viernes, 23 de enero de 2015

El asesinato de un buen hombre


No sólo los caricaturistas de #CharlieHebdo merecen homenajes, también los moneros del mundo que han criticado y motivado a sus sociedades al cambio.

Para Pepe San, con admiración (y gracias por el plastoon que ilustra el cuento a continuación).

Corrían las cinco de la mañana y en París comenzaba el frío matinal que precedía al otoño cuando Sergei Trankov apareció en la puerta de un edificio cercano al canal St. Martin. No había mucho ruido y aguardó con poca paciencia a que un caricaturista, de nombre Stéphane Verlhac, saliera de casa para abordarlo y pedirle algo que le incomodaba. Verlhac curiosamente se había interesado en colaborar con Jean Becaud para su novela gráfica.

-Monsieur Verlhac, usted tiene algo que me pertenece - dijo por saludo.
-¡Trankov! ¿A qué ha venido?
-No puede publicar lo que trae en la carpeta.
-¿Qué dice?
-Deme el boceto y nos vamos en paz.
-Está loco.
-Hablo en serio, usted no quiere imprimir eso.
-¿Cuál es el problema? Lo descubrí, usted es quien debe parar.
-¿Detenerme con qué?
-Carlota Liukin... Seducir a una niña es algo muy bajo, Trankov.
-No lo hice.
-¿A qué le teme? ¿A que sepan que usted está en París o al escándalo que va a reventar cuando lo denuncie con un simple dibujo?
-Ella no merece esto.
-Exactamente. ¿A qué juega, Trankov? ¿La busca a diario y la besa cuando está a solas? ¿Va a alegar que la niña lo provoca o que se lo buscó? ¿Cuándo se convirtió en el villano? ¡Por qué Carlota Liukin!
-¡Carlota Liukin ...! No puedo decir nada pero no publique ese carton si no quiere confundir las cosas.
-Lo vi en el parque de Les Halles con ella, platicando y luego con una pelota...
-Eso fue todo.
-Claro que no, sé bien lo que ocurrió: ¿Dónde fueron después? ¿Me va a negar que no estuvieron en un edificio de Montmartre, solos? ¡Hasta tengo el número del departamento!
-No es lo que está pensando.
-Pruébelo y desmiéntame en cuanto esto aparezca en el periódico. Buenos días.

Trankov se llevó las manos al rostro e intentó seguir a Verlhac por la banqueta pero lo perdió de vista pronto y pensó que ahora sí se le avecinaba un fuerte problema. La caricatura mostraba a Carlota en una bata blanca y entrando a un dormitorio, invitando a Trankov con el gesto. El texto decía "Sans commentaires"* y Jean Becaud había avisado al guerrillero la noche anterior.

Sin embargo, a unas cuadras de ahí, la agente del Gobierno Mundial, Talullah Brewster interpeló a Stéphane Verlhac y le impidió tomar su acostumbrado autobús rumbo a la redacción de su revista "Les incorrects"**. Después de darle un puntapié y sangrarle la nariz, la mujer le arrebató la carpeta y quemó su caricatura. Verlhac fue subido a un vehículo y poco después, nadie supo de él. Todo en menos de diez minutos.

9:00 am, casa de Romain Haguenauer.

El timbre sonó en punto, no era novedad. El periódico, el jugo y las verduras solían ser entregadas a esa hora y Carlota Liukin decidió atender. A pesar de que permanecía distante debido a que su padre no se disculpaba aun, todavía conservaba los ánimos para sonreír de vez en cuando y hasta mandar saludos a quien se lo pidiera. Preparada para quedar bien, ajustó los botones de su vestido azul marino y abrió la puerta. Sus propios gritos la llevaron de nuevo al pasillo.

-¡Carlota! - exclamó Ricardo Liukin al verla alterada y alzando la vista, no tardó en saber la razón.

-¡Alguien llame a la policía! - gritó y su hijo Adrien, aparentemente al término de uno de sus lapsos ausentes, caminó hasta la banqueta y ante la estupefacción de su hermana, levantó un papel y lo mostró: "Hommage à Carlota Liukin"***.

-¡Adrien, suelta eso!
-Lo hicieron por ella, ¡todo lo hacen por ti!
-Hijo, ven conmigo y no digas nada a tu hermana.
-¡Tú lo hiciste, Carlota! ¡tú y Trankov!
-¡Calla, Adrien!
-¡Carlota es una bruja! ¡Te odio, Carlota, te odio!

Y el chico comenzó a gritar desgarradoramente antes de que su primo Javier apareciera en escena y telefoneara a las autoridades, reportando el mensaje a su prima y lo más importante: el cadáver de un hombre.

A unas puertas de distancia, el alboroto llamó la atención y despertó a los Becaud con extrañeza.

-¿Los Liukin están gritando? - preguntó Judy desde el balcón de su apartamento, asomándose para terminar tan impresionada como ellos y pedirle a Jean que viera aquello con urgencia. Él reconoció a la víctima y como pocas veces, cayó en un estado de angustia.

-¡Verlhac! ¡No, Verlhac!
-¿Quién es?
-Mi grafista, no puede ser...
-¡Jean, gobiérnate!
-¡Ayer hicimos planes!
-Tranquilo...
-¿Será por mi novela?
-¿Cuál?
-¡Verlhac!

Judy abrazó a su marido y no tardó en ver a Javier Liukin levantando al desconsolado Adrien, que seguía culpando a Carlota mientras sacaba un cómic de su abrigo y lo hojeaba con insistencia.

-¡Tú hiciste esto! ¡Trankov y tú! ¡Maldita! - insistía el niño.
-¡Carlota no sabe quien es el muerto! - respondió Javier.
-¡Verlhac escribía el "Star du North"!
-¿Sería un error?
-¡Fue ella! ¡Ella!
-Calma.
-¡Lee aquí! ¡Verlhac sabía algo de Carlota y lo mataron!

Javier, escéptico de su primo a pesar de comprobar lo que el cómic exponía a cada rato, revisó las viñetas, topándose con una que le sorprendió: Carlota aparecía entre corazones, susurrando "mon Sergei" y Trankov era retratado como un cazador, que replicaba "my little princess". La historieta narraba como un cuento de hadas se volvía realidad.

-¡Esto tiene que ver con con ella! - expresó Javier Liukin y Ricardo apretó más a la joven, que totalmente muda y fría comprobaba que Sergei la observaba desde el lado del frente, leyendo en sus labios "juro que yo no maté a Stéphane Verlhac" (continuará).

*Sin comentarios
**Los incorrectos
***Homenaje o tributo a Carlota Liukin.

P.D. Este cuento es sólo eso, nada más, nada menos.

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