viernes, 20 de marzo de 2015

Un paso al reencuentro


Hesparren, Francia.

-¿Cómo ves a Guillaume? - preguntó Christophe Simmond antes de colocarse los patines para ir a darle indicaciones al muchacho. Tamara Didier le daba un sorbo a su café.

-Estará en forma pronto, dile que se ejercite un poco más.
-¿Te gusta su programa?
-Muchísimo, es un artista. Tenías bien guardado este secreto.
-Guillaume sabe que he estudiado el reglamento y el nuevo sistema de puntuación, además no le gusta que su entrenador sea tan protagónico. Admitámoslo, es una ventaja.
-No me has dicho como te fue con la "diva" Liukin en París.
-Me arreglé con su padre, luego me tocó el berrinche porque el señor le respondió "no" a una oferta de Brian Orser.
-¿Hizo eso? Me extraña de Ricardo, siempre busca lo mejor para Carlota.
-Inclusive Guillaume me botaría por Orser.
-¿Al menos te enteraste por qué?
-En parte por dinero pero más bien es para controlar a la chica, su familia considera que se ha vuelto frívola.
-¿Apenas se dan cuenta?
-Y con lo de Verlhac y Trankov están inquietos.
-Los Liukin pierden el control muy fácil.
-¿A poco?
-Te caerán bien, con todo y ese monstruo que es Andreas..
-¿Quién?
-El hermano mayor de Carlota.
-Sabía del autista.
-Adrien es un pan.
-¿Te estresaban, verdad?

Tamara miró a Christophe alegremente y asentó. Guillaume los observaba, esperando que lo atendieran.

-Que bueno que nos fuimos de Berlín.
-Guillaume ha estado muy tenso, ha trabajado todo el verano.
-¿Con Antje Traue?
-Él es diferente.
-¿Qué quieres decir?
-La señorita Traue no le llama la atención; nunca lo he visto con una chica.
-¡Oh, menos mal!
-Eso no explica que se trae con Carlota Liukin.
-Ella lo lesionó, eso es más que suficiente para que nunca la quiera ver.
-¿Podrían dejar de hablar de esa bruja? - protestó el joven y Christophe lo interpretó como señal de que era hora de trabajar. Sobre aquella reacción tan brusca no hubo comentarios.

Sin embargo, Tamara siguió de pie, contemplando la práctica y pensando en Carlota, pero más en Ricardo que con la lejanía parecía haber mostrado algo de carácter o, al menos, que no era ese hombre derretido por su hija.

-Christophe, nos vemos mañana- Exclamó prematuramente.
-¿No comemos juntos?
-Le prometí a mamá llegar temprano, te llamo después.
-¿Estarás en la huerta?
-Recogeré un par de manzanas.
-No te vayas.
-Tienes mucho que pulir con Guillaume, no quiero interrumpir más.
-Iré a tu casa a cenar ¿te parece?
-Como gustes, lleva a quien quieras.

La mujer agitó su mano en despedida y dejó la pista sintiéndose cansada. Afuera, el ambiente era de día de mercado y no tardó en reconocer a su madre, misma que adquiría bombos y carne para el estofado en un puesto cercano.

-Creí que te vería en la granja - señaló Anne Didier felizmente.
-Salí antes.
-Ayúdame a cargar esto.
-Cielos ¿qué es?
-Pescado ahumado y algo de vino.
-¿Y ese ganso?
-Va a ser para el sábado, mi nueva receta te encantará.
-¿Podemos irnos sin imaginarme como vas a matar a ese pobre animal?
-No chilles.
-Quebrarle el pescuezo no será un honor.
-No empieces.
-Discutir hace que me dé hambre, deberías dejarme.
-Entonces aprovechemos ese hueco y vayamos al bistro de allá. Hoy sirven los sesos de cordero que tanto te gustan.
-¿Por qué comeremos fuera? Antes la idea casi te causaba un infarto.
-Tu padre se fue a Hendaye a vender unas cabras.
-¿De casualidad no lo acompañó su amante?
-La vendedora de queso está del otro lado aprovechando el jueves.
-Habría sido el colmo.
-Esa mujer era una gran amiga de tu padre y jamás tuvieron algo a mis espaldas.
-A tus espaldas júralo, todo lo hacían en tu nariz.
-Basta con eso ¿quieres que almorcemos en paz?
-Perdona, es que ella nunca me agradó.
-Afortunadamente lo sabe, ahora entra.
-¿El ganso?
-Lo amarraré, adelántate.

Tamara ingresó al local y no dudó en tomar una mesa cercana a la chimenea, junto a la pared. Con prontitud le llevaron la carta y un poco más tarde, escuchó a los meseros saludando a su madre.

-¿Desde cuándo vienes por acá? - le preguntó cuando se sentó frente a ella.
-Les pasé mi secreto del coq au vin y otros guisos. La sopa de calabaza es su especialidad.

Acto seguido, Anne Didier realizó la orden sonriendo y tomó las manos de su hija cuando empezaba a apretar los labios en señal de que no estaba segura de que podría comerlo todo.

-Haz hecho un gran esfuerzo este mes, uno más.
-En Berlín no tuve apetito.
-Christophe me contó que devorabas los bizcochos de nuez.
-Espero no rechazar los sesos.
-Ya verás.
-¿Qué significa esa mirada?
-¿Cómo vas con él?
-Se me hacía raro que no preguntaras.
-Creí que a estas alturas ya tendría yerno.
-Ni en sueños.
-¿Qué tiene de malo?
-Christophe no es mi tipo y lo dejé atrás hace mucho.
-Pero han coqueteado.
-No lo tomo en serio.
-Es una lástima.
-Me olvidé de él cuando conocí a Gwendal.
-Pero Gwendal no está aquí.
-Ni estará.
-Si te amara, te habría perdonado.
-Lo desprecié, contra eso no hay remedio.
-Podrías demostrarle que aun lo amas.
-Él tiene otra novia.

Tamara se encogió de hombros y probó la sopa con resistencia.

-No la comas si no tienes ganas.
-Sabes que no hay otra salida, mamá.
-Te veo desanimada.
-Porque no he hablado con mis amigos.
-¿Oí bien?
-Los tengo, aunque no lo creas.
-Nunca me has dicho.
-Son Judy Becaud y Ricardo Liukin.
-¿A qué se dedican?
-Judy es cocinera y Ricardo es el papá de la niña que entrenaba conmigo.
-¿En verdad?
-Con Judy pasaba unas tardes maravillosas y con Ricardo leía las noticias, tomábamos café en su apartamento, me dejaba dormir ahí, cuidábamos a sus hijos, completábamos crucigramas y pasábamos la noche viendo películas, rogando que los demás se cansaran y se fueran. Cuando murió su mujer, me mudé por unos días para ayudarlo y nos divertimos mucho. Me extrañaría que no consiguiera novia en unos meses porque es muy educado y atento.
-Qué curioso que lo digas porque por la forma en como me describiste como se tratan, cualquiera diría que ese hombre te gusta.... Pero si no es así, está bien.
-Ricardo no me llama la atención y está tan ocupado consintiendo a Carlota que me saca ronchas.
-¿No piensas en él?
-Para nada.
-¿Ni por qué es tu amigo?
-Sólo como eso, si llegara a más, me ganaría un problema.
-¿Por qué?
-Adivina de quien es hermano.
-Tú dime.
-De Gwendal.
-¡No!
-¡Sí! Por eso no lo considero para mí.
-Parece que al final, el único que merece que le hagas caso es Christophe.

Tamara ladeó su cabeza ligeramente para constatar que llevaba un gran rato en el sitio y acabó con su plato antes de ver a Guillaume Cizeron entrando solo al local y colocándose en un lugar apartado. Anne Didier lo notó y reanudó la charla.

-¿Qué hay con ese chico?
-¿Cuál?
-El que acaba de venir.
-Ah, es un alumno de Christophe.
-¿Por qué te distrajiste cuando llegó?
-Porque me gustaría saber que se trae con Carlota Liukin.
-Para tu carro ¿Qué tiene esa familia que está inundando la conversación?
-Que una vez que los conoces, no te los quitas de encima.
-¿Qué relación sostienen con este niño?
-Carlota lo plantó como dos veces y lo hirió físicamente.
-Explicaría el odio si lo sintiera.
-Ahora Christophe se convertirá en el entrenador de ambos y Guillaume le salió con el capricho de que no se dispone a trabajar con ella.
-Eso no te incumbe.
-Christophe es mi amigo, se va a quejar conmigo.
-Lo hará con el papá de Carlota.
-Los reclamos llegaran a mi puerta.
-Al menos tus amigos te visitarán.
-Me hace falta verlos.
-Toma el teléfono y diles "hola".

Las mujeres sonrieron y voltearon de nuevo hacia Guillaume, mismo que se mostraba molesto y un poco tenso al revisar su celular.

-¿Por qué no le preguntas que tiene? - comentó Anne Didier.
-No, mamá, no quiero que me salga con una explicación medio rara.
-La curiosidad se te quitaría.
-Me inclino a evitar el malentendido.
-Lo más seguro es que esté disgustado por una tontería.
-El esguince que fue culpa de Carlota no califica como una.
-A lo mejor el problema no es ese.
-¿Qué sería según tú?
-Una confusión, un tropiezo, un flechazo.
-Guillaume esta exento de eso.
-Los flechazos se dan con quien sea.
-Olvidaré que dijiste semejante barbaridad.
-No sólo lo digo por él.
-Mi respuesta respecto a Christophe es no y siempre no.
-Ay Tamara, es que lo tienes tan claro.
-¿Qué se te metió a la cabeza?
-Mejor acaba con tus propios sesos.
-¿Es por mi comida o es un mal chiste?
-Sólo agarra el teléfono.

Tamara alzó la vista hacia el auricular cercano a la puerta y suspiró sin preocuparse más, aun cuando sus ojos se encontraron a los de un confuso Guillaume que optaba por simular que ella no estaba ahí.

-Le marcaré a Ricardo Liukin hoy mismo - remató y su madre le apretó la mano en señal de que coincidía. Sólo quedaba esperar a la puesta de sol para animarse a recibir una respuesta.

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