miércoles, 4 de febrero de 2015

El adiós (When winter comes)


-Sergei, ¿por qué lo hiciste? ... Te matarán - murmuró Talullah Brewster cuando uno de sus asistentes le avisó que el guerrillero había conseguido enviar a la policía francesa una supuesta evidencia que lo señalaba como la última persona que había visto con vida a Stéphane Verlhac, así como la insinuación de ser el responsable directo del crimen. Desde la altura de un edificio del distrito trece, la mujer sólo miró al suelo y observó la reacción de los habitantes cuando la noticia se difundió casi en prime time. Las marchas y la indignación se sucedieron enseguida.

-¿Ahora qué hacemos? - preguntó el asistente.
-Empaquen, nos vamos.
-¿Qué le notificaremos a nuestro jefe?
-Que cumplimos con un buen trabajo... ¡Todos muévanse!

Ella ajustó la cinta de su vestido gris y permaneció quieta mientras se preguntaba en que sitio era bueno esconder a Sergei de la cacería que se desataría en cualquier instante o si sacarlo de París aun era la opción. Su equipo de trabajo sólo se limitaba a seguir recibiendo sus órdenes y por una extraña razón, siempre la cubrían cada vez que despistaba al Gobierno Mundial o engañaba a sus superiores respecto a las capturas de disidentes o ciudadanos "inconvenientes".

-Mandamos por su maleta al hotel, ¿tomaremos el próximo vuelo?
-Quiero que me hagan un favor: Sigan de vuelta a Londres, yo los alcanzaré.
-¿Qué piensa?
-Sergei Trankov cambió los planes ¿hay algún lugar dónde pueda meterlo sin que lo molesten?
-Registrarán todo.
-¿Podría conseguir una forma de escape?
-Con tantos francotiradores afuera...
-Teníamos la historia perfecta, el escenario armado, la gente cayendo y a Sergei le gustó echarlo a perder.
-Fue su culpa, señorita Brewster ¿Cuántas veces hay que decirle que a Trankov le desagrada que lo salven de los escándalos?
-Quería ahorrarle este.
-¿Sabe que nosotros somos sus incondicionales?
-Hagan un milagro.
-Es hora de que usted decida nuestro bando.

Talullah Brewster recibió un revólver y un poco desesperada volteó a ver a su equipo.

-Escuchen todos: Matamos a Stéphane Verlhac para evitar que Sergei Trankov fuera acusado por depravación o algo mucho peor pero él no lo entendió así y ha tomado una eficaz venganza contra nosotros o más bien, contra mí. Según lo que reportamos al Gobierno Mundial, Verlhac iba a hacer trizas a nuestros servicios de inteligencia y publicaría un artículo con información confidencial, pero la versión ahora apunta a que Trankov lo hizo porque se le ocurrió. No les pido que limpiemos su nombre ni que quedemos bien con los superiores, les ruego que me ayuden. Sergei Trankov no debe ser capturado ni morir, busquémosle un escondite y asegurémonos que no haya inspecciones policiales en el lugar en mucho tiempo. "Nosotros metimos a Trankov en esto" es la idea que se van a repetir en la cabeza y lo pondrán a salvo, además de procurar que haya tiempo para despedirme... Estoy asustada.

La mujer apretó el gatillo y disparó al suelo, como señal de que hablaba en serio y la traición no sería perdonada. Sus asistentes de inmediato acataron el cambio de parecer.

-Sergei vive aquí abajo, no sé bien en qué apartamento pero es la sección más austera y su mujer está con él.
-¿Quiere que separemos a Lubov Trankova?
-Se quedará con él pase lo que pase. No quiero que vuelva a buscarlo como la vez anterior así que carguen con ella y ocúltenla en el mismo sitio, me encargaré de que sus padres no nos exijan su paradero y asegúrense de que el resto de los Izbasa piensen que se fue y la perdimos... Alto ¿Saben que por esto nos pueden llevar a la horca?
-Con seguridad.
-Los rebeldes son nuestro lado a partir de ahora, sigan mis instrucciones y nos irá bien. Recuerden que tomaré mis cinco minutos con Sergei, ahora sálvenlo.

El equipo enseguida descendió por la escalera de servicio hacia los apartamentos del sector este y Talullah Brewster se aventó al pavimento, cayendo como gato y transformándose en uno para pasar desapercibida. Después de todo, era hora de la comida.


Montmartre:

-No me iré sin mi gato.
-Carlota, la policía nos ordenó salir, van a clausurar mi casa.
-Romain, te juro que apenas aparezca mi Helga, nos vamos.
-Sergei Trankov puede andar por aquí, debes marcharte y no sé, pedirle a alguien que si encuentra a tu mascota, te la lleve.
-Diez minutos.
-Es mucho.
-Es Helga, la adopté en Tell no Tales.
-¿A dónde se mete, por qué la dejas salir?
-A las cinco vuelve por su atún y ya no se va.
-Pero oíste que Trankov mató a Verlhac y todos temen que pueda buscarte después de esa nota en la que te regalaban al muerto ¿Entiendes?
-Sergei no mató a nadie.
-¿Cómo estás tan segura?
-Lo conozco y él mismo me lo dijo
-¿Cuándo?
-Antier, cuando vi a Verlhac.
-¿Le vas a creer?
-Sé que es inocente.
-No confíes en él.
-Romain, no puedo hacer lo que me pides.
-No llores más, basta.
-No me haces caso ¡te digo que él no hizo nada!
-A lo mejor no pero ¿por qué acepta la culpa?
-¡Porque protege a alguien!
-¿A quién?
-¡No lo sé!
-¡Entonces es mentira!
-¡Él jamás me ha engañado!
-Carlota, nunca pienses que hay gente que nunca te ha dicho una falsedad y Sergei Trankov es la persona que más te ha contado las suyas... Tu gato acaba de llegar.

La joven Liukin dio la media vuelta y en su ventana tomó a la pequeña Helga, misma que parecía abrazarla para sostenerse mejor.

-¿Me pasas la transportadora?
-¿Le vas a dar de comer más tarde?
-No abrí su latita y no quiero ensuciar su cobija, me costó trabajo quitar su vómito de la vez pasada.
-Tienes un animal muy curioso.
-Mi papá dice que no me haga amiga de un gato negro.
-Pues a mí no me agradan tanto.

Carlota se disponía a colocar a su animalito en su caja cuando se le soltó y se dirigió enseguida a la puerta de su clóset, rascándola con sus patitas y olfateando insistentemente.

-¡Miau!
-¿Qué le pasa a tu peluda? - preguntó Haguenauer.
-Tiré ayer un poquito de alimento, lo recogí pero creo que el olor se quedó.
-Carlota, ¿estás segura? es muy insistente.
-Ven, Helga.... Ouch, ¡me rasguñaste!
-Ya se colgó de la perilla, contrólala.
-¡Helga, deja ahí!
-¡Ya se puso violenta! Nunca es amistoso un gato negro.
-¡Helga, no hay ...! ¡No me...! Abras.
-¿Qué tienes ahí?
-Nada, Romain.
-Tu gatita no piensa lo mismo ¿qué escondes?
-Está vacío.
-Quiero comprobarlo.
-No es bueno, además nos estamos yendo.
-¿Te haces a un lado?
-Sujeté a Helga ¿ves? No era nada.
-Dame paso, es mi casa.
-No porque nos marchamos ahora.

Carlota sujetó la muñeca de Haguenauer con tanta fuerza que este intentó sacudir el brazo para desprenderse, comprobando que apenas lo lograría cuando sintió un gran frío y vio una brisa helada entrando por la ventana. La gata Helga por su lado, rasguñó el rostro de su dueña y volvió a la perilla, saltando repetidamente para girarla, abriendo el clóset de forma escandalosa (cayendo y golpeándose la cabeza).

-¿Qué hacen estas personas aquí?
-Romain, no te enojes.
-¿Cuándo entraron?
-Hace poquito.
-¿Por qué las ocultas?
-No tiene a donde ir y la policía revisó la casa así que no los buscarán.
-¡Cómo te atreves! 

Acto seguido, Romain Haguenauer fue detenido por Sergei Trankov.

-Un paso más o un grito y se acaba la compasión.
-¡Usted no debería estar en mi casa!
-Carlota me dejó entrar ¿problema?
-¡Es inconcebible que hayas hecho esto, niña tonta!
-¡Te dije que Sergei no hizo nada malo! - intervino Carlota - Pero Lubov fue quien me pidió que los escondiera.
-¡Es mi casa!
-¡Romain!
-No te entiendo, niña ¿no entiendes que estás en riesgo?
-¿De qué?
-Carlota, hazle caso - dijo Trankov - Vete de una vez.
-Lo que hará será llamar a la gendarmería - advirtió Haguenauer.
-Me parece bien, sólo dejen ir a mi mujer.
-Obviamente no.

Carlota perdió los estribos bruscamente y dando tirones al traje de Romain Haguenauer, suplicó porque no denunciara a los Trankov, sin importar nuevamente que sus lágrimas no fueran atendidas.
Por otro lado, la gata Helga se reponía de su caída y salía por la rendija sólo para sufrir la metamorfosis a Talullah Brewster, obligándose a entrar de nuevo para una acción impulsiva y no exenta de escándalo.

-¡Quietos!

La mujer apuntaba con su arma a Haguenauer.

-¿Quién es usted?
-Gobierno Mundial, no se muevan.
-Menos mal, como puede ver Sergei Trankov ha entrado aquí y ustedes lo buscan, qué oportuno que lo capturen de una vez.

Sin dejar de mostrar una identificación, Talullah sacó unas esposas.

-Sergei Trankov, estás arrestado bajo los cargos de conspiración, asesinato y disidencia armada contra el Gobierno Mundial, la pena calculada previamente al proceso judicial ha sido la de muerte bajo el método de degollamiento y será ejecutada en Cobbs apenas concluya el papeleo.

Carlota dejó de llorar en ese instante y miró a Lubov Trankova muriéndose del miedo e incapaz de hacer cualquier cosa. Por su parte, Haguenauer continuaba sin moverse debido a que el arma estaba cerca de su cabeza.

-Si lo preguntan, también tengo frío - dijo Talullah.
-¿Qué harás con Sergei?
-No es de tu incumbencia, Liukin.
-Suéltalo, no traes una orden.
-No la necesito cuando se trata de un terrorista.

La joven Liukin parecía prepararse para el salto cuando la mujer volteó a verla con su mirada amarilla.

-No te lo recomiendo niña, no eres un gato.

La chica desvió los ojos apenas, encontrándose con la expresión de Sergei Trankov, que parecía reír por debajo. Con algo de fuerza,  él propinó un cabezazo a Talullah, desarmándola y ocasionando que Lubov le atara las manos antes de echarla por la ventana.

-Váyanse - ordenó el guerrillero a Carlota y Haguenauer y este último sujetó a la muchacha, que vio como la puerta se cerraba sin que pudiera hacer nada.

-¡Sergei, Sergei!
-¡Ya cállate!
-¡Abre Sergei!
-¡Basta contigo! - gritó Haguenauer, propinando una cachetada y sintiéndose mal en el acto - Tengo que decir lo que pasó.
-No, por favor.
-No son tus reglas, no soy tu padre.
-Trankov no ha hecho nada.
-Tal vez no, pero no pueden ser amigos y mantenerlo libre es algo de lo que te vas a arrepentir.
-Es mi decisión, déjenlo en paz.

Carlota decidió descender las escaleras, con el gesto duro, con la mente en blanco, con el puño cerrado. En cuanto puso el pie en la estancia y abrió la puerta, una ráfaga llenó de nieve la casa de Romain Haguenauer y esta se cristalizó envolviendo las perillas, dejando inservible la calefacción y decorando a fin de cuentas el lugar con reflejos multicolores. Afuera, la ciudad padecía una nevada de pesadilla.

-¿Dónde está mi gata Helga? - preguntó en tono melancólico.
-Brincó por la ventana.
-Le diré a la policía que la busque.
-Carlota, estarás bien.
-Nunca te voy a perdonar, Romain.
-¿De qué?
-Trajiste al Gobierno Mundial, lo vas a lamentar.
-¿Cómo?

Carlota sonrió y besó la mejilla de Haguenauer, haciéndole sentir un frío cercano al de la muerte y viéndolo caer sin resistencia. Alrededor suyo, los policías que vigilaban la casa llamaban a emergencias.

-Y eso es lo menos que te sucederá Romain - advirtió mientras se daba la media vuelta.

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