martes, 12 de abril de 2016

Todos se juntan


Era martes y en París la rutina volvía paulatinamente a la normalidad, razón que obligaba a Hugo Maizuradze a cocinar pasta para Cumber y Svante a media noche.

-¿Donde estuvieron? - preguntó a Cumber.
-En la audición de Svante.
-¿Como le fue?

Hugo tomó la cacerola y procedió a servir mientras Cumber colocaba los cubiertos, Svante se hallaba en el sofá intentando encender infructuosamente un cigarrillo y y preparando su bloc de notas para conversar.

-"Pasé la audición" - escribió. Hugo sonrió.

-Lo contrataron en el cabaret bizarro - dijo Cumber.
-¿De qué se trata?
-Los freaks se entierran cuchillos en el trasero.
-¿Quién querría ver eso?
-Yo.
-No sé porque me sorprendo.
-Mejor felicita al travesti.
-¿Qué va a hacer ahí?
-Es el presentador.
-¿Cómo?

Svante levantó su cuaderno y se leyó perfectamente "con letreros". Después, el chico tomó su lugar en la mesa y abrió una botella de vino.

-Cuando supieron que no habla, lo contrataron - contó Cumber.

Los tres procedieron a comer en silencio pese al ruido proveniente de la estación del metro cercana y de la persona que tocaba a su puerta insistentemente.

-¿Vieron a Viktoriya? - siguió Hugo.
-"Nos encontramos a Maxim en Les Halles"
-Gracias, Svante.
-"¿Qué hiciste hoy?"
-Hice una prueba en el PSG, la próxima semana me dan los resultados.
-"Suerte".
-¿No dirás nada, Cumber?
-Que ya me fastidié ¿Quién demonios molesta a esta hora?
-Le debemos unas reparaciones al casero.
-Que venga luego.
-Cumber, no ...

Luke Cumberbatch se incorporó de mala gana y abrió la puerta enérgicamente, sobresaltándose y casi tropezando hacia atrás.

-Hola, Cumber, te seguí. Conoces a unos personajes interesantes de los que quiero que me hables - Inició el visitante.
-Cumber ¿vendes drogas? - intervino Hugo.
-Lo lamento, pensé que no tenías compañía.
-¿Quién es?
-Nadie, un idiota - murmuró Cumber y cerró la puerta tras de sí. En el pasillo estaba una segunda persona, una chica que guardaba distancia.

-¿Qué quieres, idiota?
-Eh, tranquilo - rió el visitante.
-¿Para qué me busca la Marina, idiota?
-Dile a Trankov que me espere en St. Michel a las 7:00 am, tengo lo que pidió.
-¿Qué cosa?
-El mapa, ya lo corregí.
-Dámelo.
-Lo haré yo mismo.
-¡Idiota!
-Magnussen casi lo pierde, yo me encargaré.
-¿Qué le pasó a Thorm?
-Cometió un descuido.
-¿Quién demonios eres?
-Un idiota de la Marina.
-No juegues, imbécil.
-No estás listo para pelear conmigo.
-¿Quién eres?
-Almirante General, Stendhal Trafalgar.
-¿Qué?
-Nadie está en problemas.
-¡Aléjate!
-Dile a Tennant Lutz que deben entrenar. Nos vemos, Cumber.
-¡Oye! ¡Qué rayos haces?
-Mi trabajo.

Trafalgar se marchaba, pero se topó con la chica, asutándose más que Cumber al enfrentarlo.

-¿También te descuidaste, marino idiota? - ironizó Cumber.
-Es una amiga, no le cuentes a nadie.

Cumber aceptó y se introdujo a la buhardilla para avisar a Magnussen; Trafalgar en cambio tomó a la joven por los hombros y la cubrió con su abrigo. En las escaleras iniciaron una conversación.

-¿Qué es eso del mapa? ¿Qué tiene que ver con Thorm? - dudó ella
-Haces demasiadas preguntas, Tamara.
-Ni siquiera sabía que eres el jefe de la Marina.
-Estoy arreglando un asunto.

Ante la ausencia de más frases, él supo que Tamara no había escuchado todo.

-Ese chico es mi primo - mintió - Los dos conocemos a Thorm y le pedí que le avisara que estoy en la ciudad.
-¿Y el mapa?
-Thorm colabora a menudo conmigo.
-No te creo.
-¿Por qué me seguiste?
-Me dejaste en el hotel.
-No tardaría.
-¿Cómo saberlo?
-Tienes fiebre.
-No me quería quedar sola.
-¿Te gusta estar conmigo?
-Odio que me malinterpretes.
-Vamos a dormir, encenderé la chimenea si te da frío.

Ambos apresuraron el paso.

-No me aprietes, mujer.
-Perdón, no me siento bien.
-Comprendo.
-No vayas a creer otra cosa.
-¿Sexo?
-Algo así.
-¿Quieres?
-¡No!
-Te vi desnuda.
-No te he matado y no quiero hacerlo hoy.
-Estabas caliente.
-¡Retira lo que dijiste!
-Desde ese día estás enferma ¿qué iba a hacer? ¿Dejarte morir?
-¡Avisar!
-Pero no pedí permiso y sigues aquí.

Ambos caminaron hasta hallar un taxi vacío que los trasladaría a un modesto hotel cercano a Trocadero. A Tamara sin embargo, le interesaban los vínculos de Trafalgar y memorizó la ruta como pudo, dispuesta a preguntar más tarde. Algo tenía el tal Cumber que le recordaba a alguien.

Poco después, la joven se quedó dormida y Stendhal la llevó en brazos hasta hallar un taxi vacío. Esto la privó de enterarse que Tennant Lutz los reconocía en un alto y comenzaba a seguirlos hasta el hotel, no sin sacar su celular y llamar a Trankov en el acto.

-Es urgente, Trankov.
-"¿Qué pasa?"
-¿Dormías?
-"Date prisa".
-Trafalgar está en París.
-"Síguelo".
-Estoy en eso.
-"¿Cómo diste con él?"
-En una luz roja. Por cierto, viene con tu amiga Tamara.
-"¿Qué? Averigua lo que sea".
-¿Qué hay de Thorm?
-"¿No te ha llamado?"
-Pensé que te contactaría.
-"Saldré a buscarlo".
-Ten cuidado.
-"No te metas con la marina".
-Creo que debemos avisarle a Cumber.
-"De Cumber hablamos luego".
-Creí que confiabas en él.

Trankov colgó y Lutz condujo su motocicleta hasta Trocadero, constatando momentos más tarde que el almirante entraba y salía del hotel, no sin pasar por alto deliberadamente que era espiado. Lutz se reprochó por semejante baja de guardia y huyó, intentando perder su rastro yendo a la periferia de la ciudad y destrozando su teléfono, alcanzando a enviar el mensaje a Trankov de que había fallado y se escondería en la sex shop donde laboraba en la espera de otras indicaciones.

Durante la madrugada, Trankov intentó reunirse con Thorm y caminó por París con la cautela de no alzar la mirada, dando por sentado que varios miembros de la marina rodeaban barrios enteros y aguardaban cualquier orden de Trafalgar para entrar en acción. Por lo mismo, Trankov tenía la esperanza de que la equivocación de Lutz fuese ridícula y nadie tuviera la necesidad de escapar prematuramente, sobretodo Thorm, que conocía de memoria las tácticas de la marina.

Entonces el guerrillero recordó que lograría salirse con la suya: Luke Cumberbatch era un recluta nuevo y no existía menor registro de él, así que en caso de una catástrofe, Thorm recurriría a refugiarse en su apartamento y despistar a la marina con indicios falsos de una misión inexistente, comprando tiempo para sus jóvenes compañeros.

Con el corazón en un puño, apretó el paso aunque no tenía rumbo y dio finalmente con Thorm en Le Marais, al quien al parecer, Lutz finalmente había llamado.

-Vete, Sergei.
-¿Cómo?
-Lutz puso en sobreaviso a Trafalgar, así que instruí a Adelina Tuktamysheva para ir por tu mujer y esperarte en la Gare du Nord. El tren más próximo sale en treinta minutos hacia Niza.
-Supongo que la estación está vigilada.
-Trafalgar está desplegando a sus hombres en Trocadéro, Avenue de la République y el Arc de la Défense. Hay elementos en Gare de Lyon y Montparnasse.
-¿Por qué no cubre lo demás?
-Por inexperiencia, recuerda que fue almirante en Inglaterra y para él estas cosas siempre fueron asunto de zonas turísticas.
-Y acaudaladas.
-Aprendió que primero debe cubrir a los poderosos.
-Te pido un favor.
-Escucho.
-Tengo una amiga, Carlota Liukin. Házle llegar una nota diaria para que crea que todo marcha bien, quiero evitar que vaya por mí o que se le meta en la cabeza cualquier barbaridad.
-Entiendo.
-Un tipo que se llama Miguel le atiende los mensajes. Te dejo a cargo Thorm, cuida a esa niña al costo que sea.
-¿Por qué? ¿Es parte de la misión?
-Es la misión. La encontrarás en Saint Denis, Lutz o Cumber te pueden guiar.
-¿A dónde irás?
-Venecia.
-¿Piensas retirarte?
-Entrenar.
-No es seguro.
-Cuando tenga el mapa listo, lo sabré.
-No vayas.
-No decidas por mí, Magnussen.
-Pero la marina...
-¿Algún problema?
-La capitanía podría estar activa.
-¿Hay algo que debas informarme?

Thorm Magnussen suspiró tenso.

-Te mandaré el mapa a Niza cuando lo tenga.
-Gracias. Protege a Carlota.
-Como ordenes.
-Algo más: De Trafalgar me ocupo yo.

Sergei Trankov no se despidió y siguió su ruta a la Gare du Nord a paso lento. Por extraño que fuera, sentía satisfacción de delegar sus deseos a Thorm Magnussen para definir si prefería regresar al pasado o ser un hombre fuera de tiempo en el presente. En cuanto a la Marina, en lo individual lo tenía sin cuidado. Con la arrogancia suficiente para confiarse, ya había sostenido palizas memorables con excepción de la última: Había enfrentado a Borsalino en secreto. Tal hecho se suscitó la misma noche del tiroteo en "I cipollini", cuando el almirante lo retó una vez que Trankov había salido a respirar luego de visitar a Joubert Bessette. Las huellas se constataban en el techo del hospital de Saint Denis.

Conforme el cielo se iba aclarando, Thorm Magnussen se acercaba más a Saint Michel. A una distancia prudente se hallaba Luke Cumberbatch y ambos preparaban sus armas, puesto que el caos se desataría si Trafalgar llevaba refuerzos. Pero este último se presentó a la hora pactada, en solitario.

Stendhal Trafalgar se había desprendido de Tamara gracias a la fiebre y se daba prisa para que no notara su ausencia, ya que ella realizaba demasiadas preguntas. Vestido con un traje oscuro y la gabardina propia de su rango con motivos morados, Trafalgar demostraba una edad precoz para sus responsabilidades y que tratar con Thorm no le importaba tanto.

-¿Trankov? - preguntó inocente.
-Se marchó.
-No es extraño, en fin. Toma.
-¿Un chip?
-Guardé los mapas corregidos y me aseguré de no dejar respaldos.
-¿Por qué haces esto?
-Te cubro la espalda.
-¿A qué juegas?
-Cometiste un error y esperabas arreglarlo por tu cuenta; si la marina te detiene, Trankov estará sobreaviso.
-¿Seguirás el guión?
-Jamás me opondría a Trankov.
-No me trago esas palabras.
-¿Soy un aliado? No lo pudiste calcular.

Thorm miró a Trafalgar y confuso, le arrebató el chip.

-Los Didier no perdieron los mapas.
-¿Entonces?
-Tamara corrió detrás de ti.
-¿Ella?
-No tuvo una mala intención.
-¿Qué busca?
-Dime tú
-¿Ella te dio los mapas?
-No es una espía si eso te inquieta. De todas formas nos salvó porque Borsalino allanó a los Didier.
-¿Por qué?
-La Inteligencia francesa informó que te hallabas en Hesparren.
-Qué descuido.
-Pero no contaban con Tamara y de suerte me topé con ella.
-¿Que hacías en Hesparren?
-Vigilarte por mi cuenta.
-¿Qué pretendes, idiota?
-Nada, al menos no contigo ¿Cumber y tú acordaron no alarmar a Trankov? Buena decisión, hasta luego.
-¿Qué es esto? ¿ Te burlas?
-Soy un aliado.
-¿Por qué arriesgarías el pellejo?
-Trankov no es mi enemigo.
-¿Juegas doble o a quienes les ves la cara?
-¿Por qué traicionaría a mi padre?
-¿Qué dijiste?
-Trankov es mi padre. No voy a explicarte lo que sólo él entiende.
-¿Bromeas?
-No.
-¿Por qué te enrolaste en la marina?
-Para proteger a mi padre. Hasta luego.

Stendhal Trafalgar se alejó serenamente y Cumber se acercó a Thorm, que no alcanzaba a reírse del aparente disparate que acababa de revelársele.

-Entreguemos los planos.
-¿Qué te dijo?
-No hay que confiarnos.
-Es un marino.
-Pero no miente.
-¿Qué significa?
-No vale la pena averiguar.

Stendhal Trafalgar caminaba lento y estaba muy feliz. Iba a confiar en Thorm en idéntica proporción en que notara lealtad incondicional y le apretaría el cuello apenas surgiera la mínima duda o debilidad, no obstante, la causa de Trankov se antojara nebulosa e imposible, además de ajena. Sin embargo, Stendhal prefería verlo triunfante a humillado.

En un momento dado, él se devolvió y constató que Thorm y Cumber se habían ido ya. No esperaba menos de los colaboradores de su padre.