miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un momento de felicidad


Cuando Ettiene Bessette murió en Cobbs, había hecho enfurecer a Joubert, lo había llevado al límite, lo había maltratado y golpeado sin descanso; en la base era tan habitual soportar esa clase de abusos que nadie pensó que el chico acabaría explotando. Días antes, el joven Bessette había buscado a Raymond Floost, pero al rehusarse éste a irrumpir en la isla por buscar una solución pacífica, el chico optó por contactar a Sergei Trankov quién al principio no le tomó en serio hasta que le fueron entregados mapas y armas. El guerrillero visualizó entonces la oportunidad dorada de acabar con la Marina pero quedó la interrogante ¿De dónde obtuvo Joubert tal información y equipo? Y a decir verdad, las circunstancias eran de sobra sospechosas: Sólo las tomó de un recóndito depósito sin vigilancia.

El fatídico veintinueve de marzo de mil novecientos noventa y siete comenzó como una habitual jornada escolar en el internado de la base. Los profesores despertaban con agua en extremo caliente a sus alumnos pero a Joubert le esperaba un citatorio en la dirección después de la clase de Matemáticas por lo que no cesaba de temblar. El profesorado caminaba deprisa por los pasillos pero tampoco era extraño; hablar al oído enfrente de los pupilos, mucho menos pero un sobre azul espantó a los niños.

-Cadete Bessette, de pie.

Ahogado en llanto, Joubert se despidió de sus compañeros. Después de su reunión, sería condenado a encierro, ayuno y tortura por veinte días ¿Su cargo? Insubordinación. En su expediente se explicaba con detalle cómo había salido huyendo de una práctica psicológica experimental.

-Nos trataban igual que a títeres.. Vi a muchos compañeros morir ahí - le relataba a Carlota - Yo no quise que me convirtieran en controlador.
-¿Era tan malo?
-A los sujetos de prueba los ataban y les ponían una escenografía de teatro guiñol. Los profesores los manipulaban y el controlador les indicaba que debían hacer. La música de fondo era insoportable, como de circo y se repetía una y otra vez. Me provocaba pesadillas. Si un amigo entraba, sabías que no aparecería más; por eso algunos hacían su testamento.

La chica Liukin casi vomita horrorizada. Él decidió parar pero ella le aseguró que ya era capaz de resistir y le insistió para que terminara su desahogo. Entonces prosiguió un escueto resumen de cómo, durante el violento reproche de su abuelo, Joubert vió por la ventana como Sergei entraba al despacho sin hacer ruido y cómo Floost destrozaba la puerta para detener al rebelde; así como un disparo fallido que rompió una botella de ginebra. También recordó como Ettiene derribó a Trankov y lo tomó por el cuello, intentando asfixiarlo. El entonces niño Joubert se llenó de cólera y agarrando un cuchillo de caza apuñaló al anciano sin miramientos mientras Floost trataba de separarlo. El joven Bessette, bañado en sangre, reaccionó cuando su padre, ebrio, le preguntó que había hecho. Andrew Bessette era tan conocido por su débil carácter que su hijo se sorprendió de la lluvia de reclamos provenientes del marino, que, a su vez, le solicitaba a Floost que escapara con el mozalbete y a Trankov que se echara la culpa para evitar que Joubert fuese juzgado por traición y luego ejecutado.

-Ustedes dos ¡Arriba!

Tamara interrumpió y de paso, le dió a Carlota un suéter. Cerca de la laguna, no hacía tanto frío.

-Ricardo me llamó y al igual que todos me puse a buscarte. La última vez que me dijeron, eran las cuatro de la mañana. Tienes problemas señorita y ni mencionemos a Joubert quién debe aclararme una duda: ¿Es cierto que mataste a un tipo?
-Da igual pero ¿Por quién se enteró?
-El viejo del muelle.
-Él no sabía.
-Eso creías ¿La víctima era un general?
-Veo que conoce la situación con detalle.
-Aléjate muchacho. Los padres de esta niña están lo suficientemente asustados como para delatarte.
-Pero no quiero que se vaya - expresó Carlota.
-Si sabes lo que te conviene Joubert, me harás caso. A mí no me parece correcto que no hayas afrontado las consecuencias por mucho bien que te quisieran hacer. Adiós.

El sol despuntaba y el joven Bessette se marchó por el lado opuesto.

-No seguirás en una relación con él.
-Es que yo entiendo a Joubert ahora.
-Sonaré a tu madre y actuaré como una: No volverás a verlo. Ya no puedo confiar en ese muchacho. Si es preciso ir por ti a la escuela ahí estaré a las once y media y yo misma te llevaré a casa. No lo tomes a mal, algún día lo comprenderás. Te digo por experiencia que esto es lo pertinente.

La chica Liukin no increpó. Si así debía terminar la historia de su segundo amor al menos no la habían decepcionado; tal vez se lamentaría por lo brevedad más no por un error.

-Pasaremos a la fuente de sodas por un jugo y después a la cama, que no pienso entrenarte sin haber descansado. Vienes saliendo de un resfrío y no te cubres; sé más responsable, no te cuesta.
-¿Y si vamos con Judy?
-No creo que abra hoy y de todas formas no la molestaría esta semana.

Ambas llegaron al local de Piaf a las ocho, cuando casi nadie deambulaba por ahí. Tamara se daba cuenta de los intentos de sollozo de Carlota, mismos que contenía por encontrarse en un lugar público.

-Sé que estás sufriendo pequeña. Voy a respetar eso pero si necesitas sacar esos sentimientos, dímelo.
-No iré a mi casa.
-No es negociable. Ricardo está angustiado.
-Me van a regañar.
-Eso hubieras pensado antes de irte.
-Joubert me debía explicar lo de Cobbs.
-Eso tiene sentido pero de todas formas no estuvo bien que no obedecieras a tus padres.

Sin más, Didier llevó a la pequeña a su edificio. Sus hermanos la esperaban en la banqueta.

-Gabriela está insoportable. Ahora sí te ganaste boleto - Manifestó Andreas.
-¿Qué tan mal me irá?
-Pues yo que tú, mejor que te castiguen de una vez.
-Prométeme que me llevaras a la práctica todos los días.
-Acompañarte no, cubrirte sí.
-Dale, qué remedio.

Carlota despreció el elevador y tomó la escalera. Con la expresión triste, se preparaba para una reprimenda muy amarga pero no imaginó ver a su madre con miedo y llanto al mismo tiempo; tampoco que esa mujer al verla se le echara en brazos. La niña también miró a su padre con los ojos rojos y desesperado.

-Vete hija, te perdonamos... Corre con tus hermanos, luego hablamos. Te queremos mucho y por eso es mejor que nos dejes solos ahora. Juro que les explicaremos a todos lo que vamos a hacer. Anda.

La chica salió. Nunca había visto a Gabriela tan deprimida. Afuera, Javier le diría que Ricardo estaba tomando medicamentos y al parecer éstos no funcionaban. Tan grave era, que hasta Gwendal y Lorenzo arreglaban papeles importantes y no se agredían.

-Imagina que un día te dicen que la persona que más te ha querido en la vida no va a recordarte después de un tiempo. Mi tía siente horrible. ¿Qué son dieciséis años al lado de tu padre y en los que juntos han levantado un departamento, has pasado por crisis económicas, se han acompañado y encima les han tenido a ustedes porque los aman? Es toda una vida y de pronto la Naturaleza decide que lo pierdan.
-Para Javier, que la harás llorar - intervino Sonia.
-Esta familia no está bien. Si yo me he preocupado también; el médico le ha pedido a a toda la familia que se examine porque podemos tener el mismo mal.
-Mejor calla que me vas a causar escalofríos.

Los amigos de Carlota se reunieron en Miterrand y fueron a verla para saber porqué no había asistido a clases. Al encontrarla sentada en la banqueta y al resto de los Liukin hablando torpemente, sólo se acercaron y evitaron las preguntas pero se les salió una sutil risa. Anton portaba un gorrito elaborado con peluche, bufandas viejas y peluquines que lucía ridículo.

-¿Cuál es el chiste? - dijo el muchacho lo que desató una carcajada entre la familia y al percatarse, comenzó a bromear con su curioso artefacto. El viejo del muelle, sólo por ayudarlo, le sugirió que le devolviera todos sus bisogné por lo que ese bizarro instante se hizo más gracioso.

-¡Joubert ven acá! - exclamó el venerable. El joven Bessette se hallaba oculto en la esquina pero cruzó la acera. Aún pensaba que sería rechazado o algo así.

-No temas, que te han perdonado y yo también desde hace mucho. No sean tan duros con él, ya ha pagado su crimen con el padre alcohólico y la madre enferma de cáncer. Si tiene otra deuda la saldará también. Cada cual recibe lo que merece.

Ricardo y Gabriela que descendían, también oyeron al anciano.

-Deberían confiar en su niña, que de tonta tiene lo mismo que Platón. Cuiden a Bessette, se los encargo.

Pero aún nadie pronunciaba cosa alguna cuando Jean y Judy, de lo más románticos, tomaban un paseo. Los Becaud aprovecharían el momento también para agradecer que los Liukin asistieran al funeral pero la pareja se veía tan radiante que parecía irreal lo acontecido el día anterior; incluso sus bolsas indicaban que habían ido de compras. Ante las miradas de Javier y Gwendal, Judy irradiaba una alegría apabullante y hasta Jean se percibía relajado. De pronto un tierno beso o un fraternal abrazo incrementaba el brillo en los ojos de la señora Becaud mientras compartía un café helado con su marido. De escuchar al escritor, Tamara se enfadó y se alejó un poco. El viejo la siguió.

-No creo que Jean ame Judy y lo que no soporto es que no quiere darse cuenta.
-Está muy contenta.
-La están engañando.
-¿Porqué dices eso?
-Ella me contó que desde hace un tiempo van a terapia y les está yendo bien pero un patán hace lo que sea para seguir siéndolo. Según Judy, Jean está haciendo un esfuerzo para controlar su mal carácter y las sesiones terminan agradablemente pero a mí no me puede mentir ese idiota. El tipo la manipula para que siga ahí, detrás de él como corderito. Ya no le grita ni lanza indirectas pero la ciega y eso la lastima más. Es mi mejor amiga y no deseo que le hagan más daño.
-Te regalaré un milagro, mujer. Uno temporal. No creas que tus súplicas no son escuchadas. Si quieres ayudar a Judy y de paso a ti misma, desde este instante tus ojos volverán a ver..  Y no menciones que te has curado, te reitero que no durará mucho.

El mayor deseo de Tamara era justamente volver a contemplar el Sol y a Gwendal. Al dar la media vuelta, su camarada estaba frente a ella. Emocionada, rompió a llorar.

-Te quiero mucho ¿Lo sabes, Mériguet?
-Yo también pero ¿Qué pasa?
-Me acabo de cumplir un sueño, es todo.

Mirar a Carlota y no tener que hacer suposiciones sobre su apariencia también la conmovió. Observar con curiosidad a una ciudad que parecía salida de cuento le despertó el asombro que por tanto tiempo había dormido pero lo más importante: Confirmó sus ideas de que Judy era una mujer físicamente impactante y profundamente enamorada a la que el esposo, seguramente, sólo mantenía a su lado por ego.
Lástima de maravillosa postal la de los dos mirándose y sonriendo. Jean era un maestro aparentando que amaba a su mujer.

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Tomado de youtube.com usuario jpenelopest Canción: Smile por Uncle Kracker




miércoles, 2 de noviembre de 2011

El cuento del día de muertos


Dedicado a Javier Fernández

Ricardo fue por su hija a la escuela pero no venía solo. Acompañado por Joubert antes había pasado a la estación de tren. El tío de la chica, Lorenzo, se mudaría a la ciudad con su familia y aprovechando que la calle Miterrand era bonita, los primos fueron conducidos hasta el convento. Ella miraba todo con desdén, su hermano se había fascinado con el lugar.

-Carlota, te presento a tus primos Sonia y Javier.
-Hola ¿Qué hay?

Por alguna razón, Sergei pasaba por ahí y le tocó observar ese momento pero con lo que no contaba era con que Javier se acercaría.

-¿De verdad es usted? ¡En España es famoso! Hasta la izquierda vasca lo ha tomado de estandarte.
-Debo decir que su francés es deficiente.
-Mi pronunciación nunca ha sido buena.
-Y a todo esto ¿Qué clase de izquierda me utiliza para vender milagros?
-Los abertzale de San Sebastián. Soy Javier Liukin.
-Sergei Trankov.
-¿Puedo tomarle fotos?
-No soy tan carismático como el Che.

Por el gesto del chico, el rebelde supo que se trataba de un incipiente reportero y no tardaría en ir a buscarlo para llevarse alguna exclusiva.

-¿No le molestará si publico las imágenes en el diario de la Universidad de Barcelona?
-Desde luego que no.
-También le mandaré unas impresiones.
-No creo tener lugar con tanto retrato.
-Joder, ni hablar. 

Ricardo se aproximó y tomó a su sobrino por el hombro.

-Trankov está haciéndote una broma, si recibirá lo que le envíes.. Ya te acostumbrarás al sarcasmo. Disculpe Sergei, nos retiramos.

Carlota miró al guerrillero y éste le aseguró que había encontrado su bicicleta y se la devolvería pronto. La chica sólo asentó.

Mientras los Liukin caminaban rumbo a la iglesia, el sonido de las campanillas de los monaguillos capturaba la atención de los extranjeros; en cada esquina, sin embargo, Javier se detenía y comentaba:

-Como mola este sitio, no sé porqué no vinimos antes.
-Has de estar muy feliz por no ir a la escuela - replicó Sonia.
-Vale, que me he apuntado en la equivalencia y entro a clase el lunes; que no me fui de Barcelona sin la matrícula resuelta.  
-¿Y a mi qué me dices? Ni siquiera me preguntaron si estaba de acuerdo y tuve que dejar la facultad. Sólo me faltaba este semestre para terminar la carrera.

Al llegar a la catedral, un aroma a incienso y aceites florales inundaba el ambiente. 

-Harán un funeral. Menudo día para traer familia de fuera - pensó Ricardo. 

En la espera, Jean Becaud atravesó el atrio y le pidió a la gente que mantuviera despejado el centro. Gwendal llegó con atuendo de luto.

-Me llamó Judy para decirme que un general de la Marina le autorizó el traslado del cuerpo de su padre. La vi allá afuera. Está sufriendo mucho.

Una corneta precedió al cortejo fúnebre. Todos cuchicheaban sobre la señora Becaud porque era imposible no prestarle atención. Aún tenía el rastro de haber llorado excesivamente. Su marido la abrazaba de vez en vez. Tamara se situó junto a Carlota; también Verner hizo acto de presencia. 

-Pobre mujer - decían en las filas de enfrente.

Joubert bajó la cabeza y unas cuantas lagrimitas le brotaron; su novia se dió cuenta pero nuevamente Trankov se apareció y salió con Bessette, desconcertando a los Liukin pero no era el único al que ya le afectaba. Javier también abandonó su lugar. Sonia contuvo a los demás para que no lo siguieran.

-Mi hermano conoce a Judy. Fue la que casi nos lo mata de depresión.

El joven español se detuvo enfrente del féretro de Raymond Floost y volvió a accionar su equipo fotográfico así como a realizar notas. Jean enfureció pero su esposa excusó al muchacho:

-Es su trabajo, déjalo.

Sin poder siquiera mirarla a los ojos, el chico utilizó su mano para enviarle un tímido saludo pero ella, queriendo ser más afable pronunció un "Hola Javi".

-Me da gusto que estés con tu escritor.
-Gracias.
-Discúlpame, se me sale la vena informativa y no respeto ni a los muertos.
-Y es bueno, no hay problema.
-Jamás habría pensado que Floost era tu padre.

Ella calló.

-¡Que gilipolleces digo! ¡Venga Judy, que soy un desalmado!
-No, sólo sigues tu instinto ¿Cómo supiste eso?
-Me he enterao por el señor que está allá.
-¿Cuál?
-El que habla con mi tío Ricardo en la octava fila.
-Seguramente Gwendal lo mencionó sin mala intención... También vino Carlota.
-¿Conoces a mi prima?
-Nos vemos siempre, tu tío la lleva y la trae.
-Dale que Ricardo es muy protector.
-No hablo de él.
-¿Entonces de que tío?
-Del otro, del que está junto al papá de tu prima.
-¿Ese es? 
-¿No lo sabías? Si con Ricardo tiene gran parecido.
-Que se va a armar en cuánto lo vea mi padre... Pero no pensaré en eso y ya te he quitado el tiempo con chorradas. Mejor me voy antes de que empiecen las preguntas. Lo siento mucho Judy.

Lo cierto es Javier sentía que se le paralizaba la respiración y que había resistido demasiado tiempo frente a la señora Becaud pero no esperaba escuchar lo que Trankov advertía a Joubert al exterior.

-¿Se lo dices tú o yo lo hago?
-No me entenderá.
-Floost y yo te cubrimos el pellejo pero a ella no le tienes que esconder quién eres. 
-Carlota jamás va a querer verme ¿Sabes cuánto miedo me da?
-¿Y tú que crees que pasará si le sigues escondiendo lo de Cobbs?.. Suficiente con que haya un metiche  que meta la pata ¿O no Liukin? 
-Perdonadme ¿Pero qué es lo que desconoce mi prima y más vale que sepa?
-No te compete.

En ese instante, el oficio religioso concluyó pero la tensión entre los Liukin no tardaría en estallar. Lorenzo y Gwendal se toparon a las puertas de la iglesia. Quizá con el sentimiento de que era inapropiado violentarse, el mayor de la familia se limitó a tomar a Sonia de la mano mientras que Mériguet se mostraba asustado, pero fue peor a llegar al apartamento. Gabriela quería una explicación del porqué Ricardo había renunciado al trabajo y conseguido otro en una heladería cercana.

Lo único que Andreas le permitió escuchar a sus hermanos fue el grito de "¿Qué demonios te pasa? ¡¿A quién se le ocurre pasar de chef reconocido a un simple sirviente?!" para después salir huyendo al departamento de al lado, dónde sus tíos ya tenían las cajas listas para ser vaciadas. Joubert sólo temblaba de pensar que Javier le mencionaría algo a Carlota sobre la conversación con Trankov pero nada pasó.

A las nueve, Ricardo llamó a la puerta e invitó a sus parientes a cenar. El comedor estaba dispuesto pero a pesar del esfuerzo, Lorenzo no soportó más a Gwendal y arruinó el momento en el que se anunciaría algo delicado. Mériguet era empujado hacia la calle y la familia entera fue tras los dos hombres que se reprochaban culpas que tal vez no eran suyas. 

-No te metas - dijo un impositivo Andreas a su primo - Déjalos hasta que se cansen.

Pero Ricardo no tenía la misma idea. Sacando un poco de mal carácter, tranquilizó a sus deudos unos minutos. Ellos lo miraron. Todos prestaban oídos.

-Estoy perdiendo la memoria.

Se suscitó un silencio. Lorenzo estrujó a su hermano.

-¿Es todo lo que tenías que decir?
-Sí.

Después de la respuesta, Gwendal recibió un puñetazo de su consanguíneo mayor y se vio forzado a responder pero el joven Bessette, alterado y sudando proclamó:

Ettiene Bessette era mi abuelo y yo lo maté en Cobbs!

Todos se pasmaron ante su confesión. Se suponía que el asesino había sido Sergei Trankov o eso declaraba el difunto Raymond Floost cada vez que le preguntaban. Gabriela enseguida apartó a su pequeña pero ella forcejeó hasta soltarse. Ricardo también quiso que su hija permaneciera al lado de su madre pero no pudo sostenerla. Carlota quedó frente a Joubert.

-¿Sabes cuál es el problema? - manifestó la niña - Que creen que soy estúpida, que no puedo defenderme y que necesito una burbuja porque en cualquier momento va a llegar alguien muy malo y me va hacer daño.... Lo increíble es que ya me lo hicieron cuando me aventaron al mar, cuando me tuvieron en el piso intentando desvestirme y cuando me arrojaron petardos en el parque ¡Mírenme!  ¡Sigo aquí! ¡No me morí, no tengo cicatrices y no me interesa si me castigan porque hoy no duermo en casa! ¡Hoy quiero irme con él! ¡Amo a Joubert! 

Y se fue caminando, de la mano con su chico. 

-Está muy oscuro. Hay que ir por ella - sentenció Gabriela y Andreas obedeció. 

Cerca, en Helmut, Verner utilizaba un teléfono:

-¿Lord Shepard?
-El mismo.
-Habla el agente Neo 57 - 10 Verner. Proyecto Tomos.
-¿Con quién te enlazo?
-Dígale a los iluminados que ya encontré a la persona que les arruinó la intervención militar en Tell no Tales y que junto a Trankov es conspirador en contra del Gobierno Mundial.
-¿Para que nos serviría saber eso?
-Este sujeto tiene lazos con la portadora del plasma que buscan.
-¿Puedo preguntar quién es?
-Gracias a que Jeremy Poirier se descuidó un poco puedo ofrecerle un trato.
-¿Cuál?
-Al diablo con los Iluminati, obtenga el beneficio de la pureza genética en exclusiva.
-¿Cuánto me va a costar?
-Mantendré el precio en efectivo que puse a sus amigos pero usted deberá pagarme adicionalmente con una mansión en la Riviera francesa, un yate de lujo y un viñedo productor de Delobel.
-¿Y cómo mantendrá a mis socios ocupados?
-Tengo buenos señuelos y sé engañar.
-No le creo.
-La niña se llama Carlota Liukin.
-Bingo.

Shepard colgó pero Verner no estaba solo como pensaba.

-Le haces algo a mi prima y te va a doler mucho - amenazó Javier con un tono tranquilo.
-¿Qué puede hacer un reporterillo que ni hablar sabe?
-Yo nada, pero él sí.

Una bala impactó a Verner desde arriba. Sergei se deslizó por las paredes y apuntó a la cabeza del agente. Comenzó a burlarse.

-¿Y con esto pretendes verle la cara a los Iluminati? Ni a principiante llegas Tomos.
-¡No responderé si te pasa algo Trankov!
-¿Con un hombro lastimado porque no eres listo? Llevo siguiéndote horas... Qué pérdida de tiempo.
-Más vale encontrar a mi prima, deja a este perdedor llorando.

Javier y Sergei se alejaron y el viejo del muelle se quedó observando a Verner.

-Lárguese.
-No te pasó gran cosa, en diciembre ni te acordarás.
-Maldito Trankov.
-Si vieras lo que la maldad te ha hecho ¡Cuánta lástima das, hijo mío!

Finalmente Tomos se quedó solo y se levantó para ir al hospital en dónde le confirmaron que la herida no había sido más que un rozón.