martes, 30 de octubre de 2012

Una plática inusual


Iba a ser un homenaje a "13 going on 30" pero los héroes ameritan un  recuerdo.
Un poco tarde, pero feliz cumpleaños Edwin Van der Sar.

Carlota abandonó su habitación a la media hora de que Sergei se fuera y después de preguntar en la recepción si había un mensaje para ella y recibir un sobre; se dirigió a tomar algo. Como la fiesta del vagón siete continuaba, el servicio de las camareras se mantenía suspendido, así que la joven optó por aguardar en el solitario comedor hasta que un oficial descuidó su puesto por una llamada y ella atravesó la puerta giratoria hacia el bar.

Al interior, las mesas de billar estaban ocupadas por hombres que no habían tenido fortuna de convivir con chica alguna en la recepción y la barra se hallaba solitaria. El cantinero le daba la espalda a todos al tiempo que limpiaba un par de vasos de clientes recientes y lucía cansado. 

-Deme un electrolito, por favor.
-Claro, en un momento.

El hombre se apresuró y giró sobre sí, sin poder evitar su sorpresa.

-Wow ¿Quién te dejó pasar?
-Nadie vigila.
-No puedo servirte nada.
-Tengo la boca seca y nadie esta trabajando.
-Mmh .. ¿Vienes por suero, verdad? ¿Qué sabor prefieres?
-Todos saben mal.
-El de moras es el menos horrible ¿Lo quieres?
-Da igual.
-Lo que se bebe nunca da igual ¿Cuál elegirías normalmente?
-Fresa.
-Tómalo.
-Gracias.

Carlota estaba a punto de dejar el lugar cuando el sujeto soltó una risita.

-Yo te conozco. Te vi en ese bar, XO. Te fuiste corriendo cuando te tiraste el martini.
-¿Qué?
-Nunca se me olvida una cara y menos la tuya porque es engañosa.
-Me voy.
-Adiós, bonita.
-¿Cómo me llamó?
-Eres muy bella y creo que nunca te lo han dicho directamente.

En lugar de marcharse, Carlota se detuvo a pensar. El cantinero estaba en lo cierto. 

-¿Lástima que seas una niña, no te parece?
-¿Qué dice?
-Es que se nota tu intención de aumentarte la edad.
-Como diga.
-Te observo.
-¡¿Cómo se atreve?!
-Es que llamas la atención. Desde que subiste a este tren casi todos hablan de ti y te puse en el radar, pero no te preocupes, sólo es para estar al tanto de las noticias.
-¿Se puede saber qué dicen de mí?
-Son secretos profesionales.
-¡Ay, no! Cuénteme.
-Desde mi posición de servidor de tragos debo recalcar que mi labor incluye decirte que los admiradores te llueven pero ninguno te conviene y que deberías ponerle miel a los wafles que te sirven en el desayuno.
-Es como no decirme nada.
-Exacto.
-No tiene chiste.
-Decir todo y a la vez nada es un arte magistral.
-Pero es inútil.

El bartender miró a Carlota con la seguridad de que no se molestaría si intentaba platicar con ella.

-Deja esa sal con agua, te haré un jugo de tomate. 
-Mejor no.
-¿Por qué?
-Es obvio ¿Tendré problemas a la salida, no es así?
-El policía ya regresó.
-Rayos.
-Mejor siéntate, el cambio de turno será pronto.
-Bien, pero pagaré mi bebida.
-Olvídalo, yo lo cubro.
-¿Tengo cara de "invítenme cosas"?
-Así es.
-¡No es posible!
-¿Tampoco te han dicho que tus gestos son curiosos?
-Qué extraña pregunta.
-Es imposible sentir apatía por alguien tan honesta.
-Honesta, ajá.
-¿No lo eres?
-Últimamente no.
-Charlemos. Dime por qué piensas que no eres honesta.
-No lo conozco.
-Soy cantinero, no tienes que ser mi amiga.
-No confío en ti.
-Lo sano es que nadie confíe en tipos como yo más allá de esto. Sólo soy parte del desahogo colectivo, no se espera que salve la vida de nadie.
-Entiendo.
-Ahora sigamos: ¿Porqué no has sido honesta? Dime sin miedo.
-Ah ... Me cuesta explicar.
-Aquí está el jugo ¿Quieres salsa tabasco para darle sabor?
-No mucha.
-Bien ¿En qué estábamos?
-En que no he sido una buena persona en la última semana.
-Un lío reciente ¿De qué se trata?
-¿Has tenido novia?
-Alguna vez.
-¿Te pasó que no sabías qué sentías por ella?
-¿Podrías ser más específica?
-Que llevabas una relación tranquila con tu chica y un día te topaste con alguien del pasado.
-Es algo muy común.
-Es mi enredo y lo peor es que mi chico cree que sólo ando distraída.
-¡Tienes novio! 
-Lo acabo de decir.
-Es que ¿No estás muy pequeña?
-Todo el mundo se empeña en insistir con eso, y me harta escucharlo a cada rato.
-No lo tomes personal.
-Ese es el punto; yo pienso que ya no soy una niña.
-No das esa impresión.
-Ahora sé que en realidad son dos cosas las que me están molestando.
-Explícame.
-El primero es que todavía tengo trece años pero me gustaría ser mayor y el otro es que no he dejado ir a una persona que significa mucho para mí y ha comenzado a interferir entre mi novio y yo.
-Otro wow ...  Vayamos por partes ¿Porqué te gustaría tener más edad?
-Porque la vida parece más sencilla y cuando no saben qué hacer, siempre saben qué hacer.
-Ojalá pudiera pensar lo mismo de mis cuentas y de la renta.
-Además, los adultos pueden estar con quién quieran; una chica como yo sólo ve el amor pasar.
-En realidad, los problemas se van complicando con el tiempo.
-Pero con una plática lo pueden arreglar.
-No. Cuando creces, te vas dando cuenta de que la vida es compleja y las personas se han vuelto extrañas porque las responsabilidades llegan y lo que valorabas ahora debe hacerse a un lado para que puedas continuar. Pasa con todo, de hecho el amor es lo primero que se va y la gente se desilusiona de sus parejas, se divorcia o nunca encuentra al o la indicados.
-Pero si te enamoras de alguien mayor siendo adulto, no hay nada que te detenga.
-No es tan simple. Hay hombres y mujeres que se aman y aún así deben ir cada uno por su lado.
-¿Por qué?
-Por el tiempo. Parte de ser adultos es darse cuenta de cuando hay que enfocarse en una pareja o en una carrera, o cuando es necesario estar solo. También sucede que la edad representa un obstáculo muy grande por lo que ambos han vivido y omitido en el camino... Pero a ti te pasó algo diferente, supongo.

Carlota recargó su rostro en la barra y con su ánimo depresivo, optó por aprovechar la oportunidad de hablar de una vez.

-Me enamoré de un hombre.
-¿Qué tan mayor?
-Tiene treinta y dos años.
-Qué mal.
-Es alguien muy especial.
-¿El primer afortunado?
-Lo amo.
-¿Segura?
-¡No quiero verlo más porque siempre que estoy cerca de él, lo meto en problemas y en realidad, yo deseo que sea feliz y que se olvide de mí!
-¿Entre ustedes pasó algo? 
-Lo besé dos veces.
-¿Cómo reaccionó?
-Mal, huyó. La segunda vez se disculpó y no lo comprendí.
-Tal vez consideró que debía hacerlo. 
-¿Alguna idea?
-Eres una niña y se me ocurre que él creyó que te hacía daño. Tal vez te aprecia y pedirte perdón fue su forma de protegerte o al menos de no hacerte sentir equivocada o terrible por el rechazo.
-¿Entonces?
-Es obvio, elegiste a un buen tipo, de lo contrario no estarías aquí a las cuatro y media de la mañana volviéndote fanática de la salsa tabasco. 
-¡Y ahora no sé qué hacer con Joubert!
-¿El otro afortunado?
-Yo  ... Todo iba bien pero se me ocurre ponerme loca con ... el tipo.
-¿Por qué te volviste novia de Joubert?
-Porque me gusta y es romántico y así.
-¿Nada más? 
-Le dije que lo amaba .. De hecho lo grité.
-¿Qué te llevo a eso?
-Estaba asustada.
-¿De qué?
-De no ver a nadie nunca más. Sólo se me salió cuando lo vi en mi apartamento después de que me aventaron petardos en un parque y luego solté otro porque debía conversar con él por algo viejo.
-¿Sueles expresarle cosas parecidas todos los días?
-No; más bien es él quién me saluda o se despide con "te amo, Carlota".
-Tienes un grave problema ... ¿Por qué no cortas con él?
-Es que Joubert tiene algo raro; yo siento que encontré mi lugar.
-Pero no es lo que quieres.
-De hecho, sí. De lo único que tengo certeza es que vamos a estar juntos.
-Si a eso vamos, te aconsejo tener trece años y disfrutarlos. Deja de lado todo este tema del amor y dedícate a otras cosas.
-¿Es todo?
-Habla con quién tengas que hacerlo y da vuelta a la página. No pretendas adelantarte al tiempo; ve lo que te ha sucedido. 
-Gracias por escucharme.
-De nada, madame.
-Aquí esta lo del jugo y mi electrolito, quédate con el cambio y regálame la salsa.
-Y por favor no regreses por una cantina hasta que hayas cumplido treinta.
-Hecho.

Carlota caminó con una repentina sonrisa en la cara y el policía encargado de la puerta giratoria se abstuvo de preguntarle cómo había logrado entrar al bar, temiendo quizás que alguien más se diera cuenta y lo reportara. La joven aceleraba su paso conforme se aproximaba al corredor principal y le dió los buenos días al recepcionista.

-Quiero hacer una llamada.
-¿Destino?
-Tell no Tales. 
-Tu nombre por favor.
-Carlota Liukin.
-Liukin ... Tienes otro mensaje.
-Démelo después.
-De acuerdo ¿A qué número llamarás?
-A la extensión 753.
-Número privado, bien. Tendrás línea en la estación siete.
-Gracias.
-¿Estás llamando a alguno de tus familiares?
-Eh .. Claro, usted tranquilo.

La chica Liukin se encerró en la cabina y sujetó el auricular con fuerza mientras escuchaba un timbre musical en la espera. Pronto hubo respuesta.

-¡¿Edwin?!
-¿Hola?
-¡Eres tú!
-¿Carlota?
-Me hacía falta escucharte.
-Pequeña ...
-No, no hables, sólo óyeme ¿De acuerdo?
-Sabes que debo colgar, no es correcto que nos dirijamos la palabra.
-Estoy loca porque me encuentro encerrada en un tren y ahora sé que besarte fue una tontería, pero no voy a disculparme porque no me arrepiento de haberlo hecho.
-No sería pertinente discutirlo.
-Llamo para decirte que ya entendí.
-¿Te sientes bien?
-¡Nunca he estado tan cuerda!
-Carlota, tranquilízate.
-Edwin ¿Sabes que es tener trece años? ¡Soy una pequeña niña y me queda poco tiempo para seguir siéndolo! ¡Tú eras mi motivo para crecer! ¡Yo soñaba con llegar a ser una mujer para que te fijaras en mí y tenía la ilusión de que me esperarías porque un día voltearías y te darías cuenta de que éramos  el uno para el otro!
-Lo siento, yo no ....
-¡No deseas hacerme daño, no necesitas decírmelo! No era tu intención ganarte mi corazón y tampoco era mi intención incomodarte tanto. Yo anhelaba hacerte feliz pero ¡Por Dios, Edwin, eres un hombre y no te hice caso cuando me lo recordaste un día de San Valentín!
-No llores.
-No es llanto de tristeza, es que me emociona que hayas contestado tan temprano y parece que te encuentras sano y contento. Me alegra que no estés molesto conmigo y que sigas con tu vida normal sin pensar en mí. Edwin, este es el final y sólo voy a despedirme diciéndote que eres el hombre más lindo y maravilloso que he conocido y te agradezco todas las sonrisas que me has provocado.... Te amo.
-Carlota ...

La chica Liukin terminó abruptamente la llamada. Le estaba dando jaqueca y corrió a refugiarse debajo de su cobija. Mientras tanto, en Tell no Tales, Edwin empapaba su rostro sin atinar a sentirse bien consigo mismo. Carlota merecía algo más que un "lo siento", merecía una disculpa de verdad, una señal de que él estaba profundamente halagado por ser su primer amor y que continuaría siendo su héroe; aquél hombre que se esforzaba por convertirse en el mejor guardameta del mundo.

2 comentarios:

  1. Vaya.. Llevaste la clásica y trillada plática del cantinero y su cliente a otro nivel, pero sin dejar de lado la indiferencia que esto presume. La forma en que la protagonista primero es la cerrada, el cantinero la convence de sincerarse, y luego el mismo se pone indiferente es muy buena. Los clásicos no fallan. También me encantó la incognita que dejas con el mensaje que no quiere recibir en el momento. Las mismas palabras de siempre: sigue asi, In. Un abrazo.

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  2. Termino de leerte y como colofón me encuentro en el video a Jennifer Garner (uno de mis amores platónicos), y al gran Billy Joel, uno de mis compositores-cantantes favoritos (¿Te suena "Piano man"?)

    Bueno, Carlota, la pequeña Carlota, la niña que quiere ser grande y piensa que ser grande significa interactuar físicamente con el sexo opuesto; Carlota la precoz, Carlota la niña travieza y atrevida que no mide las conscuencias de sus actos; la Carlota que me hizo recordar fugazmente a la "Lolita" de Vladimir Nabokov; la Carlota, que al igual que "The Free Design", me dejó con la curiosidad de saber qué decía el mensaje que pidió se le enregara después; la Carlota de la que quiero saber más.

    Me gustó, Ingrid. Felicidades.

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