sábado, 15 de marzo de 2014

Arcoiris en Venus


Mientras en Tell no Tales la noticia del cambio en la Fiscalía General era motivo de comedia, para Ricardo Liukin significaba que se había ido de dicha ciudad a tiempo. Tenía certeza de que hubiera detestado opinar que tal nombramiento era un atraso, igualmente estar en contra. La arrogancia cubierta de un halo de perfección moral era la clase de hipocresía que Ricardo no le toleraba a nadie.

-Dicen que Lleyton Eckhart es muy sincero - dijo Tamara Didier.
-Supongamos que hizo méritos: ¿Sabía que tiene un récord de procesos ganados? Qué coincidencia que la mayoría implicaban a inmigrantes rusos, gente de Blanchard o chicos bebiendo cerveza en la arena.
-Está prohibido alcoholizarse en la playa, ser indocumentado o robar bolsos.
-También medir con la misma vara. 
-No comprendo, en Tell no Tales se quejan de que la seguridad es pésima y cuando alguien aplica la ley se convierte en tirano.
-Hablo por mí, no me gusta que se juzgue a gente que hurta por hambre o personas que llegan a la ciudad, consiguen trabajos decentes y se les deporta porque su presencia es ilegal.
-Las reglas no son opcionales.
-De la mafia y el cuello blanco no hay nada, nunca se les audita o mete en prisión.
-A lo mejor Lleyton Eckhart cree que si es severo con delitos menores, evitará los grandes.
-Él tiene mucho que aprender. Hace meses consiguió enjuiciar a una mujer que perdió todo en una hipoteca, la condenaron a tres años por prostitución y retiraron su derecho a la custodia de sus hijos. Eckhart convenció al juez de que ella era una mala influencia. ¿Cuántas veces trabajó la mujer en la calle? Una y todavía él le dice que "fue una irresponsable" por meterse en una deuda que no pudo saldar por la razón que sea.
-La autoridad debe apegarse a sus códigos penales aunque sean muy duros.
-Lleyton Eckhart se llama así mismo "defensor de la justicia" y la justicia y la ley, Tamara, casi siempre son contrarias.
-Posiblemente él no eligió las palabras correctas, no lo defiendo, pero es un abogado y así son ellos de rotundos.
-Nunca se fíe de alguien incapaz de sensibilizarse o mínimo de arreglar sus problemas en casa.
-La vida privada es "privada".
-No cuando se ventila en medios. Lea, Eckhart se compremeterá con una Izbasa a la brevedad y en la remembranza viene lo de su primer matrimonio. Todavía me acuerdo de su ex esposa reclamándole atención.
-¿Cómo sabe?
-Cuando fui chef del Vodianova me tocó ver una de sus discusiones, ella amenazó con hacer sus maletas para ver si él entendía y terminó recibiendo los papeles del divorcio firmados esa misma tarde.
-¡Increíble! 
-Lleyton Eckhart nunca dialoga, siempre da por hecho, por eso me fastidia que se disfrace de justiciero.
-Su ascenso no parece tan honroso después de esto.
-¿Por qué cree que le agrada al jet set? Es igual de ... Me callo por no ser soez.

Tamara dobló el periódico y lo colocó sobre su mesita antes de girar la vista y contemplar a Carlota durmiendo en el hombro de Joubert Bessette. Desde que habían abordado el avión, ambos habían insistido en sentarse juntos.

-¿Qué pasó en la madrugada? ¿Por qué Carlota buscaba a Sergei Trankov? - preguntó para cambiar de tema.

-Mi hija quería que Sergei le devolviera algo.
-¿No le dijo qué, Ricardo?
-Le prestó un libro.
-¿Tanto alharaca por eso?
-A Carlota no le agrada perder nada.
-Yo pensé que era otra cosa.
-No, no. Carlota y Sergei se desagradan un poco.
-Pues qué rara relación tienen.
-Mi hija es la extraña.
-Pasamos varios días solas y como si no la conociera.
-Me pasa lo mismo con ella, desde hoy le digo que tendré yerno unos días más.
-¿Joubert?
-¿Apuesta?
-Esos dos deben terminar.
-Comparto la opinión.
-Haga algo.
-Cuando logremos celebrar Pascua, se irá.
-¿Cómo lo conseguirá?
-La familia hablará, Carlota nos hará caso.
-¿Seguro?
-A veces siento que no sé cómo es la chica, pero sólo a veces.

Tamara sonrió como si hubiese escuchado a alguien con un as bajo la manga, pero era evidente que Ricardo no era ese tipo de persona.

-¿Quiere acompañarnos el día que conversemos largo y tendido con ella? 
-No tengo derecho, señor Liukin.
-¿Por qué?
-Lo más probable es que diga adiós.
-Usted no tiene que hacerlo.
-En la federación no han de desear que siga con ustedes. Tengo varios detalles que explicar.
-¿Lo que salió en "Realeza"?
-Me da pena con usted.
-Tamara, deje eso.
-¿Le confiaría a una mentirosa, drogadicta y manipuladora el cuidado de su hija?
-Usted era más joven, buscaba el éxito, nadie la apoyaba, sucumbió a la presión, más tarde creció, aprendió, es exitosa.
-¿Lo soy?
-Es humana. 
-Haguenauer es un gran entrenador, los dejo en buenas manos.
-No le doy permiso de separarse de nosotros.
-No le prometo nada.
-Tamara, usted nos dio la mano cuando nos quedamos solos y admito que me hizo mucha falta cuando se ausentó. No se vaya.
-Veremos que pasará.
-Ojalá permanezca con nosotros, es parte de la familia.

Tamara miró abajo, insegura.

-Te estimo bastante, sin ti estaría extraviado - confesó Ricardo, ella se sobresaltó porque él le hablaba en segunda persona.

-¿Gwendal está enojado conmigo, verdad? - la mujer modificó la plática para prevenir mayor desconcierto. Él no lo notó.

-Mucho más, me parece. 
-No volveremos a ser amigos.
-Gwendal es un hombre orgulloso.
-Más que yo y es decir.
-Le cuesta asimilar que lo excluiste porque confiaba en ti.
-Olvidé que algún tiempo lo vi como un perdedor.
-Te perdonará, has hecho mucho bien por nosotros, más por él y por mí.

Tamara se cruzó de brazos y observó a Gwendal divirtiéndose con Viktoriya en un juego de mímica. Esa conclusión de que él siempre le guardaría resentimientos le rondaba la psique cada que el teniente Maizuradze le solicitaba a esos dos que se portaran bien, como dos niños.

-¿Me disculparías un momento? - interrumpió Ricardo - Con aquello de que a Adrien le dan sus ansiedades tengo que revisar como está, mi sobrino Javier no podría manejarlo.
-Adelante.
-¿Checarías que Carlota no se despierte?
-Más bien que a Joubert no le dé por el abrazo de pulpo.
-Más importante. Gracias, Tamara.

Ricardo se incorporó y se dirigió algunas filas hacia atrás, dejando ver a Andreas Liukin que estaba sentado al lado de la ventanilla, distrayéndose aparentemente con un videojuego.

-¿Anda cerca? - pronunció.
-¿Quién?
-Mi padre.
-Está ¿peleándose con Javier? No sé.
-Ah, qué bueno.
-¿De qué ríes?
-Ricardo ni disimula.
-Más te vale no insinuar lo que sea que se te ocurra,
-Judy Becaud y tú están lindas, aunque Judy está más guapa.
-¡Grosero!
-Ni te pongas nena, de por sí eres insoportable cuando estás de buenas.
-Sólo porque eres hijo de un gran hombre no te hundo la cara de un golpe.
-Cálmate, que por insufrible y mandona le gustas a Ricardo.
-Calla, insolente.
-Encima tienes pasado, ya la hiciste.
-Eres un irrespetuoso.
-¿Qué? Pues Gabriela no era una santa y por eso tuve madre.
-Pues ten un poco ahora y guarda silencio.
-Ni porque te busco galán me tratas bien, debí irle a Judy.
-¿No tienes ni consideración por los que no están?... Con saber como te comportas con tu madre que en paz descanse no podía esperar algo bueno.
-No vivo duelos eternos.
-Gabriela no educaría semejante cro-magnon.
-Sí pudo. 
-¿Te da risa? No aguanto tanto cinismo.
-Rápido, vete a hacerme la vida imposible, Ricardo y tú son tal para cual.
-Te acusaré con tu padre.
-Haz lo que quieras, pero eres mala Tamara, mala como las que le gustan a papá.

Andreas se colocó unos audífonos y Tamara se abstuvo de propinarle la cachetada que ansiaba. Cuando Ricardo tomó su lugar, ella se aparentaba impaciente.

-Te traje un jugo.
-Gracias, ¿cómo le fue con Adrien?
-Javier lo estaba sobreestimulando con unos cómics y dándole chocolate.
-¿En serio?
-A Adrien no se le deben juntar esas cosas porque es como un adicto. 
-Como todos los niños.
-Pero él es un caso especial, el psiquiatra dice que es algo autista.
-Se hizo amigo de Javier.
-Javier hace lo que Adrien desea, nada más. 
-No sabía.
-Con él siempre es lo mismo, se vive con eso.
-Lo siento.
-Adrien es como los demás, muy en el fondo.

Tamara sorbió un poco de su bebida al momento que Carlota y Joubert despertaban.

-¿Quiere que vaya con Carlota?
-Por favor, Tamara.
-Qué bueno que traigo una manta, lo veo después Ricardo.

La mujer se levantó y le ordenó a Joubert cambiar de lugares. El chico accedió, regresando al descanso profundo apenas tomó asiento. Andreas por su lado giraba donde su padre.

-¿Cómo está el enano?
-¿Quién?
-Adrien ¿tengo otro?
-Ah sí, lo llamas "enano". Está controlado.
-Qué bien.
-Debió venir con nosotros, Javier lo está llenando de azúcar.
-Culpa a Tamara.
-Nada tiene que ver.
-Cómo no, nada más me obligó a sentarme hasta acá.
-Junto a la ventanilla, qué sacrificio.
-A ti te puso en medio y qué conveniente, ella en el pasillo y uno no puede escuchar lo que dice ni verla.
-¿Para qué quieres saber?
-Los vi tan cómodos que hasta me pregunté que se estaban haciendo.
-¡Oye, más respeto!
-Otra vez esa cantaleta.
-¿Qué?
-Nada.
-No te pases de listo.
-Es que ella te echa ojitos.
-Andreas, deja lo que estés tomando.
-Le gustas a Tamara.
-¿Te hizo daño el camino?
-Cuando fuiste a ver al enano...
-Traducción: Adrien.
-Lo que sea, ella habló de ti.
-¿Qué dijo, según tú?
-Una cosa de que eres muy buen padre y que a ella le hubiera gustado estar contigo y así bien cursi.
-No es cierto.
-Hasta preguntó si las prefieres malas.
-¿De dónde sacó tal?
-Yo que tú mejor le preguntaba qué se trae.
-Lo más probable es que nada.
-Todas las mujeres tienen intenciones y ella siempre se te junta para platicar o te hace tu café en casa, piénsalo.

Ricardo arrugó un poco la comisura de sus ojos y rememoró algunos episodios como las veces que él, estando en el sofá, había sido sorprendido por Tamara colocándose a su costado izquierdo para leer las noticias juntos o le ofrecía su ayuda para cuidar a los niños. Por curiosidad y posiblemente por recordarlo también, miró a la mujer arropando a Carlota y besando su frente, reparando en que la chica le abrazaba. Ricardo había contemplado escenas similares en casa, cuando Tamara les había brindado su compañía al ocurrir la pérdida de Gabriela y antes sucedieron por igual, previo a un torneo o después de un entrenamiento cuando Carlota apenas se sostenía por cansancio. 

La mujer vio a Ricardo desde su asiento y se sonrieron mutuamente, un poco cohibidos por lo que habían oído de boca de un Andreas que, a su estilo, buscaba una nueva madre.

 

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