viernes, 3 de febrero de 2012

The time of my life (Dirty bit)*


Dedicada a mis bailarines favoritos: Nathalie Péchalat y Fabian Bourzat.

Días después de lo sucedido con Gabriela, Tamara tomó la decisión de instalarse en el departamento Liukin temporalmente para asegurarse de que todo estuviera en orden. Ninguno puso objeción a su presencia. La energía depresiva que rodeaba a la familia había ahuyentado a los vecinos que siempre saludaban y se reflejaba en todo, desde los muebles hasta las cortinas. El desayuno era simplemente incomible y el descuido ya se notaba. Ricardo llevaba días sin planchar su ropa y a pesar de bañarse no se había rasurado, Adrien tomaba jugo del cartón y Andreas se iba de fiesta mientras Carlota dudaba entre ir al supermercado o morir de inanición. Gwendal, que habitualmente estaba lleno de cordura, se había sumado a esa demencia al destrozar la vajilla en vez de limpiarla.

-Tengo mucho trabajo - suspiró Tamara.

Los titulares de los periódicos también se habían convertido en una cosa confusa de entender: A esas alturas, la opinión pública ya no sabía si Sergei Trankov era bueno o malo y los rumores eran tan disparatados, que Didier comenzó a compararlos con las acciones de los Liukin:

Si leía que el guerrillero había rescatado un gato, Ricardo se aparecía para sacar al felino que en los últimos días rondaba el apartamento; si se decía que Trankov arrojaba proyectiles a la policía, Gwendal y Andreas se aventaban pelotas de papel .. Esa extraña similitud era insólitamente divertida. Hasta el apático Adrien personificaba la parodia del rebelde cada que se quitaba los zapatos y se acostaba sobre la duela: Tamara imaginaba que así se vería Sergei en la campiña mientras Zooey Isbaza se encontraba a su lado. Las revistas del corazón, a falta de chismes, inventaban historias cursis sobre como la millonaria heredera sacrificaba todo por su amor incondicional al conocido paramilitar; ese mismo amor que estaba debidamente documentado en sus ediciones especiales de años pasados. En uno de esos tabloides hasta se prometía la publicación de fotos y la difusión próxima de un audio muy revelador obtenido a través de un campesino. Jean Becaud, muriendo de risa, contestó a semejante publicación que de ser cierto, las imágenes serían de cómo los dos se bañaban en champaña y dormían en alfombras persas mientras un séquito de sirvientes tahitianos les llevaban charolas de fruta y les masajeaban la espalda. A Judy no le gustó el texto y lo consideró ofensivo pero los sarcásticos lo celebraron. Sergei por su parte le mandó un mensaje en el que confesaba que esa publicidad le era "por demás emocionante e indispensable" y que en todo caso, las "polémicas" fotografías lo mostrarían, cuando mucho "sin camisa en mi huerta mientras las chicas se detienen y me ven con lujuria".

La única que seguía sin encontrar una chispa de humor mínimamente soterrado era Carlota. Iba a la escuela y a entrenar y de ahí a su enclaustramiento voluntario en su habitación, la cual era una fortaleza a la que nadie podía entrar, ni siquiera un perseverante cerrajero. Ella pasaba su tiempo estudiando, hablando por teléfono con Joubert de manera inexpresiva y leyendo aquellas historias amarillistas que le hacían pensar que a esos autores les habría podido ir mejor de dedicarse a elaborar novelas. En el edificio de enfrente, podía leer un cártel gigante que presumía:

"Carlota Liukin (The swan) European Junior Champion, 2002".

Y miraba al propio Trankov eludiendo a la marina con toda la alegría concebible.

Fue en esos momentos en que el ritmo de la gente le pareció más rápido que de costumbre. Las tiendas se vaciaban, los artículos de fiesta resultaban insuficientes y el ayuntamiento disponía de equipos de sonido tan potentes que se podía escuchar cómo los probaban desde la plaza principal.
Debido al éxito de la fiesta colectiva del barrio ruso y Poitiers, las autoridades culturales organizaban de último momento un festejo igual, sin otro objetivo que el de justificar la nómina gubernamental. La invitación colectiva decía además que se trataba de un evento temático en el que los colores gris y plata eran indispensables porque le harían homenaje "al universo" ... Era imposible no carcajearse de esa tontería pero la niña creyó que tal vez no era mala idea así que quitó la barricada de su entrada y sin más, expresó que deseaba ir de compras. Tamara lo tomó como un signo positivo y persuadió a Ricardo  de acompañarlas. Sin muchas ganas, él se dedicó a aguardar en el centro comercial mientras las dos escogían algo apropiado y barato. Ese súbito entusiasmo en la niña la indujo a optar por un vestido ligero, brillante y no muy corto. Actuando maternalmente, su maestra le buscó un suéter que combinara y un par de zapatos discretos y cómodos.

-Vamos a casa - señaló la pequeña después de pasar por un helado sin azúcar. Su padre la tomó del brazo y le comentó que le parecía pertinente participar en la fiesta. Para nadie era un secreto que Carlota estaba sumida en una gran depresión y sería muy difícil contentarla.

-Llama a Joubert. Dile que lo invitas a salir.
-Sí, papá.

La chiquilla por la emoción, se adelantó unos pasos y al atravesar el umbral de su hogar, corrió al auricular y permaneció conversando con su novio durante media hora. Su padre esbozó una ligera sonrisa y contempló a Tamara preparar las cosas de baño para la niña.

-Carlota, haz el favor de soltar ese aparato y toma una ducha. Las llamadas no son gratuitas.
-Perdón, es que es muy entretenido.
-Pero ese servicio no se paga solo. Ayúdale a Ricardo a ahorrar. La cuenta que les llegó este mes es altísima.
-Claro.
-Anda a la regadera y no te tardes.

Ricardo no tardó en facilitarle a Didier una taza con café y situarse en el sillón junto a ella. Aprovechando la oportunidad de agradecerle por cuidar de ellos, le preguntó si no existía inconveniente en que permaneciera más tiempo ahí en lo que las cosas se estabilizaban. Ella aceptó mientras le replicaba que debía partir a Salt Lake con Verner pronto.

No pasó mucho para que Joubert arribara y Anton hiciera acto de presencia, como no queriendo la cosa. La intención de competencia que el chico Maizuradze intentaba establecer con el joven Bessette era muy obvia y Andreas se divertía con ello. Su cuñado ignoraba por completo esa situación y continuaba siendo cordial con el mozalbete ruso que a su vez, era perseguido por Adelina que esa noche se hizo el propósito de bailar con él.

Cuando Carlota salió del tocador, lucía diferente. Se había cortado a sí misma el cabello que ahora le llegaba a la barbilla. El estilo no le gustó mucho a Tamara porqué pensó que la hacía ver más grande de lo que era. Combinado con el atuendo plata, ciertamente, la muchacha aparentaba ser un poco mayor. Era intencional. Al saludar a su amigo, éste sintió que estaba diciéndole hola a una muchacha como Eva. La reacción de Joubert, en contraste, fue cariñosa y un poco más educada de lo normal. Adelina expresó que el nuevo corte le encantaba.

-Es hora - señaló Ricardo - Traten de mantenerse juntos.

Caminando nuevamente, el grupo se topó con que la plaza estaba llena y en Piaf, la muchedumbre se arremolinaba violentamente. Con temor, Tamara sugirió tomar otra calle pero pasar era inútil. La ola humana provocó que Anton se perdiera con Adelina y Joubert hacía un esfuerzo por no desprenderse de su chica pero la música ska con la que iniciaba la fiesta desató un slam demasiado agresivo y la pequeña fue empujada hasta la esquina. Ricardo y Tamara no se distinguían por ningún lado.

-De todas formas quería estar sola.. Cómo nadie me va a encontrar me puedo ir por ahí - caviló y emprendió marcha. Las aceras estaban solas y la oscuridad les brindaba un aspecto tenebroso. Las siluetas eran visibles sólo a poca distancia y el viento soplaba. Estaba iniciando una helada. Carlota comenzó a refregar sus brazos y a tiritar mientras sus pasos se dirigían al parque. Después de todo, le encantaba sentir el pasto en sus dedos pero una voz interrumpió su ensueño.

-Casi tropiezas conmigo.
-Disculpa, Matt.
-¿Sabías que un asaltante te sigue desde hace unas cuadras?
-No traigo algo de valor.
-Eso no lo vuelve menos peligroso.

El hombre la hizo girar en dirección a su apartamento y la acompañaría como un guardián. Ella no objetó.

-¿Estabas en la fiesta?
-Sí, pero me sacaron.
-Yo iba para allá.
-Pensaba que esas cosas no te importaban.
-Es mi última noche, niña.
-¿Porqué?
-Me voy al pasado. Me lo pediste ¿No te acuerdas?
-No .. ¿Cuándo fue eso?
-Anoche. Lo soñamos.
-Últimamente no recuerdo qué pasa cuando duermo.

Él colocó su mano en el hombro de Carlota y la llevó a casa.

-¿Quieres pasar? - preguntó ella en su edificio.
-No creo.

Pero la policía estaba cerca. Por temor a ser arrestado, él se dejó guiar. Era la primera vez que entraba al apartamento Liukin de la mano de la chiquilla y sabía de sobra que era incorrecto pero ella lo jaló a su balcón no sin antes establecer su barrera para evitar que le abriesen. La muchedumbre continuaba con sus danzas y entonando las melodías. Ambos se recargaban en el borde. Durante varios minutos permanecieron en suspenso. Ella respiraba con agitación, él pasaba saliva insistentemente.

-Me encanta tu corbata.
-Gracias, chiquita.
-Te incomoda mucho que te nombre Matt pero no Sergei.
-Estás en lo cierto.
-Entonces Sergei será.
-Yo diría.
-¿Qué piensas de mí?
-Jejeje.. Nada, pequeñita, nada.
-No me llames así. Ya no soy una bebita.
-¿Cuántos años tienes?
-Trece.
-Malas noticias: Eres una criatura diminuta.
-Te demostraré que no.
-¿Cómo?

Carlota se quedó callada. No existía la forma de comprobar nada. Irritada por el recordatorio de su falta de madurez, giró al lado opuesto. Sergei rozó su espalda.

-Aún no tienes la edad con la que te apareces en mi descanso. Lo siento.
-Odio esa disculpa. No vuelvas a mencionar "lo siento".
-Entendido.
-Y detesto que me digan que no soy grande.
-No volveré a usar esa frase.
-Eso espero ... ¿Bailas?

Trankov se desconcertó un poco.

-Soy muy bueno en eso.
-Entonces invítame.
-De pronto te veo contenta.
-Es que ... Olvídalo.

Él accedió cortésmente. Para su sorpresa, la chica Liukin le seguía el ritmo al tiempo que brotaban risas que iluminaban su rostro. Después de un momento, él se separó.

-Carlota, eres demasiado coqueta, contrólalo. Hay hombres que pierden la compostura y no responden por sus impulsos.
-¿Tú eres de esos?
-Nunca me voy sin morder, niña ... Y no me refiero a chocolates.

Acto seguido, ella recibió un beso en su nariz y otro en su frente.

-Iré a 1915 y nadie sabrá de mí en días. Pronto deberé elegir en qué tiempo deseo quedarme y quién quiero ser y me desprenderé de tu voluntad para siempre. Si es que no vuelvo por aquí, recuerda que mi único anhelo es que vivas plenamente. El mundo es vasto, no corras. Aún no te toca ser mujer y no sabes la suerte que tienes.

Ella lo sujetó nuevamente y continuaron moviéndose rítmicamente hasta las once de la noche. La niña se quedó con ganas de decirle al guerrillero "eres libre" pero comprendió que aún no le correspondía pronunciar esas palabras.

*Título de la canción homónima de Black Eyed Peas en el albúm de 2010 "The beginning", la cual presenta un sampler de la composición "The time of my life" escrita por Frank Previte.


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