miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bérenice va al tenis (Segunda parte)


Tell no Tales del espejo, 17:45 horas

-Papá, Marat nos invita a su juego ¿quieres venir?
-¿Ese gafete?
-Es para entrar al Racquet Club.
-Me extrañaba que estuvieras tan campante.
-¿Puedo recogerte después del trabajo?
-¿Piensas ir?
-Entonces nos vemos mañana.
-¿Quién te dijo que no quiero celebrar?
-Te quiero ver arreglado y lindo para que te salude Marat.
-¿Te da gusto verlo?
-Es un muy buen amigo.
-Asumo que hasta Scott debe ir de etiqueta.
-Le preparé su overol y su gorrito.
-Te estás tomando muy en serio la invitación.
-Mamá me enseñó que hay ropa para el golf, los caballos y el tenis.
-Eso es cierto, cuando estabas en la primaria te acompañó varias veces al tenis. Está bien, me vestiré apropiadamente, te espero.
-¡Te divertirás mucho, papá adorado!
-Oye, ya me besaste mucho, ve al trabajo.
-Ay, adiosito.
-¿Me dejas a Scott?
-Como quiero que esté guapo, se queda con su abuelo.
-Lo bañé con jabón de manzanilla.
-¡Y le pones loción!
-¿Para qué?
-Para que se parezca a ti, adiosito.
-Te portas bien. Oye ¡no te vayas a escapar para ...!

El señor Mukhin se percató de que diría una frase demasiado lógica. El retorno de Marat le daba mala espina y conocía a Bérenice muy bien como para imaginarla invadida de la curiosidad suficiente para ir a buscarlo. A esa inquietud se le sumaba el presentimiento de que existía una energía perturbadora entre las dos dimensiones y no lograba descubrir si era un aviso de no realizar más cruces. Por las malas intenciones reinantes en el espejo era probable, pero no al grado del desequilibrio.

Al mismo tiempo, en la Tell no Tales real nadie estaba siquiera al tanto de esa mala energía. Algunos vidrios se rompían y otros vibraban pero parecía normal debido a los trabajos a profundidad en la calle Grobokin, que se realizaban para saber la causa de un derrumbe que colmaba de demandas al Departamento de Obras Civiles e Hidráulicas. La autoridad parecía rebasada ante las protestas y en el barrio ruso se recababan las firmas para solicitar la remoción de quien resultara responsable por omisión y negligencia. Este era el caso del que Lleyton Eckhart quería hacerse cargo personalmente al término de sus vacaciones, no por las implicaciones del gobierno, sino por los rumores de un creciente descontento en los barrios populares por la falta de mantenimiento.

Por otro lado, cerca de las puertas del Racquet Club, Don Weymouth se lamentaba porque esa mañana se había quebrado el cristal de una pared y un soporte detrás de la barra de su taberna, así que había dedicado la madrugada a recoger los trozos mientras sacaba cuentas de lo que tendría que pagar por las reparaciones. Bérenice retomaba el trabajo cuando comentó:

-El dinero no alcanza y esto va para largo. Evan ¿estás seguro de lo que viste?
-Hay una grieta en Grobokin que ya llegó a la avenida Katsalapov y cerraron el metro. Dicen que está brotando agua.
-¿Agua? Pero siempre ha estado seco, es zona alta.
-Creen que es una fuga.
-Si esa cosa se sigue abriendo llegará a hasta el Panorámico.
-Ojalá la reparen.

Mientras la preocupación entre la población era evitar más derrumbes, en el barrio Poitiers la gente rodeaba el hotel Golden Cape. Muchas celebridades acudían a los juegos y los mismos tenistas se les unían durante el día, yendo casi todos al restaurante brasileño del lugar. Por supuesto, Marat Safín no se había negado a seguir la fiesta y junto a un chico de nombre Marian Isbaza se dirigió a un anexo detrás de la cocina, mismo que funcionaba como un bar al que sólo se accedía con membresía. Consciente de que tenía un partido en escasas horas, Marat entró y casi enseguida fue recibido por una chica que hablaba únicamente en checo, volviendo imposible entenderle.

-Ella es una de las nuevas - dijo Marian socarrón - Cada mes las cambiamos ¿no la quieres? Es pelirroja.
-Tengo que llegar con energía al partido.
-Vamos ¿en serio no eliges una? Te invito.
-¿Este negocio es tuyo?
-Soy accionista.
-¿Soy el primero en venir u otro colega se me adelantó?
-Tardaste mucho.

Marat quería preguntar si tal giro era ilegal pero, al igual que el señor Mukhin, percibió la alteración del espejo al pasar frente a uno y decidió darse la vuelta en cuanto fuera posible, así la joven checa insistiera en hacerle compañía. Únicamente por educación, Marat tomó asiento junto a ella y aceptó un trago de ron de su mano, aunque prefería ignorar su voz y se concentraba en la creciente vibración de su vaso, mismo que se quebró en su mano, ocasionándole un sangrado. Rápidamente, la chica intentó auxiliarlo pese a que Marian Isbaza la detuvo enseguida y llamó a la encargada de limpieza, que se aproximó lentamente y de rodillas. Aquella mujer parecía tener prohibido mostrar su rostro y hacer ruido, motivo por el que Marat se dio cuenta de que ningún otro cliente volteaba para saber que ocurría y más aún, el olor del lugar era insoportable de tan limpio y esterilizado que era increíble resistir ahí dentro sin sentir que se adormecía el olfato.

-¿Estás bien? - le preguntó Marian.
-Me corté un poco los dedos, nada grave.
-¿Puedes jugar?
-Si, no importa.
-¿Dónde vas?
-Ajustaré unos detalles en mi saque, en dos horas juego.
-¿Contra quién te toca hoy?
-Gustavo Kuerten, nos vemos.

Marat se levantó incómodo y dio el paso, tropezando involuntariamente con la mujer del aseo. Apenado, dirigió la vista hacia abajo pero el rostro invisible de aquella le inhibió la disculpa, advirtiendo su esfuerzo por no girar la cabaza.

-Marat ¿todo bien? - prosiguió Marian Isbaza cuando la energía se alteró más, destrozando el jarrón de la mesa inmediata y empapando a la trabajadora que por naturaleza levantó la cara para saber que sucedía, coincidiendo su mirada con la de Marat Safín.

-¡Limpia eso! - ordenó Marian Isbaza y ella se hizo a un lado, permitiendo que Marat se fuera antes de retomar sus labores. Por el atrevimiento de mirar a un cliente, le esperaba una paliza.

Impresionado, Marat salió corriendo rumbo a la calle, debatiéndose entre realizar una visita inesperada a la Tell no Tales del espejo o guardarse el secreto de lo acontecido, aunque cualquiera de las dos alternativas le hacían dudar de su conveniencia. No se reponía del todo cuando reparó en Bérenice vendiendo bebidas en un puesto callejero y de notarla tan feliz, sonrió aunque no sabía por qué. El cuerpo se le destensaba y su respiración se relajaba a medida que se aproximaba donde ella, escuchando cuando un joven de nombre Evan le decía que colocara hielos en una tina de madera para enfriar un barril de salkau con nutella. A ese lugar se aproximaban los niños que acudían al tenis como parte de su paseo escolar y se les vendían vasos chicos de aquel líquido sin fermentar por 50c.

-¡Bérenice! - exclamó Marat componiendo el semblante.
-¡Hola chico! ¿Cómo estás?
-Eh, me mentalizo para mi juego.
-Qué bien, vas a ver cómo ganas.
-Gracias.
-Mi padre va a venir.
-¿En serio?
-No le gusta el tenis pero quiere saludarte.
-¿Se va a dormir en el juego?
-Claro que no, Marat.
-Es que verme nunca le gustó.
-Ya no eres mi novio, no puedes caerle mal.
-Lo digo porque vi a...
-¿A quién?
-Nadie, olvídalo.

Marat se abstuvo de contar lo que sabía y Berenice le restó importancia apenas terminó de vaciar el hielo.

-¿Entonces este es el trabajo que me decías?
-Sí y no, es que siempre estamos en una cantina.
-¿Dónde?
-Cantina, en el Panorámico.

Bérenice continuó atendiendo a los pequeños clientes y Marat pretendía decir algo pero optó por despedirse.

-¡Te veo más tarde!
-Gracias.
-Ten un bonito día, Marat.
-Igualmente, coincidiremos por ahí.
-Tal vez te encuentres a mi chico, dile que ya casi acabo acá.
-No me lo has presentado.
-¡Es el recogepelotas de tu juego!
-¿Cómo se llama?
-Luiz.
-Preguntaré por él.
-Adiós, Marat.

El chico respondió con un gesto de despedida y volviendo a su intranquilidad, algo que Bérenice tomó como nerviosismo natural

Dentro del Racquet Club.

Martina Navratilova salía triunfante en su debut ante una tenista local cuando imprevistamente reconoció a Lleyton Eckhart entre el público. El hombre era donante regular en la organización benéfica de Navratilova y le estrechó la mano poco antes de salir del campo, mismo que debía ser preparado para el Safín-Kuerten. Las admiradoras de Safín atestaban el lugar y poco después el público ya presente se volcó en salir a la cafetería. Marat pasó por ahí con la intención de evitar a Marian Isbaza pero se topó con Roland Mukhin y también dio la media vuelta, hallando refugio al exterior otra vez. Bérenice se rió de aquello al distinguirlo y esperó al término de su turno para aproximársele.

-¿Mi papá llegó, verdad?
-No lo saludé.
-Le dije que iba por él ¿cómo entró?
-¿La pregunta es en serio?
-Le he dicho que no se me adelante.

Marat se encogió de hombros.

-Voy a caminar.
-Te acompaño.
-¿No te regañan por irte?
-No porque invite a mi jefe al tenis y a pequeño jefe también.
-¿Qué dijiste?
-Invité a algunas personas a tu juego.
-Está bien, Bérenice.
-¿Qué tienes?
-¿Podemos hablar?

La joven asentó y abandonó su lugar para ir por el borde del acantilado, mientras Marat la contemplaba a segundos. El sol poco a poco iba ocultándose y un señalamiento indicaba que el camino terminaba al dar una vuelta al norte. Él se detuvo ahí.

-Cambiaste mucho, Bérenice.
-Igual tú.
-¿Aun ves a tus amigos?
-¿Cuáles?
-Emily Dufournet y Matt Rostov.
-Emily tuvo leucemia y no se repuso.
-Lo siento.
-No te preocupes, Marat, era obvio que no sabías.
-¿Y Matt?
-Matt vive en el hospital de esta ciudad.
-Qué bien ¿sabes si está casado, sigue soltero?
-¿Por qué quieres enterarte?
-¿Será porque se enamoró de ti cuando eras mi novia?

A Bérenice le causó risa oír eso.

-Matt sale con una doctora.
-Todo normal con él.
-¿Y tú tienes novia?

No hubo respuesta.

-Bérenice, hay algo que debes saber.
-¿De verdad?
-No sé como lo vayas a tomar ¿te llevas bien con tu padre?
-Todavía me regaña.
-Qué divertido.
-¿Por qué?
-¿Crees que aceptaría una invitación a cenar?
-Qué raro lo que dices.
-Bueno, invito a los dos.
-Pero tengo un bebé y a mi Luiz, no puedo dejarlos solitos.
-¿Lo que traía tu papá es un bebé? Creí que era una bolsa.
-¿Cómo que una bolsa?
-¿Desde cuándo tienes un bebé?
-Ahora soy mamá.
-Con razón te ves feliz.
-También me voy a casar.
-Qué buena noticia.
-Luiz y yo apartamos lugar en la alcaldía y le diremos a papá cuando tenga un vestido.
-Felicitaciones.
-Gracias.... ¿Qué querías decirme?
-¿Luiz no es temporal?
-¿Tem ... qué?
-¿Lo tomas en serio?
-Sí, siempre.
-¿Qué te hicieron o qué te hiciste?
-Mmh ¿No sé?
-Es que a todos los terminabas tan rápido y los cambiabas igual ¿Maduraste?
-¿Qué es eso?
-Ja, ja, incluso eres más graciosa.
-Marat, jamás te dije por que corté contigo.
-¿Matt?
-Me amabas y me asusté.
-Eso ya pasó.
-Es que te dejé de manera tan horrible que hasta me sentí peor y lloré mucho y nunca me disculpé por decirte que eras un fracasado imbécil o algo así.
-Me han dicho cosas más hirientes.
-Me gritaste algo que no pude escuchar.
-En esos días te busqué hasta que tu padre amablemente me golpeó la nariz.
-Perdón por eso.
-Me alegra que sigas bonita.

Bérenice no replicó a Marat el halago.

-Perdón por haberte lastimado.
-¿Somos amigos, no crees?

Bérenice abrazó a Marat.

-¿Por qué quieres encontrarte con mi padre?
-Vi algo...

El chico se contuvo, tenía temor de equivocarse.

-¿Qué viste?
-Puede esperar, mi juego no tarda en comenzar y debo concentrarme.
-Claro.
-Vamos.

Bérenice y Marat volvieron a la entrada del Racquet Club cuando ella pensó en la relación que había tenido con él y el entusiasmo que le inspiraba encontrarlo. Marat Safín significaba algo profundo para Bérenice Mukhin.

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