lunes, 27 de febrero de 2012

La próxima partida*


Dedicada al gran Olivier Schoenfelder

Ricardo se levantó temprano ese domingo y al rasurarse, contempló aquella arruga que se le había formado en la frente. Nada de qué preocuparse. Aquella marca llevaba años insinuándose, no así la expresión de sus ojos, que ahora le daban una apariencia ligeramente cansada.

-Este día llegaría - se dijo - Ya no soy joven, es oficial.

Sin embargo, su imagen comenzó a fascinarle. Ahora reflejaba madurez, carácter, experiencia. Su atractivo se había resaltado. Soltó una carcajada irónica. Ahora entendía porqué algunas veinteañeras le guiñaban algún ojo al pasar, porqué las treintonas y cuarentonas divorciadas le pedían ayuda en el supermercado y la razón de que algunas cincuentonas de la noche a la mañana se volvieran clientas asiduas de la heladería.

Por otro lado, Franz De Patie había llegado para charlar con él y lo esperó unos instantes. Carlota deambulaba por los pasillos realizando llamadas cortas y arreglando su maleta al tiempo que Judy hacía la lista de cosas que ya estaban empacadas. El día era tan caluroso que dos ventiladores funcionaban en la sala y Andreas quitaba las cortinas para que las ventanas quedasen libres.

-Le preparé un poco de té helado, padre - Anunció repentinamente la señora Becaud.
-Gracias.
-¿Gusta tomarlo aquí o en la terraza?
-Allá me sentará mejor. Yo lo serviré, no se moleste.

A Judy le desconcertó la actitud del visitante pero pronto recordó que alguna vez le había contado que le incomodaba que una dama se tomara "consideraciones" por cosas que él mismo podía atender.

-Disculpa mi tardanza, Franz - externó Ricardo.

A De Patie le sorprendió un poco que su amigo luciera tan desenfadado. Con amabilidad, ambos se ubicaron  en la terraza y para terror de los niños, cerraron la puerta de cristal no sin antes recibir de mano de la señora Becaud un vaso extra. Los dos se abrazaron fraternalmente por saludo y tomaron asiento.

-¿Pruebas una nueva facha?
-Algunas costumbres han cambiado aquí. Los chicos ahora sienten más confianza de acercarse a mí desde que renuncié a planchar y fajarme la camisa. Luego noté que la corbata desarreglada les parece divertida.
-Si así te hacen caso ni hablar, vale la pena ... ¿Cómo estás?

Ricardo exhaló profundamente y se encongió de hombros para luego soltar una risa nerviosa y breve.

-Sobrevivo. Eso hago.

Franz no sabía que decir. Había ensayado un discurso para no ser insensible sin querer y no le servía de nada.

-He asumido que Gabriela murió y ahora estoy a cargo. Asunto resuelto. Los enanos estudian, Andreas hace tonterías y encontré solución al asunto de la cocina, pago las cuentas, salgo de paseo y trabajo. Estoy cuerdo y funcionando. Es lo que mi familia necesita.
-¿Y que hay de ti?
-Con que ellos estén felices me basta... Aunque admito que he tratado con Gwendal ese punto.
-Si no te conociera me resultaría difícil darme cuenta de que estás fastidiado.
-Es que él insiste en que conozca a una mujer; ya sabes, una especie de "amiga"... No ha pasado ni un mes y ya estoy pensando en esas .. Estaría bien volver al juego pero no ahora.
-No lo veo mal. Busca una simple amistad. No es muy difícil.
-¿Tamara y Judy cuentan? Son las únicas mujeres que conozco y pueden auxiliarme con Carlota... En serio que intenté sostener una conversación sobre tampones y hormonas pero .. Es mi niña y no le contestaba algo coherente .. La palabra cólico me da escalofríos.
-Yo apoyo a tu hermano. Encuentra a alguien neutral que sólo quiera platicar.
-Mejor contrato a un psicólogo.
-Psicóloga. Tal vez te aceptaría una cita en un café.
-Franz, mi relación con Gabriela duró casi diecisiete años. Debo adaptarme a la vida sin ella. Tengo que lidiar con Adrien que se despierta llorando en la madrugada y contagia a Carlota además de que Andreas no coopera para que se calmen ¡Esta mañana no supe cuál de ellos era cuál y terminé apuntado sus nombres!¡¿Eso te parece normal?!

Franz trataba de formular un consejo pero no encontraba uno bueno. Su intención de servir como desahogo de su amigo aparentaba ser inútil. Vencido por la convencionalidad, se limitó a mirar a la calle y consultar su reloj.

-Hay partido ¿Vienes?
-¿Quién juega?
-Los blackhawkes. Conozco un sitio con buena cerveza, yo invito.

Ricardo no lo pensó y aceptó ir con De Patie. Los chicos habían sintonizado el encuentro y Judy trataba de improvisar algún refrigerio frutal para mantenerlos hidratados.

-Voy a salir, Judy ¿Podría quedarse con los pequeños?
-¿Porqué no? Despreocúpese señor Liukin, estaremos bien.

Pero Adrien abandonó el sillón y se colocó los tenis.

-¿A dónde vas, papá?
-A tomar algo.
-Bien, te sigo. Se me antojó una sangría y hay sin alcohol.
-Pero ..
-También los acompaño - añadió Carlota - Yo quiero una agua tónica.
-Niños, no pasaré a la fuente de sodas.
-¿Quién dijo que compraríamos algo ahí? No tienen tele para ver el juego.
-Se pueden quedar.
-Preferimos ir contigo.
 -Es una cuestión de adultos. Judy, se los encargo mucho.

La señora Becaud asentó pero los gemelos tomaron sus suéteres.

-No queremos quedarnos solos.
-Andreas y Judy estarán con ustedes.
-Yo no cuido bebés. Me largo.
-No te puedes ir, Andreas.
-No me quiero aburrir, Ricardo. Se ven.
-Te estoy dando una orden.
-No eres Gabriela así que me dejas en paz. No me esperen.
-¡Andreas, no voy a abrirte la puerta!
-Te recuerdo que ésta no es tu casa sino la de ésos chamacos porque así lo quiso mi mamá. Si ellos me reciben a ti no te importa.
-¡Hace mucho que no estamos juntos! ¡Ven con nosotros, Andreas! - intervino Carlota. Pero su consanguíneo decidió no escucharla. Su padre en cambio, se acercó a su hijo mayor.

-Estás castigado, no saldrás hoy.
-Inventa otra cosa.
-Hablo en serio. Tengo que salir, atiende a tus hermanos.
-¿Porqué no los llevas contigo? Te lo están pidiendo.
-Voy a un sitio en el que está prohibido que entren.
-¿Para qué no te pesen?
-¿Qué dijiste?
-Qué casualidad que Gabriela se muere y ya no quieres a "tus niños" cerca.
-Eso no es cierto.
-¿No? Ni siquiera les has preguntado en que andan metidos. Nada más porque visitaste a Adrien en el hospital y medio le dices a Carlota que se cuide ya crees que te interesas en ellos.
-Respétame, Andreas.
-Primero demuéstrale a los enanos que los quieres aunque sea un poquito y luego me pides lo que sea.
-No te atrevas a decir que no los amo.
-Acepta que te gustó la idea de ser libre y que Carlota y Adrien te estorban para irte de farra.
-¡Yo no me voy de fiesta, yo trabajo!
-Mejor no pongas pretextos y haz lo que te se antoje. En una de esas tus bebés caen en blando y no les pasa nada aparte del porrazo que se acomodaron ayer mientras buscaban galletas en la alacena.
-¿Porqué nadie me lo mencionó?
-No estabas, Ricardo.
-¿A qué hora fué?
-¿Ya para qué preguntas? Yo los levanté pero no necesito que me des las gracias.

El señor Liukin volteó, avergonzado.

-Les pudo pasar algo grave ¿Porqué no me dijeron?
-Teníamos hambre y era hora de la cena - respondió Adrien.
-Hubieran pedido ayuda.
-Nada más estábamos nosotros. Andreas nos encontró tirados.
-Ay, Dios.

Ricardo recordó que la noche anterior había estado en Ayre con los Becaud y con remordimiento se aproximó a los mellizos.

-Perdónenme, creí que estaban seguros.. No volverá a pasar.
-Cuando estaba Gabriela no ocurrían accidentes - dijo Andreas.
-¡No hagas sentir mal a papá! - replicó Carlota.
-Él tiene razón, mi niña.

La pequeña comenzó a llorar y su padre la estrechó. Al abrazo se unió Adrien y comprendiendo por el gesto de su progenitor que era pertinente, Andreas también se hizo partícipe.

Ricardo creyó que estaba perdido. En realidad, él distaba mucho de mantener la situación controlada y muy en el fondo, se sentía aterrado.

-¿Podemos dejar ..?
-Entiendo, Ricardo. Mejor otro día. Hasta luego.
-Gracias, Franz.
-Yo también me retiro pero regresaré, señor.
-Judy .. ¿Me apoyaría en esto?

La señora Becaud no deseaba contestar que no y consideró prudente la petición así que se arrodilló junto a ellos y les dió palmaditas.

-Tranquilos chicos, ya pasó. Su padre ha estado un poco ocupado pero piensa mucho en ustedes y se esfuerza bastante para que lo pasen lo mejor posible. Él va a tratar de dedicarles más tiempo como hoy pero también compréndanlo de vez en cuando. Ahora levántense, límpiense la cara y pónganse otra vez sus jerseys. Vamos por sus bebidas y a disfrutar su partido ¿Vale?

Los tres se separaron de Ricardo y obedecieron a Judy. El hombre suspiró con sutil sosiego y aguardó a que nadie más que la señora Becaud estuviera en la sala.

-Extraño a mi esposa y me hiere ver a mis hijos así.
-No se aflija.
-Su madre les hace más falta de lo que pensé.. La necesitan más que a mí.
-¡No diga eso!
-Es que Gabriela.. Ellos jamás se habían lastimado aquí dentro, no lagrimeaban por todo, Andreas me dirigía la palabra dándome mi lugar y podía respirar tranquilo.
-No piense así. Usted ha sido muy bueno con ellos y se nota que lo adoran. Esto es sólo una crisis pero la van a superar. Sé que para ustedes es muy doloroso pero no durará toda la vida. Encontrarán su orden, su rutina, su alegría.. Sea paciente, Ricardo. Ya verá en unos días. Carlota irá a París a competir, Andreas se concentrará mejor en el trabajo y Adrien formulará el método para la goma de mascar más ácida del mundo o quién sabe.

Ella le tendió la mano.

-Cuenta conmigo, Ricardo. Yo le ayudo.

Él la abrazó en agradecimiento. Judy reprimió su impulso de sucumbir al llanto y al apartarse de él, llamó a los muchachos, acomodó sus suéteres mal puestos y prosiguió a hacerles séquito mientras les recordaba que el pronóstico del clima auguraba vientos fuertes en la tarde.

*Con la colaboración especial de Marcos Mejía (@merckmf)


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