miércoles, 23 de febrero de 2011

Daphneé

Isabelle Shepard recibió el ofrecimiento del Instituto Cultural Francés para protagonizar una obra. Hacía tiempo que ella no filmaba o se presentaba en público y la oportunidad era maravillosa. Cobijada por el director recién graduado, Luc Fassi, comenzó a ensayar emocionada. Su papel: Daphneé Desfassiaux la más famosa vedette del siglo XIX y retirada en 1897 sin que nadie supiera los motivos o su destino.
Con una pasión desacostumbrada, ensayaba por las noches. Isabelle parecía una estudiante de teatro repasando insistentemente sus coreografías y canciones. Sólo le faltaba investigar un poco más la vida de aquella mujer que adornaba con su imagen las puertas del Teatro Universitario del Cabaret. Para ello, recurrió a la persona más versada en Historia: Audrey Phaneuf.

-¿Daphneé Defassiaux? ¡Yo amo a esa mujer! ¿En qué te ayudo?
-Lo que sepas sobre su vida.. Digo; yo entiendo el trabajo que ella realizaba en el escenario y cómo se preparaba para su espectáculos pero de cómo era tras bambalinas tengo poca información y quiero interpretarla estando segura de que la conozco ¿Me comprendes?
-Tu aquí eres la de la creatividad y yo sólo doy datos ¿Cuándo quieres comenzar?
-Tengo tiempo en la tarde.
-Podemos ir a mi cafetería favorita en Dobrev.
-Hecho.

Después de las clases matutinas y la misa al mediodía, Isabelle llegó puntual. Audrey para su sorpresa traía un archivo. Era personal: su tesis.

-Te agradezco.
-A ti por decirme. Es el material que necesitas, inclusive conseguí una carta que ella escribió cuando estaba en Marsella.
-¿En serio?
-La encontré en una tienda de antigüedades.
-¿Cómo sabes que es auténtica?
-Las pruebas que le hizo Pat Low cotejando la letra, la firma y los materiales. Bueno me voy que tengo cita.
-¿Tan rápido?
-Me salió una reunión y es importantísimo. Nos vemos luego. ¡Cuídala como si fuera tu vida!
-Claro, claro.

Audrey iría a ver a Elliot Cohen quién estudiaba el barco.

Isabelle leyó durante la noche el trabajo de Phaneuf. Sus impresiones sobre Daphneé no eran equivocadas, su talento como artista había aparecido en varios periódicos y los críticos elogiaban su trabajo, pero su vida personal fue lo que más impactó le causó.

Daphneé comenzó a trabajar a los cinco años. No tenía como nombrarse así que usando un almanaque farmaceútico se hizo bautizar combinando el título del anuncio de un remedio para la tos con el apellido del químico inventor. Así de poco romántica era su identidad. Muchos niños de Tell no Tales vivían en la pobreza y la tuberculosis era inclemente. Sin más opción que ganarse la vida, se unió a una de esas tantas anónimas compañías de circo llevando agua y después participando en los números de payasos. Según las crónicas, el maltrato y el hambre eran su vida cotidiana. Más tarde, a los ocho, comenzó a ser entrenada para realizar acrobacias así como a bailar y cantar. Su maestra era una anciana que la sometía a jornadas rigurosas y extenuantes de práctica. Entre sus lecciones estaba el cómo pararse frente a un escenario, manejar al público, utilizar las luces y elegir su vestuario. Se le enseñó a ser ordenada y estricta con su espectáculo además de francés ya que ésta mujer sostenía que el lisak era lenguaje de gente vulgar y si la niña deseaba fama y fortuna debía deshacerse de él. A pesar de la crueldad, para Daphneé fue la única madre que tuvo, le estaba agradecida y también la amaba.

Al debutar como vedette a los catorce años, su tutora fue muy severa. Le decía que todo estaba mal y su preparación de años no se había notado. Para resarcir un poco la decepción trabajó muy duro pero jamás pudo complacerla. Al morir su mentora ella cayó en una fuerte depresión y surgió entonces aquella personalidad atrevida y provocadora con la que se ganó a la audiencia pero también a la policía. Al ser arrestada en múltiples ocasiones "por incitar al comportamiento desenfrenado e inmoral", el circo la despidió pero llegó el golpe de suerte: Un empresario le ofreció un contrato para el Cabaret Circense. Se fue a vivir a Marsella dando un giro total a sus aspiraciones. Pronto fascinó a los pescadores y los inmigrantes pero dándose cuenta de su potencial buscó una mejor compañía consiguiendo entrar a Le Cabaret des Bohémiens dónde la élite intelectual se reunía. Un alemán decidió llevar a las vedettes que actuaban ahí a Berlín. Con dieciséis años, Daphneé se presentó en lo que resultó ser una larga gira por casi toda Europa. Los pretendientes comenzaron a lloverle y conoció los lugares que la anciana consideraba bellos. Al final se quedó una prolongada época en París.


Isabelle se presentó en el escenario más temprano de lo normal. Luc se percató de la inspiración de la que su actriz era presa al interpretar las melodías que se decía, interpretaba la mujer en la que se basaba la obra. Las coreografías eran más ludicas e inclusive el tono de su voz era insinuante, las partes dramáticas como una pelea en un centro nocturno mostraban a una Isabelle que se fundía con su personaje. Más estremecedora aún era una línea que decía:

"Es increíble que haya sido un hombre de mi patria, sin tener más que sus vivencias en exóticos lugares quién más me llame la atención; quién sin importar nada haya venido a verme y no tenga inconveniente en conversar conmigo. Lo he decidido. He de irme a esa isla dónde él me cuenta seremos felices". 

Audrey, que había sido invitada a ver el ensayo estaba sorprendida. 

-¡No puedo esperar a que el público la vea!
-Gracias.
-¡Me encantó la forma en que te desenvuelves! ¡Wow! ¿Puedo tomarte una foto?
-Por supuesto.
-Sólo tengo un pero.
-¿Cuál?
-¿Porqué no incluyeron el personaje de Nathalie la prostituta domadora que ella presentó en Mónaco? Era su mejor papel.
-De hecho sí lo hicimos. Aparece en la última parte. ¿Quieres ver el vestuario?

Luc Fassi estaba fascinado. La diva du carnaval se estrenaría en mayo cuando comenzaba la temporada teatral tellnotelliana.


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