sábado, 23 de febrero de 2013

Viviendo en 1984


Ana Porgras / B. Sohwall ©

Inspirado por George Orwell

Cada vez que Bérenice pasaba enfrente del buffet de comida china en la avenida Gardel, una sensación de hambre insaciable le invadía y se introducía en el local junto con los Rostova, mismos que recibían generosos descuentos por parte del señor Feng por hacerlo famoso. Inclusive, Matt abandonaba su talante estricto y no ocultaba su preferencia por un guiso de calamar con brócoli al que inundaba con salsa siracha.

A Bérenice sin embargo, no le interesaba tanto el sabor de la comida, sino la abundancia. Le llamaba la atención que en la Tell no Tales del Gobierno Mundial hubiera prosperidad y que la gente pudiera determinar su dieta, en contraste con la Tell no Tales del espejo en la que aún había secuelas de guerra y todo lucía muy triste.

-"¿Por qué los dejan ser fuertes y felices? ¿Por qué a nosotros nos negaban todo?" - pensaba a menudo mientras se detonaban un montón de recuerdos deprimentes. Por ejemplo, sus padres:

Bérenice era hija de Micaela y Roland Mukhin, que eran nada menos que los Gabriela y Ricardo del espejo, sólo que vivían en un apartamento diminuto y sin comodidades, tenían empleos previamente asignados por una cosa llamada "Pacto" y normalmente su salario era bajo y recibían cupones canjeables por pasta de dientes inconseguible, jabón tan duro como la roca y atuendos que más bien parecían uniformes. Micaela en especial portaba vestidos de franela gris, que a menudo remendaba antes de colocárselos e irse a trabajar en una oscura fábrica de cajas. Su padre siempre vestía de azul, cosa que indicaba que laboraba en un criadero destazando pescado, pero por alguna razón, nunca había tal alimento en la casa de una familia común. También recordaba que su hermano mayor, un diablillo llamado Andreas, portaba una camisa verde de tono horrible y un pantalón visiblemente más amplio que el resto de los niños. Su madre a menudo comentaba que el chico iría a la Fuerza Aérea y por eso el Pacto les "honraba" con prendas un poco más resistentes. Entre los vecinos, un niño con uniforme verde infundaba respeto y su familia dejaba de ser vista con conmiseración entre los obreros.
Bérenice sólo los escuchaba decir que Andreas había sido escogido para ser un héroe, lo que significaba que los Mukhin eran mejores ciudadanos que el resto.

-"Lástima por el pobre Kuragin" - musitó una mujer obesa a la que nadie, salvo la niña Mukhin, escuchó.

Kuragin era otro recuerdo, pero más difuso. En alguna época, Bérenice había tenido un hermano menor, pero el Pacto se lo había llevado un junio. En casa, nadie parecía acordarse del niño, salvo Micaela que colocaba una silla extra a la hora de la cena. No se sabía que había sucedido con él.

Inmediatamente después, Bérenice retornaba a sus pensamientos sobre la ropa. Durante su primer año escolar, ella había portado un uniforme de pantaloncillos cortos y playera caqui, sombrero y una pañoleta roja. Indudablemente, eso volvía a generar la envidia social porque el atuendo indicaba que podía ser una gran científica. Pero aquél futuro acabó poco después, cuando los Mukhin recibieron una carta del Ministerio de Deportes que contenía cupones para adquirir gratuitamente la indumentaria de entrenamientos. Bérenice había sido seleccionada para ser gimnasta.

-"Excepcionales noticias: el Ministerio de Deportes y el Pacto Unificado del Gobierno Mundial te han considerado para ser parte del equipo nacional de Tell no Tales. Eso significa que defenderás la bandera con los más altos estándares de disciplina y serás el ejemplo a seguir de muchos ciudadanos. Nuestra misión concreta es convertirte en la próxima Liudmila Tourisheva".

-¡Tourisheva! ¡No es cualquier cosa! - exclamó Micaela - ¡A las pocas niñas que reciben el sobre les dicen que serán la nueva Nelli Kim! ¡A Bérenice le darán algo mejor!

El comentario no era tan trivial. Como Nadia Comaneci no existía en la Tell no Tales del espejo, la referencia máxima de perfección era Liudmila Tourisheva, ganadora de un medallero infinito y heroína del país. Tourisheva había sido formada bajo una disciplina extremadamente dura y era la imagen del régimen, a tal grado que la ahora mujer aparecía en los discursos, celebraciones y campañas promoviendo algo llamado "disciplina progresista", que por supuesto, no existía para los obreros.

Dentro de los cambios en la vida de Bérenice a partir de la carta estaba la alimentación. La niña cambiaría el guiso de habas que le correspondía por una dotación diaria de frutos secos y semillas, cinco cartones individuales de leche de vaca o de cabra, verduras cocidas de vez en cuando, pan negro y tripas de gato*. Aquél menú despertó la envidia de Andreas, que a diario ingería un plato pequeño de sopa de lentejas con espinacas crudas y una ración de pollo una vez por semana, además de fruta los domingos y un botecito con yogurth aguado; pero más tristeza daba la comida que le tocaba a Micaela y Roland ya que al ser simples trabajadores sólo tenían derecho a harina de maíz con agua y una porción semanal de zanahoria o calabaza crudas.

Aún así, la niña Mukhin sólo manifestaba preferencia por los arándanos y las almendras. La leche era agria, el pan era rígido y además, su hermano siempre le arrebataba sus verduras; pero la peor parte eran las tripas de gato. Bérenice las odiaba porque estaban hervidas y se servían junto con el caldo resultante, pero el olor era espantoso y aunque no llevaba sal o condimentos, el sabor resultaba repugnante. Andreas le golpeaba las piernas antes de quitarle el plato y sus padres no intervenían, ya que el muchacho ante el régimen tenía preferencia y podía tomar lo que gustara con tal de volverse fuerte. La niña siempre quedaba con hambre y se le formaba un hueco que no podía llenar cuando comprobaba que Andreas también hurtaba su almuerzo para el receso. Lo malo era que una gimnasta tenía prohibido llorar o quejarse y Bérenice la pasaba mal con su entrenador, mismo que la trataba con crueldad y acostumbraba darle palizas desde el primer encuentro; todo fuera por obtener el éxito. Por eso, a Bérenice se le quedó grabada la ocasión en que una pequeña cayó de las barras asimétricas durante un entrenamiento grupal y se rompió la rodilla izquierda. Los profesores no la auxiliaron y comentaban fríamente que esa alumna no pasaría de ser una Yelena Naimushina cualquiera, es decir, una simple miembro del equipo si corría con suerte y cuando mucho ganaría una o dos medallas de plata o bronce en toda su carrera. Mientras las compañeritas continuaban practicando con normalidad, Bérenice detuvo su tanda en la viga de equilibrio y se aproximó a ayudar a la pobre desafortunada, que comenzaba a gimotear de dolor. No imaginaba porqué, pero a la chica Mukhin le parecía que su madre habría hecho lo mismo y con el mayor cuidado posible, levantó a la herida y la llevó a la enfermería. Ese gesto provocó dos cosas: la primera fue una mirada agradecida de parte de la desconocida chiquilla, que en la espera por el médico le había dicho que se llamaba Émilie Dufournet (esta última era la Amy del espejo) y la segunda fue que su maestro notificó el hecho a la fuerza pública porque en Tell no Tales nadie ayudaba a los caídos. Dentro de la filosofía del Pacto, un error equivalía a debilidad y un ciudadano debía arreglar todo solo. Hacer lo contrario era característico de los traidores. Esa misma tarde, los Mukhin recibieron la visita del Comité de Vigilancia y un montón de cámaras captaban lo que sucedía en su apartamento. Curiosamente, la mirada de Micaela se tornó satisfecha.

En aquél instante, Bérenice captó que su madre era una mujer muy original, lejana de las otras señoras que sólo seguían los lineamientos de Pacto y criaban hijos de agresividad mostruosa. Lo comprobó cuando Andreas le lanzó un proyectil de papel con su resortera. La mujer tomó el juguete y golpeó al chico en la mano, el cuello y la cara con tres balines, además de decirle:

-Con los demás puedes hacer lo que gustes. En tu casa no tienes derecho a arrojar cosas, menos a tu madre.

"Menos a tu madre" ... Esa frase era revolucionaria. La niña tenía la certeza de que en el mundo nadie había dicho algo parecido y los vigilantes que los filmaban tampoco.

¿Qué significaba "madre"? ¿Por qué el vocablo parecía inspirar un límite y a la vez una especie de respeto? Lo que quedaba claro, era que el nuevo concepto era poderoso. Andreas había bajado la cabeza, como aceptando su culpa y a partir de entonces, sus maldades se vieron reducidas a fastidiar a su hermanita en secreto. Al jovencillo le daba vergüenza portarse mal en la mesa o contestarle groseramente a Roland, que una vez descubierto el punto débil de su hijo había acuñado un término: "padre". Aunque Bérenice continuaba quedándose hambrienta, se contentaba con saber que su apartamento era un lugar mucho más tranquilo y que su madre había comenzado a frotarle los moretones con agua fría, como si intuyera que así se desinflamarían un poco. Esa misma noche, Micaela descubrió que los zapatos de Andreas estaban rotos y en un acto insólito, arrancó las suelas de su propio calzado y las surció al del chico, como si prefiriera andar descalza en lugar de él.

Los Mukhin eran más risueños en comparación con lo demás y como no podían describirlo, al cabo de unas semanas, apareció una nueva palabra: felicidad y más tarde otra: ingenio. Ésta última asustaba un poco ya que se refería a hacer algo diferente. Micaela había forrado una caja con papel encerado y papel aluminio obtenidos del depósito de pescado. Acto seguido, revolvió el harina de maíz con menos agua de la acostumbrada y formó una especie de masa a la que dividió en esferas y aplanó antes de introducirlas en la caja, asimismo abrió la ventana y sacó todo a la intemperie. Cuando Andreas y Bérenice arribaron del colegio, descubrieron que su madre servía una especie de panecillo al lado de las verduras cocidas y las lentejas. Como el harina rendía más, la mujer le compartió el descubrimiento a las vecinas, que comenzaron a imitarla.

Fue ahí cuando la policía decidió pedir asesoría. Con la certeza de que el compartimiento de los Mukhin era una anomalía, se citaron a los mejores psiquiatras de Tell no Tales, pero eran incapaces de dar un diagnóstico sin utilizar el término "pensamiento equivoco", así que debían recurrir a la observación de algún "disidente del Pacto", descripción de los elementos que unían países al Gobierno Mundial después de derrocar a los escasos gobiernos independientes que quedaban. Los disidentes del Pacto eran personas muy conocidas y ocasionaban reuniones en plazas públicas, donde eran vitoreados. El más importante era un tal Elijah Maizuradze, que aseguraba conocer el mundo entero y que solía arrestar a disidentes verdaderos. Para encubrir la misión, se publicó en el periódico que el tipo haría una visita oficial a Tell no Tales la semana siguiente.

Curiosamente, Bérenice no evocaba esos días, pero sí la noche anterior a la congregación de la plaza, cuando su madre le anunció a la familia que no asistirían a aquél evento. La niña se sentía más vigilada que de costumbre y pronto tuvo la impresión de que alguien respiraba cerca de su cabeza.

-Las visitas inesperadas nunca son gratas - pronunció una voz que provocó que Bérenice se levantara aterrada de la mesa y su madre la apretara contra sí.

-Sepárenlas - ordenó la voz. Acto seguido, varios polícias y el Inspector rodearon el comedor.

-Los abrazos son malos, causan una cosa llamada "afecto". Eso es inconveniente.
-¿Por qué? - inquirió un agente novato.
-El afecto hace que los civiles se ocupen de otros. El Pacto no puede funcionar si los ciudadanos no se preocupan solamente de sus labores individuales.

El hombre que señalaba tales cuestiones era ídolo de Andreas, que se apresuró a decir que colaboraría con lo que fuera necesario.

-Dejen ir al chico - ordenó el hombre - Es un ciudadano ejemplar aunque es ... sensible. Se le quitará en la Fuerza Aérea.
-¿Ahora cómo coopero?
-Este crío es estúpido. Lárgate.

Andreas se marchó enseguida, gustoso de salir librado del delito de "disidencia" del cual, los otros tres seguramente eran culpables.

-Arresten al ciudadano Roland Mukhin por desafiar a la autoridad y a Micaela .... ¿Cuántas veces se salió del molde esta mujer? Hacerse llamar madre es manifestar que el Gobierno Mundial no tiene autoridad sobre usted, felicidad es decir que su papel en el régimen no le interesa y el ingenio ... El ingenio es el peor de los delitos ¿Hornos de cartón? ¿Bizcochos de harina para que no supliques por más comida cada mes? ¿Reemplazo de suelas? ¿Curaciones? ... El peor de los delitos no es la traición. El ingenio es el verdadero enemigo.
-¿Es tan peligroso? - preguntó el policía novato.
-¡El ingenio se pega, idiota! Si la masa comienza a pensar en variantes, el régimen, nuestros empleos y el mundo se colapsarían. El ingenio obliga a largo plazo a exigir más y destruye la dinámica social porque la masa descubre que puede eliminarnos cuando quiera. El Pacto no admite a criminales ingeniosos, ni solidarios.... Esta mujer es la traidora más peligrosa de todas las que hemos visto. Mátenla.

Bérenice no comprendía que era matar, pero por el rostro de Micaela, intuyó que se trataba de dejar de existir. Con Kuragin habían señalado algo similar y con tal de liberar a su madre (liberar también era algo nuevo en la cabeza de la niña) se le ocurrió golpear a un oficial en la cara. El hombre que daba las instrucciones respondió con un empellón y entonces se le ocurrió algo:

-Mejor dejen a la mujer viva para que vea lo que su rebeldía provoca. Arresten a la niña y ejecútenla públicamente. De todas formas, sólo sirve para comer tripas de gato.
-¡Esperen! ¡No le hagan daño! ¡Les doy lo que gusten pero déjenla sola!
-¡Callen a su madre, por favor!
-¡Haga lo que guste conmigo, pero déjela ir!

Bérenice entonces vió como su madre posaba su rodillas en el suelo y escurría agua por sus ojos. La pobre Micaela prácticamente se arrastraba cada vez que el desconocido daba un paso.

-Lo que suceda con esta criminal es culpa tuya, niña tonta - Resolvió el desconocido mirando a la pequeña - Podría despedazar a tu madre si así lo deseara y obligarte a ayudarme. Tal vez así aprenderías a nunca hacerle caso a gente como ella... Lo peor es que no serviría de nada porque Micaela es muy molesta, es de esas que siempre tienen algo que decir.
-¡Déjela marcharse! - gritó la madre.
-¿Tú vida o la de ella, Micaela Mukhin?
-¿Qué cree?
-No serías capaz.
-Si Bérenice muere ¿Quién será la nueva Liudmila Tourisheva?
-No está haciendo un buen intercambio.
-Qué equivocado se encuentra.
-Ya oíste, chiquilla. Es tu día de suerte. Fusilen a la madre cuando llegue a la estación.

Bérenice figuró que cualquier respuesta que saliera de Micaela de todas formas llevaría a la muerte de esta y por eso optaba por la brevedad del trámite; así que contempló como la policía la levantaba para llevársela. Llena de un sentimiento cuyo nombre desconocía, la delicada niña se abalanzó sobre el desconocido ante el gesto aterrado de la madre. El tipo entonces jaló el cabello de la chiquilla y la lanzó al suelo.

-Yo me encargo de ella. Retírense con la criminal.

El escuadrón salió en silencio para no alterar el orden y el desconocido puso el cerrojo.

-¿Sabes quién soy, estúpida?
-El que matará a mi mamá.
-Hasta usas contracciones, qué mal.

En las escaleras, Micaela pareció reaccionar y se alcanzó a escuchar como suplicaba que no abandonaran a Bérenice con el hombre de las instrucciones.

-Ah, los gritos ¡Son una música fantástica! ¡Tu madre sabe cómo debe cantar!
-Ella no canta.
-Idiota ¿No entiendes el sarcasmo? ... No, no sabes de que te hablo, los civiles son limitados, tu familia muestra trazos de inteligencia pero ...
-¿Pero qué?
-¿Alguien te pidió que abrieras la boca? Eres más tarada que tu madre.
-¡Cállate!

La niña recibió una cachetada y el sujeto volvió a tomarla del cabello.

-¿Cómo te atreves a gritarle a un héroe?
-Usted no es un héroe.
-Al parecer la educación del Pacto se deteriora ¿Quién demonios soy? ¿Sabes mi nombre? ¿Mis triunfos? ¿Eh? Tu cabeza - presionándola fuertemente - no funciona para darte el dato.
-¡Si sé como se llama! Lo sé.

El sujeto la sentó en una esquina y la niña se cubrió la cara.

-Usted es Elijah Maizuradze, un perdedor.
-¿Qué has dicho?
-¡Eres un papanatas!
-¿Crees que no tengo poder?
-¡Creo que es un cobarde!

Pero el terror hizo presa de Bérenice inmediatamente. El hombre procedió a azotarla contra la pared y la pateó en el estómago.

-¿Cuántos años tienes? ¿Doce o trece? Qué rayos importa, vas a conocer a un hombre poderoso.

Él le propinó más puntapiés al debilitarla, la tomó como si fuera una marioneta y se encerró con ella en la habitación que le pertenecía a esta, arrancándole la ropa antes de morder su boca. La chica no paraba de sentir la humedad de sus ojos y experimentó una humillación tal, que deseó estar muerta. Elijah la violó repetidamente y la echó desnuda a la calle en la madrugada.

Bérenice no se acordaba de cuánto tiempo había pasado deambulando antes de hallar abrigo en un suéter azul derroído. Sólo tenía consciencia de que no había parado hasta que llegó a una avenida solitaria, llena de desperdicios en las banquetas. Tampoco se encontraba en su memoria el llamado de auxilio que le hizo a un joven que pasaba y que la sostuvo para evitarle una caída fuerte; pero sí tenía fijo en la mente que el nuevo desconocido llevaba puesta una bata blanca con el escudo de la Escuela de Medicina.

-¿Qué te ha pasado? Cuéntame para que pueda ayudarte.
-¡No me toque!
-Tienes golpes muy profundos, tengo que revisar.
-¡Aleje sus manos!
-¡Sólo voy a darte un diagnóstico!
-¡No!

Pero el médico logró observar parte del interior de los muslos, percatándose de una fuerte rozadura. En el rostro de la niña también se notaban marcas y algunos mechones del cabello estaban sueltos.

-¿Quién te trató así?
-Me duele.
-¿Qué te molesta?
-Abajo.
-¿Qué zona?

Bérenice no quería decirlo.

-No podré hacer nada por ti si no me indicas en dónde sientes dolor.
-En mi ... mi ...
-No tengas miedo, te sanaré.

La pequeña miró a los ojos al doctor, mismo que se sorprendió un poco por un instante.

-¿En qué lugar te duele?
-En mi ... mi ... Mi vagina.
-Tengo que verla.
-¡Se lo pido, no haga eso!
-No te lastimaré.
-¡Deme una pastilla para que se me pase!
-¡Si no te reviso, no sabré cómo proceder!
-¡No se atreva!
-No es lo único que hay que examinarte ¿Cómo perdiste cabello y cómo te heriste la cara?
-Me dieron una tunda en casa.
-¿Y por qué tienes molestias en la vagina? ¿Alguien te tocó?
-No.
-¿Entonces? ¿Huiste y en la calle te molestaron?
-No.
-Lo haré más fácil: Entre tus piernas hay mucha irritación y un poco de fluido. Dudo que te hayas causado eso y si el líquido es lo que yo creo que es, tendré que reportarlo con la policía.
-¡No me lleve con ellos o me van a hacer algo!
-¿El responsable trabaja en la fuerza pública?
-Lo conocen.
-Con mayor razón debes dejarme actuar rápido. Sólo usaré un espejo y una lámpara, traigo guantes y si me veo en la necesidad de palpar, te avisaré y tu decidirás si me permites o no ¿Estamos de acuerdo?
-Me estaba saliendo sangre hace unas horas.
-Entendido. Recuéstate y separa los muslos, trataré de no causarte más daño.

Bérenice lagrimeó aún más cuando siguió la indicación. El médico no tardó más que dos minutos y la contempló con asombro y pánico.

-¿Cómo estoy? - preguntó ella.
-Tienes un desgarre.
-¡Maldición!
-Hay que limpiar la zona y suturar.

El hombre se retiró la bata al notar que la chica tenía frío y la cubrió cuando ésta escondía la cara entre sus palmas.

-Alguien te agredió ¿verdad?

La chica sollozó fuertemente.

-¿Tienes a dónde ir?
-No.
-No te angusties ¿Te parece bien si te llevo al hospital? Te atenderán solamente mis compañeras y cuando te sientas mejor veremos qué hacer.

Ella asentó y con dificultad se puso de pie. El viento le hacía sentir frío en las pantorrillas pero era reconfortante en medio del horror, como si hubiera sobrevivido. Bérenice no tardó en leer el nombre del médico, minuciosamente bordado en la bata.

Ese era Matt.




*La expresión "tripas de gato" se refiere en el slang gimnástico a una frase dicha por un fanático del equipo estadounidense de gimnasia: 

"Las chicas americanas entrenan con todas las comodidades, en cambio, las rumanas comen tripas de gato y ganan"

Al principio se tomó como una ofensa del tipo económico, pero poco después los admiradores de las rumanas adoptaron el mote de "triperos" dándole la connotación de fuerza y éxito a una escuela de gimnasia conocida por operar con bajos recursos. De hecho, la imagen en la parte superior es el retrato de una atleta rumana.

En el cuento, tripas de gato se utiliza sólo para señalar fortaleza.

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