viernes, 9 de marzo de 2018

El camino a Murano


-Así que aceptaste a la niña Liukin.
-Me convencieron.
-¿Tiene el carácter que dicen?
-No tengo idea.
-¿Y es buena?
-Se nota que no ha entrenado.
-¿Pero salta?
-Tiene lindas piruetas.
-¿Qué quieres decir?
-Unos días más y tendrá ajustados los saltos pero nos vamos hoy a Murano.
-¿Al torneo?
-No puede causar baja.
-No me gusta cuando te sientas.

Esa era la charla que sostenían Katarina y Maurizio Leoncavallo en plena pista durante la mañana del viernes cuando coincidieron con ciertas ganas de tomar un respiro. Él no tenía problemas en recostarse en el hielo de vez en vez.

-¿Estás cansado?
-Algo.
-¿Cómo está tu novia?
-¿Karin? Algo molesta pero se le pasará.
-¿Qué no le gusta ahora?
-Mi horario nuevo, quiere que cambie a Carlota a algún turno como dos a siete.
-¿Lo vas a hacer?
-No, la verdad es que estoy bien así, no hay gente y se puede trabajar bastante.
-¿Te pidieron estar con Carlota en serio o en lo que consigue otro entrenador?
-Voy en serio.
-¿Mientes?
-Su federación me contrató.
-¿Es oficial, firmaste y punto?
-Ayer, me van a pagar bastante.
-¿Cuánto?

Maurizio hizo un ademán de silencio.

-¿Entonces te conviene?
-Voy a pagar la boda.
-¿Se lo propusiste a Karin?
-Aceptó sin pensar.
-Me acostumbraré.
-¿Estás enojada?
-Feliz sólo por ti, por Karin no siento nada.
-Ja ja ¿No te cae bien porque...?
-Mereces a una mejor mujer.
-Katarina ¿no quedamos en que no dirías eso?
-Algo le falta, no sé, no te veo vuelto loco.
-¿Cómo debería estar?
-Te brillarían los ojitos un poco más, como al hablar de Carlota.
-¿Qué tiene que ver Carlota?
-Cuando te entusiasma algo parece que vas a gritarlo y con Karin no te pasa.
-El amor es diferente.
-Con la otra novia que tenías eras más feliz.
-Por supuesto que no.
-¿Cómo se llama?
-Courtney Diallo.
-¿Por qué terminaron?
-¿No fue por ti?
-Nunca le hice gran cosa, llámala.
-Estás loca.
-Te volvieron a salir lucecitas en esos ojitos verdes.
-No.
-Igualitas que con Carlota Liukin.
-Cálmate.
-¿Ves? Estás sonriendo ¿Carlota patina bonito?
-Estoy impresionado.
-¿Qué tanto?
-No soy un buen coach para ella.
-¡Por favor!
-De una vez te advierto que es mejor que tú.
-¿Mucho?
-Te pondré un entrenamiento más fuerte.

Maurizio se puso serio y miró al techo mientras dejaba que sus brazos se enfriaran y bostezaba por dormir mal. Su hermana le permitió tomar la siesta en su regazo mientras le acariciaba el cabello y le daba besitos en la mejilla izquierda y en la frente con insistencia.

En cambio, en el Istituto Marco Polo, las compañeras de Carlota Liukin en el hockey le habían preparado una pequeña ceremonia para la buena suerte. Algunas de ellas le preguntaban sobre qué se sentía saltar en hielo o como elegía sus vestidos, si se maquillaba o si usaba muchas orquillas con su cabello mientras otras dos se lo trenzaban para que pudiera tener tiempo de hacer un buen calentamiento. Las maestras sólo le deseaban un alegre fin de semana y el profesor Scarpa le preguntaba su horario para verla competir.

-¿De verdad irá?
-Tu padre me encargó unas fotos.
-Empieza hoy a las cinco, soy la tercera en salir.
-¿Cuántas más van a competir?
-Otras quince.
-Seguro te va muy bien.
-Muchas gracias.
-Si quieres te acompaño a Murano a esta hora, todavía no conocemos a ese Leoncavallo.
-Miguel y Adrien van a ir.
-Mi presencia no está demás.

Carlota sonrió y acabó con su porción de pastel enseguida, segura de que no la dejarían comer más tarde. Su plan era llegar a Murano a las 13:30, reconocer la pista, hacer algo de tarea y competir. Había platicado esos planes con su entrenador y estaban más que acordados, así que sólo revisó su cuaderno de notas para confirmar sus horarios y de paso, recibir una llamada insistente.

-¿Tamara?
-"¡Liukin! Supe que hoy harás el ridículo"
-Era más simple decirme "hola"
-"Si no te molesto, no funcionas"
-¿Te avisó Haguenauer?
-"¿Quién más?"
-Estoy emocionada.
-"Te diste el tiro en el pie con ese coach"
-¿Leoncavallo?
-"¡Ja ja ja! Sabía que me dirías que es él"
-No encontré otro.
-"Lo siento, es que tiró a la diosa Fusar Poli, ja ja ja ja"
-¿Llamaste para burlarte?
-"Obvio, Liukin, sólo así te irá bien.... Maurizio es un buen tipo, a lo mejor funciona".
-¿Lo conoces?
-"De toda una vida, niña".
-¿Y como entrenador?
-"Su hermana y él aprovecharon el trabajo que había hecho Orser"
-¿Katarina estuvo con Orser?
-"No aguantó ni tres meses porque 'mi hermanito, mi hermanito regresa a Italia, bla bla bla bla bla'; a la Fusar Poli ya la tenía harta".
-Ha de querer mucho a Maurizio.
-"¿Le hablas de tú al entrenador? ¿Qué te he dicho de eso?"
-Que no se debe ¡pero a ti siempre te hablé de tú!
-"¡Porque yo era tu niñera!"
-¡No eras mi niñera!

Carlota y Tamara discutieron amigablemente por varios minutos y se notaba que ambas estaban igual de emocionadas pero sin grandes expectativas. En menos de una semana no ocurrían milagros.

Afuera del colegio, Ricardo Liukin y sus hijos aguardaban a Carlota y como podía suponerse, Miguel iría a Murano en calidad de guardaespaldas al tiempo que Tennant insistía en hacerles compañía sin resultado. El niño Adrien por su parte no paraba de preguntar si podía comprar adornos de peces y cambiaba de posición su pequeño equipaje con mucha insistencia, alterando un poco los nervios de Yuko, que al ver a Katarina Leoncavallo sonrió y enseguida anunció a los demás que Maurizio estaba llegando.

-¿De dónde conoces a la señorita? - preguntó Adrien.
-Los patinadores son famosos en Japón - contestó Yuko.
-En Venecia nadie les hace caso.
-¿Estás enamorado?
-¿Katarina es mi cuñada?

La señorita Leoncavallo volteó a ver a Adrien con curiosidad y sujetó a su hermano de la mano cuando el señor Liukin lo saludó.

-¡Maurizio! Buona sera ¿cómo está?
-Buona sera, me encuentro nervioso, señor Liukin ¿y usted?
-Me quiero matar.
-Todo irá bien.
-Está advertido.
-Lo tengo siempre en mente... Le presento a Katarina Leoncavallo, mi hermana.
-Un gusto, señorita, felicidades por su medalla en Salt Lake.
-Muchas gracias - contestó ella - Maurizio no ha parado de hablar sobre ustedes, los Liukin, así que he decidido acompañarlo a Murano y de paso, convivir con Carlota ahora que compartimos entrenador.
-¡Me lastimas! - protestó Maurizio afectuosamente al soltarse de su hermana y esta lo estrechó por la cintura sin perder la sonrisa. Ricardo no quería darle importancia pero creyó por segundos que ella apretaba a su hermano como si quisiera herirlo, sobretodo por una segunda protesta que la hizo abrazarlo por los hombros, pretextando sueño.

-Señor Liukin - intervino Miguel - Carlota ya está saliendo.

En medio de una lluvia de confeti, las compañeras de Carlota Liukin le decían "adiós" en la puerta y algunas le daban la caja con el pastel que quedaba, gritando "forza! forza!" para alentarla. La escena parecía de un festival que estaba mal pero divertido y Ricardo la recibió con un beso en la mejilla que la hizo sonreír.

-¿Estás lista?
-Creo que sí.
-Despídete de tus amigas y saluda al señor Leoncavallo.
-Claro.
-¿Qué traes aquí?
-Me regalaron un pastel de chocolate blanco.
-Qué lindo detalle.
-Le guardé a Maurizio.
-Yo se lo doy.
-Ojalá comieras más crema.

Carlota giró para agitar su mano en agradecimiento a las niñas de la escuela y de mano de Miguel recibió su maleta con todas sus cosas para el torneo.

-¿Mis patines?
-En su funda de felpa.
-Espero que no sean los que trajo Haguenauer.
-Los que está usando tienen protectores rosas.
-Qué observador, gracias.
-También le traje esta nota de Marat desde Marruecos.
-¿Marat? ¿Sabes algo más de él?
-Le mandó este dije de escarabajo.
-Es precioso.
-Sé que vendrá en diciembre a visitarla.

La joven Liukin ni siquiera terminaba de alegrarse cuando llegó la llamada de su amiga Amy desde París y se apartó enseguida para atenderla.

-Carlota tiene muchos amigas - dijo Leoncavallo.
-Al parecer ha hecho varias esta semana pero nadie sustituye a Amy. Por cierto, mi hija le apartó pastel - señaló Ricardo.
-Qué detalle ¿de qué es?
-Chocolate blanco y creo que tiene crema.
-Lo comeré enseguida, grazie.

Maurizio se disponía a abrir la caja cuando su hermana intervino nuevamente.

-Deberías dejar esto para después.
-¿Por qué?
-Es que Karin dijo que estás a dieta.
-La hermana de Karin es la que está a dieta.
-Ah, perdón.
-¿Quieres un poco?
-¿De verdad me invitas?
-Lo que me gusta de los Liukin es que no dejan que pase hambre.

Ricardo fingió que tomaba a broma el comentario de Maurizio al crecer su desconcierto sobre Katarina, que insistía en darle de comer en la boca y miraba hacia Carlota cada vez que era rechazada.

-Creo que lo mejor será que se vayan ahora, deben tomar el vaporetto en Rialto y es tarde de cruceros.
-Eso es cierto, señor Liukin ¿me permite llamar a su hija?
-Usted es el entrenador, signor Leoncavallo.
-Con su permiso.

Katarina tomó el bizcocho en dos manos y observó detenidamente a Maurizio hacerle señas a Carlota de que ya era tiempo de tomar el camino. Obediente, la joven Liukin terminó su charla telefónica y se aproximó al grupo.

-Creo que nos vamos enseguida.
-Sí, coach.
-¿Qué?
-Disculpa, Maurizio.
-¿Te probaste el vestuario otra vez?
-Antes de la escuela.
-¿Te queda?
-Ignoraremos los hombros ¿qué queríamos por tres días?
-¿Nerviosa?
-Entusiasta.
-Mejor de lo que esperaba. Cuál sea el resultado, da todo lo que tienes.
-De acuerdo.
-Abraza a tu padre y nos iremos.

Carlota no lo pensó y se despidió de Ricardo mientras este le recordaba los números de emergencia, el nombre de la posada donde Haguenauer decía que se hospedarían y el horario del medicamento de Adrien. El domingo, Ricardo podría ir por fin a Murano a verla y le prometía cocinarle su pasta favorita a su regreso. Ella sabía que él estaba muy tenso y no era feliz.

-Maurizio, cuídela bien, es mi hija.
-Cuente con ello.
-Cielo - refiriéndose a Carlota - comunícate cuando llegues, per favore.
-Lo hará antes de que me entregue el celular para que no se distraiga.
-¿Nada de mensajes ni buzones de voz ni nada?
-Carlota debe estar enfocada, señor.
-Vaya, usted realmente me agrada y no es sarcasmo, Maurizio.
-No lo defraudaré.
-Carlota, te veo en dos días, te amo, cielo.

La chica abrazó a su padre y luego de recibir el beso de la buena suerte, dio la media vuelta rumbo al Gran Canale. De acuerdo al plan de viaje, Haguenauer la encontraría en la Fondamenta Serenella en Murano y juzgando por el denso tráfico alrededor de Rialto, el grupo debía apresurarse para llegar a tiempo; los vaporetti lucían llenos y la infernal fila del mediodía hicieron que Adrien y Miguel tuvieran un ataque de risa. Viernes de cruceros, viernes de padecer molestias extra. Ni un alma cerca de la parada hablaba italiano, nadie siquiera se atrevía a explorar la ciudad fuera de las atracciones turísticas y la mayoría iba a Dorsoduro a tomar el sol.

-Podemos buscar otra estación - sugirió Maurizio Leoncavallo y Miguel le dijo que lo haría aunque no se movió. Katarina Leoncavallo por su parte, se colgaba de nuevo del cuello de su hermano, creyendo que la estaba ignorando.

-Ahí va otro bote - suspiró él.
-No te preocupes, siempre habrá alguno que nos recoja.
-Espera, hermana ¿sí vas a venir? Creí que no lo decías en serio.
-¿Por qué no? Carlota es mi co equipera.
-¿Traes dinero?
-Nada pero tú me invitas ¿cierto?
-¿No es un viaje de trabajo?
-Sasha Cohen va a estar en Skate America y quiero ver con qué me va a enfrentar.
-Voy a tomar video.
-Y también va a estar Sokolova ¿te acuerdas que casi me gana?
-Jajajaja, Katarina ¿cómo estás tan segura de que si te voy a llevar?
-Lo harás porque eres el hermano que más quiero, te doy besitos en tu mejilla y te consiento.
-No interrumpas cuando esté con Carlota ¿de acuerdo?
-¡Lo que tú digas, Maurizio!
-Entonces, calma, me vas a poner más ansioso.
-Tú no vas a patinar.
-Pero ahora respondo a un jefe.

Maurizio rió para liberar algo que estaba pensando sin necesidad de decirlo y contagió a Carlota.

-Lo siento, es que tu risa es muy graciosa.
-No te preocupes, Carlota, se nos pasará enseguida.
-Bienvenue en France!
-¿El jefe ha hablado contigo?
-Con mi padre, ayer.

El ataque de risa de los dos hizo que Katarina Leoncavallo se pusiera muy seria e intentara acercarse nuevamente.

-Ni se te ocurra - dijo Miguel tocando su hombro. Ella lo miró de una forma escalofriante.

-Es tu hermano - remató él cuando la joven se soltó y optó por no dejarla cerca de Carlota por saber que no era de confianza.

-¿Cuándo me voy? - gritó Adrien y Yuko se encargó de darle la respuesta cuando apareció Geronimo en su lancha.

-¡Bellissima Carlota! Sei benvenuta sempre! - exclamó el muchacho.
-Se me ocurrió llamarlo cuando vi a la gente - añadió Yuko.
-¡Gracias! - añadió Carlota - ¡Geronimo, siempre me salvas!
-Lo que sea per mia amica ¿que vas a Murano?
-¿Cómo te fue con la polizia el otro día?
-Todo se arregla cuando se trata de declarar el amor ¿Qué te respondió Marat?
-Somos amigos.
-Yo quisiera que mi amiga de Burano me persiguiera igual.

Carlota se cruzó de brazos sin dejar de ser amistosa y Adrien y Miguel abordaron enseguida; este último se aseguró de colocar a Maurizio junto a sí mientras Yuko hacía de barrera con Katarina sin saber.

Durante el trayecto, Carlota y Geronimo hablaron de Marat. La chica le decía que él le llamaba casi todos los días y que le había ido bien en Marruecos.

-Me mandó este escarabajo.
-¿Son turquesas?
-No lo sé pero dice que lo vio y pensó en mí.
-¿Eso dice la nota que lees y vuelves a leer?
-Sí y también que me desea lo mejor en mi competencia.
-¿De qué va a ser?
-De patinaje sobre hielo.
-Sei la migliore nell'mondo! Sono sicuro.

 Carlota agradeció las palabras de Geronimo y enseguida revisó su teléfono, hallando mensajes de Judy, su prima Sonia y de Anton, que además, le había grabado su voz.

-Mucha gente te quiere.
-Creo que sí, Maurizio.
-Comienzo a entender a tu padre.
-¿Por qué?
-Te conozco desde hace cinco días y hasta yo te estoy tomando estima.
-Gracias.

Carlota y Maurizio pudieron seguir su plática de no ser por otra llamada que provocó que ella ignorara a los demás. Era Marat, que estaba de regreso en Mónaco. Como aquella conversación se alargara, los demás se reservaron la palabra y trataban de entender lo que ella respondía. Para guardar cierta privacidad, Carlota hablaba en español y Adrien gritaba al fondo que adoraba a su "cuñado tenista" mientras le comentaba a Maurizio Leoncavallo que su hermana "no podía enamorarse de otro" ni tener novio.

-Tu padre me dijo lo mismo.
-Yo lo digo por usted y por los que conozcamos.

Leoncavallo tomó a juego a Adrien mientras Katarina lo sujetaba por detrás, contagiando a Yuko de la misma incomodidad que Miguel prefería no esconder más.

-¡Fondamenta Serenella y Murano per la principessa Carlota! - anunció Geronimo y la joven Liukin se despidió con resistencia de Marat, intercambiando despedidas y bonitos deseos. Marat le confirmaba que lo habían convocado para jugar contra Francia en noviembre.

-¡Estaré allí, Marat! - aseguró ella y Maurizio le hizo la seña de terminar.

-Al menos ella piensa en un hombre que no la va a distraer - comentó Katarina y poco después, Carlota comenzó a cumplir con las reglas de su entrenador, dándole su celular.

-Me alegra que recordara nuestro acuerdo, signorina.
-¿Puedo iniciar con mi tarea en lo que Haguenauer llega?
-Adelante, llegamos temprano.
-¿Qué tanto?
-Media hora.
-Terminaré con la tarea de inglés ¡gracias Maurizio!

Carlota se sentó en una banca del muelle y mientras Yuko le pagaba a Geronimo el traslado, Miguel se dedicó a alejar a Katarina poniendo a Adrien a retratarla y a Maurizio a revisar sus cosas, descubriendo que Carlota había escrito una carta de disculpa para él durante la semana. En vez de leerla completa, prefirió hacer un par de preguntas en cuánto ella terminó un cuestionario sin dificultad.

-¿Tienes cinco minutos?
-Sí
-¿Vas a hacer algo de matemáticas?
-Sólo son fracciones.
-Nunca fui bueno en eso.
-Es muy sencillo.
-¿Estás nerviosa?
-Un poco.
-Estoy asustado.
-¿Por qué?
-Tengo poco tiempo como entrenador y a diferencia de Katarina o mis alumnos de danza, tú si tienes expectativas.
-Ellos también las tienen.
-Tu federación confía en ti, quieren ver tu trabajo y exigen más de lo que yo esperaría.
-¿Medallas?
-Haguenauer y yo sabemos que puedes.
-¿De verdad?
-Vi tus videos del europeo.
-Lo sabía.
-También pedí referencias con Tamara Didier.
-Ella me odia.
-Jajaja, me contó de un selectivo que hiciste y de otra competencia en la que ganaste.
-¿Es cierto que vino Sasha Cohen?
-Todas las de cartel.
-Estoy frita.
-Tamara cree que si soy sarcástico y grosero, rendirás mejor.
-La quiero.
-Sea cual sea el resultado, sé feliz.
-¿Por qué?
-Porque habrás dado todo lo que tienes.
-Maurizio, yo tengo que decirte algo.
-Confía en mí.
-Me vas a matar.
-No, prefiero la honestidad.
-¡Le dije a Haguenauer que eras un idiota! y que no sabes ponerte los patines.
-¿Es mentira?
-Cuando me dijo que en Venecia sólo estabas tú, me acordé de lo que te pasó con la Fusar Poli, perdón.
-Lo correcto sería ofenderme.
-Me disculpé por escrito pero no dijiste nada.
-En el mundo del patinaje soy un idiota, nada que no pueda aceptar.
-Estoy apenada.
-Oye, eso pasó y lo olvidaremos en los siguientes olímpicos, así es esto.
-¿Por qué fallaste?
-La primera vez di mal un giro y tropecé, en la segunda yo estaba mal colocado y no pude equilibrarme. Bárbara no me habla desde ese día.
-Los vi en una gala este verano.
-Nos vemos poco y patinamos si nos contratan pero ¿amistad? adiós.
-Perdón.
-Katarina fue la única que confió en mí y me interesa que tú me hagas caso porque cuando rechazaste a Simmond, creí que eras una engreída.
-Si lo soy.
-Pero trabajas.
-No quiero fallar.
-Estoy más aterrado.
-Prometo ser parte del equipo.
-Katarina, tú, los chicos de danza, son unos niños.
-No soy una niña.
-Tú no, si no quieres.
-Gracias por aceptarme.
-Nos estamos jugando los contratos, Carlota.
-Y el permiso de papá.

Carlota y Maurizio carcajearon de nervios, llamando la atención de Katarina Leoncavallo, misma que no resistió la tentación de aproximarse, aunque Miguel volviera a sujetarla del brazo para impedírselo.

-¿Qué parte de "es tu hermano" nunca te queda claro?

Desde su distancia, la joven Leoncavallo forcejeó sin resultado. De contemplar a Carlota contenta, comenzaba a sentirse enferma.

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