domingo, 13 de diciembre de 2015

Try: El momento de Sergei Trankov (París, La esperanza)


Belle  semaine et joyeux anniversaire Fabian!

-Cumber ¿qué quieres?
-Sergei, balearon a tu amigo.
-¿Quién y cuando?
-Estamos en el restaurante "I cipollini", acaba de pasar, tu amigo Bessette está grave.
-¿Qué?
-Se lo llevaron al hospital Saint Denis.
-¿Qué pasó?
-Unos tipos se pusieron a disparar a todo mundo pero empezaron con Bessette; estábamos comiendo, Carlota Liukin ...
-¿La hirieron?
-No, pero también fue a que la atendieran.
-¿Estás bien, Cumber?
-Uno de mis hermanos necesita un doctor, lo llevaré a Bércy.
-Iré a Saint Denis, cuídate Cumber.
-No salgas sin tu arma, adiós.

Sergei Trankov saltó del sofá y se plantó enseguida una chaqueta. Lubov sabía que él no volvería en días.

-Joubert está en el hospital.
-¿Cómo crees?
-Hubo un tiroteo, no sé más.
-¡Pobre chico!
-No abras la puerta y espera mi llamada.
-¿Dónde vas?
-A Saint Denis.
-No tardes en darme noticias.
-Nos vemos, Lubov.
-Cuídate, Sergei.

El guerrillero tomó el rostro de su mujer y la besó largamente, sorprendiéndola y conmoviéndola por lo inesperado del gesto. Él se alejó enseguida.

París era prácticamente un desierto en el distrito XIII y los cuerpos de emergencia tenían tomada la ciudad junto con la policía. Sergei intentaba camuflarse con los soldados que iban llegando pero acabó por irse a través de los techos, constatando que el tiroteo aun no terminaba y se aproximaba a Bércy.

-Cumber, corre a Saint Denis - Avisó por celular y luego llamó a Adelina, quién tardó en contestar.

-Sé que no te importa pero inicia el protocolo Magnussen.
-¿Qué cosa?
-Que llames a Thorm Magnussen.
-Ah, ¿qué le digo?
-"Protocolo", sabrá qué hacer.
-¿Todo está bien, amado líder?
-Mientras dure, Thorm será el jefe, a mí no me fastidien.
-¿Qué va a hacer, amado líder?
-Es mi asunto, Adelina.

Sergei terminó la llamada y abandonó el teléfono antes de seguir saltando hacia el norte y toparse con Tennant Lutz, que sacaba su motocicleta de un callejón.

-¡A Saint Denis! - le gritó y el chico aguardó a que descendiera.
-¿Has sabido algo?
-Vamos.

El guerrillero parecía tan serio que Tennant pensó que contenía el enojo. Los alrededores de Saint Denis, de acuerdo a los murmullos de la poca gente que encontraban, era un caos en el que nadie distinguía entre heridos y gente que buscaba informes, mucho tránsito adyacente y ambulancias que no cesaban de llegar. Fue entonces que Sergei se fingió lastimado.

-¿Crees que funcione?
-Lutz, cállate.

Ambos continuaron hasta el hospital y un retén ocasionó que justificaran su arribo.

-Es mi amigo, le dieron un tiro en el estómago, por favor, déjenme pasar, no pudieron admitirlo en Bércy - pretextó Tennant y como Sergei se doblaba, los oficiales les dieron la oportunidad de cruzar.

-Iré con Joubert, tú te vas a buscar a Carlota Liukin y más te vale no echarlo a perder.
-¿Cómo vamos a entrar?
-Pasando de largo.

Trankov estaba enojado y pronto descendió de la motocicleta para mezclarse entre las personas que entraban y salían del hospital. Tennant lo alcanzó como pudo y los dos terminaron en la sala de espera, viendo como a Joubert Bessette lo rodeaba parte del personal en una habitación en la que ningún otro paciente podía estar presente. Ambos alcanzaron a ver a Judy Becaud llorando cerca.

-Sergei ¿qué vas a hacer?
-Dejar que todos se vayan.
-Nos van a descubrir.
-No.

Sergei Trankov se acercó lo que le pareció prudente y Carlota Liukin lo reconoció desde su asiento. Verlo de pie la hizo salir del efecto del sedante.

-Matt...
-Sergei, siempre dime Sergei.

Ella volteó de nuevo hacia Joubert y no tardó en contemplar al guerrillero colándose al cuarto, ocultándose detrás de los médicos y una planta hasta que salieron y la puerta se cerró firmemente. Desde el exterior, cualquiera podía saber que Sergei tomaba asiento y comenzaba su llanto al abrazar a su amigo. Carlota no tardó en colocarse frente al cristal aunque no escuchara ninguna palabra e imaginaba que Sergei se disculpaba por algo. Aquello se volvió cierto minutos después, al leer en los labios de su guerrillero que lamentaba haberla besado y no alejarse a tiempo para evitar lo de Vérlhac. Le confesaba a Joubert de sus momentos con ella en ausencia, de ser su cómplice cuando le pidió ir a Notre Dame para encontrarse con Guillaume y sobretodo, de lo ocurrido en Hammersmith y en el cumpleaños después de la pelea con Bérenice. De todo eso, Sergei se sentía culpable y lamentaba no tener valor para decirlo antes ni tenerlo cuando Joubert despertara. Luego vinieron otras anécdotas que Carlota no alcanzó a entender pero le conmovía que estuvieran juntos, recordando que se conocían desde mucho antes de imaginar que ella entraría en sus vidas.

-¡Lutz, ven acá! - exclamó Sergei al salir y sujetó al muchacho violentamente.

-¿Dónde estabas cuando pasó todo esto?
¡Te dije que cuidaras a mis amigos, idiota!
-Sergei, yo no creí....
-¡Te preparé para evitar peligros y Joubert se va a morir por tu culpa, imbécil!
-¡Sergei, déjalo ya! - intervino Carlota - ¡Tennant estaba salvando a los que se quedaron en "I cipollini"! ¡Los tipos se fueron porque él desarmó a uno de ellos! ¡Déjalo en paz! - Acercándose al guerrillero pronunció - Y nunca, nunca te atrevas a decir que Joubert va a morir ¡Nunca! - Acto seguido, la chica golpeó a Trankov en el rostro y se quedó frente al cristal, llorando por ver a Joubert tan frágil.

-Perdona, Lutz - susurró el guerrillero y eligió estar de pie junto a Carlota.

-No vuelvas a... - Siguió ella.
-Perdón, es que Joubert está muy grave.
-¿Despertará?
-Necesita una transfusión y su padre se negó dos veces.
-¡Por Dios! ¿En qué está pensando?
-No te preocupes, si las cosas empeoran, le donaré lo que tengo.
-¿Por qué Joubert?
-No lo sé.
-¡Siempre sabes algo!
-Hoy no.

Era tan remota la posibilidad de que Sergei Trankov derramara lágrimas alguna vez, que la chica lo abrazó fuertemente y besó su frente para confortarlo.

-Carlota, debemos hablar.
-Me siento muy mal.
-¿Le contarás a Joubert?
-¿Qué?
-Lo que hicimos en el departamento de Cumber, lo que ha pasado entre nosotros, lo tuyo con Guillaume...
-Lo lastimaría mucho, con esto tiene bastante.
-Soy tan cobarde...
-No recordará nada de lo que dijiste cuando despierte.
-¿Fue lo que te ocurrió?
-Sólo me acuerdo de tu voz, de los demás no hay nada.
-Es horrible volver al mundo.
-Joubert estaba junto a mí, toda la sangre me cayó encima.
-Carlota...
-Quiero mucho a Joubert, no lo puedo perder.
-No lo perderemos, no pasará.
-No crees en tus palabras.

La joven volvió a su asiento y estrechó sus patines para distraerse; Tennant le contaría a Sergei que había estado en una pista de hielo antes de ocurrírsele ir a "La maison rouge". El guerrillero se colocó junto a ella.

-Soy amigo de Joubert desde que era niño.
-Él habla de ti.
-¿Bien?
-Eres su mejor amigo.
-Joubert también es así contigo.
-¿De verdad?
-Según él, eres una gran chica.
-Sabemos que no.
-Al menos lo aceptas, brujita.
-No empieces, imbécil.
-No da risa.
-Estoy muy asustada.

Sergei giró para darse cuenta de que Carlota no había cambiado su ropa y la sangre seca también tocaba su rostro, así como su cabello, que parecía tener mechones rojos.

-Pude ser yo.
-No, Sergei.
-Cuando me detuvieron en Moscú, creí que me degollarían, sobretodo porque amenazaste a Putin.
-Me dijo que te llevarían a Cobbs.
-Comentó que llenaría un tarro con mi sangre y te lo enviaría o me desmambraría para luego darme de regalo en tu puerta.
-¿En serio?
-Me salvaste.
-A Joubert, tal vez no.

Sergei enjugó las lágrimas de Carlota y le devolvió el beso en la cabeza antes de apretar su mano.

-Eres un amor imposible.
-A veces no sé que siento por ti.
-¿Me quieres un poco?
-No habría pasado el dos de agosto contigo, solos.
-Perdón por ver Hey Arnold!
-Ja, ja,  la siesta me gustó.
-¿Aun sueñas conmigo?
-Dormir me tranquiliza desde hace días.
-Es un alivio, no te resbalas más frente a mí.
-Si quiero que patines, sólo tengo que pedírtelo.
-He anhelado regresar el tiempo para que se repita el desfile y el día que fuimos con Makarova con tal de que estés conmigo en el hielo o ir al baile.
-Carlota, es tiempo de olvidarme.
-Temía que lo dijeras.
-Házlo por Joubert, porque lo amarás un día y ...
-Siempre serás tú.

Sergei Trankov guardó silencio y miró a la jovencita con una expresión de agrado, aunque ninguno de los dos detenía sus lágrimas. Se incorporaron pasados unos segundos y se situaron frente al cristal que los apartaba de Joubert, habiendo decidido Carlota que el guerrillero permanecería a su lado, sin sospechar que él tenía un equipaje preparado para marcharse a donde ella deseara.

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