sábado, 30 de abril de 2011

La medalla y la despedida (Primera parte)


El día que los vecinos del barrio ruso esperaban llegó. Era hora de ver a Zhenya Plushy, Irina Astroskaya y Anton Maizuradze en los mundiales de patinaje artístico en Moscú nada menos. Finalmente era como si las competencias se desarrollaran en casa. Los balcones y los negocios se decoraron una vez más con matriushkas, pancartas de apoyo y la bandera rusa la cual provocaba nostalgia en los ancianos que contaban sus historias de la niñez y su migración.

El padre de Anton caminaba deteniéndose en cada calle para que los transeúntes le desearan suerte mientras observaba como en Pushkin se colocaba de nuevo una gran pantalla. Abrumado, prefirió abrir la pizzería un poco más temprano y no pasó mucho para que David y Amy se aparecieran.

-Hola niños, creí que llegarían más tarde.
-Venimos a ayudarlo.
-Gracias David pero no es necesario. Cerraré apenas termine de acomodar la despensa.
-¿No habrá servicio hoy?
-No tengo turrón que regalar y esto se llenará de todo menos clientes.
-¿Irá a ver las competencias en la plaza?
-No niños, prefiero verlas en casa, no soporto tantos gritos. Cuídense si deciden ir.
-¿Va a necesitar ayuda aquí?
-No. Vayan tranquilos.

Los chicos salieron un poco sorprendidos. El señor Maizuradze jamás se perdía un solo evento en Pushkin. Supusieron que tal vez sólo acudía porque su mujer y sus hijos solían presentarse y al no hallarse éstos por haberse ido con Anton, no le encontraba sentido a la multitud.

Por otra parte, en Katsalapov, Carlota esperaba a su entrenadora. El viejo del muelle que adoptaba la costumbre de obsequiar caramelos se acercó a ella para ofrecerle algunos pero ella declinó porque Tamara le sugirió no consumir azúcar de ese tipo.

-Al menos te mantienes firme.
-Se me antojan pero no debo.
-Volverás a comerlos pronto.
-No creo.
-En ocasiones se toman precauciones un tanto exageradas ... No te preocupes, un día volverás.
-¿Disculpe?
-Lo entenderás en tus veintes.

Carlota no comprendía nada pero se llenó de cierta melancolía.

-Acepta por lo menos una flor pequeña - Señaló el hombre - No te darán muchas.
-Gracias, es muy hermosa.
-Ve a celebrar con los rusos.
-Buen día.
-¡Alégrate niña! ¡Tu amigo triunfará!

Cuando el viejo se alejaba, De Patie pasó por ahí. En la mañana había estado en la cantina de Don Weymouth quién aguardaba la esperanza de que Evan ganara, además de colocar en la decoración una foto dónde se mostraba una de las medallas de oro más especiales: la del Grand Prix Final, la única que le ganó a Anton la temporada anterior.

-Hola.
-Hola padre ¿Cómo ha estado?
-Bien Carlota ¿Y tú?
-Muy contenta.
-Se te nota.
-¿Usted no apoya a Anton, verdad?
-No.. Evan Weymouth es mi favorito.
-Buh ..
-Jajajajaja.. Anton es muy talentoso pero Evan ha madurado... Lo malo es que lo digo en un lugar dónde me arriesgo a ser ensuciado con sopa.
-Está bien.. De todos modos muchos quieren a Anton aquí.
-Pues buena suerte.
-¿No se quedará?
-Tengo trabajo. Salúdame a tu padre y por favor le dices a tu madre que en la Catedral hay un retablo que necesita restauración y no ha ido ningún técnico.
-Claro.
-Y perdón por encargártelo pero no he visto a Gaby por ningún lado.
-No hay problema.
-Te veo después niña.
-Hasta luego.

La verbena que se acostumbraba antes de las transmisiones era amenizada por los cánticos. En donde se hallaba Carlota, una orquesta tocaba diversas melodías populares, la gente compraba ramos de rosas y Verner Tomos vigilaba a la niña sin que se diera cuenta. Hacía poco, se había vuelto amigo de Andreas.

En punto de las doce, Tamara llegó y con la chica caminó hasta Pushkin. Algunos reconocían a la ex patinadora y le tomaban fotos; otros se enfocaban en su alumna, la misma a la que Anton se refirió aquella vez en Four Continents. Todos sabían que era ella porque no tenía los rasgos rusos además de verla frecuentemente con los amigos del joven Maizuradze. Los presentes le cedían el paso y hasta el asiento, trataban de colocarla en las primeras filas y le daban palmaditas.

-Cuánta cortesía - Decía Tamara.

No pasó mucho para que les consiguieran lugares al centro. En la pantalla se realizaba una dinámica especie "Kiss cam" y alguien aprovechó para pedir matrimonio a su novia; un chiquillo pintaba las mejillas de quién se dejara y lo cierto es que nadie se negaba.

Sin embargo, Don Weymouth ante el televisor de su cantina no la pasaba bien. Sin parroquianos más que los escasos pescadores de siempre, tenía la sensación de que las cosas saldrían bien pero estaba nervioso. Una hora antes había hablado con Evan: Le contaba que Moscú era una ciudad preciosa, que no esperaba calor en un sitio conocido por su frío; también le prometía medalla. Respecto a eso, desde que el cantinero recordaba, su hijo siempre cumplía lo que decía.

El viejo del muelle ya había decidido a quién darle suerte y a quién darle trabajo. Cuando comenzó el evento, la gente de la plaza Pushkin hizo la famosa ola... Algo nada común.

A Evan le pasaba por la mente su rival, Anton, pero no por razones profesionales, sino por la broma que le había jugado a Zhenya Plushy con una bolsa de gis verde en polvo después del desayuno.
El patinador había terminado por reírse para sorpresa y jugando con el chico mientras le devolvía el gesto con harina. El joven Weymouth soltaba la carcajada de solo acordarse, Lena Tarasova y Cecilia Maizuradze llevaban horas reprendiendo al niño pero este continuaba alegre, mientras Oleg Mishin el instructor de Zhenya, se ponía estricto y se quejaba. Ingo Carroll repetía: Maizuradze tendrá gran talento pero no deja de ser un mozalbete muy travieso y apático... no creo que llegue lejos.

Mientras esperaban turno, Anton continuaba haciéndole gracia a los presentes con sus bailes y sus peticiones de ingresar a pista, su hiperactividad hizo que incluso diera vueltas en el piso.

-Anton ¡Cálmate! - Era el reclamo de su entrenadora.

El último grupo se presentaba y Evan abría el bloque. Los espectadores de alguna forma también se emocionaban con él por ser tellnotelliano, por mostrar entereza y remontar de manera espléndida cuando era necesario. Siendo uno de los favoritos a pesar de la difícil temporada que llevaba a cuestas, lo cierto es que su programa era lo más sólido hasta el momento. Tamara escuchaba admirada y ovacionaba adelantándose a todos.

-Presta atención al oído y no a los ojos Carlota, ellos te dirán siempre si tus saltos y piruetas son correctos desde su preparación, te marcarán las transiciones. Un patinador que no considere este detalle siempre será del montón, no pulirá su talento. Los jueces notan la diferencia. Cuida tu sistema auditivo tanto como tu corazón o tus piernas.

Don Weymouth celebraba cada movimiento y aplaudía. Al término, no cabía de buen humor.

-¡Ea! ¡Que me lo calificarán alto! ¡Traerá premio a casa!

Franz, que consiguió no perderse el espectáculo estaba admirado. Se preguntó si pasaría un milagro y le condonarían a Evan su maldición alguna vez. Después se quedó en su escritorio, ya en casa y prosiguió a revisar papeles de toda procedencia.

Pushkin presentaba gran ambiente y los gritos felices se escuchaban cuando cada adversario de Anton quedaba segundo o tercero quedando sólo el joven Weymouth como la figura a vencer.

-Tu amigo ha realizado buenos programas este año aunque sea un provocador.
-El público lo ama.
-Por altanero. Te doy un consejo Carlota: no seas complaciente con los jueces porque te darán medallas injustas; tampoco te permitas desafiarlos que te costará caro. Si Anton Maizuradze empieza cálido, la clasificación de la rutina corta lo favorecerá mañana. Le auguro una presea pero no me atrevo a afirmar cuál.
-¿Cómo sabes eso Tamara?
-Ya lo van a anunciar, su forma de maltratar las cuchillas no es discreta. Te apuesto que en unos segundos habrá ovación, Maizuradze se encuentra ya en pista pero no lo han enfocado.

Dicho y hecho. Tamara describía la escena con mucha exactitud: En lugar de recibir ánimos, el niño continuaba con los regaños. Aunque el audio aún era demasiado bajo en la transmisión, ella percibía las frases de Tarasova.

-El crío ha hecho alguna fechoría.. Ese Anton no cambia. Cuando entrenaba con los novice me daba dolores de cabeza.
-¿Eres tan buena escuchando?
-Tanto que ahora sé que tus amigos nos encontraron.
-Hola.
-Bienvenidos.

Después de saludar al público y dar una vuelta por la pista, Anton se colocó justo enfrente de los jueces.

-Oh oh... Los referees odian eso ... Permíteme un momento.

Al comenzar el chico con su ejercicio, Tamara se llevó la mano derecha al rostro.

-Al igual que en Four Continents decidió ignorar su proyecto original.. Con esta ya son dos veces que arriesga .. Tarasova nunca toleró que uno solo de sus alumnos modificara un paso o en competencias decidiera presentar variantes o nuevas rutinas.

Encantador. Anton agradaba. Sus vecinos gritaban "Primero, primero" y daban hasta sus hipotéticas calificaciones.

-Prepárate Carlota.. No le darán una nota tan favorable.

Anton estaba acostumbrado a esperar mucho por sus resultados pero con su maestra enfadada y su madre en las gradas visiblemente molesta con él, ni siquiera tuvo ánimos de dirigirse a cámaras para enviar besos o discursos.

En Pushkin, todos estaban listos para arrojar flores a la pantalla y darse el día libre. En la Megasport Arena, los aficionados tellnotellianos y lógicamente los rusos, coreaban el nombre del chico Maizuradze y hacían alusión a su nunca olvidado incidente de la fuente. Sin contenerse, él sonrió y rápidamente fingió estar serio para que no lo descubrieran. El sonido local anunció:

"Anton Maizuradze, Short Program Score, Technical Merit:
5.8  5.8  5.9  5.8  5.8  5.6  5.8  5.9  5.9  5.7
Presentation Score:
5.9  5.9  5.9  5.9  5.9  5.8  5.9  5.9  5.9  5.8
Ordinals:
1  1  1  2  2  3  1  1  1  1
Anton Maizuradze from Tell no Tales after Short program is 2nd place"

Don Weymouth se entusiasmaba e incluso invitó una ronda de cerveza a su clientes quiénes le estrechaban la mano y le expresaban sus mejores deseos para la tarde siguiente, cuando Evan disputaría la final, en la ciudad, varios televidentes se molestaban por la clasificación; mientras tanto, en el barrio ruso, la sorpresa, la decepción y un silencio que desembocó en un abucheo ensordecedor y prolongado a pesar de saber que Anton tenía la posibilidad de hacerse del primer sitio aún, formaban una escena, por demás, intimidante.

1 comentario:

  1. Ingrid,

    Trate de imaginarme el escenario, la expresión de Anton, tendré que esperar la segunda parte de este episodio.
    Como siempre me dejas sin palabras, hermoso post.
    Saludos!

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