lunes, 16 de mayo de 2011

Un día de fiesta


Algo paralizó a los habitantes de la ciudad: El fútbol. Era ocasión de ver el juego entre los Bears de la Universidad de Ciencias y los Blackhawks de Humanidades al mediodía. Los boletos se sabían agotados con bastante anticipación e Isabelle Shepard hacía gala de su presencia en el estadio, a ella le encantaba asistir a cada partido del equipo de su institución y cambiaba su acostumbrada elegancia por la playera auriazul y un peinado descuidado; en lugar de palco prefería tribuna y gritaba, lloraba, insultaba al árbitro.. Por eso era la favorita de los aficionados.
Los que no tenían la oportunidad de comprar entrada abarrotaban los restaurantes, las cafeterías y las cantinas.

Judy Becaud sentía disgusto por el fútbol. No le gustaba el apasionamiento que generaba y de hecho, creía que era una actividad demasiado sencilla para despertar tamaños entusiasmos. Ella determinó disfrutar la ciudad que quedaba vacía durante dos horas. Al cerrar la puerta de "Le jours tristes" comenzó un paseo a pie mientras observaba los gestos de la gente; ese era su pasatiempo favorito. Pasó por las plazas, se detuvo en las panaderías y al final llegó hasta el Panorámico dónde algo llamó su atención:

Evan trabajaba a toda prisa mientras intentaba ver de reojo el juego. El chico traía puesta la bufanda que lo delataba como seguidor blackhawk y hasta una bandera yacía colgada en la barra. El chico corría sin cesar sirviendo canapés o tragos además de limpiar lo que los parroquianos tiraban. Sin un momento de descanso, se contuvo de celebrar el primer tanto de su equipo porque sostenía tres cervezas y un ron. Terminado el primer tiempo, tuvo que levantar platos y conformarse con medio oír las repeticiones.

Las dos escuadras jugaban ofensivamente, abriendo la cancha, desequilibrando. Era el estilo que le encantaba a los tellnotelianos y la emoción subía de tono. Para la segunda mitad, los tiros a gol y las llegadas a contragolpe mantenían el interés de los espectadores que contaban cada minuto. Los partidarios de los Bears reclamaban cada jugada sospechosa y sus delanteros se cansaban de fallar ante un portero Blackhawk que lucía más tímido con cada ocasión de peligro generada por la siempre efectiva  labor de la media cancha contraria.. Entre corners y faltas que regalaban tiros indirectos además de tentativas de engañar al silbante para marcar penalti justo o injusto, la defensa blackhawk encontró el antídoto generando labor de contención y apostando por la desconcentración del rival hasta que llegó la recompensa. Media ciudad gritó gol ante la incredulidad de los Bears quiénes terminaron contemplando a una ofensiva Blackhawk que no les hizo más daño porque sus hombres en el campo no quisieron.

Los presentes en el Estadio Universitario Nacional en Humanidades habían armado la fiesta en lo que agonizaba el partido y en la calle ya sonaban las primeras cornetas por haber ganado el primer clásico del torneo. El rector Jean Michel Jeunet aplaudía de pie a los jugadores y cuando se dió por concluido el compromiso de los equipos, las calles se inundaron de personas festejando el triunfo Blackhawk.

Buen partido de inicio de temporada, todos se habían divertido menos Evan, quién continuaba ordenando todo, mientras se perdía por enjabonar tarros, los resúmenes finales.



1 comentario:

  1. El Deporte genera alegrías, satisfacciones como el de la Universidad, siempre es hermoso estar del lado del éxito.
    Hermoso post!.
    Saludos
    Sergio

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