martes, 4 de marzo de 2014

Las prioridades del Estado


Brian Joubert / Foto cortesía de La Maison de Joubert (c)

Tell no tales, club de hielo del barrio ruso tres días antes de la visita de Carlota Liukin a Alena Makarova: 

-Buenas tardes.
-Las clases terminaron, vuelva mañana.
-¿Así tratas a tu marido?
-¿Problema?
-Alena, deja ese rencor que me he disculpado bastante.
-Intenta reparar todo lo que me hiciste.
-He vuelto a costear tu tratamiento para el cáncer.
-¡Te lo ordenó una corte, maldito!
-Te habría ayudado de todos modos.
-Mejor lárgate, Andrew Bessette. 
-Vine porque hay papeles que arreglar.
-¿Por qué nunca visitas a nadie si no hay negocios involucrados? Eres una porquería.
-No voy a tolerar ofensas.
-Encima te pones digno, qué cínico.
-¿Qué querías? Uno piensa que su esposa lo sigue amando y a cambio cosecha malas palabras.
-No me vengas con cursilerías.
-Me hieres.
-La puerta es grande.
-Nuestro tiempo no.

La mujer miró un reloj cercano y bajó la cabeza, cediendo.

-¿Qué buscas, Andrew?
-Un consentimiento legal, una mera formalidad.
-Lo sabía, no me visitas si no es por tus intereses ¿Qué es ahora? ¿Necesitas que mi firma te defienda en una demanda? Porque dinero no tengo, todo te lo di para invertir en Joubert ¿te acuerdas? Y no he vuelto a ver un centavo porque extrañamente terminé pagando unas borracheras muy caras y los regalos que le diste a mi hermana para acostarte con ella.
-Estás equivocada, todo eso salió de mi bolsillo. El colegio de Joubert fue lo que se costeó con lo tuyo.
-¿El internado en Cobbs? ¿Ese del que mi hijo salió huyendo y por el que abandonó los estudios porque lo dejaron traumado? Ese lo pagaba tu padre, Andrew. A mí me robaste.
-Te hago un cheque y se resolvió todo.
-Muérete.
-No seas infantil, por favor; además no has firmado.
-Con tal de que te vayas hago lo que sea, dame los documentos.
-¿No vas a leerlos?
-Da exactamente igual. No me puedes quitar ni un pelo porque hasta ese te entregué en un contrato llamado matrimonio del que no recibo beneficios.
-Te aviso que le darás tu consentimiento a una cesión de derechos. Es una cosa pequeña que no creo que te importe.
-¿Todavía tengo derechos? No es en serio, siempre encuentras que arrebatarme ¿De qué va tu chiste hoy? ¿Me sobró una propiedad o qué?
-Es una sucesión, algo simple.
-¿Qué clase de sucesión?
-Tómalo como un permiso. Mi hija Raluca toma el trono de Mónaco mientras Joubert nunca se entera de que tiene algo que ver en eso y sigue con su vida, tal como imagino que quieres.

Alena se detuvo y su rostro de rechazo se transformó en uno de reflexión fugaz.

-No ¿por qué haría eso? ¿De dónde sacaste esa idea, Andrew? Pude dejar que me despojaras de muchas cosas pero esa corona es lo único que le voy a dejar a Joubert, no se la voy a regalar a una niña a la que no conozco.
-En un país quebrado. Raluca se casará con un magnate y volverá el turismo, el chico, en cambio, no tiene mucho que hacer allí.
-Eso no importa. Yo quiero dárselo, él sabrá como proceder.
-Alena, no quiero pensar que el cáncer te afectó las neuronas pero tu hijo no está capacitado para el mando y no tiene otro interés que no sea esa idiotez de hacerse músico.
-¿Músico? ¿Es que ha salido talentoso?
-Un DJ no es más que un payaso.
-No hables así de Joubert.
-Alena, soy realista.
-Nunca he entendido porque siempre te has comportado como un imbécil con él. 
-Mira, quiero evitar sentimentalismos y dramas. Das tu consentimiento y tu hijo podrá hacer y deshacer sin la monserga de dar la cara por cosas que no va a resolver.
-Pídeme otra cosa ¿necesitas un aval? ¿un préstamo para no hipotecar una casa? ¿un lugar dónde quedarte?

Andrew Bessette negó con la cabeza y Alena tomó asiento en el hielo, llorando.

-Mujer, no te pongas así. Hago lo mejor, estoy viendo a futuro, Joubert ha crecido ajeno a este mundillo de la realeza y de la administración pública, él tiene otras metas, podría valerse por sí mismo con un poco de esfuerzo, tal vez se vuelva una estrella con la payola adecuada.
-¿Y por qué no un Príncipe de Mónaco? ¿Qué se le tiene que enseñar? Es un chico inteligente. Andrew, por un momento usa el sentido común. Le das a Virginie lo que desea y Raluca se convierte en Jefa de Estado ¿Me puedes decir cómo la han educado? No hay día o revista en la que no salga haciendo desfiguros y ¡por Dios! ¿qué hace una niña de once años protagonizando escándalos? 
-Raluca es buena.
-Lo dices porque es tu hija pero aprendió a ser una cabeza hueca, igual que Virginie.
-Te pusiste más sensible, qué lata.
-¿Sigues usando esa expresión de "qué lata"? Eres un chiquillo, justo lo que me faltaba.

Alena sostuvo sus frente antes de sufrir un ataque de tos. Su pañuelo se llenó de sangre.

-¿Te llevo al médico?
-Estoy bien Andrew, a veces esto pasa.
-¿Cuánto te queda de vida?
-¿Para qué quieres saber?
-Porque estamos casados.
-Ah ¿eso significa que debo informarte?
-Para trámites legales, sí.
-Volvemos a lo mismo.
-No me tomes a mal pero hay que tener las cuentas, las cosas y las personas en su lugar.
-No llegaré a las nacionales de diciembre con mis alumnos y no celebraré mi cumpleaños.
-No sabía que estabas tan enferma.
-Es tu culpa.
-Si me hubieras explicado...
-Me quitaste el dinero del tratamiento, recurrí a un abogado, mi familia no contestó las llamadas y de algo hay que vivir.
-Pero el frío te hace daño.
-¿Qué querías que hiciera? No tengo muchos estudios y tomé un curso para entrenar gente en el único deporte que entendí. Me he resfriado, me ha dado gripe, los chamacos me matan y las parejas acaban con mi paciencia pero gano para salvar el mes, a diferencia tuya que nunca has trabajado. 
-Estás con un General de la Marina.
-¿Puedes decirme que nombramiento no fue conseguido por tu padre? Tienes un título porque movió influencias, por eso nadie te toma en cuenta.

Andrew Bessette se quitó los zapatos y se posicionó al lado de Alena con la frente inclinada al hielo.

-Gracias por no pisar con tus suelas viejas.
-Jugaba hockey ¿te acuerdas? Gracias a eso sé que la pista no se toca con calzado Ferragamo.
-Lo presumido no se te quita.
-A los socialités les impresiona y no quiero perder práctica.
-¿Joubert no habla igual, verdad?
-No te preocupes.
-Lo encontré hace poco en Katsalapov.
-¿Hablaron?
-No, pero lo sigo desde hace meses.
-¿Por qué?
-No soy la madre del año ni la mejor del mundo ¿Cómo acercarme si no me ve desde hace tanto? 
-Él sabe lo del cáncer.
-Pero no comprende por qué no he estado y aceptémoslo, debí pelear más por él en lugar de dejarme vencer por tu padre y luego por mi ausencia. Me habría gustado defenderlo en Niza cuando me lo arrebataste y no dejarlo crecer solo.
-Él está sano, es fuerte. 
-Andrew, Mónaco significa mucho para mí y eres consciente de que esa sucesión es lo único que me queda en el mundo ¿Te has puesto a pensar qué le heredaré a Joubert? 

Hubo un breve silencio incómodo.

-Más bien ¿qué le daremos? Él no pertenece a la Marina, no le abrimos un fideicomiso, no hay un testamento y todo lo que te pagan se va en Raluca. Me preocupa que no tendremos un seguro para él o algo en lo que tenga la libertad de caer. Ese trono representa todo lo que pudimos lograr para bien o para mal.
-Tengo un acuerdo con Virginie.
-Andrew, piensa como un estratega político por una vez ¿Qué ganancias recogerías permitiéndole a tu hija tomar el poder? ¿Raluca respetaría los tratos que hiciste con la mafia rusa para mantener las casas de juego? No creas que me enteré en vano. 
-No lo ...
-No lo considerabas. ¿Supiste que tu niña recientemente celebró su compromiso matrimonial? Ahora los Izbasa amenazan con entrar a la familia para establecer su emporio ¿En qué posición te encuentras con esto? Fuera de los negocios que te incumben. Virginie actúa a tus espaldas de una forma muy burda y tú ni cuenta te das... Ahora volvamos a Joubert ¿El chico te adora?
-Algo hay de eso.
-¿Te pide cosas?
-Solo una guitarra eléctrica el otro día. Me dijo que me la pagaría.
-¿Cómo gana dinero?
-Como DJ y anduvo en un atelier.
-¿No vende drogas?
-Soy un adicto, Alena; si Joubert se dedicara a eso, yo lo notaría.
-¿Sigues con el alcohol?
-No lo puedo dejar, que quieres.
-Ay, Andrew, con razón no tienes claridad en nada.
-A veces te pedía tu impresión para todo.
-Cree lo siguiente: Joubert necesitará una mano derecha ¿y quién es mejor que tú? Hazme caso, te urge un aliado.
-¿Hasta qué punto me conviene poner al muchacho?
-Ha vivido más tiempo contigo, sabe que eres lo único que conoce y toma algunos de tus consejos, incluyendo los atroces. En una corte, eso vale oro en el futuro inmediato: Las decisiones pasarían por ti prácticamente antes de que nuestro hijo tenga la experiencia para elegir y después serías un consultor. El chiste es que Joubert te tome aprecio y cuide de ti y de tus socios, además, Mónaco requiere un líder familiar, ¿no te gustaría tomar ese lugar?
-¿Qué dices?
-Te ofrezco ser el poder detrás del poder un tiempo, idiota.
-No comprendo tu movimiento.
-Joubert debe ganar tiempo para educarse mientras tú preparas el terreno para que pueda gobernar. Sé que te asegurarías de que él te deje a cargo.
-¿Me estás diciendo que Joubert me permitiría hacer lo que se me antoje?
-Temporalmente, siempre y cuando ayudes a paliar algunos problemas del país.
-Escucho.
-Gracias a que mis hermanos son unos irresponsables, el gasto público depende de lo que los civiles y la mafia con sus cuotas cubren, no obstante, las grandes empresas no pagan impuestos; eso ha provocado un déficit que no se puede ocultar y que está ocasionando malestar. Si Joubert llega al trono, no sería amigo de nadie, obligando a todos a cumplirle al fisco. Esta medida no lo haría popular con los empresarios y los banqueros, pero los súbditos lo amarían y es primordial ganarse su simpatía con acciones. Te recomiendo contratar un buen publicista y utilizarlo desde ya para convencer a la gente de recibir un cambio con agrado, sal en reportajes y eventos con Joubert, recurre a paparazzi y vuélvelo famoso. La prensa deberá ser partidaria de ustedes dos así que soborna a quien tengas que sobornar y no te separes de los editores de la revista "Hola" para la proyección internacional. Derrumba el mundo de chocolate de mi familia si deseas el poder, la clave es la radicalidad disfrazada.
-Todo suena muy bien, pero algo habrá que hacer para que las trasnacionales no nos derroquen por un asunto hacendario.
-No te apures, se van a cuadrar.
-Por supuesto, con gusto lo harán.
-Consigue que Joubert tenga compañeras sentimentales entre las hijas de ellos. La maquinaria farandulera se encargará del resto.
-¿Por qué funcionaría?
-A los banqueros y los empresarios los pierde la vanidad. El resultado sería una gran negociación de pagos, es tan sencillo que me impresiona que en serio sirva.
-Pero no faltarían los que usarían este recurso para persuadir a Joubert de continuar impunes.
-Tienes razón ¿no has bebido en días recientes?
-Absolutamente nada.
-Pues continúa sobrio, por favor.
-Se me ocurre algo arriesgado: proponer al jet set que paguen impuestos con cuantiosos descuentos y ahorrarnos el tema de la novia. De lo perdido, lo recuperado.
-¿Mimos a los evasores? Brillante. 
-Para dar el mensaje de que hablamos en serio, estrechamos lazos con empresas rusas que proporcionen los mismos servicios y de paso, damos permisos para que la industria del cine filme lo que quiera con un costo razonable. No hay marca que no guste de salir en películas.
-Invita a directores de Hollywood, véndeles propiedades de precios módicos, traes a tus amigas celebridades y aquello marchará. Es increíble que lo más barato y bajo sea la solución. Empresa a la que no le parezca, que se marche.
-Habrá que calmar al Gobierno Mundial si se hace lo de Rusia.
-Alega que es la forma más fácil de agarrarle el pescuezo a Putin y otros dirigentes del Kremlin.
-Los rusos deben entender nuestro juego para llevar la fiesta en paz. 
-Exacto. Joubert no puede romper tus tratos previos.
-No había pensado ni en que Raluca me sacaría de la jugada, eres muy lista Alena.
-Protejo a mi hijo.

Andrew Bessette contempló a la dama con una apenas perceptible sonrisa.

-Cuida a Joubert y promete que le entregarás la corona.
-¿Crees que lo que estás pensando trabaje a nuestro favor?
-Mónaco es como Tell no Tales, por eso estoy segura.
-¿Por qué también me cuidas?
-Porque eres el padre de mi hijo y te quiero. Entiende, te pido esto porque Joubert y tú son lo que más bonito que me ha sucedido. Tú eres un idiota pero deseo que nunca estés solo y te amen sinceramente. A veces un padre y un hijo trabajan juntos y no quiero que ustedes se separen. No es justo que el chico te pierda o no pases tiempo con él. Deja la política de lado nuevamente. Mi intención es que se reconcilien.
-¿Y tú?
-Nunca hice algo por él y no me atrevo a disculparme por ser una mala madre.
-Cualquiera entiende que estás muy grave.
-No luche por Joubert, no tengo derecho a ser su madre ¿o sí?
-No digas eso.
-El tiempo no me alcanza para compensar mi ausencia y si tu visita terminará por arreglar algo, entonces agradezco que se te ocurriera.
-Alena, ve con él.
-Andrew, no me has dado tu palabra.
-Te lo prometo pero no te vayas sin reunirte con Joubert.
-Sólo puedo hablar ahora. Lo que presiento es terrible.
-Mujer...
-Ten a la mano el acta de nacimiento de nuestro hijo, llévala con un notario en Montecarlo y haz lo que tengas que hacer.
-Bien, así será.
-Gracias.
-Si quieres algo más, cuenta con ello.
-Quédate hoy.
-Sí.

Alena Makarova abrazó a Andrew Bessette con delicadeza, mostrándole un cariño inmenso. Él, que generalmente la había menospreciado, se llenó de angustia.  


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