miércoles, 2 de noviembre de 2011

El cuento del día de muertos


Dedicado a Javier Fernández

Ricardo fue por su hija a la escuela pero no venía solo. Acompañado por Joubert antes había pasado a la estación de tren. El tío de la chica, Lorenzo, se mudaría a la ciudad con su familia y aprovechando que la calle Miterrand era bonita, los primos fueron conducidos hasta el convento. Ella miraba todo con desdén, su hermano se había fascinado con el lugar.

-Carlota, te presento a tus primos Sonia y Javier.
-Hola ¿Qué hay?

Por alguna razón, Sergei pasaba por ahí y le tocó observar ese momento pero con lo que no contaba era con que Javier se acercaría.

-¿De verdad es usted? ¡En España es famoso! Hasta la izquierda vasca lo ha tomado de estandarte.
-Debo decir que su francés es deficiente.
-Mi pronunciación nunca ha sido buena.
-Y a todo esto ¿Qué clase de izquierda me utiliza para vender milagros?
-Los abertzale de San Sebastián. Soy Javier Liukin.
-Sergei Trankov.
-¿Puedo tomarle fotos?
-No soy tan carismático como el Che.

Por el gesto del chico, el rebelde supo que se trataba de un incipiente reportero y no tardaría en ir a buscarlo para llevarse alguna exclusiva.

-¿No le molestará si publico las imágenes en el diario de la Universidad de Barcelona?
-Desde luego que no.
-También le mandaré unas impresiones.
-No creo tener lugar con tanto retrato.
-Joder, ni hablar. 

Ricardo se aproximó y tomó a su sobrino por el hombro.

-Trankov está haciéndote una broma, si recibirá lo que le envíes.. Ya te acostumbrarás al sarcasmo. Disculpe Sergei, nos retiramos.

Carlota miró al guerrillero y éste le aseguró que había encontrado su bicicleta y se la devolvería pronto. La chica sólo asentó.

Mientras los Liukin caminaban rumbo a la iglesia, el sonido de las campanillas de los monaguillos capturaba la atención de los extranjeros; en cada esquina, sin embargo, Javier se detenía y comentaba:

-Como mola este sitio, no sé porqué no vinimos antes.
-Has de estar muy feliz por no ir a la escuela - replicó Sonia.
-Vale, que me he apuntado en la equivalencia y entro a clase el lunes; que no me fui de Barcelona sin la matrícula resuelta.  
-¿Y a mi qué me dices? Ni siquiera me preguntaron si estaba de acuerdo y tuve que dejar la facultad. Sólo me faltaba este semestre para terminar la carrera.

Al llegar a la catedral, un aroma a incienso y aceites florales inundaba el ambiente. 

-Harán un funeral. Menudo día para traer familia de fuera - pensó Ricardo. 

En la espera, Jean Becaud atravesó el atrio y le pidió a la gente que mantuviera despejado el centro. Gwendal llegó con atuendo de luto.

-Me llamó Judy para decirme que un general de la Marina le autorizó el traslado del cuerpo de su padre. La vi allá afuera. Está sufriendo mucho.

Una corneta precedió al cortejo fúnebre. Todos cuchicheaban sobre la señora Becaud porque era imposible no prestarle atención. Aún tenía el rastro de haber llorado excesivamente. Su marido la abrazaba de vez en vez. Tamara se situó junto a Carlota; también Verner hizo acto de presencia. 

-Pobre mujer - decían en las filas de enfrente.

Joubert bajó la cabeza y unas cuantas lagrimitas le brotaron; su novia se dió cuenta pero nuevamente Trankov se apareció y salió con Bessette, desconcertando a los Liukin pero no era el único al que ya le afectaba. Javier también abandonó su lugar. Sonia contuvo a los demás para que no lo siguieran.

-Mi hermano conoce a Judy. Fue la que casi nos lo mata de depresión.

El joven español se detuvo enfrente del féretro de Raymond Floost y volvió a accionar su equipo fotográfico así como a realizar notas. Jean enfureció pero su esposa excusó al muchacho:

-Es su trabajo, déjalo.

Sin poder siquiera mirarla a los ojos, el chico utilizó su mano para enviarle un tímido saludo pero ella, queriendo ser más afable pronunció un "Hola Javi".

-Me da gusto que estés con tu escritor.
-Gracias.
-Discúlpame, se me sale la vena informativa y no respeto ni a los muertos.
-Y es bueno, no hay problema.
-Jamás habría pensado que Floost era tu padre.

Ella calló.

-¡Que gilipolleces digo! ¡Venga Judy, que soy un desalmado!
-No, sólo sigues tu instinto ¿Cómo supiste eso?
-Me he enterao por el señor que está allá.
-¿Cuál?
-El que habla con mi tío Ricardo en la octava fila.
-Seguramente Gwendal lo mencionó sin mala intención... También vino Carlota.
-¿Conoces a mi prima?
-Nos vemos siempre, tu tío la lleva y la trae.
-Dale que Ricardo es muy protector.
-No hablo de él.
-¿Entonces de que tío?
-Del otro, del que está junto al papá de tu prima.
-¿Ese es? 
-¿No lo sabías? Si con Ricardo tiene gran parecido.
-Que se va a armar en cuánto lo vea mi padre... Pero no pensaré en eso y ya te he quitado el tiempo con chorradas. Mejor me voy antes de que empiecen las preguntas. Lo siento mucho Judy.

Lo cierto es Javier sentía que se le paralizaba la respiración y que había resistido demasiado tiempo frente a la señora Becaud pero no esperaba escuchar lo que Trankov advertía a Joubert al exterior.

-¿Se lo dices tú o yo lo hago?
-No me entenderá.
-Floost y yo te cubrimos el pellejo pero a ella no le tienes que esconder quién eres. 
-Carlota jamás va a querer verme ¿Sabes cuánto miedo me da?
-¿Y tú que crees que pasará si le sigues escondiendo lo de Cobbs?.. Suficiente con que haya un metiche  que meta la pata ¿O no Liukin? 
-Perdonadme ¿Pero qué es lo que desconoce mi prima y más vale que sepa?
-No te compete.

En ese instante, el oficio religioso concluyó pero la tensión entre los Liukin no tardaría en estallar. Lorenzo y Gwendal se toparon a las puertas de la iglesia. Quizá con el sentimiento de que era inapropiado violentarse, el mayor de la familia se limitó a tomar a Sonia de la mano mientras que Mériguet se mostraba asustado, pero fue peor a llegar al apartamento. Gabriela quería una explicación del porqué Ricardo había renunciado al trabajo y conseguido otro en una heladería cercana.

Lo único que Andreas le permitió escuchar a sus hermanos fue el grito de "¿Qué demonios te pasa? ¡¿A quién se le ocurre pasar de chef reconocido a un simple sirviente?!" para después salir huyendo al departamento de al lado, dónde sus tíos ya tenían las cajas listas para ser vaciadas. Joubert sólo temblaba de pensar que Javier le mencionaría algo a Carlota sobre la conversación con Trankov pero nada pasó.

A las nueve, Ricardo llamó a la puerta e invitó a sus parientes a cenar. El comedor estaba dispuesto pero a pesar del esfuerzo, Lorenzo no soportó más a Gwendal y arruinó el momento en el que se anunciaría algo delicado. Mériguet era empujado hacia la calle y la familia entera fue tras los dos hombres que se reprochaban culpas que tal vez no eran suyas. 

-No te metas - dijo un impositivo Andreas a su primo - Déjalos hasta que se cansen.

Pero Ricardo no tenía la misma idea. Sacando un poco de mal carácter, tranquilizó a sus deudos unos minutos. Ellos lo miraron. Todos prestaban oídos.

-Estoy perdiendo la memoria.

Se suscitó un silencio. Lorenzo estrujó a su hermano.

-¿Es todo lo que tenías que decir?
-Sí.

Después de la respuesta, Gwendal recibió un puñetazo de su consanguíneo mayor y se vio forzado a responder pero el joven Bessette, alterado y sudando proclamó:

Ettiene Bessette era mi abuelo y yo lo maté en Cobbs!

Todos se pasmaron ante su confesión. Se suponía que el asesino había sido Sergei Trankov o eso declaraba el difunto Raymond Floost cada vez que le preguntaban. Gabriela enseguida apartó a su pequeña pero ella forcejeó hasta soltarse. Ricardo también quiso que su hija permaneciera al lado de su madre pero no pudo sostenerla. Carlota quedó frente a Joubert.

-¿Sabes cuál es el problema? - manifestó la niña - Que creen que soy estúpida, que no puedo defenderme y que necesito una burbuja porque en cualquier momento va a llegar alguien muy malo y me va hacer daño.... Lo increíble es que ya me lo hicieron cuando me aventaron al mar, cuando me tuvieron en el piso intentando desvestirme y cuando me arrojaron petardos en el parque ¡Mírenme!  ¡Sigo aquí! ¡No me morí, no tengo cicatrices y no me interesa si me castigan porque hoy no duermo en casa! ¡Hoy quiero irme con él! ¡Amo a Joubert! 

Y se fue caminando, de la mano con su chico. 

-Está muy oscuro. Hay que ir por ella - sentenció Gabriela y Andreas obedeció. 

Cerca, en Helmut, Verner utilizaba un teléfono:

-¿Lord Shepard?
-El mismo.
-Habla el agente Neo 57 - 10 Verner. Proyecto Tomos.
-¿Con quién te enlazo?
-Dígale a los iluminados que ya encontré a la persona que les arruinó la intervención militar en Tell no Tales y que junto a Trankov es conspirador en contra del Gobierno Mundial.
-¿Para que nos serviría saber eso?
-Este sujeto tiene lazos con la portadora del plasma que buscan.
-¿Puedo preguntar quién es?
-Gracias a que Jeremy Poirier se descuidó un poco puedo ofrecerle un trato.
-¿Cuál?
-Al diablo con los Iluminati, obtenga el beneficio de la pureza genética en exclusiva.
-¿Cuánto me va a costar?
-Mantendré el precio en efectivo que puse a sus amigos pero usted deberá pagarme adicionalmente con una mansión en la Riviera francesa, un yate de lujo y un viñedo productor de Delobel.
-¿Y cómo mantendrá a mis socios ocupados?
-Tengo buenos señuelos y sé engañar.
-No le creo.
-La niña se llama Carlota Liukin.
-Bingo.

Shepard colgó pero Verner no estaba solo como pensaba.

-Le haces algo a mi prima y te va a doler mucho - amenazó Javier con un tono tranquilo.
-¿Qué puede hacer un reporterillo que ni hablar sabe?
-Yo nada, pero él sí.

Una bala impactó a Verner desde arriba. Sergei se deslizó por las paredes y apuntó a la cabeza del agente. Comenzó a burlarse.

-¿Y con esto pretendes verle la cara a los Iluminati? Ni a principiante llegas Tomos.
-¡No responderé si te pasa algo Trankov!
-¿Con un hombro lastimado porque no eres listo? Llevo siguiéndote horas... Qué pérdida de tiempo.
-Más vale encontrar a mi prima, deja a este perdedor llorando.

Javier y Sergei se alejaron y el viejo del muelle se quedó observando a Verner.

-Lárguese.
-No te pasó gran cosa, en diciembre ni te acordarás.
-Maldito Trankov.
-Si vieras lo que la maldad te ha hecho ¡Cuánta lástima das, hijo mío!

Finalmente Tomos se quedó solo y se levantó para ir al hospital en dónde le confirmaron que la herida no había sido más que un rozón.


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