lunes, 1 de agosto de 2011

La última rima del verano (La voz en off)


Homenaje a "Amèlie" (Jean Pierre Jeunet, 2001)


"Ella esperó y él no tardó. Bajó a la ciudad convertido en su novio. Los padres seguramente han de estar reuniéndose en alguna calle preguntándose muchos porqués después de haberlo invitado a cenar el lunes... No los culpo, es su niña. Personalmente, yo buscaría al joven y formularía demasiados cuestionamientos mientras busco una explicación sensata; no creo en el amor a primera vista y menos en el enamoramiento impulsivo.


El viejo del muelle me ha pedido no desear saber pero me intriga su interés en esa nueva pareja de chocolate. Personalmente, dudo que funcione. Un adolescente con la testosterona al tope no combina con una infante que está dejando de serlo.. Hasta eso, yo esperaba a un chaval como el amigo de la pequeña pero el mundo es tan raro y enredado que nunca cumplirá con las expectativas de nadie... Aunque reconozco que este jueves he presenciado una de las escenas más felices que pueda recordar... O al menos, eso aparentaba...


¿Alguna vez han recorrido el barrio Poitiers? Es bonito y lo más parecido a París que se pueda imaginar, sólo falta una torre Eiffel. Él lo sabe, por eso la llevó. Ella lo mira con creciente ilusión. Es como si ambos se hubieran aguardado durante mucho tiempo. Cuando el muchacho ha descubierto la respuesta que buscaba, la certeza que necesitaba, se encontró con el privilegio de conocerla... He determinado concebirlo así para no revolver mi mente con las conjeturas innecesarias.


Los dos mascan chicle. Lo consiguieron en Bonbons Carousel, un lugar que en cualquier otro lado sería el paraíso para los amantes del azúcar... Si alguien tiene hijos le sugiero no pasar por el número cincuenta de la calle Cotillard...


¿Saben? Nadie puede advertirlo, pero ella enfrenta mañana el primer reto de su vida y el nervioso es él. Este jueves es el día de la calma previo a la tormenta. Hoy hubo tsunami, por cierto, pero Carlota y Joubert lo ignoraron. El ruido de la motocicleta contrastaba con el de la ola, jamás vi que al mar se le hiciera tal desaire. La niña cerró los ojos para juguetear un poco con el cabello en la nuca de él, que usaba el espejo a su derecha para contemplarla sonreír. Recorrían el vecindario sin contratiempos, con una intimidad bien establecida. 
Con intimidad quiero decir soledad; ambos tienen el poder de apartar a los testigos, me perdí en la carrera por seguirlos. Nótese que mi repentino entusiasmo proviene de evocar un paseo al que no fui invitado, ni siquiera debería relatarlo; no supe si ella lo besó alguna vez o huyeron al campo, tampoco si se detuvieron al encontrarse con Judy Becaud que pasaba por ahí aunque lo más probable es que hayan seguido enfocados en su abrazo involuntario. Carlota rodeó la cintura de Joubert con fuerza y él de vez en vez giraba un poco la cabeza para sentir el aroma de su amada"


-Estamos fuera - Anunció el programador.


-¿Qué dirían los escuchas si se enteraran que su cuentista es Franz De Patie?
-Se impresionarán y llamarán a la estación, Rector.
-¿Segura Phaneuf?
-¿Qué le ha dado por desconfiar de mis atinadas suposiciones?
-Franz no inventó la descripción.
-Muy listo Jeunet pero pasó por alto un detalle.
-¿Cuál?
-Siempre desconoceremos la parte interesante.


Audrey se impregnaba los labios de razón. 


En Poitiers, Carlota y Joubert carcajearon nerviosos de saberse observados por De Patie. No importaba si doblaban en una esquina o tomaban una calle exageradamente estrecha, su perseguidor era tenaz. El joven Bessette se prometió perderlo de vista y aceleraba gradualmente, improvisando el camino. Aprovechando una bajada, Joubert tomó la ventaja definitiva y se desvió hasta retornar a Cotillard, deteniéndose lo justo para estirarse un poco. Carlota le hacía cosquillas susurrándole palabras tiernas y cálidas. 


Emprendiendo ruta nuevamente, pararon en los miradores, sacaron fotografías y acariciaron sus labios. Ese atardecer en las calles solitarias dónde agonizaba la luz, fue el último del verano, un acordeón perdido por ahí ya tocaba "Automne Waltz" al tiempo que Carlota y Joubert comprobaban que en Poitiers, se encerraba no sólo una alusión a París: también cabía un rincón exclusivo para ellos, una de las aceras llevaba por nombre "Nathalie" y desembocaba en una espléndida vista que apuntaba al balcón de la niña.


-¿Quieres ir a casa?
-Sí, Joubert.
-¿Vamos directo o recorremos todo Tell no Tales antes?
-Me sobra tiempo.


Ambos tomaron dirección al siguiente barrio. Mientras duró la travesía motorizada, Carlota se dió cuenta de que había encontrado el amor en Joubert. Él supo que sus sentimientos hacia ella eran verdaderos.

2 comentarios:

  1. Siempre cuando una pareja viaja en moto, tengo la percepción de qué es un momento romántico, la imagen de un amor sólido.
    Bonito post!

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  2. Muy bueno :) me recordó mi juventud, muy linda esta historia como siempre ;)

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