la charla con Mathilde Tellier y Ruth Blèger eran pan comido con Bérenice filtrando las preguntas, apartando los mejores bañadores y sobornando al mejor fotógrafo mientras su madre hacía algo similar pero a la inversa con Camille Maier. En la estación de autobús ya había camarógrafos y como detalle, el Comité pagaba el chocolate caliente para todos. Las concursantes recibieron el suyo al tomar lugar y sólo Courtney pudo retrasarse un poco para despedirse de Matt mientras Bérenice fingia no ver y mandaba besos por la ventanilla al bebé Scott y a Luiz.

-El marido de Courtney es muy guapo - exclamó Eva y hasta Madice lo aceptaba; Kleofina era la única que no estaba impresionada y apartó el asiento para que sus nuevas amigas quedaran juntas. En punto de las siete de la mañana, inició la travesía que ponía muy nerviosas a todas, sobretodo por la carpeta de selección que era abierta para tomar nota desde ese momento.

-Olvidé que nos vigilan como si estuviéramos en internado.
-No es tan malo, Madice; luego nos portamos mal.
-Ay Eva, cómo si pudiéramos.
-¿Nunca sales?
-A veces.
-¿Cuánto a que iremos a un súper antro en Jamal?
-No te puedes emborrachar.
-Pero sí ser traviesa.
-Claro.
-Mi novio no está.

Las cuatro rieron espontáneamente.

-¿Cuándo te casaste Courtney?
-Hace un mes.
-Tu marido es lindo.
-Gracias.
-¿A qué se dedica?
-Es forense.
-No se nota.
-No dirías lo mismo si fuera tu esposo, Eva.

Courtney sonrió un poco más y luego volteó a ver Bérenice, segura de que la escuchaba atenta.

-Chicas, atención: Necesito saber algo de ustedes, levanten la mano las que tienen novio, las contaré.... Ahora las casadas.... ¿Sin novio?... Muchas gracias - decía Mathilde Tellier y Micaela Mukhin anotaba todo. Las que platicaban, las que leían o miraban por la ventana sabían que cualquier paso en falso era un adiós prematuro y las pastillas antimareo se repartían a discreción.

-Esta isla es muy grande - notó Courtney a las dos horas de camino.
-Hace tanto frío que no se puede vivir en estos bosques - dijo Kleofina - Los de mantenimiento vienen y van en helicóptero y tienen que caminar mucho cuando hay niebla. Inspeccionan dos veces al mes.
-¿Conoces este lugar, verdad?
-Sólo los montañeses aceptan venir aquí.

Y luego inició un gran relato sobre el padre y el hermano de Kleofina enfrentando a un oso durante la construcción de una ampliación del camino y el día que un banco de niebla hizo imposible instalar unos teléfonos de emergencia. Cada abril esa carretera era intransitable y la vía del tren nunca se concretaba.

Las cercanías de Jamal en cambio, eran soleadas. Los bancos de arena negra se veían desde las colinas y el agua reflejaba un azul zafiro que muchas chicas ya habían olvidado y por ahí se escuchaba que el paisaje se parecía a Mayotte.

-Cada año me sorprendo - comentó Madice y luego vino un silencio que sólo cesó cuando el autobús paró en la estación. Por órdenes del comité, las chicas debieron formar una fila y saludar a la prensa, sin detenerse, al descender.

-¿Cuántas chicas tienen malas notas hasta el momento? - preguntó Mathilde Tellier a Micaela Mukhin.
-Cuatro.
-Esperaremos a la entrevista pero hágales saber que tienen una advertencia.
-Enseguida.
-Otra cosa.
-Adelante.
-Necesito que las chicas sean tentadas en la fiesta del comité, descartaremos a las que beben más.
-Perfecto, déjelo en mis manos.
-Deben quedar treinta, una por distrito, va a ser difícil.
-Pero tenemos la lista de suplentes, estaremos bien.

Bérenice escuchaba con atención y no tardó en advertir a Madice. Como precaución extra, se aseguró de que se hospedara junto a Kleofina, su favorita de emergencia.

La posada que el comité había escogido estaba frente a la playa y pronto, las chicas fueron instruidas de colocarse el traje de baño asignado y bloqueador solar; la sesión fotográfica iniciaría y debían comportarse de la manera más natural posible. Así Camille Maier debió pelear con un bañador que le quedaba chico y a Courtney le causaba cierta resistencia el color naranja del mismo.

-Creo que estoy en Baywatch y al menos no es un bikini - expresó pero salió junto a Eva y se reunió con Kleofina y Madice enfrente del fotógrafo que Bérenice le sugería. Ninguna participante estaba consciente de que los escasos turistas y la gente del pueblo llenaban una encuesta sobre quiénes les parecía que portaban mejor el traje o reflejaban las actitudes más seguras mientras jugueteaban en la playa, caminaban o posaban ante los fotógrafos cuando se requería. Los resultados comenzaron a inclinar ciertas balanzas a favor de candidatas que el comité no había considerado y confirmaba algunas, dando mayores puntajes a dos inesperadas chicas: Safiatou Mbelé de Láncry - Saint Michel y la mejor evaluada, Courtney Rostov de Láncry- Guyane.

-Supongo que esto descarta a la candidata que compite con la señora Rostov - sentenciaba Mathilde Tellier - ¿Cómo salieron Bosque - Réunion y Centre - Champagne?
-Cuarta y quinta - señaló Micaela Mukhin.
-¿Quién es tercera?
-Marina Lazukina de Rossija Pushkin.
-¿Tiene rival?
-La que salió novena, Evgenia Morozova.
-En la entrevista veremos cuál avanza ¿Alguna sorpresa?
-Eva de Vanny, sexta en puntaje y arriba de una corsa, Marianne Belin de Corse - Lorphelin por un punto.
-Por curiosidad, deme los puestos ocho y diez y el sitio de Camille Maier.
-Octava, Leyla Macé de Blanchard - Miterrand y décima Emma Begué de Corse - Auvergne; Camille es doceava.
-¿La carpeta ya está ordenada de acuerdo a esta encuesta?
-Por supuesto.
-¿Las encargadas de la admisión están enteradas?
-Recibieron copias.
-Encárguese del vestuario de Ruth Bléguer y del comité, en dos horas iniciamos entrevistas.
-Enseguida.

Micaela jaló a Bérenice consigo al momento que se anunciaba el fin de esa dinámica en la arena y se entregaban fichas con los turnos para las entrevistas de acuerdo a la carpeta. La joven del lugar cincuenta sería la primera en pasar y se explicó que apenas acabara una, iniciaba otra, sin descanso. Madice se dio cuenta de que el tiempo se limitaba a tres minutos y una pregunta y sobretodo a la presencia de un invitado del que ni Bérenice sabía. Así lo informó a las otras y luego de la ducha, se pusieron a ensayar frente al espejo y en secreto, Bérenice llegó con un vestido negro especial para Madice con una larga cola y entallado. En un concurso de belleza, eso nunca es un exceso.

A las tres de la tarde, las chicas fueron formadas cerca de la puerta de un salón que estaba oscuro y la primera concursante entró puntual sólo para aturdir a las demás con un enorme grito que levantó expectativas y curiosidad. Eva entonces prefirió reforzar su ensayo y Kleofina retiró sus tacones para poder caminar cuando se le requiriera. La única relajada era Camille Maier y a su lado había otra tres mujeres intentando calmarse con ejercicios de respiración que no funcionaban.

-¿Quién está ahí dentro? - preguntó Courtney cuando se emocionó otra joven y su interés se acrecentó de saberse la última. La espera no era benigna en ningún sentido y la pérdida de tiempo menos. A Eva le tocó pasar veinte minutos antes de las siete y Kleofina fue lo más concreta que pudo; Madice ya había pasado y cuando Courtney se quedó sola, tuvo ansias de abandonar.

-Señorita Rostov, ha llegado su turno - dijo un coordinador.

Ella miró la salida.

-Necesitamos que tome una decisión.
-Estaré bien.

Courtney sabía que el retorno no existía y aun mirando al exterior, se introdujo en esa oscuridad en donde sólo podían ver su silueta. La luz del jurado le molestaba y luego de acostumbrarse, miró al juez sorpresa, desencantándose. Lo había escuchado pero no le impresionaba siquiera su apodo cuando lo presentaron y menos cuando la miró con atención. El parecía inquisitivo y también arrastraba la s como Kleofina.

-Le corresponde a nuestro invitado realizar esta entrevista del final - dijo una emocionada Mathilde Tellier.
-Primero, me gustaría saber el nombre de esta concursante ¿podrías dar un paso al frente y permitirnos ver tu rostro?

Courtney exhaló hondo y dejó que la luz le revelara la cara sin sonreír.

-Soy Courtney Rostov Diallo.
-Interesante nombre.

El juez entonces le realizó su pregunta:

-Dime Courtney ¿Si te dieran la oportunidad de decir algo en la tribuna de la ONU, que sería y por qué?

Aquello la tomó por sorpresa. Estaba segura de que se trataba una improvisación y una pregunta tan fácil suponía un esfuerzo.

-La OMS recibió un fuerte recorte para 2003 que detendrá una campaña vital de vacunación contra la tuberculosis. Se registran cerca de nueve millones de casos al año y en Tell no Tales se detectaron poco más de quinientos. Las vacunas dependen del Gobierno Mundial y la distribución se ha vuelto insuficiente.
-¿A qué te dedicas?
-Soy Traumatóloga Pediátrica.
-¿En que consiste?
-En atender traumas... Lesiones serias en niños.
-¿Alguna vez atendiste un paciente con esta enfermedad?
-Hubo una epidemia en Senegal en 1999, el personal del Hospital General de Dakar fue requerido para atender la emergencia y fui asignada al área infantil. En el cincuenta por cierto de los casos se produjo el fallecimiento; las vacunas no fueron suficientes y el brote de Sierra Leona era más grave. En la OMS y en la ONU contestaron que no había fondos.
-Quiero que hables desde el corazón ¿qué dirías ante la ONU?
-Que los médicos en África enfrentamos condiciones de abandono y carencias que también ponen nuestras vidas en riesgo. Nosotros debemos asumir la protección de la población porque nuestras autoridades fallan y es frustrante no contar con vacunas ni medicinas cuando los estados miembros del Gobierno Mundial aportan altas cifras al año para mantener la OMS y otras organizaciones mundiales funcionando. Que un estado no cuente con medios económicos o instalaciones también ocasiona controles deficientes y a veces sólo vemos a nuestros pacientes sin poder ayudar adecuadamente.
-Puede retirarse, Courtney.
-Gracias.

Seria y confundida, la joven Rostov dejó el lugar y cerró la puerta. Sus amigas la recibieron contentas.

-¿Quién te hizo la pregunta? ¿Mathilde o Ruth? - curioseó Kleofina.
-¿Mmm? Ah, el juez sorpresa.
-¿Mi Sol?
-¿Qué?
-¡Te hizo una pregunta, es increíble!

Madice y Eva estaban igual de emocionadas y pronto, uno de los coordinadores les indicó que debían arreglarse para la fiesta en un bar de playa que el comité había preparado para dar a conocer a las seleccionadas para el certamen final.

Luego de más fotos con la prensa y de cambiar de vestido, Madice, Eva, Kleofina y Courtney fueron conducidas junto con otro grupo de chicas a un bar dentro de un bungalow. El lugar tenía luces amarillas y rosas y el dj colocaba piezas de merengue y salsa, provocando el baile y haciendo que las chicas empezaran a divertirse. Los chicos que vivían en Jamal se dieron cita también y las bebidas fluían a gran ritmo a pesar de que el bartender anotaba el número de gafete de las concursantes y Micaela Mukhin iba contando con cuidado cuánto consumía cada una. Kleofina y Eva bailaban entre ellas mientras Madice platicaba con un joven en la barra y Courtney sonreía de sólo constatar que la fiesta no tenía razón de ser hasta ese momento. Luego aparecería la crónica en algún lado mientras Mathilde Tellier discutía como último punto la inclusión de la Miss Poitiers - Cipres luego de un empate.

-Atención, buenas noches a todos, nos complace recibirlos en este evento del Comité de Miss Nouvelle Réunion - se dijo poco después y los aplausos comenzaron - Después de completar nuestro proceso de selección felicitamos de antemano a todas las jóvenes que se inscribieron y a las que superaron nuestros filtros hasta presentarse aquí; gracias a todas - otros aplausos se dieron - Nuestra presidenta, Miss Tell no Tales 1992, Mathilde Tellier, anuncia a las finalistas preliminares de Miss Nouvelle Réunion 2003.

Las entusiastas participantes se acercaron al escenario aun más y Courtney se aproximó únicamente para felicitar a las que lograrían entrar.

-Me alegra estar presente esta noche, algunas vez fui una de ustedes y cuando supe que representaría el vecindario de Crozet, me preparé como nunca para llegar al final. Aunque algunas hoy sólo están aquí por curiosidad, tienen dudas o no creen, una corona sí cambia una vida. Por cuestiones de tiempo, nuestros subcomités vecinales no pudieron organizar las eliminatorias así que el comité central diseñó las mejores pruebas posibles. Pusimos algunas trampas como se han dado cuenta pero en este sobre hay treinta nombres de mujeres hermosas y confiamos en su capacidad e inteligencia para contender por un título y tal vez llegar más lejos. La ganadora competirá en Miss Universo; la primera finalista en Miss World, la segunda en Miss International y la tercera en Miss Earth. Habrá sorteo entre la cuarta y la quinta para asistir a Miss África o Miss Model International. Nuestra organización logró esos lugares gestionando durante veinte años y sólo el Miss Universo había sido el sueño que podíamos darles. Ya logramos a una virreina, Ruth Bléger... Ahora tenemos más sueños para todas y si no ganan o no clasificaron, inténtenlo el próximo año, no se rindan, pueden ser reinas.

Las asistentes volvieron a ovacionar y la mencionada Ruth Bléger se acercó al micrófono con un sobre dorado que contenía el nombre de las seleccionadas.

-Buena suerte a todas, acompañándome en esta noche se encuentra una personalidad de la música que además forma parte del jurado internacional de Miss Nouvelle Réunion 2003. Con ustedes ¡Luis Miguel!

Las jóvenes gritaban con fuerza y el cantante se aparecía ante ellas con un traje negro y muy sonriente para leer los nombres de las elegidas. Kleofina, Eva y Madi se acercaron lo más posible y entonces se dio paso al anuncio final.

-Ruth, te concedo el honor.
-Te lo agradezco, Miss Bosque-Réunion 2003 es.... Kleofina Lozko.

Kleo abrazó a todas las chicas que la felicitaban y subió al escenario a recibir su banda alusiva y una pequeña corona de imitación de perlas.

-Muchas felicidades, nos vemos el 31 de octubre - dijo el cantante besando su mano y luego Micaela Mukhin la colocó al lado derecho.

-Continuamos, Miss Bosque Le Ciel 2003 es.... - y a cada chica mencionada correspondía una reacción más emocional. Algunas estallaban en lágrimas, otras no paraban de reír y las atónitas eran puestas detrás en lo que digerían el nombramiento. A Camille Maier incluso le tocó una arenga cuando la llamaron como "Miss Chartrand Rosillon".

-Miss Centre - Champagne 2003 es Madice Lison Hubbell - leyó Luis Miguel y ella se conmovió un poco a pesar de seguir evaluando su marcha. Algo tenía la coronita que se sentía muy apreciada.

-Nuestra Miss Université - Calais es Eva de Vanny, felicitaciones... Recibe su reconocimiento, qué emoción, el año pasado gané Miss Poitiers - Cipres y me lo recuerdan todas - relataba Ruth Bléger y proseguía con los nombres de Miss Nanterre, de Miss Corse - Lorphelin, contagiaba la genuina alegría de Miss Quai de Seychelles. Por supuesto, también la decepción de las que no entraban alimentaba esa atmósfera emotiva y mágica en la que lentamente los distritos conocían el rostro de sus representantes. Al llamar a la nueva Miss Jamal, el público local se volcó en un estruendoso aplauso y así solo quedaban dos lugares por asignar: los de Láncry.

-Es la primera vez que el barrio Láncry tendrá representantes y el año próximo Miss Herault, Miss Nanterre y Miss Marchelier desaparecerán para dar paso a Miss Languedoc, Miss Quai de Charentes y Miss Poitiers - Legrand. Miss Nouvelle Réunion no sólo cambió su administración y nombre; el país también y lo nuevo y lo viejo se verán por única vez en esta edición - reflexionó Mathilde Tellier antes de ceder la palabra a Ruth Bléger con el nombre de Miss Láncry - St. Michel.

-Mucha suerte a ¡Safiatou Mbelé! - y la honrada recibía los abrazos de sus vecinas antes de tomar su nuevo puesto junto a Miss Rossija - Miterrand.

-Queda un sitio en nuestro cuadro de misses, Luis Miguel, haz los hontes.

El hombre sonrió de revisar el sobre.

-La chica que voy a nombrar ganó como mejor respuesta en la sesión de entrevistas y en la prueba de esta mañana también fue primera; antes marcó una calificación alta en un filtro previo, podría decirse que obtuvo con enorme merecimiento unirse a las finalistas. Miss Láncry - Guyane 2003 es.... ¡Courtney Rostov Diallo!

Entonces los reflectores se posaron en ella, que estando de espaldas parecía que estaba yéndose. Courtney tomó un momento para pensar: el concurso estaba amañado, Mathilde Tellier la quería a ella y sus amigas para montar un teatro, un plan de boicot se estaba llevando a cabo.... Y a pesar de ello, había cosechado méritos como legítima concursante. Casi imaginaba la deliberación luego de las preguntas, la forma en que la habían evaluado en el salón de té. Si algo anulaba lo que estaba torcido era saber que realmente tenía el derecho de contender.

Feliz, Courtney dio la media vuelta y recibió su banda y corona luchando por no llorar.

-¡Aquí están nuestras misses participantes en el concurso nacional "Miss Nouvelle Réunion 2003"! - oficializó Mathilde Tellier segundos antes de que Luis Miguel les dedicara una canción.

-Todas son hermosas - dijo él - Hayan calificado o no han conquistado mi corazón, esto es para ustedes, celebren y pronto nos reuniremos.

Las chicas reaccionaron gritando cuando a ritmo de "Suave", el "Sol" pasaba frente a ellas y cada una recibía una rosa. Kleofina incluso pudo abrazar al ídolo y Madice bailar un poco con él; a Eva le tocó un beso en la mejilla y como coincidencia Courtney tuvo la rosa más bonita y grande de obsequio mientras Luis Miguel le cantaba "cómo me mata tu mirada". La fiesta terminó con las chicas jugando en la arena a las nueve de la mañana.


Con dedicatoria especial a @universalqueensmx

miércoles, 3 de enero de 2018

Un nuevo lugar (Los cuentos de las noches blancas)


París

Octubre inició con un fuerte viento. Las hojas de los árboles tapizaban la ciudad por entero y el olor a sopa de calabaza se imponía en el ambiente cuando Judy Becaud por fin abrió su bistro en la Rue de Poinsettia. Del préstamo del teniente Maizuradze nada quedaba, ni siquiera para pagar el repuesto de un plato.

-La formule ya está lista - le anunció Cumber y ella se alistó para comenzar a servir en cualquier momento. Si el olor de París era fuerte, el del bistro de la señora Becaud atrajo enseguida a los comerciantes de aquella calle casi muerta, con un restaurante chino que sobrevivía de las entregas a domicilio y uno japonés al borde la quiebra. La tintorería, siempre vacía, dejó ver a su dueño por primera vez y en la chocolatería de la esquina la dependienta salió para ser acompañada por dos vendedores de kebab que durante días no habían hecho más que curiosear sobre sus vecinos nuevos.

-Bonjour, ya hay servicio, formule a 15€ - saludaba Jean Becaud al darse cuenta de aquellos primeros clientes y extendía la carta por si las dudas. Judy en cambio, aseaba de nuevo sus manos y sólo esperó las primeras órdenes mientras el nerviosismo le ocasionaba hormigueo en la espalda.

-Dos sopas de calabaza y dos estofados de vísceras - anunció Cumber y Jean comenzó a fungir de mesero atento, contrario a su actitud indiferente de siempre. Luego y a pesar del sol, comenzó a llover y más gente, buscando refugio tal vez, halló ese acogedor lugar en el que la chimenea se encendió en punto de las cinco.

-Tres órdenes de pollo al vino y sopa de cebolla en la mesa cinco; me faltan los postres de la mesa once - anunciaba Jean y para Judy era como escuchar música mientras David y Amy hacían su tarea al pie de la escalera para que nadie subiera. El sonido de las conversaciones, de las copas sirviéndose y de las cucharas recordaron mucho al viejo y pequeño Le jours tristes, ahora convertido en el "Bistrot La Belle Epoque".

Pronto, Cumber tuvo la ocurrencia de llamar a sus hermanos y Hugo y Svante se aparecieron por ahí, gastando su raquítico presupuesto y por una coincidencia que sólo se da entre la gente que se conoce, entró Anton con una cacerola mediana, a la que colocó en una barra con la intención de llevarse toda la sopa que quisieran venderle.

-¡Hola! ¿Me pueden llenar esto? - saludó y David y Amy se levantaron a recibirlo.

-¡Anton!
-¡Mis amigos!
-No nos dijiste que vendrías, te habríamos reservado una mesa.
-Muchas gracias, David.
-¿Dónde vives?
-En la calle de aquí atrás.
-Nosotros aquí, en el primer piso.
-Nos podemos ver diario, sólo falta Carlotita bonita ¿saben dónde se metió?
-Carlota se mudó a Venecia - agregó Amy.
-¿Qué? ¿Por qué no avisó?
-No lo sé, su papá la sacó del colegio y me llama por la noche.
-¿Venecia? Podemos ir a visitarla ¿cuánto traen?
-Pero eso está muy lejos.
-¿En dónde?
-Venecia está en Italia, Anton.
-¿En Italia? ¡Me lleva la cachetada!

La expresión del niño hizo que los comensales voltearan a verlo y Judy le escuchó enseguida, reconociéndole la voz y sirviéndole agua en un vaso para calmarlo.

-¡Qué gusto verte Anton! - le dijo al verlo y luego de darle un abrazo, le hizo beber.

-Te extrañaba, ahora puedes venir cuando quieras ¿qué te sirvo aquí?
-Algo de sopa.
-Te daré de calabaza y te pondré otro poco de cebolla aparte.
-Carlotita se fue a Italia.
-En un momento te paso su número.
-¿De verdad, Judy?
-Y también su dirección, si quieres escribirle.
-¡Eres un angelote!

Anton no se contuvo y abrazó a Judy con mucha fuerza, seguro de que le encantaba la idea de verla a diario, así París se convertía en una ciudad más amigable y podía llevar a los Liukin restantes a reunirse con él.

-Anton, déjame ir a la cocina.
-Claro.
-Espero que un día vengas por uno de esos licuados de vainilla que te gustan.
-¿Todavía te acuerdas Judy?
-Y los viernes serviremos pizza.

Anton seguía emocionado cuando Cumber le dio un golpecito en la cabeza y antes de siquiera darle tiempo de contestar, sus ojos se abrieron como plato. En el noticiero transmitían el reportaje sobre la selección de "Miss Nouvelle Réunion" y las mujeres que peleaban por un lugar. El evento sería "worldwide" y se recaudarían donativos para la reconstrucción de Tell no Tales.

-¡Pero qué bonitas! - gritó el niño cuando aparecían en pantalla las chicas del barrio ruso y un ¡oh! con la imagen de Kleofina Lozko el día de la inscripción.

-¡No pregunten, ella es mi Miss! - declaró Anton antes de quedar mudo con las voluptuosas mujeres de Láncry que también gustaban a Cumber y el asombro entre los presentes con las jóvenes del barrio Corse. Desde ese momento, tal certamen había ganado bastante público y las llamadas preguntando por la fecha de emisión llegaron casi enseguida.

-"TF1 realizará la cobertura en vivo de 'Miss Nouvelle Réunion' el 31 de octubre y se sumará a la campaña a beneficio de los damnificados acompañando a estaciones como Deutsche Welle, BBC International, RAI, Televisión Española, Rossija 1, YLE, O Globo, Telefe, TVN, RCN, ABC, CBS, CCTV, NHK y la Red Aliada de Televisoras Africanas de la mano de Télevisión Natiònal de Nouvelle Réunion. La transmisión simultánea en vivo desde las nueve de la noche, hora francesa".

-Regalote de cumpleaños, estoy enamorado - dijo Anton.
-Creí que sólo era de Carlota - bromeó Judy cuando devolvió la cacerola llena de sopa.
-Es un decir ¡no sabía que en Tell no Tales había señoritas tan bellas!
-No habías crecido, enano - se burló Cumber y volvió a darle un tope en la cabeza.
-Ya me vengaré, Cucumberto.
-Primero me caso con una mujer negra - y ante tal comentario, Svante dejó caer una cuchara en su plato como protesta.

-No con tu novia, Svante. Con esa mujer no vuelvo ni aunque me arranquen el pulmón sano.

A Svante se le quitó el hambre y se limitó a beber una copa de agua mineral para no saltar encima de su hermano y romperle los dientes. No era lugar para una confrontación.

-Anton, es 1€ - siguió Judy para calmar a los Maizuradze y el niño dejó propina luego de abrazarla de nuevo y despedirse de sus amigos.

Durante la semana, la escena con Anton entrando por sopa se repitió al igual que los comerciales del concurso de belleza y la lluvia que llevaba clientes fortuitos a "La Belle Epoque". La Rue de Poinsettia poco a poco se iba llenando de color y Judy vio personas ordenando kebab y al cocinero del restaurante japonés comprando pescado por primera vez. Había comensales en el local chino y encargos en la tintorería y todo empezaba cuando escapaba el olor a algún platillo en la cocina del bistro, delatando a parisinos curiosos de aquellas fragancias nuevas. El viernes, la primera nota del periódico hablando de aquél lugar apareció y como por arte de magia, una llamada a Jean para que publicara en un diario local se recibió al mediodía, yendo este de inmediato a la redacción con inusual buen humor. El fin de semana, Le Belle Époque se llenó y Anton dejó de ir por sopa para llevar a su madre y a Válerie como invitadas, obteniendo como mesa una al centro que además tenía asientos acojinados y parecía más bien un módulo aparte. La señora Becaud tenía la esperanza de que Carlota y su padre regresaran a París alguna vez y les tenía el sitio reservado desde siempre.

Anochecía cuando el aroma a cerezas hizo que Viktoriya Maizuradze y Gwendal Mériguet decidieran conocer la Rue de Poinsettia y con más ganas de prolongar su cita que de comer, se situaran junto a una ventana. Cumber fingió demencia y les sirvió el postre del día pero la señora Becaud, que llevaba a la barra una botella de vino retrocedió asustada y lloró frente a la estufa mientras se preguntaba qué haría para no ser vista si esos dos tenían la ocurrencia de regresar.

-"Las aspirantes a 'Miss Nouvelle Réunion' han celebrado una de sus pruebas más complicadas; aquí la crónica" - se oía y ella colocaba sus ojos en la pantalla mientras aparecían más mujeres en el salón de té de la Avenida Montepellier. Judy siempre había querido ir ahí pero también a las playas del barrio Costeau y al muy nuevo vecindario de Láncry.... Del brazo de Gwendal. Hasta la fecha lo imaginaba junto a sí, preparando el café o las supremas glaseadas de naranja que tanto le gustaban a él y luego recordaba esa bochornosa noche en que había descubierto que le veía la cara de tonta. Había intentado deshacerse de esos pensamientos y apenas lo lograba de vez en cuando, sólo si Jean hacía algo por molestarla o le reprochaba el embarazo. Era una mujer tan transparente que la puerta de la cocina estaba abierta y el mismo Gwendal la veía luego de acercarse a solicitar una copa extra que Cumber había omitido. Él sabía que Judy Becaud no lo había perdonado y que a diferencia de otras, ella le golpearía la cabeza sin pensarlo. Era lo malo de atravesarse en el camino de una mujer tan sensible.

-Deja en paz a la señorita - señaló Anton al aproximarse para dar las gracias y Gwendal retrocedió sin decir nada, situándose de nuevo frente a Vika y actuando como si nada pasara.

-¿Te consigo otro ladrillo?
-No, Anton.
-Si Vika no estuviera embobada, me lo arragaba a puño limpio.
-¡No hagas eso!
-No te merece, es una lombriz.
-Lo sé.
-¿Te ayudo a levantarte?
-Estoy bien.
-Bueno, me quedo otro ratito para que no te moleste nadie.
-Eres un caballero.
-Encanto de Maizuradze... Bueno, sólo mío, no veas a Cumber.
-También es un buen chico, créelo.
-Ya no llores, Judy.
-Descuida, ve con tu madre.

Anton esperó a que Judy saliera a la barra y luego volvió con su madre mientras Gwendal y Vika salían. Después, su atención en los comensales se concentró y hasta en el concurso de belleza, luego de escuchar que Cumber elegía a una candidata favorita.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Quiero ser Miss Nouvelle Réunion (Los cuentos de las noches blancas)


Tell no Tales

Courtney Rostov recibió un domingo, a las siete de la mañana, la llamada del comité del concurso de belleza. En una hora atípica, sólo correspondía colocarse un pantalón de mezclilla oscuro con una chamarra roja y a sugerencia de Matt, usar unos botines de tacón alto. La mujer salió rumbo a una cafetería en la avenida Montpellier casi decidida a renunciar y sólo alcanzó a leer en el periódio en qué carpetas se habían clasificado a las aspirantes.

En el metro, había pocas chicas pero no se necesitaba ser adivino para saber que todas iban al mismo destino y cuando halló un asiento vacío, Courtney aprovechó para descansar un poco de las botas, quedando frente a una joven campirana que sólo llevaba pantalón, playera, modestos tenis y un suéter de lana. Era la chica más bonita presente y sus labios rosa lila resaltaban cada que sonreía nerviosa.

-¿Te llamaron para el concurso? - preguntó Courtney.
-Sí, vine con lo que tenía puesto, espero que no me digan nada.
-No lo creo.
-Tú luces muy arreglada.
-También me vestí rápido.
-No se nota.
-Pensaba que sí.
-Me levanté muy temprano a recoger cerezas congeladas, sólo me dio tiempo de bajar por la Calzada Piaf y tomar este tren.
-Vives más lejos que yo.
-¿Eres de Láncry?
-No puedo negarlo.
-En tu barrio nos compran mucho las cerezas.
-No las he comido.
-¿De verdad?
-Cuando llego a casa, ya no hay.
-Qué mala suerte, un día deberías visitar el campo de flores de la pradera oeste para probarlas.
-Lo haré, gracias.

La joven campirana volvió a mirar por la ventana y sonreír hasta llegar a la estación de Champagne, donde otra joven se les unió al colocarse junto a Courtney y quejarse igual de sus zapatos.

-Disculpen, no estoy tan acostumbrada a estos tacones.
-Somos dos - respondió Courtney.
-Sólo lo hago por la entrevista de Miss Nouvelle Réunion pero yo paso, si vuelven a llamar les diré que no.
-Planeo hacer lo mismo.
-Ah, qué bien.
-¿Traes calcetas de rayas?
-Creí que me ayudarían.
-Me gusta tu saco.
-Me lo dio una chica en Filosofía, me lo puse sólo por tener el detalle.
-Deberías quedártelo, en serio.
-¿Lo crees?... Soy Madice Hubbell, por cierto.
-Courtney Rostov.
-Un gusto.

Madice y Courtney iban a continuar con su charla cuando la chica campirana volteó a verlas nuevamente.

-Soy Kleofina Lozko.
-Un placer conocerte.
-¿A ninguna de las dos le interesa el concurso?
-A mí no tanto - admitió Madice - Sólo me da curiosidad, no llegaría lejos.
-A mí me convenció mi marido, igual no creo que funcione - añadió Courtney.
-Entonces sólo yo quiero entrar.

Kleofina contempló risueñas a las otras dos y pronto advirtió que alguien más se uniría al grupo. Faltaban dos escasas estaciones cuando Eva de Vanny decidió sentarse junto a Kleofina, exasperada igualmente por su calzado pero mirando a otro extremo del vagón.

-Ahí está esa bruja, ojalá no me toque tenerla cerca.

Madice y Kleofina dirigieron sus ojos donde Eva y al igual que ella, reconocieron a Camille Maier, misma que no ocultaba su desdén por estar en ese lugar.

-¿Se puso los pupilentes? - creyó notar Madice.
-Ayer la vi retocándose el tinte - agregó Kleofina.
-¿Qué hace aquí?
-¿Su familia estará en bancarrota?
-O tal vez el guapísimo novio de alguien descompuso su coche sin ningún remordimiento - confesó Eva.
-¿De verdad? Hace unos días traía una carreta con girasoles y me asustó con su claxon.
-¿Tú eres...?
-Kleofina.
-Consíderate vengada.

Courtney arrugó un poco el entrecejo y la curiosidad la motivó a observar a Camille Maier, desagradándole aquella en el acto.

-No la conozco y ya la odio.
-No quieras ni que te mire - agregó Madice.
-¿Por qué?
-A nadie trata bien.

Las cuatro optaron por ignorar a la señorita Maier hasta que el tren se detuvo en la estación Ardenne. Bajaron juntas y acordaban irse por el mismo rumbo cuando vieron a Mathilde Tellier saludando con beso en la mejilla a aquella chica, yendo con ella hacia la salida. Los rumores de que Camille había entrado al certamen sin pasar filtros se confirmaban sin duda.

-¡Bitch! - exclamó Courtney con ganas de irse por la farsa pero notó algo que volvió a retarla: Bérenice Mukhin también descendía de un vagón y llevaba tacones aun más altos que las demás, dándose el caso de que caminaba bastante bien pero con sus manos torpes y natural despiste, tiró una gran carpeta con cientos de solicitudes ya enmicadas y hasta el té de la señora Tellier. Únicamente por sentir que era menos tonta, Courtney propuso ayudarla y Madice, Eva y Kleofina accedieron enseguida.

-¿Estás bien? - inició Courtney, levantando algunos papeles.
-Sí, qué bueno que la señora Tellier se adelantó, me mataría.
-Toma.
-¡El té se escurrió!
-Podemos comprar otro en el camino y vaciarlo ahí.
-¡Gracias chicas!... Gracias por salvarme, Courtney.
-¡Miren! Encontré la solicitud de Camille - dijo Madice y Bérenice se incorporó enseguida, abrazándola por saludo.

-¡Sabía que vendrías! Qué bueno que te pusiste lo que te di.
-Te hice caso, qué... bien.
-Camille ya está inscrita al concurso, su hoja va aparte, gracias.
-¿Entonces por qué nos hacen venir?
-No debería decirles pero todavía no son las entrevistas, es una prueba.
-¿De qué?
-Afuera les explico pero cuando lleguemos se adelantan.

Todas afirmaron y Eva aprovechó de saludar a Bérenice.

-Evan se fue a entrenar, te ve en la cantina a las cinco.
-Gracias ¿de casualidad no lo viste, no sé, con manchas de grasa?
-Me dijo de un sabotaje pero no entendí nada.
-Qué buena mujer eres.

Bérenice sonrió y fue con las demás rumbo a la calle, en dirección a la avenida Montpellier, en el barrio Centre. Por explicar de qué se trataba la trampa del Comité, olvidó rellenar el vaso.

A dos pequeñas esquinas de distancia, se hallaba el salón de té de la dulcería Bonbons Carousel. Era un sitio famoso por caro y por sus pasteles de crema batida con ron servidos durante los eventos privados. Si alguien moría por probar la carta era justo Bérenice y antes de separarse de las cuatro chicas, se aseguró de que Madice tuviera la coleta ajustada y el labial coral retocado; la otra no entendía ese empeño en querer verla perfecta.

-¡Suerte, Madice! - se despidió Bérenice.

Kleofina, Courtney, Eva y Madice aguardaron un poco y en cuanto entraron otras muchachas, ellas se aproximaron a una elegante puerta de madera y ascendieron por una hermosa escalera hasta el primer piso del salón, con sus paredes amarillas con paisajes pintados a mano. Cualquiera podía quedarse viendo el techo durante horas y disfrutar la fragancia del chocolate recién manufacturado pero en ese momento, estaba lleno de mesas con letreros en los que se indicaba a las aspirantes dónde registrarse. Las divisiones realmente abrumaban:

Miss Bosque Réunion, Miss Bosque Le Ciel; Miss Corse Auvergne, Miss Corse Lorphelin; Miss Láncry St. Michel, Miss Láncry Guyane; Miss Chartrand Rosillon, Miss Chartrand Druot; Miss Rossija Pushkin, Miss Rossija République, Miss Rossija Miterrand; Miss Blanchard Miterrand, Miss Blanchard Champollion; Miss Centre République, Miss Centre Champagne; Miss Crozet; Miss Marchelier, Miss Avignon; Miss Carré, Miss Carré Bouchard; Miss Nanterre, Miss Poitiers Cipres, Miss Poitiers Cotillard; Miss Université Calais, Miss Herault, Miss Costeau, Miss Quai de Seychelles, Miss Jamal, Miss Toud y Miss Vichy.

Luego de anotar su asistencia, las cuatro mujeres volvieron a reunirse con sus gafetes colgando y cada uno poseía una banda de color así como un número y el nombre del distrito que podían llegar a representar. El de Kleofina era morado y decía "Bosque Rèunion", Courtney portaba un verde enunciando "Lancry- Guyane", el amarillo era de Madice y se leía "Centre - Champagne" mientras que el Eva era rosa claro con la leyenda "Université - Calais". Un amable hostess las llevó al segundo piso y las colocó en una mesa junto a una pared verde oscuro decorada con flores de madera y espejos con marcos dorados.

-Es precioso - expresó Madice y tomó lugar junto a Kleofina, Courtney prefería estar lo más escondida posible y Eva, desde su asiento, podía ver todo y criticar al resto.

Había un gran bullicio en aquél momento y a excepción de Madice, nadie se daba cuenta de que la selección había iniciado. Las parlanchinas o escandalosas serían las primeras en irse, había demasiadas chicas del barrio Corse que descartarían al mínimo error; apenas se sirviera el primer plato, aquello se volvería un examen de mesura y no comer o beber sería sinónimo de hipocresía. Bérenice lo había manejado como prueba de modales pero, si hay algo por lo que se puede conocer a una persona, es por su forma de comer.

-Eva, en cuánto pongan té en tu taza, espera un minuto; Kleofina, ten cuidado con los pasteles, no estrelles la cuchara en el plato - murmuró en voz baja y Courtney añadió - No beban más de dos tazas.

Las otras dos se miraron mutuamente y sigueron el primer consejo al pie de la letra. Eva incluso bajó el volumen de su voz y Kleofina quitó los flequillos de su rostro. El siguiente round fue el enorme platón de postres que en cada mesa parecía un adorno. Tiramisù, pastel de chocolate, macarrones, mousse de frambuesa con bizcocho y crema y copas de fruta seducían la nariz y ojos de cada una de las presentes y, por seguir con la estrategia, Madice y Courtney eligieron las copas de fruta y el mousse por ser los más problemáticos, dejando a las otras dos lucirse. Por seguir disimulando, las cuatro continuaron hablando de sus vecindarios y de Bérenice, que en otra mesa y cuando Mathilde Tellier retiraba su vista, degustaba el tiramisù y unas esferas que después se sirvieron a todas en individual. Al partirlas, salía chocolate amargo y entonces Eva y Kleofina entendieron que bajo ningún motivo podían ceder a la tentación de probar lo que no estuviera bañando el pequeño panecillo que sostenía tan fino postre.

Bérenice por su cuenta, resguardaba su carpeta con celo y la señora Tellier le daba sutiles señas sobre a quiénes debía retirar y pronto, la selección se redujo a  cincuenta aspirantes. Tal y como en el día uno, la primera predicción se cumplió: del distrito de Bosque - Réunion únicamente se aceptó a Kleofina Lozko; su entrevista, a menos que fuera un total desastre, era una simple formalidad que no cambiaría nada. Poco después, el cuadrante de Centre - Champagne arrojó un resultado similar y Madice Lison Hubbell se convirtió en la segunda admitida a pesar de sus evidentes reticencias. Bérenice fue muy feliz y comenzó a imaginar los atuendos que le daría para que ganara; no obstante, Camille Maier, que de reojo miraba los resultados, se diera cuenta de que debía deshacerse primero de la montañesa, así por su cuadrante llamarían a otra y aumentarían las posibilidades de obtener la corona.

-Hay que tener cuidado - comentó Camille a Mathilde Tellier - Las chicas de la campiña son mustias y la que elegiste es una zorra.
-Esto es un concurso de belleza, no de reputación.
-Te prevengo porque ella tiene la costumbre de meterse con hombres casados.

Bérenice alzó su vista y distinguió a una sonriente Kleofina que no advertía el veneno cuando la señora Tellier quiso comprobar la acusación de Camille y mandó a su marido a la mesa correspondiente. Extrañadas, Madice le hizo un lugar y el tipo comenzó a preguntarles sobre el concurso e incluso sobre si tenían novio. Las cuatro se incomodaron y Camille se levantó, yendo a saludar a Eva, fue entonces cuando la señorita Maier exclamó en voz alta "¡Kleo! Me sorprende que vinieras, creí que en el campo se trabajaba diario!"

-Mi padre no me necesita hoy.
-Qué raro... Tampoco te necesitaba cuando ibas a la pizzería del barrio ruso.
-Vendía flores ahí, mi padre sabía.
-No era lo que decían.

Kleofina se encogió de hombros y dio un sorbo a su té.

-Todos saben qué hacías ahí.
-No sé a qué te refieras, Camille. En ese local siempre me compraban margaritas.
-Y el dueño rosas, siempre.
-Cultivamos las mejores.
-¿Las mejores para meterte con él? ¿Era casado, no?
-¿Perdón?
-Ay Kleo, no seas ingenua, aquí todas sabemos que te ibas con el señor Maizuradze, el de la pizzería, las rusas conocen perfecto tu cara.

Todas miraron a Kleofina a punto de juzgarla, ella se puso pálida y en medio de aquel silencio, Courtney se levantó boquiabierta.

-Esto es muy bajo - externó.
-Opino lo mismo que ella - intervino Madice.
-Nos vamos las cuatro, ahora - dijo Eva igual de enfadada y ayudó a Kleofina a levantarse, sin embargo, Camille no tenía suficiente y cuando Eva pasó junto a ella, la hizo tropezar, provocando que tuviera que apoyarse en Kleofina, y esta última perdiera el equilibrio y se tirara una chocolatera sobre su cabello y rostro.

-¿Están bien? - preguntó Courtney - ¿La bebida estaba caliente?
-Creo que iremos por una ducha - respondió Eva.
-Me cayó chocolate en las piernas, está tibio - declaró Madice.
-Kleofina ¿te lastimaste?

La chica campirana se levantó y salió del salón llorando; las otras chicas fueron a alcanzarla y Camille regresó a su lugar. Mathilde Thellier por su parte tomó la mano de Bérenice y susurró:

-Ve por ellas.
-Muchas gracias.
-Y convéncelas de ir a las entrevistas.
-¿Es de verdad?
-Podemos armar un gran programa de las princesas contra la bruja malvada.
-¿Qué quiere decir?
-Esas cuatro son justo lo que busco, son bonitas, educadas y diferentes; más te vale que regresen al concurso.
-¡A la orden, jefa!
-Si no lo haces, despido a tu madre.
-¿A mí no?
-Creo que tú y yo sabemos que tu madre se desvive por todo esto.

Bérenice abandonó el lugar enseguida con un gran trozo de tiramisù en la mano y halló a Eva y Kleofina en la calle, abrazadas.

-Ya pasó, no llores.
-Mi departamento está más o menos cerca ¿quieren ir? - intervino Madice - Kleo, ya llamé a tu padre, dice que puedes volver mañana a tu casa.
-Olvidémonos de esto - concluyó Courtney y las cuatro partían cuando Bérenice se les aproximó casi corriendo.

-¡Espérenme! - les gritó.
-¿Qué quieres, Bérenice?
-Disculpa, Courtney.
-Ya terminamos aquí, el concurso se puede ir al demonio.
-Yo vengo a apoyar.
-¿Apoyar en qué?
-¡Si ustedes se dan por vencidas, Camille gana!
-Ay por Dios.
-Camille necesita esa corona para ser modelo, ustedes lo pueden echar a perder.
-No seas una niña.
-¡Puedo hacer que cualquiera de ustedes gane!
-Queda claro que no nos importa, adiós.
-¿Van a dejar que esa rubia idiota se salga con la suya?
-El concurso ya está arreglado y mis amigas terminaron manchadas de chocolate y una humillada; vete al diablo y dile a Mathilde Tellier que es una asquerosa rata.

Madice, Eva y Courtney miraron a Bérenice fijamente.

-Creo que todo el Comité detesta a Camille.
-Adiós, Bérenice.
-¡Traigo tiramisù!
-¿Por qué te creeríamos?
-Porque mi madre planea un boicot.
-Los cuentos son muy bonitos.
-Kleofina, lo que Camille te hizo, también me pasó... Chicas, las ayudaré, sólo no renuncien.
-¿Qué tienen tu madre y tú planeado?
-Volver a Camille loca.

Courtney no creyó ni media palabra pero Kleofina le pidió no continuar discutiendo. Algo le dijeron al oído Eva y Madice y las cuatro aceptaron a Bérenice durante el camino a casa. A fin de cuentas, llevaba un postre.


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