jueves, 27 de octubre de 2011

Tercer Paréntesis (Espacio para la recepción de comentarios del lector)



Veinte capítulos. Veinte situaciones. Deportes, desilusiones, pesimismo, energía y amor. Esta etapa concluye después de dar tumbos, buscando la continuidad, la inspiración...

Pero mientras Eva siga coqueteando con el descaro, se nos aparezcan Carlota y Matt en sueños, Edwin lidie con sus problemas, Judy nos arrebate con su belleza, las grullas nos caigan, Poitiers siga aludiendo París, Gwendal se indigne, existan injusticias y las historias fluyan, No vivo aquí dará lata por mucho tiempo. De antemano gracias por continuar con esta aventura, ya que usted (o tú) estimado lector ya forma parte del corazón de este blog.

Ahí seguirá Joubert gritando nuestro nombre.

El guerrillero



Después de hacer la tarea con Amy, Carlota pasó debajo del puente que conectaba el barrio ruso con el centro. Con talante despreocupado se dispuso a ajustar sus agujetas y tomar su bicicleta. Con una gran sonrisa, consultó su reloj y comenzó a pedalear mientras atardecía. Iba lento, como si no le importara llegar a su apartamento. El viento que se tornaba de fresco a helado aún permitía abandonar el suéter por momentos y el otoño dejaba que ella de vez en vez se llevara algunas flores.

Fue en uno de esos lapsos que alguien robó su bici y desesperada se echó a correr pensando ingenuamente que alcanzaría al mal intencionado pero se un petardo cayó cerca de ella seguido por otros proyectiles. Sin poder ver a dónde se dirigía, terminó en el suelo.

-¡Atrapen a la niña! - se oyó bruscamente. Todo un grupo iba tras Carlota que consiguió levantarse y seguir hasta que un hombre tapó su boca y la derribó nuevamente. Presa del pánico, la chica fue llevada a un local en la parte interior de otro puente en Poitiers.

-¡Esconde a esta chica!
-¡Santo Dios! ¡¿Qué pasa?!
-Cumplieron su promesa. Nos atacan.
-¿La policía otra vez?
-Marinos.
-¿A dónde vas Seryozha*?
-¡Por nuestros camaradas! ¡¿Por quién más?! ¡Métete al sótano con ella!

Lubov Trankova cargó a Carlota y se encerró tal y cómo le habían indicado. La pequeña se atemorizaba pero fingía un gesto estoico: en la escuela le dijeron que si se conservaba serena, cualquier delincuente se desconcertaría y las posibilidades de sobrevivir se ampliaban.

-¿Cómo te llamas? - preguntó la mujer.
-Meryl - respondió Carlota con el primer nombre que le vino a la cabeza - Meryl Assenet.
-Lindo... ¿Qué hacías en el parque? ¿Nadie te ha dicho que en la tarde es peligroso?
-No sabía. Mis amigos y yo siempre pasamos por ahí.
-No son buenos tiempos. Toma una cobija y cúbrete, aquí te dará mucho frío. Te haré chocolate.

Siguiendo en su papel, la chiquilla hizo lo que se le sugirió y con mucho cuidado intentó localizar algún lugar que sirviera para escapar pero se percató de lo inútil que era intentar pensar en eso.

-Te dejaremos en tu casa pronto, no te alarmes pequeña - Aseguró la desconocida - Sólo espero que esto se acabe rápido... Ojalá no haya heridos ¿Sabes primeros auxilios?
-En la escuela me enseñan enfermería.
-¿No te afecta la sangre?
-Creo que no.
-Perfecto. Cuento contigo.

Dos horas pasaron y el sonido de las balas cesó. Un bullicio en la parte posterior le indicó a Lubov que podía salir. Sus compañeros estaban bien.

-¿Y la niña? - le preguntó Seryozha.
-Allá abajo.
-Iré con sus padres... Se replegaron los marines, les dimos una paliza.
-¿Y si la chica mejor se queda? ¿Qué tal si algunos oficiales se rezagaron y te apuntan?
-No cruzaré el parque, me iré por Republique. Nos vemos.

Él tomó a Carlota del brazo y le colocó un poncho. Estaba lloviendo.

Ante aquél hombre, ella no pudo seguir tranquila y rompió en llanto. Se detuvieron en medio de la oscuridad casi total.

-¡¿Porqué me persigues, Matt?!
-Te puedo hacer exactamente la misma pregunta.
-¡¿De dónde rayos saliste?!
-¡¿Más bien de dónde saliste tú?! ¡Me tienes viajando por el tiempo! ¡Ya no sé si mi nombre es Matt o es Sergei, si soy un espíritu o eres una demente!
-¡Es que no te hago nada!
-¿Estoy imaginando? .. ¿Vives cerca de aquí, verdad?
-Sí, pero no quiero que sepas dónde está mi apartamento.
-Ahora le llaman Piaf a esa calle. Eso no me lo puedes esconder.

Continuaron su camino hasta Le jours tristes. Carlota observó con cierta curiosidad a Sergei. Su pantalón militar, la playera oscura y las botas tenían manchas de sangre.

-A veces debo golpear gente para defender la ciudad - añadió - Y soy una celebridad por eso. Hace muchos años mis vecinos me habrían matado.
-¿Sueñas conmigo?
-Cada noche. Mi novia de 1915 ya reclamó y Lubov no tiene idea.
-¿Tienes dos mujeres?
-Cada una en su lugar. Es increíble que seas una mocosa, como siempre te veo convertida en adulta...
-Eres un infiel.
-¿No has comprendido que no soy dueño de mis actos?
-¿Porqué no sólo te marchas?
-El viejo del muelle me ha dicho que sólo haré tu voluntad. Aquí me tienes convertido en un insurgente y al segundo siguiente soy un enamorado de una dorada y dos más tarde merodeo en la campiña y poseo a toda dama que consideras hermosa. Eres mi dueña y eso deja de enfurecerme cada que recibo un beso tuyo. Qué raro que hayas decidido verme ahora.
-No debo estar aquí.
-Me iré a condición de que me permitas cuidarte hasta que estés con tu familia.
-¿Es un trato?
-Uno temporal. No me libraré de ti pero me dejarás descansar. Necesito reponerme, estoy cansado.

Sin más, él la sostuvo entre sus brazos. Al arribar al edificio, presionó el timbre. Gabriela abrió con premura.

-No permita que su hija ande sola por el parque. Prometo recuperar tu bicicleta Carlota. Buenas noches.

La pequeña se aferró a su madre. Ely miraba atónita mientras intentaba explicarle que Andreas y Ricardo habían salido a buscarla junto con Joubert, Anton preguntaba sin cesar por ella; inclusive Tamara pidió ayuda a la policía.

-¿Estás bien? ¿Te lastimó?
-No.
-¿Dónde estuviste?
-No sé. Una chica me metió a un sótano y no me dejó salir hasta que llegó él.
-Al menos te cubrieron... Llamaré a tu padre. Ely, haz que se dé una ducha y prepárale una pijama por favor.. Gwendal, tenemos té, sírvele una taza a Carlota.
-Enseguida.

Mientras la chica ocupaba el tocador, sus tíos conversaban en voz baja.

-¿Conoces al tipo que la trajo?
-Es Sergei Trankov. Lo he visto dando conferencias en la facultad de Filosofía. Lleva años combatiendo a la Marina. Entre los estudiantes es un héroe porque él y su grupo destruyeron instalaciones en Cobbs y a veces se presentan en mítines. Personalmente me atrevo a decir que me agradan. No son gente incongruente. Siembran su propia comida, diseñan su ropa y no le han tenido miedo a los escuadrones; defienden muy buenas causas, no me quejo de ellos.
-¿Crees que tengan experiencia en rescates?
-Han logrado fugas que son leyenda.
-Hay una muchacha en la base que me interesa salvar.
-¿Has estado allá?
-Acompañé a Judy Becaud a arreglar un asunto y me corrieron. Mientras esperaba mi tren, accedí a tomar unos tragos y una prostituta quiso darme el servicio pero me negué porque tiene trece años.
-¿Qué?
-Me dijo que si huye van a asesinar a sus compañeras y pensé que en la fundación en la que estás podrían ayudarme, tal vez demandando o por lo menos con una petición.
-Olvídalo, es Cobbs, no está sujeto a leyes o tratados internacionales. No puedo apoyarte pero Trankov sí. Lo puedes encontrar en el puente de la calle Amodio. Hay un café vegetariano que es barato.. ¿Estás consciente de que te estoy sugiriendo algo ilegal?
-Los marinos han violado a una niña. Haciendo un balance, lo mío será una inocentada.
-Ten cuidado.
-¿Otra sugerencia?
-Sergei tiene una frase .. "Un guerrillero no puede sacrificar su vida por la tierra si no sabe lo que es trabajar en ella".. Si te la menciona significa que aceptó tu propuesta. No cobra pero tampoco le ofrezcas una recompensa porque se ofenderá. Ve por la mañana. Seguramente estará ocupado en su huerta.

La chiquilla oyó la última parte de la charla y fue a su recámara. Con ropa limpia puesta, decidió ir a la sala y poco a poco fueron llegando su padre y sus amigos pero al ver a Joubert se precipitó a darle un fuerte abrazo y entre lágrimas pronunció su primer "Te amo".



*Apelativo cariñoso de Sergei. Los rusos tienen por costumbre utilizar apodos basados en el nombre de la persona que aprecian; normalmente un familiar.

martes, 11 de octubre de 2011

En el mirador

(Dedicada a un amor platónico: Gwendal Peizerat)

Gwendal arribó a Cobbs con Judy y después de esperar durante horas, se encontró con que sólo a él se le negaba el paso. Un artículo publicado en Le monde dos años atrás fue el motivo por el que se le consideró un periodista y todo lo que pasaba en la base era confidencial.

-También se le ha ordenado abandonar la isla.
-Soy ciudadano francés y hay un cónsul así que solicito una reunión con él.
-Aquí no procedemos de ese modo. Este no es un organismo multinacional como la ONU, es una sede administrativa del Gobierno Mundial. Le exhorto a abandonar las instalaciones y cualquier información que revele sobre esta plática será causal de juicio. Lo acompañaran dos oficiales hasta Tell no Tales. Que tenga buen día.
-Pasé aquí toda la noche por nada. 

La señora Becaud alcanzó a despedirse e ingresó a las instalaciones con desconfianza. Apenas y le permitieron comunicarse con su esposo.

-No se preocupe, Jean Becaud vendrá por usted, hemos mandado por él.
-Gracias capitán.
-Esta es la boca del lobo señorita. Yo mismo la escoltaré para que no le molesten.

Ella comenzaba a recorrer los pasillos oscuros del lugar cuando Gwendal caminó hacia la estación. Como le disgustaba el ánimo serio de sus vigilantes, optó por tararear un par de canciones, recibiendo una burla.

-¡Ea! ¡Que el reportero ha salido maricón!
-Más vale maricón confeso que reprimido ¿No?
-Y encima le quiere jugar al valiente.
-Al menos no escondo mis preferencias.
-¿Sabe lo que le hacemos a los afeminados?
-Supongo que los encierran y los besan en secreto.

Mèriguet sabía que había ganado la discusión y el marino que lo interpeló se alejó ofendido. El otro sólo se reía de su compañero.

-Discúlpelo, no sabe tratar con nadie.
-Eso ya lo noté.
-Si se enteran de que mi colega es gay lo despedirán y los tiempos ya no están como para conseguir seguridad social en cualquier trabajo.
-Seré cauteloso la próxima vez.
-¿Le parece si le invito un trago?
-¿Es que aquí hay bar?
-En algún lugar debemos encontrar mujeres y whiskey.
-Me acaban de echar, no lo olvide.
-El tren sale en dos horas.
-¿Usted paga?
-Siempre y cuando no se meta en una pelea.
-De acuerdo.

En Cobbs, el bullicio proveniente de la cantina era lo de menos. El humo del tabaco era asfixiante aún para un fumador consumado como Gwendal que elegía encender un par de cigarrillos afuera antes de que se le irritara la nariz. Las prostitutas no reparaban en hablarle y emplear sus artimañas para ganárselo como cliente pero él prefería aceptar los vasos con licor que le llevaba la hija del dueño del establecimiento hasta que se acercó una pequeña de trece años, con el cabello alborotado y un short muy sugerente. No hacía falta preguntarle a qué se dedicaba.

-5€ la hora - anunció ella.

Gwendal no ocultó su asombro y miró al lado opuesto. La niña se molestó.

-¡Por lo menos esconde que eres marica!
-¡Y dale con eso! ¿Tengo pinta de homosexual o qué?
-Ni siquiera te apetezco ¿Qué quieres que piense?
-Que te hago un favor y que las niñas no forman parte de mis gustos.
-¿Desde cuando los marinos y sus amigotes salen tan decentes?
-Desde que te topas con un tipo con una sobrina de tu edad.
-Ella ha de ser muy bonita entonces porqué vaya tío tan guapo que tiene.

Pronto, una chica que salía de un hotel cercano con un oficial preguntó que sucedía.

-Este extranjero no quiere contratarme.
-Ya te he dicho que si no te hacen caso te retires.
-Pero llevo días sin ganarme el pan, si no insisto muero de hambre.

Mériguet giró hacia la muchachita que lucía descolorida y un poco enferma. Sus zapatos estaban rotos  y no escondía un moretón en su rodilla provocado por caer de una escalera al escapar de la golpiza de un ebrio furibundo.

-¿Cuánto llevas sin probar bocado? - preguntó Gwendal.
-He perdido la cuenta, creo que ha sido una semana o un poco más.
-Haré que te traigan algo pero prométeme una cosa.
-Dispara.
-Irás a la escuela.
-Es más fácil que gane la lotería
-¿No te interesa tener un futuro?
-El único que puedo tener es que usted me dé comida y me contrate.
-¿No te gustaría convertirte en no sé, arquitecta o arqueóloga?
-Primero que no dice abogada o doctora.
-¿No lo has pensado?
-En este lugar si una se escapa le provoca la muerte a las demás. Ya ha pasado antes. 

Ambos se miraron como si a ella acabara de pasarle algo más horrible que lo que le ocurría cotidianamente. Con cierta compasión, Gwendal hizo que le trajeran un emparedado de pollo y un poco de fruta. La niña, sin bromear, le decía que no le cobraría absolutamente nada si decidía llevarla por ahí para "comportarse igual que un hombre con necesidades".

-Iremos a un lugar que te guste - aseguró la chiquilla.
-¿Para qué?
-Tú sabrás, pareces buena persona.

Hábilmente, ella se apoderó de la cartera de su nuevo amigo al percatarse de que no estaba dispuesto a seguirla. Él fue tras ella hasta llegar a un sitio apartado. La única panorámica digna de Cobbs se podía disfrutar en un mirador al lado de una basílica abandonada. Gwendal no ignoró tal belleza.

-Tontito, pudiste ahorrarte el cansancio si me hubieras dicho que sí.
-Soy incapaz de tocar a una mozuela.
-¿Lo dices por ella? - mostrando la foto que él guardaba de Carlota - No me equivoqué cuando supuse que es linda. 
-¿Ahora entiendes porqué te rechazo? Me la paso pensando en esta chica que es la hija de la persona que más aprecio en este planeta.
-Tu hermano.
-¿Cómo sabes?
-El señor que está al lado de tu sobrina se parece mucho a ti... ¡Bingo! ¡También hay chicos apuestos! ¿De dónde sale tanta gente agraciada?
-¿Podrías dejar de hurgar en mis cosas?
-Este alto no parece de mal aspecto y el flacucho se ve interesante ¿Cómo se llaman?
-Andreas y Adrien.
-¿Y la señora de cabello oscuro es su madre? 
-Así es.
-Tu cuñada parece de la realeza, qué porte se trae.

Ella continuaba sacando el dinero de Gwendal, papelitos doblados y algunos boletos viejos que él guardaba por costumbre, encontrando finalmente el rastro que buscaba.

-¿Ella es tu novia?
-¿Ahora resulta que no soy gay, verdad?
-¿La quieres?
-Tamara es sólo mi mejor amiga.
-No creo que a Judy le guste escuchar que la confundes con otra.
-¿Qué sacaste?

Sonriendo pícaramente, la niña le mostró la fotografía que él poseía de Judy, aunque no era la única. Otra imagen se había almacenado en su cartera: la de la famosa Coupe de Nice dónde la señora Becaud pasó a la historia personal de Mériguet por hacer el ridículo.

-¿Cuánto tiempo llevan juntos?
-Nada, ella está casada y yo sigo soltero. La conocí hace ocho años y no la volví a ver hasta ahora.
-¿Y porqué escribiste su nombre?
-Para que no se me olvidara. Cuando nos reencontramos no supe quién era y luego mi mejor amiga me la presentó por segunda vez así que le robé un retrato. 
-Los hombres no son más torpes porque se acaban los humanos ¿Cómo que no sabías quién era?
-Eso pasa.
-¿Y te gusta?
-¿Qué?
-A mi no me puedes engañar.
-Judy también me simpatiza.
-Mentiroso. Ella nunca va a estar contigo, por eso se fue con otro.
-No entiendo.
-Apuesto lo que quieras a que ella de bebé estaba enamorada de ti y tú andabas haciendo estupideces pero ahora ella creció y hasta se consiguió marido.
-Soy mayor por ocho años y cuando ella tenía.. Qué curioso, trece igual que Carlota y tú ... Las cosas no son como las piensas.
-¿Entonces porqué anotaste que le comprarás flores y la visitarás en su cafetería hasta que te haga caso?
Mejor ya vete, yo me quedo con 100€.
-¡Es todo mi..! Dinero.

La pequeña se perdió entre los edificios viejos y arruinados. Gwendal permaneció unos instantes más y partió no sin antes revisar que ella no le hubiese quitado otra cosa pero se topó con una tarjetita maltratada, él la leyó.

-P.D. Mi estimado forastero, mi nombre es Adelina Tuktamisheva. Ven cuándo quieras.

Eso era más que suficiente para llegar a Tell no Tales, contactar a Ely y denunciar la presencia de la chica en Cobbs; la hermana de Gabriela pertenecía a una organización que luchaba contra la explotación infantil.

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