jueves, 5 de enero de 2012

Lo que corre por las venas (Las luces de la fiesta. Fin de la serie)


Dedicada, de nuevo, a Sasha Cohen.

-Mi abuelo era muy viejo y siempre hablaba de fantasmas... El gobierno confiscó la casa y no veo el sentido de porqué me llama. Realmente no tengo mucho qué aportar a su investigación.
-Alban Anissina habló mucho con usted, lo dijo en su autobiografía, Kaitlyn.
-El hombre tenía demencia, Elliot. Nada de lo que me contaba podía ser confiable.
-¿Entonces cómo explica que se presentaba a trabajar en el Hospital General con una edad tan avanzada?
-Era difícil convencerlo de que se jubilara, estaba obsesionado con curar enfermedades y donó mucho dinero para un programa de Jeremy Poirier pero no sé más.
-¿Dice que le mintió a los lectores? 
-No ponga palabras en mi boca
-Me considero defraudado porque tengo en mi colección un pedazo de basura.
-Anissina me contaba delirios pero no quería recordarlo como un decrépito anciano.
-Uno que confió en usted y le dió la espalda.
-Mire.. Mi abuelo vivió ciento ocho años, a veces confundía lugares y nombres. Nos hablaba de Mattiah Weymouth pero ellos no eran cercanos y de una Lía Liukin de la que sólo sabemos que era hija de una actriz que fue famosa. A mi abuela le molestaba que mencionara a esas personas porque podían ocupar toda la charla. Lamento defraudarlo, Elliot, pero es lo que sé.
-¿Cuál era el nombre de su abuela?
-Agathe Anissina.
-¿Tiene el apellido de soltera?
-Dobriazko.

Elliot revisó el diario de Lía. La nieta de Alban se intrigaba. 

-Nunca debió subestimar al viejo.
-Su deterioro era evidente, profesor.
-Pero no le mentía. Agathe Dobriazko era la prima de Mattiah Weymouth y Lía Liukin era su amiga. Tengo la prueba.
-¿De dónde sacó ese ..?
-Es el diario de Lía y lo encontramos en el camarote del Oksana Savoie.
-Oh por Dios.
-La próxima vez que alguien le cuente su vida, créale.
-¡No se vaya! 
-Ahora le interesa.
-Sólo necesito saber qué tanto es verdad en lo que me contó mi abuelo.
-No.
-Discúlpeme.
-Lo que deseaba era que usted me autorizara una búsqueda pero he visto que no es conveniente.

Cohen se marchó, enfadado. La actitud de Kaitlyn Anissina era irrisoria y él comenzaba a cansarse de pistas que sólo lo llevaban a saber de una historia personal que no le indicaba nada. Aunque Franz De Patie le insistía diciéndole que esa era la clave para entender el barco, Elliot creía que poco o nada tenía que ver con el misterio de la desaparición del Savoie.

-¿Cómo te fue? - cuestionó Audrey Phaneuf en un local de la calle Dobrev.
-Mal. No tendremos acceso a más archivos de los Anissina porque la heredera es una completa idiota.
-Uy.. Normalmente me enojaría de que llames así a una mujer ¿Qué pasó?
-Que Kaitlyn Anissina es una farsante. Tenía en las manos una gran historia que contar y la hizo de lado porque en su mente no cupo la idea de que su abuelo no estaba senil. Su libro no es más que un panfleto de vulgares mentiras. A esa señora no le importa la historia de su familia ni la de esta ciudad; vendió a un hombre por unas cuantas monedas y no le interesó algo más.
-Desgraciadamente es parte del oficio.
-Debimos ignorar a Lía y centrarnos en.. No sé porque me ilusioné. De pronto .. Es como si esa chica me hubiese pedido a gritos que me adentrara y le buscara sentido a su existencia.
-Es muy frustrante pero a eso nos arriesgamos.
-¿Me ayudas a escribir el informe?
-Lo prepararé por ti. Te esforzaste mucho.

El viejo del muelle andaba por ahí contando las novedades cuando saludó a Phaneuf. La investigadora le hizo la plática y le invitó a quedarse. El anciano accedió y se colocó junto a Cohen. 

-No te desanimes, hijo.
-Me vieron la cara.
-Entonces prosigue tu camino y sacúdete el polvo.
-¿Le ha pasado que se topa con algo que absorbe su tiempo y sus ganas y de pronto se estampa en la nada?
-Eso es vida de hombres comunes. Si algo te inquieta, insiste. Dale la vuelta, encuentra la manera aunque se te vaya la vida pero no te quedes con dudas.

Elliot se quedó pensando. Desde que tenía uso de razón, el venerable siempre había sido un hombre mayor, caminaba con bastón y usaba boina. Todos decían que él conocía cada lugar y persona de Tell no Tales y estaba tan entrado en años, que algunas generaciones habían fallecido antes.

-Ruego disculpe mi indiscreción pero ¿Cuántos años ha cumplido, señor?
-Jajajaja más de los que imaginas.
-¿Es cierto que usted conoció la ciudad cuando no había tren?
-Y cuando no había caminos. Yo mismo vi como los construían.
-De casualidad ¿Sabe algo de Alban Anissina?
-Era un doctor muy socorrido. Era el mejor que teníamos, nadie deseaba ser atendido por alguien más. 
-¿Y de su familia? ¿Amigos?
-¡Oh! Estaba amistado con Mattiah Weymouth desde la infancia y estudiaron en Francia. Cuando regresaron a Tell no Tales había comenzado la guerra en Europa. 
-¿Y Lía Liukin?
-Una muy buena muchacha. Era hija de un montañés muy decente. Se hizo amiga de esos dos pero se comprometió con el rubito, Mattiah, pero él se fue. Anissina se acabó casando con Agathe Dobriazko pero estaba tan enamorado de la mujer de su amigo .. Se volvió loco pero nadie se dió cuenta. Su facha de médico lo cubría muy bien pero sufrió mucho ese rechazo. Fue una espina que le lastimó el corazón toda la vida. 
-¿Cómo es que .. ? ¿Cuándo fue rechazado por Lía?
-En la inauguración del ferrocarril. Era 1919. Poco después él contrajo matrimonio y ella hizo lo mismo un par de años más tarde con Joseph Kerr, un escocés dedicado a las inversiones. 
-Le agradezco, señor.
-¿Porqué no vas a hablar con la esposa de Anissina? Todavía vive.
-Es imposible.
-Su apartamento es cercano al parque Charles de Gaulle en Poitiers. Es el 101 de la calle Renoir. 

Elliot abrazó impulsivamente al anciano y se alejó. Sabía que arribando al sitio indicado algo pasaría pero no visualizaba qué. Con esperanza, tocó el timbre una vez ahí. Una voz juvenil le permitió el paso y el joven Cohen ascendió por elevador al último piso. 

-Mi bisabuela lo recibirá en un momento ¿Le ofrezco algo?
-No, así estoy bien, niña.

El espacio era grande, monócromo y un poco frío pero las plantas lo hacían acogedor. La vista a la réplica de Champs-Elyseés (El parque De Gaulle) era inmejorable.

-¿A qué debo el honor de su visita? - Dijo Agathe.

Cohen la vió y apenas y podía creer que se encontraba frente a ella.

-Mi nombre es Elliot Cohen, vengo de la Facultad de Historia y Arqueología de la Universidad de Tell no Tales.
-Mucho gusto, jovencito. Soy Agathe Anissina ¿Qué le trae por aquí?
-Un gran hallazgo.
-¿Que podría ser?
-El Oksana Savoie, mi señora.

La mujer agachó la mirada unos segundos.

-¿Gusta un té?
-Lamento declinar.
-No se preocupe. Niña, necesitaré una taza, hoy es un día singular.
-Me sorprende verla tan entera.
-Se llama buena salud.
-Algo deberé hacer para llegar a su edad.
-Nunca dejar de ser joven pese a las amarguras y las tristezas. Por eso mi esposo también vivió un largo tiempo.
-El doctor Anissina debió ser feliz.
-Mejor dígame porque el Savoie lo trajo aquí.
-La marea lo arrastró.
-Supongo que se verá arruinado.
-No, mi señora. Es una belleza y aún funciona.
-Imagino que no harán un gran baile como los de antes en él.
-Está en lo correcto.
-Ha pasado mucho desde la última vez que ese barco tuvo una celebración.
-Yo he venido a preguntarle sobre un objeto que estaba en un camarote.
-¿Cómo era la habitación?
-Estaba decorada con flores de azahar y todo era de encaje.
-El camarote nupcial de Lía y Matt.. Nunca se usó. Pudo ser una hermosa boda.
-Durante la búsqueda de, ya sabe, información como bitácoras y planeaciones, encontré un escrito.

Agathe reconoció la libreta.

-¿Me permite tocarlo?
-Adelante.
-El diario de Lía.. Se iba a deshacer de esto cuando regresara de la luna de miel.
-Ella habló mucho sobre usted.
-Eso es seguro, nos encontrábamos a diario y seguimos siendo amigas por muchos años.
-Y también .. Espere ¿Porqué Lía y Matt no se casaron?
-Por una tragedia... Mi primo fue enviado a combatir por el frente francés y lo reclutaron el mismo día de la ceremonia. Luego llamaron a Alban, pero mi marido fue el único que volvió.
-¿Matt murió?
-En realidad nos engañaron. Mis tíos se encargaron de que Lía nunca supiera lo del ejército. Recuerdo que ella estaba encinta pero sus cartas a la familia suplicando una respuesta nunca fueron abiertas.. El niño que tuvo era precioso pero murió a los pocos meses por la viruela.. Matt iba a retornar pero le hicieron creer que Lía se había casado con otro y arreglaron un matrimonio para él con una condesa checa a la que los comunistas exiliaron. Cuando los dos se reencontraron y supieron la verdad, era demasiado tarde.
-¿Y qué hay de Alban?
-Mi matrimonio fue una espiral de desgracias: Nos quedamos en la ruina, él trabajaba sin ganar un centavo, lo llamaron para la otra guerra y ni un segundo volteó a verme. Sus ojos, sus acciones y su corazón siempre fueron para Lía. Él jamás me amó.
-Qué terrible. 
-Lía tenía talento, carácter, ambiciones.. Cosas que yo nunca tuve. Ella era impresionantemente fuerte. Fue la primer mujer en Tell no Tales en estudiar ciencias, en ganar el  concurso de pasteles de los rusos, en aparecer en el cine, en dar un discurso político ... Sé que ella jamás se dió cuenta pero tuvo una vida maravillosa.

La vieja sonreía y lloraba. 

-¡Hija! ¡Tráeme la caja de tu abuelo!... 

Y mirando a Elliot develó:

-Tengo algo que hizo Alban en 1920, es un tesoro.

Cuando Agathe tuvo en sus manos la caja, suspiró.

-Nunca me enteré de lo que ocurrió con los hijos de Matt, pero Lía tuvo un segundo bebé y gracias a Dios, los Liukin ahora son numerosos. Mis bisnietas más pequeñas a veces me ponen la televisión y hay un Evan Weymouth por ahí que no se parece a nadie de mi familia y una Carlota Liukin que es idéntica a su bisabuela. No le podía quitar los ojos de encima. Podría jurar que son la misma persona. Lía se deslizaba por el hielo y hacía las mismas figuras que esa niña, extendiendo los brazos al máximo. Ella misma se enseñó...Era tan buena que se fue a los olímpicos del veinte y ganó el oro* pero nadie le hizo caso.. Es una campeona olvidada, señor Cohen y por eso la pequeña debe ver esto... Ahora retírese y honre al Savoie con un trabajo bien hecho.

Conmovido, Elliot se dirigió a la Facultad de Artes Escénicas y logró, con su estatus de investigador, programar una proyección para sus colegas una vez que un especialista determinó que la cinta podía ser reproducida. Pat Low y Audrey Phaneuf eran embargadas por una emoción avasallante cuando apareció la cortinilla titulada "Lía Liukin: Jeux Olympiques d'Anvers. Belgique, 1920"**

-Es increíble - exclamó De Patie.
-Nunca pensé que nos toparíamos con este dato.
-Y Pat Low y yo tenemos el honor de conocer a la bisnieta de esta mujer.
-Quiero verla - añadió Elliot
-De una vez - concluyó Audrey

Los cuatro tomaron asientos en las gradas del pabellón de extranjeros y contemplaron a Carlota entrenar. La similitud con Lía era innegable. Hasta los gestos eran copia casi fiel, lo mismo que la postura y la técnica.

Audrey llegó al punto de los ojos humedecidos pero Elliot, el que finalmente había encontrado una ruta para explicar un relato aparentemente común, derramó lágrimas y entendió porqué su hermana, Sasha, también amaba el patinaje sobre el hielo: Era más que una pasión, era más de un siglo de historia.

*Juegos Olímpicos de Amberes, Bélgica, 1920
**La campeona olímpica de esa edición fue la patinadora sueca Magda Mauroy - Julin.

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