miércoles, 21 de octubre de 2015

Lo que sucede al vernos (Carlota y Gustavo, París)



El domingo era el día muerto en el Panorámico y Kovac quedó de ir por Bérenice para visitar de nueva cuenta la feria. Con treinta minutos de retraso, él ni siquiera pensaba en irse y no le iba a preguntar nada; algo tenía la chica que estaba dispuesto a esperarla.

Pasada la hora, él optó por mirar a todas partes, dándose cuenta de que no vendría sola y librándose de descubrir el momento preciso en el que ella cruzó el reflejo que estaba a sus espaldas.

-¡Kovac, Kovac! - exclamó ella - ¡Espera! y él giró para verla contento de que lo llamara y de que trajera a su bebé, aunque dos personas más le hacían compañía.

-¡Disculpa Kovac, se me pegaron las sábanas horrible y me quité el almohadazo!
-No te preocupes.
-¿Pensaste que te dejaba plantado? Qué pena.
-No, de hecho, todo bien.
-¡Te tengo que presentar!
-Con gusto.
-Saluda a Scott primero.
-Hola ¿listo para otro día con tu tío Kovac?
-Pero no eres su tío.
-Es un decir, Bérenice.
-Oh, es que no entendí otra vez, pero no importa, ven.

Bérenice posó su mano en la espalda de Kovac y lo llevó donde Luiz y Roland Mukhin lo observaban con justo desconcierto.

-Mira, él es Luiz, mi novio y mejor conocido como "cabeza de palmera" y él... Kovac, te presento a mi padre.

Para Kovac fue imposible no notar un cambio en la actitud de Bérenice y extendió su mano hacia un hombre en silla de ruedas que arrugaba las comisuras de sus párpados pero lo saludaba con adecuados modales.

-Roland Mukhin, mucho gusto.
-Kovac, igualmente.
-Bérenice ha mencionado que lo conoce desde hace unas semanas.
-Nos hemos vuelto excelentes amigos.
-Espero que pase lo mismo con Luiz, es un gran chico.
-Un placer.

Al quedar Bérenice en silencio, Kovac entendió el papel que le era asignado y no le agradaba para nada. Quizás, los otros tres lo relegaban sin mala intención pero en medio quedaba la posibilidad de memorizar sus aspectos y aprender sus gestos para no sentirse aislado nuevamente. Había cierta extravagancia en el padre y el novio de Bérenice y el último con su cabello crespo y ese involuntario (y tal vez desafortunado) parecido a Bob Patiño, contrarrestaba un poco la sensación de lástima que despertaban.

-¿Qué vamos a hacer? - consultó el señor Mukhin con un tono más jovial - Mi hija me contó que hay muchas cosas interesantes.
-¡Comeremos chopan! - le respondió una Bérenice infantil - ¡Y pasaremos a ver a los brasileños!
-Me encantaría conocer la opinión del señor Kovac.
-Lo cierto es que encuentra un sinfín de gente allí - respondió el interpelado con inhibición - ¿Lo ayudo con su silla?
-Puedo solo - remató el señor Mukhin, observando al mismo tiempo a Luiz, quien acaparaba la atención de Bérenice y tomaba al bebé Scott en brazos.

-Si necesita...
-Señor Kovac ¿cuál es su intención?
-Ninguna.
-Bérenice no está disponible.
-Le di la impresión equivocada.
Me cuesta creerle, mi hija nunca ha tenido amigos.

Kovac enmudeció y caminó desanimado varias cuadras, pensando que tenía derecho de irse pero no lo hacía porque sentía un poco de vergüenza. Con los Mukhin era complicado mantener una opinión durante varios segundos.

-¿Me dejan cargar a mi nieto? - preguntó Roland Mukhin y Luiz se lo entregó de inmediato, ayudándole con la silla de ruedas en consecuencia, pero de manera alegre. Bérenice por su parte, volvió con su amigo.

-Gracias por invitarnos.
-Cuando quieras.
-¿Estás bien? Porque si te sientes mal, traje agua y una manta... Bueno, la manta de Scott, pero igual te la doy.
-No hay cuidado.
-Oye, te prometo no huir de nadie.
-No me molestaría.
-No querrás correr con mi padre.

Kovac arrugó un poco los ojos, como si ella le hubiera hecho gracia.

-¿Será que podremos ver mejor los stands?
-¿Los qué?
-Si nos acercaremos a lo que hay.
-Supongo que sí.
-¿Puedo preguntarte algo?
-¿Qué pasa?
-¿Crees que tu padre se relaje?
-Papá es así siempre.
-Es que no le agradé.
-Lo finge... Con Luiz no, pero le caes bien.

Kovac miró de nuevo a Roland Mukhin y se encogió de hombros, creyendo que era normal que algunas personas fingieran maldad, pero no lo pensaba por ese hombre sino por Bérenice y la clara ingenuidad de Luiz.

-Señor Kovac ¿hay posibilidad de encontrar miel de calidad? - preguntó el propio señor Mukhin.
-Los polacos han de tener.
-¿Tiene planeado pasar por ahí?
-Queremos conocer algo de África.
-Bérenice ¿por qué nunca le has preguntado a Courtney? Ella les hablaría de Senegal.
-El otro día la encontramos.
-¿La saludó, señor Kovac?
-Bérenice sí, yo no tengo el placer.
-Es una lástima, les vendría bien conocerla mejor.

Kovac optó por no tomar personal esa hostilidad y se volcó en hacer preguntas sobre Scott, por tontas que fueran. Luis le respondía la mayoría y hasta le decía que estaba bien que se convirtiera en "tío".

-¡Si les agradas! - le mencionó Bérenice como remate, pero sonaba tan convincente que le devolvió la sonrisa.

-Podemos comenzar donde terminamos.
-¡En el chopan!
-Choripán.
-Como se diga.
-¿La apuesta sigue en pie?
-¿Cuál?
-Que no habrá algo mejor.
-Ah, eso.
-De todas formas no creo que pierdas.

Kovac guiñó el ojo y ella se desconcertó un poco, a pesar de que seguía sin ser coqueteo y para evitar malinterpretarlo, tomó a su bebé y estrechó la mano de Luiz hasta arribar a la feria.

En la plaza, el acceso a cualquier punto de venta era prácticamente imposible y las chicas se empeñaban en hacer grandes filas para tomarse fotografías con los expositores que consideraban más atractivos. Uno de ellos era Mark Masliah y al reconocerlo, Bérenice y Kovac cambiaron de dirección, quedando frente a la zona africana. Luiz y Roland no se dieron cuenta.

-¿Así que esto es un festival?
-Si, papá.
-"Nigeria" me interesa, vamos.

De no ser por la silla de ruedas de Roland Mukhin y el pequeño Scott, los otros tres jamás se hubiesen acercado a nada debido al limitado espacio para caminar.

-Señor Kovac ¿me recomendaría el vino sudafricano?
-En lo personal no.
-¿Le gustan las artesanías de Kenia?
-Tengo un jarrón pero los adornos no me atraen.
-¿Compraría un manto saharaui?
-No sabría donde meterlo.
-¿Marruecos le es atractivo?
-Las roscas de manzana son excelentes.
-¿Las argelinas son bonitas?
-Preparan un gran té.
-¿Ha ido a Egipto?
-Una vez, es muy bello.
-¿Qué noticias tiene de Angola?
-Hablan portugués.
-¿Y de Costa de Marfil?
-Admiro su francés.
-Si conociera mejor a Bérenice ¿sabría que puesto evitar?
-El de couscous.
-El de joyería, señor Kovac.
-No habrá mayor problema.
-Para ser "su amigo" es usted un ingenuo mentiroso.

Kovac no supo reaccionar y había perdido a Bérenice de vista, razón por la que no tenía manera de disimular su intranquilidad.

-Por lo menos he aprendido algo de usted, señor Kovac: Tiene la manía de nunca preguntar.
-Será malo.
-Depende de usted. Ayúdeme a encontrar a mi hija.


Roland Mukhin observaba detenidamente y aprovechaba para realizar sus compras, como amuletos de madera o libros. A Kovac le impresionaba comprobar que Bérenice había heredado su facilidad de palabra y talante amistoso de su padre, paradoja interesante tratándose de un hombre mucho más introvertido y solitario, que atraía por un extraño carisma que sin duda estaba atado a esa silla de ruedas que parecía muy original pese a no tener nada diferente. Al menos, así ocurría con las mujeres de los stands de Camerún y Túnez que platicaban con él.

-Señor Kovac, relájese un poco.
-Estoy bien.
-Bérenice se escapó.
-No me sorprendería.
-A usted le gusta mi hija ¿verdad? Por eso la ha invitado.
-No, para nada, ella es mi amiga, la conocí en su trabajo.
-Le daré tiempo Kovac, mucho tiempo.

El señor Mukhin pidió enseguida ver otras cosas y paró ante un grupo de senegaleses que le invitaban a adquirir discos de Sheik Lo, pero localizó a Bérenice en el lugar, eligiendo cruces de acero y anillos para llevar a casa como si fueran dulces. Luiz ya lucía, gracias a ella, una especie de camafeo de fantasía y un brazalete con motivos tropicales.

-¡Papá te voy a regalar una medalla! ¡Escoge la más bonita!
-Prefiero que se la obsequies a tu amigo.
-¡Pero no le gusta nada de esto! Si tuviera dinero, le compraba un coche.

Bérenice continuaba despreocupadamente con lo suyo mientras su padre concluía que ella sabía qué clase de hombre era Kovac.

-¡Mira papá! Espero que te guste mucho - señaló ella, colgando del cuello de Roland la dichosa medalla con un motivo ¿místico? pero no importaba debido a su belleza. Kovac por su parte proseguía con su observación de los Mukhin, constatando que no les hacía falta nada. Luiz jugaba a los gestos con su pequeño, Bérenice abrazaba a ambos y hacía partícipe al abuelo para transmitir su alegría. Era muy confuso porque algo no cuadraba y sabía qué pero.... encajaba.

Al cabo de un rato, los Mukhin retomaban el paseo porque la sección africana les absorbía el tiempo aunque al paso hallaran expositores de todas partes ofertando cualquier clase de productos como tabaco con betel o palestinas.

-¿Hay otra cosa que quieran pasar a ver? - preguntó Luiz.
-¡A los brasileños! - respondió Bérenice. A ese punto, Kovac actuaba como rémora, no obstante intentaran integrarlo a la plática, que corría en torno a lo caótico del evento y a lo gracioso que se veía Scott con un par de soles dibujados en sus mejillas. La música estaba a volumen alto y Bérenice y Luiz se realizaban tatuajes de henna.

-¡Pedí que me pusieran tu nombre en bengalí, amor!
-¿Qué es eso?
-No sé pero igual es lindo.
-El mío dice: "Bérenice, Scott y Luiz, la tropa cool".
-"La tropa cool" ¡Me encanta! Pero no lo puedo leer.
-Porque está en árabe.
-¿Arab...? Aw, se ve hermoso ¡te quiero mucho, Luiz! ¡Papá, hazte un tatuaje!
-Al señor Kovac le vendría bien - agregó Roland Mukhin y Bérenice tomó a su amigo del brazo para persuadirlo, aunque este último estaba seguro de que no deseaba plasmarse nada y disimulaba un poco lo contrario. En tanto, la chica sintió que le tocaban el hombro y volteó asustada, pero era Gustavo Justet quien saludaba.

-¡Ya iba por chopan!
-Choripán.
-Eso, perdón.
-Estaba dándome un descanso para conocer algo por acá.
-Iré con los brasileños.
-Está difícil el paso.
-Creí que te estarías yendo a París.
-¿A qué te referís con que vaya?
-¡Gustavo! ¿No es el novio que se te fue a Francia, hija? - intervino Roland Mukhin.
-Papá, no estamos en el espejo.
-Es sólo que "La Rambla" funciona mejor en París ¿por qué no acomodaste esta pieza en primer lugar? Gustavo, si fuera usted ya estaría tomando el siguiente vuelo, el destino no está aquí.

Bérenice bajó la cabeza y se marchó con el sonrojo, mismo que le duró bastante y la obligó a adelantarse a la sección latinoamericana de la feria, rezando porque la venta uruguaya estuviera lejos de la brasileña. Apenas comenzaba a interesarse en unas artesanías peruanas cuando su bebé reclamó atención y le tomaba cuando se topó a Courtney y Matt. Estuvieron a nada de ignorarse, de no ser porque Luiz y Kovac aparecieron.

-Hola, no esperábamos encontrarlos, Bérenice nos habla de ustedes - dijo Kovac.
-Qué sorpresa - replicó Courtney.
-Qué bueno coincidir.

Courtney guardó silencio y Matt decidió ser cortés.

-Vinimos a comer algo antes de volver al hospital, allá adelante sirven ¿cómo se llama? es una sopa panameña, es fufu y nacatamales en el stand de junto; venden ron, es singular.
-Nosotros queremos pasar con los brasileños.
-Courtney y yo intentaremos conocer a los iraníes, nos dijeron que está más vacío.
-Más tarde daremos una vuelta.
-Bueno, adiós.
-Nos vemos.

Courtney dio la media vuelta y Matt la imitó sin chistar, al mismo tiempo que Bérenice fingía no concederles atención con la elección de un suéter gris para su pequeño e ingiriendo improvisadamente un ceviche rosa.

-Tu amiga me cayó bien - le comentó Luiz.
-¿Cuál?
-Courtney, aunque estaba seria.
-No es mi amiga.... ¡prueba esto!
-Qué fresco.
-¿Estamos cerca de Brasil?
-Parece que sí, déjame leer... Aquí al lado está Venezuela, Paraguay y sí, Brasil.
-Visitémoslos de una vez.
-¿Sin tu papá?
-Lo trae Kovac.
-Pero...
-¡Arepas, más chopan y voilá! Brasil.

Bérenice había jalado a Luiz hasta una especie de carpa lounge en la que sonaba música de Bebel Gilberto. Los vendedores entregaban publicidad de abarroterías, exposiciones y restaurantes, exhibían instrumentos musicales y servían picanhas, caipirinhas y cervezas; otros ofertaban discos a 5€ y la chica se dirigió a ellos, solicitándoles todo lo que tuvieran de Michel Teló, batucada y axé.

-¿Por qué no te llevas algo de Tom Jobim? Parece que suena mejor - sugirió Luiz y Bérenice, evidenciando por enésima vez su ignorancia, le hizo caso bajo la voz de "tú si conoces, yo ni sé por qué escucho lo que no entiendo" y movía su cabeza al ritmo de la bossa nova del fondo, animándose luego a probarse playeras con la bandera brasileña estampada. Tan distraída se hallaba que no se percató de que Kovac la había visto ya y que fuera del stand, un grupo de chicos jugaba fútbol, de no ser por el balonazo que recibió su pobre "cabeza de palmera" y que provocó el llanto del pequeño Scott.

-¡Hey, discúlpense! - exigió Kovac pero Luiz sacudió su cabello y pateó el esférico suavemente.

-¡Enséñales como se juega, amor! - reaccionó Bérenice y el muchacho retiró sus sandalias en señal de reto; la gente comenzó a rodearlo y Roland Mukhin pidió que tuviera prudencia para no asustar más al pobre Scott.

-¡Dales su merecido, la "tropa cool" te apoya! ¡Kovac, ayúdalo! - continuó la joven al depositar a su bebé en brazos del abuelo y ponerse a aplaudir como siempre que se entusiasmaba. El propio Kovac no deseaba ensuciar su camisa pero en el fondo, le importaba congeniar con la familia Mukhin y prefirió contagiarse de las ganas de participar. Le parecía que con tal gesto se convertiría en su amigo oficialmente y no tendría que conformarse con saludar a Bérenice detrás de la barra del lugar en el que trabajaba.

-¿Sabes que hacer con el balón, Luiz?
-¿Nunca has oído del famoso "Bob"?
-¿Es tu apodo?
-Bérenice es la única que me llama "cabeza de palmera" ¿Tienes algún sobrenombre?
-Nadie me ha puesto alguno.
-Entonces aprende y gánatelo.

Luiz y Kovac observaron la señal de inicio del cotejo y el primero se dedicaba a observar con los brazos cruzados las primeras acciones, quizás porque le iba a resultar fácil hacerse del esférico. Por lo pronto, simulaba participar como defensa, dejando que su compañero hiciera lo que podía pero Kovac poseía talento y quienes lo reconocían a toda costa le tomaban fotos.

-¡Venga Kovac, lo haces muy bien! - alentaba Bérenice, maravillada porque no era la que más gritaba y porque pensaba más en Luiz, que después de un bostezo se aproximó a un jugador y le despojó del balón para simplemente marcar en la portería. La chica Mukhin se le echó en brazos para festejar.

-¡Anota más goles, amor! ¡Por la "tropa cool"!

Luiz sonrió y se animó a participar más, recibiendo una pequeña queja de Kovac por descuidar su área, pero los dos se entendían bien con los pases y no tardaron en anotar. "Bob" se lucía y disparaba con mucha fuerza, Bérenice no escatimaba en plantarle besos a cada instante; con Kovac era mucho menos efusiva.

-¿Verdad que los dos hacen un gran equipo? - le comentó la muchacha a su padre al retomar su sitio.
-Sobretodo "equipo".
-¿Te imaginas si lleváramos a Kovac al espejo? ¡Mi adorado Luiz nunca perdería un juego!
-No se te vaya a ocurrir.
-¡Nos estamos haciendo amigos!
-¡Bérenice, basta! ¡Tú y to sabemos que nunca has tenido amigos, que nunca los tendrás y que el señor Kovac merece que lo dejes en paz!

Bérenice lo tomó como si la hubieran fulminado y discretamente se retiró, desubicándose enseguida. Aunado a que no sabía leer, había dejado a su pequeño de lado y experimentaba miedo por no tener a donde ir. Entre colores, música y desorden, dio pasos en falso, giró una y otra vez, se sentó en el piso y cuando se perdió completamente, soltó a llorar sin que nadie reparara en ella. En el fondo, lo que le dolía era pensar en lo que sentía desde hacía días respecto a su padre, otrora noble y cariñoso pero que llevaba meses sin voltearla a ver, que no le recibía los abrazos, que le rechazaba alegando que ambos debían ocuparse de sus propios asuntos. Ni siquiera la dejaba llevarlo en su silla y no le aceptaba ni el café.

La reflexión sin embargo, no llegó. Bérenice se daba cuenta de que no tenía en su poder un balín rostov y si deseaba cruzar al espejo, tendría que pedírselo a Matt, pero él, por orgulloso quizás se negaría o actuaría como si no existiera. Aunque podía estar sufriendo antes de tiempo, la chica se levantó para volver con su familia, se integró a la multitud y calmadamente revisó por los rincones, cruzando su mirada miel con la de tono avellana de un hombre no enigmático pero que conocía. Él la sujetó de la mano y la condujo al stand uruguayo.

-¡Hola! Ahora te puedo saludar bien.
-Bienvenida ¿te sirvo café o querés un postre?
-No, no, estuve aquí la primera vez que vine de visita.
-¿Buscas algo?
-Pensaba irme pero no sé como.
-¿Perdida?
-Un poco.
-¿Vos no sos de esta ciudad?
-Más o menos.
-¡Ánimo, Bérenice!
-Estaré bien.
-Que hablás muy curioso.
-¿Mmh?
-Que me acuerdo de lo que dijiste de La Rambla.
-Oh, lo de París.
-¿Por qué?
-Es que esta pieza... ¡Te irá mejor!
-¿Qué significá lo de las piezas?
-Es como el lugar correcto, allá tendrás más éxito.
-Que para venir hasta acá puse Uruguay de cabeza.
-Pero ¿No irás con Carlota?
-Respecto a eso...
-¿Qué pasa?
-¿Quién es? ¿Por qué insistís?
-¿No la conoces?
-Una foto por ahí, la verdad es que no me ha interesado.
-¡Pero ella significa mucho para ti!
-Ni siquiera me acuerdo de su rostro.
-Pero la verás en París, serás su vecino.
-Dale con lo de París, que no voy.
-¿Por qué?
-Cuesta mucho esfuerzo dejar la tierra de uno y luego resulta que venís a decirme de primera que me vaya porque algo tengo que ver con una extraña después de que me confundís con un tipo que andaba contigo.
-Es que si no acomodo tu pieza, todo va a colapsar.
-¿Qué es eso de la pieza?
-Tu lugar, eso le entendí a Matt.
-Sólo porque vos me cae bien no te miro raro.
-Si tan sólo la vieras; así conocí a mi novio, el que se parece a ti.
-¿De qué me hablas?
-Es que ella te encantaría por lo bonita que es, irías corriendo a buscarla.
-Vale, vale, que no es posible.
-¡Con Carlota todo puede pasar!

Gustavo ya no quiso continuar con una conversación que no tenía sentido y dejó que Bérenice hurgara en el stand, no por considerar que se llevaría alguna taza o un alfajor, pero cuando ésta pasó detrás de la parrilla, fue atraída por un plato que nadie tocaba.

-¿Qué son?
-Uruguayos no.
-¡Son de carne! Menos mal.
-Lo trajeron unos expositores, no sé cuáles, nadie me dice.
-Estoy segura de haber probado unos en el espejo.
-¿Espejo?
-¿No te molesta si los como?
-No que va, de todas formas no tengo hambre.

Bérenice no dudó más y procedió a morder una especie de "pan" de maíz -así lo identificó por no tener idea- que sostenía una carne guisada teñida de rojo, acompañada de piña y que sabía un poco a picante gracias a una salsa verde que ella no tardó en asegurar que era de aguacate.

-¡Perdí la apuesta!
-¿Cuál?
-¿Tienes chopan?
-Choripán ¿Cuántos necesitas?
-Mi novio, mi papá, mi amigo Kovac, mi bebé no come.... Al rato querré uno ¿son tres?
-Cuatro.
-¿Por favor? ¡Esta cosa es buenísima! Lástima, no sé el nombre.
-Bérenice, esos son tacos - intervino Kovac que la había estado buscando al acabar el juego.
-¡Chico, aquí estás!
-Traje a Luiz y a tu papá.
-Papá...
-¿Así que viniste a convencer a Gustavo de mudarse? - añadió Roland Mukhin.
-No sé por qué me dicen que lo haga, en Tell no Tales llevo un año y el negocio está funcionando ya - señaló Gustavo Justet - Son 4€.
-Es una lástima, juraría que Carlota Liukin era su destino.

Bérenice y Gustavo se miraron unos segundos, ella apenada, él incómodo. Si se volvían a encontrar habría un sinsentido y ella se imaginaba que acabaría por hartarlo. Algún plan habría sobre la marcha.

-Creo que nos vamos - sugirió Kovac al notar lo embarazoso de la escena y tomó del brazo a la joven, misma que no podía apartar sus ojos del confundido vendedor. Momentos más tarde, el stand uruguayo se quedó vacío y Courtney y Matt pasaron por ahí con la intención de adquirir mate barato. La sensación del fuera de lugar continuaba en el ambiente.

-Una bolsa de kilo está en 5€, se me terminaron las de tres - atendió Gustavo.
-No necesitamos tanto... ¡Matt! ¡Matt! ¿Matt? Perdone, cuando se distrae...
-No me estoy distrayendo Courtney, es sólo que él...
-¿Tiene que ver con el espejo?
-Él no, pero no debería estar aquí.
-¿Por?
-Courtney, recuérdame explicarte lo de las piezas.
-Claro, perdón mi risa, es que suena fantástico y tan de ciencia ficción.
-Carlota.
-¿Qué?

Matt se dirigió al expositor que a esas alturas no sabía si reír ni llorar.

-¿Nunca te han dicho de Carlota, verdad?
-¡Vale, que esto me cansa! Terminen la broma.
-Entonces sí sabes a que me refiero.
-¡Dale con su Carlota, mejor aléjense!
-Con todo placer pero por cualquier cosa, es ella.

Matt Rostov le extendió a Gustavo una propaganda de la embajada francesa, idéntica a la que Mark Masliah había tirado la vez anterior. Bérenice tenía razón respecto a lo enganchante del aspecto de la chica.

-Suerte con La Rambla en París - siguió Matt - Cuidado con involucrarte mucho, tu pieza es decisiva.

Courtney Diallo escuchaba con fascinación y pagó el mate sin esperar el cambio, yéndose con Matt sin atreverse a preguntar ni comentar nada.

-Me vas a ayudar.
-¿A qué?
-A equilibrar el universo.
-No veas Dr. Who.
-Encontremos el restaurante de Gustavo en esta ciudad y llevémoslo a París.
-¿Cómo?
-¿Quieres conocer el espejo?

Courtney abrió la boca asombrada y besó a Matt cuando su entusiasmo lo permitió. Él por su lado, no era tan demostrativo, pero estaba aliviado. El resto dependía de Carlota Liukin.

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