martes, 26 de noviembre de 2013

La belleza en la nieve (Serie Navideña "La sonata del hielo")

Collage de Julia Lipnitskaya/Créditos a Alessia Giulia y Molto piú di uno sport en facebook.

Hammersmith:

El teniente Maizuradze rentó una camioneta al lado de su hija y partió rumbo a una playa cercana. La carretera estaba vacía pero era recta y larga, se distinguían los pantanos a los costados y escasos vehículos circulaban hacia el mismo rumbo.

-Dile a tus amigas que lo siento por quitarles la cerveza.
-No están enojadas.
-Lo dices porque están dormidas allá atrás.
-Nos cansamos mucho, nos hace falta sueño.

Viktoriya bostezó sin perder de vista a su padre y ajustó las cintas de su sudadera.

-¿Invitaste a Trankov?
-Sí, Zamo le avisó, nos agrada tu amigo.
-No lo somos.
-¿Por qué le hablas?
-Es un colega de la resistencia, dejémoslo así.
-Uno muy guapo.
-No lo voltees a ver.
-Paso.
-Tú y yo tenemos que charlar, por cierto. 
-¿De?
-Me vas a explicar lo de Andrew Bessette, no te salvarás.
-Será luego.
-Ojalá seas convincente.

La joven inclinó su cabeza hacia la derecha y miró el retrovisor. Dijera lo que dijera, su padre seguiría insatisfecho. 

-Hace calor ¿no deberías quitarte ese suéter?
-Sudadera.
-¿No te incomoda?
-Tengo escalofríos.
-¿Te sientes enferma?
-No, es más bien algo raro... No sé es que me da frío, nervios, algo.
-¿Por qué?
-Es por Carlota Liukin o como se llame.
-¿Qué hay con ella?
-¿No has sentido que cuando pasa junto ti, todo se vuelve frío? Como si congelara el aire.
-Tal vez porque va muy rápido.
-Entonces ¿sabes de qué estoy hablando?
-De repente me pone un poco la piel de gallina pero casi siempre está corriendo así que es por eso.
-¿De dónde la conoces, papá?
-Es amiga de tu hermano.
-¿Él no te ha dicho nada?
-¿Parecido? No, yo creo que de tan enamorado ni cuenta se da.
-¿Le gusta esa niña?
-Digamos que Anton pasa por la edad de la punzada.
-No soy la única con esa sensación de que ella trae una onda extraña.
-¿Y eso?
-Anoche estaba platicando con mis amigas y Carlota se nos acercó por una foto; Zamo juntó su mejilla con ella y le dijo que estaba helada. Después la chica se fue y nos dimos cuenta de que nuestra agua se congeló. No habían pasado ni cinco minutos. 
-Una de ustedes metió su bebida a la hielera sin querer.
-Era agua caliente dentro de un termo, lo acabábamos de llenar.
-Coincidencia.
-Esa tal Carlota me pone los pelos de punta, más con ese dije que siempre lleva.
-¿Cuál? Nunca se lo he visto.
-Es que lo trae debajo de la ropa pero nunca se lo quita.
-¿Cómo es?
-De plata, es como un corazón pero tiene una ¿virgen María? en una barca y sosteniendo unas rosas. 
-Me es familiar.
-No debería, ni que lo hubieras visto en un álbum de los Maizuradze.

Él frenó de golpe, mirando perplejo a su hija. Exhaló profundamente, bajó la ventanilla y se estacionó en un carril confinado para autos averiados cuando consiguió recuperarse.

-Sal del auto.
-¿Qué sucede, papá?
-Fuera.
-No quisiera saber pero va, me salgo.

Ambos descendieron como si hubieran tenido una contingencia y se aproximaron a una valla de madera húmeda y podrida.

-Dime que estás mintiendo.
-¿Con qué? ¿De qué hablas?
-¡Del dije, Viktoriya!
-¿Para qué te iba a decir mentiras con un simple corazón?
-¿Viste lo que traía dentro?
-¿Se abre? Lo he visto cerrado.
-Por Dios, ¿No hay posibilidad de que estuvieras mal?
-Reconocería esa joya en cualquier lado, ¿me creerás que la soñaba hasta que la tuve enfrente?
-¿Por qué no me lo mencionaste?
-Era un sueño recurrente, de lo más normal.
-¡Eso no es usual!
-¿Cómo iba a saber?
-¿Se lo confiaste a alguien?
-No que recuerde.
-Viktoriya, te voy a pedir un favor.
-Adelante.
-Nunca tuvimos esa charla, nunca supiste del corazón, no tienes ni la más mínima idea. Guarda el secreto.
-Es un hecho.
-Sólo no lo converses con nadie. Sube, luego pensaré qué hacer.

Vika se colocó en su lugar, desconcertada. Intuía tensión en su padre pero no le dirigió la palabra para no alterarle más, se recostó sobre su costado derecho y poco a poco, los ojos le fueron pesando. 

Vika no se había enterado de que estaba dormida y que el viento tropical le arrullaba cuando le pareció llegar a un bosque perdido. Ella lucía un abrigo negro y un sombrero típico ruso cuando una música de piano captó su atención y caminó por un sendero de grandes dunas de nieve y pinos inmensos. A su alrededor, todo se cubría de capas blancas y resplandecientes que le herían los ojos. Si daba pasos, sus piernas se hundían. Al cabo de varios instantes, arribó a una especie de claro, en donde una silueta femenina pero semi infantil agitaba los brazos y le bastaba posar las yemas de sus dedos para colmar de nieve aquel espacio cuyo verdor al cabo de un suspiro desaparecía. 

La figura lucía un vestido azul, pero la prenda desprendía hielo y los adornos del mismo eran copos cristalizados de una belleza indescriptible.

La silueta jugaba con la nieve y danzaba con gracia. El bosque era suyo y se percibía mayor frío conforme transcurrían los minutos. Viktoriya no obstante, alcanzó a percatarse de algo extraordinario: Alrededor caía una lluvia de diamantes que se adherían al vestido y las manos o bien, caían en espiral en torno al fantasma mientras sujetaba con fuerza un corazón que colgaba de su cuello. Vika no se aproximaba y abrió los ojos cuando su padre estacionaba la camioneta en un lugar cercano a la playa.

La percepción de que Carlota Liukin era la protagonista del sueño se hizo muy patente. Algo tan simple como pensar en ella, atraía una brisa extrema que daba temor sentirla, así fuera un roce. Viktoriya intentó olvidar el asunto, pero hallar a aquella chica en el mar, acompañando involuntariamente a Trankov, le dio un susto.

Al igual que el resto del mundo, Vika se subyugaba ante la belleza y la presencia gélida de Carlota, pero creía que en un descuido se transformaría en la imagen del bosque y sin piedad, le helaría la entrañas.

1 comentario:

  1. ¿Me he perdido capítulos anteriores? Porque no he entendido mayor cosa. Escribes mucho, Ingrid querida, pero no veo el poder de atracción en tus obras. Al menos no en la mayoría.

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