miércoles, 14 de septiembre de 2011

La niña de la grulla. Segunda parte.



1 de enero, 1914

Lía miraba la luna desde su lecho. Matt se había dormido y era cuidadosa al respirar para no ahuyentar su débil sueño. Eran las dos de la mañana y por momentos creía sentir la presencia de sus padres cerca.  La posibilidad de que los descubrieran desvestidos le produjo escalofríos que la orillaron a desprenderse de su amado que entreabría los ojos por reflejo. Pensando que esos episodios no debían continuar, ella encontró su ropa desperdigada mientras apreciaba sus sábanas revueltas. Estaba arrepentida.

-No es correcto - era la recurrente frase cuando se colocaba una bata antes de salir a darse un baño. Desde el tornado, no transcurría noche sin la visita del joven Weymouth. De milagro, en el monasterio no sospechaban. Esporádicamente, alcanzaba a oír a otras jovencitas que relataban las citas nocturnas con sus prometidos; culminaban asiduamente con el argumento de que Goran Liukin podía estar seguro de que su hija seguiría inmaculada hasta las nupcias y no como ellas que todo escondían; esa era una de esas ocasiones.

-Ilusas, he cometido un pecado más grande - se dijo a sí misma - Si supieran lo que Matt y yo hemos hecho podrían pasar por santas. No me resisto a las caricias, ustedes al menos se han negado alguna vez a un hombre...

Lagrimeando, el agua comenzó a tocarla cuando esas chicas ocuparon las regaderas contiguas y hablaron del mismo tema. La mayoría compartía similares dudas y miedos: que sus novios las dejasen o bien, que sus nuevos pretendientes se dieran cuenta de que no eran vírgenes. Una más se atrevió a confesar que un antiguo amor la había obligado a entregarse a él; lo que animó a otra a revelar que Alban Anissina le había pedido matrimonio después de acceder al desliz que él propuso. Aquello terminó cuando el médico dió marcha atrás y la abandonó sin explicación. Guardando más silencio que antes, Lía descubrió a Agathe a punto del llanto y queriendo demostrarle amistad apuró su limpieza, cepilló su cabello y se acercó a darle un fuerte abrazo.

-¿Porqué no estás en casa?
-Cuando le conté a mi madre lo que pasó con Alban, me echó y le dijo a mis tíos que haría un retiro. También lo supo la madre superiora y no me quiere ver en el colegio.
-Eso le hacen a todas. Si nuestras madres tienen un don Juan o nuestro padre una prostituta no podemos decirles que están mal pero si decidimos acostarnos con un muchacho porque nos gusta nos llaman rameras y nos maltratan - inquirió una joven a la que todas conocían bien: Steliana Isbaza, integrante de la alta sociedad y comprometida (rumoraban) con un vinicultor francés muy importante - Cómo si no supiéramos que ellos estuvieron con otras personas antes de casarse. Nunca falta la señora que a los quince sucumbió ante un marino musculoso o un hombre de negocios que de adolescente pasó el verano con una campirana. Doradas y azules, no importa, todas somos iguales, no me extrañaría que entre nosotras compartiéramos amante. Bueno, con Lía no. No te ofendas.
-¿Tenía que..?
-No seas tonta Liukin, todas sabemos que Matt está loco por ti pero no va a ser tan estúpido como para ponerte una mano encima sabiendo cómo es tu familia.
-¿Qué insinúas?
-Se los dije chicas, esta montañesa es más pura que el agua de las tomas del pantano. Por cierto, ¿Alguna ha hecho el amor ahí?
-Mi novio siempre me lleva - contestó una vecina de Lía - Al principio es incómodo y los insectos te muerden pero te deja de importar y nadie pasa.

Fácilmente habían veinte jóvenes en el cuarto de duchas, de todas clases sociales y reían nerviosas. Hastiadas de las formalidades de los monjes que les daban asilo, organizaban reuniones parecidas a las pijamadas. En el fondo eran amigas.

-Lávate la cara Agathe, la dignidad ante todo.
-Lo sé Steliana, ya se me pasará el estar gimoteando por tonterías.
-El idiota es él por perderte, al menos nadie más lo ha besado en esta ciudad. En Europa no pudo hacer lo que quería porque se la pasaba cubriendo a Matt.
-Mi primo debería darle miedo a Lía.
-Tu amorcito era un sinvergüenza, chiquilla Liukin, mejor no te digo.
-Hazlo.
-¿Para qué te serviría?
-¿Qué sabes?
-Pregúntale a tu ingeniero que sueña, si no te explica quién demonios es Carlota estás condenada. No soportarás que un día te nombre así cuando estén en la cama.. Si llegan a eso, claro.
-Ya lo hicimos, nuestra primera vez fue en la pradera.

Las chicas se atisbaron entre sí y se burlaron de Lía porque pensaron que no hablaba con la verdad. Steliana ordenó que retornaran a la habitación dónde celebraban su fiesta. A solas por un breve lapso, la muchacha Isbaza examinó a la montañesa.

-Si Weymouth tuviera sexo contigo habría una media luna marcada en alguna de tus muñecas y no es así. Todas las mujeres que pasan por la alcoba de tu novio la tienen, entre ellas mis amigas en París. No tiene nada malo ser casta, te ha librado de los corajes que nosotras lidiamos. Eres pésima engañando. Qué ingenua. De todas formas averigua sobre la mujer que mencioné; juro que es intrusa muy peligrosa.

Confundida, Lía buscó la señal en su piel sin resultado mientras su mente era vapuleada por el nombre de la desconocida. Intrigada y celosa, despertó a Matt después de cerrar su puerta con llave.

-¿Quién es Carlota?

La pregunta lo tomó por asalto. Por su reacción, la joven Liukin se preparó para todo.

-¿Qué significa ella para ti?
-No sé quién sea.
-No lo niegues, hasta Steliana Isbaza y Agathe saben de esa mujer.
-No conozco a ninguna Carlota.
-Por favor, te han escuchado. Vete.
-Difícilmente me oirás.
-¿¡Cómo te atreves a mentirme!?
-¿¡Qué quieres que te explique!? Nadie que me hayan presentado es ella.
-Las modelos de París alucinaban ¿Crees que soy torpe?
-No te subestimo.
-¡Ten el valor de contarme o márchate!

Matt bajó la mirada. Su novia sacudió su cabeza. Él titubeaba, luchaba por ser honesto.

-¿No te referirás ... a la Carlota de mis sueños?

Ese argumento no era lo que Lía esperaba pero prosiguió:

-Al principio sólo me salía de la nada pronunciar... Necesito que seas muy abierta y le des una oportunidad a lo imposible ¿Vale?
-Imposibles ¿Qué más?

Él agarró una cuartilla y dibujó con detalle lugares recorridos por su inconsciente. Como el espacio terminó siendo insuficiente, no le importó sacrificar una cortina y plasmar sus paseos. En todos, una figura femenina emergía o se ocultaba entre sombras; jugaba y lo atraía con seductores gestos. Su inusual y corto atuendo llamaron la atención de la joven que observaba con turbación. Cuando Matt concluyó, Lía posó sus dedos en el lienzo para experimentar un poderoso trance. Carlota la transportaba por un Tell no Tales extraño, multicolor, pleno de objetos nuevos, pequeños e inconcebibles para después arrojarla violentamente a la voz de "Él es mío".

-¡Por Dios Matt! ¡La vi!
-Se me aparece cada noche.
-No eres suyo ¡Si me escuchas loca, él no es tuyo!
-¿Carlota se irá, verdad?
-Se nos ocurrirá una forma, nos desharemos de esa mujer.

Agotado, Matt no pudo contener el impulso de dormitar. Su novia lo cubría tiernamente y con cualquier alteración lo levantaría pero la misteriosa Carlota era más hábil y con sigilo, sumergió a Matt a lo más profundo de sus pensamientos y lo enredó con un transparente hilo hasta ubicarlo en la playa. En ese punto, el joven Weymouth no olvidó a Lía ni a su mundo pero estaban en segundo plano. La doncella lo colmaba de felicidad y cumplía sus anhelos.

-Hazme una grulla - pidió ella - escribe un mensaje, yo sabré qué significa.

El atendió. Extasiado por recibir un apasionado beso como recompensa, lanzó el ave de papel. Ella sonreía y lo estrujaba.

Septiembre 2001

Al dar Edwin la media vuelta, Joubert aceleró el paso. Los ojos de Carlota brillaban más conforme se acercaba. El joven Bessette flirteaba de manera tan efectiva que su chica se sentía entre las nubes hasta que algo lo golpeó. Ella fue ver qué sucedía.

-Alguien extravió su pájaro.
-Los del curso de origami.
-Me interesa, lo conservaré.
-¿Me lo permites?
-Sí.
-¿Te lastimó?
-No perforó un ojo y no se atoró en una oreja así que no.
-Le anotaron algo.

La niña se asustó y cubrió su boca. La tiza era tan sutil que desvaneció el texto al contacto, dejando una mancha gris.

-¿Qué pusieron?
-Nada, lo borraron.
-De todas formas la conservaremos, en Japón son de buena suerte.
-Como quieras.

Carlota vió alrededor y ningún desconocido o los alumnos de origami caminaban cerca. Intranquila, intentó en balde no pensar en lo que había leído pero algo le impidió ignorarlo.

-Esto no está pasando. Él es un sueño, sólo eso, de ahí no pasa - se repetía una y otra vez.

Pensando inútilmente que era una coincidencia, retumbaban en sus entrañas las palabras de la frase, el significado de las mismas:

"Con amor para Carlota, Matt"

1 comentario:

  1. Muy Linda Ingrid :) siempre me hace recordar algunas partes especificas y especiales de mi vida. Gracias siempre x compartir.

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