viernes, 7 de julio de 2017

Gwendal, te amo (Segunda parte)


París, Francia.

Judy Becaud no tardó mucho en hallar los papeles del departamento en la Rue de Poinsettia firmados a su nombre y discutió fuertemente con su marido por más de una noche. Mientras Jean le echaba en cara la copa de vino que ella había compartido con el teniente Maizuradze, ella le reprochaba el haber abusado de su confianza y su agresividad, sus gritos y su desinterés. En medio, el tema del embarazo los mantenía tensos y Judy ese día lloró mucho al saber que en lugar de comprar artículos para un bebé, tendría que hacerlo para dos.

Resignada a que necesitaba más espacio y que no se podía dar el lujo de costear un alquiler, accedió a regañadientes a cambiar de residencia y mientras veía a Cumber tirar a un charco la caja con su ropa, no tardó en divisar al teniente Maizuradze aproximándose.

-¡Señora Becaud, me alegra verla! - inició él.
-Gracias, también me agrada recibirle.
-Qué bueno que haya decidido cambiarse ¿Cómo va su embarazo?
-Tendré gemelos.
-Felicidades.
-Creí que se iría a Rusia.
-Todavía no, primero volví por el favor que me pidió.
-No era necesario que lo cumpliera, fue un impulso que tuve el otro día.
-Le dije que los laboratorios rusos son muy rápidos cuando pagan favores.
-No sé si estoy lista.
-Conseguir la muestra fue difícil pero Viktoriya me ayudó.
-Eso pasa.
-Perdone por el escepticismo que le expresé en mi carta.
-Por algo la tuvo ¿Quiere un poco de té?
-Estaré encantado.

El teniente Maizuradze saludó a Cumber y le susurró que permaneciera en el arco de la puerta y mantuviera alejados a David y Amy, que jugaban con una cuerda en la banqueta.

-Señora Becaud ¿Desea hablar en privado o quiere un apoyo?
-Llamaré a Jean, no me atrevo a saber nada sola.
-Entiendo, vaya.

Respirando hondo, Judy buscó a su marido en la planta baja y justo lo halló en dónde tenían planteado instalar la cocina, bebiendo algo de whisky.

-¿Tu amante vino a vernos?
-¡No seas grosero!
-¿A qué vino?
-El teniente Maizuradze trajo el ADN que le pedí.
-¿Eres su hija perdida?
-¡Claro que no!
-Qué lástima.
-¡Jean!
-¿Por qué insistes con el tipo de la vinoteca?
-Porque tiene cabello café y ojos verdes.
-La verdad ¿Importa quién es tu padre?
-Sólo quiero saber quien es, no me voy a acercar, lo prometo.
-Tomaré algo más fuerte, vamos.

Jean sacó una botella de ginebra y ambos se reunieron con el teniente Maizuradze en el primer piso, donde los Becaud ya habían aseado.

-Es excelente que estén amueblando.
-Judy se encarga de eso, yo he intentado abrir los demás apartamentos - Contestó Jean Becaud con evidente recelo hacia el señor Maizuradze y los tres tomaron asiento frente a una pequeña mesa que luego quedaría en la terraza.

-¿Cómo le fue en el funeral de su hermano? - inició Judy
-Supongo que bien, mis sobrinos estaban tristes pero deben arreglar varios papeles cuánto antes.
-Lo siento mucho.
-Algo así no es muy inesperado.
-De todas formas, usted ha venido a hablar de otra cosa - intervino Jean.
-Es cierto. Judy, en el laboratorio me dijeron que una de las muestras no corresponde a Jacques Ligier.
-¿No?
-Es todo lo que sé.
-Ábralo.
-¿Segura?
-¿Qué puede pasar?

Judy sujetó la mano de su marido y respiró hondo, como si supiera el resultado y no le costara mucho entenderlo. El teniente Maizuradze en cambio, desdobló el sobre y su rostro de sorpresa dio paso a una sensación de incomodidad poco experimentada, más cercana a la conveniencia de mentir, no obstante, la pasara por alto.

-Jacques Ligier .... Su ADN no corresponde, no es su padre, señora Becaud.
-Es increíble.
-Lo sé, Viktoriya me contó que tiene ojos verdes como usted.
-Supongo que sólo fue una coincidencia.
-¿Qué hay de la otra muestra? - intervino Jean.
-Nada, es un cabello de golden retriever- se apresuró Maizuradze.
-Ligier no tiene mascotas - siguió Judy.
-Imagino que fue una transferencia accidental, en el aire hay muchas cosas.
-Es cierto, el otro día me cayó una telaraña en el brazo.
-Lamento que no hallara a su padre, Judy.
-No se preocupe, sólo me quité esa duda.
-No se desanime.
-Nada de eso, voy por unas servilletas.

Judy se levantó y fue de nuevo a la cocina, en donde creía que había puesto toda clase de accesorios, más que nada, para pensar. Desde el inicio sabía que Ligier no era su padre: no tenía el carácter ni el tipo y mucho menos el interés, tampoco un aire agresivo ni la negación de un irresponsable. Luego de suspirar decepcionada, tomó el par de servilletas y volvió con los otros dos, que tomaban un trago mientras hablaban de ella.

-No se preocupe, Jean, su mujer lo quiere.
-¿En serio? Entonces ¿por qué le dio este departamento y le regala cosas?
-Es como mi hija.
-Qué generoso.
-Mis hijos pueden venir cuándo lo deseen también, dividí el edificio entre ellos, está muy claro.
-Si Judy fuera su hija, no bebería vino con ella.
-Comprendo el reclamo, acepto que una copa es incriminatoria.
-¿También sus intenciones?
-La señora Becaud es intachable, es como la hermana mayor de Viktoriya.
-No pretenda engañarme.
-No lo hago, simplemente su esposa es una dama y entre hombres sabemos que esa una palabra mayor.

Jean Becaud calló un momento y bebió de golpe su ginebra para luego servir más.

-Sólo estaba esperando una confirmación - añadió.
-¿Le inquieta su mujer?
-Es demasiado perfecta.
-No parece convencerlo.
-Seré honesto, Maizuradze: Es tan inocente que asusta.
-¿Por qué?
-Es capaz de creer que un perro se coló en una prueba importante.

Judy prefirió quedarse quieta y escondida en la pared, viendo hacia abajo. Cumber vigilaba la entrada principal y no se veía a los niños por ninguna parte.

-No he mentido, Jean - prosiguió la conversación.
-¿Me mostraría el sobre entonces?
-Temo que no es suyo.
-Tampoco piensa dárselo a Judy.
-Porque no es importante.
-Pero lo guarda en el bolsillo del abrigo.
-Es para arrojarlo en otro lugar.
-¿De quién era la muestra?
-Mía no.
-¿Cuál es el problema?
-Que no es su asunto, Jean.
-Pero Judy es quien me quiso aquí.
-De todas formas no puedo decir nada en su ausencia.
-¿Insinúa que la otra muestra es de alguien más?
-No, de hecho es nada.

A Judy le asaltó una ligera incertidumbre y por un momento lo del golden retriever le pareció absurdo ¿Ilya Maizuradze le habría mentido? ¿Por qué? Y sobretodo ¿cómo había caído ella en semejante engaño de niños ingenuos? Pero su carácter bondadoso le ganó y concluyó que no debía hacer preguntas.

-He traído las servilletas - anunció sonriente y volvió a tomar asiento. Jean se abstuvo de voltearla a ver para no hacer un gesto de pena ajena.

-¿Le ha gustado el té, señor Maizuradze? - dijo ella.
-Por supuesto, usted lo hizo.
-Fue mi esposo.
-¿En serio? Es magnífico.
-El pastel si es mío.
-Judy, siento mucho no haber encontrado lo que buscaba.
-Está bien, de todas formas le debo mi agradecimiento por intentarlo.

Jean se dio cuenta de que el teniente Maizuradze quería ser lo más galante posible y Judy procuraba no mirarlo mucho, quizás porque no sabía como esquivarlo.

-Supongo que también tiene prisa, teniente.
-Es cierto, Jean. Señora Judy, yo creo que le fallo con el pastel.
-No es un problema, tal vez lo coma Cumber.

Judy Becaud abrazó al teniente Maizuradze en franca gratitud y Jean extendió su brazo para despedirse.

-Fue un placer visitarlos, disfruten su nueva casa.
-Claro que lo haremos.
-Eso espero sinceramente. Me voy a Moscú pasado mañana, cuídense mucho. Suerte en el parto y éxito con su nuevo café.
-Gracias, también le deseamos lo mejor.
-Con su permiso.
-Adelante.

El teniente Maizuradze contempló a Judy Becaud una vez más y se marchó, arrastrando a Cumber sin aviso previo. Los Becaud en cambio, llamaron a los niños para acabar con el bizcocho y de paso, ponerlos a ordenar sus pertenencias y ayudar con la limpieza.

Mientras tanto, en la calle, Cumber preguntaba a su padre por qué la urgencia de llevarlo y sobretodo, si necesitaba un favor. El teniente Maizuradze no le habló hasta llegar al bar de la siguiente calle y ordenar un whisky al tiempo que sacaba el sobre con los análisis de Judy. El otro creyó correctamente que le haría algún comentario o había una duda y se colocó al lado, ordenando una cerveza y colocando su bufanda sobre sus rodillas.

-¿Qué tan curiosa es Judy Becaud?
-Bastante menos que mi jefe, no hurga ni en el celular ajeno.
-¿Ni en sus notas?
-En eso menos.
-Amén.
-¿En qué le mentiste?
-¿Cómo te das cuenta?
-Te delatas solo, papá ¿Qué le dijiste a Judy?
-Que un perro se interpuso en su muestra de ADN.
-¿Ligier es su padre?
-¿Sabes algo de eso?
-Me entero de todo.
-Ese tipo no tiene que ver con ella, pero me devolvieron estos cabellos en el laboratorio - el señor Maizuradze sacó de otro bolsillo un pequeño tubo - Ligier también usa cabello largo.
-Son de colores distintos ¿Cómo no te diste cuenta?
-Viktoriya me los entregó de prisa.
-¿Se lo pediste a ella?
-Al tal Ligier le encantan las chicas rusas.
-¿Por qué no se cortará el pelo?
-Se ve ridículo.
-¿Lo conoces?
-De vista.
-No dijiste nada de la segunda muestra.
-Odio tu memoria y que seas un chismoso.
-Es involuntario.
-No te exaltes, lo sé.
-¿Qué salió mal?
-¿Tú que crees?
-Lo imagino pero no lo quiero decir.

El teniente Maizuradze acabó su whisky y ordenó enseguida otra cerveza para acompañar a Cumber.

-Leí que ese residuo si es compatible con ella.
-¿Qué tanto?
-¡Ea! ¿Por qué abres eso?
-Tentación.
-¿Nunca respetas?
-Es que los cabellos son del idiota de Gwendal.
-¿Qué dijiste?
-Vika le cortó un rizo el otro día y lo trae de prendedor.
-¿Disculpa?
-Vika está cucu.
-¿Cómo sabes que son de él?
-Te apuesto que ella los puso.
-¿Por qué?
-¿No te das cuenta? Viktoriya está muerta de celos por culpa de Judy.
-A ver, a ver ¿de qué me perdí?
-Gwendal le contó que intentó tener algo con la señora Becaud y no se dio.
-¿Y cómo te enteraste?
-Estaba en el hospital.
-Ese Gwendal es un imbécil.
-Un imbécil por el que por poco mi jefe se queda sin esposa.
-¿De qué estás hablando?
-¿Sabías que Gwendal y Judy eran amigos?
-Llegué a verlos platicar en una reunión con los Liukin en la que arrestaron a Anton por patear una cámara.
-No supe muchos detalles pero creo que ella se enamoró de él.
-¿Estás seguro?
-Cálmate.
-¡Ese idiota es novio de mi hija!
-Pero él no tiene más interés en la señora Becaud.
-¿Cómo?
-Cometió el error de acostarse con otra y a raíz de eso dejó de verla; luego conoció a Vika y lo demás ya lo sabes.

El teniente Maizuradze bebió parte de la cerveza y recargó los codos sobre la barra.

-¿Vika quiso hacer una maldad con la prueba?
-Creo que sí, papá. Un cabello te lo paso, cuatro son intencionales.
-Pero son de Gwendal.
-Mejor que te diga Viktoriya, yo pienso que son de ese cretino porque son bastante largos ¿Ligier tiene ricitos?

El teniente Maizuradze dejó el pago sobre la barra y le hizo la seña a Cumber de acompañarlo. El otro acabó con su bebida de golpe y se colocó la bufanda, pasando a ser un espectador que de antemano se abstenía de sus eternas burlas. Aunque lo anhelaba, no podía comprender a Vika ¿Qué ganaba con meterse en la prueba de Judy? ¿Cómo reaccionaría Gwendal de llegar a saberlo?

El séptimo distrito de París no estaba lejos del Louvre y se llegaba bien a pie. De acuerdo a un papelito que tenía Ilya Maizuradze, Viktoriya se había mudado a una casita en la Rue de Solferino y la podía encontrar por la tarde, sin necesidad de avisarle de una visita.

-Cumber, te quedas en la puerta.
-Estoy de acuerdo.
-No le menciones a Judy ni media palabra.
-Ni que fuera Válerie.
-¡Eh!
-Perdón.
-Cumber, cierra la maldita boca por una vez.
-¿Qué hago con Gwendal si se aparece?
-Lo que quieras.
-De acuerdo.

Ambos cruzaron el Pont Alexandre III y atravesaron Quai de Anatole France para caminar derecho por la larga calle Solferino. El Palacio de la Legión de Honor no estaba lejos de la pequeña reja que separaba el jardín de la casa de Vika de la banqueta.

-Está abierto - advirtió Cumber.
-Supongo que no le preocupa que alguien la vea.
-Me quedo aquí.
-No fumes.
-¿Tú lo dices?

Cumber encendió un cigarrillo y su padre, arrepintiéndose un poco de llevarlo, entró, constatando que también la puerta del interior tampoco tenía seguro.

Al interior, todo lucía pequeño. El fregadero era lo primero que se topaba y no había forma de esquivar la cocina. Lo siguiente era la sala y al fondo, se distinguía un gran librero en donde Vika ordenaba sus ejemplares y los juntaba con los de Gwendal, que también estaba allí.

-No van a caber tus discos ¿qué hacemos?
-Los dejamos en la caja.
-Bueno, pero hay que quitarlos del piso... A propósito ¿no tienes hambre, Gwendal? Haré unos sándwiches.
-El mío con arúgula.
-Y mostaza.
-Entonces me toca ir por las bebidas.
-Me compras una de esas que le gustaban a Carlota.
-¿La de mango?
-Esa.
-Ya vuelvo amor.... Buenas tardes, señor - reaccionó Gwendal con desconcierto y Viktoriya giró, como si le hubiesen descubierto en medio de una fechoría.

-Hola, papá - comenzó ella.
-Pónte un pantalón, Vika. Te espero afuera.
-Lo siento, voy.
-Gwendal, le sugiero mantener la ropa en su lugar. Con su permiso.

El teniente Maizuradze salió de la casa y al igual que Cumber, se recargó sobre la reja. Vika apareció poco después.

-¿Cómo estás, papá?
-Bien.
-Perdona por...
-¿No interrumpo algo con Gwendal?
-No, sólo estábamos arreglando unas cosas.
-¿Tienes un minuto?
-Sí ¡Gwen...!
-Shhhh.
-¿Por qué?
-Es importante.
-¿Qué tan?
-¿Tienes tiempo para caminar un poco?
-¿Qué hace Cumber aquí?
-Descubrió esto.
-¿Son los cabellos que me pediste?
-Tienes algo que explicarme.
-Bueno, vámonos.

Vika cerró la reja y fue delante de aquellos dos hasta un pequeño parque en medio de la lluvia de hojas que se secaban por el otoño. Cumber se dedicó a terminar con un par de cigarrillos mientras se apoyaba en un árbol y decidió también iniciar el interrogatorio puesto que su padre no se animaba del todo.

-¿Pasó algo raro hace no sé cuánto cuando mi padre te pidió obtener ADN de Jacques Ligier?
-Tú no me hables.
-No me vengas con berrinches y contesta.
-Es que a ti no te importa.
-Me metieron en esto así que canta.
-¿Qué?
-¡Qué digas algo!
-Es que fui con Ligier y no fue muy complicado hacerle la plática. Se la pasó invitándome copas y hasta bailamos dos o tres veces pero me quiso besar.
-¿Fuiste sola?
-Gwendal me esperó afuera.
-¿Le explicaste a qué ibas?
-Que necesitaba tres pelos de la calva de Ligier para una misión de papá pero no me creyó.
-Yo tampoco te tomaría en serio.
-Luego le dije que mi papá sacaría un ADN urgente.
-¿Le explicaste más?
-No.
-¿Ni siquiera porque era de Judy?
-Gwendal sabe.
-¿Qué?
-Judy se lo comentó a Gwendal en el hospital. En realidad, no pude mentirle desde el principio y no se me separa éstos días.
-¿Dejaste que ese idiota tocara las muestras?
-Sí.

Viktoriya supuso que le traían noticias no muy gratas y se llevó la mano izquierda al rostro, bajando la cabeza a continuación.

-Vika, no creo que te vaya a caer muy bien esto - continuó el teniente Maizuradze.
-¿Qué resultó?
-Bueno, Ligier no es el padre de Judy Becaud.
-¿Qué? Tienen el cabello chocolate.
-¿Todavía te sorprende?
-La verdad ya no.
-Gwendal contaminó la prueba y separaron sus cabellos de los de Ligier.
-¿Qué pasó?
-No llores por favor.
-Es que Gwendal metió unos que le corté y no te quise decir.
-¿Por qué lo hizo?
-Porque la mamá de Judy se parece a una amiga de los Liukin.
-¡Pudiste advertirme!
-Gwendal me pidió guardar el secreto, conoció a esa mujer cuando Judy y yo estábamos internadas.
-¿Cómo vamos a explicar esto?
-Espera ¿Gwendal si es hermano de Judy?

Cumber sufrió un ataque de tos enseguida y el teniente Maizuradze miró a Viktoriya como si hubiese adivinado.

-¿Gwendal te dijo qué le despertó la sospecha?
-Que era muy extraño que los Liukin conocieran a esa mujer.
-¿Nada más?
-Y que Judy se parece a su abuela Lía.
-Nunca me han dicho de ella.
-Entonces ¿son familia?
-Entérate.

Vika recibió el sobre y lo leyó rápidamente.

-¿Se equivocaron?
-Hicieron el examen más de una vez.
-Los laboratorios no son rápidos.
-Cobra un favor y verás.
-Es que no es posible ¿Quién es el padre de Judy?
-¿Qué le vas a decir a Gwendal?
-Papá ¿cómo crees que lo tome?
-Yo creo que muy mal.
-Con mucho asco - añadió Cumber.
-Vika, no creo que Gwendal esté listo para saber esto.
-Te conviene no recordarle el tema.
-Papá.... - continuó Viktoriya - ¿Qué le voy a decir?
-Que para el resultado faltan unos meses - remató Cumber y el teniente Maizuradze sacó un tabaco para tranquilizarse.

-Creo que da más náuseas tener sexo con la hija de un hermano que con la misma hermana.
-¡Eres asqueroso Cumber!
-Piénsalo Viktoriya... Bueno, en mi caso aplica.
-Me voy a vomitar en tu cara.
-Gwendal es el que va a vomitar, júralo.
-¡Dejen esa conversación ya! - gritó Ilya Maizuradze - Ahora hay que olvidarnos de esto y más les vale mantener la lengua en su lugar.

Vika se sentó junto a su padre un momento y luego se fue sin mediar palabra. El teniente Maizuradze la imitó y Cumber permaneció un momento mirando el montón de hojas que caían a sus pies. No tardó luego en apagar su tabaco, colocarse la bufanda y hacer escala en un supermercado. La chica de la barra en un bar de la Rue Gay Lussac lo recibiría con deseos de arrojarle el tarro que tenía en la mano.

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