miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cuatro historias de Navidad (Segunda parte)

                                                
El regalo
25 de diciembre 2000

Isabelle Shepard acostumbraba desde hacía diez años realizar una cena en la que servían fondues, bolitas de queso, pan italiano y Delobel para celebrar Navidad. A diferencia de otros lugares del mundo dónde la cena se realiza el veinticuatro, en Tell no Tales era el día posterior y se acostumbraba una reunión con los amigos.

Gabriela y Ricardo eran los encargados de proveer el postre y las flores que adornaban la mesa esa noche. Andreas y Adrien jugaban, en la cocina Susana e Isabelle sacaban del horno el pan y cuando lo colocaron al centro todos tomaron asiento.

Carlota disfrutaba la charla con la que Pat Low mantenía entretenidos a los presentes, Jean Michel Jeunet hablaba de cómo se le había ocurrido filmar con Isabelle, Jeremy Poirier que había vuelto a la ciudad sólo para Navidad comentaba acerca de lo fácil que era conseguir cualquier cosa ese día y sobre las recomendaciones que escuchó en Italia sobre viajar a Tell no Tales.

Cuando Casey tocó a la puerta comenzó algo más divertido: la espera de las campanadas y al llegar éstas se celebró la verbena que los monjes preparaban. En la calle la fiesta continuó. Entre dulces, ponches y buenos amigos la noche prometía ser la más feliz del año.

Ricardo llamó a Carlota y la llevó a la puerta del edificio dónde vivía Isabelle

-Gracias por el catalejo, fue un lindo detalle
-De nada
-Parezco un niño desde ayer
-Me alegra que te gustara
-Yo tengo algo para ti. Es muy especial y creo que eres la indicada. Este brazalete me lo dió tu madre el día que nos casamos, nunca me quedó pero espero que lo conserves.
-¡Gracias papá! ¡Te doy beso!
-Bien volvamos

Gabriela al encontrarlos preguntó:

-¿Dónde fueron?
-Por ahí ... Por ahí. Ya sabes que me encanta estar con mi hija

Algunos cantaban y otros brincaban o sacudían las manos. Esa noche muchos se conocían.
La fiesta duró hasta las nueve de la mañana.





                                                                Las campanas
  
                                            "Las campanillas son felices cuándo tú no estás
                                              Las campanillas cantan sobre una verdad
                                              La luna partida reclama que te vas"

Esta cancioncilla solía cantarse durante diciembre y era una forma de despedirse del año. Gabriela la susurraba para no despertar a nadie. Le gustaba estar junto a su árbol y comerse en secreto las galletas de nuez que Ricardo había colocado ahí.
Muchos años de su vida transcurrieron con tranquilidad. La suerte de estar al lado de un hombre íntegro y con una familia que adoraba sin duda, era signo de que algo muy bueno había hecho.

Franz De Patie por su lado, decidió dejar la diversión para después. Intrigado por la inocente melodía revisó los campanarios de las iglesias en toda la ciudad. Al no encontrar nada pensó que tal vez era imaginación suya pero al escucharla de nuevo en la playa no tuvo dudas.

-No quiero hacer esto... Muelle allá voy

El viejo que le hizo encontrar a Evan sonrío al verlo.

-Ya era raro que no vinieras
-Necesito su ayuda
-Jaja mira muchacho solo eres pez de agua dulce, te matarán las pirañas
-¿Qué significa el acertijo de las campanillas?
-Eso lo desconozco. Ese villancico es más bien una amenaza. Cuándo se llevaban a un preso las campanas sonaban y era exhibido ante todos. La gente era muy mala.
-Interesante
-Pero piensa hombre de acertijos.... ¿Qué verdad esconderían las campanas?
-¿Porqué hablan de la luna partida? Será menguante o creciente
-Es un lugar mi estimado
-¿Cómo lo sabe?
-El reflejo de la luna se quiebra en algún punto de la ciudad. Las campanas antes servían para indicar los movimientos lunares pero una fase quedó incompleta. Búscala.

Franz esperó a que anocheciera. Las luces en la ciudad brillaban demasiado. Desde la Catedral contempló todo. Mientras los habitantes se encontraban en celebración, Franz observó como el anciano tenía razón. En Santa María del Mar el destello lunar se perdía. Con más temor que afán investigativo
caminó hasta llegar ahí. Entró. Le extrañaba que en una noche cómo esa, el lugar estuviera vacío. Buscando con exactitud el sitio marcado revisó el piso. Una placa tenía escrito:

                               "En memoria de Matt Weymouth y Lía Liukin. 1932"

Grabada en el mármol una imagen de la luna estaba quebrada.... Pero había algo más: El villancico de las campanillas poseía otro fragmento:

                                                  "Las campanillas están gritando
                                                    Alguien aquí terminará en el mar"

-No puede ser.....El mar se tragará la ciudad..... Y todas las noches escuchamos el aviso a las ocho

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