jueves, 17 de febrero de 2011

La historia del hombre que se enamoró de una princesa

Noviembre 1914


Lía cumplía su rutina: la oración del mediodía después de clases. Cada viernes compraba lo que obsequiaría a la diócesis el domingo. Caminaba por las huertas de sus vecinos para conseguir fruta fresca, del primer corte del día. En otras ocasiones, no era raro verla con su cartera al hombro entrando al local de los Herault dónde, normalmente adquiría lo mejor: vinos de la Provenza, como Cabernet Sauvignon y Viognier, quesos beaufort, brie, camembert de Normandie, livarot, laguiole y roquefort.


A diferencia de la mayoría de las jóvenes que aprovechaban sus licencias escolares para casarse e incluso  tener hijos, Lía tomaba las lecciones de latín y griego que la Escuela del Sagrado Corazón, exclusiva de señoritas, ofrecía. Las monjas eran muy estrictas con la puntualidad y a menudo probaban los conocimientos de sus alumnas. Si alguna se equivocaba o no recordaba un concepto, era amonestada con un golpe discreto en la mano derecha. Era una herida pequeña pero desgarraba la piel provocando ardor; si el castigo era recibido dos veces, la chica era puesta en evidencia y se le cortaba parte del cabello también; fallas reiteradas eran motivo de de suspensión y una sanción que era determinada por la directora. Tampoco podía preguntarse. Si una chica tenía una duda, esperaba que afuera sus compañeras le explicaran.


Para mantener vigilada a Lía, Agathe se había inscrito en el mismo horario. Se sentaba a la izquierda junto a la ventana y así podía ver lo que su "rival" hacía. La joven Liukin siempre se ubicaba hasta el frente y en medio. Por lo rápido que aprendía, a veces ella copiaba sus notas y las regalaba a quien las necesitara. Trataba de ser muy sencilla y atenta para evitar que alguien más pasara por lo mismo que ella.
Aquél amargo recuerdo de sus manos con llagas a los diez años no le permitía ignorar a aquellas que corrían el riesgo de sufrir por tan atroces medidas como esa.


Ese viernes era nublado y la lluvia había sido muy fuerte. Goran Liukin estaba en el muelle esperando a los pescadores quiénes aprovechan el mar revuelto para capturar las carpas más grandes. En esos días congelados, lo ideal era una boullabaise y todos peleaban por el pescado. Su mujer se encontraba en el dispensario médico y Lía pasaría por ella una vez realizadas sus compras; pero todo cambió.


En medio de la instrucción de latín, la madre superiora se presentó en el aula. Las jóvenes se pusieron de pie. La monja no lucía contenta. Todas sabían que daría una noticia.


-Señorita Liukin, ordene sus cosas y salga de inmediato de este recinto.


Las miradas se posaron sobre Lía. Sin entender la razón colocó todo dentro de su cartera. Apenas terminó se atrevió a cuestionar el motivo.


-Generalmente no admito críticas ni peticiones de razón pero se me ha indicado que usted ya no será admitida en esta escuela. Desconozco los dictámenes. No se presente. Se le tiene negado el paso.


Desconcertada, la joven se puso su abrigo. En cuanto le cerraron la puerta, sintió que la habían expulsado sin razón. Lamentablemente, no podía hacer nada. Cuando alguien era retirado de una institución educativa era definitivo e irreversible.
No terminaba de asimilar lo sucedido cuando llegó al almacén de los Herault. La propietaria le atendía cuando el marido de ésta la sujetó por el brazo con toda la intención de herirla y la arrojó a la calle mientras la insultaba llamándola "sucia" y "monstruo" para después prohibirle regresar. La gente que pasaba evitaba hacerlo cerca de ella ¿Acaso había hecho algo malo?


Peor fue al ir por su madre. En el dispensario ésta se encontraba en un rincón, sola y sin cuidados. Al pedir la asistencia de un médico, la enfermera la ignoró, pero un joven doctor fue más agresivo. Sin una consideración hizo que Lía cayera a los pies de su madre. Humillada, se levantó con el vestido lleno de lodo. Sin poder contenerse, se fue llorando. Cómo la ley no le permitía responder a semejante atropello tuvo que reprimir su coraje.


En casa después de darse un baño, la joven esperó por su padre mientras leía a Daphneé un libro de navegación.


En la casa Weymouth, Matt llevaba una semana sin faltar a la comida familiar y advirtió que Agathe estaba contenta. Eso no era normal. Lo que solía tener ánimo de velorio era casi una fiesta. Hasta su madre sonreía. Extrañado, se sugirió a sí mismo no preguntar.


-El alcalde me ha hecho saber que te ha encargado la construcción de las vías de ferrocarril Mattiah.
-Eso me tiene satisfecho padre. Me lo ha pedido esta mañana y desea los planos a primera hora el lunes. No será fácil exponerle la imposibilidad de construir en tierra. Se me ocurrirá algo.
-¿No ocuparás el camino?
-De ninguna manera. Es un terreno pantanoso muy frágil, se hundiría.
-Pero puedes cimentar de buena forma.
-Es un lugar muy traicionero. La ruta más viable son las montañas.
-Al menos servirán de algo.
-Sólo son el inicio. El sur de la ciudad es el sitio ideal. No vive nadie y es el lugar más directo para salir de Tell no Tales. El viento ahí no es problema y en caso de grandes olas los pasajeros estarán seguros.
-¿No crees que es un sitio muy lejano?
-La gente se acostumbrará. Preferible perder media hora rumbo a la estación que seis días a Toud.


Las mujeres a la mesa reían entre sí. A Matt no le gustaba porque sabía que estaban planeando algo, o en su caso, festejaban. Pronto lo miraron raro y él se quedó en suspenso.


-Tenemos buenas noticias hijo.
-¿Cuáles?
-Tenemos la fecha del enlace con Agathe. El Cardenal oficiará la boda. Enviaremos invitaciones mañana.
-¿No creen que van rápido?
-¿Para qué esperar primo? Es el momento: Ya tienes trabajo, retomé los estudios y tus padres le han ofrecido a mi madre quedarse cuando nos mudemos.
-¿Mudarnos a dónde?
-A París cuando acabes el ferrocarril.


Matt se quedó sin hambre. Apartó su plato y miró severamente a las tres. Callaron.


-Estoy cansado de que realicen planes a mis espaldas.
-No te molestes. Estamos entusiasmadas, no creímos que todo se pudiera planear tan rápido.
-¿Y cuándo se supone nos casaremos?
-En diciembre antes del día quince
-Pensé que al menos eso lo elegiría yo
-Es la única ocasión en la que nuestros amigos y parientes estarán juntos.
-Lo digo porque me parece apresurado y nadie me ha tomado en cuenta.
-Puedes escoger los regalos. Si quieres también los invitados.
-Me refería a la fecha y el lugar. La mujer es otra decisión que sólo a mí corresponde.
-Mattiah, esto se ha discutido y resuelto. Soy tu prometida.
-No lo eres.
-Claro que sí. Seré tu esposa.
-No será posible. Se acabó. Cancelen.
-Pero Matt ..
-No estoy dispuesto a continuar con una farsa y tampoco lo permitiré a ustedes.
-Primo, tú sabes que debe ser así.
-Jamás. Han faltado al respeto a mi persona y antes que nada a mi novia y su casa. ¡Ya basta!
-¿La montañesa? ¿No le has dejado? Hijo.. ¡Esa ni siquiera es una mujer! ¡No es digna! ¡No la quiero en mi casa!
-Tendrán que resignarse que ya he hablado con su padre y me ha concedido frecuentarla.
-¡Piensa Mattiah!¡ No arriesgué con el alcalde para que desaires así a tus socios!
-No hice eso a nadie padre. Y no necesito de tu ayuda para conseguir mis proyectos.
-¡No seas malagradecido! ¡Tú prima, la familia y nuestros amigos te han esperado! ¡Deja esa ilusión ya! ¿No ves que te va a destruir? ¡Ya te puso en contra nuestra! ¡¿Después que seguirá? ¡¿Humillar a tu madre?! ¡¿Desafiar a tu padre?!
-Esto se terminó tía. Déjenme en paz. Lía es una joven decente.
-¡No te puedes acercar a ella aunque mueras de amor!
-¿Qué dices Agathe?
-Es ilegal. Lía no puede estar contigo porque la enviarán a prisión hasta que envejezca. Si tanto la amas la olvidarás por su bien.
-¿De qué hablan?
-Hoy el Consejo de la ciudad determinó que ningún dorado puede relacionarse con nosotros, menos entrar a los negocios o vivir en la ciudad. Las escuelas les han sido prohibidas igualmente. Sólo será permitida su presencia en la iglesia y en los trabajos de construcción.
-¿Porqué padre?
-¡No entiendes! Ellos son la tragedia de este lugar. Esa mujer se llevará tu vida. Hijo, abandónala.


Nuevamente, Matt salió en silencio. Agathe se sintió mal y se retiró al jardín. Su primo se iría pero lo alcanzó.


-Espera.
-No.
-¿De verdad la quieres?
-¿Se nota?
-¿No puedes dejar de verla, verdad?.
-Iré a buscarla.
-Hoy le han echado del colegio. No saldrá de mi boca. Ve con ella.


Matt llegó a la campiña y se encontró con Lía. Ella lo dejó pasar. Ambos estaban tristes, más ella que le relató lo que le había sucedido ese día. Él se quedó esa noche dormido en el comedor. El sábado al despertar salió sin hacer ruido y fue con los Herault, la señora se lamentaba por lo del día anterior.


-¿Qué le digo joven Weymouth? He perdido a mi mejor clienta. La señorita Liukin compraba generosas porciones de queso y siempre dejaba buenas propinas.
-¿Qué solía llevarse?


Goran al fin regresó el domingo en la madrugada. Lía lo saludó. Su padre se enteró de lo ocurrido dos días atrás.


-Yo lo arreglo. Lo prometo.


La familia Liukin acudió a misa sin obsequios. Matt estaba ahí acompañado de sus padres, su tía y Agathe. Se aproximó a Lía e inesperadamente le entregó una canasta idéntica a la que ella acostumbraba dar. Aún no terminaba la sorpresa cuando su novio la tomó del brazo y se dirigió con ella al interior del templo.


Matt y Lía tomaron asiento juntos, señal inequívoca de noviazgo formal. Él no podía ocultar sus sentimientos. Al salir de la homilía mencionó:


-Si es que existe, parece que alguien allá arriba está de acuerdo con nosotros.


El Sol apareció ese día y lo primero que iluminó fue a los enamorados.


A esta melodía también se le conoce como "La notte di favola".

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