miércoles, 8 de febrero de 2012

La rebelión de Lubov


Durante la madrugada, la huerta de Sergei Trankov en Amodio fue incendiada y Lubov apenas y pudo rescatar algunos brotes y semillas. Más tarde, se sabría que el cuerpo de bomberos no se apareció por orden oficial y la marina, en conjunto con la policía se adjudicaban el hecho. En la rueda de prensa, el portavoz de ambas fuerzas leyó : "Unos terroristas se han dedicado a destruir la paz y tranquilidad de los ciudadanos; justo es que no tengan derecho a usar la misma tierra".

Judy fue dónde la mujer removía las cenizas con lógica rabia. Aunque se podía renovar el cultivo, lo que más lamentaba era haber perdido la comida para el orfanato, tan abandonado y carente de todo.

-Esto debía arder en dos meses por el color de coles rojas y tomates. Lo único que se salvó fue la plantación de papas y unas cuantas cosas que pude sacar... Tendré que ir al mercado negro si deseo conseguir semillas sanas. No confío en las huertas que promuevan las trasnacionales. He visto como han liquidado la producción de los campesinos.

La señora Becaud conocía bien esa historia: Llegaba una compañía a un pueblo, arrebataba las semillas a los agricultores y los forzaban mediante la necesidad de trabajo a adquirir materias para cultivos modificados que secaban las tierras al final de la temporada, no sin antes darse cuenta de que los frutos traían granos infértiles y por tanto, la empresa era la única beneficiada porque establecía un círculo vicioso al "adecuar" las hectáreas para otra siembra de especies artificiales.

-Tomé, le servirá para recuperarse.
-Esto no es de dinero, Judy.
-Por algún lado hay que empezar. 
-¿Qué desea a cambio?
-Que me permita ayudarle a remover los escombros.
-¿Le han dicho que usted es demasiado buena para ser verdad?
-No... No me considero tan bondadosa.
-"Cuando venza la tentación y gane sus alas se acordará de mí". El viejo del muelle lo dice cada que la ve pasar.
-No me he acostumbrado a las oraciones raras que usan aquí.

Un cartero, sin embargo, se detuvo y después de buscar, le entregó a Lubov un sobre. El destinatario era más que obvio pero el remitente casi provocó la ruptura de la correspondencia. Judy abrió la misiva y se dispuso a leerla. No decía gran cosa.

-Si cree que le escribió de amor, se ha equivocado.
-¿Qué le pudo haber comunicado? La última vez le tomó una foto mientras dormía con ella. Le dijo que había sido la mejor noche de su vida y que destruyó el rollo.
-Sólo quiere que sepa que está bien y que consiguió un trabajo.
-¿Zooey laborando? ¿Es una maldita broma, verdad?
-Le anexó la copia de su primer cheque.... Al parecer es mesera.
-Por un momento pensé que una joven como ella estaría en las oficinas de relaciones públicas de Chanel.
-Qué curioso, si dice eso. Se postuló para el puesto y no se lo dieron.
-Me siento feliz.
-También hay algo de ¿Un sitio especial? Le pide que vaya con urgencia porque su familia hizo una donación.
-La fundación Isbaza cada cierto tiempo va a las inclusas. Un par de veces me topé con Zooey ahí porque le dió por la caridad y regaló juguetes a nombre de toda la corporación. Nosotros llevábamos hortalizas frescas y los niños se nos abalanzaron. Las monjas se paran aquí con vergüenza a decirnos que mueren de hambre.
-¿A dónde va?
-A cumplir con el encargo. Qué esa mujer no me agrade no significa que no vea de qué se trata el chiste de su emporio esta vez.

Judy acompañó a la rebelde hasta una calle repleta de conventos grises en el barrio Blanchard. En esos recintos se albergaban personas disímbolas: indigentes, alcohólicos, tuberculosos, lisiados y niños abandonados. También se podía encontrar a toda clase de locos. En ese vecindario, alejarse de Miterrand o de la elegante avenida Jean-François Champollion significaba adentrarse en la inmundicia. La señora Becaud se impactaba de que en Tell no Tales existiera esa clase de pobreza.

-Es aquí. Cuando entremos verá algo que la puede hacer llorar mucho.

Desde la entrada, el olor a antiséptico y la presencia de monjas - enfermeras no era normal. Ver a un montón de infantes en una fila para que sus heridas fueses limpiadas, tampoco. A todos se les rapaba.

-Hay una epidemia de piojos. Mientras no tengamos agua corriente sólo podemos hacer esto - mencionó una novicia - Como llueve, hemos puesto cubetas para ver cuanto líquido conseguimos pero no es para duchas sino para la comida. Hace unos días vino un Isbaza a traernos enlatados y hoy nos han hecho el almuerzo pero no alcanzó para todos.
-Ustedes tenían bien el drenaje.
-Cortaron el suministro por falta de pagos pero es un edificio público. Imagine quiénes no hicieron su trabajo.
-Odio a esos mal nacidos de servicios sociales.
-No se llene de rencor, Lubov.
-No me salga con que esto es una prueba que les puso Dios porque la cacheteo.
-Intenté pensarlo pero me es imposible.

Un pequeño con su hermanito se aproximó a Judy con un plato vacío y un suéter roído.

-Tenemos el estómago vacío - pronunció con voz chillona.

Mientras abrían al almacén dónde se había resguardado la comida, ambas mujeres observaban como algunos infantes se arremolinaban entorno a una diminuta cocina. Era increíble que no pelearan.

-Desháganse de todo.
-¿Es tan malo?
-Por supuesto hermana... Judy, téngalo presente: Las lentejas enlatadas contienen plomo, los pimientos portan cadmio.. Es un cóctel cancerígeno perfecto. Nadie sospecha. El veneno está en el campo pero no puede culpar a nadie porque los campesinos que se niegan a los transgénicos usan los insecticidas y los fertilizantes con tal de salvar sus cosechas y las industrias alegan que ponen en sus etiquetas la advertencia de "Usar bajo su propio riesgo". No hay salida, los frutos artificiales también dañan el organismo y el ambiente. Los Isbaza lo saben y yo también ¿Sabía que trabajaba para ellos? Qué desperdicio de tiempo y talento. Renuncié.
-¿Qué hacía ahí?
-Elaboraba saborizantes y conservadores. Soy ingeniera química.
-Me figuré de usted otra vocación.
-El filósofo Sergei tampoco estudió para eso. Él también es ingeniero, pero civil.

A la señora Becaud le sorprendió enterarse. Al mismo tiempo, otra novicia le entregaba un pequeño trozo de pan. Ni tarda ni perezosa, Judy lo entregó al niño de la escudilla quién lo partió para compartirlo con su consanguíneo. Un olor a salchichas de buena calidad impregnó las paredes. Una olla gigante era trasladada a un comedor modesto. La multitud de niños iba detrás.

-Al menos comen algo natural - añadió Lubov - Y el sabor es tan bueno..
-¿Quién las fabrica?
-Un nutriólogo en la granja de la Universidad de Ciencias. Se comen cuando necesitas energía. Es una mezcla de carne y verduras, una receta vieja increíble y muy cara ¿Quién lo pagó, hermana?
-Isabelle Shepard. Dijo que no le agradaba que los pequeños comieran cualquier cosa.

Mientras continuaban descartando latas, el chico Maizuradze recogía botellas de coke con la ayuda de la propia Isabelle que carcajeaba sin cesar por las ocurrencias del niño.

-¡Hola Judy!
-Hola Anton. Qué sorpresa.
-Nos pidieron que nos lleváramos esto. Haremos que la fuente explote ¿Vienes?
-¿Explotar?
-Decidimos protestar - dijo Isabelle - En todos los albergues nos han regalado la soda. Es inadmisible que con esta hambruna las corporaciones regalen diabetes y caries a los necesitados. Un chico tuvo la idea y cuando me acerque a decirle que esto pasaba simplemente dijo que mientras pudiera preparar su experimento no se opondría ¿Desean participar?
-Yo encantada - contestó Lubov - ¿En qué sitio lo harán?
-En Pushkin.
-¿Poqué no lo intentan a lo grande? Hábleme del experimento.
-Revolveremos mentos - añadió Anton con sonrisita maliciosa - Adrien Liukin es un verdadero chiflado.
-¿En serio? .. Desde este momento ese chico es mi amigo. Las fuentes se conectan y sabotear dos puede hacer que afectemos otras.
-Anda que la cacho ... ¿Todas las fuentes sacarían refresco?
-Sí. Necesitan mucho azúcar. Sé dónde conseguir lo que desean. Lleven todo eso a De Gaulle. Escriban pancartas y créanme, la policía no meterá las manos.
-¿Qué planea?
-Una ciudad burbujeante.

Lubov fue corriendo a la planta química de los Isbaza, la cual se encontraba cerca de las instalaciones que bombeaban y purificaban el agua de Tell no Tales. Sin el menor esfuerzo mandó llamar a sus compañeros y les explicó el plan. En De Gaulle, Adrien aguardaba la sorpresa. Todo comenzó cuando la guerrillera cerró las salidas de líquido. En cuestión de minutos, aquello se volvió un caos y el niño Liukin filmaba todo desde su bicicleta.

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