jueves, 1 de diciembre de 2011

El animador (Primer relato de la serie navideña "Las luces de la fiesta")


A Sarahí Lezama y Nathalie Péchalat

Ryan Oppegard le entregó a Carlota un sobre membretado y le pidió que lo leyera a solas. Ella buscó un sitio apartado y retornó a los cerezos que en esta ocasión ya no lucían con hojas. Tomando un poco de aire, abrió la misiva.

"La Federación Internacional de Patinaje y la Federación Universitaria de Deportes Invernales de Tell no Tales notifican a la patinadora Carlota Liukin en lo individual y a su cuerpo técnico en general, integrado por Tamara Didier Lauzon y Judy Becaud así como a entrenadores y participantes de los campeonatos nacionales de patinaje artístico, la descalificación de dicha atleta para la prueba novice a celebrarse los días veintiuno a veintitrés de diciembre del presente año al ser apelado el veredicto que la acreditó como ganadora del certamen "Masters Classic 2001" que le dió el citado derecho en virtud a la violación de los protocolos del nuevo sistema de evaluación al ignorarse deliberadamente las fallas técnicas y de presentación del programa libre "Romeo y Julieta".
Aunque no implica sanciones administrativas más severas, la participante mencionada no podrá ser elegible en torneo alguno debido a la suspensión de seis meses efectiva a partir del día uno de diciembre de 2001 para dejar claro que no habrá dudas en sus resultados en oportunidades posteriores.
Atte ..."

La niña hizo una pelota con la hoja y comenzó a jugar con ella para evitar llorar pero un aroma masculino la distrajo. Cuando se dió cuenta, Sergei Trankov la observaba desde un árbol. La gabardina que él portaba, un chaleco rojo, su camisa elegantemente abotonada y un aire al Dr. Zhivago eran demasiado. La chica Liukin estaba a nada de irse como un disparo sin rumbo pero un pensamiento, "qué hombre tan apuesto" le inundó la mente.

-¿De dónde vienes?
-De hacer mi papel de Matt ¿Porqué más llevaría esta ropa? Me has obligado a ser un actor de mi propia vida.
-Lo dices con tal resentimiento.
-No puedo odiarte Carlota.
-Al menos una buena noticia.
-¿Porqué? ¿Te ha ido mal?
-He sabido que después de todo no podré ir a una competencia.
-No creo que sea tan malo.
-Porque no es tu sueño.
-Entonces es peor.
-Cualquiera me dirá que debo esperar los seis meses que me castigaron y volver a intentarlo.
-¿Qué es lo que tú quieres?
-A veces desearía ser rebelde y hacer lo que me plazca.
-Te volverías caprichosa y sé que esa no es tu forma de ser... Voluntariamente no.
-Siento como si hubieran golpeado en la cabeza.
-Eso es porque no te has detenido a pensar.
-O será porque no he parado de quemarme los sesos.

Si un defecto padecía Carlota era el de quedarse dormida de repente, sobre todo cuando se deprimía o impresionaba. En cuestión de segundos, Sergei sintió como ella se recargaba en su hombro. Comprobó su respiración y la cobijó con su gabán.

-Lo que me faltaba - murmuró el guerrillero que con curiosidad, tomó la agenda de la pequeña, la cual estaba en el piso. Muchas notas, demasiados números.. Ahí pudo percatarse de la obsesión que Carlota tenía por el tiempo; incluso sus horarios estaban preparados con una semana de anticipación y los minutos específicos para realizar cualquier cosa se resaltaban con azul o con rojo dependiendo si eran actividades escolares o entrenamientos. Las citas con sus amigos se anotaban en dorado, las familiares con verde y sus salidas con Joubert iban en rigurosa tinta multicolor; en caso de un imprevisto, la pequeña anotaba hasta los segundos que tal circunstancia le había consumido y hacía cálculos de cuánto más le llevaría cumplir todos sus pendientes. De acuerdo a ese cuasi diario,  cuando conoció a Joubert había tenido exactamente tres horas y treinta y siete minutos de descanso, en más de una ocasión se había quedado terminando la tarea hasta las cinco de la mañana y la vez que el rebelde la salvó en el parque, la pequeña había apartado un cuarto de hora para cortar flores antes de llegar a casa...

-Seguro que también anotarás esto - murmuró Sergei - Y probablemente te dará un infarto si no llegas en - mirando su reloj - veinticinco minutos con tu instructora... Bien, andando.

Trankov se llevó a Carlota en brazos, con el cuidado de no molestarla pero no escapó de ser interceptado por una alarmada Judy Becaud que, al verlo pasar en Republique, le detuvo bruscamente.

-¿¡Qué rayos?! ¡Carlota!
-No la despierte.
-¿¡Qué le hizo?
-¡Yo sólo voy a dejarla en Humanidades!
-Suéltela.
-¿Es usted capaz de cargarla?

La señora Becaud sabía que podía pero no por mucho tiempo, entonces persuadió a Sergei de entrar en Le jours tristes.

-La chiquita dormirá en mi habitación. Avisaré a Tamara que hay un contratiempo ¿Gusta un té, señor?
-¿Después de que me llamó de mal modo?
-¿Qué podía pensar? Si alguien más hubiera visto a Carlota..
-Me habría reconocido. Soy Sergei Trankov.
-Judy Becaud, aguarde por favor.

Las meseras en la cocina sólo observaban como el elegante caballero ignoraba la belleza de la mujer que al teléfono le pedía a su colega que fuera a comprobar que no mentía y a Gwendal para que trasladara a su sobrina a casa. El cabello achocolatado y los ojos verdes de la esposa de Jean Becaud que por sí solos conseguían atraer la mirada de cualquiera en la calle, ni siquiera provocaban que el desconocido le prestara más atención a esos detalles que a un salero.

-Espero que le guste el especial de hoy, Sergei - pronunció Judy mientras le servía una infusión de moras y fresas - ¿Azúcar?
-En realidad, el té me gusta solo.
-¿Podría decirme qué le pasó a Carlota?
-Se quedó dormida en el bosque.
-¿Cómo es posible? Pudo ser muy peligroso.
-Estaba con este papel en la mano.
-Déjeme ver..

Judy llevó sus manos al rostro.

-¡Ay no! .. Carlota ha de estar pasándola muy mal .. Ahora entiendo porque está perdida en sueño. Le agradezco mucho.
-De nada.. Aunque primero me quería sacar los ojos.
-Reconozco que juzgué de prisa.
-Cualquiera.
-¿Cómo debo pagarle?
-¿Disculpe?
-Le ha hecho un gran favor a esa niña después de todo; no quiero que se vaya sin un gesto de aprecio.
-No es prudente. Traer a esa pequeña era un deber.
-El té va de cortesía.. Y lleve esta canasta de mi parte. Gracias.

Pero Trankov, sintiéndose incómodo, terminó abandonando el lugar en cuánto Judy retornó a la cocina no sin antes dejar pagado lo que había consumido así como los cupcakes intactos.

-Al menos quise ser amable - pensó la joven, desconociendo que a Sergei le disgustaban las recompensas.

Pasó más de una hora y nadie apareció. La señora Becaud, más nerviosa que antes no sabía si volver a llamar o dejar a Carlota en su casa hasta que alguien la llevara pero entonces, Anton arribó corriendo.

-¡Hola Judy!
-¡Niño! ¡Al fin una cara conocida!
-No pensé que me quisieras tanto - exclamó el chico Maizuradze al ser abrazado por Judy.
-¿Haz visto a algún Liukin en la calle?
-Ninguno ¿Porqué?
-Es que tengo a Carlota allá arriba..
-¿¡Ella ha estado aquí?!

El bullicio provocó que Carlota despertara súbitamente y al mirar el reloj se precipitó a bajar las escaleras que conducían al café.

-¡Se me ha hecho tarde! ¡Ya va a comenzar el desfile!
-¿Qué desfile? preguntó Judy.
-¡El del festival ruso! ¡Las chicas de mi escuela van a salir! ¡Seguro que ya asignaron los papeles!
-¡Por eso te estaba buscando! - intervino Anton - ¡Mis vecinos te eligieron para ser la domadora!
-¿La principal? ¡Ni siquiera ensayé! ¡Me dijeron las monjas que sería botarga!
-Pues nadie quiso a las otras niñas.
-¡Qué idiota! ¡Me quedé dormida! .. ¿Cuánto tiempo hacemos a Pushkin?
-Cinco minutos - le contestó Joubert que había ido a buscarla con Anton.

La chica Liukin se despidió. Por la prisa, olvidó sus cosas, entre ellas su libreta.

-¿Quieres venir? - inquirió el niño Maizuradze a Judy.
-Iré por un suéter.

La señora Becaud buscaba una prenda apropiada cuando notó que su cicatriz en la muñeca brillaba. Asustada, la cubrió usando un jersey de Jean.

En las aceras, los primeros adornos de la temporada de celebraciones se vendían con buen ritmo. Conforme se acercaba la hora de la inauguración del período navideño, la muchedumbre volvía más complicado el acceso al barrio ruso. Los organizadores se encontraban desesperados porque no se veía a la muchacha Liukin por ningún lado y comenzaban a pensar en su reemplazo cuando ella logró dar con el grupo que se preparaba para salir en cualquier instante.

-¡Aquí está! - gritaban sus maestras.

-Además de perdedora, impuntual.
-¡Cállate Kiira!
-¿A ti quién te habló, Amy?
-No te metas en problemas, amiga - sugirió Carlota - ¿Qué tengo qué hacer?
-La madre superiora te dará un vestido.
-Gracias.. Ya la vi; prometo estar lista en tres minutos.

Dicho y hecho, la chiquilla apareció ataviada en rojo y con botas. Por la falta de tiempo, apenas y se había colocado una sombra blanca en los ojos y un labial rosa además de peinarse con una simple coleta atada con listón. En la mano portaba un bastón pero aquello no pintaba bien.

-Aléjense de Liukin, es de mal agüero - comentó Kiira - Primero la descalifican para las Nacionales y ahora le hace falta un compañero. Es de mala suerte que la domadora no lleve mozo; todos lo saben.
-¡Eres una envidiosa!
-No le sigas el juego.
-¿Vas a dejar que se burle de ti, Carlota?
-No, Amy. Ignórala, contestarle no tiene caso.
-Está enojada porque perdió la votación para reina del festival. Los rusos la rechazaron porque desde el principio te quisieron, hasta insistieron con firmas y toda la cosa.
-¿Porqué no supe?
-Estabas entrenando.
-Ni siquiera imagino como resultará esto. No me preparé.

A Carlota le devoraban los nervios pero no pensó en qué tan importante era "el anfitrión de la fiesta" hasta que el cura ortodoxo fue a dar su bendición y comenzó un alboroto que retrasó todo. El ministro se negaba a dar su visto bueno hasta que un muchacho se ofreciera o fuera obligado a ser el presentador de la procesión pese a la insistencia de un colega católico que también hacía lo propio.

-La última vez que una señorita salió sin pareja cayó la tuberculosis. Cuando se presentó la dupla todos sanaron. Sin un incauto no habrá fiesta - sentenció.

Lo malo era que el animador debía cumplir con ciertas características: Ser ruso, no mayor a veinticinco años pero tampoco con edad inferior a veintitrés, debía saber cultivar y sobretodo contar con un carisma que hiciera desmayar a las espectadoras.. Pero los muchachos disponibles rebasaban la edad o eran del gremio de pre- adolescentes como Anton.

-Mira en qué problema nos has metido, Liukin - recriminaban las niñas - ya nos salaste el año.

En medio de la presión - innecesaria - Carlota recordó a la persona que cubría el perfil...

-Amy, acompáñame.
-¿A dónde? No te puedes ir.
-Creo que sé quién nos sacará de líos. Le prometí no verlo más pero si va a caer la mala suerte que por lo menos no me culpen a mí.

Corriendo pese a la incomodidad de la ropa, ambas pararon frente al puente de Amodio y cortésmente llamaron a la puerta. El gesto de Sergei lo expresó todo. El pobre comenzó a creer que Carlota lo perseguía en un nuevo nivel.

-¿Qué necesitas?
-Ayuda.
-¿De qué clase?
-Majorette* justo ahora.
-Rompiste un acuerdo, no.
-Por favor, Sergei. Si no fuera importante no estaría aquí. Si no tengo un acompañante hasta el sacerdote se negará a bendecir el festival.
-Ya me parece que un tipo como yo va a andar entre una multitud como si nada. Niña, soy guerrillero.
-Pero hoy no meten a nadie a la cárcel - intercedió Amy - Lo leí en la clase de Civismo... No sea malo, sólo por esta noche. No quiero que molesten a mi amiga todo un año.
-Bien ¿Cuánto tiempo?
-Lo que dure.
-Tengo corazón de pasa.. De acuerdo niñas, andando.

Cuando las chicas del Sagrado Corazón y las monjas vieron a Trankov, se hicieron a un lado. Algunas tensas y otras con la boca abierta, contemplaron como él besaba la mano del cura, juraba tener la edad requerida y se arrodillaba para ser rociado con agua bendita. Acto seguido, le presentaron el traje que debía portar.

-No dista mucho de lo que uso a diario - comentó en broma y después de cambiarse se situó junto a la niña Liukin. Fue en ese momento que el ministro de la iglesia rusa les pronunció la oración y el representante católico les dió "permiso" para comenzar.

Balalaikas y acordeones amenizaban musicalmente cuando Sergei se presentó. Conforme a la costumbre, bailaba y se acercaba a los asistentes mientras gritaba que pronto conocerían a la reina. Entre sus labores, destacaba el hecho de parodiar a los participantes del desfile tomando "prestados" elementos de su vestuario como sombreros o pompones, mismos que obsequiaba a quién se le antojara.
Trankov se divertía como niño sabiendo de su licencia para ser travieso, hasta que un silbato le indicó que era momento de anunciar a la estrella. Pidió silencio.

Entre tambores y acordeones salió Carlota, haciendo improvisados malabares con su bastón. La muchedumbre se tornaba eufórica con ella y cuando su mozo debió levantarla para que el mayor número de personas posibles la vieran, se dió por iniciado el baile. Respetando la tradición, Carlota y Sergei se separaban un momento para saludar y después se reunían justo al frente de la procesión para compartir un momento danzando y a veces, simulaban jugar a las escondidas. No tardó la niña en ver a su familia y pararse un momento para tomarse fotos además de una con Joubert y otra adicional con Anton y David; por supuesto, la de Amy tampoco faltó pero por impulso, invitó a Sergei a retratarse y la gente aprovechaba para disparar los flashes. Ella lo miró y acabó por estrecharlo.

-No fue nada - replicó él.

Pero ese momento no podía durar mucho y concluyó el desfile cuando la comitiva retornó a Pushkin. Los demás seguirían con su celebración hasta el día siguiente pero la pequeña se sentía triste y se apartó discretamente.
Trankov, que tomaba rumbo a su hogar, encontró a Carlota sentada en una esquina y se colocó a su lado para acompañarla hasta el amanecer, cuando sus ojos finalmente se secaron.

* Animador.

2 comentarios:

  1. Linda historia, tristeza, coraje y voluntad :)
    Muy linda Ingrid, gracias por compartir ;)

    ResponderEliminar
  2. Ingrid amiga... Muchísimas Gracias por hacerme la distinción y el favor de la dedicatoria. Quiero decirte que me siento muy emocionada por esto. Eres una gran escritora y es un verdadero honor para mi! Te mando un gran abrazo y mi felicitación por tu trabajo y creación. Gracias desde el fondo del corazón amiga!

    ResponderEliminar