miércoles, 22 de junio de 2011

La luna de sangre


Diciembre, 1914.

Nochebuena.

La ciudad se engalanaba para la entrega de regalos y las suntuosas orquestas para los conciertos de gala al día siguiente en los museos recién inaugurados. En las calles, los dorados recogían su último pago del año y se marchaban a casa con las manos casi vacías y llenas de hollín y grasa. El clima sería violento y esos hombres morirían en el camino; todos lo sabían y podía creerse ciegamente que se les dejaba partir a propósito.

En casa de Lía, el viento se escurría apagando la chimenea cada vez que su padre revivía las llamas y las mantas que cubrían a su madre parecían hojas de papel. Presintiendo que no pasarían la noche, la familia salió a buscar refugio en la iglesia aunque quedara lejos y les estuviera prohibido ir a esas horas pero el suelo asemejaba a las brasas.

-¡Qué rayos! No se puede andar.
-¿Y ahora papá?
-Veré la forma de no tener frío. Si puedes calienta el chocolate que queda.

Ella obedeció, pero los vecinos afuera no cesaban de preguntar a Goran que debían hacer. En un gesto generoso, la chica repartió bebida entre los que se acercaban, aunque no era poco, apenas quedó para los tres. Al cerrar la puerta, dejó de percibirse un poco el ambiente congelado.

-Mañana le pediré a Schultheiss que nos conceda quedarnos en el convento un par de días, esto se pondrá peor, si notas que tu madre desea dormir, no la dejes, cúbrela con lo que puedas y procura mantenerte atenta.
-¿Dónde irás?
-Por los hombres que han de estar sufriendo tratando de llegar con sus esposas.

Pero se desencadenó un terremoto ese instante, la campana anunció un tsunami.

-¡Ola hacia las montañas! - Gritó el vigilante de los acantilados.

Los campiranos abandonaban sus casas a toda prisa cuando un repentino fuego a pocos metros de la entrada de la ciudad se expandió rápidamente.

Un segundo temblor se presentó aún más inclemente y los habitantes de Tell no Tales optaron al fin por ver que sucedía. Los bomberos y la policía corrían para sofocar el fuego que tomaba dirección a los asentamientos rurales. Mostrando humanidad por primera vez, algunos se organizaron para salvar a la gente del campo. El padre Schultheiss los dirigía.

La familia Weymouth continuaba al interior de su hogar hasta que Alban Anissina gritó el nombre de Matt en la acera. El joven, pese a la oposición de su familia atendió.

-Pasa ¿Qué te trae aquí?
-La campiña se consume, todos allá van a morir.

Matt se asomó y al ver las cumbres encendidas pensó en Lía. Junto con su amigo, se precipitaron a sumarse al grupo de auxilio.

Mientras eso ocurría, Goran Liukin no hallaba senderos de escape y la laguna sería el primer sitio en el impacto de la ola.

-Iremos al norte y después trataremos de bajar al oeste, por ningún motivo vayan al sur.

Para después decir en voz baja:

-El viento nos está aventando a la lumbre..

Siguiendo las instrucciones, las personas prosiguieron hasta que una luz naranja los contuvo. La nieve que cubrió el bosque se había derretido.

-¡Todos al norte! - Repitió el señor Liukin. Desesperados, eligieron adentrarse aún más entre los pinos pero un estruendoso muro de agua los obligó a retroceder. Sin aparente salida, algunos subieron a las copas de los árboles buscando una ruta. Jorik logró visualizar un dirección a la izquierda y el grupo tendría suficiente tiempo para resguardarse al descender a una especie de calzada ocupada por los rusos inmigrantes.

Pero no todos contaban con suerte. Los primeros caídos debido a la pesadez del ambiente hacían resbalar a los que luchaban por continuar. Jorik le avisaba a los demás quién fallecía o se extraviaba pero dar la siguiente noticia lo llenó de espanto. El chico entre lloros anunció:

-Lía Liukin no está.

Goran tenía el corazón dividido ¿Ir por su hija o quedarse con su mujer? Las primeras cenizas de un siniestro sin control ya eran tan palpables que iba a resultar estúpido ir hacia ellas, con Daphneé enferma y sabiendo que nadie le procuraría atenciones era irresponsable arriesgarse, pero alguna vez también juró velar por su pequeña.

Cuando se logró controlar parte del incendio, Matt subió por la ladera. Horrorizado al llegar a la primer cumbre al ver que la devastación era inmensa, aceleró el paso. La vivienda de su novia estaba calcinándose, la gigantesca ola ni siquiera salpicó el lugar dando paso a la incoherencia.

El joven Weymouth se desplazó en paralelo a la catástrofe hasta verse, literalmente, con un túnel de fuego sobre su cabeza y un rugido escalofriante le privó del oído y posteriormente experimentó el sonido de un silbido incesante. Sin noción de la ubicación, una figura nebulosa batallaba con las bocanadas ardientes que le rodeaban. Por la esencia de violetas que acompañaba a tal ser, él se enteró de que era Lía.

Ella quedó atrapada cuando el aire arrastró una columna de llamas. Tosiendo, no pudo pedir ayuda y aunque resistía, el humo no daba tregua. Al aproximarse su prometido, lejos de sentir alivio, se angustió al extremo de gritarle, pero Matt no enseñaba algún gesto, no le hacía caso, le tomó de la mano y comenzaron a correr por la galería infernal hasta los acantilados pero las olas que se aproximaban eran más altas que las montañas y la confusión los paralizó.

El fuego iba tras Lía, el océano perseguía a Matt y ninguno lo había notado. Debido a la inminencia del choque con aquella pared líquida se despidieron. Ella se preguntaba porqué el chico no abría la boca pero lo abrazó y él cubrió sus ojos.

Dejándose llevar por el último reflejo de supervivencia, apenas pudieron evadir el primer resquicio de mar cuando se produjo un suceso extraordinario. Un tornado poderoso de fuego y agua se formó ante su mirada. El incendio se había terminado y el oleaje era absorbido por el remolino. Apostando todo, los dos trataron de huir.

En la ciudad, ver aquél fenómeno provocó pánico. De los integrantes de la improvisada brigada, Matt era el único que no había vuelto. Con el zumbido insoportable en los tímpanos, el chico zigzagueaba cuando tuvo una audaz idea; quizá no funcionaría pero al percatarse de que el sistema iba siguiendo sus pasos se desviaron lo más que pudieron y corrieron en círculos hasta tomar dirección de nuevo a los despeñaderos dónde se separaron y tomaron un camino distinto.

Unos casi imperceptibles copos de nieve se manifestaron y el mar comenzó a cristalizarse, el viento se volvió ligero y el tornado se desintegraba cuando la onda gélida lo solidificó. En un acto temerario, Matt retornó y desprendiendo la base con mucha dificultad desplazó el bloque al precipicio que al estrellarse en las rocas se redujo a inofensivos trozos de hielo.

Lía se colocó enfrente y él se limitó a besar su frente. Ella sólo le daba las gracias, se sentaron un momento y esperaron el amanecer para bajar a la urbanización.

El joven Weymouth, con ceniza y la ropa rota llevaba en brazos a la chica Liukin al momento de dejarla con su padre. Goran sentía un alivio profundo y no evitó que unas pequeñas lágrimas se escurrieran. Matt era el héroe de una jornada que contabilizaba veinte muertos en las montañas. Alban se apresuró a revisar las heridas de la pareja. Su amigo como pudo le transmitió sus molestias.

-Ese dolor de oídos se arreglará en unos días si descansa - Intervino el padre Schultheiss.

-"Así que era eso" - Pensó Lía - "Fui tan injusta en el bosque"

Los Weymouth estrechaban a su hijo y le dieron la mano al señor Liukin.

-Ha sido un honor para mi casta - Señaló Fabian Weymouth
-Reconozco la valentía de tan noble hombre, es signo de buena cuna - Contestó Goran e indicó a Lía:
-Puedes ir a visitarlo.

-¡La iglesia dará abrigo a los montañeses! - Anunciaba un monaguillo. El clima era como el verano y el Bourzat se adelantó.

-Habrá flores pronto - Dijo Daphneé, alegrando a su hija.
-Es hora de retirarse, todos merecen descanso.
-Por supuesto doctor Anissina, espero que vaya a visitar a mi esposa.
-Seguro señor Liukin.

Matt y Lía se dijeron adiós momentáneamente con un discreto beso. La luna aún era visible y estaba muy roja. Durante la noche nadie volteó a verla, pero en Tell no Tales eso significaba muerte y sobretodo, presagiaba la persecución de los malasangre; el tornado era el primer signo.

4 comentarios:

  1. Ingrid,
    Me remontaste a una película del cine de Estados Unidos, donde se ve el poder de la naturaleza, ahí nos mostramos indefensos.
    Algo parecido deben vivir los afectados a un Huracán categoría 3, donde los vientos suelen ser devastadores.
    Como siempre, hermoso post.

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  2. Genial! como vas narrando el tsunami, es vertiginoso; así de no tener ni idea de lo que va a pasar.

    Me gustan los escenarios fríos,soy fan, tu post me encantó y el cierre cálido me deja tranquilo después de todo lo que pasó.

    Abrazo Ingrid, sigue así.

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  3. Este es mi género, me gusto esta narrativa, esta genial, algo diferente a todo lo que te he leido , ahora si va bien , alguno otro errorcilllo pero cada vez más insignificante, excelente mejora :D Atte PokemoneraX

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  4. Excelente Ingrid :) buena narración, con la cual da paso a la imaginación y uno la recrea. Y como siempre el amor y la fe es la solución a las dificultades cual de ellas fuere, aun estando a un Paso de la muerte. Me gusto mucho, saludos y un fuerte abrazo ;)

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