sábado, 24 de septiembre de 2016

Bérenice va al tenis (Tercera parte y fin de la serie)


Imagen cortesía de Pure People.

Bérenice Mukhin se introdujo en el Racquet Club a toda prisa y tomó asiento en una grada cuyos lugares no parecían apartados por otros asistentes. A su lado izquierdo había una butaca vacía y una mujer rubia aguardaba por su acompañante mientras bostezaba largamente antes de revisar su agenda para asegurarse de no haber dejado algún asunto olvidado, volteando cada dos minutos exactos a todos lados para sonreír por motivos desconocidos. Bérenice le prestaba atención porque le daba gracia y comenzaba a imitarla con sus poses impacientes.

-¿Qué haces? - Preguntaba Roland Mukhin al descubrirla.
-La señora aquí al lado es muy extraña.
-Creo que es una mujer ocupada.
-Se parece a una actriz mala.
-Es que es una actriz mala, mira como finge que no tiene calor.
-Ja, ja, ja, le falta un cigarro.

Bérenice hizo una seña similar a fumar y su padre se carcajeó un poco, logrando que los asistentes cercanos los voltearan a ver.

-Mejor nos calmamos, Bérenice.
-¡Mira, Marat está entrando a la cancha!

Al igual que el público, los Mukhin ovacionaban y el grito "Davai Marat!" de Bérenice era tan fuerte que Marat Safín la localizó enseguida desde su distancia.

-¡Gracias Bérenice! - replicó éste y ella volteó hacia donde se hallaban Don y Evan Weymouth, quiénes no parecían tener idea de cómo portarse en ese lugar y se limitaban a aplaudir de pie.

-Les va a gustar mucho - aseguraba la joven Mukhin a sus invitados y delicadamente les compartía botellitas de agua.

-No hace calor - expresó Evan.
-Pero es el tenis ¡de tanto verlo da sed! - remató Bérenice y cuando Gustavo Kuerten inició su calentamiento, volvió a su sitio. Rápidamente el recinto recobraba aforo y se daban a conocer los nombres de los jueces y hasta los recogepelotas, resaltando Luiz con su cabello crespo.

-¡Aquí estamos Luiz! - exclamó Bérenice y el chico la saludó mandándole un beso y haciéndole notar que el bebé Scott dormía en el regazo de Roland Mukhin.

-¡Luiz va a conocer a Marat!
-¿Crees que sea buena idea, hija?
-Ay, papá, claro que sí, mis amigos son amigos de mi palmera porque yo lo digo.
-Bérenice, a lo mejor soy inoportuno pero ¿no crees que después ya no verás a Marat?
-Si regresa no tendrá dónde ir.

La chica tenía razón. El país de Marat había sido destruido en el espejo y por ende, tendría que hallar asilo con personas que no le apuñalarían con tal de apropiarse de las pertenencias conseguidas en la realidad. Por esa causa, sólo podían ser los Mukhin.

-Por el momento estamos en el juego - concluyó Roland y su hija prefirió unirse a las dinámicas de los espectadores como hacer la ola o aplaudir con rapidez. En un momento dado, la joven perdió de vista a la mujer rubia de al lado y sólo prestó atención cuando un hombre vestido con camisa gris y chaqueta oscura se sentó a su lado, orillándole a dejar de respirar unos segundos para que no volteara.

-Tardaste mucho, Lleyton - dijo la rubia.
-La barra está imposible pero conseguí la cerveza.
-Gracias, muero de sudor.
-Ojalá gane Guga.
-¿Kuerten?
-El año pasado fue un dios en Roland Garros y siempre vence a Safín.
-¿De verdad?
-Lo siento por Marat pero se irá muy pronto a casa.
-Suenas muy seguro.
-El partido se acaba en tres sets.

Bérenice no estaba de acuerdo con Lleyton Eckhart pero guardaba forzosamente silencio y cruzaba los dedos al tiempo que sonaba un timbre y se le pedía al público permanecer tranquilo para que el encuentro se desarrollara puntualmente. El sorteo para el primer saque se había efectuado.

-First service for Gustavo Kuerten - solicitaba el umpire y Marat Safín concretaba su primer intento velozmente.

-Marat viene fuerte ¿no lo crees Bérenice? - dijo Roland Mukhin y Lleyton Eckhart giró a su derecha, coincidiendo su mirada con la de la chica Mukhin. Ambos inmediatamente voltearon al frente con inhibición.

-30/0 - se decretaba y Luiz aparecía en escena, levantando la pelota del segundo remate de Marat.

-Buenas noches - dijo Lleyton cruzado de brazos.
-Hola.
-Qué casualidad.
-Mi papá necesita estar cerca de las escaleras.
-Me doy cuenta. Lindo tu bebé.
-Gracias.
-¿Viniste por Luiz o por Marat?
-Por los dos.
-Me sorprendí ayer.
-¿Por?
-Marat te saludó.
-Es un amigo.
-También fue tu novio.

Kuerten empató a 30 y Lleyton interrumpió la charla para aplaudir, admirado de que su acompañante no se enteraba de lo que pasaba con él.

-Tu amigo va a perder el punto.
-No importa, siempre remonta.
-Esa costumbre me disgusta. Cuando le ganó a Sampras juré que sería el mejor.
-Marat es el mejor.
-Mira su estadística, no lo es.
-Cuando le gane a Kurtacho, me dices.
-He visto la temporada, puedo predecir esto con ojos cerrados.
-Es Marat y no lo conoces, Lleyton.

Segundos más tarde, Gustavo Kuerten conseguía el primer punto y cambiaba prematuramente de raqueta en el pequeño momento fuera que le daban.

-¿Cómo conociste a Marat? - reanudó Lleyton.
-No te lo diré.
-¿Por qué?
-¿Cómo conociste a la chica rubia? ¿Vienes con ella, no?
-Es Sophie, es actriz, la conocí hace un año en París.
-¿Actriz? Ja, ja, ja.
-¿Qué te da risa?
-Es actriz.
-Y Marat es un gran tenista.
-Entonces piensas lo mismo que yo de Sophie.
-Lamento decepcionarte.

El juego continuaba y Lleyton prefirió guardar silencio, reaccionando únicamente a los buenos reveses de Gustavo Kuerten que lo mantenían arriba de un desconcertado Marat Safín que no lograba concretar el tanto y cuyo talante se tornaba iracundo fácilmente.

-¡Tranquilo Marat! - exclamó Bérenice antes de que éste marcara con un remate dudoso y solicitara revisión, otorgándole a su contricante un cuarto punto. Azotando su raqueta, Marat se aproximó al juez para reclamar pero ella lo detuvo.

-¡Deja de discutir y pónte a jugar! ¡Ya sabemos que el umpire es un completo idiota!

Marat alzó su mirada y regresó a su lugar con una enorme sonrisa, misma que se le contagiaba a los asistentes. En las gradas, Lleyton comprobaba que Bérenice prestaba atención a los slices de Marat y no demoró en advertirle que los realizaba muy abajo.

-¡Te va a atacar con un montón de lobs! ¡Juega en la mitad de tu cancha y olvídate de los drops!

Y Marat la obedecía, obteniendo el empate y posteriormente el quinto punto.

-¡Señor Safín está compitiendo, no entrenando! - señaló Lleyton Eckhart fuertemente y el umpire se viró molesto hacia él y Bérenice.

-¡Usted y la señorita, resérvense sus comentarios o los haré sacar!

Ambos asentaron y cuando el juez regresó a sus labores, se rieron de él.

-Hablas alto - bromeó Bérenice.
-Pero tú empezaste ¡Yo no estaba ayudando a nadie!
-Pero quieres que gane Kurtacho.
-¡Limpiamente! No con alguien que le resuelva el juego.
-Pero lo hice para que no patee a Marat.
-Sabes que él puede solo.
-¿Hice trampa?
-¿Tú que crees?

Bérenice simuló cerrar un zipper en su boca y se dedicó a contemplar como su amigo se las arreglaba con un deuce y un advantage antes de que usara revés tan potente que Kuerten acabó por echar la pelota fuera.

-First set for Safín - se declaraba y el público aprovechaba para ovacionar y levantarse un minuto en lo que ambos tenistas retomaban la actividad.

-Lleyton ¿todo está bien? - preguntó Sophie.
-Disculpa, es que me emocioné.
-A la chica de al lado no le para la boca.
-Es admiradora de Safín.
-¿Por qué le haces caso?

Lleyton decidió cambiar de asiento con Sophie para no discutir y aquello distrajo tanto a Bérenice que no se percató de algo extraño: Marat revisaba un reflejo en un vaso y decidió encender un cerillo, haciéndolo pasar a otro lugar y asegurándose de que comenzara a quemar algo. Sólo Roland Mukhin lo notó, aunque se abstuvo de los aspavientos.

El partido reinició con mucha velocidad de parte de Gustavo Kuerten un minuto más tarde, aunque los dos primeros puntos los ganaría un tenso Marat antes de batallar para llevarse el set 7-5 no sin haber aguantado un empate a cinco y haber forzado errores en su rival.

-Bérenice, algo anda mal. Vámonos - ordenó Roland Mukhin a su hija cuando arrancaba el tercet set.
-¿No esperaremos a Luiz?
-No quiero quedarme aquí.

Bérenice se incorporó desconcertada y pidiendo ayuda, llegó a la rampa junto a la escalera, en dónde Lleyton Eckhart se ofreció a auxiliarla después de saltar sobre la grada para alcanzarla.

-¿Pasa algo?
-Estamos bien - dijo ella.
-¿Qué necesitas?
-Mi papá quiere aire.
-Lo llevamos al jardín de la estancia si gusta.
-Levantaré a Scott.

Roland Mukhin estaba a nada de entregar al bebé cuando un vigilante del club se aproximó a decirles que por el momento no abandonaran la zona, puesto que había un problema en el hotel.

-Tuvimos un gran corto circuito, lo estamos arreglando. Por favor, permanezcan aquí - concluyó y Bérenice resolvió llevar a su padre a un pasillo que daba a la cancha. Lleyton fue detrás mientras omitía cuestionar en qué parte del recinto se suscitaba el incidente.

-40/15 for Kuerten - se decía a través del sonido local y Marat descubría a Bérenice en el pasillo, extrañado de su actitud apenada.

-40/30 - se declaraba como marcador y Marat aceleró el ritmo, llevándose dos puntos consecutivos antes de que su obsesión por los drops lo metiera en problemas. Apenas tuvo segundos libres, revisó el reflejo de su vaso y Roland Mukhin decidió acercársele por su cuenta, sin que su hija pudiera contenerlo.

-¿Qué hiciste Marat?
-Roland, no debe venir por aquí.
-Te vi prender un fósforo y pasarlo al otro lado ¿Qué buscas, idiota?
-Le explico luego pero retírese.
-Contéstame.
-Tome mi vaso y vea.

El señor Mukhin procedió y distinguió un fuego en el anexo del restaurante del Golden Cape, mismo que estaba siendo alimentado deliberadamente por la encargada de la limpieza.

-¿Desde cuándo abres portales en los vasos?
-Señor Mukhin ¿está bien?
-Iré allí.
-Espere, tuve que hacerlo.
-¿Por qué?
-Porque conozco a un socio de ese lugar.
-Acabando el juego distraes a Bérenice a cualquier costo y pobre de ti si le pasa algo a la mujer que te está ayudando.

Roland Mukhin se dio la media vuelta y se colocó frente a Bérenice dándole al somnoliento Scott en el acto.

-Toda la familia conoce a Marat Safín, qué locura - comentó Lleyton.
-Fui a darle consejos para que no corran a Bérenice ¿Quién se atrevería a tocar a un hombre en silla de ruedas?

Lleyton no fue capaz de responder pero tuvo un sentimiento extraño. Si se fijaba bien, el aspecto de los Mukhin era espeluznante con sus posturas robóticas y la calidez vacía de sus ojos, aspectos compartidos por Luiz y Marat aunque ocultos por una vestimenta común y corriente.

Intuyendo que había algo inquietante, tomó su distancia y lentamente trató de regresar con Sophie, no obstante, Bérenice siguiera pareciendo normal y celebrara los movimientos de Marat, que eran un poco más sólidos que en los anteriores sets.

-Cuando se concentra, Marat es invencible - comentó Roland y el rostro desencajado de Gustavo Kuerten reflejaba bien la paliza del tercer set en donde no tardó en indicarse el match point. El público se ponía de pie y silbaba eufórico antes del error de Marat que le dejaba en una situación de double match point, en el cual desperdició otro intento, lamentándose en el acto.

-Davai Marat! - externó Bérenice con un susurro y vino un juego largo en el que ninguno de los contrincantes cedía hasta que éste levantó un lob cuando Kuerten maniobraba cerca de la red, concluyendo 6-1 y el partido con los tres sets a favor de Marat Safín.

-¿Lo ves Lleyton? ¡Ganó Marat!
-Ni hablar, se lo merece.
-¡Voy a felicitarlo!
-Está muy bien.... ¿Y tu padre? ¿Dónde fue?
-Tal vez con Marat.
-No lo veo.

Bérenice miró a su alrededor creyendo que lo encontraría enseguida pero en su lugar, era Luiz el que salía a su encuentro.

-¿Me viste amor?
-Estás guapísimo con este pelote.
-No me equivoqué con las pelotas.
-Me alegra Luiz.
-¿Qué pasa?
-¿Mi papá entró a la cancha?
-No, se fue hace unos minutos.
-¿Qué? ¿Por qué no me dijiste?
-Se despidió de mí, me hizo la seña.

Al fondo se percibió un cristalazo y Bérenice corrió a la estancia, enterándose apenas de que su padre se dirigía a toda prisa al exterior y otro guardia impedía la salida de los presentes.

-¡Deténgase señorita, no puede pasar!
-¡Mi papá se acaba de ir!
-Alguien irá por él, no se preocupe.
-¿Qué pasa? - Intervino Lleyton Eckhart y poco después era Marat Safín quien sostenía a Bérenice, expectante por las noticias.

-Les suplicamos que permanezcan al interior - insistió el vigilante.
-Soy de la Fiscalía de Tell no Tales, le ordeno que nos informe el motivo de esta retención o tendré que llamar a una unidad de la policía - advirtió Lleyton.
-Hay un incendio en el hotel, lo estamos controlando, este es el sitio más seguro por el momento.
-¿En qué parte?
-En el restaurante, frente a la playa.
-¿Cuando empezó?
-Hace tres horas.
-¿Por qué no avisó?
-Porque la ruta de evacuación fue bloqueada y no queríamos provocar pánico.
-¿Bloqueada?
-El fuego se extendió por las habitaciones y los bomberos intentan que no llegue a las villas u al hotel vecino.
-¿Explotó la cocina?
-Primero se quemó el anexo que está detrás.
-¿Fue el corto circuito del que me habló?
-No estaba tan grave hasta que llegó a la tubería de gas.

Bérenice se llevó las manos al rostro y Marat pretendía retenerla alegando que todo estaría bien.

-Mi padre acaba de salir por esa puerta - dijo ella en voz alta.
-No tardan en traerlo.
-No puedo estar tranquila, iré por él.
-Él estará bien.
-¿Y si le pasa algo, Marat?
-¡Detente! ¡Él no quiere que vayas!
-¡No lo puedo dejar!
-Piensa Bérenice, tienes a tu bebé en los brazos, se podría intoxicar.
-¡Luiz! Toma a Scott, voy por papá.
-¡Espérate!
-¡Suéltame Marat!
-¡Tranquilízate!
-¡Si mi papá se lastima será tu culpa!
-¡Lo que quieras pero ... ! ¿Qué estás viendo?
-Tu vaso se quema.
-No hagas caso.
-Abriste el reflejo.
-No, yo creo que son las luces, mejor lo aparto.
-¿El del reflejo es mi papá?
-Es Luiz.
-¿Qué está haciendo mi papá? ¿Qué busca?
-Suficiente.
-Marat, dame tu vaso.
-No.
-Marat ....
-No lo haré, deja en paz a tu padre.
-¿Sabes a dónde fue, verdad?
-Bérenice, él vendrá.
-Marat, dime que está ocurriendo, ¿Por qué abriste el reflejo de tu vaso?
-No pasa nada.
-No mientas Marat ¿a quién busca mi papá?
-A nadie, quieta.
-¿Por qué está yendo al fuego?
-No lo sé.
-Por favor.
-No debo decir.
-Marat, mi papá se puede herir.
-Bérenice, no debo contártelo.
-Pero estoy aquí. Por favor ¿qué está haciendo mi papá? Marat.....

El silencio de Marat alteraba más a Bérenice e impaciente, la última le propinó una cachetada antes de resolver salir corriendo, esquivando de paso al guardia.

-¡No te acerques, Bérenice! - dijo Marat siguiéndola. Lleyton Eckhart también corrió y Luiz, con todo y bebé, se consagró en ir por la joven, que sólo paró cuando tuvo frente así un incendio monstruoso. El Golden Cape estaba cubierto de llamas en su totalidad y el viento las arrastraba hasta las villas en tanto los bomberos volcaban su esfuerzo en evitar que continuara propagándose y solicitaban auxilio al personal del hotel vecino para evacuar a la gente por precaución. Por la playa corrían muchas jovencitas, algunas desnudas pero todas llorando y gritando en varios idiomas. Marat reconoció a la joven checa de la mañana, misma que estaba siendo reanimada por paramédicos.

-¡Papá! - llamaba Bérenice y Marat menos podía retenerla hasta que lo distinguieron en la oscuridad. Al mismo tiempo, una mujer salía del hotel y lentamente caminó hasta colocarse frente a Roland Mukhin ante la estupefacción de los testigos por saberla ilesa.

-¡Marat suéltame! - pidió Bérenice y él la retuvo, abrazándola fuerte.

-¡Déjame!
-No debo.
-Marat, suéltame.
-Me lo pidió tu papá.
-¿Por qué? ¿Con quién está?
-No, Bérenice, no preguntes.
-¿Quién es ella?
-No te voy a decir.
-Marat ¡lo sabes, tú lo sabes, dímelo!
-Tu papá no quiere.
-¡Basta Marat!
-No vayas.
-No me dejas opción.

Bérenice corrió de nuevo pero Marat la sujetó por la cintura.

-¡Déjame ir!
-No, esto es asunto de tu padre.
-¡Marat, por favor!
-No, Bérenice, quédate aquí!
-Quiero ir.
-Te lo suplico.
-Marat....
-Es por tu padre, no depende de mí.
-Por favor, ¿con quién está?
-No te quiero mentir.
-Marat...
-La vi en la mañana, perdón.
-¿A quién?
-A la mujer que está tu padre, déjalos solos.
-¿Quién es?
-Bérenice, tu madre está viva.

Bérenice cambió su expresión asustada por una incrédula y las lágrimas le rodaron por el rostro.

-¡Bérenice no! - gritó Marat y la joven aceleró el paso mientras Luiz iba por ella. Lleyton permanecía paralizado ante la escena y sintió el pasmo en el corazón cuando ella descubrió que Marat le decía la verdad.

-¿Mamá? - preguntó la chica a la silueta que le daba la espalda y ésta giró como si desconociera la expresión.

-Mamá, mamá, mamá ¡mamá! - Bérenice se echó de rodillas y estrechó las piernas de la mujer mientras ésta dirigía la mirada conmovida y aliviada a Marat Safín.

Vocabulario del tenis

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