jueves, 5 de diciembre de 2013

El corazón de un ángel (La sonata del hielo)



(Primera parte)

Hammersmith:

Andrew Bessette leía las notas del periódico y apuntaba con suma precisión los halagos más frecuentes mientras su mayordomo lo esperaba para ayudarlo a colocarse el uniforme y avisarle que la agenda del día estaba llena con eventos de caridad. 

-¿Tengo que asistir a la recaudación?
-Así es, también se comprometió a realizar una donación pública a una casa hogar y visitar a niños pobres.
-¿No podríamos dejarlo?
-General Bessette, le recuerdo que ya no es un chiquillo.
-"Y las obligaciones no se cumplen solas", me lo has repetido treinta años.
-Quería saber si hoy se encontrará con la señorita Viktoriya Maizuradze.
-Cancela nuestra cena, por favor. Dile que me surgió algo.
-Últimamente pone pretextos para no encontrarse con ella.
-Hoy quiero reunirme con mi hijo, arréglalo.
-Ese motivo me parece sensato, me comunicaré con el joven Joubert a la brevedad.
-Haz extensiva la invitación a Carlota Liukin, di al chico que quiero conocer a la novia y envía flores.
-La señorita Liukin ameritará un menú de mayor elegancia que Viktoriya Maizuradze.
-Desde luego, prepara tu especialidad.
-¿Ya vio las fotos de la niña en la sección de sociales?
-Carlota Liukin me gusta mucho, es refinada, delicada, está mimada. Es perfecta.
-¿Señor, no estará pensando en...?
-¿Encandilarla? No, que inadecuado sería. Además, Carlota merece un mejor trato, aunque no es mala idea lo que propones... Consíguele un obsequio caro que aparente ser inofensivo. Habla con los cristaleros de Lavinia Watson y encarga un par de aretes en forma de cisne con detalles en plata y que lo acompañen con una pulsera que haga juego, más vale que lleguen antes de las diecinueve horas.
-¿Qué intenciones tiene con la señorita Liukin?
-Es una mujercita a la que un poco más de glamour le sentará estupendamente, me agrada la idea de meterla a un palacio y asignarle un papel protagónico. Anótalo: Carlota Liukin será princesa de Mónaco o mejor dicho: "mi princesa" de Mónaco.
-¿Es una broma, cierto?
-Me conviene más Joubert en un trono y con Carlotita no se diga... "Mi princesa de Mónaco", qué poético.
-Le recuerdo que usted prometió guardar la corona de Raluca Bessette.
-Hasta que supe de la familia Izbasa queriendo entrar al juego. Urge sacarlos, los rusos aseguran mayores ganancias que los lacayos del Gobierno Mundial y no podemos dejar que el banco se agote. 
-El joven Joubert no tiene la mínima preparación y carece de conocimientos sobre su linaje.
-Pero podemos resolver lo de su historial escolar trunco y comenzar a relacionarlo con los negocios del principado. Es un muchacho de mente fértil, heredó la inteligencia financiera del abuelo y es carismático como su padre, redondéalo con la compañía de una jovenzuela como Carlota Liukin y Mónaco caerá a sus pies.
-¿Qué hará con Raluca? Es hija de una princesa.
-Joubert también lo es y la decisión de quien gobernará recae en mí. 
-Virginie hará lo que esté en sus manos para evitar perder su apuesta.
-No es personal, - ablandando la voz - es solo que dudo que Raluca tenga talento para ejercer autoridad, es una niña cohibida y nerviosa; Joubert de alguna forma se ha desenvuelto bien y marca su independencia. No veo este asunto de Estado como cuestión de poder, sino de confianza y conste que adoro a mis hijos.
-¿Me permite hacerle una observación?
-¿Tengo opción?
-No debería anteponer el aprecio familiar a su palabra de honor.
-Prometí rescatar ese principado, nunca dije cómo.
-No se guíe por sentimentalismos.
-La memoria de Alena amerita estas medidas. No es política, pero es política. Encárgate de todo, vuelvo a las veinte horas.
-Le auxilio con su traje.
-Puedo hacerlo solo, mejor llama a Joubert.

El mayordomo se retiró de buena gana aunque demoró en levantar el auricular por pensar que debía ser muy formal, así que se conformó con ver a Andrew salir de la habitación y desearle suerte.


(Segunda Parte)

Al otro extremo de Hammersmith, concretamente en la playa, el referido Joubert Bessette se entretenía con un grupo de percusionistas con quienes interpretaba canciones de moda. Carlota lo alentaba mientras contemplaba con envidia a las chicas en bikini, como Tamara que se bronceaba arrogantemente en sus narices y se reía con el traje de baño completo de la niña.

-Te lo mereces, bebé - dijo Trankov como si nada.
-Déjame en paz.
-Lindo el hipopótamo rosa que traes estampado.
-¿Te rompo un dedo?
-Ay, Carlota, de comediante no tienes futuro.
-Dame tu meñique izquierdo.
-Todo suyo.

A Carlota le bastó doblar el dedo del guerrillero con un poco de fuerza para fracturarlo y ocasionar que éste soltara un gritito de dolor.

-¿Dónde aprendiste?
-Algo bueno tenía que sacar de las pesadillas donde te encuentro.
-Eres una desgraciada.
-A ver si me vas tomando en serio.
-¿Estás drogada?
-Imbécil.
-¡Bruja mil veces!
-¿Qué sucede? - preguntó Joubert al notar que ambos peleaban, aunque no había oído la discusión.
-¡Nada! - contestaron los dos con enfado y Trankov se dio la media vuelta para ir con los salvavidas a atenderse el meñique y Carlota con los brazos cruzados guardó silencio.

-Se nota que se caen bien - añadió el chico Bessette.
-Perdón, intento portarme bien con él pero fastidia y fastidia. Trankov tiene algo en contra mía.
-Sergei piensa que tú eres la del problema. 
-Está de lo más idiota si cree eso.
-Si los dos le bajaran a su pleito, sabrían por qué se detestan.
-Lo aborrezco por entrometido.
-Qué raro, es la segunda vez que lo dices.
-¿Cuándo fue la primera? 
-En la tienda, hace no mucho ¿Qué pasa con ustedes?
-Que tu amigo dice que estoy muy pequeña para ser tu novia. Me colmó el plato, no deseo que se me acerque.

Carlota bajó la cabeza y se tumbó junto a Tamara después de cubrirse las piernas con una toalla. Joubert permaneció en su lugar, desconcertado porque había algo en la niña que le indicaba que estaba mintiendo.

-"¿Lo habrá hecho?" - pensó aún más incrédulo. Tal vez hubiese tenido aquella certeza si hubiera sospechado un poco más, pero lo interrumpía una Viktoriya Maizuradze furiosa, que miraba el celular con odio y se quejaba amargamente con su amiga Vera a la voz de "Andrew me quedó mal otra vez".

-"Es un pobre diablo"
-"¡Mandó al sirviente a avisarme!"
-"¡Qué patán!" 
-"Es la última que le aguanto"
-"No le vuelvas a hablar"
-"¿Por qué me hace esto? Ayer hasta me juró que íbamos a solucionar las cosas"
-"Mejor no le vuelvas a contestar y que entienda lo que quiera"
-"O lo llamó la Marina por algo urgente".
-"No te marcó para tranquilizarte o disculparse, mándalo a volar"

A Joubert le irritaba recordar que Viktoriya Maizuradze era la novia de su padre y se sonrojó como tomate al percatarse de que Carlota también había oído la queja. Y el timbre de un celular tampoco ayudaba. La niña contestó y no dudó un segundo en pasar la llamada a su chico.

-Es tu mayordomo - murmuró ella y él se apartó un momento.

-"¿Joven Joubert? ¿Se encuentra por ahí?
-Aquí me tiene.
-"¿Quién respondió?"
-Carlota, mi chica. Ella tenía mi teléfono.
-"Usted debería atender siempre"
-Ella lo cuidaba porque se lo pedí, ¿cuál es el motivo de la llamada?
-"Su padre desea verlo, joven Joubert"
-Supongo que justo ahora.
-"De hecho es una invitación cortés a cenar como padre e hijo".
-¿A qué hora debo presentarme?
-"A las veintiún horas, naturalmente. El General Bessette desea conocer personalmente a tu novia y tratar contigo algo importante"
-¿Carlota? ¿En serio?
-"No ha sido presentada con la familia y el General desea aprovechar para limar asperezas, hace tiempo que no lo ve, joven Joubert".
-¿En qué lugar estaremos?
-En la villa 43 del hotel Buckley.
-Perfecto, anuncia que asistiré pero tengo un compromiso a las veintitrés horas y nuestro encuentro debe ser breve.
-De acuerdo, se hará lo que disponga, joven Bessette".

Joubert se sorprendió no por la llamada, sino por el inesperado deseo de Andrew por reunirse. Aunque su ánimo no era el mejor para pedir permiso, él terminó conversando con Tamara para que Carlota pudiese compartir la cena.


(Tercera parte)

Carlota decidió llevar un vestido menta y un suéter a la cita con Andrew Bessette y después de peinarse, se retiró los pendientes que Sergei Trankov le había regalado con tal de dar una impresión austera y agradable. Todo marchaba sin novedades hasta que tuvo el insólito presentimiento de que debía quitar su dije y dejarlo guardado con Sergei Trankov hasta que terminara la velada. No era broma, le molestaba, pero se asomó por la terraza de su habitación y alzó la mano en señal de que alguien viniera. El guerrillero no demoró.

-Hola, bruja.
-Imbécil.
-Brujita.
-¡No soy una bruja!
-Sólo un poquito, no lo tomes en serio, te lo digo con cariño.
-Te digo imbécil por amor.
-Un amor muy escondido, pero no eres mi tipo y eres una bebé berrinchuda dispuesta a meterme en aprietos.
-Ay, sí. Ni que fueras tan importante.
-Por algo me trajiste.
-¡Rayos!
-Es agradable verte enojada ¿qué se te ofrece?
-Un día te voy a quitar la cara de felicidad.
-Ajá, mejor pasemos a lo importante.
-Iré a una cena con Joubert y creo que tengo que confiarte mi dije. Mi mamá me lo regaló, cuídalo mucho.
-¿Por qué no te lo llevas?
-Voy a conocer a Andrew Bessette, no quiero que piense que me gustan las joyas o los lujos y eso vale mucho.
-A ti se te nota lo capitalista, por favor.
-Házlo, me lo devuelves cuando nos veamos.
-Hecho, ¿algo más princesita?
-¡Trankov!
-Era broma... Cuídate.
-¿Por?
-Si algo sale mal iré a echar un vistazo pero no te quedes sola con Andrew Bessette ¿estamos?
-Sí.
-Buena suerte, Carlota.
-Gracias.

Trankov se iba cuando Joubert tocó a la puerta. La chiquilla aguardó a que el guerrillero saltara por el balcón y abrió tranquilamente. Tomó a su chico del brazo después de asegurar el cuarto con doble llave.


(La reunión) 

Lo que Joubert menos se hubiera imaginado se cumplió. Su padre hacía gala de buen carácter y en toda la cena solo había dado un sorbo al vino mientras prefería conversar sobre sus planes y le preguntaba a Carlota su opinión sobre la escuela, la familia y la práctica del patinaje sobre hielo. 
En resumen, estaba sobrio y parecía muy alegre, a pesar del ligero tono pretencioso con el que describía sus actividades recientes.

-El albergue que visité me hizo ver que el Gobierno Mundial y la Marina tenemos como prioridad defender y proteger a los pobres. He mandado construir una biblioteca para ellos en esta ciudad e hice un par de llamadas para asignarles maestros y fundar una escuela. Te caería bien involucrarte en estas causas, Joubert.
-Podría enseñarles música.
-Empezar como voluntario me parece correcto. Espero que en Francia lo hagas en cuanto llegues. Si quieres te pongo en contacto con alguna fundación.
-Buscaré una, no te preocupes.
-A Joubert le encanta todo lo que tiene que ver con la música, si entrara en un buen colegio podría tomar un taller.
-¿Colegio?
-Imagino que has pensado en completar tus estudios, muchacho.
-Por supuesto.
-Si gustas, te puedo ingresar al de París donde yo estudié.
-Tengo una escuela en la mira.
-Bien ¿cuál es?
-El Lycée des Arts en La Villete.
-¿Una institución de arte? Creí que considerabas una más convencional.
-Padre, te he dicho que quiero ser compositor.
-¿Por qué no eliges una carrera seria?
-Viejo, no quiero defraudarte, pero no me interesa estudiar otra cosa.

El general Bessette colocó sus cubiertos delicadamente a un lado y miró a Joubert con cara de pocos amigos. Carlota contemplaba a ambos evitando hacer ruido y el mayordomo le sugirió abandonar la mesa para dejar al general y su hijo hablar a solas.

-No será necesario. - dijo Andrew - Disculpe señorita Liukin, puede tomar lo que guste y le mostrarán la villa si lo desea. Joubert y yo discutiremos un par de asuntos importantes. Con su permiso.

La pequeña vio a Joubert apartarse con su padre y se preguntó si sucedía algo grave. No quiso dejar el comedor pese a las distracciones que el sirviente se empeñaba en mostrarle y el sitio se tornó oscuro.

-El General Bessette tiene un detalle para usted, señorita.
-Se lo agradezco.
-¿No piensa abrir su obsequio?
-Preferiría hacerlo más tarde.
-Creí que un presente de Lavinia Watson entusiasmaría hasta una niña.
-¿Joubert y su padre discuten siempre?
-No lo acostumbran y lamento que suceda el día que usted nos visita.

Los reclamos comenzaron a percibirse con cierta claridad y Carlota notó que Joubert hablaba menos durante sus turnos. 

-Señorita Carlota, le aconsejo no preguntar por lo ocurrido.
-No lo haré, descuide.

Pero la puerta de la terraza se abrió y Joubert salió deprisa.

-Carlota, perdón. No volverá a ocurrir.
-No te preocupes.
-¿Nos vamos? Tamara quiere llevarte al aeropuerto y es tarde.
-Claro.
-Primero abrázame, por favor.
-Ven.

La chica se notaba confundida y advirtió que Joubert lloraba con fuerza. El general Bessette no se atrevía a moverse de su lugar y Carlota tuvo la extraña experiencia de percatarse que él compartía el llanto.

-Es hora de irnos - dijo Joubert. Carlota en cambio no apartó sus ojos del General Bessette que sacaba, solo Dios sabría cómo, una botella de whisky y la bebía velozmente, sin importar que el líquido se escurriera y manchara su uniforme. El mayordomo corría para arrebatársela y evitar una borrachera a toda costa, logrando a cambio una golpiza que Joubert decidió detener.

Carlota no quiso ver en qué terminaba la escena y salió corriendo, triste también pero llamando a Trankov cuando se ubicó en un pasillo cercano. Él no preguntó por lo ocurrido pero se llevó a la niña con prontitud, obligándola a no girar de regreso.

Agradecimientos especiales a dailymotion.com, telepop.cl y EMI Music Chile por este video.

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