martes, 1 de febrero de 2011

Le cirque

Octubre 1914


La iglesia organizó el Festival Circense de Aficionados y sería la primera vez que Lía participaría. Durante años, había tratado de hacerlo pero la negativa de su padre se lo había impedido. Ésta ocasión por petición de su madre, Goran accedió con reservas.
Durante meses, Lía había ensayado con su vecino Jorik, pero al lastimarse éste mientras trabajaba en el muelle, no le quedó opción más que buscar a un nuevo compañero pero sólo encontraba negativas. Incluso su coreógrafo, un bailarín ruso de apellido Soloviev le advirtió que suspendería su número.
Mientras esto sucedía, Matt frecuentaba las comidas y las cenas en su honor. Trataba de darse tiempo para ver a su nueva amiga en secreto ya que desde lo ocurrido el fin de semana nadie lo dejaba en paz.
En una reunión, su madre anunció la boda con Agathe y zafarse ya no le era fácil. El mismo alcalde lo había felicitado y hasta accedido a recibirlo en una visita privada en su oficina.

El viento hacía de las suyas. Deshacía los peinados, mostraba a veces las pantorrillas de las jóvenes. Las olas ante la presencia femenina se alborotaban y el calor era calmado con frecuencia. A Lía, los marinos le decían de niña que el mar estaba enamorado de las mujeres y aunque no lo creía, esa tarde al encontrarse con Matt, que acababa de escapar de un brindis, notó que la marea crecía agresivamente.

Después de saludarse y preguntarse mutuamente si estaban bien, se sentaron en unas rocas y se mojaron los pies. Él le dijo que estaba comprometido. Ella prefirió el silencio. Notaba que el joven tenía deseos de ser escuchado. Matt le decía que no deseaba casarse con Agathe pero el compromiso implicaba relacionarse con la gente que le permitiría llevar a cabo sus proyectos. También que se sentía muy solo. En París tenía amigos. Conocía bailarinas y actrices que se morían por salir con él. Frecuentaba los estudios de los artistas y las modelos eran su compañía. Lía estaba un poco asustada. Al notarlo, Matt guardó sus palabras y le pidió perdón por haber mencionado un tema inadecuado. Ella respondió que ya imaginaba las cosas que él había hecho en Francia. No lo juzgaría por eso. Eran amigos.

-¿Y por qué estás tan triste Lía?
-No estoy triste. Desanimada.
-¿Pasa algo?
-No estaré en el Festival Circense y actuaría.
-¿Cómo?
-Mi pareja se rompió una rodilla y nadie quiere ayudarme.
-Espera. ¿Cantas...?
-No. Bailaría. Mi madre me regaló el vestido.
-¿Y si te ayudo?
-No Matt. Es cosa de dorados. Tú entiendes. Además, debes estar en tu casa y con tu novia. Es tu lugar.
-Mi lugar está en otra parte...

Lía lo miró con agrado. Matt le coqueteaba sin disimular y ella se ruborizaba, aunque trataba de dejarle muy marcado un límite.

-Permíteme ayudarte
-No es por ti Matt. Mi madre eligió todo y no creo que te acepte.
-Puedo conversar con ella.
-Es generoso de tu parte.

La madre de Lía sin embargo, no estaba en casa. Había tenido que ir al médico por haber caído. Su padre la acompañaba. Al leer la nota que le dejaron, la chica entristeció realmente.

-¡Oh no! - Exclamó apesadumbrada - Debo ir al dispensario.
-¿Algo grave?
-Dios quiera que no. Hemos tenido que ir con cada doctor que conocemos y ahorrar para pagarle a otros.
-Conozco a uno que es muy bueno. Es un amigo que ha regresado conmigo. Su nombre es Albán Anissina.
-Justo con él han ido ahora.
-Verás que dentro de poco se curará .
-Gracias.
-Te llevo a la ciudad.
-No. Aguardaré por mis padres allá. Me es grato saber de tu ayuda. Ensayaremos mañana. Te esperaré en las carpas con mi maestro a las ocho. Será muy duro contigo y no admitirá sugerencias ni reclamos.
-Entendido. Pero ¿Qué hay de tu madre?
-Accederá. Adiós.
-Me gustó pasar esta hora contigo.
-A mi también.

Ella se alejó con una mezcla de emoción y angustia. Matt se preguntaba si sería aceptado por los Liukin.
Esa noche, él hablaría seriamente con su prima.

A la mañana siguiente se topó con una sorpresa. Lía ya no tenía el cabello castaño sino teñido. Respecto a su madre, sólo se limitó a decir que estaba tranquila. Soloviev comenzó a dirigirlos de inmediato. Durante los descansos, Matt se dió cuenta de que sólo los dorados preparaban actos. El festival no era el mismo de cuándo era niño. Ningún habitante de la ciudad participaba salvo él. Podía ver franceses de una compañía itinerante y a una banda húngara de gitanos. Cuando Lía le presentó su vestuario él admitió que esperaba algo menos llamativo.

-Era para Jorik.
-¿Quién es él?
-Tiene catorce años. Mi mamá lo confeccionó pensando en que le quedaría muy grande para que fuera gracioso pero en ti se verá muy bien. Es tu talla.
-¿Porqué le hiciste eso a tu cabello?
-También fue su idea. Ella montó nuestra presentación y ayer le dije que quieres hacer esto. Se puso muy contenta. Cree que saldrá mejor porque eres más alto. Me dió los colores de nuestro maquillaje y eligió la música.
-Si que lo toman en serio.
-Para ella es muy importante. Quiere que ganemos el trofeo y que nos esforcemos mucho.
-Entonces no será tan complicado. He visto lo que hacen los demás.
-Necesito que estés aquí todo el día porque mi madre desea que salga perfecto. Soloviev es el más exigente y ella lo convenció de trabajar conmigo.
-¿Tienes alguna idea para mejorar el número?
-Mamá sugirió una serie de cargadas.
-Suena bien.
-Y además quiere que estemos en casa para comer todas las tardes.
-Encantado iré.
-Mi padre prefiere tenerte cerca.. ¡Ah! Mi madre también ha pensado algo teatral para empezar y no le puedo hacer cambios. Se me olvidaba decirte que ella lo planeó.
-¿Sólo haces lo que tu madre te pide?

Lía se quedó callada y se dió la media vuelta. Matt entendió que ella estaba molesta y decidió disculparse pero no la encontró. Con la certeza de haber hecho algo indebido abandonó las carpas y preguntó por ella en la calle. El padre Shultheiss le dijo que estaba en la iglesia.
Mucha gente realizaba las oraciones de las doce. Ella que estaba prendiendo una veladora frente a la imagen de Santa María del Mar ni siquiera le dirigía la mirada.

-No quise decir eso.
-No es cierto.
-Te ofendí.
-Mejor harías en irte. Olvida lo del circo. Ya haré algo sola
-Espera. ¿Puedo hacer algo para repararlo?
-¡Tú ni siquiera sabes lo que esto significa para mí!
-De verdad perdóname.

La Sacristía estaba vacía y a Matt le pareció pertinente entrar. Lía rehusó y se fue caminando a prisa. Él la alcanzó en la campiña, cerca de su casa. Después de insistirle, el joven se rindió pero ella volteó. Las lágrimas le cubrían el rostro sereno.

-Mi madre está muriendo.

Matt se sentía como un idiota, había sido un arrogante sin corazón.

-Mi madre estuvo muy enferma cuando yo era chica. Nadie se cura de tuberculosis. Celebramos pensando que era un milagro... A los pocos días ya no me recordaba. Han pasado años así. Algunos doctores se negaron a atenderla y los que lo han hecho no saben qué le pasa. Mi padre viajó a todas las ciudades posibles y nadie tiene la cura. Tu amigo nos dijo que su enfermedad le carcome las entrañas pero yo sé que es otra cosa. Todo el tiempo le duelen las piernas, se le va la razón; a veces no puede moverse y jura que no se acuerda de nada... Ella fue una estrella del circo desde pequeña hasta que se casó. Siempre quiso volver a un escenario. Tiene una voz maravillosa y es una bailarina excelente.... No sabes lo difícil que es llevarla a la ciudad cada siete días o lo mal que la pasamos cuando despierta sin poder hacer nada... Mi padre abandonó el trabajo para cuidarla. Lo del festival será por ella porque no va a estar con nosotros mucho tiempo. Ayer tu amigo nos lo dijo pero ya lo sabíamos. Lo único que me queda es rezar y pedirle a Dios que si no desea aliviarla por lo menos le permita vivir mucho más y que esté en el festival para verme y lo pueda recordar.

Ante esto, Matt se determinó a hacer un gran esfuerzo y aceptar todo sin chistar. Lía, que intentaría convencer a Solokov de inventar algo para presentarlo sola, se encontró con que el joven Weymouth practicaba al lado del bailarín sin cesar. Así fue toda la noche.

-Tu nuevo compañero es más disciplinado que el anterior. A trabajar duro. No tenemos tiempo.

Sorprendida y conmovida acató la orden. Durante diez días ensayaron intensamente. Nadie vió a Matt en ese tiempo.
La noche anterior a la función Lía se presentó con el vestuario de su madre. Ahora el sonrojado era él. Era un atuendo bonito pero demasiado corto. Soloviev le sugirió lo pasara por alto y se concentrara.
El tiempo se les fue rápido y sólo alcanzaron a ver en el público a la familia de Matt y también a la de Lía. Contenta esperó su turno. Payasos, malabaristas, mimos y acróbatas ante un público entusiasta. Cuando anunciaron a los bailarines Lía no cabía de los nervios.

Matt antes de salir a escena la tomó de las manos pero ella lo abrazó y le agradeció todo.

Cuando ambos se presentaron el público los miró en silencio pero lograron entusiasmarlos. Al terminar, ella casi lloraba de la emoción. Una vez tras bambalinas y sin contenerse, Lía besó a Matt. Él le pidió presentarla como novia. Ella accedió.
Nunca se supo quién ganaría el premio porque se anunció que se aproximaba una gran ola.
La madre de Lía, lamentablemente, perdió la memoria de forma irreversible por la mañana.

1 comentario:

  1. Me gustó el fragmento, me hizo imaginar en los circos de la época.
    Además tiene un poco de drama.

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