miércoles, 23 de diciembre de 2015

El cuento de Navidad (La esperanza)

Pour Nathalie, Jean et la petite Jeanne!

Bérenice y Luiz se habían levantado temprano y estaban alegres cuando ella descubrió tres líneas azules que iluminaron su rostro.

-¿Qué pasó?
-Volvió a salir positivo ¡Estamos embarazados!

Ambos se abrazaron y se pusieron a bailar, moviendo la cabeza como si fueran pollos.

-¿Ahora qué sigue?
-Ir a que me revisen, me digan cuánto tiempo tengo ¡y tal vez que día nace!
-Construiré otra cuna.
-Hoy compraré ropa para Scott y aprovecharé para conseguir lo de su hermanito ¡Es día de rebajas! ¿Era hoy?
-Te acompaño.
-¡Elegiremos zapatitos y camisitas, le regalamos a Scott el oso que vimos el otro día y un montón de gorritos!
-Hay que llevar dinero.
-Ahorré mucho, Luiz.
-Que bueno porque yo también.
-Desayunemos.
-¿Le dirás a tu papá?
-Todavía no, quiero traerle un enorme pastel de chocolate para darle la noticia.
-Bueno, pero me voy a esforzar en no estar tan contento.
-¡Bailemos para que se te quite!
-¡Pollo dance con la tropa cool!
-¡Sí! ¡Sacude el bote, el bote, la cabeza, la cabeza, el pollo, el pollo!

El alboroto se extendió al comedor, sitio en el que Roland Mukhin tomaba un té tranquilamente mientras sostenía al pequeño y siempre sonriente Scott.

-¡Mueve el trasero, el trasero, el bote, el bote!
-¿El trasero es el bote, no?
-¡No Luiz! ¡El bote es la cadera! ¡Bailamos, bailamos, el pollo, el pollo, soy un pollo, un pollo!
-¿Ahora qué? - interrumpió el señor Mukhin.
-¡Estamos felices!
-Eso veo pero ¿por qué?
-¡Tenemos ganas de bailar! ¡Pollo, pollo, somos pollos, mueve el bote, la cabeza, cabeza, pollo, el pollo, somos pollos!
-Eh, basta, basta, siéntense y coman calladitos, por favor.
-Papá, déjanos hacerle al pollito.
-Parecen pavos.
-¿Entonces no?
-No.
-Siéntate Luiz, no podemos ser pollos.
-En mi casa temo que no; mejor díganme que harán hoy.
-Ir por ropa para Scott.
-Me parece perfecto, está creciendo muy rápido ¿Se van a tardar?
-Compraremos en oferta, así que no sé.
-Les encargo un bote de crema de avellanas y queso cheddar.
-¡Lo que quieras, papá adorado!
-Me acordé de tu madre, Bérenice, a ella le gustaban esas cosas... Hice hot cakes ¿no se les antojan?

La joven se sintió más feliz y comió entusiasta, mirando el horno de cartón que su madre usaba y que se conservaba en un rincón.

-Scott ama la papilla de maíz con pollo, se acabó el platito.
-¡Esta adoración de chamaco no es remilgoso! Hasta come toronjas en la guardería.
-¿No está chiquito para eso?
-No lo sé ¡pero se pondrá fuerte y bailará como pollo!
-No en mi casa.
-Es el baile del pollo, solo hay que mover la cabeza.
-Basta, ya entendí. Dénse prisa.
-La maletita de Scott está junto a la puerta.
-Bérenice, no te vas sin tomar tu leche.
-De un trago, mira.
-Era una bro... Que Luiz los cuide.
-¡Mi cabeza de palmera es un héroe, no te preocupes, papá!

Luiz se colgó al bebé al frente y junto a Bérenice cruzó el espejo, aliviado por ver que al otro lado había un día soleado.

En la Tell no Tales de la realidad, la gente iba y venía entre tienda y tienda, luciendo enormes bolsas de compras y dirigiéndose a los distintos barrios. Bérenice y Luiz miraban con azoro los aparadores y antes de gastarse el dinero, identificaron una tienda de autoservicio especializada en bebés, decorada como una vieja fábrica de juguetes y había un gran letrero en el que se leía "Balloon de candy". Por su entusiasmo, Bérenice despertó el interés de las vendedoras, mismas que empezaron a vigilarla por creer que robaría mercancía.

-¡Mira, Luiz! Cobijitas de dinosaurios y duendes! ¿Cuál llevamos?
-Me gusta más la de piratas.
-¡Disfrazamos a Scott y le dibujamos la pata de palo!
-Hay que conseguirle el sombrero.
-Compremos otra cobija igual ¡nuestros hijos serán felices porque no pasarán frío!

Las encargadas pensaban que la joven estaba loca.

-¡Pañales de tela!
-Son unitalla.
-¿Qué?
-Son ecológicos, eso dice el empaque.
-¿Eco... qué? ¿Cuántos serán buenos para Scott?
-Hay que pensar en el bebé que viene.
-¿Cuánto cuestan?
-5€ cada uno.
-Nos llevamos dos de cada color... Blanco no.

Ambos seguían de lo más contentos, tratando de elegir lo que fuera útil, pero Bérenice distinguió a las compradoras que sostenían fresas. La mayoría se hallaban encinta, como ella.

-Luiz ¿me consigues un plato de esos?
-Lo han de vender por aquí.
-Con mucha crema batida, por favor.
-Ya vuelvo.
-¡Gracias amorcito!

Luiz se apartó con el bebé y Bérenice continuó empujando su carrito de compras, dando con la sección de "enseres básicos". No tenía idea de que depositar entre cucharillas, vasitos entrenadores y medidores, excepto por un biberón y un termo con simpáticos dibujos. Tan entretenida estaba que al sentir que tocaban su hombro, se volteó prácticamente saltando.

-¡Mira Luiz: Inky, Binky, Pinky y Clyde!
-¿Qué?
-¡Ay perdón! Era usted.
-Qué sorpresa.

Lleyton Eckhart sonreía y ella notaba que él no vestía formal como siempre.

-Dijiste algo de tu termo.
-Ah, Inky, Binky, Pinky y Clyde, de Pacman.
-Parece que te gustan mucho, los traes en la playera.
-Son bonitos.
-¿Cómo has estado?
-Muy bien.
-No te había visto.
-Tampoco lo vi a usted.
-Trabajo mucho.
-Y eso que es policía.
-Soy fiscal, Bérenice, llevo juicios.
-¿Abogado?
-Pongámoslo así.
-¿Qué lo trae por aquí?
-Compro obsequios.
-¡Para su bebé!
-No tengo hijos.
-¿No? ¡Pero parece un hombre serio!  Muy serio.
-No sé que quieres decir pero mi hermana dará a luz pronto y quiero darle algo.
-Luiz y yo vinimos porque Scott necesita mucha ropa.
-¿Qué tal le va en la guardería?
-No me gusta que vaya pero las cuidadoras lo aman.
-¿Por qué?
-Todas dicen que es muy tierno.
-Entiendo.
-Oiga ¿cree que debería escoger cositas de recién nacido o juntar las de Scott? Es que no sé si comprar toallitas chicas.
-Los niños crecen rápido, mejor reúne lo que ya no uses.
-¿Si me sale una niña?
-¿Perdón?
-Si lo de Scott no me sirve ¿qué voy a hacer?
-Regalarlo.
-Meteré todo a una caja y gritaré "ropa de bebé, escójala gratis".
-Je, muero por verlo.
-¿Morir?
-Es un decir.

Bérenice se encogió de hombros y comenzó a curiosear al hallar platitos.

-¿Qué tan rápido crecerá Scott?
-Habrá aumentado de talla estos días.
-¿Pronto se volverá un hombre?
-No alcanzo a contestarte, no tengo hijos para saberlo.
-Bueno, entonces le llevaré todo de Pacman.
-¿Por qué te gusta Pacman?
-Se parece a mí porque come y come.
-¿Tienes buen apetito?
-¿Ape... qué? Ja ja soy Pacman.

Bérenice elegía más cosas y Lleyton sólo la seguía.

-¿Un triturador manual o un descorazonador?
-Yo uso licuadora y cuchillo.
-Eso tiene lógica.
-Usted va a ser tío, tiene que llevar juguetes y malcriar al chamaco.
-No creo que a mi hermana le guste.
-Ni a mí pero el tío Kovac se la pasa regalandole pelotas a Scott.
-¿Kovac?
-Un amigo.

Lleyton enmudeció momentáneamente, deseando haber oído equivocadamente.

-Oiga, no compre eso.
-¿Qué dijiste? Perdón, es para hacer perlas de fruta.
-Los bebés no las comen.
-Tienes razón, eres muy lista, Bérenice.
-Siempre se me va la olla.
-Usas el sentido común.
-Me conformo con que Scott y su hermanito no salgan como yo.
-¿Qué dijiste?
-He soñado que los dos estudian y se ganan el Nobeli.
-Nóbel.
-Eso.
-¿Un Nóbel? Va a ser difícil.
-Serán dos, uno para Scott y el otro para ... ¡Lo llamaré Bashir! ¡Si es niña será Jeanette!
-¿Estás embarazada? ¿Otra vez?
-Sí.

Lleyton por poco se quedaba petrificado a pesar de no tener motivos. Durante el mes y por su trabajo, ni siquiera había pensado en ella.

-¿Es del Bob Patiño, verdad?
-¿Pati qué?
-Bob...
-¡Mi Bob! Mi cabeza de palmera y yo celebraremos con un gran pastel.
-¿No es muy pronto?
-¿Para qué?
-Estuviste en el hospital.
-Ya pasó.
-Pero estuviste muy mal.
-Me cuidaré mucho ¡mi bebé será el más fuerte del mundo!

Bérenice sonrió más y fue al área de juguetes, tomando los peluches de piratas más suaves mientras Lleyton la contemplaba con la resignación de haberla conocido muy tarde. De todas formas se contentaba por saberla feliz.

-Señor ¿no va a escoger un muñeco? Será el primer juguete de su sobrino.
-Bérenice, mucha suerte.
-¿Dónde va?
-Olvidé unos jabones.
-¿Jabones?
-Me los pidieron.
-Al menos nos saludamos.
-Sí, por fin.
-¿Lo veré en la cantina?
-Prometo pasar de vez en cuando.
-Lo cuidaré de Evan.
-Gracias, nos ... Luego.
-Adiós.

Bérenice suspiró al irse Lleyton y se detuvo frente a un gran árbol que decoraba la tienda y que estaba rodeado por una fuente. Era un área de descanso que todo el año conservaba un aspecto invernal y que cada septiembre lucía más verde que de costumbre.

-Aquí estás, no había fresas - dijo Luiz al encontrarla.
-Será otro día.
-Te traje un licuado.
-¡Yummy, licuado! ¡De calabaza, gracias!
-¿Cansada?
-No pero mira ¡escogí muchos piratas!
-Scott será un capitán del barco de peluches.
-Su hermano lo acompañará en sus aventuras.
-En contra del cocodrilo Drake.
-Jajajaja.
-Luego se dormirán a media batalla.
-Ay, Luiz, es el segundo bebé.
-La tropa cool será más cool.
-Me conformo con que sean más inteligentes que yo.
-Lo lograremos.

Bérenice se recargó en el hombro de Luiz y pensó en sus niños, emocionada por su buena suerte.

-"Deseo que mis chamacos estudien como el señor Lleyton y si no, que salgan a su padre, Luiz es el mejor chico del mundo" - concluyó. Cada que Bérenice deseaba algo, el ambiente se llenaba de un fino olor a caramelo.

Feliz navidad y buenos deseos, diviértanse mucho en estas fiestas.


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