jueves, 5 de marzo de 2015

Regresa conmigo (Tercera parte)


Gracias a Inés Matosch por la foto.

Coincidiendo con el retorno de Kovac, una canal de televisión transmitía una telenovela de época en la que él, siendo muy joven, había interpretado a un viajero que se establecía en Hammersmith para casarse con su antigua prometida y ocuparse de un negocio de caballos. Todos los días a las dos de la tarde, Bérenice la sintonizaba para saber en que terminaría la intriga semanal.

-¿Si sabes que esa moconoverla es de hace como quince años, no? - le decía Evan Weymouth.
-No importa, es muy triste.
-Los actores no se han de acordar que la hicieron.
-¿Por qué Alondra no le confiesa a Alfonse que nunca lo amó?
-Hasta los nombres están para llorar.
-El pobrecillo dejó lo que tenía y se sentirá defraudado cuando sepa que su hermano Arthur se casará con ella ¡En las peleas siempre hay balazos!
-¿Cómo te puede gustar ver eso?
-Es que todo está bonito.

Bérenice lagrimeaba con cada episodio y para fortuna de los Weymouth, permanecía lo suficientemente atenta como para controlar su talante festivo.

Sin embargo, el mismo Kovac visitó la cantina uno de esos días para beber algo y saber si Lleyton Eckhart andaba por ahí. No lo encontró, pero si vio a la chica con su drama.

-¿Qué hace el bebé aquí? - cuestionaba Evan cuando el pequeño Scott jugaba con su sonaja, sentado en la barra.
-Hay piojos en la guardería, pequeño jefe.
-¿Por qué no lo dejaste en el cuarto de arriba, mujer?
-Porque le da calor y grita.
-El niño espanta a los clientes.
-Luiz se lo lleva al rato.
-Eso espero... ¿Ahora qué te pasa?
-Es mi programa: Alfonse le escribió un poema a Alondra para jurarle su amor ¿por qué ella le miente tanto?
-No tienes remedio. Cuando acabes con eso, limpia las mesas.
-A la orden, pequeño jefe.

Ella dio un beso en la frente al bebé y posó su mirada en la pantalla para suspirar con las escenas románticas e indignarse cuando un socio trataba de arruinar al protagonista.

-Hola ¿cómo estás? - le saludó Kovac en un corte comercial.
-Hola chico, hoy tenemos salkau con vainilla, manzanas y... ¿qué era? ¡Nueces! Lo memoricé porque a veces se me va la olla ¿Qué sabor prefieres?
-¿La olla? ¿Qué quisiste decir?
-Nada, ¿qué te sirvo?
-Eh.... Supongo que un poco de ron estaría bien.
-Toma tu vaso.
-Parece que te gusta mucho lo que estás viendo.
-¿Qué?
-La telenovela.
-Me encanta la historia, un hombre rechazado siempre da pena. A veces sueño con entrar a la pantalla y abrazar a Alfonse para consolarlo.
-¿No te recuerdo a alguien? ¿Al protagonista, por ejemplo?
-Alfonse es más joven y tiene el cabello largo; tú lo tienes demasiado corto y tus ojos están un poco caídos. No eres él.

A Kovac le pareció un derroche de gracia durante un segundo pero Bérenice hablaba con suma seriedad y no lo reconocía aunque hubiese conservado el porte de su antiguo personaje. La joven se concentraba como nadie en el hilo de una trama que a él no le enorgullecía en retrospectiva y se daba cuenta de que ni estando muy desesperado, aceptaría nuevamente trabajar en Hammersmith para seguir vigente.

-¿Qué te gusta del programa?
-Que la ciudad se ve muy linda.
-Pero están en el campo.
-Se nota que antes Hammersmith era mejor.
-¿Has ido?
-Una vez y es horrible.
-Cuando la visité por primera ocasión, me impresionó. Debiste verla hace quince años.
-¡Cuando tenías veinte!
-Si así lo pones.

Kovac asumió que Bérenice lo llamaba "viejo" pero sin mala intención. Ella por su lado volteaba hacia a Scott, mismo que sonreía cuando lo miraba.

-Oh bebé, no puedes jugar con esta sonaja sucia, mejor agarra tu peluche ¿verdad que el "señor oso" te hace reír? En un momento te traigo tu juguete.

La mujer volvió a besar al niño y fue al lavabo próximo a asear la sonaja, además de un biberón para servir la fórmula favorita de los dos. Después Kovac contempló con cierto asombro como Bérenice bebía de una taza.

-Si Scott no me ve tomando lo mismo, rechaza su leche - comentó ella.
-¿Es tu hijo?
-Sí y lo amo muchísimo.
-¿Cuánto tiempo tiene de nacido?
-Ocho meses, según el doctor.
-¿Perdona?
-Es que estaba un poco enfermo, le sacaron medidas, le revisaron la boca y me anotaron que tiene ocho meses. ¡Ojalá le salgan rizos como los de su papá!
-No se parece a ti.
-Pero es muy risueño.
-Si no es indiscreción ¿puedo saber cuántos años tienes?
-Veintidós.
-¿No eres muy joven para un bebé?
-Desde hace tiempo deseaba uno, soy muy feliz.

Bérenice prefirió alimentar al niño mientras su telenovela seguía e ignoró a Kovac por completo hasta que Luiz atravesó la entrada y exclamó "¡Scott, ya llegó tu papá!"

-¿Cómo está mi muchacho? - preguntó Luiz.
-Estamos poniéndonos fuertes ¿verdad, Scott?
-Me da gusto, Bérenice.
-Dame un beso.
-¿Con uno basta?
-Aquí sí.
-¿Me llevo al niño a casa?
-Me quería quedar con él otro ratito pero no puedo.
-Lo llevo a pasear con su abuelo entonces.
-Le di sus medicinas y su leche. A las ocho le tocan su manzana y sus gotitas para la tos, que no se te olvide, Luiz.
-Claro que no.
-Bueno, despídanse.
-Le damos un beso a mamá, le decimos que papá vendrá por ella y tú y yo nos vamos con el abuelo a una reunión de hombres (no le digas a mamá que vamos a la playa).
-¡Ay, yo quería!
-El domingo vamos.
-Hecho.
-A las nueve regreso.
-Pasaremos a comprar la cena.
-Sí, lo que quieras.
-Adiós y cuida bien a Scott.
-No te apures, Bérenice.
-Te quiero, Luiz, adiós.

Kovac era consciente de que estaba fuera de lugar, aun cuando ella retomara sus labores y su programa; pero Bérenice de verdad no lo reconocía interpretando a Alfonse, aun cuando comenzó a compararlo de vez en vez por culpa de un guiño de la ficción que se parecía al de hacía unos días.

-Pensé que te habías ido.
-¿Me darías más ron?
-Aquí tienes.
-Eres la primera persona en mucho tiempo que me dice que le gusta esa telenovela.
-¿Por qué?
-Nadie la recuerda, ni yo.
-Es que Alfonse es demasiado perfecto.
-Más bien ingenuo.
-Conocí a alguien así.
-¿Quién era?
-Su nombre es Matt, es doctor.
-¿Qué pasó con él?
-Era mi novio.
-Oye, esa es una sorpresa.
-Él sabe de todo y yo ni siquiera fui a la escuela. Ahora a él le gusta una de sus compañeras del hospital y mi lindo Luiz es carpintero.
-La vida da vueltas ¿no?
-Matt era muy lindo pero fue mejor que se terminara, yo nunca le entendía.
-Suele pasar.
-Ah, me he distraído mucho y acabo de recordar que no recogí una de las medicinas de mi pequeño... Iré por la noche, no es urgente. Terminaré con mi novela, pásala bien chico.

Bérenice volvió a recargarse en la barra, prestando atención al televisor como si nadie más existiera, ni siquiera Kovac que permanecía cerca y sentía una especie de curiosidad por saber que clase de mujer era y porque le había contado la anécdota con el novio anterior. De la tentación de verse a sí mismo años atrás no quedaba nada, excepto que muy en el fondo, le halagaba que la cantinera lo confundiera con cualquier cliente, que cualquier otra cosa fuera más importante, que solo actuara como ella misma.

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