domingo, 31 de marzo de 2013

¡Bienvenido!



Como las vías continuaban congeladas, Franz De Patie no pudo realizar su viaje y en la espera por el tren del día siguiente, permaneció sentado en una banca de la estación mientras atardecía.

-He venido a acompañarte - señaló el viejo del muelle por saludo.
-Se lo agradezco.
-Al menos te estás perdiendo las caras largas en la calle.
-Maldicen a cualquier mengano, pero renuncia el Papa y se ponen a llorar. La gente es hipócrita.
-No dejan de ser tus hermanos.

Franz abrió más los ojos y su gesto delató que ya se estaba arrepintiendo de lo que había opinado pero era muy gracioso para el anciano.

-Sinvergüenza - señaló el hombrecito.
-En este caso ¿Perdón?
-Jajaja, no cabe duda de que sigues siendo un pez de agua dulce. Creo que después de todo, la elección no ha sido mala.
-¿Es una indirecta, cierto?
-¡Jajaja!
-De nuevo me perdí.
-Hay que entrenar mejor ese radar.
-Ya lo creo, soy terriblemente malo.
-Pésimo.
-Pasando a otro tema, el cardenal Rosetti me llamó.
-¿Tampoco le comprendiste algo?
-Dijo que sus colegas recibieron una carta de recomendación antes de iniciar el cónclave ¿Qué raro, no?
-No tanto.
-Pero sabemos que el propio Rosetti es el siguiente Papa, no sé por qué hacen esta "formalidad".
-Habrá una sorpresa, por eso debes llegar con él hoy mismo.
-Con estas circunstancias es imposible.
-No hay imposibles para el Señor.
-Amén.

Los dos miraron al frente y el anciano volvió a sacar su termo para servir dos vasos; esta vez con té verde.

-¿Gustas?
-No lo voy a rechazar.
-Te ha dado frío, niño.
-Usted es un viejo loco.
-¿Qué dices?
-En serio, se necesita cierta locura para charlar con un tipo torpe como yo.
-He conversado con peores.
-Por eso también, amén.
-Afortunadamente no hay más gente aquí.
-¿Cómo llegaré? ¿Alguna idea o milagro?
-Hay un retraso de cinco minutos.

Franz no ocultaba que le simpatizaba el anciano y por un momento se imaginó a sí mismo volando a toda prisa, deseando que, si existía una alternativa de viaje rápido, fuera esta.

-Te congelarías, tarado - señaló Dios - Además, tu transporte ya viene en camino.
-Disculpe, yo creí ..
-Nada creíste.
-¿Qué día dejaré de ser un pez de agua dulce con usted?
-Nunca.
-Qué remedio.
-Me agradas muchacho.
-No sé qué tan buen hombre sea.
-Prepárate para esta noche.
-¿Por qué el cónclave se inició inmediatamente?
-Fue a petición de Rosetti, la gente se puso muy nerviosa.
-Y quería evitar que el ambiente se enrareciera, supongo.
-Exactamente. La renuncia de León XIII se ha prestado a suspicacias y de cobarde y retrógrada no cesan de llamarlo.
-Qué duro.
-La política no es un arte en el que estés pulido, niño.
-Eso temo.
-Te pediré una cosa.
-La que sea.
-Sé diferente.

De Patie miró al anciano sin ocultar su reproche personal por no entender cosas que hasta la persona más vulgar del mundo comprendería con rapidez. El andén se estaba vaciando y pronto, un encargado de limpieza les anunció que a las seis tendrían que marcharse.

-No les hagas caso Franz, ya casi te vas.
-Señor, no quiero decepcionarlo pero me veo más cerca de la puerta que del Vaticano.
-Dame un minuto.

Franz tomó un sorbo de té y pasó saliva mientras comprobaba que transcurrían sesenta segundos exactos antes de notar que el sitio finalmente estaba solo.

-Allí viene tu guía, ojalá no te moleste su tardanza.

De Pat sólo vió a un hombre que a la distancia le parecía conocido, pero estaba elegantemente vestido con un traje gris, aunque el forro de su saco era rosa.

-¿Gwendal? - pensó.

Pero no era él. Por su parte el anciano tomaba su bastón y colocaba una boina en su cabeza.

-Lamento llegar tarde ¿Aún hay tiempo?
-¿Trankov? - preguntó Franz.
-No los he presentado - añadió el anciano - Matt Rostov viene del espejo.
-Yo .. El parecido es ..
-Matt entiende, andando.
-Venga por aquí, De Patie - indicó el desconocido - tardaremos poco en cruzar.
-¿Cruzar qué?
-Traje un balín un poco más grande, deme un segundo.

Matt lanzó dicho balín hacia el espejo de una de las paredes del andén, mismo que no se quebró.

-Ya puede pasar De Patie, acompáñeme.
-¿No olvidas a alguien, Rostov? - expresó el anciano.
-Lo ayudaré con su ¿bolso?
-Menos mal que tú si comprendes, no como este individuo viajero.
-En el otro lado estarán contentos de verlo.
-Pero más de recibir buen pan; en cuanto atravesemos el espejo te adelantas con Franz.
-Por supuesto.
-Que el niño atraviese primero - ordenó el viejo. Matt enseguida aventó a un todavía confundido De Patie hacia el espejo y éste cayó en un sitio difícilmente reconocible. Detrás de él venía el anciano con el joven Rostov.

-Levántate, muchacho.
-Eso hago.
-¿Impresionado?
-¿Dónde rayos estoy?
-En la Tell no Tales del espejo.
-No se parece en nada.
-¿Y debía? Las cosas nunca son iguales, niño - el viejo giró la cabeza - Rostov, sabes qué hacer.
-Lo veré después, señor.
-En el buffet, no aquí. Cuando hayas puesto a Franz en la capilla, reúne a tu banda, hoy les invitaré la comida.
-Gracias.
-Fuera de mi vista.

Matt sonrió y le hizo un gesto a De Patie para que lo siguiera, éste lo hizo mientras se preguntaba qué había sucedido en ese lugar para que le fuera extraño.

-Tenemos que caminar mucho - mencionó Matt.
-¿Estoy soñando?
-No.
-Acabo de pasar por un espejo.
-Efectivamente.
-Nunca pensé que entrar fuera tan fácil.
-Sólo requiere de un balín rostov.
-¿Un qué?
-Es un secreto.
-Mejor no pregunto.
-No tendría por qué.
-¿No?
-En la Tell no Tales del espejo su mundo no tiene sentido para nadie.
-Mmh ..
-¿Pasa algo?
-¿Esta Tell no Tales es tan pobre como se ve?
-Falta de todo.
-¿Por?
-Salimos de un régimen hace no mucho.
-¿Una revolución?
-La guerra se prolongó y hay sequía
-¿Cómo se alimentan?
-La mayoría de la gente tiene cajas de harina que suministraba el gobierno anterior. Antes se mezclaba con agua pero ahora se come a cucharadas.
-¿Por eso tu banda va a nuestro lado?
-Conseguimos lo que podemos.
-¿Han hablado sobre qué gobierno van a querer y cómo se organizaran para prosperar?
-Lo que diga el Papa del otro lado estará bien.
-¿Qué?
-Se sometió a votación el mes pasado.
-Creo que hicieron una elección muy tonta.
-Nadie quiere un gobierno como tal, sólo lineamientos básicos para vivir con cierta paz.
-¿Por qué recurrir a alguien del otro lado?
-Aquí no hay autoridades.
-¿De ninguna clase?
-Cuando una sociedad está descompuesta, no busca un gobernante, sino un líder moral. El Papa del otro lado es lo más cercano. Cuando en Roma anuncien al nuevo jefe, aquí lo seguiremos. No queda de otra.
-No estás de acuerdo.
-Mírenos y diga que no estamos débiles, indefensos y derrotados. Ningún líder local puede cambiar las cosas por qué no sabe cómo. El nuevo pontífice será ajeno a esta miseria y dará consejos neutrales con un poco de aliento, no importa si está mintiendo.

Franz observaba cientos de rostros sin esperanzas que a su vez lo atisbaban con curiosidad y cuchicheaban sin disimular.

-Nadie había visto a un cura en años - aclaró Matt - Pero no se alarme, saben que su paso será breve - El próximo espejo estaba a escasos metros.

Un olor a yodo salía por las alcantarillas y las ratas caminaban al lado, como una manada migrante.

-Espero que Berénice no le haya ocasionado problemas el otro día.
-Creí que no le había contado a nadie.
-Ella quiso saber quién era usted. Siento mucho haberlo infortunado.
-Qué va, Berénice es una buena chica y gracias a ella supe de mi doble.
-¿De Pat?
-¿Quién más?
-Mejor así, no le conviene saber demasiado.
-¿Por qué?
-No se qué planea el viejo del muelle pero mencionó que usted a menudo se confunde.
-Ni qué lo digas - Franz abrió los ojos un poco más y frunció los labios, delatando cierta vergüenza - Pero le caigo bien.
-Lo aprecia más de lo que cree.
-¿No dijo algo sobre este viaje a Roma?
-Más allá de que usted debe estar en la Sixtina, no.
-Querrá decir afuera de la Sixtina.
-Hemos llegado.
-¿Digo adiós?
-Si quiere.
-Aguarde ¿Usted conoce a Sergei Trankov?
-¿Quién no?
-¿Qué piensa de él?
-Tiene un secreto muy grande, no he sabido cuál pero es la razón por la que va de un lado a otro. Tal vez Carlota Liukin sepa, ella hace "cosas".
-¿Qué clase de "cosas"?
-Digamos que ella decide qué hacer con Trankov, adiós.
-¿¡Qué!?
-Me saluda al cardenal Rosetti aunque no me conozca.

Franz fue nuevamente arrojado, pero ahora caía en el pasillo de la Sixtina y no acaba de asimilar lo sucedido cuando sus oídos fueron vapuleados por voces sorprendidas.

-¡El padre De Patie ha resbalado! ¡Ayúdenlo! - gritaron, él se incorporó sin novedad.

-Estoy bien, no se molesten.
-¿Cómo entró? ¿Qué no ha visto que hemos votado?
-Yo.. ¿Me colaron?

El espejo ahora lucía normal y Franz supo que Matt Rostov lo había dejado en un sitio inadecuado a propósito.

-Supongo que van a echarme.
-En realidad hablaremos contigo en unos minutos.
-¡Cardenal Rosetti!
-Casi arruinas todo muchacho, ya van a poner el humo blanco.
-¿Tan rápido?
-Ve afuera, no digas nada.
-¿Si preguntan?
-Dí que te requerimos, es todo.
-Disculpe.
-No cabe duda de que en serio alguien te quiere aquí y has llegado por medios no convencionales.

De Patie curiosamente comprendió esa indirecta. Rosetti sabía del otro lado y con toda seguridad lo había observado en el espejo.

-Vete.
-Entendido.

Franz salió de la Sixtina pero nadie se atrevió a cuestionarle algo, salvo un miembro de la Guardia Suiza al que le habían encargado la puerta.

-¿Cuando se escurrió?
-Me necesitaban.
-¿Quién fue tan irresponsable?
-Rosetti mandó por mí, muchos cardenales son viejos y se necesitaba un asistente.
-¿Usted sabe algo más?
-Nada

Los presentes, que eran cerca de veinte personas entre sacerdotes, guardias y monjas abrieron la boca. Ninguno conocía a De Patie pero pensaron que mentía y una hermana jerónima que entusiasmada se aproximó a él.

-¿Es usted?
-¿Yo qué?
-¡Por eso estaba dentro! ¡Es usted!
-No, ni siquiera sé por quién se inclinaron.
-¡Claro que es usted! - señaló con dificultad otro misionero - ¡Bienvenido!
-¿De qué hablan?
-¡Ay por Dios! ¡Tengo al nuevo Papa enfrente! - gritó la monja.

Por coincidencia, Franz alcanzó a ver en una pantalla cercana el famoso humo blanco y escuchó a la muchedumbre eufórica mientras pensaba que en Tell no Tales ocurría lo mismo en la plaza principal.

-Los cardenales saldrán, todo mundo disimule - pidió el guardia.
-Buena suerte, señor Papa - dijo otro. Franz sólo se limitó a bajar la cabeza mientras un anciano cardenal preguntaba por él.

-¿Aún se encuentra el diácono Franz De Patie, proveniente de la arquidiócesis de Tell no Tales?
-Aquí sigo y no comprendo nada.
-¿Lo dice por esa caída tan convenientemente oportuna?
-No me regañe.
-El que va regañar es usted, estropear así la sorpresa será el menor de sus errores. Solo mire a esta gente que ya sabe sin preguntar, ahora dígame ¿quiere que se anuncie el resultado en la capilla o solamente hacerlo oficial enfrente de los enterados?
-Si ya delaté algo, no sé exactamente qué, mejor abandonen el lugar y declaren todo de una vez.
-Lo imaginé.

En ese instante, el Cardenal Rosetti, quién había sido jefe de De Patie durante mucho tiempo se aproximó a abrazarlo. Mantener el orden ya era ilógico.

-Hay que ordenarte sacerdote, luego obispo y después cardenal, hay que darte un momento de soledad y luego sabrás que nombre eliges.
-Llegué por servicio exprés, esta gente me desea bonitas cosas y yo no comprendo. Estoy desconcertado y algo asustado porque hace dos minutos estaba en Tell no Tales y ahora me llaman Papa un par de compañeros que no conozco.
-¡Ay de Patie, sí que eres torpe!

Franz intentaba hilvanar todas las cosas, frases y acciones que le indicaran qué estaba sucediendo, pero su limitada capacidad para entender hasta lo evidente le hizo exigir que le aclararan qué estaba ocurriendo.

-Franz De Patie, has sido elegido nuevo Papa.
-¿En serio?
-¿Lo rechazas o lo aceptas?
-Deme unos segundos.
-No podemos esperarte.
-Necesito el momento de reflexión.
-¿Aceptas?
-No acepto ni rechazo, permítanme estar solo.

Franz atravesó la puerta de la Sixtina. Por su rostro, se evidenciaba que no tomaba aquella noticia por buena. En contaste, en la Tell no Tales del espejo comenzó una especie de fiesta cuando Matt Rostov anunció que al fin habían encontrado a su líder y le ordenó a su pandilla ayudar a De Patie incondicionalmente.

(Continuará)

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