jueves, 7 de enero de 2016

Try: La canción de los Maizuradze (Fin de la serie navideña "La esperanza", "El cuento de Palestina V")


Cuento conmemorativo de la Navidad Ortodoxa.

París, Francia.

-No puedo creer que dejamos Belén.
-Tranquilo, señor Nazrallah. Menos mal que en la aduana no dijeron nada por el tabaco y los dátiles.
-Pero no descubrieron el arak.
-Tampoco el raki.
-¡Es un canalla, Maizuradze!
-Siempre cargo vodka y con tanta práctica....
-¿Qué sigue?
-Buscar a Válerie en Saint Denis.
-¿Dónde dejaremos el equipaje?
-¿Le parece bien si enviamos a su mujer y su hija en taxi a la Rue de Poinsettia?
-¿Dónde?
-A una calle donde tengo un edificio. Hay mucho polvo pero pueden pasar la noche, mi hijo Cumber les abrirá la puerta.
-De acuerdo ¿y yo?
-Visitaremos a Válerie.
-¿Tan pronto?
-Además, debo saber cómo están Anton y Viktoriya.
-¿Cómo me voy a presentar así? Esta camisa es vieja.
-Tome este abrigo, si nunca ha sentido frío, prepárese.

En la ciudad, el ánimo triste permeaba y el teniente Maizuradze se iba enterando por los diarios de lo ocurrido la noche anterior y de la cifra de víctimas fatales que rebasaba el centenar. Los hospitales de Bércy, Notre Dame y sobremanera Saint Denis albergaban a los heridos y se contaban diez personas verdaderamente graves, resaltando el nombre de Joubert Bessette, a quien reportaban en coma.

-Cerraran el espacio aéreo hasta nuevo aviso, corrimos con suerte - dijo Maizuradze al conseguir un vehículo de milagro - Abdellatif, no hable con nadie.

Maizuradze y Nazrallah partieron a Saint Denis, impresionándose el primero por lo vacía que lucía la ciudad y el chofer le comentaba que trabajaría hasta el mediodía. Nadie en su sano juicio quería andar por la calle.

En cambio, en Saint Denis la historia era diferente. En el hospital había un niño armando escándalo e insistía en correr por la sala de espera a pesar de tener un soporte en la espalda y el cuello. Obviamente, ese era el travieso Anton Maizuradze siendo ayudado por su hermana Válerie y regañado a gritos por Cecilia Maizuradze, que no conseguía pararlo ni recordándole las costillas rotas.

-¡Mi Carlotita, allá voy! - exclamaba y se colaba hasta donde Judy Becaud intentaba descansar - ¡Hola chamaca!
-¡Anton! - le respondía Judy - ¡Qué bueno que te veo! ¡Creí que estabas en Tell no Tales!
-Mi mamá consiguió un trabajo ¿Qué te pasó?
-Nada importante.
-A mí casi me toca que me echen bala.
-¡Ay, Anton!
-Me rompí todito.
-¿Qué haces corriendo? Te vas a lastimar más.
-Todavía soy de hule aunque parezco robot con estos fierrotes.
-Jajajaja, no bailes.
-Oye ¿has visto a Carlotiana?
-¿A Carlota? No sale del cuarto de Joubert y su papá llegó esta mañana.
-¿Qué tiene Joubertín?
-Eh, está, está inconsciente, fue...
-Está tirado y valiendo cheetos.
-Nos asustamos mucho.

Anton le dio la mano a Judy porque no podía abrazarla y se sentó como le fue posible en una silla de madera.

-¿Me puedo comer los bombones que te trajeron?
-Adelante, Anton.
-¿Estuvo muy feo?
-¿Qué cosa?
-El tiroteo.
-Me vas a hacer llorar.
-Hubieras agarrado a todos a ladrillazos.
-No había nada que aventarles.
-Yo les arrojé piedritas.
-Qué suerte.

Anton miró hacia el exterior y vio a su madre yendo hacia él, no sin antes haber saludado a Ricardo Liukin.

-Este niño no entiende, le han dicho que no se mueva.
-Anton estaría enfermo si se quedara quieto.
-Ay, señor Liukin, como no ha visto sus placas.
-Le avisaré a Carlota para que lo salude.
-Muchas gracias, ¿ella está bien?
-Asustada pero dentro de todo, repuesta.
-Lo siento por Joubert.
-Sus padres han pasado muy mala noche.

Mientras Cecilia Maizuradze entraba a la habitación de Judy, de una puerta próxima salía Gwendal Mériguet, extrañado de que el ruido se hubiera ido y retornara ese silencio pesimista que le resultaba incómodo.

-Si alguien quiere pasar a visitar a Vika, ella está fingiendo que duerme - anunció con voz apagada. Válerie Maizuradze lo escuchó y enseguida fue con su madre a darle la noticia, provocando que ni ella ni Anton pudieran dejar a Judy. Pero no eran los únicos que lo sabían. Hugo y Maxim Maizuradze asomaban sus cabezas desde un pasillo y comentaban con señas que debían poner a Cumber al tanto y evitar pasar frente a Anton, que hasta la fecha reconocía a Hugo o eso creían porque nadie en la familia olvidaba a los gitanos.

Aunque la entrada al hospital se restringía severamente, a su llegada, el teniente Maizuradze localizó el nombre de Viktoriya en una lista pegada al lado de la entrada y halló los de Anton y Válerie un poco más abajo, debido a que nadie había tenido tiempo de ordenar alfabéticamente tantos registros. En la hoja del final, se leía sobre Hugo.

-Buenas días, vinimos a ver a Hugo, Viktoriya, Anton y Válerie Maizuradze - anunció en la entrada, donde a la instrucción de "identifíquense", Abdellatif Nazrallah sacó su pasaporte.

-Usted puede pasar teniente, su acompañante no - indicó el guardia.
-¿Está seguro?
-¿Intenta sobornarme con 5€?
-¿Es que quiere más? Usted es un indecente.
-El señor no es pariente ni tutor de nadie.
-Es el abuelo de Válerie Maizuradze, si quiere le muestro una foto de ella para que los compare.
-No le creo ni ...
-¿10€?
-Adelante.
-Baboso.

El señor Maizuradze sabía que cualquier cosa en Saint Denis tenía su precio en el caso del señor Nazrallah y de nuevo podía decir que cualquier persona era racista en París. No era por el nombre de Válerie que le habían negado la entrada.

-¿Anton y Válerie Maizurade? - consultó Nazrallah en recepción.
-Urgencias pedriáticas a la izquierda.
-¿Hugo Maizuradze?
-En urgencias generales al fondo.
-Gracias.

El señor Nazrallah quiso ir de inmediato donde Válerie pero el teniente Maizuradze se le adelantaba al fondo, encontrando dificultades entre los reporteros ansiosos de noticias y otro guardia que exigía igualmente saber quien entraba y salía.

-Ilya Maizuradze y Abdellatif Nazrallah, buscamos a la famila Maizuradze.
-Nadie pasa.
-¡Por favor! Mis hijos están ahí dentro.
-Teniente, entienda, hay muchos visitantes.
-¿Usted también?
-¿Yo qué?
-¿Cuánto?
-¿Me está sobornando?
-¿Un vodkita?
-Entren.
-Vive la Russie.
-Vive le vodka.
-Payaso.

Maizuradze y Nazrallah accedieron a la sala de espera y lo primero que vieron fue a Ricardo Liukin acercándose ante los ojos recelosos de Cecilia.

-¡Teniente! Que gusto saludarlo.
-Le presento a Abdellatif Nazrallah.
-Un placer.
-¿Cómo está?
-Bien, un poco alarmado.
-Natural.
-Carlota está mejor.
-¿Le pasó algo?
-Afortunadamente no y sus hermanos están bien.
-Yo tengo a la familia entera (dijo Maizuradze conteniendo el asombro de ver a Hugo y Maxim apenas a un metro), me enteré de Vika....
-Anton y Válerie están con Judy Becaud, en un momento regresan a Pediatría.
-¿Judy? ¿Le hicieron daño?
-Mañana se va a casa, no fue grave.

Maizuradze suspiró aliviado y se dispuso a visitarla, seguro de que Gwendal también le daría noticias favorables al topárselo.

-No puedes pasar, Ilya - se interpuso Cecilia.
-Voy a ver a los niños.
-Claro, porque fuiste primero a pediatría.
-Viktoriya también está internada.
-Me queda clarísimo que ella va primero.
-No te metas con mi hija.
-Está bien pero esta es otra que no te quiero contar.
-¿Qué?
-Pasa con Judy, saluda a los niños y te vas.
-No es tan fácil.
-¿Algo que no se te complique?
-El abuelo de Válerie, quiere visitarla - el teniente Maizuradze bajaba la voz - No debemos negarnos.
-¿Qué? ¿No estaba en Jordania, Túnez...?
-Belén.
-¿Qué hace aquí?
-Va a convivir con Válerie.
-¿Perdiste la cabeza? ¡La niña no lo conoce!
-Es hora de decirle como están las cosas.
-¡No así, cómo se te ocurre!
-Hablaremos con ella, lo prometo. Déjame pasar.

El señor Maizuradze no encontró más reticencias y caminó hasta la habitación de Judy, de la que salía Gwendal justamente.

-Vika se sentía un poco mareada y duerme ahora.
-Pasaré con ella después, gracias.

Mientras Gwendal volvía con Viktoriya, Válerie se levantaba para abrazar al teniente Maizuradze.

-¡Papá!
-¡Niña bonita!
-¡Le aposté a Anton que venías!
-¿Deveras? ¿Cuánto ganaste?
-Un cupón de 3€ en dulces.
-Una fortuna y.... Anton se quebró todo.
-Me volví un robot - añadió el niño.
-¿Qué tanto duele?
-Aun soy de hule.
-Excelente.
-Saluda a Judy.
-Cierto, señora Becaud buenos días. Disculpe mi falta de educación, es que mis hijos...

Ilya Maizuradze enmudeció ante la mujer.

-Comprendo, no tenga cuidado - replicó ella.
-Le he traído un obsequio - abriendo una valija - Son de Palestina.
-Me contó que iba a otro lado.
-Pasé a ... Un viaje corto.
-Los dátiles son caros, nunca los he probado.
-Allá hasta se caen de las palmas.
-¿Qué le trajo a los chicos?
-Anton recibirá un caballo de madera cuando se cure y una cerbatana para que se distraiga y a Válerie le conseguí unos cubos de madera con el alfabeto árabe.
-¡Qué regalos tan bellos!
-Compré para todos los niños, cuando vea a David y Amy les entregaré los suyos.
-¿Qué hay para mi Carlotilla? - intervino Anton.
-Encontré unas muñecas inspiradas en ella, como barbies, con todo y patines. Una trae una medalla y la vistieron con... Ese abrigo rojo es tétrico.
-Yo la vi en un sueño con esa cosa puesta, ¡ay dolor de mi corazoncito por Carlotita bonita!
-¿Qué soña...?

El teniente Maizuradze no acabó su frase. Era inapropiado alterarse frente a Judy que no entendería nada y Válerie creería que estaba asustado. Luego discutiría el sueño con Anton.

-Bueno, iré con Vika... Con Vika. Niños, no molesten a Judy, luego pasaré a verlos en sus camitas.
-Señor Maizuradze - llamó Judy - Gracias por visitarme.
-De nada, señora Becaud, si me necesita, no dude en llamar. Con su permiso.

Ilya Maizuradze retornó a la sala de espera, con el señor Nazrallah expectante y ansioso.

-Hoy no es prudente decirle a Válerie.
-¿Cómo se atreve? ¡A eso hemos venido!
-No grite por favor.
-¡Exijo conocer a mi nieta!
-Baje la voz.
-¡Ningún "baje la voz"! ¡Usted se pasa el tiempo con sus hijos como si nada, hasta los esconde libremente! ¿O no dirá que esos dos asomados de allá no tienen su apellido?

Hugo y Maxim se ocultaron completamente en la pared.

-¡Falta el otro, el serbio con el que mandó a mi mujer!
-Cálmese.
-¡No me voy a tranquilizar! ¡Válerie es mi nieta y usted la usa para limpiarse la conciencia por su hijo violador!
-¡No le permito hablar de mi hija...!
-¡Eso, siga mintiendo! ¡Miéntale a su mujer, esconda a sus hijos, haga como si nada! ¡Usted es un maldito violador, igual que su maldito hijo Vasily!
-¡Yo no soy ningún violador!
-¡Usted le arrebató una hija a mi familia y una nieta que no debía nacer! ¡Usted obliga a Válerie a crecer con la mancha de ser estirpe del violador de su verdadera madre!
-¡Válerie no iba a estar con la gente que quiso borrar su deshonra enterrándola en la nieve!
-¡Pero usted mató a su madre! ¡Usted le puso la bomba en la mano y la abandonó en ese tren cuando le suplicó no arrebatarle a su niña! Usted es el más grande violador de todos los hombres ¡Escondió a Vasily, engañó a sus mujeres, tiene más hijos de los que dice y se robó a mi nieta! ¡Usted manchó a toda la familia! ¡Maldito sea y Allah le castigue por su crueldad!
-Papá, ¿eso es cierto? - preguntó Viktoriya, que todavía pálida y ojerosa, había intentado inútilmente defender a su padre.

-Vika, descansa.
-No, papá.
-Vika....
-Papá ¿Qué hiciste? ¿Quién es Vasily? ¿De qué hablan?
-No lo voy a repetir, duérmete.
-Basta - dijo una voz desde la pared y Cumber se rebeló a los demás, que atestiguaban sin desearlo, como Carlota Liukin que por querer exigir silencio, se mantenía en la puerta del cuarto de Joubert.

-Se acabó el juego, padre. Hugo y Maxim, salgan de ahí, no sean maricas.

Hugo y Maxim se resistieron pero Cumber los jaló al pasillo.

-La familia de Válerie está hospedada como pediste, Judy les va la cobrar la renta el próximo mes, con aquello de que hasta edificios regalas.
-Cállate Cumber.
-Si quieres una amante está perfecto pero si quieres echarte el paquete de otro niño, muy tu problema.
-No me faltes al respeto y a la señora Becaud menos.
-Tú me dejaste botado en Serbia, aunque si estoy pecando de ingrato con Judy, le pediré perdón.
-Cumber, lárgate.
-No porque el señor Nazrallah tiene razón, eres un desgraciado.
-¡No te permito...!
-Mira, viejo, te pusieron en evidencia, Vika y Anton se iban a enterar.
-Vete de una vez.
-¡Vika, soy tu hermano, Maxim es tu hermano y el gitano es tu hermano!

Viktoriya volteó hacia Hugo.

-¿Un gitano? - murmuró - Papá, ¿qué es esto?
-Me equivoqué, Vika.
-Para papá siempre hemos sido errores - agregó Cumber - Anton y tú son los hijos que sí quiere y Válerie es el "pecadillo" que tuvo Vasily, un tipo que está bien muerto y que era nuestro hermanito mayor. Le lanzaron una granada en Chechenia cuando escapaba con ayuda de papá, es que el tipo violó a la hija del señor Nazrallah y pasó lo que tenía pasar a los nueve meses.
-¡Ay no, Válerie! - exclamó Vika al darse cuenta de que la niña se encontraba en el pasillo y había comenzado a llorar. Los hermanos se le aproximaron enseguida.

-¡Por eso no soy como ustedes! ¡No soy rubia, ni blanca y no sabía por qué! ¿Quién es mi papá?
-Válerie, no te preocupes, mi papá es tu papá - le respondió Vika al abrazarla.
-Yo soy tu hermanito - le dijo Anton.
-Soy un cretinazo y tengo pelo oscuro - siguió Cumber y Maxim y Hugo la miraban sin decir nada.

-¿Tuviste hijos con otras mujeres? ¿Cómo fuiste capaz? - reclamó Cecilia Maizuradze a su marido por su lado - ¡Mira lo que haz hecho! ¡Eres un maldito!

La mujer no se atrevió a golpear al teniente Maizuradze y optó por ir con Válerie que gritaba "¡mamá!" para llamarla.

Abdellatif Nazrallah permaneció a su distancia, viendo a Ilya Maizuradze recargarse en un muro, reprimiendo hasta lo imposible los ojos humedecidos. Los sollozos de Válerie le provocaban a Nazrallah un fuerte remordimiento por su arrebato.




Desde este blog va un saludo a la comunidad ortodoxa rusa en México. С Рождеством Христовым !

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