miércoles, 3 de enero de 2018

Un nuevo lugar (Los cuentos de las noches blancas)


París

Octubre inició con un fuerte viento. Las hojas de los árboles tapizaban la ciudad por entero y el olor a sopa de calabaza se imponía en el ambiente cuando Judy Becaud por fin abrió su bistro en la Rue de Poinsettia. Del préstamo del teniente Maizuradze nada quedaba, ni siquiera para pagar el repuesto de un plato.

-La formule ya está lista - le anunció Cumber y ella se alistó para comenzar a servir en cualquier momento. Si el olor de París era fuerte, el del bistro de la señora Becaud atrajo enseguida a los comerciantes de aquella calle casi muerta, con un restaurante chino que sobrevivía de las entregas a domicilio y uno japonés al borde la quiebra. La tintorería, siempre vacía, dejó ver a su dueño por primera vez y en la chocolatería de la esquina la dependienta salió para ser acompañada por dos vendedores de kebab que durante días no habían hecho más que curiosear sobre sus vecinos nuevos.

-Bonjour, ya hay servicio, formule a 15€ - saludaba Jean Becaud al darse cuenta de aquellos primeros clientes y extendía la carta por si las dudas. Judy en cambio, aseaba de nuevo sus manos y sólo esperó las primeras órdenes mientras el nerviosismo le ocasionaba hormigueo en la espalda.

-Dos sopas de calabaza y dos estofados de vísceras - anunció Cumber y Jean comenzó a fungir de mesero atento, contrario a su actitud indiferente de siempre. Luego y a pesar del sol, comenzó a llover y más gente, buscando refugio tal vez, halló ese acogedor lugar en el que la chimenea se encendió en punto de las cinco.

-Tres órdenes de pollo al vino y sopa de cebolla en la mesa cinco; me faltan los postres de la mesa once - anunciaba Jean y para Judy era como escuchar música mientras David y Amy hacían su tarea al pie de la escalera para que nadie subiera. El sonido de las conversaciones, de las copas sirviéndose y de las cucharas recordaron mucho al viejo y pequeño Le jours tristes, ahora convertido en el "Bistrot La Belle Epoque".

Pronto, Cumber tuvo la ocurrencia de llamar a sus hermanos y Hugo y Svante se aparecieron por ahí, gastando su raquítico presupuesto y por una coincidencia que sólo se da entre la gente que se conoce, entró Anton con una cacerola mediana, a la que colocó en una barra con la intención de llevarse toda la sopa que quisieran venderle.

-¡Hola! ¿Me pueden llenar esto? - saludó y David y Amy se levantaron a recibirlo.

-¡Anton!
-¡Mis amigos!
-No nos dijiste que vendrías, te habríamos reservado una mesa.
-Muchas gracias, David.
-¿Dónde vives?
-En la calle de aquí atrás.
-Nosotros aquí, en el primer piso.
-Nos podemos ver diario, sólo falta Carlotita bonita ¿saben dónde se metió?
-Carlota se mudó a Venecia - agregó Amy.
-¿Qué? ¿Por qué no avisó?
-No lo sé, su papá la sacó del colegio y me llama por la noche.
-¿Venecia? Podemos ir a visitarla ¿cuánto traen?
-Pero eso está muy lejos.
-¿En dónde?
-Venecia está en Italia, Anton.
-¿En Italia? ¡Me lleva la cachetada!

La expresión del niño hizo que los comensales voltearan a verlo y Judy le escuchó enseguida, reconociéndole la voz y sirviéndole agua en un vaso para calmarlo.

-¡Qué gusto verte Anton! - le dijo al verlo y luego de darle un abrazo, le hizo beber.

-Te extrañaba, ahora puedes venir cuando quieras ¿qué te sirvo aquí?
-Algo de sopa.
-Te daré de calabaza y te pondré otro poco de cebolla aparte.
-Carlotita se fue a Italia.
-En un momento te paso su número.
-¿De verdad, Judy?
-Y también su dirección, si quieres escribirle.
-¡Eres un angelote!

Anton no se contuvo y abrazó a Judy con mucha fuerza, seguro de que le encantaba la idea de verla a diario, así París se convertía en una ciudad más amigable y podía llevar a los Liukin restantes a reunirse con él.

-Anton, déjame ir a la cocina.
-Claro.
-Espero que un día vengas por uno de esos licuados de vainilla que te gustan.
-¿Todavía te acuerdas Judy?
-Y los viernes serviremos pizza.

Anton seguía emocionado cuando Cumber le dio un golpecito en la cabeza y antes de siquiera darle tiempo de contestar, sus ojos se abrieron como plato. En el noticiero transmitían el reportaje sobre la selección de "Miss Nouvelle Réunion" y las mujeres que peleaban por un lugar. El evento sería "worldwide" y se recaudarían donativos para la reconstrucción de Tell no Tales.

-¡Pero qué bonitas! - gritó el niño cuando aparecían en pantalla las chicas del barrio ruso y un ¡oh! con la imagen de Kleofina Lozko el día de la inscripción.

-¡No pregunten, ella es mi Miss! - declaró Anton antes de quedar mudo con las voluptuosas mujeres de Láncry que también gustaban a Cumber y el asombro entre los presentes con las jóvenes del barrio Corse. Desde ese momento, tal certamen había ganado bastante público y las llamadas preguntando por la fecha de emisión llegaron casi enseguida.

-"TF1 realizará la cobertura en vivo de 'Miss Nouvelle Réunion' el 31 de octubre y se sumará a la campaña a beneficio de los damnificados acompañando a estaciones como Deutsche Welle, BBC International, RAI, Televisión Española, Rossija 1, YLE, O Globo, Telefe, TVN, RCN, ABC, CBS, CCTV, NHK y la Red Aliada de Televisoras Africanas de la mano de Télevisión Natiònal de Nouvelle Réunion. La transmisión simultánea en vivo desde las nueve de la noche, hora francesa".

-Regalote de cumpleaños, estoy enamorado - dijo Anton.
-Creí que sólo era de Carlota - bromeó Judy cuando devolvió la cacerola llena de sopa.
-Es un decir ¡no sabía que en Tell no Tales había señoritas tan bellas!
-No habías crecido, enano - se burló Cumber y volvió a darle un tope en la cabeza.
-Ya me vengaré, Cucumberto.
-Primero me caso con una mujer negra - y ante tal comentario, Svante dejó caer una cuchara en su plato como protesta.

-No con tu novia, Svante. Con esa mujer no vuelvo ni aunque me arranquen el pulmón sano.

A Svante se le quitó el hambre y se limitó a beber una copa de agua mineral para no saltar encima de su hermano y romperle los dientes. No era lugar para una confrontación.

-Anton, es 1€ - siguió Judy para calmar a los Maizuradze y el niño dejó propina luego de abrazarla de nuevo y despedirse de sus amigos.

Durante la semana, la escena con Anton entrando por sopa se repitió al igual que los comerciales del concurso de belleza y la lluvia que llevaba clientes fortuitos a "La Belle Epoque". La Rue de Poinsettia poco a poco se iba llenando de color y Judy vio personas ordenando kebab y al cocinero del restaurante japonés comprando pescado por primera vez. Había comensales en el local chino y encargos en la tintorería y todo empezaba cuando escapaba el olor a algún platillo en la cocina del bistro, delatando a parisinos curiosos de aquellas fragancias nuevas. El viernes, la primera nota del periódico hablando de aquél lugar apareció y como por arte de magia, una llamada a Jean para que publicara en un diario local se recibió al mediodía, yendo este de inmediato a la redacción con inusual buen humor. El fin de semana, Le Belle Époque se llenó y Anton dejó de ir por sopa para llevar a su madre y a Válerie como invitadas, obteniendo como mesa una al centro que además tenía asientos acojinados y parecía más bien un módulo aparte. La señora Becaud tenía la esperanza de que Carlota y su padre regresaran a París alguna vez y les tenía el sitio reservado desde siempre.

Anochecía cuando el aroma a cerezas hizo que Viktoriya Maizuradze y Gwendal Mériguet decidieran conocer la Rue de Poinsettia y con más ganas de prolongar su cita que de comer, se situaran junto a una ventana. Cumber fingió demencia y les sirvió el postre del día pero la señora Becaud, que llevaba a la barra una botella de vino retrocedió asustada y lloró frente a la estufa mientras se preguntaba qué haría para no ser vista si esos dos tenían la ocurrencia de regresar.

-"Las aspirantes a 'Miss Nouvelle Réunion' han celebrado una de sus pruebas más complicadas; aquí la crónica" - se oía y ella colocaba sus ojos en la pantalla mientras aparecían más mujeres en el salón de té de la Avenida Montepellier. Judy siempre había querido ir ahí pero también a las playas del barrio Costeau y al muy nuevo vecindario de Láncry.... Del brazo de Gwendal. Hasta la fecha lo imaginaba junto a sí, preparando el café o las supremas glaseadas de naranja que tanto le gustaban a él y luego recordaba esa bochornosa noche en que había descubierto que le veía la cara de tonta. Había intentado deshacerse de esos pensamientos y apenas lo lograba de vez en cuando, sólo si Jean hacía algo por molestarla o le reprochaba el embarazo. Era una mujer tan transparente que la puerta de la cocina estaba abierta y el mismo Gwendal la veía luego de acercarse a solicitar una copa extra que Cumber había omitido. Él sabía que Judy Becaud no lo había perdonado y que a diferencia de otras, ella le golpearía la cabeza sin pensarlo. Era lo malo de atravesarse en el camino de una mujer tan sensible.

-Deja en paz a la señorita - señaló Anton al aproximarse para dar las gracias y Gwendal retrocedió sin decir nada, situándose de nuevo frente a Vika y actuando como si nada pasara.

-¿Te consigo otro ladrillo?
-No, Anton.
-Si Vika no estuviera embobada, me lo arragaba a puño limpio.
-¡No hagas eso!
-No te merece, es una lombriz.
-Lo sé.
-¿Te ayudo a levantarte?
-Estoy bien.
-Bueno, me quedo otro ratito para que no te moleste nadie.
-Eres un caballero.
-Encanto de Maizuradze... Bueno, sólo mío, no veas a Cumber.
-También es un buen chico, créelo.
-Ya no llores, Judy.
-Descuida, ve con tu madre.

Anton esperó a que Judy saliera a la barra y luego volvió con su madre mientras Gwendal y Vika salían. Después, su atención en los comensales se concentró y hasta en el concurso de belleza, luego de escuchar que Cumber elegía a una candidata favorita.

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