miércoles, 11 de enero de 2012

Una petición de boda.


-No llores.
-No lo puedo evitar, Gwendal. Necesito aire y estar sola.
-Tamara, te ves mal.
-¡No me toques!
-Espera, calma.
-¡Aléjate de mí!
-En serio, no creo que que sea lo mejor.
-¡Sal de mi casa!
-¡No voy a dejarte así!
-¡Lárgate!

Tamara forzó a Gwendal a ir al exterior y después aseguró la entrada.

-¡Abre, por favor! - gritaba él - ¡No quise lastimarte!

Pero no hubo respuesta. El postre había terminado mal. Deprimida, ella bebió el vino que quedaba, desconectó el teléfono y comenzó a limpiar cada extremo de su apartamento, pero esta vez no estaba encontrando el sosiego y terminó en el suelo, gimotendo.

-¡Qué estúpida! - decía - ¿Cómo no me di cuenta? ¡Es tan obvio! ¡A Gwendal le gusta Judy, siempre lo mencionó enfrente de mí!

Sin consuelo, Didier se arrancó el vestido y desbarató su peinado. No deseaba permanecer dentro, así que se vistió de nuevo y salió. Por un momento quiso ir a una cantina pero creyó que eso era "demasiado Carlota para ser verdad" y optó por ir a tomar un frappé en un local de moda, pero lo último que hubiera pensado era encontrarse justamente a Judy. Al verla, la señora Becaud se aproximó y la invitó a su mesa proponiéndole hacer una especie de "noche de chicas".

-Me suena a pijamada.
-Pero iremos a un spa y a que nos arreglen las uñas.
-¿Qué? ¿Aprovechas el único día que tienes sin Jean para que te hagan un manicure?
-¿Qué tiene de malo?
-Cualquiera iría a bailar, a ver strippers o tal vez tendría una noche loca con un tipo ... Olvida eso.
-Será mejor.
-¿Ya ordenaste?
-No, de hecho sigo esperando a que me atiendan.
-¿Cuánto tiempo tienes aquí?
-Diez minutos. Sólo me trajeron la carta.
-¿Y si vamos a otro lugar?
-¡Hay un maratón de películas de zombies en Poitiers!

Tamara miró a Judy con desconcierto ¿Era ella, o realmente la señora Becaud era inmadura? ¿A quién se le ocurriría semejante plan de ver como unos actores mal maquillados "destripaban" a otros más mediocres que sólo gritaban? ¿Y después de eso, que más? ¿Una convención de ciencia ficción?

-Habrá palomitas de caramelo y soda gratis.
-Azúcar que sólo me hace daño ... No suena tan mal, eso si es romper las reglas. Andando.

Las dos se dirigieron al metro, sin embargo, todos entraban sin pagar pero no para abordar, sino para caminar por las vías. Los organizadores de la proyección en De Gaulle querían contener la llegada de la gente.

-Genial, ahora lidiaré con ratas - se quejaba Tamara.
-Pero nunca has hecho esto ¿O sí?
-Qué Gwendal te cuente cómo acostumbrábamos pasarla juntos .. Si quiere.
-¿A qué vino eso?
-A nada.
-No deseaba llegar a este punto pero ¿Estás molesta conmigo? Parece que me regañas cada que contestas desde hace rato.
-Digamos que es mi actitud de todos los días.
-Aumentada.
-Hoy no me fue bien ¿Contenta?
-¿Que te hicieron?
-Algo tan normal como que un ... tonto me rechazó.
-¿Hablas de un prospecto o de trabajo?
-Prospecto, prospecto.
-Oh .. ¿Quién fue el tonto?
-Fue Gw... Se llama Gregory.
-Los hombres son verdaderamente idiotas.
-Otra mujer que opina lo mismo ¿Qué rayos les hicimos? - intervino Mèriguet alegremente.
-Buenas noches, Gwendal.
-Buenas noches, Judy.. Tamara, hola..  ¿Van a ver las películas?
-Es parte de nuestra "noche de chicas".
-Entonces interrumpo.
-La verdad es que sí.

Gwendal prefirió quedarse callado. Judy no se explicaba porque su amiga acababa de ser tan grosera.

-Lo siento, es que Tamara no está de ánimos.
-Comprendo. Las veo después.

Mériguet se detuvo con tal de que ellas se adelantaran. La señora Becaud no sabía cómo comportarse.

-¿Qué pasa?
-Creo que no debimos separarnos de Gwendal.
-¿Porqué no corres tras de él de una vez? ¡Hipócrita!
-¡Oye!
-A continuación viene la escena donde me vas a reclamar.
-¡Entiendo que te enojaste pero no tienes derecho de tratarme así!
-¡Ay, por favor!
-¡Siempre te he respetado!
-¿Y porqué no te respetas a ti misma, dejas al imbécil de Jean y te vas a besuquear con Gwendal?
-¿Cómo te atreves?
-¡Te encanta Mériguet! ¡Niégamelo!
-¡Te lo niego!
-¿En serio?
-Tu amigo no me atrae, de verdad.
-Ah.. Perdón.

Tamara bajó la cabeza y comenzó a reprocharse en silencio.

-Tuvimos una discusión tanto o más estúpida que Gregory.
-No hacía falta mencionarlo, Judy. Te ofrezco disculpas por el lapsus.
-De acuerdo.
-Bueno, parece que haremos una fila.

En la estación De Gaulle, los gendarmes ordenaban una gran columna humana e instalaron una valla para evitar un desorden posterior. Los asistentes pasaban convenientemente por la fuente de sodas gracias a esto y después de obtener lo que se les antojaba, ya eran libres para elegir cualquier asiento.

-¿En medio?
-Ok.

Pero con lo que no contaban, era con que Gwendal, al no encontrar un sitio apropiado, terminaría junto a Judy. Él miró impresionado el gigante vaso con refresco que ella sorbía a través de un original popote fosforescente.

-¿Eres adicta a la coke*?
-No, es Dr. Pepper. Me encanta.
-Eso creo.
-Pero no la bebo mucho.

Tamara no atinaba a reír o llorar así que optó por leer el programa y tratar de concentrarse en ver los filmes pero se sentía en una reunión de freaks. Había personas que portaban capas, diademas de cuchillo, máscaras y hasta juguetes y celebraban con cada litro de sangre falsa que se mostraba. En la fila de enfrente, Carlota y sus amigos gritaban con la muchedumbre pero, por ir disfrazados, Didier no los reconoció a la primera hasta que Anton la asustó volteándose de repente y gruñiendo.

-¡Maizuradze!
-¡Ja ja ja! ¿Qué onda?
-No estoy de humor para tus payasadas.
-Alguien aquí comió Ernie.
-¿Qué es eso?
-Un pavito que era mascota familiar hasta que llegó Navidad. Tenía un temperamento de los mil demonios.
-Ahora me parezco a un ave horneada.
-¡Judy! ¿Me das de tu bebida loca?
-Toma.
-Sabe a rayos.
-Al menos no me volverás a pedir.
-Y qué bueno.

Mientras los niños se divertían, Didier comenzó a sentirse incómoda y estuvo a punto de retirarse pero una falla técnica ocasionó la rechifla generalizada y el maratón fue cancelado.

-¡De haber sabido ni venía! ¡Todos son unos chafas!- gritó Anton - ¿Y ahora qué?
-¿Les gustaría ir a cenar? - planteó Gwendal.
-Mientras no sea una cosa vegetal como la que come Carlota , todo está bien.
-¡Es saludable!
-A nadie le gusta - confesó Joubert.
-Bien, bien, iremos a un restaurante tailandés ¿Alguien se opone?
-Yo no puedo ir - añadió Tamara - Es muy tarde y tengo sueño.
-No sea aguada.
-¡Anton!
-Acompáñenos, no pierde nada.
-¿Me permiten avisarle a Jean? Él me iría a recoger al spa pero ya estoy aquí.
-Claro, dile que te diviertes más sin él.
-Ay, Tamara.

Con la curiosidad de ver a Gwendal actuando frente a Judy, Tamara cambió de idea y se enfiló con el grupo al establecimiento de la avenida Gardel. Las calles estaban visiblemente llenas y los negocios repletos así que apenas consiguieron mesa en el sitio elegido.

-Jean dijo que venía.
-Ya sabía que no iba dejarte con nosotros.
-Es tarde y no quiere que regrese sola.
-Por supuesto.
-Además, él fue con sus amigos a una lectura por aquí

Mientras transcurría la cena, se escuchaban aplausos. Los cumpleañeros y los que celebraban porque sí contagiaban su alegría a los demás y se lanzaban globos, los meseros utilizaban patines y en la rockola se programaba desde música popular hasta los éxitos pop del momento para que la gente los interpretara en una especie de karaoke colectivo. Más tarde se lanzó confeti y se repartieron gorros de fiesta. Tamara se sentía ridícula pero notó que algo pasaba en la puerta.

Jean conversaba con el gerente del lugar y al paracer, Judy no debía sospechar. Transcurrieron varios minutos y poco a poco, el bullicio fue cediendo a un apacible ambiente de charla.

-¿Qué harás mañana?
-Hornear pan, leer un poco y dormir temprano, Gwendal.
-Pensé que podía invitarte a comer con mi familia.
-Me encantaría pero he descuidado el café y quiero atenderlo.
-Comprendo, Judy.
-Podría ir la próxima semana.
-Perfecto, así elegiría un buen vino y te prepararía un asado muy especial.
-¿Cocinas?
-Es una habilidad necesaria que me funciona.
-¡No te creo!
-Soy un baúl de maravillas.
-Me cuesta pensar que tú enciendes la estufa.
-Soy un experto de las labores domésticas aunque admito que no soy muy hogareño y busco aventuras en casi cualquier parte...  pero alguien está cambiando eso.

Los niños no captaron que Gwendal estaba siendo galante y la piel de Judy se erizaba. Tamara se quería morir.

-Disculpe ¿Usted es Judy? - preguntó un comensal.
-La misma.
-Creo que debería voltear.

La señora Becaud dirigió su vista a la entrada. Jean le sonreía con timidez. Evan se colocó junto a él con un letrero. Ella suspiró. La gente se encontraba expectante cuando el escritor se aproximó a su esposa, se arrodilló y besó su mano al tiempo que el desconocido mostró el contenido del cartel:

"Solía pensar que el matrimonio era para dos personas que no deseaban ser libres. Creía que unir mi vida a la de una mujer significaba una agonía lenta y sigilosa y llegaría a la vejez con tormentos y rencores. Nunca confié en la lealtad y tampoco en los buenos deseos. Pensaba que sería un bohemio irredento, que tomaría sólo aquello que servía para mi disfrute y no para mi enredo.
Qué equivocado estaba porque nunca fui más libre ni más feliz antes de encontrarme contigo."

-Jean...
-No pude escribir más.
-Está bien.
-Intenté escribir todo lo que siento pero.. No quería forzar el texto.. Ser romántico no me sale muy natural.
-Al contrario.
-Creo que arruiné el hermoso momento.
-De ninguna manera. Gracias.
-No era lo que planeé...
-Me gustó.
-Afortunadamente, tengo una sorpresa. Es algo que he pensado mucho.
-¿Qué será?

Jean la miró fijamente. El voluntario le dió un estuche pequeño y al abrirlo, los ojos de Judy se iluminaron más.

-¿Quieres casarte conmigo, otra vez?

Ella ni siquiera lo pensó y levantando a su amado, respondió afirmativamente. Aplausos y felicitaciones  se dejaban percibir.

-¿No fuiste a una lectura, verdad?
-Fui a la joyería, pasé a imprimir y sólo faltan tus flores.

El joven Weymouth le entregó a Judy un enorme ramo y le expresó sus buenos deseos.

-Qué bonito - comentó Anton - ¿Pero van a celebrar?
-Por supuesto.
-Es que como Gwendal dijo que invitaba el asado pues aprovechen y hagan fiesta.

Mériguet titubeó un poco pero no se negó.

-Sólo díganme que día pueden.
-¿Qué tal el próximo viernes?
-Me parece.
-Y nosotros llevamos el postre.
-Suena delicioso.

Evan aprovechó el momento para despedirse y recibir una pequeña propina. Tamara sólo observaba, entre disgusto y preocupación, el enorme diamante que contrastaba con las discretas sortijas que Jean le había obsequiado antes a Judy, incluyendo la de navidad. Algo le indicaba que no era un gesto normal y notó que el señor Becaud era muy dado a reforzar su posición como pareja de su amiga.

-Les agradecemos mucho esta noche - comentó el escritor.
-Espero que nos reunamos en la parrillada. Tamara, Carlota, las veo después. Buenas noches.

Gwendal, aunque disimulaba, vió como los Becaud partían; pero ella regresó y lo abrazó fuertemente.

-Gracias por invitarme. La comida es excelente. Ojalá pueda decir lo mismo de tu asado.
-Verás que sí. Gracias a ti, por venir.

Judy permaneció estática los segundos suficientes para que él la tomara de las manos. Acto seguido, ella le besó en la mejilla y salió corriendo, asustada.

-"¡Oh no! Tamara tenía razón" - pensó la joven - ¡Por dios! ¡Me encanta Gwendal!

* Nombre en inglés para referirse a Coca Cola

2 comentarios:

  1. Ingrid,
    La petición de matrimonio es un momento mágico, sublime. Representa mucho un anillo de compromiso. Para la mujer, debe ser el obsequio más significativo que puede recibir.
    Lindo post!
    Saludos!
    Pd: Se me antojo el Dr. Pepper.

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  2. Uyy muchas cosas por venir :) así es el amor cuando llega de nuevo. Gran sorpresa doble se llevo Judy :D
    Y eyyy ami me gustan las de zombies támara jaja. Muy lindo post Ingrid las cosas q vendrán verdad.

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