sábado, 7 de mayo de 2011

La medalla y la despedida (Segunda parte)


Tina llamó a Carlota y acordaron encontrarse en la fuente de sodas dónde solían tomar malteadas. Desde el cambio de escuela, ellas sólo se hablaban por teléfono; si invitaban a la niña Liukin a salir tenía que decir "tengo entrenamiento" y los fines de semana ni pensarlo ya que la familia de Tina acostumbraba visitar a sus amistades. Para evitar peleas, la policía no permitía pasar a nadie proveniente de la Escuela Cívica por Miterrand y las alumnas del Sagrado Corazón así como los del Colegio Ruso debían irse por Dubrova, así que las dos amigas no coincidían.

La decoración en el barrio ruso continuaría ahí la siguiente semana y Judy Becaud ayudaba a repartir las pulseras en apoyo a Anton que habían creado las monjas. En este contexto, Don Weymouth se sentía abrumado al pasar por su pan en la calle Morozov. Había pósters del chico Maizuradze en cada local, Evan ni remotamente podía soñar con tal entusiasmo, ni siquiera con al menos, un admirador o admiradora o una nota en el periódico de primera plana. Franz De Patie comentaba que estaba seguro de que algún día aquél joven llamaría la atención de alguien, que fuera paciente.

Esa mañana, Ricardo salió temprano. Gwendal le había contado lo de las clases de patinaje de Carlota y por ende, quiso conocer a Tamara Didier. Tal y como tenían acordado, ambos invertirían en todo lo que se necesitara; el único problema era evadir a Gabriela pero ya se les ocurriría algo. A Ricardo le disgustaba esconderle algo a su mujer; de hecho, era la primera vez que lo hacía pero entendía a su pequeña y decidió dejarla cumplir sus sueños. Esa tarde incluso, le dió permiso de ir a Pushkin.

Faltaban dos horas para el long program cuando Andreas se fue con Verner a recoger a Carlota. El joven Tomos mostraba mucho interés en las actividades que la hermana de su amigo llevaba a cabo. Secretamente, tomaba notas y dibujaba flechas en un diagrama.

-Te presento a Verner - Señaló Andreas por saludo.
-Hola niña.
-¿Qué hay?
-¿Esa pregunta es costumbre familiar?
-No, me la pegó mi hermano.
-Suena bien. ¿Nos vamos?
-Comeremos hamburguesas.
-Yo no puedo
-¿Qué?
-Lo tengo prohibido.. No pan, no comida frita, no dulces .. ni queso.
-¿Entonces cómo te alimentas niña?

Después de ir a Korpi, el restaurante de comida vegetariana, Andreas y Verner se dirigieron a la fuente de sodas aliviados porque aún tenían hambre, Carlota esperaba a Tina mientras tomaba jugo y no pasó mucho para que ésta apareciera pero no venía sola. La expresión de los viejos compañeros no era favorecedora. Todos llegaron: John, Paul, Bradley .. se sentaron con la actitud un poco distante y cuando   harían uso de la palabra, David llegó a romper el momento.

-¿Irás a ver a Anton?
-Sí, espérame un momento.
-Ya es en diez minutos.
-¡Si te vas Carlota.. !
-¡Perdón Tina! ¡Mi entrenadora me espera! ¿Me acompañan?
-No podemos.
-¿Porqué no? ¡Es divertido! ¡Andreas es hora!

Corrían a prisa. Pushkin estaba tan llena que apenas pudieron dar con Tamara.

-Llegaste muy justa.
-Perdón.
-Vienes con mucha gente.
-Mis amigos.
-Luego me dices sus nombres, tenemos trabajo.

En pantalla salían los protocolos de evaluación y el orden de salida. Anton iba a salir penúltimo, Evan cerraría.

Carlota no prestaba atención a nadie. Escuchaba cada anticipación a movimientos y señalaba a su instructora si el patinador en palestra caería. La mayoría de las veces fallaba.

-Ese oído no está educado... Seré insistente. Vamos a repasar los videos uno por uno y asistiremos a las prácticas de senior hasta que me indiques sin equivocarte los malos pasos. Te vendaré los ojos si es necesario y así te haré entrenar en pista. Te presionaré porque sé que puedes. 

Tina se preguntaba la razón por la cual Carlota no decía algo para manifestar desacuerdo, algo andaba mal con ella.

Cuando pasaron los primeros tres grupos se dió el intermedio. La gente buscaba hidratarse. Las pancartas gigantes aparecieron y una alegría comenzó a contagiarse. El cuarto bloque traía a Anton. Aquél sentido de comunidad se dejaba sentir con fuerza. No importaba que el chico Maizuradze no fuera hermano, hijo o nieto de todas las familias presentes; finalmente era uno de los suyos, un ruso y eso bastaba para reunirse. A todos fuera de esas calles les era inexplicable, había que estar allí para entender el significado.

-¿Cuándo le vamos a decir?
-No creo que ahora, Paul.
-Tenemos que saber si estará con nosotros.

Tamara reaccionó:

-Lo que sea díganselo a Carlota de una vez.

Desconcertados, Bradley (nadie más se atrevió) lanzó la prueba.

-Ya casi no te vemos y has cambiado mucho.
-He tenido cosas que hacer.
-Siempre dices eso. No nos hablas, mejor te la pasas con tus amigos, ya te pareces a ellos.
-¿Lo dices como insulto? - Intervino David - Explícate.
-No saluda como antes, se ríe de bobadas y se comporta como mi hermano de tres años.
-¿En serio?
-Ay Carlota, ya no te entendemos y nos estás dejando de agradar. 
-¿Pero qué hice?
-Nos dejaste..Primero te juntas con gente vulgar y después te pusiste a patinar. Hemos venido a decirte que no seremos más tus amigos a menos que decidas: Te quedas con ellos o nosotros nos retiramos.
-No tienes que hacerlo amiga- Dijo Amy 

Carlota vió a los niños alejarse pero Tina se negaba a dejarla. Al anunciarse la reanudación de la competencia, Tamara pidió a su alumna seguir con el ejercicio que le había puesto. Dudando, la chica prosiguió. 

Anton por primera vez mostraba tensión en su faz. Lena Tarasova ya lo había perdonado por lo del día anterior y de vez en vez lo abrazaba. 

-Última noche. ¿Estás seguro?
-No quiero continuar.
-Tómate un año más.
-Si obtengo una medalla no será por mí. ¿Ya me toca?
-Faltan dos más. Ten paciencia.
-Haré lo que mejor me sale, tonterías.
-Hoy te lo paso.

Recuperando la alegría, el chico Maizuradze, saltó durante veinte minutos para calmar sus nervios.

En los vestidores, Evan platicaba con su entrenador que se mostraba confiado y le daba consejos. Ingo Carroll seguía quejándose de los gritos de Anton pero nada le quitaba lo contento. 

-Recuerda que vas de líder. Ganaremos muchacho.
-Por supuesto.
-Ese Maizuradze que no se calla.
-Hoy no está calmado.
-Nunca se tranquiliza.
-No aventó bolas de papel.
-Entonces tenemos ventaja.

Durante la transmisión comenzaron los aplausos, los vítores. Al anunciarse a Anton, Tina hizo el último intento de convencer a Carlota de irse con ella. La niña estuvo a punto de hacerlo pero Tamara no la dejó. 

-Tienes una responsabilidad contigo misma. Si te marchas sabré que tu esfuerzo no te interesa. Decide.

Más triste que confundida, la pequeña determinó permanecer en Pushkin. Su amiga no podía creerlo. Amy abrazó a la niña Liukin.

-Continuemos Carlota. Ya habrá tiempo de llorar más tarde. Tu amigo es el más difícil de analizar. Su última carta es la rutina que presentó en Grand Prix y en Nacionales... "Rhapsody in blue".. Prefiero su programa de Don Quixote pero le está apostando alto. Escucha y adelántate a la acción.

-Entonces ya está claro. Los prefieres a ellos. No me vuelvas a hablar.
-Espera Tina.

Pero la niña miró a David y Amy. Ellos la habían defendido, la escuchaban.. Y ella realmente los quería.

Una Megasport Arena repleta recibió a Anton Maizuradze. Se veía serio. Esta ocasión, el decidió ser diplomático. La gente le brindaba una gran ovación, pero pronto se disipó.

Desde los primeros acordes, el chico dió todo de sí y sus ambiciones quedaron plantadas al primer salto.

-¿¡Un quad*!? Nadie en junior los ha presentado.

Desde ahí, los vítores entre los rusos iban en aumento. La limpieza técnica de Anton tomó por sorpresa a Tamara Didier. Las expectativas del chico Maizuradze crecían y la locura se desató al concluir. Lena Tarasova lloraba emocionada. Poco antes de saber su calificación, él dedicó unas palabras a su público y finalizó:
Карлота поцелуй! **

Todos parecían contentos. El sonido local daba a conocer las notas: cinco punto nueve en la dificultad y lo mismo para la presentación, los ordinales marcaban primer sitio. Ahora todo dependía de Evan Weymouth...

-Evan no realiza cosas así. Esto será interesante.

Era cierto que el joven Weymouth tenía la habilidad de volver un placer verlo en acción pero Anton había encontrado su debilidad.
Durante los minutos que prosiguieron, Don Weymouth aunque a distancia, trataba de alentar a su hijo, le aplaudía y hasta gritaba. Los jueces no la tenían fácil, pero dos de ellos, tomando en cuenta los elementos presentados por el participante anterior fueron los decisivos. La mayoría de las notas eran cinco punto nueve .. pero en las calificaciones, un cinco punto seis, un cinco punto siete y dos cinco punto ocho, más un ordinal indicando segundo puesto desvanecieron la ilusión de Evan ... 

Anton ganó.

En Pushkin todo mundo se quedó atónito. La reacción del chico Maizuradze fue arrojarse al piso y correr por la pista al levantarse. Durante la ceremonia de preseas, él no dejaba de saltar...

Los rusos realizaron una gran fiesta en Tell no Tales. Los periódicos publicaron la noticia de última hora. El viejo del muelle estaba contento...

Pero después de obtener el oro, Anton rechazó asistir a la conferencia de prensa y la gala de despedida, tomó sus maletas y volvió a la ciudad no sin antes llamar a su padre para avisarle.

El domingo por la tarde, lo esperaban en la estación de tren un grupo de periodistas pero logró evadirlos. 
David y Amy en el andén coreaban su nombre y Carlota lo abrazó pero al notarla desanimada se abstuvo de darle un obsequio.

Los niños por fuerza debían pasar por Pushkin dónde los vecinos seguían viendo las pruebas restantes. Ese día era la presentación de Plushy pero al pasar Anton, éste recibió abrazos y daba autógrafos; otros iban colocando las mesas para la cena en honor del infante.

Ya en casa, Anton le contó a su padre del torneo y le hizo llegar los saludos de los antiguos camaradas universitarios pero algo faltaba y el chico Maizuradze se apartó con Carlota.

-¿Qué tienes?
-Nada.
-Me habrías felicitado.
-¿No lo he hecho?
-No.. Pero no importa.. Te da gusto por mí.
-Tuviste una gran actuación.
-No es nada, pero dime que pasó para que veas al suelo.
-Mis amigos ya no me hablan.
-¿Los de la Cívica?
-Ayer me dijeron que ustedes o ellos.

Anton enjugó las lágrimas de la niña y fue categórico:

-Entonces nunca fueron tus amigos.

Ella lo miró desconcertada.

-Si lo fueran jamás te habrían hecho escoger... Pero aquí estamos nosotros y siempre te vamos a querer aunque te vayas con un indigente loco.
-¿Un indigente?
-O un político o lo que sea.

Y sacando del bolsillo su medalla, el chico la colocó en el cuello de Carlota.

-Es tuya, la gané para ti.

Anton hubiera deseado en ese instante besarla de nuevo pero comprendió que no era momento. De todas formas junto con el galardón, le había entregado algo más importante: su corazón.

*Quad: Salto cuadrúple. En el patinaje artístico es el más difícil de ejecutar en cualquier variante técnica.
**Karlota potseluĭ // Un beso Carlota

No hay comentarios:

Publicar un comentario