lunes, 10 de marzo de 2014

El amoroso desenlace



Último episodio entre Hammersmith y Tell no Tales, 9:00 am.

-"Carlota, ya pasó" - dijo Ricardo Liukin al hallar a su hija de pie en la banqueta. Cristales de hielo le cubrían los hombros.

-"Sergei se marchó".
-"¿Lo alcanzaste?"
-"Sabe que lo amo".
-"¿Cómo te sientes?"
-"Dejé de llorar".
-"¿Quieres un abrazo?"
-"Sí".
-"No volveré a darte permiso de ir tras alguien".
-"No sucederá otra vez".
-"Eso decimos todos".
-"Entonces gasté mi comodín, rayos".
-"¿Trankov se comportó adecuadamente?"
-"Así fue, no te miento".
-"Te creo".
-"Despedirme de él fue hermoso".
-"Al menos los dos se van en paz".

Trankov repetía esa conversación una y otra vez en su mente. Al final, Carlota lo
había tomado por sorpresa de una manera tierna y sincera, dejándolo en jaque y a punto de rendirse en simpatía, demostrándole que ella le terminaría importando. El guerrillero, no obstante, no se sentía cómodo con esto y aguardaba en el malecón con desconfianza, aguzando el oído. Con el periódico leído y un poco de frío, se acercaba un hombre.

-Sergei Trankov, en nombre del Gobierno Mundial y el Departamento de Policía de Tell no Tales, estás detenido.
-¿Bajo que cargos?
-Ninguno, es un ensayo. ¿Supiste la noticia? El nuevo fiscal le prometió a los contribuyentes arrestarte a ti y a la pandilla Rostova.
-¿Sabe lo que hace?
-Los forajidos se acabarán en Tell no Tales, no tendrá la misma tolerancia que la anterior funcionaria. 
-No opongo resistencia, lléveme de regreso y la comunidad le creerá a ese buen hombre.
-Aprovecharía la oferta pero tu ubicación rebasa su jurisdicción y no quiero ponerte en peligro.
-Qué lástima, pude ayudar al fiscal con la credibilidad de su nombramiento.
-Cumplir cabalmente con las leyes no lo hace muy popular.
-¿Contratará guardaespaldas?
-Confía en la fuerza pública.
-Delo por muerto.
-No se esconde.
-¿Qué hace usted, señor viejo del muelle, en Hammersmith?
-Vine a supervisar un asunto pero las noticias me obligan a retirarme.
-El tal Lleyton Eckhart lo hará bien.
-Oficialmente asume como Fiscal General de Tell no Tales en unos días. Presidencia ha organizado un evento para felicitar a la señorita Sandra Izbasa con su equipo de gimnasia y de paso honrarlo.
-A propósito ¿cómo le va al flamante Eckhart con los Izbasa, perdón Presidencia? ¿Todavía tiene los bonos altos?
-Su familia concretó un arreglo.
-¿La fiscalía?
-Compró el anillo ayer ¿será adecuado?
-Depende ¿para quién es?
-Sandra precisamente. Tal vez se lleve bien con ella.
-Tiene quince.
-La ley dice que la muchacha puede casarse y él piensa esperar unos años.
-Sabemos que no puede ser. 
-El hombre le prometió a su padre aceptar.
-¿Sabe qué aborrezco de Tell no Tales? Esa obsesión de hacer compromisos entre familias e imponérselos a dos que no se gustan siquiera.
-No juzgues lo que nadie ve incorrecto, Trankov.
-Sea franco ¿Eckhart querrá estar con Sandra cuando crezca?
-Siempre sigue las reglas. 
-Hábil forma de contestar "no".
-Si no existieran esas medidas, mucha gente que conoces estaría soltera.
-Pero feliz.
-La Izbasa no habrían nacido y el fiscal tampoco. Acordar uniones funciona cuando los interesados no tienen tiempo de conocer a alguien.
-Con razón Eckhart es tan cuadrado. ¿Duerme temprano?
-La corte requiere que su fiscal sea disciplinado.
-¿Cuando tuvo novia por última vez? ¿Facultad?
-Estuvo casado con una compañera de trabajo.
-Ah sí, la que lo dejó por ignorarla.
-El deber es primero, sin excepciones.

El rebelde rió en gran burla pero no añadió algo más. Lleyton Eckhart le agradaba.

-No hay illuminati en Hammersmith ¿te diste cuenta?
-La ciudad está controlada ¿Para qué gastar en personal?
-Hiciste un buen trabajo al respecto en Tell no Tales, Trankov. Lástima que todos crean que dejaste a unos "rufianes desatados" como esos Rostova.
-Nunca di el relevo a nadie, los que están actúan por su cuenta.
-Usan tus tácticas más agresivas.
-Si estudiaron mis movimientos no es mi responsabilidad.
-Influenciarlos, sí.
-Si yo le sugiriera suicidarse y lo hace ¿de quién es la culpa? 

El viejo del muelle le respondió que de hacer caso sería suya, Trankov agregó que algo similar sucedía con los Rostova.

-Nada tienen que ver conmigo - enfatizó.
-Se han vuelto un dolor de cabeza, dale tu consejo al nuevo burócrata de alto nivel.
-La ley tiene la respuesta.
-Pero no la manera de atrapar a la banda. Estuvo muy cerca durante un concierto.
-Que reclame a sus colegas y no me pida recomendaciones porque los Rostova ni me van ni me vienen y si metiera la nariz, no estaría de parte de Eckhart. 
-Han visto a Bérenice Mukhin vagando en Poitiers.

Trankov miró la fotografía, reconociendo de inmediato a la atrevida chica que le había pedido un autógrafo.

-Ya la he visto.
-La imagen no ayuda a otros, está muy borrosa.
-¿Por qué les interesaría tanto esta mujer?
-Es una Rostova, creí que lo habías sobreentendido.
-Entonces buena suerte a la policía.
-¿Por qué?
-Si no han podido esposarla cuando va sola ¿qué les hace pensar que es buena idea ir por ella?
-El líder de la pandilla es Matt Rostov pero los testimonios no convencen al fiscal.
-¿Motivo?
-La gente jura y perjura que es igual a ti.
-Mejor que digan que me extrañan.
-No tienen ni un retrato y si la joven cae, él podría intentar un absurdo.
-Noto un dilema moral.
-Eckhart desea cumplir su promesa, pero limpiamente, sin jugarretas.

El anciano dio palmadas a Trankov, en señal de estima.

-¿Por qué me habla de Eckhart? ¿Qué tiene que ver conmigo?
-Todo y nada, pero anhela ser un ejemplo para la comunidad. En su discurso dirá que Tell no Tales nunca requirió un héroe, sino un hombre con carácter. 
-Qué buena pedrada.
-No lo apoyaré contra los Rostova y de igual forma mi deber es prevenirte.
-¿De?
-Eckhart le solicitará a la Marina que emitan una alerta internacional por tu búsqueda y te ganaré tiempo porque no tardan en identificarte en este rumbo.
-El fiscal es predecible.
-Ve tú a saber cómo supo que le simpatizas a Jacques Chirac.
-¿No podré ir a Francia?
-Por tu seguridad huye a Moscú, te buscaré cuando sea seguro.
-¿Me haría un préstamo?
-Cambia tu boleto con el teniente Maizuradze, lo creerá un milagro, pero apúrate.
-¿Y mi mujer?
-Dale este pase, no me alcanzó para el tuyo.
-Gracias por la información.
-Otra cosa.
-¿Sí?
-Carlota Liukin ocupa mucho de tu cabeza hueca, eres un idiota.
-¿Qué dice?
-Interprétalo como gustes.

Sergei tomó su valija y se fue a prisa, sin reparar en que el viejo del muelle había desaparecido. En las portadas de los diarios veía la imagen de Lleyton Eckhart, omnipresente y entusiasta al tiempo que la gente comentaba que era una lástima que tal hombre no viviera en Hammersmith, mientras otros les recordaban que hasta hacía poco, se presentaba en congresos sobre seguridad. La ociosidad, empero, dominaba y los rumores de que Sandra Izbasa era su prometida se esparcieron como pólvora.

Por su parte y ajeno a las murmuraciones, el anciano se hizo visible en Tell no Tales, resuelto a constatar el comportamiento torpe de las fuerzas del orden y confirmar las mofas de la vox populi respecto a la exagerada seriedad del nuevo guardián de la ley. En el muelle y el barrio ruso se carcajeaban hasta que dolía la barriga por la tiesa expresión de Eckhart y sus primeras declaraciones, tales como las de poner su renuncia si no obtenía éxito al enjuiciar a la mafia o la de obligar a los servidores públicos a justificar cada ingreso u egreso de su área de trabajo o sueldo. Otro propósito era el de regular los bares y cantinas y fue en ese momento cuando el viejo del muelle tuvo una idea.

Lleyton Eckhart evitaba ir al Panorámico y detestaba todo lugar en donde la venta de alcohol dominara las preferencias de los consumidores. Antes de ser ascendido, el hombre había intentado cerrar especialmente la cantina de Don Weymouth, misma que le era poco menos que repugnante y se había convertido en una de sus pesadillas gracias a que el salkau se consideraba alimento y el Estado perdía los casos cada que se trataba de cambiar esa denominación escudándose en la embriaguez de los asistentes. 

-Lleyton, espero que entiendas que elijo salvar a Sergei Trankov - dijo el anciano - Además, es hora de darte una lección, te falta espontaneidad y si no pierdes el miedo a sentir no madurarás. La cuarta mujer que te topes en la zona de bares será la indicada.

El hombre caminó vigorosamente hasta la locación elegida y no tardó en ver a Lleyton Eckhart tomando notas y contestando su celular. Se notaba que su objetivo era trazar una estrategia nueva para contener el quórum y establecer horarios que impidieran el turno continuo entre el viernes y el sábado en las tabernas. 

-Vamos bien, ya pasaste a dos muchachas y no advertiste la tercera, la siguiente parece ser Ely Alejandryi, no saldrá mal.

Pero los planes del viejo del muelle cambiaron inesperadamente.

Una joven iba por la acera y cargaba una bolsa de mercado colorida. Por su rapidez, adelantó a Ely y ante un negocio gritó:

-¡Estoy aquí, jefe!

Su tono, tan lleno de vida, atrajo al distraído Eckhart que se asomó a la puerta de los Weymouth.

-¡Le conseguí un montón de guanábanas, un descuento con las manzanas y sí hubo avellanas! - continuaba ella - Evan viene luego, se quedó comprando avena.

Lleyton Eckhart reconoció el sitio y el dueño y posteriormente vio a la mujer apresurarse a entrar a un vestidor del que saldría con uniforme de mujer fatal del medio oeste. 

-¡Bérenice Mukhin! - pronunció Eckhart incrédulo. La chica, sin advertir nada, tomó lugar en la barra para fingir que leía el periódico y sus brillantes ojos miel adquirían el aspecto de ingenuidad que enmudeció al fiscal por completo.

En el extremo contrario, el viejo del muelle sujetaba su bastón con la mayor fuerza, agitando la cabeza. El resultado era imprevisible por donde se le viera pero con esto, Trankov se daba por librado sin saber que había desencadenado algo importante.

Eckhart se abstuvo de entrar a la cantina de los Weymouth pero se quedó contemplando a una contenta Bérenice apenas un poco, confundido por la idea que tenía de ella. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario