jueves, 29 de septiembre de 2011

Ánimos de gala



(Para @giselasanti, porque pensé en ella al escribir este capítulo) 

Domingo 5:00 pm

Evan llegó al ensayo de la gala acompañado de su padre. Era la primera vez que éste se presentaba a ver a su hijo y se mostraba emocionado. El chico era el más feliz.

-Traten bien a mi papá - pidió a todos y se enfiló a ensayar. Con anticipación, el joven Weymouth tenía un número preparado.
-Mejor así, ahorramos tiempo. Saldrás justo después de Carlota Liukin.

Todo iba bien pero una exclamación desesperada detuvo la actividad.

-¡Enciendan el televisor! ¡Deben ver esto!
-¿Qué pasa?
-Es Raymond Floost, lo están llevando al cadalso.

Por temor a que Don se impresionara, Evan lo llevó a un lugar apartado. Todos corrieron al pasillo. En la transmisión, el único locutor que tuvo el valor de sostenerse ante las terribles escenas de un hombre condenado, no cesaba de realizar duras críticas contra la Marina y la tibieza del gobierno de la ciudad en el asunto. La indignación llevó a los universitarios a protestar en la calle.

-Es increíble, han pasado poco menos de diez años y ya regresamos a la barbarie prohibicionista - reclamó Casey en una entrevista en vivo - Ni siquiera le realizaron un juicio.

La imagen desgarraba. Lamentos y llantos hasta de gente que no conocía a Floost eran grabados.
Mientras tanto, Judy se tornaba pálida y corría hacia un teléfono. Su madre contestó inmediatamente para oírla sollozar varios minutos. Sin poder respirar, la joven colgó. Evan no supo si aproximarse a ella o no; el que sí lo hizo fue Gwendal.

-¿Te afecta mucho?

La señora Becaud sólo asentó.

-A mi también me pareció inaceptable pero no creo que te ayude ... ¿Necesitas algo?
-No .. ¡Aléjate!
-¡Oh, oh! Si dije algo que te molestó...
-¡No, Gwendal! ¡No estoy bien!
-¡Espera! ¡Guarda un poco la calma!
-¡No puedo, de verdad no puedo!
-Tal vez debemos caminar o no sé, ir por ahí.
-Quiero estar en mi casa, ocultarme entre una cobija afelpada, tomarme un chocolate con bombones mientras abrazo a un peluche y que mi papá regrese a contarme un cuento.
-Judy no estoy seguro pero te llevaré por un calmante y a descansar.
-¿Qué le voy a decir a mis hermanitos ahora? Ellos son chiquitos, no tienen ni diez años.
-¿De qué hablas?
-Busqué hace tanto tiempo a mi padre que no tengo cara para decirles que lo encontré y está muerto. Compraré un vestido de luto y preguntaré si me dejan organizar un funeral ¿Crees que los marinos accedan? Me han dicho que si no se reclama un cuerpo lo incineran en Cobbs.

Y mirando a Gwendal, Judy reveló un secreto:

-Raymond Floost es mi papá.

Evan, que aún escuchaba, se sorprendió sobremanera: El activista siempre dijo que no tenía familia.

-Yo te llevo a la base - Exclamó Mériguet y tomó a la señora Becaud de la mano. Ésta apenas se sostenía en pie. El joven Weymouth sentía lástima y decidió homenajear al antiguo cliente de la cantina dedicándole su actuación no importándole si a los organizadores les gustaba o no que realizara una declaración política al respecto.

-Todo mundo deje de ver esa basura y trabaje - Exclamó al volver al pasillo - Son las seis, el público llega en una hora y aún no estamos listos.

Unánimemente, los patinadores lo siguieron. A esas alturas, a Evan ya ni le cruzaba por la mente conocer a Carlota; más bien, creía oportuno preparar un discurso.

-¿Alguien sabe dónde está Judy? - preguntó Tamara.
-No se sintió bien y fue a su casa - contestó el chico, ocultando lo que había presenciado.

Con talante sombrío, el público colmó los asientos; era un auditorio familiar, en plan de convivencia y por lo mismo, las pancartas de los fans escaseaban. Después de un opening flojo, cada uno de los participantes intentó levantar el ánimo lo mejor posible y los pocos que lo lograron agradecían escuetamente. Cuando Carlota y Verner entraron en escena, su parodia chaplinesca causó entusiasmo a pesar de ser una improvisada rutina que se le había ocurrido a Ryan Oppegard apenas unos minutos antes aprovechando que los alumnos de Tamara estaban juntos. Los dos le darían entrada al invitado especial, pero Joubert decidió romper con el programa (en parte lo hacía por Evan, que buscaba un micrófono que sirviera) y colaborar en el espectáculo de su chica quién sólo reía con incredulidad.  Franz De Patie fungía como presentador y a punto de anunciar al joven Weymouth, éste se precipitó a pedirle la palabra.

-Perfecto, sólo déjame decir que vas tú.
-Bien, gracias.
-Me alegra saber que harás esto.

Cuando el chico fue a su lugar, se escuchó:

-¡Señoras y señores, con ustedes nuestro invitado especial, campeón del Grand Prix 2000 y medallista junior del mundo 2001, Evan Weymouth!

El muchacho miraba a los espectadores con nerviosismo y consternación. Humildemente saludó y se aprestó con lo que había dispuesto.

-Esta noche es triste para todo el país. Nunca pensamos que volveríamos a ver como masacraban a un vecino, un amigo, en Cobbs. Perdimos a una persona que, aprobáramos o no sus acciones, tenía el valor de no estar de acuerdo y demostrarlo. Nuestros reclamos cuando bloqueó el ferrocarril por el precio excesivo o pasamos una semana sin agua porque el pensó que las trasnacionales no deben venderla embotellada parecen tan infantiles... Admítanlo, fueron berrinches; al final le dimos la razón ¿Saben a qué Raymond Floost recordaré? Al que llegaba a la cantina de mi padre y tomaba un whiskey, planeaba su siguiente plantón y me decía que Casey Low -me disculpo de antemano por cierto- era una bruja pero se le hacía una mujer muy bella y de gran corazón.. Si ya sé que abucheamos a Low todos los días pero no había ocasión en la Ray no nos recordara que no hay qué juzgar a las personas. Esa fue una de tantas cosas buenas que le reconozco. Alguna ocasión juntó firmas para evitar que se talaran los cerezos dónde pretendían construir un hotel y un deportivo privado y también se arriesgó a ser arrestado por boicotear un discurso político de George Bush cuya visita que nos parecía insultante o cuando pidió que rescatáramos el festival del circo y tuvimos que ver como se vestía de payaso y se encadenó en la puerta del Instituto Cultural por quince días mientras unos artistas callejeros mostraban malabares... Esta gala va dedicada a su memoria y espero que lo honremos de la misma forma que el trató de honrar a Tell no Tales haciéndolo un lugar más agradable, más justo. Nunca olvidemos a Raymond Floost.

Los espectadores aplaudieron durante varios minutos y se entonó un cántico luctuoso. Los atletas aparecieron en la pista unos momentos para elaborar un pequeño altar de flores. Evan retornó a su sitio y una vez concluido el trabajo de sus colegas, esperó a que la música iniciara pero no ocurrió, así que observó a Joubert tratando de arreglarlo.

-Creo que Floost quiere hacerse notar - comentó Franz con nostalgia.

Evan trataba de ser lo más alegre posible, quizá rememorando las noches que el activista le hizo más ameno el duro trabajo que implica atender un local donde abundan el alcohol y los desesperados; pero también por Judy, que a esa hora se dirigía en tren a la base naval, sin fuerza para contarle a su familia de la tragedia y sintiéndose destrozada.

2 comentarios:

  1. Ingrid,
    Es muy gratificante pensar siempre en alguna persona al escribir.

    Saludos
    Sergio

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  2. Linda historia Ingrid :) aunq algo triste, pero muy linda.

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