viernes, 22 de enero de 2016

Try: La memoria de Samira (El cuento de Palestina VI)


Beren Saat
Dedicado a las fans de Fatmagul

Aclaración importante: Esta historia es anterior a la transmisión de la telenovela turca ¿Qué culpa tiene Fatmagul? en México. 

Hospital Saint Denis, París:

Cuando Válerie regresó a su habitación, había llorado tanto que se durmió casi de inmediato y Cecilia Maizuradze salió al pasillo para preguntar donde estaba su marido. Cumber le contestó.

-Con Viktoriya y los demás.
-¿Anton también?
-Todos.
-Nos deben una explicación, llévame.
-Por aquí.
-No me toques.
-Perdón.
-Aléjate de mí.
-Concedido.
-Pero luego y dile a tus hermanos que se vayan contigo.
-Como quiera.

Cumber guió a Cecilia hasta la habitación de Hugo, sorprendido de que Viktoriya y Anton accedieran a estar presentes en la reunión, a pesar de que ambos se hallaban cerca de la puerta y evitaban hacer contacto visual con sus hermanos. Abdellatif Nazrallah permanecía afuera y el teniente Maizuradze aguardó a que su mujer tomara a Anton de la mano para cerrar. Cumber era el único que se atrevía a mirar a todos a la cara.

-No empezaré con disculpas, suficiente tenemos con lo que pasó, ¿Dónde está Válerie? - pronunció el teniente Maizuradze.
-En su cama, está más tranquila.
-Gracias, Cecilia.
-No me agradezcas, qué después hablarás con ella.
-Pero hay que ponernos de acuerdo en lo que le vamos a decir.
-¿Para qué? Ya lo sabe.
-Terminará preguntando por su madre.

Cecilia Maizuradze exhaló profundamente y el silencio incómodo se mantuvo un buen rato, quizás porque Viktoriya también lloraba.

-La situación es ésta: Hablar de la madre de Válerie es delicado, oigan la historia y decidamos que hacer - retomaba Maizuradze.
-Pero si ya me adelanté, viejo - intervino Cumber.
-Porque nunca te callas.
-No hay secretos, Válerie es un asunto cerrado.
-¡Cállate, imbécil!

El teniente Maizuradze derribó a Cumber.

-¡Cálmate, papá! - suplicó Viktoriya y Maxim levantó a Cumber.

-¡Parece que nadie entiende que esto es grave!
-Tranquilo, papá.
-Cecilia y yo no deseábamos informar a Válerie, ¡confié en ti, Cumber!
-¡Déjalo papá, por favor!
-La madre de Valerie se convirtió en terrorista, ¿contentos?
-¿Por qué?
-Viktoriya, tú eres quien más debe creerme.
-Bueno pero ¿qué hay de la mamá de Válerie?
-Está muerta.
-Ay no.
-Esa era la razón más fuerte para no abrir la boca.
-El señor Nazrallah dijo que pasó algo horrible.
-La muchacha se inmoló en el metro de Moscú.
-Papá...
-Le arrebaté a Válerie antes de que lo hiciera, por eso había tomado la decisión de guardar el secreto, pero muchas gracias Cumber, deveras, nos hiciste un favor, imbécil.
-Se iba a enterar con el abuelo aquí - protestó Cumber.
-¿Qué derecho tenías de abrir la boca?
-¡Ya basta, papá! ¡De todas formas, Válerie ya supo algo! - dijo Viktoriya.
-Todo fue mi culpa, yo la registré como mi hija, le dije que Anton era su hermano y Cecilia accedió a ser su madre. Está hecho todo.
-¿Quién era Vasily, papá?
-Un violador.
-¡Que cierres la maldita boca, Cumber! - sostuvo Maizuradze y tuvieron que contenerlo para que no se fuera a los golpes.
-¡Eso era!
-¿Quién te crees para hablar?
-¡Tu hijo!
-¡Vasily era tu hermano también!
-¿Es cierto lo que dicen de él? -añadió Viktoriya.
-Válerie no estaría aquí y ésta discusión no tendría lugar.
-Papá...
-También soy responsable por no haberlo detenido.

El teniente Maizuradze se recargó cerca de la ventana.

-¡Maldita sea! - exclamó con rudeza y sacó un cigarrillo, echando el humo por la ventana.

-¿Qué pasó, papá?
-Vika, vas a odiarme.
-¿En serio? Me saliste con que tengo más hermanos y engañaste a mi mamá.
-Casi encubro a un violador, eso es cierto.

El teniente Maizuradze hablaba para Vika, pero los demás sabían que ella era la única persona a la que él jamas le mentiría; una estrategia para obligarse a ser honesto.

-Cecilia lo recuerda bien, fui a una misión a Chechenia, a Anton le faltaban unos meses para nacer.
-¿Y Vasily?
-Lo habían asignado a un campamento cerca de la frontera con Georgia, me iba a reunir con él para planear una incursión en el pueblo de Kalzhkaya* y sacar un mapa que nos permitiría elegir el sitio para instalar una nueva base, los separatistas se habían apoderado de la zona.
-¿La madre de Válerie era separatista?
-Por supuesto que no, había migrado de Belén hacia otro lugar cercano al campamento del ejército.
-¿Desde Belén?
-No me imagino como llegó, los pueblos que rodean Tebulosmta son de díficil paso.
-¿Tebulosmta? ¿Qué es eso?
-Una montaña. La madre de Válerie vivía en Natela* y Natela y Kalzhkaya estaban a veinte minutos de distancia entre sí, el campamento estaba en medio. En Natela la gente era pro-Georgia y en Kalzhkaya pro-separatistas, cualquiera de los dos lugares era un dolor de cabeza.
-¿Qué ocurría con Vasily?
-La mañana que llegué al campamento, Vasily no estaba, me dijeron que era día de mercado en Kalzhkaya y junto con sus compañeros había ido por provisiones, a mi me pareció muy estúpido, los separatistas se escondían allí.
-¿Qué hiciste?
-Decidí recorrer Natela porque Vasily tardaría, iba a aprovechar para darme una idea del mapa completo, fui solo.
-¿Qué pasó?
-Cuando llegué, me topé a muchas chicas angustiadas con unas colegas del ejército. Frente a la clínica del pueblo habían arrojado sangre y carne podrida, la gente rodeaba una casa y escupían a los militares cuando pasaban; a mi me tocó recibir un par de regalos.
-¿Por qué rodeaban la casa?
-Me acerqué a averiguar cuando oí el nombre de Vasily; una chica del ejército salía de allí y pregunté.... "¡Vasily Ilianóvich es un monstruo! " me respondió y entré. Ni siquiera tenía dos horas de reportarme en la zona.
-Papá, ¿estás bien?
-Cuando atravesé la puerta, unos militares, amigos míos, se negaron a saludarme, uno me previno "Ilya, esto es terrible" y seguí hasta donde Abdellatif Nazrallah consolaba a su hija menor. Fue la primera vez que lo vi.
-¿Qué te dijeron?
-Me anuncié y el señor Nazrallah se arrojó hacia mí, lo tuvieron que separar y su mujer me jaló hacia un cuarto muy oscuro. En la cama había una chica llorando y recuerdo que gritó que me fuera cuando conoció mi nombre, que no me quería ver, que ardería en el infierno, que estaba maldito... La señora Nazrallah me tomó de la mano y me enteré de que la chica tenía cinco meses de embarazo, que había sido violada y que el ejército estaba notificado.
-Eso pasa siempre, los de la OTAN lo hicieron en Serbia - comentó Cumber.
-¡Estamos hablando de Válerie, imbécil!
-¡Cálmate, papá! - se interpuso Viktoriya. El teniente Maizuradze encendió otro tabaco.

-Supe que Vasily no se paraba por Natela y el marido de la chica ofreció un poco de dinero a los rebeldes para que lo mataran.
-¿Cómo se llamaba la mamá de Válerie?
-No me atrevo a repetir su nombre.
-Samira Nazrallah y tenía dieciséis, Vasily treinta - siguió Cumber. Viktoriya retomó las lágrimas - A Samira le habían dado menjurjes y pastillas para que abortara, en la clínica intentaron hacerle un legrado pero no le ayudaron con la denuncia y los militares no hicieron nada.
-¡Papá, debiste ayudarla!
-Papá fue a pedirle una explicación a Vasily, Samira lo reconocía porque le había comprado flores varias veces. Ella las vendía en día de mercado.
-¿Por qué Vasily hizo eso?
-Porque lo creyó fácil, fue a Natela y secuestró a la chica, los del pueblo la buscaron y la encontraron enterrada en la nieve.
-¡Por eso papá dijo que le quisieron hacer lo mismo a Válerie!
-Hay algo que nunca le he dicho a los Nazrallah - retomó Maizuradze con voz apagada - Nikita Tukhalyan, el marido de Samira, fue a reclamarme y yo aproveché que los separatistas le daban propaganda para seguirlo. La gente de Natela recurrió a ellos para vengar a Samira y yo les di unas granadas. Le hice creer a Vasily que si se iba por Kalzhkaya estaría seguro; como esquivó lo que le lanzaron, Nikira tomó la granada que sobraba y lo mató.

Cumber bajó la mirada.

-En el campamento interrogué a Vasily días antes y negó todo, le creí, el mando central del ejército lo exoneraba pero los compañeros elaboraban el reporte una y otra vez. Supe que ese crimen era cierto cuando Samira se armó de valor y fue a gritarlo en su cara. Nunca me enfadé tanto.
-Papá...
-Más tarde le ofrecí a los Nazrallah ir a Moscú y a Samira le dije que contaría con mi dinero para mantener al bebé. Se había encariñado con Válerie a pesar de que soportaba que le dieran abortivos en la clínica y la gente del pueblo la presionaba para abandonarla, decía que Allah se la había mandado y quien era ella para negarse a su voluntad. Los Nazrallah no pensaban lo mismo; Samira me pidió cuidar de Válerie, me esperé unos días para inscribirla en una guardería y la registré con mi nombre para que no le hicieran daño, luego vinieron las autoridades de migración y arrestaron a los Nazrallah, no sé quien los delató. Samira me llamó traidor y su marido le ayudó a fugarse de prisión; lo primero que hicieron fue conseguir un arma y secuestraron a Válerie, yo los busqué y supe que los separatistas planeaban un atentado en el metro; una mujer se iba a estallar de forma voluntaria y después de interrogar a varios prisioneros chechenos, di con Samira en la estación Lubyenska, ella llevaba una bomba y a Válerie en brazos; me amenazó con detonarse si intentaba quitársela, Tukhalyan no deseaba que Samira ejecutara el atentado ese día, él pensaba que irían por leche, me quedé atónito.
-¿Qué hiciste, papá?
-Viktoriya, no recuerdo mucho, le aseguré a Samira que si se calmaba y me daba la bomba, yo arreglaría los papeles y se quedaría con su hija... Enseguida puso el dedo en el detonador y yo le quité a Válerie, le ofrecí ir por ayuda, empezó a gritar, Tukhalyan salió del tren cuando ella le exigió que viera si no llegaban los francotiradores y no miré atrás, corrí con la niña cuando noté que Samira estaba decidida ... Samira alcanzó a despedirse, declaró que adoraba a su marido y amaba mucho a Válerie, que por ella perdonaba a Vasily. Me tropecé en la escalera del andén cuando la bomba explotó y me marché, Tukhalyan huyó y terminó yéndose con los Nazrallah a Belén. Los visito antes de cada asignación que me llega del Kremlin, con el tiempo han peleado la custodia de Válerie y quieren que sepa que Samira es su madre.

El teniente Maizuradze arrojó su cigarrillo por la ventana y abandonó el cuarto sin más, dejando a sus hijos sin habla y sin aclarar porque Cumber conocía la historia. Lo único seguro era su sentimiento de culpa y los Maizuradze, conmocionados, se fueron uno a uno, incapaces de mirar el suelo.


*Lugares ficticios.

domingo, 17 de enero de 2016

Bérenice y su pequeño secreto


Pour Jean Dujardin!

Ante la noticia de su embarazo, Bérenice Mukhin y su familia habían decidido ir a celebrar al parque De Gaulle e invitaron a Kovac para pedirle que fuera el padrino. El bebé Scott estaba disfrazado de pirata.

-¡"Pata de palo" Scott se apodera de la armada de Cocodrilo Drake! ¡Hay un enorme tesoro! - gritaba Bérenice mientras el pequeño intentaba sostener un muñeco en forma de cocodrilo y se divertía con un barco de peluche - ¡Nuestro valeroso capitán ha derrotado a su primer enemigo y reparte el botín!
-¡Hey, ya van a estar las salchichas! -anunciaba Luiz.
-¡Ya vamos! ¡Es que Scott recibió un tesoro!
-¿Qué se ganó?
-¡Derrotó al temible Cocodrilo Drake y se quedó con su oro y su tripulación!
-¡Bien hecho, Scott!
-¡Cuando sea más grande se unirá a otros niños y cazará más piratas!
-¡Su hermano será el segundo al mando y le dirán "el tuerto Bashir" aunque no sea tuerto!
-¿Pero si es niña?
-¡Será "Jeanette la pistolera" y conseguirá muchos barcos!
-¡Sí! ¡Y con Scott dominará los mares!

Bérenice besó la cabeza de su bebé y se incorporó para ver lo que Luiz y Kovac habían preparado, sin tener reparo de probar enseguida la ensalada de pimientos.

-¿Me dejas darle de comer a mi nieto? - le dijo Roland Mukhin y ella accedió encantada - Hoy quiero que te diviertas y abraces a Luiz.
-Pero él está asando la carne y las papas.
-Entonces dale un poco de ponche.
-¡Tienes razón! ¡Se merece que lo consientan!

La joven servía un vaso y le guiñaba un ojo a Luiz mientras Kovac colocaba un par de aderezos al centro de una mesa y sonreía por ver a todos felices. Alrededor, había muchos niños jugando y sus padres en picnics, por lo que no le fue raro que cerca de ellos, estuviera instalada otra parrilla y una familia decorara los árboles cercanos con globos. Al igual que los Mukhin, festeban la llegada de un nuevo integrante.

-¡Se me olvidó traer confeti! - confesó Bérenice - Les habríamos ganado en la competencia de adornos bonitos.
-Pero sería raro con tanto peluche y un niño vestido como pirata - respondió Luiz .
-A lo mejor tienes razón ¡pero trajeron pastelitos azules y rosas!
-Nos vencieron por nocaut.

Kovac continuaba riéndose por la actitud de sus amigos cuando reparó en que conocía a sus vecinos e identificó a Maddie Mozer entre los invitados. La hermana de Lleyton Eckhart, Alisa, presumía su reciente ultrasonido y anunciaba que su parto estaba programado en dos semanas.

-¿Me pondré igual cuando tenga a mi bebé? - comentó Bérenice entusiasmada.
-Cuando Scott llegó a la casa no parabas de consentirlo.
-Pues serán dos niños felices ¡me llevo esto!

Bérenice sacó del fuego una papa gratinada y la sirvió en un plato, dirigiéndose a la futura mamá que recibía regalos de sus parientes.

-¡Hola! ¡Felicidades por su bebito! - se presentó.
-Gracias.
-Le he traído una papa, ¡que la pase bien!
-Qué linda, ¿no quieres un panquecito?
-Uno azul, es que creo que va a ser niño.
-¿También estás embarazada?
-Tengo un mes.
-Mucha suerte.
-Gracias, adiosito.

Bérenice se dio la media vuelta y volvió a su sitio, contenta por lo que había visto e imaginándose con un gran vientre y ropa de maternidad.

-¡A Scott le gustará salir de paseo conmigo mientras esperamos a su hermanito! - exclamó y rápidamente tomó una salchicha para calmar el hambre.

Al mismo tiempo, en la fiesta de junto, Maddie Mozer felicitaba a Alisa y le aseguraba que Lleyton no tardaría en llegar, que el trabajo lo mantenía distraído. La familia Eckhart, a pesar de todo, mantenía la esperanza de que Lleyton y Maddie volverían a casarse.

-Mi hermano y tú van juntos a todos lados - comentó Alisa.
-Asuntos de la fiscalía, nada más.
-Pero siempre van a comer y de compras.
-Tu hermano anda en la luna, lo salvo de sí mismo.
-Hacen una pareja hermosa.
-Nunca fuimos pareja.
-Lo quieres, Maddie.
-¿No te han dicho? Salgo con un juez.
-¿Qué?
-Si vine aquí es porque me invitaste y eres una amiga pero tu hermano quedó atrás.
-Bueno, supongo que él tendrá una novia pronto.
-Con tantos procesos en la corte, lo dudo mucho.

Aquella charla no iba a durar más y ambas mujeres se contentaban con ver a los chicos que corrían en torno suyo, a las niñas que jugaban con pelotas y a los bebés que dormían, pero la risa y el atuendo del adorable Scott eran lo suficientemente llamativos para que voltearan hacia él y constataran que su madre se derretía por darle abrazos.

-Me dieron ganas de ponerme un parche en el ojo - bromeó Maddie y pensaba en Lleyton, quien intentaba olvidar a Bérenice o eso le había confesado recientemente mientras bebía whisky en otra comida familiar. El reciente embarazo de la joven y su repentina amistad con Kovac lo tenían un poco desalentado y con la llegada de un nuevo sobrino se sentía un poco presionado para considerar que era hora de buscar una compañera y sentar cabeza.

-¿Por qué nadie se acordó de Kovac en las invitaciones? - se sorprendió Alisa Eckhart al confirmarlo presente en el parque - Siempre ha sido un gran amigo.
-Creo que tiene otro compromiso.
-¿De dónde conocerá a la chica pirata y su bebé?

Maddie no quiso decir que Kovac era frecuente visitante en una cantina y que Bérenice trabajaba en el lugar.

-No importa, hay que llamarlo.
-¿Para qué?
-Ay Maddie ¿No te gusta Kovac? ¡A todas las mujeres de mi familia les encanta!

Maddie se rió y aguardó a que un sonriente Kovac se acercara afectuosamente.

-Alisa, qué gusto verte.
-Kovac ¡cómo has cambiado! ¿Qué te hiciste?
-Tomó más agua y me enfiesto menos... Señorita Maddie, qué placer saludarla.
-El placer es mío - replicó Maddie.
-¿Y Lleyton?
-Ni te esfuerces Kovac, ya sabes que él trabaja demasiado.
-Deberían prohibírselo de vez en cuando ... ¿Celebran un baby shower?
-Alisa quiso un día de campo.
-Está muy bien, yo vine con unos amigos, seré el padrino de su hijo.
-Si quieren, podemos hacer una sola fiesta - sugirió Alisa.
-Iré a preguntar.
-Estás invitado, Kovac.
-Gracias.

Kovac se apartó cortésmente y enseguida preguntó a Luiz si estaba de acuerdo en compartir parrilla con los Eckhart. El muchacho no dudó en aceptar y Bérenice juntó enseguida a Scott con los bebés que convivían en el pasto para jugar con ellos.

La familia Eckhart era numerosa, repleta de niños de hasta trece años que cada fin de semana se reunían para jugar y festejar cumpleaños y muchos adultos que se frecuentaban. Quizás por ese motivo, la presencia de Lleyton Eckhart era valorada y sus sobrinos ansiaban convivir con él las raras ocasiones que podían. Ese día preguntaban si andaba cerca sin cesar, aunque Luiz con su cabello y su habilidad para devolverles el balón mientras cocinaba los mantenía encantados. Roland Mukhin procuraba no despegarse de Kovac para no perderse de nada y se mostraba muy alegre de que los Eckhart lo saludaran y le ofrecieran de sus bebidas o tuvieran la amabilidad de preguntarle si estaba cómodo.

Sin embargo, Bérenice no prestaba su atención a la fiesta. Ver tantos chiquillos juntos y curiosos la conmovía, dándole ideas de como sería la cara de su futuro hijo y si tendría muchos amigos. También se alegraba por Scott, que cosechaba halagos por su camisa pirata mientras ella se imaginaba que los bebés eran la tripulación de un poderoso galeón. Los presentes creían que era un lindo juego y que Bérenice era una experta en volver risueños hasta a unos gemelos que eran difíciles de calmar.

-¡Lleyton! - exclamó Alisa Eckhart pasada una media hora. Los sobrinos lo rodearon enseguida.

-¡Lleyton, creí que no venías!
-La oficina, ya sabes.
-Todos te queríamos ver.
-Te traje un regalo.
-¿Un pirata?
-Lo vi en una tienda, me gustaría que mi sobrina o sobrino lo tengan.
-¿Se pusieron de moda? Es que Kovac vino con unos amigos suyos y el bebé que traen está de pirata y tiene un montón de juguetes.
-¿Kovac?
-Decidimos comer juntos ¿quieres una salchicha?
-No, gracias... ¿Qué está preparando tu marido?
-Pollo asado ¿eso está bien?.... Lleyton ¿qué pasa?
-Kovac.
-¿No era tu amigo?
-Sí, es que no lo esperaba.
-Maddie fue con él, deberías ponerte celoso.
-No puedo creer que Bob Patiño esté aquí.
-¿Quién?
-El del pelo enredado.
-Se llama Luiz, vino con su mujer y su suegro, le pidió a Kovac ser el padrino de su nuevo bebé ¿Tienes alguna idea de dónde se pudieron haber conocido?
-No sé.
-Es que se nota que no son de Poitiers o Nanterre.
-Kovac es sociable.
-Aguarda ¿de dónde ubicas a Luiz? Hasta le pusiste un apodo.
-Del hospital, cuando mandé buscar a Sergei Trankov.
-Qué mundo tan chico. Su mujer está con los pequeñines, parece que les dio algo porque no lloran, qué alivio.

Lleyton observaba a Luiz y a Kovac seriamente, al tiempo que sus sobrinos intentaban sujetarlo para que conviviera con ellos.

-Niños, en un momento voy... No se desesperen, denme un minuto, les paso la pelota pero déjenme saludar a los demás, ahí va... ¡Ay por dios, lo siento!

El grito llamó la atención de todos y Lleyton sostuvo a Bérenice Mukhin que colocaba sus manos en el rostro y se arrodillaba en consecuencia.

-¿Estás bien?
-Me duele la nariz.
-Apriétala de arriba para que no te salga más sangre.
-Fue una gotita.
-Perdón, no te vi, sólo quise poner a jugar a los chicos.
-¡Me diste un balonazo!
-Sin querer, lo juro.
-Jajajaja, ¡me rebotó la cabeza!
-Disculpa, Bérenice.
-Al menos no fue Luiz, ¡habría roto algo!

Kovac, Luiz y Roland se acercaron, preguntando en el acto si nada malo ocurría.

Kovac, lleva a Scott a asar salchichas - dijo Bérenice - Luiz ayúdame a levantarme, estoy bien. Papá, ¡sobreviví a un súper balonazo! El señor Lleyton es muy fuerte.
-De verdad, perdón, no quise lastimarte.
-No me duele.
-Toma asiento.
-¡Luiz y Kovac podrían llevarlo a jugar fútbol, señor Lleyton!
-De ninguna manera, Bérenice. Discúlpame por haberte golpeado, no tuve cuidado y estás embarazada.
-Me siento mejor.
-Le ofrezco disculpas, Bob Patiño.
-Se llama Luiz.
-Olvido su nombre a menudo.
-No se preocupe, mi cabeza de palmera se contenta rápido ¿ya vio a Scott?
-El niño se ve muy bien.
-Gracias, es que le buscamos un lindo disfraz.
-¿Sabes? Te hice caso con lo del pirata.
-¿Qué?
-Con lo del juguete para el hijo de mi hermana.
-No me acuerdo.

Bérenice y Lleyton se sonrieron mutuamente, provocando que Roland Mukhin se apartara y se llevara a Luiz con la excusa de que Scott no podía estar solo.

-Ella estará bien.
-Pero casi la tiran.
-Esto es algo que los dos pueden resolver, tú y yo tenemos que vigilar al bebé.

La chica sólo dijo que estaría perfecta en unos minutos y Luiz accedió a alejarse un poco, aunque aun se notaba preocupado.

-¿Llamo a un médico? - prosiguió Lleyton.
-Ya se me pasó.
-Conseguiré algodón.
-Mire, terminé de sangrar, le dije que era cosita de nada.
-Cuánto lo lamento, qué descuido.
-Ríase, nada pasó.
-Bérenice me gustaría compensarte.
-No diga eso, no exagere.
-¿Qué?
-Se presiona mucho por todo, relájese. Es un día de campo, todo está bonito, nadie piensa en ...
-¿En qué?
-Sí hará algo por mí.
-¿Qué te gustaría?
-Vamos a comer hot dogs juntos.
-Ah... Mmm, no los pruebo desde hace diez años, tal vez más.
-Uno.
-¿Tienes pepinillos?
-¡Son mis favoritos!

Lleyton miró a Bérenice fijamente y le ayudó a incorporarse, yendo de su mano apenas un metro, porque ella se detenía y un poco cabizbaja, lo soltaba y guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón.

-No es buena idea, señor Lleyton.
-¿Pasa algo?
-Es por Luiz, no me agradaría que estén juntos.
-¿Es celoso?
-No, pero no es bueno que tenga a los dos allí, no me sentiría feliz.
-¿Tienes un problema?
-Señor Lleyton... Creo que debería irse.

Bérenice miró al lado opuesto y Lleyton se quedó contemplándola con intriga, ansioso por una respuesta a pesar de no cuestionar ni dar pie al rechazo. Era probable que el balonazo realmente la hubiera enojado pero se notaba que no iba por ahí. Ella volteó y con el rostro apenado, se hizo de la palabra.

-De verdad iba a elegirlo a usted, le iba a decir pero no jamás va a funcionar.
-¿De qué hablas?
-Además, conocí a Luiz primero y realmente me gusta; con usted me pasa que no entiendo la mitad de lo que sale de su boca.
-Ahora el que no comprende soy yo.
-¿Lo escucha y lo ve? Yo quería irme con usted.
-Bérenice...
-Pero no puedo fingir que lo entiendo y con Luiz cualquier locura suena bien y nunca nota mis tonterías.
-¿Por qué me estás diciendo esto?
-Usted se iba a desilusionar, Lleyton. Prefiero terminar con esto para que no camine por donde paso.
-No he visitado la cantina.
-Tarde o temprano, regresaría.
-No lo sabes.
-Y ayer en la tienda se me acercó y me di cuenta. Luiz es el indicado para mí, dejémoslo así... Pero usted me gusta y pensé por varios días que podía ser posible. Yo sólo quería decírselo, no me busque más.

Bérenice sonrió aliviada y dio la media vuelta, yendo con Luiz para abrazarlo y ponerse a tararear cualquier cancioncilla que recordaran de inmediato. Lleyton, por su lado, se mezcló con su familia y se abstuvo de ver a la chica a instantes, finalmente cediendo cuando comprobó que ella era feliz con su "cabeza de palmera" y no sufría por temor a decepcionarlo.

jueves, 7 de enero de 2016

Try: La canción de los Maizuradze (Fin de la serie navideña "La esperanza", "El cuento de Palestina V")


Cuento conmemorativo de la Navidad Ortodoxa.

París, Francia.

-No puedo creer que dejamos Belén.
-Tranquilo, señor Nazrallah. Menos mal que en la aduana no dijeron nada por el tabaco y los dátiles.
-Pero no descubrieron el arak.
-Tampoco el raki.
-¡Es un canalla, Maizuradze!
-Siempre cargo vodka y con tanta práctica....
-¿Qué sigue?
-Buscar a Válerie en Saint Denis.
-¿Dónde dejaremos el equipaje?
-¿Le parece bien si enviamos a su mujer y su hija en taxi a la Rue de Poinsettia?
-¿Dónde?
-A una calle donde tengo un edificio. Hay mucho polvo pero pueden pasar la noche, mi hijo Cumber les abrirá la puerta.
-De acuerdo ¿y yo?
-Visitaremos a Válerie.
-¿Tan pronto?
-Además, debo saber cómo están Anton y Viktoriya.
-¿Cómo me voy a presentar así? Esta camisa es vieja.
-Tome este abrigo, si nunca ha sentido frío, prepárese.

En la ciudad, el ánimo triste permeaba y el teniente Maizuradze se iba enterando por los diarios de lo ocurrido la noche anterior y de la cifra de víctimas fatales que rebasaba el centenar. Los hospitales de Bércy, Notre Dame y sobremanera Saint Denis albergaban a los heridos y se contaban diez personas verdaderamente graves, resaltando el nombre de Joubert Bessette, a quien reportaban en coma.

-Cerraran el espacio aéreo hasta nuevo aviso, corrimos con suerte - dijo Maizuradze al conseguir un vehículo de milagro - Abdellatif, no hable con nadie.

Maizuradze y Nazrallah partieron a Saint Denis, impresionándose el primero por lo vacía que lucía la ciudad y el chofer le comentaba que trabajaría hasta el mediodía. Nadie en su sano juicio quería andar por la calle.

En cambio, en Saint Denis la historia era diferente. En el hospital había un niño armando escándalo e insistía en correr por la sala de espera a pesar de tener un soporte en la espalda y el cuello. Obviamente, ese era el travieso Anton Maizuradze siendo ayudado por su hermana Válerie y regañado a gritos por Cecilia Maizuradze, que no conseguía pararlo ni recordándole las costillas rotas.

-¡Mi Carlotita, allá voy! - exclamaba y se colaba hasta donde Judy Becaud intentaba descansar - ¡Hola chamaca!
-¡Anton! - le respondía Judy - ¡Qué bueno que te veo! ¡Creí que estabas en Tell no Tales!
-Mi mamá consiguió un trabajo ¿Qué te pasó?
-Nada importante.
-A mí casi me toca que me echen bala.
-¡Ay, Anton!
-Me rompí todito.
-¿Qué haces corriendo? Te vas a lastimar más.
-Todavía soy de hule aunque parezco robot con estos fierrotes.
-Jajajaja, no bailes.
-Oye ¿has visto a Carlotiana?
-¿A Carlota? No sale del cuarto de Joubert y su papá llegó esta mañana.
-¿Qué tiene Joubertín?
-Eh, está, está inconsciente, fue...
-Está tirado y valiendo cheetos.
-Nos asustamos mucho.

Anton le dio la mano a Judy porque no podía abrazarla y se sentó como le fue posible en una silla de madera.

-¿Me puedo comer los bombones que te trajeron?
-Adelante, Anton.
-¿Estuvo muy feo?
-¿Qué cosa?
-El tiroteo.
-Me vas a hacer llorar.
-Hubieras agarrado a todos a ladrillazos.
-No había nada que aventarles.
-Yo les arrojé piedritas.
-Qué suerte.

Anton miró hacia el exterior y vio a su madre yendo hacia él, no sin antes haber saludado a Ricardo Liukin.

-Este niño no entiende, le han dicho que no se mueva.
-Anton estaría enfermo si se quedara quieto.
-Ay, señor Liukin, como no ha visto sus placas.
-Le avisaré a Carlota para que lo salude.
-Muchas gracias, ¿ella está bien?
-Asustada pero dentro de todo, repuesta.
-Lo siento por Joubert.
-Sus padres han pasado muy mala noche.

Mientras Cecilia Maizuradze entraba a la habitación de Judy, de una puerta próxima salía Gwendal Mériguet, extrañado de que el ruido se hubiera ido y retornara ese silencio pesimista que le resultaba incómodo.

-Si alguien quiere pasar a visitar a Vika, ella está fingiendo que duerme - anunció con voz apagada. Válerie Maizuradze lo escuchó y enseguida fue con su madre a darle la noticia, provocando que ni ella ni Anton pudieran dejar a Judy. Pero no eran los únicos que lo sabían. Hugo y Maxim Maizuradze asomaban sus cabezas desde un pasillo y comentaban con señas que debían poner a Cumber al tanto y evitar pasar frente a Anton, que hasta la fecha reconocía a Hugo o eso creían porque nadie en la familia olvidaba a los gitanos.

Aunque la entrada al hospital se restringía severamente, a su llegada, el teniente Maizuradze localizó el nombre de Viktoriya en una lista pegada al lado de la entrada y halló los de Anton y Válerie un poco más abajo, debido a que nadie había tenido tiempo de ordenar alfabéticamente tantos registros. En la hoja del final, se leía sobre Hugo.

-Buenas días, vinimos a ver a Hugo, Viktoriya, Anton y Válerie Maizuradze - anunció en la entrada, donde a la instrucción de "identifíquense", Abdellatif Nazrallah sacó su pasaporte.

-Usted puede pasar teniente, su acompañante no - indicó el guardia.
-¿Está seguro?
-¿Intenta sobornarme con 5€?
-¿Es que quiere más? Usted es un indecente.
-El señor no es pariente ni tutor de nadie.
-Es el abuelo de Válerie Maizuradze, si quiere le muestro una foto de ella para que los compare.
-No le creo ni ...
-¿10€?
-Adelante.
-Baboso.

El señor Maizuradze sabía que cualquier cosa en Saint Denis tenía su precio en el caso del señor Nazrallah y de nuevo podía decir que cualquier persona era racista en París. No era por el nombre de Válerie que le habían negado la entrada.

-¿Anton y Válerie Maizurade? - consultó Nazrallah en recepción.
-Urgencias pedriáticas a la izquierda.
-¿Hugo Maizuradze?
-En urgencias generales al fondo.
-Gracias.

El señor Nazrallah quiso ir de inmediato donde Válerie pero el teniente Maizuradze se le adelantaba al fondo, encontrando dificultades entre los reporteros ansiosos de noticias y otro guardia que exigía igualmente saber quien entraba y salía.

-Ilya Maizuradze y Abdellatif Nazrallah, buscamos a la famila Maizuradze.
-Nadie pasa.
-¡Por favor! Mis hijos están ahí dentro.
-Teniente, entienda, hay muchos visitantes.
-¿Usted también?
-¿Yo qué?
-¿Cuánto?
-¿Me está sobornando?
-¿Un vodkita?
-Entren.
-Vive la Russie.
-Vive le vodka.
-Payaso.

Maizuradze y Nazrallah accedieron a la sala de espera y lo primero que vieron fue a Ricardo Liukin acercándose ante los ojos recelosos de Cecilia.

-¡Teniente! Que gusto saludarlo.
-Le presento a Abdellatif Nazrallah.
-Un placer.
-¿Cómo está?
-Bien, un poco alarmado.
-Natural.
-Carlota está mejor.
-¿Le pasó algo?
-Afortunadamente no y sus hermanos están bien.
-Yo tengo a la familia entera (dijo Maizuradze conteniendo el asombro de ver a Hugo y Maxim apenas a un metro), me enteré de Vika....
-Anton y Válerie están con Judy Becaud, en un momento regresan a Pediatría.
-¿Judy? ¿Le hicieron daño?
-Mañana se va a casa, no fue grave.

Maizuradze suspiró aliviado y se dispuso a visitarla, seguro de que Gwendal también le daría noticias favorables al topárselo.

-No puedes pasar, Ilya - se interpuso Cecilia.
-Voy a ver a los niños.
-Claro, porque fuiste primero a pediatría.
-Viktoriya también está internada.
-Me queda clarísimo que ella va primero.
-No te metas con mi hija.
-Está bien pero esta es otra que no te quiero contar.
-¿Qué?
-Pasa con Judy, saluda a los niños y te vas.
-No es tan fácil.
-¿Algo que no se te complique?
-El abuelo de Válerie, quiere visitarla - el teniente Maizuradze bajaba la voz - No debemos negarnos.
-¿Qué? ¿No estaba en Jordania, Túnez...?
-Belén.
-¿Qué hace aquí?
-Va a convivir con Válerie.
-¿Perdiste la cabeza? ¡La niña no lo conoce!
-Es hora de decirle como están las cosas.
-¡No así, cómo se te ocurre!
-Hablaremos con ella, lo prometo. Déjame pasar.

El señor Maizuradze no encontró más reticencias y caminó hasta la habitación de Judy, de la que salía Gwendal justamente.

-Vika se sentía un poco mareada y duerme ahora.
-Pasaré con ella después, gracias.

Mientras Gwendal volvía con Viktoriya, Válerie se levantaba para abrazar al teniente Maizuradze.

-¡Papá!
-¡Niña bonita!
-¡Le aposté a Anton que venías!
-¿Deveras? ¿Cuánto ganaste?
-Un cupón de 3€ en dulces.
-Una fortuna y.... Anton se quebró todo.
-Me volví un robot - añadió el niño.
-¿Qué tanto duele?
-Aun soy de hule.
-Excelente.
-Saluda a Judy.
-Cierto, señora Becaud buenos días. Disculpe mi falta de educación, es que mis hijos...

Ilya Maizuradze enmudeció ante la mujer.

-Comprendo, no tenga cuidado - replicó ella.
-Le he traído un obsequio - abriendo una valija - Son de Palestina.
-Me contó que iba a otro lado.
-Pasé a ... Un viaje corto.
-Los dátiles son caros, nunca los he probado.
-Allá hasta se caen de las palmas.
-¿Qué le trajo a los chicos?
-Anton recibirá un caballo de madera cuando se cure y una cerbatana para que se distraiga y a Válerie le conseguí unos cubos de madera con el alfabeto árabe.
-¡Qué regalos tan bellos!
-Compré para todos los niños, cuando vea a David y Amy les entregaré los suyos.
-¿Qué hay para mi Carlotilla? - intervino Anton.
-Encontré unas muñecas inspiradas en ella, como barbies, con todo y patines. Una trae una medalla y la vistieron con... Ese abrigo rojo es tétrico.
-Yo la vi en un sueño con esa cosa puesta, ¡ay dolor de mi corazoncito por Carlotita bonita!
-¿Qué soña...?

El teniente Maizuradze no acabó su frase. Era inapropiado alterarse frente a Judy que no entendería nada y Válerie creería que estaba asustado. Luego discutiría el sueño con Anton.

-Bueno, iré con Vika... Con Vika. Niños, no molesten a Judy, luego pasaré a verlos en sus camitas.
-Señor Maizuradze - llamó Judy - Gracias por visitarme.
-De nada, señora Becaud, si me necesita, no dude en llamar. Con su permiso.

Ilya Maizuradze retornó a la sala de espera, con el señor Nazrallah expectante y ansioso.

-Hoy no es prudente decirle a Válerie.
-¿Cómo se atreve? ¡A eso hemos venido!
-No grite por favor.
-¡Exijo conocer a mi nieta!
-Baje la voz.
-¡Ningún "baje la voz"! ¡Usted se pasa el tiempo con sus hijos como si nada, hasta los esconde libremente! ¿O no dirá que esos dos asomados de allá no tienen su apellido?

Hugo y Maxim se ocultaron completamente en la pared.

-¡Falta el otro, el serbio con el que mandó a mi mujer!
-Cálmese.
-¡No me voy a tranquilizar! ¡Válerie es mi nieta y usted la usa para limpiarse la conciencia por su hijo violador!
-¡No le permito hablar de mi hija...!
-¡Eso, siga mintiendo! ¡Miéntale a su mujer, esconda a sus hijos, haga como si nada! ¡Usted es un maldito violador, igual que su maldito hijo Vasily!
-¡Yo no soy ningún violador!
-¡Usted le arrebató una hija a mi familia y una nieta que no debía nacer! ¡Usted obliga a Válerie a crecer con la mancha de ser estirpe del violador de su verdadera madre!
-¡Válerie no iba a estar con la gente que quiso borrar su deshonra enterrándola en la nieve!
-¡Pero usted mató a su madre! ¡Usted le puso la bomba en la mano y la abandonó en ese tren cuando le suplicó no arrebatarle a su niña! Usted es el más grande violador de todos los hombres ¡Escondió a Vasily, engañó a sus mujeres, tiene más hijos de los que dice y se robó a mi nieta! ¡Usted manchó a toda la familia! ¡Maldito sea y Allah le castigue por su crueldad!
-Papá, ¿eso es cierto? - preguntó Viktoriya, que todavía pálida y ojerosa, había intentado inútilmente defender a su padre.

-Vika, descansa.
-No, papá.
-Vika....
-Papá ¿Qué hiciste? ¿Quién es Vasily? ¿De qué hablan?
-No lo voy a repetir, duérmete.
-Basta - dijo una voz desde la pared y Cumber se rebeló a los demás, que atestiguaban sin desearlo, como Carlota Liukin que por querer exigir silencio, se mantenía en la puerta del cuarto de Joubert.

-Se acabó el juego, padre. Hugo y Maxim, salgan de ahí, no sean maricas.

Hugo y Maxim se resistieron pero Cumber los jaló al pasillo.

-La familia de Válerie está hospedada como pediste, Judy les va la cobrar la renta el próximo mes, con aquello de que hasta edificios regalas.
-Cállate Cumber.
-Si quieres una amante está perfecto pero si quieres echarte el paquete de otro niño, muy tu problema.
-No me faltes al respeto y a la señora Becaud menos.
-Tú me dejaste botado en Serbia, aunque si estoy pecando de ingrato con Judy, le pediré perdón.
-Cumber, lárgate.
-No porque el señor Nazrallah tiene razón, eres un desgraciado.
-¡No te permito...!
-Mira, viejo, te pusieron en evidencia, Vika y Anton se iban a enterar.
-Vete de una vez.
-¡Vika, soy tu hermano, Maxim es tu hermano y el gitano es tu hermano!

Viktoriya volteó hacia Hugo.

-¿Un gitano? - murmuró - Papá, ¿qué es esto?
-Me equivoqué, Vika.
-Para papá siempre hemos sido errores - agregó Cumber - Anton y tú son los hijos que sí quiere y Válerie es el "pecadillo" que tuvo Vasily, un tipo que está bien muerto y que era nuestro hermanito mayor. Le lanzaron una granada en Chechenia cuando escapaba con ayuda de papá, es que el tipo violó a la hija del señor Nazrallah y pasó lo que tenía pasar a los nueve meses.
-¡Ay no, Válerie! - exclamó Vika al darse cuenta de que la niña se encontraba en el pasillo y había comenzado a llorar. Los hermanos se le aproximaron enseguida.

-¡Por eso no soy como ustedes! ¡No soy rubia, ni blanca y no sabía por qué! ¿Quién es mi papá?
-Válerie, no te preocupes, mi papá es tu papá - le respondió Vika al abrazarla.
-Yo soy tu hermanito - le dijo Anton.
-Soy un cretinazo y tengo pelo oscuro - siguió Cumber y Maxim y Hugo la miraban sin decir nada.

-¿Tuviste hijos con otras mujeres? ¿Cómo fuiste capaz? - reclamó Cecilia Maizuradze a su marido por su lado - ¡Mira lo que haz hecho! ¡Eres un maldito!

La mujer no se atrevió a golpear al teniente Maizuradze y optó por ir con Válerie que gritaba "¡mamá!" para llamarla.

Abdellatif Nazrallah permaneció a su distancia, viendo a Ilya Maizuradze recargarse en un muro, reprimiendo hasta lo imposible los ojos humedecidos. Los sollozos de Válerie le provocaban a Nazrallah un fuerte remordimiento por su arrebato.




Desde este blog va un saludo a la comunidad ortodoxa rusa en México. С Рождеством Христовым !

sábado, 2 de enero de 2016

Con la familia del desierto (La esperanza, El cuento de Palestina IV)


¡Feliz 2016!

Ilya Maizuradze había salido de Belén y se hallaba a un costado del camino que iba de Jerusalén este a Ramallah. Abdellatif Nazrallah lo había alcanzado.

-El desierto llama y lo único que se puede hacer es acostarse en la arena y mirar las estrellas.
-Sobretodo cuando no se es bienvenido.
-Más bien cuando se escapa de un amigo fastidioso.
-Me disculpo por ponerle la pistola en la cabeza, fue una escena innecesaria.
-Ya se me olvidó, señor Nazrallah.
-¿Qué asunto le trae a Belén?
-La custodia de Válerie, es momento de firmar los papeles.
-Arreglémoslo de una vez.
-¿Va a consentir así, sin preguntar?
-No hay nada que se pueda negociar.
-Eso es muy cierto, no depende de mí.
-Las condiciones son algo que yo no puse.
-He traído los pasaportes que prometí.
-¿Cómo saldremos de Belén?
-Los israelíes no pueden decir nada, son cortesía del gobierno ruso.
-¿Cómo ha logrado...?
-Agradézcale al tío Putin.
-Por favor.
-A veces se despierta de buenas.

Abdellatif Nazrallah acercó su linterna y suscribió los documentos que el teniente Maizuradze le daba. Poco después, ambos compatían tabaco y contemplaban el cielo oscuro.

-Si muero, Válerie se va con ustedes.
-¿Pero es en serio lo de la guerra?
-Mientras su yerno se quede aquí...

El teniente Maizuradze continuó fumando tranquilamente.

-Válerie no conoce a sus abuelos ni sabe quien fue su madre ni su padre ¿Cómo tomaría saber la verdad?
-¿Cree que no he pensado en eso? Le he escrito una carta y se la enviaré al irme de aquí. Va a odiarme pero no podrá decir que le menti, si acaso me creerá un canalla.
-Maizuradze, sabemos que lo es.
-Uno que tiene demasiado que explicar.
-¿Cómo están sus hijos?
-Viktoriya gana medallas en la gimnasia y me conformo con que Anton haya pasado de año, como que la escuela no se le da... Bueno, a ningún Maizuradze.
-¿Y los demás?
-¿Cumber, Hugo y Maxim?
-Al menos los reconoce.
-Cumber trabaja en un café, Hugo juega fútbol y Maxim vive en Japón, es el único que todavía tiene fe en los estudios pero tampoco es brillante.
-¿Válerie?
-Ochenta puntos en cada examen.
-Al menos acabará la secundaria
-Cuente con ello.

Abdellatif Nazrallah tomó la maleta del teniente Maizuradze y se levantó rápidamente.

-Venga a mi casa.
-Casi me mata.
-Hasta para Allah el rencor es insano.
-Debo irme, estoy esperando alguna camioneta o lo que sea para pasar a Jerusalén y tomar el primer vuelo.
-¿A Rusia?
-A Francia.
-¿Por qué?
-Llamó Anton, mis hijos estuvieron en el tiroteo y Vika por coincidencia ¿vio las noticias?
-¿Qué dice?
-Mi esposa me ha dejado y se marchó a París con los niños. Estaban caminando cuando un tipo salió a dispararle a todos y Anton se lastimó, se fracturó un par de costillas; a Válerie no le pasó nada pero a los tres los internaron en Saint Denis.
-Con toda la arrogancia del mundo usted dijo que Válerie estaría más segura que aquí en Belén.
-El mundo ya es igual de peligroso para todos.
-Mentira sobre mentira.
-No lo es más.
-¿Por qué su mujer le abandona, Maizuradze?
-No le incumbe, Abdellatif.
-De no ser por eso, su hijo y mi nieta no habrían acabado en París.
-La historia de toda la vida.
-Sinvergüenza ¿cómo se llama la nueva novia?
-No tengo una relación.
-El matrimonio se le terminó por algo.
-Soy un hombre viejo y la mujer que me encandila está esperando un hijo del marido; de todas maneras me había rechazado.
-Válgame la decencia.
-También a ella la contacté por la tarde, después del susto ya está mejor y es que también le tocó estar presente en esa balacera.
-Me alegra que no le corresponda.
-Es una dama prudente, recatada; nunca traicionaría a su esposo ni le abandonaría por un desliz o un amor nuevo. Es de las que ya casi no hay.
-Entonces a usted le gusta por difícil, más que por bonita o joven.
-Puede ser, sí.
-Converse con su esposa y arregle sus problemas, le saldrá más barato.
-Cecilia no me escucha.
-Las mujeres se cuadran cuando el hombre les habla fuerte.
-Por debajo del agua, ajustan cuentas.
-¿Por qué en las reuniones femeninas o los mercados, siempre llega un hombre a poner orden?
-Las mujeres son distintas en este siglo.
-Claro que no Maizuradze. La mujer gobierna la casa, la cartera y los hijos, el hombre se deja hasta que surje un desorden y luego de saldado, vuelve a los deseos de la señora ¿Acaso usted no se enfrenta a puños con quienes ofenden a su familia o con un tipo que se comporta como botarate? Esa es la labor del hombre, ir por el mundo a pelear, como en la naturaleza se manda al macho de cada especie. Ni se diga cuando las mujeres escandalizan y nadie las calla; ahí siempre aparece un varón a meter cordura, por eso el mundo no ha empeorado como para replicar Troya.
-El mundo es más cruel en estos tiempos.
-Menos inocente, es todo. La humanidad está y estará en guerra siempre, pero no porque la paz no exista, sino porque se desespera de ser como es. Se lo dice un palestino que padece a diario y que de repente sucumbe y huye, aunque sobrevivió a Sabra y volvió a su tierra cuando su propia hija se venció a sí misma, apoyó las Intifadas a pesar de su fracaso y perdonó y perdonará aunque la bala se interponga. En Chechenia usted no encontrará a los viejos enemigos, todos se han ido, así como yo a nadie pude pedirle ayuda. La vida es violenta y en el desierto se aprecia mejor el drama que vendrá y un hombre sabio, auténticamente sabio, viene a ver las estrellas en lugar de enfrentar serpientes y ocultarse como los pobres de espíritu que esconden armas y planean matanzas escudados en la oscuridad y el arena. Un caballero pelea de frente, planea de día y en la noche se tira a ver la belleza que la muerte no tiene derecho de privarle.
-¿Quiere decir que me ha perdonado?
-Tantas palabras para algo tan simple son necesarias. De mujeres y guerra vive el hombre y de Dios y de filosofía. Lo demás son adornos, llámense arte, deportes o felicidad, recuérdelo siempre.
-He vivido de mujeres y guerra, pero me importa ser feliz y lograr la paz.
-Lo que usted quiere es que no le descubran sus infidelidades añejas.
-Cecilia me asesina y la madre de Vika me resucita para matarme de nuevo.
-¿Por qué lo hizo?
-La madre de Maxim me gustaba, la de Hugo era aventurera y la de Cumber me amó siempre.
-Sinvergüenza.
-Pero no me arrepiento, mis hijos son lo más sagrado que tengo.
-¿Qué hay de Vasily?
-Comencemos a pensar que sin él, no tendríamos a Válerie.
-Cuando un hijo sale mal, se siente una deuda.
-La que siempre tendré con usted.
-Vamos por maqluba.
-Abdellatif...
-Con ver a Válerie una vez me daré por pagado. Su amigo lo espera de todas formas.
-¿Vladimir Vladimirovich?
-El dizque presidente.
-El presidente, dirá. No me meto con él, es muy talentoso con lo que hace.
-¿Por qué vino aquí?
-Me necesita y le simpatizo. Vamos con Vlad para que me diga como están las cosas en París, espero que no tan graves.
-Compartimos la esperanza, Válerie necesitará a su familia.
-Venga conmigo.
-No sin los demás.
-Su yerno no puede salir si quiere vivir libre.
-Todos deberán acompañarme. Una familia nunca se separa aunque la fuerzen.
-Pero a veces se desplazan por su lado.
-Al final se juntan, es verdad universal.
-En la tumba.

El teniente Maizuradze se incorporó con una sonrisa y acompañó al señor Nazrallah de vuelta a Belén, pensando en que quizás el ejército le daría licencia de unos días libres más. La noche palestina y sus luces le invitaban a pensar que su futura misión en Chechenia se terminaría pronto.