jueves, 29 de diciembre de 2011

El viaje a la playa (Las luces de la fiesta)


Para celebrar el éxito de Verner, Tamara organizó una excursión a Jamal. El trayecto duraría cuatro horas en autobús y para su sorpresa, nadie se entusiasmó con la idea. Salir en pleno treinta y uno de diciembre causaba  flojera pero lo que cambió las cosas fue la insistencia de Andreas, quién aprovechó para covencer a su chica de realizar la travesía y persuadió a Gwendal por igual.

-¿Hace cuánto que no tomas vacaciones, Ricardo?
-No cambiará mi respuesta, Andreas.
-¿Porqué me confudes con mi sobrino?
-Disculpa, Gwendal.
-No te fijes, pero ¿Porqué no quieres salir unos días?
-No lo acostumbro.
-Anímate.
-Mi hijo ya me suplicó y la respuesta es la misma.

Lo que Ricardo desconocía, era que su primogénito logró que sus hermanos se pusieran de su parte e insistieran demasiado durante la cena para que su padre no fuera capaz de negarse. Como los primos estaban allí, se unieron al berrinche y así, la familia entera tomaría el autobús de las nueve hacia el centro de recreo.

-Vaya que son audaces - pensó el patriarca.

Más tardó el padre de los Liukin en acceder, que sus críos en preparar maletas. Carlota misma llamó a Joubert y Anton armó una revolución en casa para que sus familiares asistieran. Judy - que no esperaba escuchar su teléfono a las tres de la mañana - también aceptó encantada y se aseguró de que David tomara parte.

Fue así que todos se reunieron en la terminal y abordaron. Verner, que quería atesorar ese momento, comenzó a grabar las incidencias y hacer pequeñas entrevistas. Solamente con Amy se mostró poco invasivo.

Carlota y Joubert, que se sentaban juntos, contemplaban lindos paisajes y conversaban de forma muy íntima. Aquella escena le recordó a Gabriela las largas charlas que sostenía con su esposo cuando eran más jóvenes.

-¿Pasa algo?
-Unos buenos padres habrían ahuyentado a Joubert.
-Podríamos hacerlo.
-Y la chica nos odiaría.
-Es un precio que no nos pesaría.
-Sólo míralos, Ricardo. Se parecen a nosotros.
-Sobre todo por las arrugas y las ojeras.
-Jeje. No, es en serio. Lo presiento y me molesta. Él es el indicado y ¿Qué podemos hacer tú y yo? Nada.
-Carlota es muy pequeña y conocerá el mundo, quiero pensar que también a otras personas.
-Eso también lo sé, pero las madres nos damos cuenta y Joubert al final será tu yerno, te lo juro.

El chico Maizuradze en el asiento posterior a los Liukin se sintió herido al escuchar eso porque su voz interior, misma que le decía que su amiga era "el amor de su vida" también le hacía saber que Gabriela estaba en lo cierto y se lamentaba por ello.

El sol les anunció que se encontraban cerca y la espesa cortina gris de las montañas se había esfumado. Tamara, al lado de Gwendal no dejaba de sonreír y discretamente le coqueteaba mientras Javier volteaba con insistencia hacia Judy que no se percataba por mirar a su marido, el cual  no cesaba de tomarle fotografías.

-Estimados pasajeros: Gracias por su preferencia, en unos momentos procederemos al descenso. Le suplicamos no retirarse el cinturón hasta que la unidad se detenga por completo. Nuestra parada se ubica a un costado del hotel Cardin. Les deseamos una gran experiencia.

Después del anuncio, todos se aprestaron a desobedecer y una vez en tierra, se precipitaron por el equipaje y se registraron en una posada cercana. Ni tardos ni perezosos, los adolescentes corrieron al mar. Gabriela ni siquiera esperaba ver que Carlota lucíera un bikini y tampoco que otros muchachos se le acercasen creyendo que tenía quince años.

-Señorita, vete a cambiar.
-¿Porqué?
-Cometí un error al comprarte el traje de baño. Ponte uno completo y de paso una toalla que te cubra las piernas.
-Pero hace calor.
-Precisamente por eso.

La niña, con un poco de enojo siguió la orden pero el objetivo de su madre no se cumplió. Los jóvenes seguían rondándola y le invitaban cosas a pesar de que ella no accedía y sus hermanos no se le separaban.

-¿Necesitas una prueba más de que nuestra niña crece?
-¿En este punto debe darme un infarto, Gabriela?
-Normalmente, sí.

Pero no tardó en aparecer Joubert en escena y el cortejo de los jóvenes se transformó en un juego de volleyball.

-La vida me recuerda que ya soy viejo - señaló Ricardo.
-Y a mí también.

Al mismo tiempo, Judy buscaba un sitio para recostarse y tomar el sol pero su marido la sostuvo por la cintura, besó su mejilla y la salpicó con el resabio de la marea, a lo que ella respondió con agrado por lo que la pareja terminó entre las olas.

-Judy es linda - comentó Gwendal - Y sabe divertirse.
-Podemos pensar en algo.
-¿Que sugieres, Tamara?
-¿Te acuerdas de cómo terminabámos la fiesta en Lyon?
-¿Quieres asaltar un bar?
-Si me dejas buscar a un inocente para echarle la culpa..
-¿No crees que ya somos adultos?
-El que llegue al último paga la primera ronda.

Ambos se alejaron corriendo.

Cuando Anton comenzó a buscar la forma de distraerse, se encontró con que el grupo se había dispersado. Sin más compañía que un yoyo, el pequeño optó por perder el tiempo pero no por mucho. Eva de Vanny andaba por ahí, vacacionando con su padre y sin Evan.

-Hola A ¿Qué haces?
-Me llamo Anton.
-Me gusta más decirte A.
-Está bien.
-¿Aburrido?
-Sí.
-Ven conmigo.
-Avisaré a mi mamá. Igual y me atiende.
-¿Vas a pedir permiso por un simple helado aquí enfrente?
-Ay, pero qué cosas.
-¿Y esa carita? ¿Es por una niña, verdad?
-Ahora resulta, soy un chamaco.
-Jajajajaja.
-¿Qué?
-¡Ay! ¡Eres una monada!
-¿Siempre me vas a dar beso?
-Los que me pidas.
-No tengo palabras.
-No las necesitas.

Eva condujo al chico Maizuradze a una especie de cafetería y permanecieron allí mientras atardecía. La joven carcajeaba con las ocurrencias de Anton y se las ingeniaba para hacerlo pasar por aprietos cada que le guiñaba un ojo. Ocasionalmente, Joubert pasaba corriendo.

-¿Porque el dj no me dijo que venía?
-¿Quién?
-Ah, perdón chico A. Es mi amigo Bessette y no me ha dicho "hola".
-¿Bessette? ¿El señor perfecto?
-¿Lo conoces?
-¿Hablamos del mismo?
-Descríbemelo.
-Es alto, castaño, nariz grandota y todas gritan por él.
-Entonces es el mismo ¿Te molesta?
-No... No mucho.
-Cuéntame.
-Pues no me cae bien y ya.
-¿Qué te hizo?
-Nada.

Eva entonces, rozó con sus labios la boca del niño. Sonrosado, Anton salió corriendo.

-¡Hey! ¡Espera!
-¡Estás loca!
-¡Anton! ¡No me hagas perseguirte!
-¡Voy a llamar a mi mamá!

Lo malo, fue que el chiquillo recibió un fuerte balonazo y quedó tendido. Carlota se aproximó y le preguntó si estaba bien. Joubert le tendió la mano y Eva, de lo más apenada intentaba disculparse.

-Perdóname, no fue mi intención ofenderte chico A. Pensé que me dirías lo que quería saber, pero fui muy tonta.. Te llevo con un médico.
-¿Qué le hiciste? - cuestionó el joven Bessette.
-Nada importante. Sólo me cerró el ojito - dijo Anton.
-Esa costumbre te va a meter en problemas, Eva.
-No me sermonees, tornamesista.
-No pasa nada. Ya me levanté.
-¿Seguro?
-Sí, Carlota.
-Disculpa el golpe.

Pero el niño Maizuradze continuaba de malas y prosiguió su camino.

-Creo que esta vez si me pasé de la raya - se lamentó la joven De Vanny.
-Explícame.
-Lo de siempre, Joubert.
-¿Lo besaste?
-Para enterarme de algo.
-¿De qué?
-Sales con alguien.
-¿No crees que era más fácil decirme? Te habría contado.
-Entonces que sea ahora.
-Bien, empieza.
-¿Es cierto que tienes ..? No sé como llamarla.
-Tengo novia.
-Oí que se trata de una niña.
-Tiene trece años.
-¿Tú andas con.. ?
-Carlota, es ella.

Eva observó a la chica Liukin durante varios minutos y se echó a reír.

-Esta tipa ni siquiera puede entrar a un club y apuesto a que su talla es del departamento de junior y ... ¿Estás consciente de que Jobert ya está estrenado y necesitará cariño extra de vez en cuando? No por nada él y yo nos llevamos bien. ¿Qué rayos haces con uno que no es de tu tamaño, bebé?
-Vete, Eva.
-¿Disculpa?
-Márchate. No vas a molestar a Carlota.
-¿Bromeas?
-Jamás.
-Si me necesitas cuando ésta cabbage patch no pueda darte lo que desees, mi teléfono está disponible.
-¡No soy una cabbage patch! - gritó Carlota.
-¿No? Demuéstralo.

Sin pensar, la chica Liukin recurrió a su guardarropa y sacó un conjunto, pero al no quedar satisfecha, recurrió a la maleta de su madre y se colocó un vestido lo bastante "adulto" como para aparentar, al menos, unos diecisiete años, además de unos botines con tacones tan altos que realmente podía caerse y sombra oscura por maquillaje. Sin voltear a ver a nadie más que a Eva, logró engañar al vigilante de un club nocturno y cometió el error de ordenar su primer martini. Joubert trataba de encontrarla y al enterarse Ricardo y Gwendal de lo ocurrido, se aprestaron a recorrer todo Jamal hasta que una dieron con XO, el sitio al que había ingresado la chica pero no la hallaron. Inclusive, el bartender les confesó que la pequeña ni siquera sabía cómo agarrar una copa.

-Antes de que se fuera, unos chicos la invitaron a una fiesta en la playa. Yo que ustedes me apresuraría. Medio mundo aquí se le acercó para pedirle el teléfono.

Cerca de la medianoche, Carlota platicaba con unos excursionistas alemanes, mismos que le contaban que habían pasado el año viajando y uno de ellos, cayendo en el engaño de la chiquilla, le propuso quedarse a solas y le invitó cerveza. Ella rehusó, pero al iniciar la música, aceptó bailar. Con el paso de los minutos, varios jóvenes más se aproximaron y Carlota consideró que era momento de irse.

Sola y sintiéndose como una idiota, comprendió que el mundo de los enfiestados aún no era para ella. Aunado a su dolor de cabeza, le parecía incómodo que no dejaran de asediarla todos aquellos que podían pasar por sus hermanos mayores.

-¿Dónde estabas?
-Joubert.
-Wow.
-No sé si decir gracias.
-Es que.. ¿Alucino o hueles a alcohol?
-Ni lo probé, me lo tiraron encima.

Los dos se miraron y se retiraron los zapatos.

-Me gusta más verte con tus tenis.
-Creí que te gustaría más una falda o lo que traigo.
-Prefiero verte con una coleta.
-Lo que le dice al mundo que soy mocosa.
-¡No! Carlota me encantas así como eres.
-Pero tu amiga..
-Eva aparenta ser divertida, intrépida y llamativa pero no es natural. Ella pretende ser cool y esas cosas pero no es ni remotamente tan linda como tú.

La expresión del chico delató que decía la verdad. Bien podía Eva de Vanny envenenarse con sus palabras.

-Falta un minuto para que inicie el año nuevo ¿Quieres alcanzar a tus padres o nos quedamos aquí?

Carlota abrazó a Joubert y realizó la cuenta regresiva. Los fuegos artificiales estallaron cuando el reloj marcó las cero horas y los novios se besaron.

-¡Feliz Año Nuevo! - Era el grito que adornaba el momento. Los lugareños se arrojaban al mar y eran seguidos por los turistas. Extrañamente, Judy coincidió con la pareja y los llevó de regreso con el grupo. Minutos más tarde, Carlota se enteraría de que traía el vestido que su madre pensaba obsequiarle y Ricardo sólo se limitó a decirle discretamente que no estaba castigada ... Y que debía agradecer a Lucas De Vanny.

-Él se excusó por todo pero yo debo decirte que esperaba un poco más de madurez de tu parte. Piénsalo.

Carlota se sintió avergonzada pero entendió el mensaje de su padre: La actitud que tomó la había expuesto a un sinfín de peligros. Confirmó el dicho cuando se aproximó a ella un muchacho que cruzó palabras con ella en el bar para ofrecerle un nuevo trago. Ella se dió la media vuelta e infantilmente, comenzó una competencia de brincos con Anton.



viernes, 23 de diciembre de 2011

La noche de Verner (Las luces de la fiesta)

A Tomas Verner

Cuando Verner tomó la pista, una pancarta verde con la inscripción "I am Team Carver" apareció entre las gradas. Las fans del chico también lo eran de Carlota y habían abreviado los nombres para dar a entender que el apoyo era para ambos. Con poco palmarés pero con una temporada medianamente buena hasta el momento, Tomos no era candidato para cosa alguna pero el día anterior había dado una "sorpresa" al clasificarse en cuarto sitio y tener una distancia respecto a Evan Weymouth de apenas unas décimas.

-Estoy nervioso - se dijo a sí mismo.

Tamara por su parte no podía con la ansiedad. En el Kiss and Cry, ella experimentaba escalofríos y ganas de no ver que sucedería. De hecho, prefería huir antes de constatar como su alumno convertía una rutina buena en un espanto, pero dándose valor se mantuvo expectante. Era la última competencia del año y en el caso de Verner, la más importante de su vida. Mientras Zhenya Plushy y Stephen Lambiel festejaban su ya asegurado pase a juegos olímpicos, Evan se mordía las uñas y posaba las manos sobre su nuca. Un error ahora lo colocaba en una posición muy arriesgada. Aún no podía asimilarlo. En los últimos treinta segundos de su rutina, el joven Weymouth había resbalado. Incrédula, Eva de Vanny se sorprendió rezando; Carlota al lado saltaba y gritaba por su compañero. El contraste llamó la atención del público y las cámaras por unos segundos hasta que se apareció Joubert, causando conmoción y haciendo reír un poco al tenso Tomos que volteaba para ver que tan sonrosado se encontraba su amigo.

Cuando se suscitó la calma, el atleta se tomó un minuto más para respirar y se colocó en posición mentras un doloroso flashback le humedecía las pupilas y apretaba su puño. Por coraje, endureció su gesto y miró con furia sus pies, mismos con los que descargaba sus enojos a manera de puntapiés cuando peleaba.

Verner era profundamente desdichado. Por alguna razón, en Tell no Tales era muy fácil perder a una madre y a los siete años, él fue apartado de la suya. Las trabajadoras sociales habían argumentado que Janet Tomos presentaba un cuadro de psicopatía mezclado con depresión. De acuerdo a ese reporte lleno de calumnias, la mujer era capaz de abandonar a su pequeño en circunstancias peligrosas como habitaciones con las ventanas abiertas o estufas accionadas pero el misterio que rodeó el sino de la mujer se aclaró un día de abril cuando la encontraron muerta a las afueras de un centro social. Durante años, los chicos molestaron a Verner llamando ramera y drogadicta a Janet. Sin orientación y sin poder controlarse, el joven Tomos desarrolló una obsesión por la riqueza para no ser humillado de nuevo así como un deseo de venganza que fue aprovechado por Harry Shepard. Con el corazón endurecido, el adolescente había asesinado a muchas personas, sobresaliendo aquellas que le habían apartado de la mujer que se desvivía por él, pero no encontró sosiego hasta que su única salida se vió limitada a sacrificar a Carlota. Después de eso, le aseguraron que al fin sería libre y podría reordenar su vida pero había dos problemas: Amy, que esperaba un hijo y la propia chica Liukin, con quién comenzaba, extrañamente, a encariñarse.

-¿Porqué tarda tanto en comenzar? - murmuró Judy.
-Hay problemas con el equipo de sonido - replicó un técnico.

Mientras el desconcierto reinaba, se despertó en Verner un anhelo, un deseo puro. Se visualizó como un ganador. Se preguntó si su madre se sentiría orgullosa, si era una forma de honrarla y la respuesta era obvia: Sí.

-Entonces hazlo - concluyó.

Un timbre sonó  y la música comenzó a escucharse. La gente respondió al ánimo del chico. Tamara sólo pudo asombrarse. Sus oídos detectaban la ambición de su alumno. Segundos antes del primer salto, anunció:

-Hará un quad.

Los gritos subsecuentes, delataban a una multitud sorprendida. No importaba que el chico casi cayera en su segundo elemento o se equivocara en una combinación, su coreografía y transiciones lucían perfectas. Judy observaba con la boca abierta y no paraba de hacer exclamaciones de alegría. Como un relámpago, hermoso y fugaz, se plantaba Verner que no alcanzaba a medir la magnitud de su actuación cuando, conmovido, se echó a llorar. Ingo Carroll supo que Evan tenía severos problemas cuando su rival besó el hielo en medio de una ovación que duró más de tres minutos. Después de agradecer, Tomos se acercó a la zona técnica. Sus entrenadoras lo estrecharon y se colocaron a su lado. Él tomó la mano de Tamara y la presionó con todas sus fuerzas. Respiró.

-Ladies and gentleman, your attention please.
The scores for Verner Tomos from Universitary Skating Club are:
Technical Merit: 5.8  5.7  5.7  5.9  5.9  5.8  5.8  5.6  5.8  5.9
Artistic Presention: 5.9  5.9  5.9  5.9  5.9  5. 9  5.8  5.7  5.9  5.9
Ordinals: 1  2  2  1  1  2  2  3  3  1
Standing after Short Program is 4th place
Standing after Long Program is 2nd place
The last result: Verner Tomos from Universitary Skating Club is 2nd Overall.

-Oh por Dios - comentó Tamara - Acabamos de calificar a Salt Lake.

El sonido local continuó:

-Ladies and gentleman, the Tell no Tales Olympic Team are conformed by Stephen Lambiel, Verner Tomos and Zhenya Plushy.

Carlota, entusiasta, abandonó su asiento y corrió hacia Verner que recibiría su medalla minutos más tarde y correría al cementerio para depositarla en la tumba de su madre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El cuento de Navidad (Las luces de la fiesta)


-¡Qué vestido tan bonito! - dijo la encargada de una boutique a Judy Becaud.
-Desde que lo vi en el aparador no pude contenerme. Es perfecto.
-Es muy caro ¿No importa?
-¿Cuánto cuesta?
-5000€.

La señora Becaud se miró al espejo, desalentada.

-Nos lo llevamos - intervino Jean.
-Enseguida ¿Me facilita la etiqueta para el escáner, señorita?

Mientras la encargada facturaba, los dos cuchicheaban.

-¡El vestido es muy costoso! ¿Cómo rayos lo vas a pagar?
-Si no ganara dinero con mis libros habríamos tenido que marcharnos.
-Pero no debemos darnos este lujo.
-¡Por favor!
-No es justo que gastes en esto, puedo elegir otra cosa.
-.Es tu regalo.
-Jean no ..
-Feliz Navidad, amor.

Judy calló y sonrió un poco aunque en su interior se sentía apenada.

-¿Se lo llevará puesto o necesita pasar al probador?
-Ella se ve hermosa, no vale la pena que se quite el vestido.
-Bien, aquí está su tarjeta, señor.

Era un día veinticinco bastante tranquilo para los Becaud. Pese a la nieve, los distraídos, el tráfico y el trabajo; ambos caminaban sin importarles nada. Judy tenía en la mente el año anterior cuando pasaban enfrente del registro civil y también la cena que le había preparado a su marido, no sin antes dejar porciones para David.

En los titulares, el coro ruso fue ignorado por una boda. La nota era tonta y se prestaba para la chacota generalizada. Jean, curiosamente, se había adelantado a todos y esa misma mañana había mandado su crítica respecto a aquella noticia para ser publicada al mediodía y su columna, feroz pero irónica hizo referencia a un chisme que le relató un disgustado invitado:

La señorita Zooey Isbaza era contrayente de nupcias más a la fuerza que por otra razón y en medio de la fiesta, se escapó pero no se fue sola. De hecho, había pasado la noche con alguien.

El rumor llegó a oídos de Lubov Trankova que, con sospecha, salió a buscar a Sergei.

-¿Le han visto? - cuestionó a los Becaud - No he sabido de él.
-La última vez fue en nuestro café.
-¿Porqué no me dijiste eso Judy?
-No se quedó mucho tiempo, Jean.
-¿En dónde queda su local?
-En Republique ¿Cuánto tiempo tiene desaparecido?
-Veintitrés días. Estoy acostumbrada a que no esté pero jamás tardó tanto en volver.
-Tranquilícese.
-Si lo encuentran, por favor, díganle que vaya a casa.
-Desde luego.

Pero la mujer se detuvo un poco más.

-Jean ¿Cómo supo lo de Zooey en la boda?
-Me contaron pero creo que peque de indiscreto queriendo hacer una broma.
-Vaya, pensé que usted... Creí que lo habían invitado.
-Los Isbaza no son mis conocidos.
-Bueno. Perdón.

Los Becaud observaron a Lubov un par de minutos mientras detenía a todo aquél que iba pasando.

-No pensemos en tristezas, Judy. Vamos a casa.
-Ojalá no le haya pasado algo a Trankov.
-Tonterías, ese tipo es duro. De seguro anda por ahí con Zooey Isbaza. Todo mundo sabe que ella le gusta mucho y una fuente me contó que la señorita le solicitó que impidiera la boda.
-¿Porqué no le dijiste eso a su mujer? La pobre no puede con la angustia.
-Porque son habladurías y yo solo quise ser gracioso.

Disgustada, Judy prosiguió marcha. De vez en vez, la felicitaciones navideñas detenían a la pareja y también los obsequios de los voluntarios de la iglesia pero no esperaban que una persona irrumpiera en su casa.

Llorando, tiritando y con su traje de novia hecho girones, Zooey Isbaza devoraba todo lo que encontraba en la despensa de Le jours tristes. Barras de chocolate, carnes frías y fruta yacían regados en el piso. La chica además, sentía demasiada sed por lo que, con ansiedad, destapó la botella de vino que los Becaud tomarían por la noche. Al verlos, ella se asustó e intentó agredirlos con un cuchillo para pan pero estaba tan débil que terminó por soltarlo. Judy se aproximó y la joven se aferró a ella.

-Llamaré a sus padres.
-Primero prepara la ducha y el botiquín.
-¿Está herida?
-Se ha cortado los pies.
-Oye Judy ¿No crees que es mejor dejarla así? ¿Qué te parece si mejor levantamos un reporte?
-Haz lo que creas necesario pero necesito vendarla.

Zooey había perdido los zapatos, su velo y hasta el anillo de compromiso. Su cabello estaba lleno de lodo y algunas astillas se le habían incrustado en los brazos. La señora Becaud no se atrevió a preguntar qué le había ocurrido.

-El doctor y unos oficiales ya vienen. De todas formas los Isbaza necesitan saber que su niña ya apareció.
-¡No lo haga! - gritó la joven - ¡No quiero ver a nadie!
-Si nosotros no les avisamos, lo harán los oficiales.
-No tengo cara ¡Me muero de vergüenza!
-Debió pensarlo antes de fugarse.
-¡Maldito infeliz! - contestó la chica, incorporándose - ¡Me tendré que ir con el animal con el que me casaron! ¡Por el amor de Dios o de lo que sea, no me condene a eso!
-Hazle caso, Jean.
-No deseo causarles problemas, juro reponer todo lo que tomé pero no dejen que me encierren con mi esposo porque me va a masacrar, por favor.

Compadeciéndola, Judy la condujo a la regadera y le prestó ropa. Cuando arribó la fuerza pública, Jean mintió asegurando que la señorita se había marchado y se excusó con el médico. Los que pasaban, se detenían con la curiosidad de saber porque tantos vehículos policiales rodeaban Le jours tristes por lo que no prestaron atención cuando Sergei Trankov consiguió llegar al techo de los Becaud y se introdujo por la ventana. Zooey, que aún lamentaba su suerte amargamente, se echó a sus brazos al verlo y lo besó impulsivamente. La señora Becaud abrió más los ojos.

-Vámonos, ya tengo el boleto de tren.
-¡Te adoro Sergei, gracias!
-No hay tiempo.
-¿Tienes dinero?
-El suficiente para que sobrevivas unos días.
-Es que tengo que saldar una deuda.
-¿Cuál?
-Destrocé una alacena y me comí todo.
-Yo me encargo más tarde.
-De acuerdo. Judy, mil bendiciones, me salvó la vida.

Estrechada una vez más por esa joven triste, la señora Becaud sólo atinó a desearle suerte. Después, Zooey desapareció con Trankov y presintió que no volvería a ver a aquella mujer jamás.

-¿Y la chica?
-Se fue, Jean.
-¿Cómo?
-Mejor le digo a Lubov Trankova que encontré a Sergei. No preguntes.
-Te acompaño.
-Es asunto de mujeres.

En la acera y en medio de un gentío, Judy halló a la mujer del guerrillero y la condujo a un bistro cercano donde tomaron la mesa más alejada.

-Zooey se metió en mi casa y..
-¿Sergei entró con ella?
-No.
-¿Entonces?
-Zooey estaba en la habitación y Sergei llegó.. No sé que tipo de relación tienen pero ella le dijo que lo adoraba y se le abalanzó para besarlo.. Luego supe que la muchacha abordará un tren.
-¿Él mencionó algo de irse?
-Realmente no. Él dijo que se encargará del desastre que Zooey dejó... ¡No, no llore!
-Al menos ahora sé que regresará a casa esta noche y no volverá acostarse con ella. Al fin cumplirá su promesa... Feliz Navidad. Judy.

Lubov Trankova se alejó corriendo, alegre y confundida. Judy permaneció taciturna y Jean, que la alcanzó, le regaló un anillo.

-No olvidé nuestro aniversario. Que tengas un gran día, amor.

Y pidieron la carta, en vista de que Zooey les había arruinado la velada.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Antes del concierto (Las luces de la fiesta)


El chico Maizuradze observó a su padre con una actitud más entusiasta de lo común. Con una jovialidad repentina, aquél hombre desayunó mientras cantaba y después se colocó su uniforme militar.

-Debo reunirme con mis compañeros - señaló y salió de casa. Cecilia miró a sus hijos.

-Lo acaban de llamar del ejército esta mañana. Le notificaron que dirigirá al coro en navidad. Es muy importante para su padre que lo tomaran en cuenta así que nadie va a faltar.
-¿Cómo que le han .. ? ¡Llevan años negándole su pensión! ¡Qué falta de vergüenza tienen con un veterano de guerra!
-¡Hagan el favor de callarse! Su padre trabajó muy duro para que le nombrasen director y ahora que puede no va a renunciar. Nosotros sólo iremos a Pushkin, veremos el concierto y actuaremos amablemente.

En el barrio ruso, los vecinos no cabían de gozo. Por un permiso especial, los músicos de la armada roja ofrecerían una presentación gratuita. El hecho también era inédito al ser la primer ocasión del afamado conjunto en la ciudad.

El padre de Anton había acordado reunirse con sus colegas en un auditorio de Humanidades para los ensayos y al ver los preparativos se dejó llevar por la nostalgia. Él era uno de los pocos que aún conservaba su nacionalidad y después de su retiro, aún había tenido la esperanza de integrar el coro.

Sus conocidos no cesaban de estrecharle la mano, tomarle fotos o solicitarle autógrafos. "Salúdeme al Mayor tal" "Dele nuestra gratitud a los cantantes" "Felicítelos por nosotros" Eran las peticiones que la gente le hacía. El señor Maizuradze las recibía gustoso.

Cerca de ahí, Casey Low se detenía frente a un improvisado puesto de apoyo que Verner y David habían colocado buscando donaciones en especie. El letrero (autoría de Anton) llamaba la atención por su lenguaje y su color naranja.

"Pásele y dónele al chamaco de David y Amy todo lo que necesita para ser feliz. Se aceptan zapatitos, chamarras, gorritos, pañales de tela, biberones, juguetes, sonajas, shampoo, jabón de olor bebé y cobijitas. No recibimos dinero ni vales de despensa para no tener problemas con las fuerzas del mal (los polis)."

-Niños, tendré que retirarlos.
-¿Porqué?
-Instalaron un centro de caridad sin autorización.
-Lena Tarasova y Alena Kirkorova nos dieron permiso firmado.

La mujer leyó la hoja pero no cambió nada.

-Sus representantes de vecindario son un gran aval pero necesitan que un fiscal lo apruebe y no es el caso. No voy a llamar a los oficiales pero lo mejor es que quiten todo esto ¿Al menos dieron recibos por cada cosa que les han dado?
-Con el sello de la oficina de Hacienda.
-¡Oh! Ya llegó la señora abogada - dijo Anton (que arribaba) con la voz entre nasal y aflautada - ¿Ahora qué? ¿Nos va a correr?
-Ya lo hizo - contestó Verner.
-Ah que mal, porque no nos retiramos.
-¿Porqué hablas así?
-¿Cómo?
-Raro.
-¡Ah! Es que así hablan todos los abogados que conozco.

A Casey casi le ganó la risa pero lo disimuló.

-En serio, lo mejor es que se marchen.
-Ya dije que no.
-Anton, no puedes objetar.
-Hasta usa palabras sofisticadas.
-No estás ayudando a tus amigos. Desobedecer a un fiscal es muy grave. Yo entiendo que atraviesan una situación difícil y no pueden solos pero dejen que los adultos se encarguen.
-¿Usted le va a pagar la ropa y las cremitas al bebé de Amy?

Low calló.

-¿Verdad que no? Ahora déjenos en paz.
-Amy no es la única embarazada en esta ciudad ¿Porqué no recurrieron a un centro comunitario?
-¿Usted nunca ha entrado a uno de esos? Si a las señoritas las trataran bien, todas irían. Esos lugares están llenos, no hay agua y los médicos nunca hacen caso porque siempre están ocupados. Preguntamos en el Hospital General y nos dijeron que atienden gratis pero los demás gastos no se cubren solos.
-Me sostengo. Quiten esto.
-¿Va a ser tan cruel?
-No haré como que no vi nada.
-No sea mala.
-Es la ley.
-¿¡Porqué mejor no se va a buscar al desgraciado que violó a mi novia!? - gritó David.


La abogada se quedó sin palabras. En balance, lo que el chico reclamaba era mucho más importante que un permiso.

-Denme la forma, autorizaré esto.
-Hasta que nos entiende la fiscal.
-¿Porqué no te agrado, Anton?
-Usted se mete donde no la llaman.
-Es parte del trabajo.
-Qué empleo tan feo.
-No lo es.

Ella se sentía intimidada.

-Tengo unos minutos. Vayan a comer algo, yo cuidaré esto, chicos.

Con desconfianza, Anton se separó para alcanzar a su padre. La multitud en Katsalapov se apartaba y comenzaban los vítores. El ejército ruso marchaba directo a Pushkin, pero el niño, carente de protocolos, no reparó en acercarse. El hombre lo tomó en brazos y lo presentó con sus camaradas.

-Sólo no lo vuelvas a hacer, me podrían amonestar ¿Estamos?
-Bueno.
-¿Qué estabas haciendo?
-Fui a ver qué pasaba con la colecta para Amy.
-Espero que no vaya mal.
-Nos llevaron una pañalera y toallas.
-Qué bien pero les dije que no se preocupen. Su madre y yo haremos algo para mantener a ese pequeño.
-Vas a endeudarte hasta las zapatillas.
-No importa. Son nuestros amigos.

El chico Maizuradze caminó al lado de la comitiva hasta el escenario más grande que el niño vería en mucho tiempo. Los pequeños que jugaban por ahí, imitaban el saludo militar y no faltaban los que aseguraban que algún día serían coroneles o sargentos.

-¿Quieres ver el ensayo Anton?
-Dale ¿En dónde me pongo?
-Enfrente.

Los que iban pasando por ahí se acomodaban entre las sillas. A los integrantes del coro no les gustaba pero siendo el teniente Maizuradze la persona a cargo, no se arriesgaron a la insubordinación.

-Me han enviado el repertorio. Caballeros, éste es uno de los honores más grandes que he recibido como parte de las fuerzas armadas del Kremlin. No espero de mis compatriotas más que la excelencia. Tengo por cierto que nunca han dejado de ensayar y yo sólo debo seguir las partituras. Soldados, he rehusado utilizar un gran auditorio y he decidido estar aquí porque debo asegurarme de que no se dejarán intimidar por un público que ha visto sucumbir a grandes. La audiencia que va presenciar nuestro triunfo o fracaso es, me atrevo a afirmar, la más importante que habrán de percibir. Es un monstruo al que no le importará quiénes sean, va a atacarlos inmisericordemente, los retará, los llevará al borde y después se les rendirá en clamores o humillación. En cinco minutos comenzaremos. Rompan filas.

El chico Maizuradze abrió más los ojos. Su padre lucía autoritario pero con él seguía siendo cortés.

-¿Me llevas a tu acopio?
-Por un momento pensé que me ordenarías algo.
-Luego.

Ambos se dirigieron al sitio dónde Judy Becaud entregaba una caja repleta de biberones y pañales a Casey Low. La joven estrechó la mano del teniente.

-Espero que asista a la presentación de la armada roja el día veinticuatro.
-Será un placer, convenceré a mi esposo.
-Ojalá pueda gustarle.
-Seguramente. No me lo perderé ¡Es casi Navidad!
-¿Le gusta mucho?
-Es mi día favorito y también mi aniversario. Cumplo un año de casada.
-Felicidades.
-Señora Becaud, aquí tiene su recibo.
-Gracias, señorita Low.
-¿Y qué la tiene aquí, abogada?
-Nada en especial señor Maizuradeze, sólo me quede cuidando un momento.
-Le agradezco por todos.
-Oh .. No es necesario.
-¿Le puedo preguntar algo?
-Adelante.
-¿La policía toma el caso de Amy en serio?

Low suspiró con la decepción en el rostro.

-Ni siquiera han verificado la queja... Si usted fuera otra persona trataría de darle esperanzas pero es un uniformado... Francamente, me veo en la pena de aceptar que si no llega una investigación a mi escritorio tendré que pedir que desechen el caso, aún sin abrir.
-¿Esto ocurre a menudo? - cuestionó Judy.
-Con frecuencia. La gente no roba o comete fraude pero viola mujeres y nada puedo hacer sin un equipo que me aporte pruebas. Me disculpo a nombre del Departamento de policía, tenemos demasiado trabajo.

Sin decir más, Casey se retiró mientras pensaba en la tonta excusa a la negligencia de sus compañeros. Por otro lado, le preocupaban los síntomas que estaba comenzando a presentar.

-Voy a detener a esa mujer, Anton. Judy ¿Podría quedarse con mi hijo?
-Por supuesto.

El señor Maizuradze sostuvo a Low. Ella confesó ser víctima de un mareo recurrente.

-Estoy en medio de un juicio y resulta que debo encargar a mis asistentes el trabajo rudo, mi ropa no me queda y tengo anemia.
-¿Ha ido al médico?
-No me gustó el cuadro.
-¿Le impedirá trabajar?
-Al menos por un año. Ser madre a los treinta y ocho no es algo que imaginaba y tampoco era recomendable en mi caso. Voy a perder mi empleo y el padre es un .. Inmaduro rockero lo describe mejor ¿Cómo me fui a meter .. ? Nunca se embriague.
-No hace falta.
-Me siento como Amy sólo que aquí yo fui la descuidada.
-¿Porqué se compara?
-Estaba en la clínica y ella era la chica de al lado en la consulta.. Tenemos casi las mismas semanas de gestación, los mismos problemas nutricionales y nos sentimos solas e incomprendidas.. Estoy muy asustada.

El teniente abrazó a Casey .

-Todo saldrá bien, nosotros también la cuidaremos... ¿Usted y Amy saben que tienen amigos, verdad?

Los dos volvieron a la mesa de donación.

-Iré al ensayo. Anton, no molestes a la señorita Low. Aprovecha de decirme cómo es la acústica.

Retornando al escenario, el señor Maizuradze ordenó a los soldados que se acomodaran tal y como acostumbraban. Uno por uno fueron mostrando su voz y acorde a eso, su director cambiaba sus lugares. La gente poco a poco, fue llenando Pushkin mientras entonaba el himno ruso una y otra vez.

-Creo que esta gente merece escuchar algo más - mencionó el teniente a las pocas horas- Finjamos que este es nuestro concierto... Interpretaremos "Polyushka Polie"*.

El coro inició susurrante y los vecinos del barrio comenzaron a acompañarles durante la melodía, desatándose una locura, mezcla de nostalgia y agradecimiento que conmovió a más de uno de esos duros hombres de temperamento frío.

-Si así es el ensayo, no puedo esperar a la presentación de verdad - comentó Judy que no podía creer que la acústica fuera tan generosa.
-Tampoco ha visto nada - replicó Anton - Cuando los rusos festejamos, no alcanza a contar cuántas banderas hay; es como si usted quisiera saber cuántas estrellas hay en el universo.

La señora Becaud miró al cielo. Su voz interior le decía que el chico decía la verdad.

*Canción popular rusa. También es conocida como "Oh field, my field" (A continuación)

jueves, 8 de diciembre de 2011

La vida común (Las luces de la fiesta)


Si Tamara era enérgica y no descansaba hasta que Carlota hiciera las cosas bien, Haguenauer resultó ser más exigente. La niña finalizaba las prácticas tan cansada que era común que de vez en cuando tomara una siesta para evitar un desaguisado cuando le explicaran cualquier cosa, pero tenía un lado positivo.

Cuando ella entró por primera vez al pabellón de extranjeros, se encontró con que la pista era más grande, el vestidor mucho más privado y la cafetería era menos caótica. Otro punto a favor era que podía convivir a diario con varios de sus patinadores favoritos, con admiradores que realizaban viajes desde cualquier parte del mundo para recibir un "hola" de sus ídolos y con regalos. Carlota en tres días había recibido más aretes que en toda su vida. Su club de fans estaba ahí, ovacionándola constantemente. Antes, ni siquiera sabía que tenía uno.

"Guapa" le llamaban todos. El apodo se lo pusieron sus colegas franceses al ser recibida en su escuadra. Curiosamente, ellos la integraban al grupo y se encontró con que los hombres se ofrecían a llevar sus cosas.

-Había olvidado que la amabilidad es parte de este equipo - sentenció Tamara - Me alegra ver que hay cosas que no cambian.
-Pero nos van a declarar la guerra, ya verás.
-¿El séquito de Carroll?
-¿Que tienes en contra de él?
-Muchas cosas como abandonarme en plena temporada olímpica y fuiste testigo.. Supongo que eso lo puedo perdonar pero antes debo ganarle.
-Verás que sí.
-¿Qué te parece Carlota?
-Es tu mejor trabajo,  pero comete muchos errores en los saltos.
-No se ha caído en dias.
-Que haya mejorado no significa que no vaya a fallar en la hora importante.
-Tienes razón.
¿Cuándo no?

Pero no tardó Haguenauer en percatarse de una dama que en las gradas lagrimeaba a momentos o no paraba de comerse las uñas al ver a la niña Liukin durante sus ejercicios. Al poco tiempo, la misma mujer se contuvo de acercarse a Tamara pero no vaciló al segundo intento.

-Disculpe ¿Tamara Didier?
-Sí ¿Con quién tengo el gusto?
-Gabriela Alejandriy, mamá de Carlota.
-Un placer. El caballero es Romain Haguenauer.
-Buenas tardes, señora.
-Igualmente.
-¿En qué puedo ayudarle?
-¿Me daría un minuto, Tamara? Necesito conversar con usted.
-Por supuesto.. ¿Nos permites, Romain?
-Desde luego. Adelante.

Pero Gabriela no deseaba conversar en un sitio dónde su hija pudiese observarle por accidente. Tan importante era que después de insistir un poco, Didier accedió.

-Lamento la inconveniencia.
-Yo entiendo.
-No puedo detener a Carlota ni pedirle que deje de lado lo que ha trabajado. Mi hija no sabe que su padre me dijo que ella viene aquí todas las tardes y he preferido que ella lo cuente pero es obvio que me tiene la misma confianza que a una rana. En cuánto supe que usted es su entrenadora me vi en la necesidad de revelarle algo.
-¿Hay algo que su niña omitió decirme?
-Aparte de que no cuenta con mi permiso, no.
-Supongo que se trata entonces de algo que posiblemente ella no sepa.
-Exacto.
-¿Es una condición médica?
-Su salud es perfecta pero si es algo que tiene que ver.
-Fingiré que no me inquieta porque en serio me suena a malas noticias.
-Lo son.

Las dos callaron un momento y continuaron caminando. Tamara sabía que se había alejado bastante y los acantilados eran peligrosos.

-Fue aquí dónde aventaron a mi hija. Las olas forman un remolino cada media hora y esa vez había mal tiempo. Casi la matan .
-¿Cuándo pasó?
-Hace un año.
-¿Usted supo porqué? ¿Descubrió quién fue?
-Me enteré de ambas cosas.
-¿Ha pedido ayuda?
-Ninguna. Sería asesinar a mi pequeña.
-¿Podría ser más concreta? No capto nada.
-Tendré que marcharme pronto. Andreas y Adrien pueden cuidarse solos pero Carlota no... Un amigo de la familia nos hizo exámenes y los repitió cuando mi esposo enfermó. Una compañía en Londres y una sociedad secreta están buscando una sangre muy especial, muy pura; imagino su intención. El problema es que Carlota la tiene y no puedo defenderla si me quedo aquí.
-¿Qué?
-Sólo lo diré una vez: Prométame que va a hacerse cargo de mi hija.
-Espere, yo no tengo idea de lo que me está hablando.

Gabriela propinó una cachetada a Tamara que decidió no defenderse al juzgar que la mujer era más fuerte.

-Soy una amenaza para mi niña y la quiero como no tiene idea pero no puedo protegerla a menos que me aleje. Si descubren quién soy, vendrán por ella. Usted es lo más cercano que tendría a una madre, es alguien que puede vigilar que no se hiera y asegurarse de que en un examen antidoping no le pidan la extracción de una sola gota de plasma. Intenté que ella renunciara a sus cuchillas para evitar riesgos pero su voluntad y hasta su suerte son más grandes que yo así que enséñele a ser una ganadora y recuérdele siempre que ella es la mejor, que la comida chatarra no es buena y que jamás se hará un tatuaje o perforará la lengua.
-Estoy de acuerdo en que usted se encuentra en su derecho de hacer lo que crea conveniente pero..
-Carlota adora los corazones y nunca le dé de comer col, no le gusta. No usa perfume, duerme temprano, saca buenas notas y no le hará enfadar mucho ¿Cuándo son los europeos?
-A finales de enero.
-Vaya preparándola para mi despedida hasta entonces. De mi parte dígale que las ranas no son agresivas y que la amo.
-No se vaya.
-Tengo que arreglar lo de mi asilo en otro lugar.
-¿Porqué mencionó que si la descubren irán por Carlota? No me checa.
-Es una historia larga pero no le pasará factura a mi familia. Si me pregunta, no pensé que Carlota iba a ser lo que unos desconocidos están buscando y tengo en parte la culpa. Se llama karma. Mientras no lo pague ella cualquier cosa que suceda será justa y con eso me doy por bien servida. Ahora jure por su vida que no la abandonará y que ella hará su tarea todos los días.

De la misma forma abrupta que Gabriela había hecho su petición y había relatado todo, Tamara accedió a prometer que procuraría a Carlota. Aún no alcanzaba a entender la situación cuando retornó a la práctica con la señora Liukin que se aproximó a su hija. Esta se quedó helada y bajó la cabeza cuando creyó que sería regañada y a su madre no le faltaría razón.

-¿Desde cuándo lo sabes?
-Desde hace mucho. Tu padre dijo que fue un regalo de Gwendal a quién debo reclamar. Luego te vi en televisión. Estas cosas nunca son un secreto.
-¿Me vas a sacar?
-Contra mis conceptos firmé para que sigas. Eres brillante. No paré de llorar cuando ganaste el Masters y compré mi boleto para las nacionales.. Lo devolví en cuánto te eliminaron pero ya tengo el bono para verte en los europeos; después de todo el torneo será aquí y aún así pude haber ido a cualquier lugar de ser necesario... Lo único que me molesta es que yo esperaba que tú me lo dijeras, pero no tiene caso. Te veré en la cena.

Al otro extremo, Verner jugaba con un aparato que medía la glucosa en la sangre. Se lo habían obsequiado en el hospital cuando lo atendieron por la bala de Trankov y se acercó a Carlota como si nada, en una de sus tantas tretas para salirse con la suya. Harry Shepard esperaba con impaciencia la muestra sanguínea que el chico se comprometió a obtener para no dejar dudas de sus dichos y sin más, llamó a la chica Liukin y le preguntó si le interesaba.

-¿En serio te la dieron en urgencias?
-Si das una vuelta por ahí tendrás el tuyo, los regalan como si fueran dulces.
-¿Y cómo funciona?
-Sólo te pinchas el dedo y colocas una gota de sangre. Te da el resultado en segundos ¿Quieres hacerlo?
-Bueno, ya me dió curiosidad.

Pero Tamara, aprovechando su buen oído se percató.

-¡Aquí nadie se hace pruebas de nada! ¡Entrégame ese aparato Verner y ponte a practicar!
-Pero es inofensivo.
-Es en serio y no creas que te lo voy a devolver... Carlota, voy a comprar unos protectores para las manos, acompáñame.

Haguenauer, ajeno a lo que ocurría, rió inocentemente y también se dispuso a salir pero solo alcanzó a observar como Tamara abrigaba a su alumna y la tomaba de la mano mientras le decía "No me sueltes".

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cumple tus sueños y ayuda a una amiga (Las luces de la fiesta)


Carlota despertó al mediodía y con mal talante se dió una ducha. Naturalmente, no estaba enterada de la tormenta que había caído mientras descansaba pero pronto recordó que se había quedado sin cosas.

-Tengo que volver a casa de Judy y después a entrenar ¡Y lo peor es que no fui otra vez a la escuela! ¡¿Porqué me he vuelto tan descuidada?!

Sus padres no se encontraban y también buscó a sus hermanos sin resultado. Reprochándose, salió del apartamento.

-¿Dónde habrán pasado la noche? ¿Y cómo llegué? Yo me quedé con Sergei después del desfile.

Desanimada, alcanzó a darse cuenta de que otra vez se había dormido cuando no debía.

-Un jugo manzana con nuez por favor - pidió en la fuente de sodas. Aún no alcanzaba a distinguir los árboles derribados o algo parecido. La encargada se veía de pésimo humor por no tener, como los demás, el día libre. Después de recibir su vaso y pagar, la niña fue a Republique pero se topó con la entrada de Le jours tristes asegurada.

-¡Ay, no es cierto! ¿Y ahora?

Como el tiempo apremiaba, corrió entonces a Miterrand pero la calle lucía desierta. Una monja se acercó y amablemente le dijo que se habían suspendido las clases por el mal tiempo.

-De todas formas era el último día, Carlota - señaló - No te preocupes tanto, además he visto a tus amigos en Pushkin, los rusos siguen con su fiesta y como hoy tienen la inauguración del Festival dramático no han parado.
-¿Nadie ha preguntado por mí?
-Amy nada más. Dijo que te esperaría en tu práctica aunque creo que se sentía un poco mal.
-Bueno, gracias.
-De nada. Felices fiestas.
-Igualmente.

La chica Liukin decidió entonces utilizar el metro aunque no le agradaba. Si no hubiera sido porque una de las estaciones daba directamente a la pista dónde siempre entrenaba, le habría pedido a cualquiera que la llevase. Al descender, muchos patinadores pululaban por ahí y le miraban, algunos con cierta conmiseración, otros expectantes. Cerca, Kiira Meier festejaba que le hubiesen dado la oportunidad de asistir a Nacionales.

-Al menos finjan que no hablan de mí - protestó Carlota.

En los pasillos, habían mandado pegar la circular haciendo del conocimiento público lo sucedido con ella, haciéndole sentir bastante vergüenza. Mientras tanto Tamara platicaba en el comedor seriamente con dos personas que no conocía.

-Ya tenemos aquí a la interesada - comentaron.
-Buenas tardes.
-Tienes un retraso.
-Lo siento Tamara, no vuelve a pasar.
-Toma asiento por favor.

Carlota lo hizo.

-Supongo que ya sabes que nos echaron de la competencia.
-Desde ayer.
-Y para colmo, el equipo de Carroll le sacó copias a nuestro escrito y ahora nos lo embarran en la cara. Es humillante...
-Todos se murieron de risa apenas entré.
-Es por eso que estamos aquí. Te presento a Pasquale Zazoui presidente de la Federación Francesa de deportes sobre hielo y Romain Haguenauer*, responsable de todos en Lyon y lo aprecio mucho.
-Un gusto, Carlota.
-También para mí.
-¿Cómo empezar? .. Creí que sería más fácil cuando estuvieras pero .. ¿Quieres ir al grano?
-Creo que sí.
-Gwendal - que aparecía después de comprar té - explícale a tu sobrina qué es lo que pasa.

Él miró a Tamara con un poco de molestia.

-Ah ... Mmh .. Bien, como sabrás no puedes hacer nada por el momento y ... A veces en la vida te dan un portazo en la cara .. - dirigiéndose a los demás - ¿Cómo le digo que no la quieren en el equipo de Tell no Tales?

La chica Liukin abrió los ojos como plato.

-Se lo acabas de decir.

La escena era bizarra.

-Abrí demasiado la boca.
-¿Cómo está eso?
-Mandamos llamar a Haguenauer y a Zazoui porque ..
-Lo que pretenden revelarte es que tu federación acaba de entregar un oficio a tu entrenadora para expresarles que no van permitirles continuar en este club y que te han vetado de los demás - externó Haguenauer.
-¿Qué?
-Lo que sucedió en el torneo dónde te calificaste a las nacionales puso en riesgo la propuesta de una nueva escala de evaluación ante los directivos internacionales y para asegurarse de que no volverá a pasar decidieron congelarte.
-Pero la culpa no es nuestra.
-Contigo quieren mandar un "mensaje" de que están tratando el asunto en serio.
-Sé que es muy injusto - sentenció Tamara - y Gwendal quiso arreglar las cosas llamando a la gente que mejor nos conoce. Enviamos un mail a Pasquale junto con un video de lo que hemos trabajado y enseguida accedió a reunirse con nosotros. Lo que no pensé es que Romain vendría desde Lyon.
-Ya no entendí.

Zazoui miró a Carlota con interés.

-Estoy gratamente asombrado con el nivel que has logrado en siete meses. Cuando Didier me comentó que no llevas más tiempo patinando, realmente sentí que no podía dejar pasar tu talento por alto. Llamé a Haguenauer y opinó lo mismo así que ni siquiera tomamos maletas. Estamos impresionados y quería a título personal, decirte que el equipo de Francia se encuentra a tu entera disposición y cuentas con mi ayuda en lo que necesites ya sea económica, moral, la que requieras.
-Me permito decir que si tú lo deseas nosotros podemos hacernos cargo de tu proceso.
-¿De qué me hablan?

Por el tono de la voz de Carlota, Haguenauer supo que no era preciso continuar con un monólogo.

-¿Te gustaría representar a Francia a partir de esta temporada?
-No.
-¿Estás segura?
-Yo quiero competir por mi país.
-¿Necesitas tiempo para pensarlo?
-No. Me disculpo por hacer que vinieran.
-No hay problema.
-¿Puedo retirarme?
-Adelante.

La chica no sabía qué pensar. Con ganas de aclarar un poco su mente fue al tocador a echarse agua fría pero se encontró a Amy vomitando.

-¡Santo Cristo! Te sostendré el pelo.
-Gracias.
-¿Comiste mucho?
-Ojalá.
-No tienes fiebre.
-Es que no estoy enferma.

Carlota le ayudó a levantarse y a limpiarse. Amy lloraba excesivamente.

-¡David me dejó! - se lamentaba
-¡No es posible! ¡Él te adora!
-Estábamos en el parque y le dije algo muy importante y después sólo se fue.
-¿Se enojó contigo?
-Yo creo que sí.
-¿De que hablaron?
-Estoy embarazada.

La chica Liukin terminó de despertar con semejante acontecimiento. Una tristeza muy grande la embargó y comenzó a lagrimear también.

-¿Es el papá?

Amy lo negó.

-Fui a hacerme las pruebas y en la clínica me dieron vitaminas y el ultrasonido.. Tengo ocho semanas.
-¿Cómo fue?
-¡Ay Carlota! ¡Qué pregunta más tonta!
-Perdóname.
-¡Lo peor es que ni siquiera sé quién me hizo esto!

La niña Liukin sobreentendió lo que su amiga, por pudor o lo que fuera se negaba a nombrar.

-¿Cuándo pasó?
-Después de la gala del masters en mi sala.
-¿Y tu hermano?
-Salvatore nunca está y todavía no le digo.
-¿Porqué no me contaste antes? ¡Ayer hasta fuiste al desfile!
-Porqué estabas contenta y entrenando, nadie más me iba a hacer caso y no era capaz de decirlo... Yo pensé que se me pasaría...

El llanto se hizo un poco más fuerte.

-¿Sabes? No tengo dinero para absolutamente nada. Me dijeron que me iban a sacar del edificio porque no hemos pagado la renta ¡Los refugios son horribles y voy a tener que dejar el ballet y la escuela!
-Te puedes quedar en mi cuarto.

Las dos se abrazaron y trataron de consolarse de alguna forma.

-¿Vas a ser su madrina?
-¿Te quedarás con el bebé?
-Me recomendaron que abortara pero no quiero.
-Entonces me declaro su tía, es mejor ¿Fuiste con la policía?
-La doctora que me atendió hizo el reporte.
-No me di cuenta de que te pasaba algo malo ¿Qué clase de amiga soy?

Si Tamara no hubiese ido por su alumna, las pequeñas habrían permanecido en el tocador durante horas. Disimulando, las dos pasaron el día por la pista. Didier comentó, para provocar una reacción, que Haguenauer y Zazoui estaban dispuestos a firmar un trato con todo lo que la familia Liukin deseara con tal de no irse con las manos vacías. Al final de la jornada, las chicas inventaron que haría una pijamada.

Durante la madrugada, Carlota pensó mucho en lo que su maestra había tratado de decirle y la llamó por teléfono. Afuera se escuchaban a los técnicos de la alcaldía arreglando los postes caídos por la tormenta.

-¿Te pasa algo?
-Me porte muy mal con tus amigos, Tamara.
-Fuiste distante y grosera. Tu actitud fue una cosa detestable y de milagro no nos mandaron al diablo.
-¿Qué me sugieres?
-No sabes la suerte que tienes. Te mandarán al europeo junior y a los mundiales de forma directa porque no hay patinadoras .. No seas arrogante y ten la humildad de aceptar lo bueno que la vida te ofrece. No seas torpe como yo lo fui, la soberbia me llevó al fracaso y no voy a permitir que te suceda lo mismo. Escúchame: Contigo debe pasar algo, lo que sea, pero no te quedes en el montón ni esperes a que las cosas te ocurran.
-De acuerdo.
-Duérmete ya. Te veré a la una.

Pero la chica Liukin arribó temprano al centro de práctica y alcanzó a distinguir a Haguenauer. Con miedo de que la sacaran, se colocó los botines y se deslizó hasta él.

-Buenos días Carlota ¿Cómo te trata el día?
-Más o menos ¿Y a usted?
-Excelente ¿Quieres platicar?
-Necesito que me dé unos minutos más.
-¿Viniste hasta aquí para decírmelo?

Ella asentó.

-Bien, te esperaré.

La niña recorrió las instalaciones y escuchó por última vez las arengas a las chiquillas que se decían orgullosas de su patria. Con pena, tomó su chamarra tellnotelliana, la dobló y besó el nombre del lugar que la vió nacer para finalmente dejarla en el vestidor, sin atreverse a voltear. En los pasillos, aún la observaban tomando distancia. Un mensajero sin embargo, la interpeló.

-El viejo del muelle te mandó este paquete.
-Agradezco.
-Y también te mandó decir que mucho éxito.

Con curiosidad, Carlota abrió el regalo.

-¿Qué te pudo haber mandado el loco anciano? ¿Pañuelos? - señaló Kiira pero la chica Liukin leyó la leyenda de la prenda y se la colocó. Era una chaqueta del representativo francés.

-Las reglas dicen que no se puede molestar a un atleta extranjero que realiza entrenamientos en la Universidad. No vuelvas a hablarme o tendré que recurrir a mi federación para que te amonesten, Meier.

Decidida, la chica volvió con Haguenauer.

-Tamara me dijo que puedo pedir lo que quiera a cambio de pertenecer al equipo.
-Tu familia, no sólo tú.
-Pero soy yo la que va a estar concursando.
-Buen punto ¿Qué tienes en mente?
-¿Qué me dan ustedes?
-Supimos que aquí eres novice, de entrada nosotros te cambiamos a junior.
-Me parece ¿Qué más?
-Ganar experiencia internacional sin pasar por nacionales.
-Eso suena bien pero me molesta un poco no tener rivales.
-El año pasado ganamos un spot directo a los europeos y al mundial pero las chicas en los clubes son niñas de siete u ocho años. Zazoui buscó una representante para no ceder las plazas y prácticamente nos caíste del cielo. Estás suspendida por Tell no Tales pero en ningún lugar dice que no puedes patinar con nosotros y podemos registrarte sin problemas en lo que se nos antoje... Cualquiera mataría por el debut internacional que tendrás.
-¿En dónde voy a entrenar?
-Es lo mejor de todo; no saldrás de aquí, el pabellón para extranjeros tiene horarios disponibles y tendrán que aceptarnos porque eres estudiante.
-No conozco Francia, va a ser raro.
-No tardarás mucho en poner un pie allá.
-¿Algo más? ¿Me darán una beca?
-Qué lista. La beca viene incluida con servicio médico y completa disposición de lo que se te ocurra.
-Estoy conforme.
-Le informaré a Zazoui y firmaremos esta tarde... Ahora ¿Qué es lo que quieres?
-Sólo tengo una condición y viene incluida en ese trato.
-Razonable ¿Qué es?
-Tengo una amiga, Amy.
-¿Qué necesitas?
-Dinero. Está embarazada.
-¿De cuántos años es?
-Amy tiene trece, igual que yo... No fue su culpa.
-Vaya.. Qué difícil.
-Ella quiere ser bailarina de ballet.
-Déjame ver que es posible hacer en este caso.

Pero la expresiva Carlota logró con un gesto convencer a su interlocutor.

-Si la integramos vas a tener que dar resultados muy altos y esa muchacha deberá continuar con sus estudios ¿Te arriesgas?
-No voy a defraudar a nadie, lo prometo.
-Muéstrame lo que tienes.

Carlota calentó unos minutos y siguiendo instrucciones de Haguenauer reprodujo las rutinas que había montado. Él no dejaba de gritar que era fantástica mientras Tamara dejaba que dirigiese a su pupila pero arribó Verner.

-Tus amigos son unos lunáticos, Liukin.
-¿Qué pasó?
-Están en Katsalapov haciendo el ridículo; Anton canta horrible y David está juntando dinero para un bebé.
-¡Amy lo tiene que saber!
-Deja que se vaya, Didier, es su amiga, te explico en el camino - comentó Haguenauer.

Con el corazón en la mano, Carlota llevó a su amiga al sitio dónde los chicos complacían al respetable, incluso Joubert se les había unido.

David fijó su mirada en Amy y descansó un momento para hablar con ella.

-¿Te molestaste conmigo?
-No.
-¿Porqué ya no me hiciste caso?
-Para no perder el tiempo. Me puse a ganar dinero. Es mi hijo también.

La pareja se abrazó y ella rompió en llanto.

-Muy romántico, qué escena - expresó Verner a la distancia.
-Ve tú a saber que malparido la preñó - dijo Anton - Pero si un día descubrimos a ese botarate, David lo mata.

Tomos experimentó escalofríos. Su faz manifestaba inquietud y por alguna razón se retiró y regresó con la cabeza baja. Sin más, David recibió de sus manos una chambrita y unos zapatos. Nadie lo esperaba.

-Si se les ofrece algo, con toda confianza.

Por su parte, Haguenauer miró a Carlota mientras Didier lloraba por lo que le había contado.

-Carlota es una gran persona.
-Ahora lo veo.
-Aceptó ser de nuestro equipo pero me queda claro que no es por patinar, sino por su amiga.

El campanario sonó en punto de las quince horas. Para entonces, Zazoui redactó las cláusulas del acuerdo con Carlota y añadió lo que la pequeña anhelaba en cuánto Haguenauer se lo pidió.

*Romain Haguenauer Es un reconocido entrenador de danza sobre hielo y trabaja para el equipo francés al lado de Mariel Zazoui. Entre sus logros se encuentra el haber llevado a Marina Anissina y Gwendal Peizerat a obtener el primer sitio en el campeonato mundial de Niza 2000 y la medalla de oro en los olímpicos de Salt Lake City 2002.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Segundos de pasión (La luces de la fiesta)


A Tessa Virtue

Sergei tocó a la puerta de los Liukin pero al no encontrar respuesta forzó la entrada y depositó a Carlota en su cama, le retiró las botas y soltó su cabello para terminar cubriéndola con sus sábanas. La niña lucía rendida.

-Creo que es todo - dijo - Adiós, chica.

En silencio, Trankov se marchó por el balcón. Las calles solitarias - la sabía de sobra - eran particularmente peligrosas y los mercenarios y la marina las aprovechaban. Presentía que tarde o temprano se encontraría en una situación de la que no pudiera librarse. Mientras doblaba la esquina, el sonido ¡doh! provocó que caminara más rápido pero se repitió. Con un poco de reserva, giró sobre sí.

Judy Becaud intentaba ponerse de pie sin conseguirlo. El suelo comenzaba a llenarse hielo y la brisa, un poco agresiva, empeoraba las cosas. La joven sentía como su rostro se humedecía.

-Le ayudo. Deme la mano.
-Gracias Sergei, buenos días. Qué manera de encontrarnos.
-Mmh .. Ja, es un poco original.
-Siento que me ha dado pena.
-Se ha sonrojado.
-¡Qué desastre!
-Me atrevo a decir que se ve mejor ¿Dónde iba? La acompaño.
-Republique, debo abrir el negocio y voy tarde, además me estoy congelando.

Sergei miró alrededor y después al termómetro junto a una ventana.

-Está comenzando una tormenta, señorita.
-Lo sé, las conozco.
-De este tipo no creo ¿Tiene una chimenea que funcione?
-En mi dormitorio ¿Porqué?
-Lo sabrá en un momento.

Corrieron lo mejor que se pudo. Al atravesar la puerta de Le jours tristes, Sergei debió tranquilizar a Judy. La nieve caía de manera tan violenta, que destrozó las ventanas. El rebelde entonces subió al primer piso, encendió fuego y se encerró con la mujer.

-De seguir afuera estaríamos muertos.
-¿Lo cree?
-Nunca hago suposiciones. Hemos tenido suerte.
-Mi esposo se quedó en la fiesta con los rusos.. Si le pasa algo, me muero.
-Yo no me preocuparía.
-¿Porqué?
-Seguramente ya le dieron sopa y una bufanda. Así son en Pushkin.
-Dios lo oiga.

Afuera los postes caían. Ambos los oían pero ella estaba tan espantada que se aferró a Sergei instintivamente y aún sentía frío.

-No debo estar con usted. Su marido llegará y con toda razón imaginará algo impropio.
-Él sabe que jamás lo traicionaría.
-¿Si usted lo encontrara con una desconocida en esta habitación pensaría que sólo se resguarda del clima?
-Sí.
-Jajajaja ¡Por favor!
-Yo confío en Jean.
-Al fin sé como se llama el afortunado.
-Yo soy la de la suerte.
-¿Porqué?
-No imaginaba que me fuera a hacer caso.

Sergei miró a la mujer con incredulidad. Por su belleza, él tomó la frase por sorpresa.

-Cuando una crece al lado de su escritor favorito .. Rara vez una joven ordinaria puede disfrutar el amor de su héroe.
-¿Usted está al lado de una persona que admira?
-Cuando tenía catorce supe de Jean Becaud.. Recuerdo que él acababa de publicar "Réquiem de los amores extraños". Es una novela sobre pájaros. Nunca he leído algo más bonito.
-¿Es triste?
-Al contrario, es una historia demasiado feliz.
-Creo que Lubov tiene una copia.. Se la pediré prestada.
-¿Quién es?
-Mi mujer.
-Qué raro, usted parece soltero.
-Será por mi atuendo.
-Seguro.
-Mejor cuénteme ¿Cuándo conoció a Jean?
-¿Le interesa?
-Un escritor y una joven siempre serán materia de charla.
-No es el único que me ha dicho.
-Porque todos sabemos que son grandes e inolvidables romances.
-Nunca me lo habían pintado así.

Judy calló un momento. De sólo acordarse de cómo esperaba con ansias cada lanzamiento de la editorial responsable de Jean se le humedecían los ojos por la emoción.

- Yo estudiaba historia. Iba a celebrar mi cumpleaños y supe que él daría una conferencia en mi universidad. La verdad es que yo sólo había visto su foto y coleccionaba sus columnas en Le parisien y Cahiers du cinéma.. Cuando llegué al auditorio faltaban tres horas y me senté hasta enfrente; traía la bolsa llena con todos sus libros y sólo deseaba que me diera un par de autógrafos y tal vez la mano.
-Suena a que usted consiguió más de lo que quería.
-Fue un evento muy aburrido, la persona importante ni siquiera abrió la boca más que para dar una opinión breve.. Realmente me desilusioné pero no de él, sino de los organizadores que no paraban de hablar.
-Sé de eso.. Dan ganas de hacerles algo no muy bueno.
-Vi bostezar a Jean tantas veces que casi me contagia y de pronto me di cuenta de que me observaba; me sonrió y cuando acabó esa tortura esperé a que los demás se marcharan.
-¿Funcionó?
-Firmó cada cosa que le di y accedió a un retrato; con nadie más lo hizo, me preguntó mi nombre y dijo que iría a buscarme para invitarme un café.. No le tomé en serio, yo supuse que me olvidaría y al menos podría decir que estuve cerca de mi escritor favorito hasta que salí de clases.
-Adivino: Jean sí cumplió.
-Y fuimos a Champs Élysées.
-Todo fue en París.. Sabía que reconocía su acento.
-Soy de allá.
-¿Pero qué sucedió?
-Sólo charlamos, me pidió mi teléfono y el resto es historia.
-Mejor dígame que ya fue suficiente.
-No, no, es la verdad.. Ya sabe, una cita por aquí, un fin de semana yendo a desayunar, mucha conversación..
-Con sólo ver su cara iluminada sobran las explicaciones.

La segunda parte de esa vivencia era algo que la señora Becaud guardaba para sí y Trankov intuyó que esa conquista había sido más por oportunidad que natural.. Y tenía razón por lo que prefirió imaginar que Jean era un hombre romántico y delicado que estaba loco por Judy.

-¿Les gusta el tango? Lo digo por la colección de discos que tienen.
-Aquí se baila todo el tiempo.
-¿La enamoró así?
-En parte. Me gustaba más que me regalara flores; todavía lo hace de vez en cuando y aquí nos inundamos de arreglos, aunque nunca le he dicho que me siento más feliz cuando me deja una rosa después del trabajo.
-¿Porqué no?
-Siento que perdería la magia.

Verla tan contenta hizo que decidiera marcharse. Sergei podía ver que Judy se conmovía de alegría pero en medio de su prisa, él tiró un jarrón.

-Déjelo, yo lo recogeré.
-Se cortará Judy, además la culpa ha sido mía.
-No se preocupe, puedo repararlo.
-¿Qué le pasó en la muñeca?

La señora Becaud dirigió su mirada al brazo izquierdo. Su marca de media luna brillaba mucho más que antes. Trankov se mantuvo atónito unos instantes. Ella intentó ocultar su herida pero él se lo impidió. Después se dió la media vuelta.

-¿Se encuentra bien, Sergei?
-Debo evitar acercarme a usted.
-Aguarde.
-¡Aléjese! ¡Corra!

Era tarde.

Ante los ojos de ella, Sergei cambió su aspecto. Cuando dejaba de ser un hombre, Trankov no pasaba indiferente ante la joven. No era un ser común, sino una luz con silueta masculina, el espíritu de la campiña, precisamente. Por no huir, Judy sintió con fuerza como le tomaban por el rostro. Un aroma a violetas comenzaba a hipnotizarla cuando un beso se apoderó de sus labios. Ya no era en gran parte dueña de sí misma y un ferviente deseo de sucumbir a la excitación que sentía, apenas y era contenido por pensar en su esposo.

-¡Judy! - se oyó en la habitación - Vine en cuánto dejó de nevar. Afuera es un caos ¿Estás bien?

La señora Becaud, abandonando el estado de inconsciencia en el que se sumergió, notó que Jean no podía ver a Sergei. Disimulando, miró al piso.

-Del susto he reventado un jarrón.
-Lo levantaremos más tarde.
-¿Y ese termo?
-Los rusos me regalaron borsht.
-Entonces estabas con ellos.
-Nos invitaron a comer ¿Vamos?

Sonriendo, Judy estrechó a su marido. Su corazón palpitaba con fuerza pero mirando a Jean y Sergei, supo exactamente lo que quería.

-Claro que sí.
-Te traje algo.
-¡Una matrioshka*! La colocaré en la barra. Es hermosa. Te agradezco Jean.
-Y también pasé a comprar esto.
-¡Jazmines!
-Son tus favoritas.
-Y también te acordaste de las rosas.
-De todos colores.

Con alegría, la señora Becaud comenzó a hablar acerca de las ventanas del café que había que sustituir y se encaminó con su esposo al barrio ruso. El fantasma permaneció como idiota ante aquella escena.

Al elegir a Jean, Judy Becaud se olvidó completamente del espíritu, más no de Sergei. La amnesia que repentinamente le llegó, era lo suficientemente efectiva como para que ella, después de unos minutos, sólo recordara que Trankov (en su forma humana) la había acompañado a Le jours tristes.

*Muñecas tradicionales rusas cuya originalidad consiste en que se encuentran huecas por dentro, de tal manera que en su interior albergan una nueva muñeca, y ésta a su vez a otra, y ésta a su vez otra, en un número variable que puede ir desde cinco hasta el número que se desee, siempre y cuando sea un número impar, aunque es raro que pasen de veinte. Se caracterizan por ser multicolores, o por la presencia de elementos decorativos en la pintura tales como jarrones o recipientes sostenidos por las muñecas. A veces las muñecas interiores son iguales entre sí, pero pueden diferenciarse en la expresión de la muñeca o en el recipiente que sostienen.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El animador (Primer relato de la serie navideña "Las luces de la fiesta")


A Sarahí Lezama y Nathalie Péchalat

Ryan Oppegard le entregó a Carlota un sobre membretado y le pidió que lo leyera a solas. Ella buscó un sitio apartado y retornó a los cerezos que en esta ocasión ya no lucían con hojas. Tomando un poco de aire, abrió la misiva.

"La Federación Internacional de Patinaje y la Federación Universitaria de Deportes Invernales de Tell no Tales notifican a la patinadora Carlota Liukin en lo individual y a su cuerpo técnico en general, integrado por Tamara Didier Lauzon y Judy Becaud así como a entrenadores y participantes de los campeonatos nacionales de patinaje artístico, la descalificación de dicha atleta para la prueba novice a celebrarse los días veintiuno a veintitrés de diciembre del presente año al ser apelado el veredicto que la acreditó como ganadora del certamen "Masters Classic 2001" que le dió el citado derecho en virtud a la violación de los protocolos del nuevo sistema de evaluación al ignorarse deliberadamente las fallas técnicas y de presentación del programa libre "Romeo y Julieta".
Aunque no implica sanciones administrativas más severas, la participante mencionada no podrá ser elegible en torneo alguno debido a la suspensión de seis meses efectiva a partir del día uno de diciembre de 2001 para dejar claro que no habrá dudas en sus resultados en oportunidades posteriores.
Atte ..."

La niña hizo una pelota con la hoja y comenzó a jugar con ella para evitar llorar pero un aroma masculino la distrajo. Cuando se dió cuenta, Sergei Trankov la observaba desde un árbol. La gabardina que él portaba, un chaleco rojo, su camisa elegantemente abotonada y un aire al Dr. Zhivago eran demasiado. La chica Liukin estaba a nada de irse como un disparo sin rumbo pero un pensamiento, "qué hombre tan apuesto" le inundó la mente.

-¿De dónde vienes?
-De hacer mi papel de Matt ¿Porqué más llevaría esta ropa? Me has obligado a ser un actor de mi propia vida.
-Lo dices con tal resentimiento.
-No puedo odiarte Carlota.
-Al menos una buena noticia.
-¿Porqué? ¿Te ha ido mal?
-He sabido que después de todo no podré ir a una competencia.
-No creo que sea tan malo.
-Porque no es tu sueño.
-Entonces es peor.
-Cualquiera me dirá que debo esperar los seis meses que me castigaron y volver a intentarlo.
-¿Qué es lo que tú quieres?
-A veces desearía ser rebelde y hacer lo que me plazca.
-Te volverías caprichosa y sé que esa no es tu forma de ser... Voluntariamente no.
-Siento como si hubieran golpeado en la cabeza.
-Eso es porque no te has detenido a pensar.
-O será porque no he parado de quemarme los sesos.

Si un defecto padecía Carlota era el de quedarse dormida de repente, sobre todo cuando se deprimía o impresionaba. En cuestión de segundos, Sergei sintió como ella se recargaba en su hombro. Comprobó su respiración y la cobijó con su gabán.

-Lo que me faltaba - murmuró el guerrillero que con curiosidad, tomó la agenda de la pequeña, la cual estaba en el piso. Muchas notas, demasiados números.. Ahí pudo percatarse de la obsesión que Carlota tenía por el tiempo; incluso sus horarios estaban preparados con una semana de anticipación y los minutos específicos para realizar cualquier cosa se resaltaban con azul o con rojo dependiendo si eran actividades escolares o entrenamientos. Las citas con sus amigos se anotaban en dorado, las familiares con verde y sus salidas con Joubert iban en rigurosa tinta multicolor; en caso de un imprevisto, la pequeña anotaba hasta los segundos que tal circunstancia le había consumido y hacía cálculos de cuánto más le llevaría cumplir todos sus pendientes. De acuerdo a ese cuasi diario,  cuando conoció a Joubert había tenido exactamente tres horas y treinta y siete minutos de descanso, en más de una ocasión se había quedado terminando la tarea hasta las cinco de la mañana y la vez que el rebelde la salvó en el parque, la pequeña había apartado un cuarto de hora para cortar flores antes de llegar a casa...

-Seguro que también anotarás esto - murmuró Sergei - Y probablemente te dará un infarto si no llegas en - mirando su reloj - veinticinco minutos con tu instructora... Bien, andando.

Trankov se llevó a Carlota en brazos, con el cuidado de no molestarla pero no escapó de ser interceptado por una alarmada Judy Becaud que, al verlo pasar en Republique, le detuvo bruscamente.

-¿¡Qué rayos?! ¡Carlota!
-No la despierte.
-¿¡Qué le hizo?
-¡Yo sólo voy a dejarla en Humanidades!
-Suéltela.
-¿Es usted capaz de cargarla?

La señora Becaud sabía que podía pero no por mucho tiempo, entonces persuadió a Sergei de entrar en Le jours tristes.

-La chiquita dormirá en mi habitación. Avisaré a Tamara que hay un contratiempo ¿Gusta un té, señor?
-¿Después de que me llamó de mal modo?
-¿Qué podía pensar? Si alguien más hubiera visto a Carlota..
-Me habría reconocido. Soy Sergei Trankov.
-Judy Becaud, aguarde por favor.

Las meseras en la cocina sólo observaban como el elegante caballero ignoraba la belleza de la mujer que al teléfono le pedía a su colega que fuera a comprobar que no mentía y a Gwendal para que trasladara a su sobrina a casa. El cabello achocolatado y los ojos verdes de la esposa de Jean Becaud que por sí solos conseguían atraer la mirada de cualquiera en la calle, ni siquiera provocaban que el desconocido le prestara más atención a esos detalles que a un salero.

-Espero que le guste el especial de hoy, Sergei - pronunció Judy mientras le servía una infusión de moras y fresas - ¿Azúcar?
-En realidad, el té me gusta solo.
-¿Podría decirme qué le pasó a Carlota?
-Se quedó dormida en el bosque.
-¿Cómo es posible? Pudo ser muy peligroso.
-Estaba con este papel en la mano.
-Déjeme ver..

Judy llevó sus manos al rostro.

-¡Ay no! .. Carlota ha de estar pasándola muy mal .. Ahora entiendo porque está perdida en sueño. Le agradezco mucho.
-De nada.. Aunque primero me quería sacar los ojos.
-Reconozco que juzgué de prisa.
-Cualquiera.
-¿Cómo debo pagarle?
-¿Disculpe?
-Le ha hecho un gran favor a esa niña después de todo; no quiero que se vaya sin un gesto de aprecio.
-No es prudente. Traer a esa pequeña era un deber.
-El té va de cortesía.. Y lleve esta canasta de mi parte. Gracias.

Pero Trankov, sintiéndose incómodo, terminó abandonando el lugar en cuánto Judy retornó a la cocina no sin antes dejar pagado lo que había consumido así como los cupcakes intactos.

-Al menos quise ser amable - pensó la joven, desconociendo que a Sergei le disgustaban las recompensas.

Pasó más de una hora y nadie apareció. La señora Becaud, más nerviosa que antes no sabía si volver a llamar o dejar a Carlota en su casa hasta que alguien la llevara pero entonces, Anton arribó corriendo.

-¡Hola Judy!
-¡Niño! ¡Al fin una cara conocida!
-No pensé que me quisieras tanto - exclamó el chico Maizuradze al ser abrazado por Judy.
-¿Haz visto a algún Liukin en la calle?
-Ninguno ¿Porqué?
-Es que tengo a Carlota allá arriba..
-¿¡Ella ha estado aquí?!

El bullicio provocó que Carlota despertara súbitamente y al mirar el reloj se precipitó a bajar las escaleras que conducían al café.

-¡Se me ha hecho tarde! ¡Ya va a comenzar el desfile!
-¿Qué desfile? preguntó Judy.
-¡El del festival ruso! ¡Las chicas de mi escuela van a salir! ¡Seguro que ya asignaron los papeles!
-¡Por eso te estaba buscando! - intervino Anton - ¡Mis vecinos te eligieron para ser la domadora!
-¿La principal? ¡Ni siquiera ensayé! ¡Me dijeron las monjas que sería botarga!
-Pues nadie quiso a las otras niñas.
-¡Qué idiota! ¡Me quedé dormida! .. ¿Cuánto tiempo hacemos a Pushkin?
-Cinco minutos - le contestó Joubert que había ido a buscarla con Anton.

La chica Liukin se despidió. Por la prisa, olvidó sus cosas, entre ellas su libreta.

-¿Quieres venir? - inquirió el niño Maizuradze a Judy.
-Iré por un suéter.

La señora Becaud buscaba una prenda apropiada cuando notó que su cicatriz en la muñeca brillaba. Asustada, la cubrió usando un jersey de Jean.

En las aceras, los primeros adornos de la temporada de celebraciones se vendían con buen ritmo. Conforme se acercaba la hora de la inauguración del período navideño, la muchedumbre volvía más complicado el acceso al barrio ruso. Los organizadores se encontraban desesperados porque no se veía a la muchacha Liukin por ningún lado y comenzaban a pensar en su reemplazo cuando ella logró dar con el grupo que se preparaba para salir en cualquier instante.

-¡Aquí está! - gritaban sus maestras.

-Además de perdedora, impuntual.
-¡Cállate Kiira!
-¿A ti quién te habló, Amy?
-No te metas en problemas, amiga - sugirió Carlota - ¿Qué tengo qué hacer?
-La madre superiora te dará un vestido.
-Gracias.. Ya la vi; prometo estar lista en tres minutos.

Dicho y hecho, la chiquilla apareció ataviada en rojo y con botas. Por la falta de tiempo, apenas y se había colocado una sombra blanca en los ojos y un labial rosa además de peinarse con una simple coleta atada con listón. En la mano portaba un bastón pero aquello no pintaba bien.

-Aléjense de Liukin, es de mal agüero - comentó Kiira - Primero la descalifican para las Nacionales y ahora le hace falta un compañero. Es de mala suerte que la domadora no lleve mozo; todos lo saben.
-¡Eres una envidiosa!
-No le sigas el juego.
-¿Vas a dejar que se burle de ti, Carlota?
-No, Amy. Ignórala, contestarle no tiene caso.
-Está enojada porque perdió la votación para reina del festival. Los rusos la rechazaron porque desde el principio te quisieron, hasta insistieron con firmas y toda la cosa.
-¿Porqué no supe?
-Estabas entrenando.
-Ni siquiera imagino como resultará esto. No me preparé.

A Carlota le devoraban los nervios pero no pensó en qué tan importante era "el anfitrión de la fiesta" hasta que el cura ortodoxo fue a dar su bendición y comenzó un alboroto que retrasó todo. El ministro se negaba a dar su visto bueno hasta que un muchacho se ofreciera o fuera obligado a ser el presentador de la procesión pese a la insistencia de un colega católico que también hacía lo propio.

-La última vez que una señorita salió sin pareja cayó la tuberculosis. Cuando se presentó la dupla todos sanaron. Sin un incauto no habrá fiesta - sentenció.

Lo malo era que el animador debía cumplir con ciertas características: Ser ruso, no mayor a veinticinco años pero tampoco con edad inferior a veintitrés, debía saber cultivar y sobretodo contar con un carisma que hiciera desmayar a las espectadoras.. Pero los muchachos disponibles rebasaban la edad o eran del gremio de pre- adolescentes como Anton.

-Mira en qué problema nos has metido, Liukin - recriminaban las niñas - ya nos salaste el año.

En medio de la presión - innecesaria - Carlota recordó a la persona que cubría el perfil...

-Amy, acompáñame.
-¿A dónde? No te puedes ir.
-Creo que sé quién nos sacará de líos. Le prometí no verlo más pero si va a caer la mala suerte que por lo menos no me culpen a mí.

Corriendo pese a la incomodidad de la ropa, ambas pararon frente al puente de Amodio y cortésmente llamaron a la puerta. El gesto de Sergei lo expresó todo. El pobre comenzó a creer que Carlota lo perseguía en un nuevo nivel.

-¿Qué necesitas?
-Ayuda.
-¿De qué clase?
-Majorette* justo ahora.
-Rompiste un acuerdo, no.
-Por favor, Sergei. Si no fuera importante no estaría aquí. Si no tengo un acompañante hasta el sacerdote se negará a bendecir el festival.
-Ya me parece que un tipo como yo va a andar entre una multitud como si nada. Niña, soy guerrillero.
-Pero hoy no meten a nadie a la cárcel - intercedió Amy - Lo leí en la clase de Civismo... No sea malo, sólo por esta noche. No quiero que molesten a mi amiga todo un año.
-Bien ¿Cuánto tiempo?
-Lo que dure.
-Tengo corazón de pasa.. De acuerdo niñas, andando.

Cuando las chicas del Sagrado Corazón y las monjas vieron a Trankov, se hicieron a un lado. Algunas tensas y otras con la boca abierta, contemplaron como él besaba la mano del cura, juraba tener la edad requerida y se arrodillaba para ser rociado con agua bendita. Acto seguido, le presentaron el traje que debía portar.

-No dista mucho de lo que uso a diario - comentó en broma y después de cambiarse se situó junto a la niña Liukin. Fue en ese momento que el ministro de la iglesia rusa les pronunció la oración y el representante católico les dió "permiso" para comenzar.

Balalaikas y acordeones amenizaban musicalmente cuando Sergei se presentó. Conforme a la costumbre, bailaba y se acercaba a los asistentes mientras gritaba que pronto conocerían a la reina. Entre sus labores, destacaba el hecho de parodiar a los participantes del desfile tomando "prestados" elementos de su vestuario como sombreros o pompones, mismos que obsequiaba a quién se le antojara.
Trankov se divertía como niño sabiendo de su licencia para ser travieso, hasta que un silbato le indicó que era momento de anunciar a la estrella. Pidió silencio.

Entre tambores y acordeones salió Carlota, haciendo improvisados malabares con su bastón. La muchedumbre se tornaba eufórica con ella y cuando su mozo debió levantarla para que el mayor número de personas posibles la vieran, se dió por iniciado el baile. Respetando la tradición, Carlota y Sergei se separaban un momento para saludar y después se reunían justo al frente de la procesión para compartir un momento danzando y a veces, simulaban jugar a las escondidas. No tardó la niña en ver a su familia y pararse un momento para tomarse fotos además de una con Joubert y otra adicional con Anton y David; por supuesto, la de Amy tampoco faltó pero por impulso, invitó a Sergei a retratarse y la gente aprovechaba para disparar los flashes. Ella lo miró y acabó por estrecharlo.

-No fue nada - replicó él.

Pero ese momento no podía durar mucho y concluyó el desfile cuando la comitiva retornó a Pushkin. Los demás seguirían con su celebración hasta el día siguiente pero la pequeña se sentía triste y se apartó discretamente.
Trankov, que tomaba rumbo a su hogar, encontró a Carlota sentada en una esquina y se colocó a su lado para acompañarla hasta el amanecer, cuando sus ojos finalmente se secaron.

* Animador.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un momento de felicidad


Cuando Ettiene Bessette murió en Cobbs, había hecho enfurecer a Joubert, lo había llevado al límite, lo había maltratado y golpeado sin descanso; en la base era tan habitual soportar esa clase de abusos que nadie pensó que el chico acabaría explotando. Días antes, el joven Bessette había buscado a Raymond Floost, pero al rehusarse éste a irrumpir en la isla por buscar una solución pacífica, el chico optó por contactar a Sergei Trankov quién al principio no le tomó en serio hasta que le fueron entregados mapas y armas. El guerrillero visualizó entonces la oportunidad dorada de acabar con la Marina pero quedó la interrogante ¿De dónde obtuvo Joubert tal información y equipo? Y a decir verdad, las circunstancias eran de sobra sospechosas: Sólo las tomó de un recóndito depósito sin vigilancia.

El fatídico veintinueve de marzo de mil novecientos noventa y siete comenzó como una habitual jornada escolar en el internado de la base. Los profesores despertaban con agua en extremo caliente a sus alumnos pero a Joubert le esperaba un citatorio en la dirección después de la clase de Matemáticas por lo que no cesaba de temblar. El profesorado caminaba deprisa por los pasillos pero tampoco era extraño; hablar al oído enfrente de los pupilos, mucho menos pero un sobre azul espantó a los niños.

-Cadete Bessette, de pie.

Ahogado en llanto, Joubert se despidió de sus compañeros. Después de su reunión, sería condenado a encierro, ayuno y tortura por veinte días ¿Su cargo? Insubordinación. En su expediente se explicaba con detalle cómo había salido huyendo de una práctica psicológica experimental.

-Nos trataban igual que a títeres.. Vi a muchos compañeros morir ahí - le relataba a Carlota - Yo no quise que me convirtieran en controlador.
-¿Era tan malo?
-A los sujetos de prueba los ataban y les ponían una escenografía de teatro guiñol. Los profesores los manipulaban y el controlador les indicaba que debían hacer. La música de fondo era insoportable, como de circo y se repetía una y otra vez. Me provocaba pesadillas. Si un amigo entraba, sabías que no aparecería más; por eso algunos hacían su testamento.

La chica Liukin casi vomita horrorizada. Él decidió parar pero ella le aseguró que ya era capaz de resistir y le insistió para que terminara su desahogo. Entonces prosiguió un escueto resumen de cómo, durante el violento reproche de su abuelo, Joubert vió por la ventana como Sergei entraba al despacho sin hacer ruido y cómo Floost destrozaba la puerta para detener al rebelde; así como un disparo fallido que rompió una botella de ginebra. También recordó como Ettiene derribó a Trankov y lo tomó por el cuello, intentando asfixiarlo. El entonces niño Joubert se llenó de cólera y agarrando un cuchillo de caza apuñaló al anciano sin miramientos mientras Floost trataba de separarlo. El joven Bessette, bañado en sangre, reaccionó cuando su padre, ebrio, le preguntó que había hecho. Andrew Bessette era tan conocido por su débil carácter que su hijo se sorprendió de la lluvia de reclamos provenientes del marino, que, a su vez, le solicitaba a Floost que escapara con el mozalbete y a Trankov que se echara la culpa para evitar que Joubert fuese juzgado por traición y luego ejecutado.

-Ustedes dos ¡Arriba!

Tamara interrumpió y de paso, le dió a Carlota un suéter. Cerca de la laguna, no hacía tanto frío.

-Ricardo me llamó y al igual que todos me puse a buscarte. La última vez que me dijeron, eran las cuatro de la mañana. Tienes problemas señorita y ni mencionemos a Joubert quién debe aclararme una duda: ¿Es cierto que mataste a un tipo?
-Da igual pero ¿Por quién se enteró?
-El viejo del muelle.
-Él no sabía.
-Eso creías ¿La víctima era un general?
-Veo que conoce la situación con detalle.
-Aléjate muchacho. Los padres de esta niña están lo suficientemente asustados como para delatarte.
-Pero no quiero que se vaya - expresó Carlota.
-Si sabes lo que te conviene Joubert, me harás caso. A mí no me parece correcto que no hayas afrontado las consecuencias por mucho bien que te quisieran hacer. Adiós.

El sol despuntaba y el joven Bessette se marchó por el lado opuesto.

-No seguirás en una relación con él.
-Es que yo entiendo a Joubert ahora.
-Sonaré a tu madre y actuaré como una: No volverás a verlo. Ya no puedo confiar en ese muchacho. Si es preciso ir por ti a la escuela ahí estaré a las once y media y yo misma te llevaré a casa. No lo tomes a mal, algún día lo comprenderás. Te digo por experiencia que esto es lo pertinente.

La chica Liukin no increpó. Si así debía terminar la historia de su segundo amor al menos no la habían decepcionado; tal vez se lamentaría por lo brevedad más no por un error.

-Pasaremos a la fuente de sodas por un jugo y después a la cama, que no pienso entrenarte sin haber descansado. Vienes saliendo de un resfrío y no te cubres; sé más responsable, no te cuesta.
-¿Y si vamos con Judy?
-No creo que abra hoy y de todas formas no la molestaría esta semana.

Ambas llegaron al local de Piaf a las ocho, cuando casi nadie deambulaba por ahí. Tamara se daba cuenta de los intentos de sollozo de Carlota, mismos que contenía por encontrarse en un lugar público.

-Sé que estás sufriendo pequeña. Voy a respetar eso pero si necesitas sacar esos sentimientos, dímelo.
-No iré a mi casa.
-No es negociable. Ricardo está angustiado.
-Me van a regañar.
-Eso hubieras pensado antes de irte.
-Joubert me debía explicar lo de Cobbs.
-Eso tiene sentido pero de todas formas no estuvo bien que no obedecieras a tus padres.

Sin más, Didier llevó a la pequeña a su edificio. Sus hermanos la esperaban en la banqueta.

-Gabriela está insoportable. Ahora sí te ganaste boleto - Manifestó Andreas.
-¿Qué tan mal me irá?
-Pues yo que tú, mejor que te castiguen de una vez.
-Prométeme que me llevaras a la práctica todos los días.
-Acompañarte no, cubrirte sí.
-Dale, qué remedio.

Carlota despreció el elevador y tomó la escalera. Con la expresión triste, se preparaba para una reprimenda muy amarga pero no imaginó ver a su madre con miedo y llanto al mismo tiempo; tampoco que esa mujer al verla se le echara en brazos. La niña también miró a su padre con los ojos rojos y desesperado.

-Vete hija, te perdonamos... Corre con tus hermanos, luego hablamos. Te queremos mucho y por eso es mejor que nos dejes solos ahora. Juro que les explicaremos a todos lo que vamos a hacer. Anda.

La chica salió. Nunca había visto a Gabriela tan deprimida. Afuera, Javier le diría que Ricardo estaba tomando medicamentos y al parecer éstos no funcionaban. Tan grave era, que hasta Gwendal y Lorenzo arreglaban papeles importantes y no se agredían.

-Imagina que un día te dicen que la persona que más te ha querido en la vida no va a recordarte después de un tiempo. Mi tía siente horrible. ¿Qué son dieciséis años al lado de tu padre y en los que juntos han levantado un departamento, has pasado por crisis económicas, se han acompañado y encima les han tenido a ustedes porque los aman? Es toda una vida y de pronto la Naturaleza decide que lo pierdan.
-Para Javier, que la harás llorar - intervino Sonia.
-Esta familia no está bien. Si yo me he preocupado también; el médico le ha pedido a a toda la familia que se examine porque podemos tener el mismo mal.
-Mejor calla que me vas a causar escalofríos.

Los amigos de Carlota se reunieron en Miterrand y fueron a verla para saber porqué no había asistido a clases. Al encontrarla sentada en la banqueta y al resto de los Liukin hablando torpemente, sólo se acercaron y evitaron las preguntas pero se les salió una sutil risa. Anton portaba un gorrito elaborado con peluche, bufandas viejas y peluquines que lucía ridículo.

-¿Cuál es el chiste? - dijo el muchacho lo que desató una carcajada entre la familia y al percatarse, comenzó a bromear con su curioso artefacto. El viejo del muelle, sólo por ayudarlo, le sugirió que le devolviera todos sus bisogné por lo que ese bizarro instante se hizo más gracioso.

-¡Joubert ven acá! - exclamó el venerable. El joven Bessette se hallaba oculto en la esquina pero cruzó la acera. Aún pensaba que sería rechazado o algo así.

-No temas, que te han perdonado y yo también desde hace mucho. No sean tan duros con él, ya ha pagado su crimen con el padre alcohólico y la madre enferma de cáncer. Si tiene otra deuda la saldará también. Cada cual recibe lo que merece.

Ricardo y Gabriela que descendían, también oyeron al anciano.

-Deberían confiar en su niña, que de tonta tiene lo mismo que Platón. Cuiden a Bessette, se los encargo.

Pero aún nadie pronunciaba cosa alguna cuando Jean y Judy, de lo más románticos, tomaban un paseo. Los Becaud aprovecharían el momento también para agradecer que los Liukin asistieran al funeral pero la pareja se veía tan radiante que parecía irreal lo acontecido el día anterior; incluso sus bolsas indicaban que habían ido de compras. Ante las miradas de Javier y Gwendal, Judy irradiaba una alegría apabullante y hasta Jean se percibía relajado. De pronto un tierno beso o un fraternal abrazo incrementaba el brillo en los ojos de la señora Becaud mientras compartía un café helado con su marido. De escuchar al escritor, Tamara se enfadó y se alejó un poco. El viejo la siguió.

-No creo que Jean ame Judy y lo que no soporto es que no quiere darse cuenta.
-Está muy contenta.
-La están engañando.
-¿Porqué dices eso?
-Ella me contó que desde hace un tiempo van a terapia y les está yendo bien pero un patán hace lo que sea para seguir siéndolo. Según Judy, Jean está haciendo un esfuerzo para controlar su mal carácter y las sesiones terminan agradablemente pero a mí no me puede mentir ese idiota. El tipo la manipula para que siga ahí, detrás de él como corderito. Ya no le grita ni lanza indirectas pero la ciega y eso la lastima más. Es mi mejor amiga y no deseo que le hagan más daño.
-Te regalaré un milagro, mujer. Uno temporal. No creas que tus súplicas no son escuchadas. Si quieres ayudar a Judy y de paso a ti misma, desde este instante tus ojos volverán a ver..  Y no menciones que te has curado, te reitero que no durará mucho.

El mayor deseo de Tamara era justamente volver a contemplar el Sol y a Gwendal. Al dar la media vuelta, su camarada estaba frente a ella. Emocionada, rompió a llorar.

-Te quiero mucho ¿Lo sabes, Mériguet?
-Yo también pero ¿Qué pasa?
-Me acabo de cumplir un sueño, es todo.

Mirar a Carlota y no tener que hacer suposiciones sobre su apariencia también la conmovió. Observar con curiosidad a una ciudad que parecía salida de cuento le despertó el asombro que por tanto tiempo había dormido pero lo más importante: Confirmó sus ideas de que Judy era una mujer físicamente impactante y profundamente enamorada a la que el esposo, seguramente, sólo mantenía a su lado por ego.
Lástima de maravillosa postal la de los dos mirándose y sonriendo. Jean era un maestro aparentando que amaba a su mujer.

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Tomado de youtube.com usuario jpenelopest Canción: Smile por Uncle Kracker