martes, 14 de febrero de 2017

Por fin, Venecia (Cuento de San Valentín)


Carlota despertó y ahí estaba de nuevo él, Marat.

Había sido un lío meterlo en el tren y esquivar curiosos pero, para sorpresa suya, ambos habían dormido en el pasillo y Ricardo les miraba atentamente mientras el amanecer se asentaba afuera.

-Marat, levántate, es tarde - dijo Carlota intentando mantenerse con los ojos abiertos.
-Es temprano.
-Son las nueve de la mañana jovencito - pronunció Ricardo con voz grave y Marat se incorporó enseguida, ayudando a Carlota a hacer lo mismo.

-Llegaremos a Venecia en una hora,  lávense la cara, los veré en el comedor.

Carlota abrió su habitación y se encerró en ella rápidamente mientras Marat aguardó fuera un buen rato. Cuando ella salió, las maletas de ambos estaban listas.

-Cámbiate, Marat, te veo en el comedor.
-Tu padre está enfadado.
-Sí.... ¿No nos matará?
-Aquí no.

Carlota se retiró de inmediato y fue donde su padre, mismo que permanecía serio en su lugar mientras Tennant tomaba un vaso de jugo y Miguel un café.

-Buenos días - dijo Carlota, tímida.
-Toma asiento, te ordené una ensalada.
-Gracias, papá.
-¿El señor Safin se quedó en el pasillo o te va a alcanzar aquí?
-Se está cambiando de ropa.
-¿En tu habitación?

Tennant y Miguel miraron a Carlota sorprendidos.

-Te duchaste, bien Carlota... Se te está cayendo el tinte.
-Me lo retocaré luego.
-¿También necesitas pupilentes, verdad?
-Me queda un par.
-Te los pones antes de salir.

La extraña conversación provocó que Tennant observara a Carlota con detalle. Aun no se reponía de saber que Marat estaba en el tren cuando supo que ella tenía ojos verdes y no pardos y su cabello distaba de ser castaño.

-Al menos durmieron en el pasillo, me preocuparía si los hubiese encontrado en otro lugar.

Carlota pasó saliva y se sonrojó, Ricardo la estaba castigando con el único método efectivo del momento y luego se le ocurriría algo más.

-Andreas y Adrien te buscaron anoche ¿dónde estabas?
-Tomando malteadas aquí.
-¿Si pregunto me lo confirman?
-Hasta jugué dardos.
-Bueno, supongo que está claro.

Carlota tomó agua para sofocar la sensación de calor y aguardó a que Marat se apareciera para explicar todo.

-Linda playera - ironizó Tennant y Ricardo notó que su hija traía puesta una prenda con un estampado de Homero Simpson rodeado de corazones.

-De menos trae suéter - añadió y Carlota apresuró su desayuno, pasando pena.

-El señor Safin decidió venir después de todo - anunció Ricardo y Marat se aproximó cuando Carlota terminó con su plato. Ella continuó muda cuando lo vio vestido casi igual a ella, con la playera y el suéter gris.

-Buenos días - dijo Marat.
-¿Te pusiste de acuerdo con Carlota?
-¿En qué?
-La ropa.
-Una coincidencia, señor Liukin.
-¿Gustas algo?
-No, gracias. Estoy lleno desde ayer.
-¿Cuántas malteadas tomaron?
-¿Cómo cuatro? No sé, Carlota me ganó.

A la chica le dio risa y se puso a recordar la competencia de la noche anterior en la barra del comedor.

-Me sorprendí cuando llegaste al final.
-¡Tú me ganaste!
-La mayoría no soporta tres malteadas.
-La mayoría se enferma con tres malteadas.
-Tomaste cuatro, Marat.
-Tú cinco ¡y todavía querías más!
-La de coco era buena.
-Esa fue mi favorita.
-¡Basta! - intervino Ricardo - Carlota, trae tus maletas, señor Safin, usted se queda conmigo.

Carlota se levantó nuevamente con las mejillas encendidas y corrió por sus cosas, colocándolas enseguida junto a las de sus hermanos cerca de la puerta. Por el rostro de su padre, intuyó que no le agradaba tener cerca a Marat.

Mientras terminaba el traslado, el teléfono de la joven Liukin no paró de timbrar. Entre llamadas, mensajes y caritas felices, Ricardo no lograba borrar nada y se preguntaba por qué tanta gente se tomaba valiosos minutos para gastarlos en ella, siempre deseándole cosas bonitas. Entre el club de fans con sus caritas felices y recados de amigos, había un mensaje de parte de Alena Bessette, reportándole una aparente mejoría de Joubert.

-Carlota, ven a leer esto - le dijo después de pensarlo un poco y ella reaccionó emocionada al acabar.

-¿Buenas noticias, verdad?
-¿Si Joubert puede mover una mano es que va a despertar pronto?
-Es posible.
-¿Puedo contestar?
-Lo haré yo, diré que te dio mucho gusto.

Carlota volvió a su nuevo lugar junto a la puerta y se quedó reflexiva un largo rato, con una pequeña sonrisa.

-Carlota está enamorada de Joubert - comentó Tennant a Marat desde su distancia.
-¿Desde hace cuánto?
-Un mes, creo yo. Prácticamente desde que lo conoce, piensan los demás.
-Desde hace mucho, entonces.
-Tampoco es tanto, como un año.

Marat miró a Carlota con extrañeza, él habría creído que Joubert era una ilusión de niña o similar si alguien le hubiese mentido.

-Ahora que el tipo está en coma, ella finge que no le afecta - terminó Tennant y ambos observaron a Carlota sacar una hoja y ponerse a dibujar algo rápido. Era un paisaje rojo y naranja por lo que se podía apreciar.

-Le está escribiendo a Jouberto que lo quiere - pronunció Adrien para meterse en la conversación y Ricardo eligió saber que se le había ocurrido a su hija.

-¿Quieres enviarle una carta a Joubert?
-Tal vez se la lean y despierte.
-Eso es muy fantasioso.
-¿Crees que se recupere?
-Quiero suponer que sí.
-A veces me arrepiento de haber ido a cenar en lugar de a casa cuando Joubert volvió a París.
-No sabías que pasaría lo que pasó.
-Es un dibujo de África.
-Le escribiste que deseas que se recupere.
-Cuando no me vea con él en el hospital, lo voy a decepcionar.
-Él entenderá.
-¿Terminé con él, verdad?
-Desde hace meses, sólo que no lo aceptabas.
-Espero que le guste mi carta.
-Mira afuera.

Carlota se asomó por una ventanilla y sonrió de nuevo, el tren pasaba junto a uno de los canales de Venecia y la vista era magnífica.

-¡Marat! Ven a ver - exclamó ella de buen humor y el joven Safin se acercó, poniéndose igual de contento.

Cruceros, barcazas y lanchas empezaban a distinguirse en el agua y pronto se vio la ciudad, con sus domos y picos.

-¡Tenemos que conocer todo! ¡Que bueno que viniste, Marat!

Ricardo no estaba tan feliz. La cercanía de Carlota con Marat lo tenía inquieto desde Mónaco y esa amistad que parecían entablar le era tan ajena que pronto imaginó que de continuar, lo marginarían siempre.

-Daremos un paseo en góndola, iremos a San Marcos, comeremos helados y nos hospedaremos en un lugar muy bonito.
-Primero lleguemos.
-Está muy soleado, Marat.
-Nunca he venido aquí.
-¡Las cúpulas son rojas!
-Te emocionas bastante.
-Oye Marat ¿Cuánto tiempo te quedarás?
-Tengo que regresar a Mónaco pasado mañana.
-Te invito a caminar.
-Está bien, pero no pidas malteadas.
-¿Competencia de helados?
-¡Me voy a enfermar!
-Carlota es campeona de comer helado, tiene un trofeo - Presumió Ricardo y Marat se rió desconcertado.

-Gracias por tu compañía, Marat - susurró Carlota y le tomó de la mano, el tren apenas se introducía en la estación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario