jueves, 26 de abril de 2012

Las historias de amor nunca terminan. Tercera Parte (El final de la vida)


Nathalie Péchalat / Fotografía de Laetitia Mériguet©

 "Once you've skated together long enough, and you're really good friends, you can close your eyes, 
put your hand out and she's right there." 
Joe Dolkiewicz, 2011 US Novice Pairs Bronze Medalist

Después de Pascua, Carlota finalmente abandonó el hospital y para sorpresa de los médicos y su padre, las migraña sufrida durante semanas y las marcas propias de la operación parecían haber desaparecido milagrosamente. Aunado a esto, su cabello crecía extraordinariamente y su estatura era notablemente mayor. Por supuesto, lo que jamás sabrían era que Tamara le había pedido a Trankov que le proporcionase a la niña una taza de hierba quemada para librar sus males. La única recomendación profesional era que la chica no patinase inmediatamente y fuera a consulta con el neurólogo una vez al mes durante el resto del año.

-Ya me hacía falta caminar - dijo la niña al pisar al pisar la banqueta. Afuera, sus amigos y su familia la esperaban con globos y Joubert le entregó un enorme ramo de flores silvestres. 

-¿Qué harás ahora? - le preguntó.
-Supongo que ir a casa y pasar la tarde en una comida familiar.
-¿Estoy invitado?
-¡Claro que sí!

Carlota aprovechó el momento para agradecer las atenciones y las visitas durante su internado. Incluso, mencionó que tenía ganas de ver a sus fans, mismos que le mandaban cartas y obsequios. 

-¡Llegué! - gritó Adelina - Te compré esto, chica.
-Gracias. 

Los demás observaron a la niña de Cobbs con intriga, ya que no se explicaban cómo podía cargar un gigante conejo de peluche y al mismo tiempo lidiar con sandalias de tacón.

-Trankov te mandó esto. Me lo encontré cuando salía de la tienda con el muñeco.

La chica Liukin recibió en mano una cajita de color azul y decidió abrirla en el acto, impresionándole el brillo de unos sencillos pendientes de plata.

-Póntelos - le sugirieron. Carlota no sabía si era correcto aceptarlos y optó por guardarlos con el fin de devolverlos pronto. Su padre consideró que era la decisión más adecuada y emprendieron marcha. Cuando la pequeña preguntó por Judy, su padre le dijo que la señora Becaud se encontraba en el apartamento junto a su marido, preparando una bienvenida. 

En la calle, algunos niños disfrazados de frutas se disponían a asistir al festival del cuento. Carlota jamás se hubiera imaginado provocar un tumulto hasta ese medio día. Los pequeñitos le gritaban que la amaban; muchos de ellos le habían enviado flores días atrás.

-Niños, yo también los quiero pero voy a casa - les decía mientras la abrazaban. Gwendal trataba de calmar a los que se aproximaban mientras Ricardo les pedía que por favor, les dejaran continuar. 

-¡Todo mundo regrese! - exclamó una voz femenina que a Joubert le pareció conocida. Los chiquillos corrieron a la esquina para después formar una fila. Sólo una niña aguardó a que la chica Liukin estuviera "sola"

-¿Me das tu autógrafo?
-No tengo un papel.
-En mi traje.
-¿Segura?
-No creo que mi maestra se enoje, te admira mucho.
-¿A sí? ¿Quién es ella?
-Alena Makarova.
-¿Y que te enseña?
-¡A patinar como tú!
-¿De verdad? 
-En el club del barrio ruso.
-Qué lindo. Buena suerte ¿Cuál es tu nombre?
-Liudmila.
-Ya está. 
-¡Gracias, Carlota! 

Liudmila se fue corriendo hasta dónde se encontraba una silueta cuyo rostro no se distinguía debido al sol. Después de unos segundos, los chiquitos y la mujer desaparecieron. La chica Liukin comenzó a repetirse mentalmente "club de los rusos, Alena Makarova" y prosiguió su ruta. En casa, Judy la recibió con un fuerte abrazo. 

-Por favor, no hablemos de hospitales - suplicó la pequeña antes de ir a su habitación para estar en su balcón unos momentos y saludar a su gato, al que extrañaba mucho. La enredadera que adornaba aquella parte de su apartamento lucía llena de vida pero un poco descuidada.

-¿Todo bien? 
-¿Cómo entraste?
-La puerta está abierta.
-Hubieras tocado, Tamara.
-Lo siento.
-No te disculpes así.
-Te has enfadado.
-"Lo siento" no es algo que me agrada escuchar.
-No lo sabía.
-¿Es hora de comer?
-Vine a avisarte. Me gusta que tu familia no espere para esas cosas.

Las dos se lavaron las manos y al situarse en el comedor, Carlota pensó mucho en Makarova y en su fuerte deseo de salir a la calle. Su silencio, lejos de provocar la inhibición de los demás, los incitó a conversar y a realizar brindis para festejar que la angustia había pasado. En un momento dado, Anton quiso que se hablara de las buenas noticias y Jean Becaud tocó el tema de su boda. Judy le dió la mano y mirando fijamente a Gwendal, anunció que la ceremonia se realizaría en dos semanas.

-Al parecer volvemos a la normalidad - dijo Ricardo, quizá pensando que sus oportunidades con la señora Becaud eran nulas y era mejor que así quedaran las cosas.

-Me haría bien dormir - mencionó Carlota.
-Oh, nadie se levante. Ven - dijo Tamara.

Los demás abandonaron un poco el ensueño y en cuánto Didier volvió del cuarto de la chica, el pesimismo comenzó a reinar nuevamente.

-Ya la arropé. Me pidió que no hiciéramos ruido. Creo que sólo está cansada.
-Mejor prepararé café ahora que recordé cómo se usa una cafetera.
-Déjelo, Ricardo. La cafeína lo estresará.
-Algo debo hacer para mantenerme despierto si algo pasa.

Los presentes sólo alcanzaron a guardar silencio sin saber que la niña los había engañado para zafarse de la reunión y respirar tranquilamente mirando a la calle. Como de costumbre, Sergei Trankov paseaba entre las azoteas y ella lo llamó discretamente con la mano derecha. Él sonrió y desapareció el instante previo a situarse a su lado. Se saludaron y Carlota le entregó los aretes.

-Creí que te gustarían.
-No lo tomes a mal, es que ni siquiera sé de dónde los sacaste.
-Los compré en una joyería de Poitiers.
-¿Así de fácil?
-Mientras el cliente tenga dinero, nadie pregunta.
-Por un momento pensé que los habías robado.
-No es mi costumbre.

La chica observó los pendientes y el guerrillero se los colocó delicadamente. Cuando ella se miró en el espejo, dió las gracias y prometió que sólo se los quitaría para limpiarlos cuando fuese necesario.

-¿Cómo te sientes, niña?
-Deseo estar en otro lado.
-¿Porqué?
-Necesito una asesoría.
-Dile a tu padre.
-No me daría permiso porque le hace demasiado caso a los doctores, por eso te llamé. Hazme un favor.
-Dime.
-Llévame al club de hielo del barrio ruso. No pasaré más tiempo aquí.
-Me niego.
-De acuerdo. 
-¿No vas a protestar?
-Algo me decía que terminaría yendo sola. 

Carlota tomó un bolso, metió un par de objetos y al disponerse a descender por su enredadera, Sergei se plantó nuevamente delante de ella.

-No te irás.
-¡Por favor! ¿Quién eres para prohibirme las cosas?
-El idiota al que manipulas.
-¡Sergei Trankov está aquí! - gritó la chica y enseguida él le cubrió la boca y se introdujo en el cuarto. 
-¡¿Qué rayos sucede contigo?! ¡¿Prefieres que me maten aquí por una estúpida necedad?!
-¡¿También crees que hago berrinche?! 
-Bastantes al día. Ya no tienes cuatro años. Me dijiste que odias que te digan que eres una niña pero cada día me convenzo más de que ni a eso llegas.
-¡Eres ..! ¡Eres ..! ¡Tarado!
-¿Es lo más inteligente que puedes contestar?
-Todo mundo te tilda hasta de asesino pero nunca de imbécil.
-¡Oh, te equivocas en eso!
-¿Ya te lo dijeron?
-Contigo, van dos personas.

Carlota se ruborizó cuando le concedió la razón a Sergei con sólo mirarlo a la cara.

-Discúlpame.

Él sintió el deseo de estrecharla, pero no lo hizo. 

-Necesito entrenar.
-Acabas de..
-En serio. Una consulta me haría mucho bien. Haguenauer y Tamara me halagan mucho ahora pero no he recibido una tercera opinión sin las palabras "torpe" o "perdedora".
-¿Con consulta te refieres a sólo charlar con alguien a quién no le importes mucho?
-Exacto. Sería un consejo neutral y no me llevaría mucho tiempo. Yo sé que no debo hacer malabares.
-Si explicaras todo con claridad, te ahorrarías escenas incómodas.
-Vamos.
-Otro día.
-Pero es una pregunta.
-No corras.
-Otra frasecita que ya me tiene harta.

La chica se sentó en la cama y comenzó a hojear una revista vieja. Interesado, Trankov le preguntó si había un reportaje sobre él. 

-No soy alguien que dé mucho de qué hablar.
-Siempre sacan algo de ti.
-¿Cómo qué?
-Tus romances con famosas.
-¿Sabes que eso es falso, verdad?
-No tendrías tiempo para ser héroe con un montón de novias... Aunque tienes dos.
-Bingo.
-¿Ya decidiste con cuál te vas a quedar?
-No corras.
-¡Matt!
-No me llames Matt, por favor.

Carlota volvió a tomar su bolso y se incorporó. Sergei entendió que la niña insistía en ir al barrio ruso y conociéndola, sabía que terminaría saliéndose con la suya.

-¿Nada te detiene?
-Acompáñame.
-No es una buena idea.
-Serán pocos minutos.

Trankov cedió con la certeza de que más valía seguirla y le ayudó en la enredadera. No sin cierta prisa por lo arriesgado que era encontrarse en público, la hizo tomar calles cortas y no saludar a nadie. Eran las cinco y el recinto estaba a punto de cerrar.

-Qué lata, no me dejarán pasar.
-Si quieres, yo distraigo a la encargada.
-¿Y que más, príncipe encantador?
-¿Oí perfecto?
-Sí. Deberías leer pocos chismes, así te llaman los editores.
-Válgame, qué divertido ... Conversaré con la chica y te metes rápido.

Sergei abrió la puerta y de inmediato saludó a la joven recepcionista que apenas y podía creer que un hombre atractivo le dirigiese la palabra y la hiciera sonreír con un comentario ingenioso. Carlota atravesó un par de puertas más y se topó con condiciones que no hubiera esperado. Los cables del sistema de enfriamiento estaban totalmente expuestos y los de electricidad recorrían el piso, estorbando el paso y con el riesgo de que les cayera agua en cualquier momento por la fuga en un baño. La pista por su parte, estaba detrás de una tercera entrada que rechinaba y era rígida. Las gradas requerían una sustitución urgente y estaba tan frío, que los patinadores presentes se cubrían con mantas mientras se quejaban de que la pista parecía agua. 

-¡Ya acabamos ¡Todo mundo a la regadera! - gritaba molesta una mujer que aplaudía con enojo para que sus estudiantes se apresuraran - ¡Deben presentarse mañana a las cinco de la mañana en el Club Isbaza! ¡Recuerden que sus rondas son a las ocho!

Acto seguido, los jóvenes se encaminaban a los vestidores o a la salida, con la caras de tedio causadas por exigencias constantes. 

-Fue una mala práctica - señaló la maestra al ver a Carlota - Pero por primera vez en treinta años este club tendrá participantes en los nacionales.

La niña no sabía qué decir y la desconocida se aproximó con peculiar interés. 

-¿No crees que ya tuvimos demasiado con lo que pasó en la mañana? ¿Vienes a disculparte por alocar a los niños, Liukin?
-Creo que no.
-Honestidad, me gusta. ¿Qué quieres?
-¿Quién es usted?
-Rayos, no soy famosa.
-Estoy buscando a Alena Makarova.
-¿Es que nadie lee la placa de la recepción?
-No la vi.
-Está en la única pared que se ve al entrar.
-No me fijé.
-Todo mundo se excusa con eso. Alena Makarova soy yo.
-Usted no parece rusa.
-¿Qué? No tengo los rasgos pero no significa que no lo sea, niña.
-Es que..
-¿Esperabas ver a una chica rubia con ojos claros? 
-No.
-Estereotipos. Si una tiene el cabello castaño y está bronceada es difícil que crean que sus padres son del Kremlin. Bienvenida, Carlota ¿Qué se te ofrece?
-Vine por ... por .. 
-¿Por?

La pequeña fue invadida por una inmensa timidez. La mujer no aparentaba un carácter dominante, lo tenía y lo demostraba con su tono de voz. Involuntariamente, Carlota le dió la espalda.

-¿Tu entrenadora?
-En mi casa.
-La llamaré. Dame el número.
-No hace falta. Creo que mejor me voy.
-Aguarda.
-¿Ahora qué?
-Nadie viene a mi pista sin decirme que busca. 
-Es.. es que..
-Dios mío. 

La niña se llevó las manos al rostro. Makarova se suavizó un poco.

-¿Traes patines?
-Sí.
-Póntelos. Platicaremos.

Carlota calzó sus botines y se deslizó hasta la mujer. Trankov entró en ese momento y se colocó en las gradas.

-¿Él te acompaña?
-Sí.
-Quiero creer que es cierto. 
-Es mi amigo.
-Claro ¿A qué has venido?
-Una pregunta.
-¿Cuál?
-Tengo que corregir un defecto. Mi salchow* es terrible.
-Es un giro demasiado fácil. Muéstrame.
-¿Quiere que .. patine?
-Por supuesto, tengo que ver tu falla.
-Pero no ..
-¿No, qué?

Carlota bajó la mirada y comenzó un sutil calentamiento. A Sergei no le gustó ver aquella escena.

-Nada de malabares, lo mencionaste.

Pero la chiquilla no hizo caso. Alena revisó el reloj y gritó nuevamente para llamar a sus alumnos y despedirse de ellos.

-¡No falten mañana a sus evaluaciones! ¡No olviden que las certificaciones de agosto dependen de esto!
¡Liukin, no te alejes y dile a tu invitado que lo quiero con cuchillas, ahora!

La niña exhaló con un poco de calma. La mujer se tornó más afable.

-Cámbiate de ropa. Tengo un vestido en mi maleta. Te lo daré. 

Carlota recibió un traje viejo y ajustado, parecido al uniforme rojo del Masters. Coincidentemente, ella deseaba presentar nuevamente el programa de Romeo y Julieta y le parecía adecuado que fuera de una vez. Con el cabello recogido y sintiendo que el tiempo transcurría rápido, volvió al hielo a dar un par de vueltas. La superficie era en extremo acuosa y eso no era conveniente.

-Haz todo lo que sabes, piruetas, extensiones, coreografía ... Necesito ver tu saltos, Carlota - ordenó Alena. Comprendiendo que las cosas no habían salido como las imaginaba, Sergei permaneció al lado de lado de la mujer. 

-¿Estás lista? 
-Eso creo.
-Comienza ya.

Obediente y grácil, la chica procedió a enfocarse. Llevada por la emoción, Makarova tomó del brazo a Sergei y sacó una libreta de su abrigo.

-Cuénteme de ella.
-¿Disculpe?
-¿Qué me puede decir de Liukin? ¿Es una buena jovencilla?
-A veces empalaga, pero todos los que la conocen la quieren incondicionalmente. 
-Eso es mejor de lo que creí ... ¿Y su familia? ¿Se llevan bien? ¿Sus amigos son personas sanas?
-Ambas cosas ¿Porqué?
-Porque no lo puede ocultar. Nadie en este lugar cuenta con apoyo y la diferencia se percibe. Los que entran aquí, literalmente escapan de casa. Lo malo es que los Isbaza han comprado el terreno y pronto demolerán el lugar. Le he buscado a mis alumnos nuevos sitios para seguir practicando pero a las parejas nadie las quiere; todos buscan bailarines o individuales, los equipos de figura no son proyectos que interesen. Por otro lado, el Instituto de Cultura no ha metido las manos por un edificio histórico y eso me da pena. 
-Este es el primer club de patinaje que se creó en la ciudad, lo sé. Un tal Mattiah Weymouth lo diseñó. 
-Él también hizo las vías y Poitiers... También derribarán su Panorámico y casi todo el vecindario Blanchard. Esto dejará de ser una ciudad hermosa.

Por hacer una analogía, Trankov decidió comparar a Carlota con el destino de Tell no Tales. La niña era tan vibrante, que él casi podía escuchar algo parecido a la música. La chica giraba con belleza y buen ritmo; la pasión se le salía por los poros y cada vez iba más rápido. 

-Amo sus piruetas. 
-La chica es muy buena.
-Ojalá hubiera sido rusa porqué su técnica sería mejor todavía. Su maestra logró crearle un estilo fantástico. Yo apenas y lidio con lo raro que es el mío.
-Cada quién hace lo que puede.
-Hay cosas para lo que se tiene corazón y otras que simplemente necesitan apartarse... ¿Ya vió eso?
-Perdone, no.
-El primer salchow salió un poco forzado. El segundo no fue mejor, casi aterriza en dos pies.

Sergei prefirió seguir la corriente aunque eso significara demostrar que era un poco ignorante al respecto. Miró el recinto y Makarova advirtió que él se conmovía. 

-Qué lindo trabajo ¿Verdad? Liukin tiene futuro.
-Definitivamente... ¿Sabía que el París - Bercy** es una réplica de este lugar?
-Sí, yo he estado allá, caballero. 
-Esa niña pisará ese recinto, se lo aseguro.

Ambos volvieron a prestarle atención a Carlota. La chica mostraba sus extensiones hasta que se le ocurrió saltar de nueva cuenta. Confiada en que su salchow saldría bien, se impulsó pero se enredó con sus piernas. Sergei fue rápidamente a levantarla.

-Mira mi mano.
-Estoy bien, tienes cinco dedos y recuerdo dónde vivo.

Alena contempló las manos de Trankov y su gesto protector con la pequeña. El hombre era demasiado alto y Carlota sin duda, habría sido su compañera de haber patinado juntos y él fuera más joven. 

-Ya sé que es lo que te ocurre, Liukin - señaló Makarova - Te atoras porque el salchow es lento y alcanzas poca altura. Se corregirá pronto si abandonas el vicio de querer ir a la segura. Tu problema es mínimo, se arregla con la práctica insistente. Si me preguntas por lo demás, fue precioso. Ve a casa. 

Pero el hielo le jugó una mala pasada a la niña y ésta se encontró a nada de golpear su espalda de no ser por Sergei que se interpuso entre ella y la superficie que parecía derretirse. Carlota se incorporó y le tendió la mano pero cruzar la pista fue una pesadilla resbaladiza y el guerrillero sostuvo a la chica Liukin que no podía andar sin tambalearse aunque él no la pasaba mejor y al cambiarse el calzado, notaron que el piso de baldosas estaba húmedo y el riesgo de caerse continuaba, por lo que él se dispuso a tomar apoyo de las paredes y no soltar el brazo de la pequeña. Makarova los despidió burlándose un poco y una vez sola, escribió:

-"Conocer a la novia de mi hijo, hecho" 

Sonriendo, la mujer se acercó al sistema de enfriamiento y dándole un golpe, lo alteró. Sergei regresó por la maleta olvidada de Carlota y atisbó con nostalgia y tristeza el club, percatándose de que no sería capaz de salvarlo. Alena fingió que estaba por marcharse y le dijo adiós, pero le retuvo un momento. 

-Lleve a esa patinadora a París. Tell no Tales se ha convertido en una trampa y usted lo ha notado, lo he visto en sus ojos. Haga lo que sea para que esa jovencita decida marcharse y no regresar. Prométalo.
-Señora ..
-¡Prométamelo! 

Trankov se asustó un poco por la brusquedad de aquella mujer y no tardó en caer en cuenta de que le hablaba en serio. Terminando su analogía, concluyó que la caída de Carlota era una señal de lo que pasaría con una parte de sí mismo y la sugerencia de abandonar el lugar era un boleto de salvación para evitar la frustración, la impotencia y la nada.

-Lo juro.
-Gracias, señor Weymouth.
-¡¿Cómo ..?!
-El viejo del muelle me contó su secreto. Ahora entiendo porqué ha peleado tanto, ha de ser muy duro interpretar a Sergei Trankov y no recibir una muestra de gratitud por defendernos todo el tiempo. Aléjese, porque presiento que no podrá soportar el dolor. Lamento mucho que derriben la ciudad que usted construyó. 

Poco a poco, el ambiente se heló en extremo.

-¿Estará bien?
-Sí. A esta hora es normal que esto pase, Weymouth. Yo saldré apenas revise que todo esté en orden.

Desconfiado, Sergei volvió con Carlota. Alena Makarova, sintiéndose satisfecha, dirigió sus pasos a la pista, se recostó y le brotó una lágrima. A su alrededor se formó una niebla espesa y pensó en la niña Liukin y su rutina, ya que nunca antes había visto algo más bonito. La nieve se acumulaba en los rincones y parpadeó por última ocasión. El sueño la había vencido. 
(Continuará)



*El salchow fue inventado por el patinador sueco Ulrich SalchowEl patinador prepara el salto patinando hacia atrás, después voltea para patinar de frente, hace un giro en tres exterior (un giro básico que parece a un "3" en el hielo) para colocarse en un costado interior trasero, en esa posición, usa una fuerte presión en el costado interior para levantarse del hielo haciendo, una (salchow), dos (doble salchow), tres (triple salchow) o inclusive cuatro (Cuádruple salchow) vueltas en el aire
y aterriza sobre el hielo. 

**El Palais Omnisports de Paris-Bercy, también conocido por su acrónimo POPB o simplemente Bercy, es un recinto multiusos ubicado en el Boulevard de Bercy en la capital francesa. Ha sido utilizado tanto para eventos deportivos, como musicales o culturales; entre ellos, el evento anual de patinaje artístico Trophée Éric Bompard dentro de la serie Grand Prix


1 comentario:

  1. a veces me pierdo entre los personajes , falta algo aquella conexión, va bien pero a veces se pierde @pokemonera

    ResponderEliminar