viernes, 16 de diciembre de 2011

El cuento de Navidad (Las luces de la fiesta)


-¡Qué vestido tan bonito! - dijo la encargada de una boutique a Judy Becaud.
-Desde que lo vi en el aparador no pude contenerme. Es perfecto.
-Es muy caro ¿No importa?
-¿Cuánto cuesta?
-5000€.

La señora Becaud se miró al espejo, desalentada.

-Nos lo llevamos - intervino Jean.
-Enseguida ¿Me facilita la etiqueta para el escáner, señorita?

Mientras la encargada facturaba, los dos cuchicheaban.

-¡El vestido es muy costoso! ¿Cómo rayos lo vas a pagar?
-Si no ganara dinero con mis libros habríamos tenido que marcharnos.
-Pero no debemos darnos este lujo.
-¡Por favor!
-No es justo que gastes en esto, puedo elegir otra cosa.
-.Es tu regalo.
-Jean no ..
-Feliz Navidad, amor.

Judy calló y sonrió un poco aunque en su interior se sentía apenada.

-¿Se lo llevará puesto o necesita pasar al probador?
-Ella se ve hermosa, no vale la pena que se quite el vestido.
-Bien, aquí está su tarjeta, señor.

Era un día veinticinco bastante tranquilo para los Becaud. Pese a la nieve, los distraídos, el tráfico y el trabajo; ambos caminaban sin importarles nada. Judy tenía en la mente el año anterior cuando pasaban enfrente del registro civil y también la cena que le había preparado a su marido, no sin antes dejar porciones para David.

En los titulares, el coro ruso fue ignorado por una boda. La nota era tonta y se prestaba para la chacota generalizada. Jean, curiosamente, se había adelantado a todos y esa misma mañana había mandado su crítica respecto a aquella noticia para ser publicada al mediodía y su columna, feroz pero irónica hizo referencia a un chisme que le relató un disgustado invitado:

La señorita Zooey Isbaza era contrayente de nupcias más a la fuerza que por otra razón y en medio de la fiesta, se escapó pero no se fue sola. De hecho, había pasado la noche con alguien.

El rumor llegó a oídos de Lubov Trankova que, con sospecha, salió a buscar a Sergei.

-¿Le han visto? - cuestionó a los Becaud - No he sabido de él.
-La última vez fue en nuestro café.
-¿Porqué no me dijiste eso Judy?
-No se quedó mucho tiempo, Jean.
-¿En dónde queda su local?
-En Republique ¿Cuánto tiempo tiene desaparecido?
-Veintitrés días. Estoy acostumbrada a que no esté pero jamás tardó tanto en volver.
-Tranquilícese.
-Si lo encuentran, por favor, díganle que vaya a casa.
-Desde luego.

Pero la mujer se detuvo un poco más.

-Jean ¿Cómo supo lo de Zooey en la boda?
-Me contaron pero creo que peque de indiscreto queriendo hacer una broma.
-Vaya, pensé que usted... Creí que lo habían invitado.
-Los Isbaza no son mis conocidos.
-Bueno. Perdón.

Los Becaud observaron a Lubov un par de minutos mientras detenía a todo aquél que iba pasando.

-No pensemos en tristezas, Judy. Vamos a casa.
-Ojalá no le haya pasado algo a Trankov.
-Tonterías, ese tipo es duro. De seguro anda por ahí con Zooey Isbaza. Todo mundo sabe que ella le gusta mucho y una fuente me contó que la señorita le solicitó que impidiera la boda.
-¿Porqué no le dijiste eso a su mujer? La pobre no puede con la angustia.
-Porque son habladurías y yo solo quise ser gracioso.

Disgustada, Judy prosiguió marcha. De vez en vez, la felicitaciones navideñas detenían a la pareja y también los obsequios de los voluntarios de la iglesia pero no esperaban que una persona irrumpiera en su casa.

Llorando, tiritando y con su traje de novia hecho girones, Zooey Isbaza devoraba todo lo que encontraba en la despensa de Le jours tristes. Barras de chocolate, carnes frías y fruta yacían regados en el piso. La chica además, sentía demasiada sed por lo que, con ansiedad, destapó la botella de vino que los Becaud tomarían por la noche. Al verlos, ella se asustó e intentó agredirlos con un cuchillo para pan pero estaba tan débil que terminó por soltarlo. Judy se aproximó y la joven se aferró a ella.

-Llamaré a sus padres.
-Primero prepara la ducha y el botiquín.
-¿Está herida?
-Se ha cortado los pies.
-Oye Judy ¿No crees que es mejor dejarla así? ¿Qué te parece si mejor levantamos un reporte?
-Haz lo que creas necesario pero necesito vendarla.

Zooey había perdido los zapatos, su velo y hasta el anillo de compromiso. Su cabello estaba lleno de lodo y algunas astillas se le habían incrustado en los brazos. La señora Becaud no se atrevió a preguntar qué le había ocurrido.

-El doctor y unos oficiales ya vienen. De todas formas los Isbaza necesitan saber que su niña ya apareció.
-¡No lo haga! - gritó la joven - ¡No quiero ver a nadie!
-Si nosotros no les avisamos, lo harán los oficiales.
-No tengo cara ¡Me muero de vergüenza!
-Debió pensarlo antes de fugarse.
-¡Maldito infeliz! - contestó la chica, incorporándose - ¡Me tendré que ir con el animal con el que me casaron! ¡Por el amor de Dios o de lo que sea, no me condene a eso!
-Hazle caso, Jean.
-No deseo causarles problemas, juro reponer todo lo que tomé pero no dejen que me encierren con mi esposo porque me va a masacrar, por favor.

Compadeciéndola, Judy la condujo a la regadera y le prestó ropa. Cuando arribó la fuerza pública, Jean mintió asegurando que la señorita se había marchado y se excusó con el médico. Los que pasaban, se detenían con la curiosidad de saber porque tantos vehículos policiales rodeaban Le jours tristes por lo que no prestaron atención cuando Sergei Trankov consiguió llegar al techo de los Becaud y se introdujo por la ventana. Zooey, que aún lamentaba su suerte amargamente, se echó a sus brazos al verlo y lo besó impulsivamente. La señora Becaud abrió más los ojos.

-Vámonos, ya tengo el boleto de tren.
-¡Te adoro Sergei, gracias!
-No hay tiempo.
-¿Tienes dinero?
-El suficiente para que sobrevivas unos días.
-Es que tengo que saldar una deuda.
-¿Cuál?
-Destrocé una alacena y me comí todo.
-Yo me encargo más tarde.
-De acuerdo. Judy, mil bendiciones, me salvó la vida.

Estrechada una vez más por esa joven triste, la señora Becaud sólo atinó a desearle suerte. Después, Zooey desapareció con Trankov y presintió que no volvería a ver a aquella mujer jamás.

-¿Y la chica?
-Se fue, Jean.
-¿Cómo?
-Mejor le digo a Lubov Trankova que encontré a Sergei. No preguntes.
-Te acompaño.
-Es asunto de mujeres.

En la acera y en medio de un gentío, Judy halló a la mujer del guerrillero y la condujo a un bistro cercano donde tomaron la mesa más alejada.

-Zooey se metió en mi casa y..
-¿Sergei entró con ella?
-No.
-¿Entonces?
-Zooey estaba en la habitación y Sergei llegó.. No sé que tipo de relación tienen pero ella le dijo que lo adoraba y se le abalanzó para besarlo.. Luego supe que la muchacha abordará un tren.
-¿Él mencionó algo de irse?
-Realmente no. Él dijo que se encargará del desastre que Zooey dejó... ¡No, no llore!
-Al menos ahora sé que regresará a casa esta noche y no volverá acostarse con ella. Al fin cumplirá su promesa... Feliz Navidad. Judy.

Lubov Trankova se alejó corriendo, alegre y confundida. Judy permaneció taciturna y Jean, que la alcanzó, le regaló un anillo.

-No olvidé nuestro aniversario. Que tengas un gran día, amor.

Y pidieron la carta, en vista de que Zooey les había arruinado la velada.



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