miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los veintidós mil abrazos (Vika!) (Oda a los regalos)


A @Mike_Lindemann

El teniente Maizuradze despertó en la madrugada, consciente esta vez de que el tren arribaría a Hammersmith en punto de las once de la mañana. La rutina del insomnio llevaba catorce años ininterrumpidos y el hombre miraba con desdén las insignias de su uniforme militar, que brillaban insoportablemente aún dentro de la oscuridad más extrema. En la cama de al lado, Joubert dormía plácidamente, abrazando al también pacífico gato de Carlota, mismo que no temía ser confiado y un poco perezoso.

-Descansa, Joubert - musitó el teniente que abandonó la habitación al colocarse una playera y tomar una abultada bolsa de papel. En el solitario pasillo, el encargado de la limpieza realizaba sus labores y platicaba con una cooperativa Adelina Tuktamysheva que colocaba jabón en gel en un trapo para asear las perillas. El teniente pasó de largo.

Desde la publicación del artículo acerca de Zooey Isbaza en una revista, al señor Maizuradze le daba la impresión de que la gente se había vuelto excesivamente extrovertida y por eso, comenzaba a amar la posibilidad de hablar en la clandestinidad de los muros falsos con alguien que no compartiera tal condición y dialogara sin temor a ser criticado. Al acercarse a la bodega del vino, el hombre golpeó la madera como si se tratara de una puerta.

-Trankov, hay un asunto que debemos tratar - pronunció cuando el guerrillero abandonó las sombras; este último le estrechó la mano y lo introdujo a su escondite, que asemejaba un cubo de madera donde se depositaba forraje seco y donde Lubov había logrado adaptar un espacio para dormir en el suelo rígido.

-Viaja en un sitio muy incómodo, Sergei.
-Es el precio de ser fugitivo.
-Es un costo muy barato.
-Me desconcierta su dureza.
-Soy mucho más viejo de lo que usted será, jovencito.
-Habré disfrutado la vida, supongo ¿Qué se le ofrece?
-Vine a confiarle unos objetos curiosos.
-Usted no me tiene en su gracia.
-En cuanto lleguemos a Hammersmith, Sergei, desaparecerá y mis pequeños juguetes con usted ¿A dónde podría ir un guerrillero simpatizante de la causa anti gobierno mundial? A la región francesa vasca, dónde ni un remedo de inspector se atreve a entrar.
-Pensaba tomar la opción de presentarme ante Putin.
-Vamos, Sergei; usted no se vende.
-Me descubrió, soy incapaz de claudicar.
-Hay algunos instrumentos que podrían servirle, por eso quiero que los tenga.
-Muéstreme.

Maizuradze introdujo sus dedos en la bolsa de papel, tomando con despreocupación una especie de canica hueca.

-Balines Rostov - susurró Trankov.
-¿Los conoce?
-Los busqué en el mercado negro pero los únicos a la venta fueron adquiridos por un tal Matt.
-Líder de la pandilla Rostova.
-Así que fueron ellos. He oído que han causado disturbios.
-Se han vuelto populares desde que usted abandonó Tell no Tales.
-Hasta mis críticos acérrimos ahora me defienden diciendo que ellos son mis imitadores.
-Cuya involuntaria alianza con los Korobeynikov es un secreto a voces discretas.
-La mafia rusa no es de mi estilo.
-De todas formas conserve los balines, Sergei.
-¿Cuántos vienen?
-Quinientas piezas auto reparables, más compactas que el modelo anterior y más precisas.
-Estoy a la moda.
-Lo mejor es que los balines no se activan con movimientos bruscos o caídas, pero tenga precaución al lanzarlos porque se adhieren a la superficie, objeto o construcción deseada, desarmándolos casi en el acto. Aunque funcionan como siempre, su sistema de boomerang permite una recuperación más veloz.
-¿Y todo esto lo hizo sin guía?
-El plano está en mi cabeza.
-¿A dónde va?
-A vestirme apropiadamente; mi hija me espera.
-Son las tres.
-El tiempo pasa tan lento que por lo mismo se acelera. Cuide lo que le dí y no haga preguntas. Por cierto, olvidé decir que no los podrá abrir para ver qué traen por dentro. Pásela bien.
-Usted tan cortante.
-Digamos que soy conciso.

Sergei creyó que leerle la mente al teniente Maizuradze no era un acto sensato, aunque fuera tentador descubrir el secreto de los balines Rostov o la auténtica razón de su conducta amigable/hostil con él; pero sintió sed y optó por salir al bar, dónde el televisor estaba encendido y podía observar nuevamente a Viktoriya Maizuradze; pero no respondiendo preguntas sino en su programa, con un sándwich de nutella: la chica había comido tres emparedados y la cuenta parecía continuar.

-Tú si eres simpática - caviló el guerrillero, que no contuvo la carcajada ante la secuencia de bloopers que siguió. La joven era afectuosa con sus compañeras, les jugaba bromas ligeras y cuando creía que estaba sola bailaba arrítmicamente al más puro estilo de la rana Kermit* o miraba su álbum de fotografías al tiempo que ella lagrimeaba  y repetía "te extraño" una y otra vez. En la escena, una chica se aproximaba a Vika para preguntarle qué le sucedía y consolarla. En la cortinilla se informaba que Sandra Izbasa había trabado amistad con ella durante el año.

-"Ya verás a tu papá".
-"Es que tengo miedo porque otras veces me emocioné porque iba a venir y de última hora cancelaba".
-"Esta vez, no".

Por un momento, Trankov se conmovió con Viktoriya. La muchacha proyectaba sinceridad en su desconfianza y partía el corazón verla abrazando su muñeca. El guerrillero entonces, imaginó como reaccionaría la chica si su padre lograba llegar a tiempo o un poco antes a Hammersmith y se hacía presente en las gradas; si correría a abrazarlo, si caería en llanto, si gritaría o se lo presentaría a cualquiera que se le pusiera enfrente diciendo: "¡Mira! Este es mi papá"; como si con eso se borraran años de decepciones continuas y ausencias dolorosas. También podía visualizar a Vika mirando continuamente a su padre para mandarle un beso o a Zamo, Grishina, Pavlova o la fría Khorkina dándole la mano al teniente Maizuradze y por último, cada gesto, salto o combinación en las rotaciones de Viktoriya, que saldría inspirada para ser campeona mientras se contentaba con pensar que los pocos días al lado de su padre durarían una eternidad o sucedería el milagro que le permitiría permanecer con él para siempre, para darle los más de veintidós mil abrazos que anhelaba regalarle, los veintidós mil momentos felices reprimidos por su lejanía, las veintidós mil frases contenidas en un corazón pequeño, que también albergaba las veintidós mil formas de agradecer una promesa cumplida, cualquiera que fuera. Veintidós mil era la cifra y era la mínima parte de lo que Vika sentía por su padre, quién carecía de al menos una disculpa, una frase o un abrazo.

Veintidós mil a nada. Una apuesta demasiado fuerte, una apuesta perdida que Viktoriya había tenido que realizar injustamente.



*Kermit es mejor conocida como la rana René de Los Muppets y al baile al que me refiero en el cuento es el siguiente: 

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