viernes, 14 de julio de 2017

Un relato con Cumber


Bar de Colette, Rue de Gay Lussac, París.

Luke Cumberbatch entró y la chica de la barra lo recibió con deseos de arrojarle el tarro que traía en la mano... O eso imaginó porque en realidad, ella le aventó un par de vasos que se quebraron al chocar contra la puerta y la dueña del local alcanzaba a gritar "tú pagarás por eso".

-Con todo gusto - replicó la muchacha que no tardó en colocar una cerveza frente a Cumber de mala gana. Este le dio un sorbo aunque se negó a tomar asiento.

-Al fin te dignas venir.
-¿Pasó algo?
-¡El niño ha estado enfermo!
-¿Ya se curó?
-¡Maldito imbécil!

La joven recogió los vasos de otros clientes y los depositó en el fregadero, con la intención de lavarlos un poco más tarde y observó a Cumber de forma inquisidora.

-Traje unas cosas.
-¿Crees que con unos pañales es suficiente?
-También hay fórmula.
-Ni siquiera es la correcta.
-Creí que sí.
-¿Dónde estabas?
-Consiguiendo trabajo.
-¿En serio? ¿Tanto tiempo?
-Me dieron uno de cocinero.
-No seas cínico.
-De verdad, búscame en la Rue de Poinsettia.
-Tú eres quién debería estar a diario con nosotros.
-Lo sé, Khady.
-¿Por qué no es así?
-Entiéndeme yo... No me siento bien con esto.
-Esto no es de que sientas, Cumber, es de que te hagas cargo de una jodida vez.

Él atinó a beber la cerveza y prender un cigarrillo, mientras miraba el piso.

-No puedes fumar aquí.
-¿Qué?
-Pusimos el letrero por el niño.
-Perdón, no lo recordé.

Ni siquiera Khady creyó que él hubiera olvidado algo; había omitido el aviso y por supuesto, lo seguiría haciendo una y otra vez sin cansarse o hasta recibir un puñetazo; pero ella no tenía las ganas de propinárselo y menos la fuerza. Silenciosamente, optó por recoger los trozos de vidrio y miró a Cumber sin esperar que él dijera algo inteligente o cuando menos bonito. Esa etapa había terminado y ahora, con un hijo en común, él no podía ofrecer más. Correctamente intuía ella que él dormía con otras mujeres, gastaba su dinero en libros y casi seguro en botellas de vino, conformándose con aparecer un momento y dar por lo menos una bolsa con algo necesario de vez en cuando. Lo había aceptado con esas condiciones, no eran amantes ni amigos y él no iba a madurar ni cambiar por nadie.

-Vengo de estar con mi padre.
-¿Te dio remordimiento y por eso viniste?
-Iré al bautizo de Dušan.
-Saint Chapelle el sábado a las once.
-¿Puedo traer un regalo?
-Un peluche estaría muy bien.
-¿Puedo cargar al niño?
-Supongo, dame un momento.

Khady dejó sus guantes sobre el lavabo detrás de la barra y tomó a su bebé de la carriola, depositándolo en brazos de Cumber.

-Es lindo.
-Tiene tu cara.
-Tu piel.
-Te dije que Dušan no podía ser pálido.
-¿Te irás a Tell no Tales?
-Mi madre dice que estaré mejor allí, que están contratando.
-¿Te llevarás ...?
-¡Ay Cumber! Es obvio.
-Pero estás en París.
-No tengo tanto dinero para poder seguir aquí y además, mi hermana se casó y se va a mudar, creo.
-¿Courtney?
-¿De ella si te acuerdas?
-¿La doctora?
-Considero hacerlo por Dušan ¿estamos?
-¿Cada cuándo podría visitarlos?
-Cuando quieras o te acuerdes.
-¿Cuánto necesitas para mudarte?
-¿Quieres que me vaya?
-¿Quién te entiende?
-Te estoy diciendo que me llevo al bebé y hablas de dinero.
-¿Entonces, qué quieres?
-Un "voy a hacerme cargo" sería lo mínimo... No te pido que nos visites pero al menos ayúdame a mantenerlo, hay que pagar biberones, ropa, los traslados a la guardería, comida, jabón y si lo necesitas, hasta recibos te doy.
-Lo que me quieres decir es que te apoye más con Dušan y mejor te vas por las ramas. Con razón terminamos.

Khady mejor evitó recordarle a Cumber su reacción al saber que ella estaba embarazada y continuó aseando el local.

-¿Cómo están tus hermanos?
-Hugo no sé, Max va de regreso a Japón y los otros engendros, tampoco sé
-¿Y tú hermana?
-Vengo de estar con ella.
-Esa si es una sorpresa, Cumber.
-Estábamos con mi padre.
-¿No se pelearon?
-No pero espero que se le quite pronto su interés en una chica.
-¿Sigue de enamoradizo?
-Nunca aprende.
-Ya veo de donde sacaste todos tus defectos.

La joven volteó a ver a Cumber y él se quedó callado, quizás por recordar que la había deseado demasiado, al punto de intentar quedarse a su lado. El desinterés sin embargo, llegó poco después del sexo y ella lo echó de casa. Luego vino la espera del bebé como punto final.

Él estaba por proponer llevarse al pequeño esa tarde a caminar cuando Svante entró en escena. El chico traía una despensa entera y frente a Cumber, besó a Khady en los labios. Esos dos se habían emparejado en el transcurso del embarazo y aunque no vivían juntos, Svante era el que cuidaba al pequeño Dušan cuando acababa el horario de guardería.

Cumber había omitido ese recuerdo y le incomodaba que su hermano tomara en serio su relación con Khady. El dinero que Svante ganaba en el cabaret y en la calle de seguro se invertía en el bebé y hasta en el bautizo seguramente diría que era el padre del niño.

-Creo que mejor me marcho.
-¿Tan rápido?
-Te veo el sábado, Khady.
-Invita a tu padre.
-Se va mañana.
-Al menos quiero saludarlo.
-¿No quieres sorprenderlo?
-Estaría bien que viera a Dušan.
-No le he comentado de él.
-¿Qué?
-Eso, que no le dicho del niño.
-¿Me mentiste?
-¿De qué?
-¡Juraste que sabía!
-Nunca lo mencioné, yo no tengo intenciones de presentárselo.
-¡Desgraciado infeliz!
-Haré bien en irme.
-¡Eres una basura, Cumber!
-Luego vengo.
-¡No te vayas, imbécil! ¡Cumber!

Luke Cumberbatch atravesó la puerta del Bar de Colette bastante abrumado. Se preguntó la razón de haber dejado a Dušan en brazos de Svante cuándo este llegó y luego se fue a su apartamento, sin darle más importancia al asunto.

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